Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece; me adjudico la trama de la historia.

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P.S.I.C.O.S.I.S.

Inmunidad.

Cuando era pequeña poseía una inocencia frente a todo tipo de situaciones, era como si mis ojos cegaran el mundo real para sólo poder ver lo que yo quería.

Recuerdo que por las mañanas mi madre iba a mi habitación a despertarme para ir al jardín de niños. Me vestía con vestidos que mi abuela paterna me había regala en diversas ocasiones o con camisetas y falditas, todo dependía de la actividad que hubiera. Tomaba mi cabello en una o dos coletas, o simplemente, lo dejaba suelto con un pequeño adorno. Era muy feliz con todos los mimos y detalles de mi madre.

Llevaba conmigo un pequeño bolso que mi padre había traído para mi en uno de sus largos viajes, de color rojo con pequeñas flores bordadas ¡precioso! Disfrutaba mucho ir al jardín de niños puesto que todos eran mis amiguitos y pasábamos la mañana entera en juegos. No había distinciones de ningún tipo, las "Tías" que nos enseñaban eran maravillosas, siempre tenían una mirada agradable llena de ternura y acompañada de hermosas palabras cuando algo nos ocurría. Ojalá todo fuera así siempre.

Tenía un amigo muy especial que significaba mucho para mí dentro el jardín, aunque muchos pongan en duda mis palabras cuando hablo de esto. Yo tuve un amigo especial sólo para mí, ya que era único que conocía mis secretos y todo lo que sucedía en mi entorno y, lo que lo hacía especial y diferenciaba de los demás niños, es que él también confiaba en mí a su manera.

Siempre íbamos tomados de la mano y lo curioso es que cada vez que un niño se acercaba mí para jugar él se enojaba mucho y me llevaba a otro lugar y me decía que yo era suya. Esas palabras abarcaban en mi muchas emociones pero en ese tiempo no significaban más que simples palabras. Yo le miraba con ternura y lo llevaba de vuelta con los otros niños a jugar.

Su manera con las demás personas era fría y poco amigable, sin embargo, conmigo era totalmente distinto, me protegía y siempre me mostraba una sonrisa alegre llena de seguridad. Recuerdo que un día le mostré con lo que me divertía con mis amigos. Él se les quedó mirando feo – hoy comprendí que eran celos – pero poco a poco se les fue acercando y se abrió al mundo. En esos momentos no comprendí el porqué de su comportamiento huraño, sin mas, con el tiempo entendí que era así debido al inmenso amor que le tenía a su hermano menor y al no estar con él en el jardín de infancia adoptaba esa conducta conmigo, la de protegerme, y con los demás era indiferente. Por eso que me alegró tanto el hecho de que se comenzara a juntar con demás niños. No obstante, no me descuidó lo que fortaleció nuestra corta y pequeña amistad.

Sin más, un día tuvimos que separarnos debido a que su padre había sido trasladado a Francia. Fue al mismo tiempo en que terminamos el jardín de infancia y dábamos nuestro gran paso a la primaria. Recuerdo aquel día entre una mezcla de tristeza y nostalgia pues lloramos mucho al separarnos y prometimos llamarnos, escribirnos cartas aunque no sabíamos, pero seguiríamos en contacto de cualquier modo. Nuestras madres miraban esa escena con una gran sonrisa, creo que debió ser muy gracioso ver como dos niños d años se abrazaban prometiendo cosas al igual que fueran adultos y como si el mundo se fuera a acabar. Desde aquel día no lo vi más ni tampoco nos comunicamos vía teléfono, cada quien tomó su rumbo.

En la primaria conocí muchos chicos, entre ellos uno castaño que jugaba muy bien al fútbol y que le encantaba molestarme. Nos hicimos muy buenos amigos así que siempre andábamos juntos. Taichi es su nombre y me hizo olvidar a mi antiguo amigo, pero hice más amigos como Mimi, quien iba en el salón paralelo al mío y soñaba con ser una princesa; Koushiro también compartía clases con Mimi pero él es distinto, le gustaba analizar todo y con el tiempo su gran amor era su pequeña computadora y no había día en que no se le viera con ella.

