-Bueno…Todo parece indicar que la señora está preñada. - reveló con "inocencia" el pelirosa dejando en shock a la pareja.

En ese momento, el cerebro de Orihime estaba en blanco. ¿Embarazada? ¿Un hijo? De inmediato, miles de pensamientos azotaron su mente, principalmente negativos al desconocer si para Ulquiorra aquello sería una bendición o una maldición. Parpadeó volviendo en sí y con temor, observó el rostro de su amado que no reflejaba emoción alguna. De pronto, la voz grave del Rey pronunció las siguientes palabras:

-"Reúnelos a todos, Szayelaporro." – dijo sin más.

El peli rosa, obediente, inclinó su cabeza y se retiró dispuesto a realizar su encomienda, eso sí, con una sonrisa diabólica pintada en su rostro.

Una vez que estuvieron a solas, la peli naranja tomó la palabra:

-"U-Ulquiorra… Yo…" – trató de decir la chica, pero de inmediato, el Hollow la interrumpió.

-"Cualquier inseguridad que tengas, sácala de tu mente. Eres mi hembra y la Reina de Hueco Mundo, nuestra descendencia no será rechazada por nadie, heredará este reino y más. Se ha creado a partir de tu poder y el mío, de nuestra unión, será invencible y cualquiera que ose a intentar dañarlo, conocerá mi furia." – finalizó el pelinegro.

Cuando sus orbes esmeraldas voltearon en busca de los grises, encontró a Orihime llorando y acto seguido, ésta se le abalanzó encima desbordando felicidad. Toda su vida había querido tener la familia que le fue arrebatada y ahora, ese sueño se materializaba al lado del hombre que tanto amaba. No dudaba de las palabras de Ulquiorra, ya que después de todo, ella compartía el sentimiento: protegería a su bebé aun a costa de su propia vida.

Esa misma noche, frente a todas las Espada y Hollows de Hueco Mundo se anunció la venida del próximo rey o reina. Fue una sorpresa para la gran mayoría, pero no para alguien en particular; Szayelaporro sonreía para sus adentros vanagloriándose de lo bien que resultó su plan. De ahora en adelante, solo sería cuestión de tiempo para acabar de una vez por todas con la Sociedad de Almas y que su señor Ulquiorra se convirtiera en el Rey definitivo del Mundo Entero.

. . .

Los meses pasaron de manera tranquila. En Hueco Mundo, Orihime disfrutaba la paz y la frescura que la noche le regalaba mientras acariciaba su vientre abultado. Si bien estaba próxima a cumplir su sexto mes de gestación, su barriga parecía a punto de explotar, sin embargo, Szayelaporro le había informado que aquello era normal.

El peli rosa, había estado estudiando cuidadosamente el embarazo de su reina a fin de verificar que la criatura naciera en óptimas condiciones. Gracias a ello, logró deducir varias cosas: la primera, que el ciclo de gestación no sería igual al de una cría humana común por tratarse de un híbrido. Incluso, a esas alturas, la criatura estaba prácticamente formada, de ahí que predijo que el parto se produciría cerca del sexto mes de gestación. En segundo lugar, gracias a un estudio minucioso y a la tecnología humana – para su disgusto -, descubrieron que la cría híbrida tenía marcado, a nivel físico, los rasgos humanos de su madre. Es decir, cabeza, brazos, cinco dedos en cada mano y pie, sin embargo, sobre su coronilla, alcanzó a notar los huesos propios de su raza. Al principio, su señor se preocupó por este dato ya que pensó en el peor de los escenarios: un desgarre para su mujer que le provocara la muerte. Más por fortuna, el hueso lucía en apariencia blando, algo que achacó a la fase gestacional en la que se encontraba.

Ahora, en la habitación real, se encontraban en lo que sería la última revisión del feto previo al parto.

-"Muy bien, ahora, buscaré el sexo…" – comentó el científico mientras continuaba su labor.

-"¡Espere!"- intervino Orihime apresurada. En cuanto la atención de ambos hombres se posó sobre su persona, continuó hablando. – "Si a Ulquiorra no le molesta, quisiera saber el sexo hasta el día del parto." – pidió emocionada.

