La verdad es que ha pasado bastante tiempo, pero acá esta, nuevo capítulo.
En el Perú, al siguiente día, a las 8:00 AM:
En algún descampado cerca de la casa de Renzo, su padre se había encontrado con el detective privado que había contratado para al menos intentar encontrar a su hijo, esta hora esa buena, debido a que él y su esposa querían que esto estuviera fuera del alcance público, si es que esto se hacía eco.
—Aquí tiene las fotos de mi hijo y sus datos personales. Se llama Renzo, tiene 13 años, mide 1.70 metros, pesa 60 kilos, como puede ver tiene el pelo castaño y los ojos verdes. Desapareció hace un par de días en esta casa.
— ¿Y qué hacía allí?
— Estaba durmiendo, pero desapareció al día siguiente, junto al hijo de una conocida mía.
— ¿Y nadie lo vio salir?, ¿ni nada parecido, o no se vio ningún carro cerca?
— No. Fuimos a despertarlo por la mañana y no estaba en la cama ni en la casa. Es como si se hubiera evaporado.
— Eso es muy extraño.
— Por eso necesito su ayuda. Quiero que averigüe qué pasó o puede haber ocurrido con mi hijo y dónde está.
— Haré lo que pueda, señor. Pero le advierto que este caso puede que no sea fácil ni barato.
— No me importa el dinero. Haré lo que sea necesario para encontrar a mi hijo. Y si usted no puede hacerlo, buscaré a alguien que sí pueda, y no importa donde me tenga que meter para lograrlo.
En casa de Santiago, su madre no había dormido bien a lo largo de estos dos días, casi al mismo tiempo, estaba reunida con un par de vecinos.
—Creo que ya saben lo que pueden o quieren hacer, ayúdenme a encontrar a mi hijo. Como ya saben, se llama Santiago, tiene 13 años, mide 1.70 metros, pesa 65 kilos, tiene el pelo negro, usa lentes y tiene los ojos marrones. Tiene autismo y suele necesitar medicación para el sueño. Desapareció hace unos días en esta casa junto con su amigo Renzo.
—Por supuesto, como te dijimos ayer, claro que te ayudaremos. Vamos a repartir estos volantes por toda la ciudad y a preguntar a todo el mundo si lo han visto o saben algo.
— Gracias, se los agradezco mucho.
— No hay de qué. Somos vecinos y nos tenemos que apoyar en estos momentos difíciles.
— Ojalá la policía fuera tan solidaria como ustedes.
— ¿Qué pasa con la policía?
— Ya saben pues, no me hacen caso. Dicen que tienen muchos casos pendientes y que no pueden dedicarse solo al mío.
— Qué vergüenza.
— Y los medios tampoco me ayudan. Dicen que mi historia no es noticia ni interesa al público.
— Oye, ¿y qué hay del padre de su amiguito? — Interviene un vecino, una mujer que se había preocupado por el estado de la madre desde que había desaparecido su hijo.
— No he oído nada de él, ¿qué le ocurre?, no supe nada desde que desapareció el también — Dijo Sandra, la madre de Santiago.
— También sus padres lo están buscando, ¿tal vez podrías unirte a ellos?
— Es cierto, tal vez podría llamarlos, pero no sé si me querrán ayudar.
— Estoy segura de que si, ellos seguro que empatizan contigo, aparte, tienen conexiones, tal vez puedan ayudarte con eso.
— Lo intentaré, gracias. – Dijo Sandra con una sonrisa.
Así, después de un rato Sandra logró llamar a José, el padre de Renzo, para comunicarse con él, ya que esta era una de sus pocas oportunidades para conseguir pistas sobre su hijo, todo esto gracias a que tenía su número gracias a las reuniones de padres que cada cierto tiempo se daban en la escuela.
— ¿Aló?
— ¿Dígame? — Contestó una voz masculina al otro lado del teléfono, la voz que Sandra quería escuchar.
— Gracias a Dios, disculpe que me entrometa y que le llamé tan pronto. — Dijo Sandra.
— A decir verdad, me llama justo a tiempo, ¿también su hijo ha desaparecido? — Le pregunta José.
— Si, ¿cómo lo supo?
— A decir verdad, casi nadie llama a estas horas de la mañana si no es por algo de mucha importancia.
— Ah, cierto, perdóneme, pero le quiero pedir un favor, ¿podría ayudarme a encontrarlo?, también lo necesito al igual que usted. —Le dijo casi como un ruego.