Éramos un grupo muy unido aunque nos juntábamos con otros chicos, cada vez que pasaba algo estábamos los cuatro para apoyarnos y alegrarnos. Sin embargo, todo cambió tenía sólo 9 años y ya no hallaba que hacer con mi vida. Observaba como cada día mis padres discutían y mi padre le pegaba a mi madre con lo que pillara en el momento. Gritaban y mi madre terminaba en tirada en el suelo llorando y con alguna herida. Yo no entendía por qué había días en que mi padre llegaba borracho o simplemente no llegaba, pero cuando estaba en casa siempre le pegaba a mi madre. Me ocultaba bajo mi cama, tiritaba y lloraba; tapaba mis oídos con mis manos y repetía frases de aliento. Tenía miedo…, deseaba que todo aquello acabara pronto, no soportaba ver a mis padres de tal manera.

Nunca supe el porque de sus peleas y nunca lo voy a saber porque no me interesa, son experiencias que quisiera borrar de mi mente. No logro sacar de mi cabeza cada vez que viajo a mi niñez están ahí. Pero todo acabó un día llegó la policía y allanaron la casa. Buscaban a mi padre; mi madre, en esos momentos, tenía miedo de que mi padre llegara y le hiciera algo o le echara la culpa de que la policía estuviera ahí. No obstante, mi padre no estaba dentro, venía llegando borracho otra vez. Los policías lo tomaron y el gritaba cosas ofensivas para mi madre. Ella lloraba; a nosotras nos llevaron al hospital para hacer exámenes a ver nuestro estado de salud y tratarnos con una psiquiatra. Días después supimos que mi padre había ido a la cárcel y mi madre y yo nos mudamos de la casa a un departamento cerca de la plaza.

Falté dos semanas a la primaria y cuando volví mis amigos me preguntaron que pasó, pero no les comenté nada. Hasta el día de hoy ellos no saben qué fue lo pasó, lo que causó mi ausencia dos semanas. Aun así crecí como toda niña normal, mantuve mi inocencia frente al mundo. Lo bueno de esto es que cree un lazó afectivo fuerte con mi madre capa de cualquier cosa. Al pasar a la secundaria tenía 12 años, a poco de cumplir 13. Ya no era una niña, por lo que los comentarios de los chicos eran muy frecuentes diciendo que era bonita pero yo no creía en sus palabras. Debía reconocer que mi cuerpo estaba con muchos cambios, mas no me encontraba atractiva.

Con mis amigos tuvimos la suerte de quedar en el mismo salón. El primer día llegó un alumno nuevo que provocó en mí muchas emociones, que en ese momento no entendía. Rubio de ojos azul cielo y con el mismo nombre de mi amigo del jardín de infancia, Yamato Ishida y venía de Francia; fue un mera causalidad de que le tocara en el mismo salón. Fue el peor y mejor día de mi vida.

Desde ese momento estaba feliz porque tenía un amigo más. Cuando me acerqué a él y le comenté lo sucedido hace años, se alegró de verme, me abrazó…y comenzamos a reconstruir toda nuestra amistad. Me separé de mis amigos por un momento para estar con él ¡grave error! Ellos se molestaron mucho y tuve que explicarles porque había tomado esa decisión. Taichi fue el único que no logró entender pero a los días él y Yamato eran los mejores amigos, lo que provocaba celos ya que yo quedaba fuera de todos sus planes. Le comenté a Mimi lo que sentía y ella me dijo que era porque tenía un interés más allá con Yamato. Lo negué porque él era mi amigo, pero luego supe que él también sentía algo más que amistad hacia mí.

Quedé confusa, sentí que toda la amistad que tuvimos y que estábamos retomando se había acabado. Me distancié de él – algo lógico ya que lo sucedido con mis padres repercutió en miedo a relacionarme con otros niños a menos que no fuera más allá de una amistad. Él no entendía mi reacción y un día se acercó a mí para conversar. Le expliqué lo sucedido sin tocar el problema con mis padres. Entendió pero eso no importaba, era él el que me sacaba más de alguna sonrisa sin que yo lo notara. Desde pequeños él hacia mi existencia más grata, aún mantiene su mirada profunda y su cabello rubio. Siempre ha sido el centro de atracción por aquella dulce sonrisa y la coquetería innata que posee.