El pelinegro asintió con la cabeza. A él le daba igual qué fuera; su cría sería la más poderosa de todas, y como tal, sería entrenada para asumir el mando de Hueco Mundo.

-"Como ordene mi señora." – respondió obediente el de anteojos para retirarse.

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-"De ahora en adelante, no estarás sola, podrás alumbrar en cualquier momento así que no me arriesgaré a que sufras daño alguno." – ordenó Ulquiorra tajante.

La mujer seguía siendo la misma inquieta que andaba de aquí para allá por Las Noches, ayudando a cuanto Hollow encontrara sin pensar demasiado en su estado.

-"Si, lo que digas." – respondió Orihime obediente.

Una vez que se recostó en la amplia cama, atrajo a Ulquiorra del rostro y empezó a besarlo con lentitud y a tocarlo por debajo de la parte superior de su vestimenta, provocándolo.

-"Mujer…" – advirtió ya conociendo las intenciones de Orihime.

-"Solo un poco." – susurró haciendo que Ulquiorra cayera rendido a sus encantos.

La raza Hollow era fuerte y resistente, y desde su primera unión donde Ulquiorra marcó a Orihime, esta había adquirido mayor fuerza y resistencia en su cuerpo humano, incluso el paso del tiempo – más notorio en los humanos – se había alentado, haciendo que la peli naranja envejeciera a paso lento. El curso del embarazo había hecho que sus encuentros sexuales aumentaran a mínimo una sesión al día, ya que a través de ella su cría parecía robar el riatsu de ambos y alimentarse. Es por ello que Ulquiorra agradecía la resistencia de su esposa… Solían hacerlo de manera salvaje e incluso en una ocasión, donde no pudo controlarse a la tentación viviente que era Orihime Inoue, se transformó por completo y la tomó en su forma final. Eso había ocurrido cuando ella estaba finalizando su primer mes de gestación.

Lo que Ulquiorra desconocía era que aquello no fue únicamente un asunto de no poder mantener su autocontrol, sino que la cría que estaba gestando su esposa estaba en su mayor apogeo de desarrollo y por ello, inconscientemente aumentó los niveles hormonales en su madre obligando a su padre a transformarse por completo puesto que debía consumir una cantidad de riatsu aún mayor a la que su madre le proporcionaba. Ambos eran ajenos a que su cría se fortalecía gracias a robarle porciones de sus poderes.

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En la Sociedad de Almas, el rumor de que Orihime Inoue estaba embarazada llegó rápidamente, más los altos mandos se encargaron de ocultarlo a efectos de evitar habladurías. Durante el último mes, Ichigo fue testigo de innumerables reuniones secretas que, hasta cierto punto le parecían sospechosas, más no le dio mayor importancia hasta ese día. Cuando luego de volver de una misión sencilla, alcanzó a escuchar a unos ancianos miembros hablar:

-"Mis hombres están inquietos. No dejan de preguntar cuándo será la invasión a Hueco Mundo." – habló uno de ellos.

Al escuchar esto, Ichigo se ocultó tras un pilar y bajó su poder por completo.

-"¡Debes ser más estricto con ellos! – regañó el otro. – "Sabes que la estrategia es clara. Invadiremos para exterminar a los Hollow de una vez por toda y matar a Orihime Inoue, así como a la criatura que lleva dentro. No debemos permitir que salga a la luz la existencia de un híbrido como ese, menos cuando esa mujer nos traicionó." – finalizó.

El peli naranja abrió sus orbes con sorpresa. ¿Inoue embarazada? ¿De Ulquiorra? Francamente no se lo esperaba, pero en fin, ese no era el problema, sino el peligro que corrían. Qué demonios le pasaba a la Sociedad de Almas para estar planeando el exterminio de una raza… Y peor aún, ¿los obligarían a ellos a participar? Con todas esas interrogantes en su cabeza, Ichigo partió a su casa dispuesto a buscar a su ahora esposa Rukia.

. . .

En el castillo de Las Noches, la amena convivencia entre las Espada se vio interrumpida por una inesperada visita. Ulquiorra al reparar en el desagradable visitante tensó sus músculos.