— No te preocupes, puedo hacerlo, también contrate a un detective para hacerlo hace no mucho rato, aparte tengo contactos con la policía y con algún periodista hambriento de su primer caso mínimamente importante.
— Gracias, ¡muchísimas gracias!, no sabe cuánto le agradezco.
— No tienes por qué hablarme en ese tono tan formal, tu y mi esposa se conocen desde hace tiempo en las reuniones para padres, así que tenemos confianza.
— Gracias, eres una gran persona, en serio.
Y así fue como empezó una búsqueda más exhaustiva, con volantes en la calle y con la colaboración del padre de Renzo, ella estaba segura de que estarían cada vez más cerca del paradero de sus hijos.
En Equestria, esa misma mañana:
A decir verdad, tuve un sueño bastante extraño anoche, fue un sueño de los que llaman, "sueños lúcidos", en el sueño estuve en un lugar bastante raro: el espacio.
En el espacio, me encontraba flotando sin rumbo, rodeado de estrellas y planetas. No sentía frío ni calor, ni tampoco miedo ni dolor. Solo una extraña sensación de paz y libertad. Podía ver la Tierra a lo lejos, como una pequeña esfera azul y verde. Me preguntaba si mis padres estarían preocupados por mí, o si Renzo estaría bien en ese otro mundo.
De repente, vi una luz brillante que se acercaba a mí. Era un cometa, que dejaba una estela de fuego a su paso. Me quedé hipnotizado por su belleza, y sentí un impulso de acercarme a él. Sin pensarlo dos veces, me impulsé hacia el cometa con mis brazos y piernas, como si fuera un nadador en el agua.
A medida que me acercaba al cometa, sentí que su calor aumentaba y que su luz me cegaba. No podía apartar la vista de él, ni tampoco detenerme. Era como si el cometa me llamara con una fuerza irresistible. Cuando estaba a punto de chocar con él, escuché una voz en mi cabeza que me decía:
—Despierta, Santiago. Es hora de levantarse.
Abrí los ojos y me encontré con la cara de Renzo, que me miraba con una sonrisa burlona.
—¿Qué pasa? ¿Estabas soñando con el espacio? —me preguntó.
—S—Sí… —respondí confundido—. ¿Cómo lo sabes?
—Porque estabas moviendo los brazos y las piernas como un loco, y decías cosas raras como "cometa" o "Tierra". Parecías un astronauta perdido.
—¿En serio? —dije algo avergonzado—. No me acuerdo de nada.
—Bueno, no importa. Lo importante es que ya es de día y tenemos que prepararnos para ir a Ponyville con las princesas.
—¿Ponyville? —pregunté recordando dónde estaba.
—Sí, Ponyville. El pueblo donde viven las amigas de las princesas Celestia y Luna. ¿No te acuerdas de lo que nos dijeron ayer?
—Sí, sí, claro que me acuerdo —mentí—. Solo estaba un poco dormido todavía.
—Pues alístate weon, porque tenemos que estar listos en media hora. Las princesas nos esperan en el salón para desayunar.
—Ah chucha, ok ok —dije levantándome al instante de la cama—. Voy a lavarme la cara y a "vestirme" con lo que pueda, aunque tampoco tenemos mucha ropa por ahora, solo nuestras ropas de dormir hechas media jirones.
—Si pues, espero que nos regalen algo de ropa o si no… Bueno, muy bien. Yo también voy a hacer lo mismo. Nos vemos en el salón.
Renzo salió de la habitación y yo me dirigí al baño. Me miré al espejo y vi mi reflejo humano. Todavía no podía creer que estuviera en otro mundo, lleno de ponis mágicos y otras criaturas fantásticas. Me preguntaba si todo esto era real o solo un sueño muy largo y extraño.
Me doy un pellizco, duele, no, es real, todo esto es real, muy real, solo espero volver pronto a casa…
Me lavé la cara con agua fría y me puse la ropa que tenía.
Allí estaban las princesas Celestia y Luna, junto con Renzo y otras cuatro ponis. Una era de color cian con una melena multicolor y un arco iris como marca; otra era amarilla con una melena rosa y tres mariposas como marca; otra era blanca con una melena morada y tres diamantes como marca; y otra era naranja con una melena amarilla y tres manzanas como marca, en resumen, eran las que conocí ayer, salvo Twilight y Pinkie Pie.
Santiago —dijo Celestia con una sonrisa—. Me alegro de que hayas descansado bien. Aquí están Rainbow Dash, Fluttershy, Rarity y Applejack. Ellas, como ya sabrás, viven en Ponyville y nos acompañarán hoy en nuestro viaje.