Se acercaba el cumpleaños de Yamato – nunca le gustó que lo llamara por su nombre – me decía que le dijera Matt porque es más corto y, además, no le gustaba. Yo sólo me reía de sus prejuicios y le decía como él quería pero solo cuando estábamos solos, me avergonzaba llamarlo de esa manera estando con nuestros amigos. Pero me desvié del tema central; el cumpleaños de Yamato recordarlo me hace sentir de dos maneras: con nostalgia al saber que él me entregó momentos agradables, colocó sonrisas en mis labios, provocó sensaciones de seguridad, alegría y confianza. Pero a la vez lo recuerdo con dolor; en un principio era tristeza y molestia por todos los momentos que sucedieron hace poco. Ahora es…dolor, me llevo bonitos recuerdos de aquella situación. Ese día Yamato cumplía14 años y estábamos en nuestro penúltimo año de secundaria. Su cumpleaños fue el acontecimiento del año. Todos los chicos del salón estaban invitados ya que era una fiesta de noche, mi primera fiesta. Mi madre me hizo un vestido color azul cielo y recogió mi cabello aunque dejó algunos mechones sueltos. Para mí no había día más feliz.

Al llegar a la fiesta vi muchos chicos que iban y venían, las chicas llevaban vestidos de diversos colores y los chicos trajes oscuros. Fue una noche de glamour y belleza, ambiente dinámico y energético; las luces poseían tonalidades cálidas. Muchas parejas se desenvolvían en la pista al son de la música. Recuerdo que busqué a Yamato y en mi búsqueda topé con Taichi, Mimi y Koushiro. Venía con ellos un chico un año mayor que nosotros, Joe era su nombre.

Encontré a Yamato junto a la mesa de los refrescos. Lo miré fijo y sentí como mis mejillas se tornaban de un color carmesí. Se acercó a mí y besó mis labios, fue un beso corto y agradable. Agradecí que la luz fuera tenue ya que no pudo ver el color rojizo que mis mejillas poseían. "El regalo más especial eres tú" recuerdo muy bien la frase que me dijo ese día. Me sentí querida.

Todo siguió su curso, pero no todo seguiría igual después de ese momento. Los problemas no tardarían en llegar y el mundo no sería tan lindo como yo lo creía en esos momentos. Perdí mi Inmunidad, .un chico me había besado, ya no era más una niña.

- Sora ¿alguna vez imaginaste que todo cambiaría radicalmente? – me preguntó la señora que me escucha.

- No, creí que aquellos cambios serían para bien. Fue todo muy extraño – le respondí. Por primera vez siento mis palabras.

- No todas las situaciones son iguales, la mayoría de las veces es todo lo contrario – dijo ella.

- En mi caso no fue así, pero todo sigue y aún no llega el momento final – respondí yo de manera definitiva.

Me despedí de ella y me recosté en el tronco del cerezo en flor que siempre ha sido mi apoyo después de los encuentros con ella. Derramé una lágrima; si todo hubiera sido distinto pero aún no ha acabado y me queda una sola cosa por hacer.

"Te aborrezco Yamato" le susurré el viento.

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Continuará…

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Autora:

Dije que no continuaría este fic pero no pude evitarlo…ha pasado mucho tiempo del capítulo anterior en donde Sora hizo una pequeña autobiografía de lo que había acontecido en su vida pero dejó muchos pasajes de su vida en suspenso y es aquí donde se revela el primero que tiene relación con lo que viene después…para entender este fic hay que leer cada capítulo con cautela para poder entender lo que sigue…una pista…el primer capítulo está conectado con el último de manera complementaria…

Este capítulo lo escribí hace meses pero salí de vacaciones hace dos días y pude traspasarlo del cuaderno al computador con algunas modificaciones…Espero les guste ya que es sólo la infancia de Sora y el capítulo más simple que escribiré, los demás…son bastante fuertes.

Dejen sus reviews para saber que opinan y si hay alguna crítica también porque cuesta mucho escribir en primera persona, sobre todo a mí.

Chikage-SP.