-"¿Qué quieres, Kurosaki Ichigo?" – preguntó visiblemente molesto.

Los demás Hollows, quienes previamente se entretenían observando las patadas que la cría daba en el vientre abultado de la reina, se pusieron en guardia dispuestos a protegerla. Orihime se levantó de su silla asombrada, no esperaba la visita de Korosaki-kun.

Ichigo resopló molesto:

-"¡Oye Ulquiorra! Deberías darme las gracias…" – gritó. Desde su trono, Ulquiorra levantó una ceja burlón. –"Vine a advertirlos. La Sociedad de Almas está planeando una invasión a Hueco Mundo para exterminarlos…Y también para matar a Inoue y su bebé." – reveló sin rodeos confirmando el estado de su amiga al notar la enorme barriga.

La chica dirigió una mirada a su esposo alarmada mientras colocaba sus manos protectoramente sobre su vientre. Ante esto, Ulquiorra descendió hasta quedar frente a frente con Ichigo.

-"¿Cuándo?" – preguntó el pelinegro.

-"En dos días, deben estar preparados." – respondió con firmeza.

Orihime se acercó a ambos hombres, colocándose al lado de Ulquiorra. La situación era preocupante, claro está, pero había algo que le estrujaba el pecho y que necesitaba saber:

-"Kurosaki-kun, ¿tú y Rukia…?" – preguntó temerosa de la respuesta.

-"No lo haremos. Recibí la convocatoria ayer, pero la rechacé. Me sancionaron y tengo prohibido estar aquí, pero Rukia insistió. Ella… Dio a luz hace pocas semanas también…Ahora somos padres, es por eso que no permitiré algo tan cobarde como lo que planean hacer." – confesó el Shinigami.

Orihime abrazó a su amigo con lágrimas. Estaba tan feliz de que sus queridos amigos estuvieran experimentando la misma alegría que Ulquiorra y ella, pero sobre todo, el sacrificio que ambos hacían al arriesgarse a estar ahí.

-"¡Gracias, Kurosaki-kun!" – exclamó feliz.

Luego de esto, Ulquiorra se marchó con Ichigo. Como algo que haría una única vez en su vida, le mostró una entrada secreta que conectaba Hueco Mundo con el mundo humano y lo hizo como agradecimiento por lo que hizo (y porque Orihime lo obligó, pero eso no venía al caso).

-"Promete que no dejarás que muera." – pidió Ichigo con seriedad.

-"Destruiré el mundo entero antes de que eso ocurra." – respondió el pelinegro.

Ichigo sonrió. Le sorprendía que aquellos ojos color esmeralda, anteriormente vacíos, ahora tenían un brillo diferente; asesino, pero brillo al final de cuentas. Pero bueno, ese era el poder de Inoue, ella era capaz de cambiar los corazones de las personas.

-"Ten." – dijo Ichigo lanzándole un objeto que Ulquiorra agarró al instante. – "Presiona el botón azul. Si necesitas ayuda, vendré corriendo a ayudarles; a cambio de pediré que nos alojes a mi esposa y a mí. Te quitan muchos beneficios cuando te conviertes en traidor." – finalizó el peli naranja mientras atravesaba la garganta y desaparecía entre la negrura.

Ulquiorra no dijo nada más. Miró el artefacto y aunque su primer deseo era destruirlo – antes muerto que aceptar la ayuda del intento de Hollow -, optó por guardarlo. Pese a todo, ahora respetaba a quienes tenían honor y para su disgusto, Ichigo Kurosaki lo tenía. A partir de ahí, los preparativos para la guerra estaban por iniciar.

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¡Holaaaa! Lamento muchísimo la tardanza, estoy sin computadora propia por lo que me es difícil. Además he tenido muchísimo trabajo, ¡pero aquí estamos! Resistiendo. Agradezco muchísimo los reviews, de verdad que son mi motivación y para ser franca, no creí que este fic se extendiera tanto jaja; pero espero terminarlo ya en el próximo capítulo.

Saludos a Guest, Lady Eden Hatake, Nozomi-chan y Luisma-san por sus valiosos cometarios.

Espero que disfruten leyendo el capítulo tanto como yo al escribirlo, ¡nos leemos!