—Hola, Santiago —dijeron las cuatro ponis al unísono.
—Hola —respondí yo con timidez.
—No seas tímido, Santiago —dijo Rainbow Dash con una voz entusiasta—. Somos muy amigables y divertidas. Te lo vas a pasar genial con nosotras.
—Sí, seguro que sí —dije sin mucha convicción.
—No te preocupes, Santiago —dijo Fluttershy con una voz dulce—. No te vamos a hacer nada malo. Solo queremos ser tus amigas y ayudarte a adaptarte a este mundo.
—Gracias, Fluttershy —dije sonriendo un poco.
—Es un placer, Santiago —dijo Rarity con una voz elegante—. Y déjame decirte que tienes muy buen gusto para vestir. Esa camisa te queda de maravilla.
—Oh, gracias, Rarity —dije sorprendido—. Es un préstamo de las princesas.
—Pues te sienta muy bien. Y si quieres, puedo hacerte algunos arreglos o diseñarte algo nuevo. Soy la mejor modista de todo Equestria.
—No hace falta, Rarity —dije negando con la cabeza—. Estoy bien así.
—Como quieras, Santiago —dijo Applejack con una voz franca—. Lo importante es que estés cómodo y feliz. Y si necesitas algo, solo tienes que pedirlo. Yo soy la más trabajadora y honesta de todas.
—Gracias, Applejack —dije agradecido—. Eres muy amable.
—No hay de qué, Santiago —dijo Applejack sonriendo.
—Bueno, ya que todos se han presentado y se han saludado —dijo Celestia—. Creo que es hora de desayunar. Tenemos un largo día por delante y necesitamos energía.
—Sí, vamos a comer —dijo Luna—. Hay de todo: frutas, verduras, cereales, pan, mermelada, queso…
—Y pastel —añadió Pinkie Pie apareciendo de la absoluta nada con un enorme pastel de chocolate en sus cascos—. No puede faltar el pastel en un desayuno de amigos.
¿Cómo sostuvo ese pastel hasta aquí en el largo camino desde las habitaciones?, ¿de dónde lo sacó?, es posible que jamás lo sepa.
En serio, no sé cómo voy a lidiar con ella, y sus cosas ilógicas, a este paso puede que me vuelva paranoico ante su presencia.
—¡Pinkie Pie! —exclamaron las otras ponis al verla.
—Hola, amigas —dijo Pinkie Pie saltando y abrazando a todas—. ¿Qué tal habéis dormido? Yo he dormido fenomenal. He soñado que era una princesa y que vivía en un castillo de algodón de azúcar y que tenía un dragón mascota que escupía confeti y…
—Pinkie Pie —la interrumpió Celestia—. Me alegra verte tan contenta, pero ahora no es el momento de contar tus sueños. Ahora es el momento de desayunar.
—Ah, sí —dijo Pinkie Pie recordando el pastel—. Pues aquí les traigo el pastel más rico y esponjoso del mundo. Lo he hecho yo misma esta mañana con mucho amor y azúcar.
—Gracias, Pinkie Pie —dijo Celestia—. Eres muy generosa y creativa.
—De nada, Celestia —dijo Pinkie Pie—. Y tú eres muy sabia y bondadosa.
—Y tú eres muy linda y divertida —dijo Celestia devolviéndole el cumplido.
—Y tú eres muy…
—Pinkie Pie —la interrumpió Renzo—. ¿No crees que ya es suficiente?
—¿Suficiente? —preguntó Pinkie Pie confundida—. ¿Suficiente de qué?
—De hablar tanto y de hacer tanto ruido —respondió Renzo impaciente—. ¿No ves que estamos intentando desayunar?
—Pero si solo estaba siendo amable y simpática con Celestia —se defendió Pinkie Pie—. ¿Qué tiene de malo eso?
—Nada, nada de malo —dijo Renzo tratando de calmarla—. Solo que podrías ser un poco más tranquila y menos… ¿molesta?
—¿Molesta? —repitió Pinkie Pie ofendida—. ¿Cómo que molesta? Yo no soy molesta, soy divertida. Y si no te gusta, pues lo siento mucho, pero yo soy así y no voy a cambiar por ti ni por nadie.
—Pinkie Pie, por favor —dijo Celestia tratando de mediar—. No te enfades con Renzo. Él solo está un poco cansado y nervioso por el viaje.
—Sí, Pinkie Pie —dijo Luna apoyando a su hermana—. No te lo tomes a mal. Renzo no quiso ofenderte. Solo tiene un carácter diferente al tuyo.
