Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece; me adjudico la trama de la historia.

·

·

·

P.S.I.C.O.S.I.S

Mi mundo cayó. Un hijo de él y mío estaba en mi vientre.

No sabía qué hacer ni que decir.

Mi vida se fue a la mierda desde ese momento.

·

·

·

Silencio

¿Hablar o no del tema? Por ninguna razón mi madre se podía enterar de esta maldición. Sí, porque eso era, una injusticia de la vida. No sé por qué me habrá tocado a mi si siempre anduve por la senda iluminada de todo… has de saber que desgracia me habrán echado encima. No era justo, en ninguna circunstancia, que después de que él me viola yo quedara esperando un hijo suyo. ¿Qué haría con el bebé?

Se me presentaban tres opciones: tenerlo y quedármelo, tenerlo y darlo en adopción o… abortar. Esta última me parecía la más simple salvo por un detalle: necesitaba dinero y un lugar recomendado. Lo primero lo tenía, había ahorrado cada centavo para capear gastos de la universidad, pero lo segundo no. Que yo supiera nadie se había hecho un aborto y realmente era la solución perfecta para mí en aquellos momentos, rápido y silencioso.

Busqué por internet diferentes sitios por días, leí recomendaciones y experiencias de chicas que ya se habían realizado uno. La mayoría lo hacía porque había quedado embaraza de su novio o por mi misma razón, una violación. Poco a poco la idea se fue metiendo en mi cabeza y no había nadie que la sacara de ahí. Aún mi vientre no crecía, era claro, tenía apenas tenía dos meses y era una pequeña célula la que crecía en mi interior, por lo que técnicamente no era un bebé.

Finalmente, me decidí por una clínica a las afueras de la ciudad así nadie me descubriría. Iría sola y estaba segura que no me opondrían el permiso. Esa noche me dormí temprano y al día siguiente mis horribles ojeras eran menos acentuadas. Me vestí casual, jeans, camisetay zapatillas. Tomé mi pelo en una coleta alta y puse todo mi dinero en el bolso. Respiré profundo y salí de mi habitación.

Mi madre se encontraba en el salón preparándose para ir a su trabajo, era miércoles y con las fiestas cerca más clientela en la floristería había. Le sonreí haciendo mi mayor esfuerzo y le pedí para ir a dar una vuelta. Se sorprendió mas no dijo nada por mi repentino afán de salir. Me pidió que me cuidara y que cualquier cosa la llamara. Le prometí volver temprano.

Tomé mi abrigo, bufanda y guantes para salir al crudo invierno. La clínica era una cualquiera, funcionaba como una más, pero había doctores que disfrazaban sus funciones para poder realizar los abortos. En ningún lugar estaba permitido legalmente realizarse uno, pero siempre estaban las mujeres como yo que requerían, por extrema necesitad, acabar con esto.

Al llegar al lugar encontré personas en la entrada de la clínica conversando, tomándose un café o fumando. Ya en el hall de registro estaba toda la gente que esperaba ser atendida: niños. Mujeres embarazadas o con bebés, ancianos y jóvenes, hombres y familias completas. Era un completo desastre, en estas fechas siempre estaban los recintos copados.

Pregunté en el mesón de informaciones donde se encontraba la consulta del doctor que me ayudaría y me indicaron que debía subir al quinto piso y buscar la tercera puerta a la izquierda. Así lo hice y me topé con un cuarto pequeño y blanco, un escritorio con una señora en él y dos puertas, que supuse eran el baño y la oficina del doctor.

Me acerqué tranquila donde la secretaria, tratando de controlar mi ansiedad y le dije que tenía hora. Me dedicó una mirada de pena y lástima, debió pensar que era porque estaba muy necesitada, y no estaba en ningún error. Me hizo tomar asiento, ya que el doctor estaba por salir de una consulta. Esperé alrededor de media hora y la puerta que estaba al fondo de la sala se abrió. Salió de ella una mujer de mediana edad y muy contenta. Al parecer también ejercía como ginecólogo y no sólo se dedicaba a hacer abortos.

Me llamó el doctor y entré por aquella puerta blanca que pondría fin a todo. Tomó mis datos y me hizo desvestirme para ponerme una bata típica de hospital. Me senté en una camilla típica para partos y coloqué ambos pies a los lados. El doctor colocó una manta sobre mis rodillas, así no podría ver el procedimiento.

Tomó un tenáculo para abrir mi vagina y lo colocó en la entrada para separar mis labios. Sujeté el labio superior con una pinza y tomó una varilla de metal larga con un pequeño gancho en la punta. La introduzco con cuidado dentro de mi vagina y cerré mis ojos de dolor y frío del metal de los instrumentos. Movió la varilla en busca de algo hasta que lo encontró la dejó ahí mientras se paraba para buscar una manguera con un frasco transparente. Los unió a la varilla y apretó un botón.

El dolor fue incesante y al instante, sentí como si una aspiradora estuviera dentro de mí y se tragara todo lo que estaba a su paso. Producía un ruido fuerte y el doctor lo movía para lograr succionar la mayor cantidad de lo que crecía a mi interior. Lloré silenciosamente y pedí que acabara luego, el dolor era insoportable. Cada vez succionaba más fuerte y sentía como se iba despegando la casita del bebé. Un arrepentimiento momentáneo creció en mí, pero lo deseché. Sabía que no podría vivir tranquila si daba a luz a ese niño.

Finalmente terminó y ya no escuché más esa aspiradora. Sentí como introducía un nuevo elemento en mi interior y movía con fuerza raspando lo que había quedado. Era incomodidad era fuerte y sentí un líquido salir de mí, era sangre. Cuando pensé que no podía más me avisó que todo había cavado y me mostró el frasco transparente del comienzo: dentro se encontraba el hijo de Yamato hecho pedazos. Ahogué un sollozo y nuevas lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.

El doctor me limpió y me dijo que estuviera acostada hasta que él me avisara. Mis ojos se comenzaron a cerrar lentamente y caí en un letargo del cual no desperté hasta horas más tarde. No recuerdo como llegué a mi casa esa noche ni en qué estado, sólo sabía que estaba vacía nuevamente y que ya no quedaba nada de él en mi interior. Al final los recuerdos físicos de esa noche quedaron lejos y sólo mis recuerdos me mantenían conectada con la realidad.

Dormí por días después de aquello y a mi madre no le pareció raro, ya que era mi costumbre. No podía moverme y sentía que poco a poco mi mente me jugaba malas pasadas. Llegué un momento en que no recordaba ni el día en que me encontraba y sabía que era mi fin.

Sin embargo no fue así y un día amanecí en una clínica psiquiátrica, en la cual llevo interna un año. Hoy por fin puedo salir… pero no estoy recuperada y lo sé. Hoy acabaré con todo de una vez por toda. Mi madre sabe de mi aborto y Yamato del hijo que nunca tuvimos. Todo el mundo sabe la verdad y no sé si seré capaz de mantenerme en pie.

Guardé silencio siempre y mentí a todos los doctores para poder ser libre al fin y eso espero.

·

·

·

Continuará…

·


La descripción del aborto fue previamente estudiada.

Ya saben el rumbo del final y bueno, a fin de mes (o antes) habrá cavado todo.

Un beso,

Chikage-SP.