—Diferente no —dijo Renzo—. Opuesto. Ella es la poni más ruidosa y pesada que he conocido en mi vida.
—Y tú eres el humano más aburrido y antipático que he conocido en la mía —replicó Pinkie Pie.
—Basta, basta —dijo Celestia elevando la voz—. No vamos a empezar el día con una discusión. Todos somos amigos aquí y tenemos que respetarnos y tolerarnos.
—Sí, Celestia tiene razón —dijo Fluttershy con una voz suave—. No hay que pelear por tonterías. Hay que ser amables y comprensivos.
—Y divertidos y alegres —añadió Pinkie Pie.
—Y serios y educados —añadió Renzo.
—Y generosos y elegantes —añadió Rarity.
—Y honestos y trabajadores —añadió Applejack.
—Y leales y valientes —añadió Rainbow Dash.
—Y sabios y bondadosos —añadió Celestia.
—Y mágicos y nocturnos —añadió Luna.
Todos se quedaron mirando a Luna con extrañeza.
—¿Qué? —preguntó Luna—. ¿No son buenas cualidades?
—Sí, sí, claro que sí —dijo Celestia tratando de disimular—. Solo que son un poco... específicas.
—Bueno, da igual —dijo Luna—. Lo importante es que todos tenemos algo que nos hace especiales y únicos. Y eso es lo que nos hace amigos.
—Sí, eso es cierto —dijo Celestia asintiendo—. Somos amigos porque nos aceptamos y nos queremos como somos. Y porque compartimos un mismo objetivo: traer la armonía al mundo.
—¿La armonía? —pregunté yo intrigado—. ¿Qué es eso?
—La armonía es el equilibrio entre todas las cosas —explicó Celestia—. Es la paz, la felicidad, el amor. Es lo que hace que todo funcione bien y que todos seamos felices.
—¿Y cómo se consigue la armonía? —pregunté yo.
—Se consigue con los elementos de la armonía —respondió Celestia—. Son seis objetos mágicos que representan las virtudes más importantes para la amistad: la honestidad, la lealtad, la generosidad, la amabilidad, la risa y la magia. Estos elementos son los que nos permiten derrotar a las fuerzas del mal que amenazan nuestro mundo.
—¿Las fuerzas del mal? —pregunté yo asustado—. ¿Qué fuerzas del mal?
—Bueno, hay muchas —respondió Celestia—. Pero las más peligrosas son las que vienen de dentro de nosotros mismos. El odio, el miedo, la envidia, el egoísmo... Esas son las emociones que nos corrompen y nos hacen hacer cosas terribles.
—¿Como qué? —pregunté yo curioso.
—Como convertirse en una pesadilla —respondió Luna bajando la cabeza—. Eso fue lo que me pasó a mí hace mucho tiempo. Me dejé llevar por el resentimiento hacia mi hermana y me transformé en una criatura malvada llamada Nightmare Moon. Quise sumir al mundo en una noche eterna y acabar con la armonía para siempre.
—¿En serio? —pregunté yo sorprendido—. ¿Y qué pasó?
—Pasó que mis amigas me salvaron —respondió Luna sonriendo—. Ellas usaron los elementos de la armonía para liberarme de la oscuridad que me poseía y devolverme a mi estado normal. Me perdonaron y me aceptaron de nuevo como su amiga.
—Eso es… bastante bonito —dije yo—. Me alegro de que todo saliera bien.
—Y yo también —dijo Luna—. Fue el mejor día de mi vida. Desde entonces, he aprendido a valorar y agradecer la amistad que tengo con mis hermanas y mis amigas. Ellas son lo más importante para mí.
—Y para nosotras también —dijeron las otras ponis al unísono.
Yo solo me limité a sonreír.
—Sí, muy lindo —dijo Renzo con ironía—. No me gustaría ser faltoso, pero no nos desviemos del tema. ¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros?
—Tiene que ver que ustedes son nuestros nuevos amigos —respondió Celestia—. Y que queremos compartir con ustedes la armonía de nuestro mundo. Por eso les hemos invitado a venir a Ponyville, para que conozcáis a más ponis y veáis cómo vivimos.
—Y para que darnos tiempo a encontrar una forma de volver a vuestro mundo —añadió Luna—. No nos hemos olvidado de eso. Sabemos que tenéis una familia y una vida allí, y que queréis regresar.
—Sí, eso es lo que queremos —dije yo.
—Yo también —dijo Renzo.
—Pues bien —dijo Celestia—. Nosotras haremos todo lo posible por ayudarlos. Pero mientras tanto, les pedimos que disfruten de su estancia aquí y que seáis abiertos y respetuosos con nuestra cultura y nuestra gente.
—No te preocupes por eso —dije yo—. Nosotros solemos ser educados.
—Habla por ti —dijo Renzo—. Yo solo quiero volver a casa cuanto antes.
—Renzo, por favor —dije yo—. No seas tan negativo. Estamos en una situación única y extraordinaria.
—…—
—No seas tan pesimista —dije yo—. Mira el lado bueno de las cosas. Estamos en un mundo mágico, lleno de aventuras y sorpresas. ¿No te parece bien, al menos por ahora?
—No, no me parece bien —dijo Renzo—. Me parece peligroso e incomprensible. No entiendo nada de lo que pasa aquí ni de lo que dicen estas ponis. No sé cómo funcionan sus leyes ni sus costumbres. No sé si son amigas o enemigas. No sé si podemos confiar en ellas o no.
—Claro que pueden confiar en nosotras —dijo Celestia—. Somos sus amigas y queremos lo mejor para ustedes.
—Eso es lo que dicen todas —dijo Renzo desconfiado.
—Renzo, ¡basta! —dije yo al borde del enfado—. ¿No crees que estas siendo grosero e injusto con las princesas y las ponis? Ellas nos han tratado increíble desde que llegamos aquí. Fluttershy y AppleJack nos salvaron la vida, Fluttershy nos ha dado comida, y un lugar donde dormir. Nos han enseñado muchas cosas interesantes para sobrevivir aquí y nos han invitado a su pueblo. ¿Qué más quieres?, ¿no que tú me reclamabas que no debía decir cosas malas?, ahora yo te digo, no digas cosas que nos puedan perjudicar.
—Solo, solo quiero volver a casa —repitió Renzo obstinado y algo lamentado.
—Y volverás a casa, entiendo tu situación —le aseguró Celestia—. Pero mientras tanto, te pido que seas más amable y cooperativo con nosotras y con los demás ponis. No te estamos pidiendo nada imposible ni peligroso. Solo te estamos pidiendo que seas nuestro amigo, o que al menos, confíes en nosotras.
—¿Y qué gano yo con eso? —preguntó Renzo ya algo desafiante.
—Ganarás mucho más de lo que crees —respondió Celestia con sabiduría.
Bueno, después de un buen rato desayunando, las princesas nos acompañaron a la estación de tren, no sin antes regalarnos un cofre, de casi la mitad de nuestro alto y bastante ancho.
Nos dijeron que era un regalo especial para nosotros, y que solo podíamos abrirlo cuando llegáramos a Ponyville.
La verdad es que en el camino algunos ponis nos miraban con asombro, otros con temor, y algún otro con la muesca de asco, lo cual es hasta cierto punto comprensible si se están fijando en la ropa.
Llegamos a la estación y yo empiezo la conversación.
—¿Qué hay dentro? —pregunté yo curioso.
—Es una sorpresa —respondió Celestia con una sonrisa misteriosa—. Pero os aseguro que les va a gustar mucho.
—¿Y cómo vamos a abrirlo? —preguntó Renzo escéptico—. No tenemos la llave.
—No necesitáis la llave —respondió Luna con una sonrisa cómplice—. El cofre se abrirá solo cuando lleguéis a vuestro destino.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Renzo confundido.
—Es magia —respondió Luna con simpleza y con una sonrisita traviesa.
—Ah, claro —dijo Renzo con ironía—. La respuesta a todo en este mundo. Magia.
—No seas tan desconfiado, Renzo —dijo Celestia con amabilidad—. La magia no es algo malo ni peligroso. Es algo maravilloso y poderoso. Es lo que nos permite hacer cosas increíbles y ayudar a los demás.
—Sí, claro —dijo Renzo sin mucha convicción.
—Bueno, ya verán cuando abran el cofre —dijo Celestia cambiando de tema—. Estoy segura de que les va a encantar lo que hay dentro.
—¿Y qué es? —insistí yo.
—Ya les he dicho —repitió Celestia—. Es una sorpresa.
Y así fue como nos subimos al tren con el cofre en nuestras manos, sin saber qué contenía ni por qué nos lo habían regalado. Solo sabíamos que era algo importante y especial para las princesas, y que teníamos que esperar a llegar a Ponyville para descubrirlo. El cofre era bastante grande y pesado, y nos costó un poco cargarlo y acomodarlo en el vagón. Nos preguntábamos qué habría dentro y por qué era tan importante para las princesas.
Era una estación muy bonita y colorida, con carteles y adornos de ponis. Las princesas nos compraron los boletos para el tren que iba a Ponyville. Era un tren muy moderno y rápido, con vagones de metal y cristal. Las princesas se quedaron en el andén, junto con las ponis.
—¿Están listos para el viaje? —. Nos preguntó Celestia con una sonrisa.
—Sí, estoy listo —. Respondí yo con entusiasmo. Me parecía emocionante ir a conocer otro lugar de ese mundo mágico y ver cómo vivían las ponis.
—Yo también —. Respondió Renzo con resignación. Él solo quería volver a casa cuanto antes y no le interesaba nada de ese mundo extraño y peligroso, pero sabía que no tenía otra opción que seguir a las ponis.
—Ya pues, Renzo —. le dije yo tratando de animarlo—. No seas tan negativo. No ahora. Tal vez podría ser divertido ahora que tenemos magia.
—¿Divertido? —repitió Renzo con incredulidad—. ¿Qué tiene de divertido ir a un pueblo lleno de ponis que hablan y hacen magia que puede dañarnos?
—Tiene muchas cosas de divertido —respondió Pinkie Pie saltando en su asiento—. Ponyville es el mejor lugar del mundo. Hay fiestas, juegos, dulces, globos, serpentinas, confeti, música, baile, risas…
—Y también hay paz, tranquilidad, naturaleza, animales, flores, árboles, pájaros, mariposas… —añadió Fluttershy con una voz suave.
—Y también hay moda, belleza, arte, diseño, glamour, elegancia, sofisticación… —añadió Rarity con una voz refinada.
—Y también hay honestidad, trabajo duro, familia, amigos, manzanas… —añadió Applejack con una voz franca.
—Y también hay lealtad, valentía, aventura, deporte, velocidad… —añadió Rainbow Dash con una voz entusiasta.
—Y también hay magia, conocimiento, estudio, investigación… —añadió Twilight Sparkle apareciendo de repente en el vagón.
Creo que me voy a cansar de esas líneas tan … ¿raras?, parecen diálogos de una serie animada genérica.
—¡Twilight! —exclamaron las otras ponis al verla.
—Hola amigas —dijo la alicornio morada abrazándolas a todas—. ¿Qué tal han dormido? Yo he dormido muy poco. He estado toda la noche leyendo libros sobre los humanos. Son fascinantes. Tienen tantas cosas que no tenemos aquí. Como la electricidad o los automóviles o los teléfonos o…
—Twilight —la interrumpió Celestia desde el andén—. Me alegra verte tan interesada por los humanos y sus mundos. Pero ahora no es el momento de hablar de eso, aparte, no has desayunado, y eso me preocupa. Ahora es el momento de ir a Ponyville, ¿de acuerdo?
—Ah sí —dijo Twilight recordando su misión—. Pues aquí estoy. Lista para ir a Ponyville y ayudar a estos humanos a encontrar una forma de volver a su mundo y también desayunaré una vez llegue ahí.
—Más que ayudarlos a volver, es enseñarles sobre ustedes y si acaso sobre la magia de la amistad hasta que logremos averiguar una forma de devolverlos a su mundo, mi pequeña poni —dijo Celestia.
—Twilight —la interrumpió Renzo impaciente—. ¿No crees que ya es suficiente?
—¿Suficiente? —preguntó Twilight confundida—. ¿Suficiente de qué?
—De hablar tanto y de hacer tanto ruido —respondió Renzo molesto—. ¿No ves que estamos intentando viajar?
—O'e, no te das cuenta de que no estás haciendo bien ahora, ¿o ahora soy yo el que tengo que decirte que te calles? —. Le digo a Renzo.
Twilight se quedó callada y bajó la cabeza algo avergonzada.
Renzo se dio cuenta de que había sido demasiado duro con ella y se arrepintió.
—Perdón, Twilight —dijo Renzo suavizando su tono—. No quise ofenderte. Es solo que estoy un poco cansado y nervioso por el viaje y por todo lo que está ocurriendo estos días.
—No te preocupes, Renzo —dijo Twilight levantando la cabeza y sonriendo—. Yo también estoy un poco nerviosa. Es la primera vez que voy a Ponyville con seres humanos.
—¿En serio? —pregunté yo sorprendido—. ¿No has ido nunca antes?
—Bueno, sí, he ido muchas veces —respondió Twilight —. Pero siempre como una poni. Ya saben, por lo del portal mágico que conecta este mundo con otro mundo donde hay humanos.
—Sí, sí, lo sabemos —dije yo recordando lo que nos había contado antes—. Y dime, ¿cómo es ese mundo?
—Es muy diferente a este —respondió Twilight —. Los humanos de ese mundo no tienen magia ni alas ni cuernos. Solo tienen dos brazos y dos piernas. Y visten ropa muy variada y colorida.
—¿Y cómo te transformabas en humana? —preguntó Renzo no recordando bien lo de ayer, o eso parece.
—Es muy fácil —respondió Twilight —. Solo tengo que pasar por el portal y mi cuerpo se adapta al de ese mundo. Y cuando quiero volver a ser una poni, solo tengo que pasar por el portal otra vez y mi cuerpo vuelve a la normalidad.
—Wow, eso es raro —dije yo admirado.
—Más que raro, curioso, pero increíble —dijo Twilight orgullosa.
El tren empezó a moverse y salió de la estación rumbo a Ponyville. Las princesas nos despidieron con los cascos desde el andén y nos desearon un buen viaje, nosotros les devolvimos el saludo y les agradecimos su hospitalidad, luego nos acomodamos en nuestros asientos y nos preparamos para disfrutar del paisaje y de la compañía de las ponis.
El viaje en tren duró unas tres horas. Durante ese tiempo, las ponis nos contaron más cosas sobre su mundo y nos hicieron muchas preguntas sobre el nuestro. También nos enseñaron algunas de sus habilidades mágicas, como hacer aparecer objetos, cambiar de color o levitar cosas. Nosotros no teníamos mucho que mostrarles, no es que supiéramos hacer magia como para mostrarles algo, aunque les contamos lo que hacíamos en la escuela, estuvieron interesadas en eso desde que les relatamos lo de la viruela. Fue un intercambio muy divertido y enriquecedor.
Renzo se mostró un poco más relajado y participativo, y ya no tan burlón como antes, aunque seguía siendo escéptico con algunas cosas. Yo me sentí bien, no era la gran cosa tampoco a estas alturas, pero estuve bien durante el viaje.
Finalmente, el tren llegó a Ponyville.
Las ponis nos bajaron del tren y nos llevaron a su casa en el camino me di cuenta de que es un pueblo bonito y acogedor, con casas de madera y piedra, rodeado de campos verdes y flores de todos los colores. Había ponis de todas las razas y tamaños, caminando, volando o trotando por las calles. Algunos nos miraban con curiosidad, otros con sorpresa y otros con indiferencia, y alguno con temor.
Al final nos despedimos Renzo y yo de todas excepto de Twilight, cuando estábamos cerca de su casa, cada una iba a sus quehaceres después de haber estado ayer en ese palacio, el cofre fue bastante pesado de llevar, Twilight nos tuvo que ayudar varias veces, aunque no aceptásemos mucho su ayuda, ella insistió y pues aceptamos.
Llegamos a su hogar, era literalmente un árbol hueco, parecía grande, al menos por dentro (a la hora de entrar tuvimos que entrar algo agachados eso sí, ya saben, cosas hechas para ponis, no para humanos), con una habitación para ella y muchos, muchos libros, era literalmente una biblioteca. Allí nos presentaron a Spike, un dragón pequeño, morado y verde que era el asistente de Twilight.
—Hola, soy Spike —dijo el dragón saludándonos con una sonrisa—. Encantado de conocerlos.
—Hola, yo soy Santiago —dije yo devolviéndole la sonrisa—. Y él es Renzo.
—Hola —dijo Renzo sin mucho entusiasmo.
—¿Un dragón? —pregunté yo sorprendido—. ¿Cómo es que hay un dragón aquí?
—Es una larga historia —respondió Twilight—. Spike es mi mejor amigo desde que era una potra. Él me ayuda con mis estudios y mis experimentos. Y también puede enviar y recibir cartas con su aliento de fuego.
—¿Cartas con su aliento de fuego? —repitió Renzo incrédulo—. ¿Y cómo hace eso?
—Así —dijo Spike escupiendo una llamarada que se convirtió en un sobre sellado con cera.
—Wow —dije yo impresionado.
—Vaya —dijo Renzo esta vez impresionándose un poco más.
—Bueno, ya hablaremos más de eso luego —dijo Twilight cambiando de tema—. Ahora les voy a mostrar sus habitaciones para que se instalen y descansen un poco.
La poni nos llevó a dos habitaciones contiguas en un sótano. Eran habitaciones sencillas pero acogedoras, con camas que parecían cómodas (aunque algo pequeñas), armarios amplios, y unos estantes que permitirían poner algunas cosas que adquiriéramos en nuestra estancia aquí.
—Gracias, Twilight —dije yo agradecido—. Estas habitaciones están muy bien. Son muy acogedoras y limpias.
—De nada, Santiago —dijo ella sonriendo—. Me alegro de que te gusten. Espero que estés cómodo y feliz aquí.
—Sí, lo estoy —dije yo sinceramente.
—Yo también —dijo Renzo con un tono más amable que antes—. Gracias por tu hospitalidad, Twilight. Sé que no he sido muy simpático contigo ni con las otras ponis, pero es que todo esto me supera un poco. No estoy acostumbrado a este mundo ni a sus cosas raras.
—No te preocupes, Renzo —dijo Twilight comprensiva—. Yo entiendo cómo te sientes. Yo también me sentí así la primera vez que fui al mundo humano. Me costó mucho adaptarme y hacer amigos allí. Pero al final lo conseguí, gracias a la magia de la amistad.
—¿La magia de la amistad? —preguntó Renzo escéptico—. ¿Qué es eso?
—Es la fuerza más poderosa que existe —respondió Twilight con entusiasmo—. Es la que nos une a todos los seres vivos y nos hace mejores personas… o ponis. Es la que nos hace sentir felices y realizados. Es la que nos ayuda a superar los problemas y los miedos. Es la que nos hace crecer y aprender. Es la que nos hace amigos.
—Ya veo —dijo Renzo sin mucho interés—. Y dime, ¿cómo se consigue esa magia?
—Se consigue con el corazón —respondió Twilight con una sonrisa—. Con el corazón abierto y dispuesto a dar y recibir amor. Con el corazón sincero y honesto con uno mismo y con los demás. Con el corazón valiente y leal a sus ideales y a sus amigos. Con el corazón generoso y dispuesto a compartir y ayudar. Con el corazón amable y respetuoso con todos los seres vivos. Con el corazón alegre y optimista ante la vida. Y con el corazón mágico y curioso por aprender y descubrir.
—Vaya, eso suena muy bonito —dije yo.
—Sí, lo es —dijo Twilight orgullosa.
—Y muy difícil —añadió Renzo con realismo—. No creo que sea tan fácil tener todas esas cualidades en el corazón.
—No, no lo es —admitió Twilight —. Pero tampoco es imposible. Todo el mundo puede tener un corazón así, solo hay que trabajar en ello y practicarlo cada día. Y sobre todo, hay que tener amigos que te apoyen y te guíen en el camino.
—¿Amigos como vosotras? —pregunté yo.
—Sí, amigos como nosotras —respondió ella asintiendo—. Nosotras somos sus amigas, Renzo y Santiago. Y queremos ayudarlos a encontrar vuestro lugar en este mundo y en vuestro propio mundo. Queremos compartir con ustedes nuestra magia de la amistad y hacerla más fuerte y grande.
—Eso es… muy generoso por vuestra parte —dije yo.
—Sí, lo es —dijo Renzo reconociendo su gesto—. Gracias por tu amistad.
Twilight se alegró de oír esas palabras y le dio un abrazo a Renzo.
Renzo se sorprendió por su efusividad, pero no la rechazó.
Yo también me uní al abrazo grupal y sentí una calidez en mi pecho, no sé si sea una sensación figurativa o no, o simplemente sea mi magia latente manifestándose.
Era una sensación extraña pero agradable.
Era una sensación de ¿amistad?
En serio, los abrazos de ponis creo que me van a hacer un adicto a su pelaje, son demasiado suaves.
Después de ese abrazo, decidimos ir a acomodarnos un poco, y probar un poco nuestras habitaciones, acomodarlas y llevar el cofre allí de paso.
Aunque luego escuchamos un pequeño sonido del metal, como si fuera una cerradura abriéndose o un candado desbloqueándose mientras lo llevábamos a nuestro sótano.
Pusimos el cofre en el centro del salón principal de la biblioteca, con cuidado, por si había algo importante.
El cofre se abre, y lo que hay son demasiadas monedas de oro y una carta por encima de estas.
La carta contiene letras en un formato extraño, en un lenguaje extraño, una combinación fea entre el latín y el inglés, y garabatos inentendibles. De repente la carta reacciona a mi magia por ahora latente, y el texto se vuelve uno que puedo reconocer, ahora la carta está en español.
La carta decía de esta manera:
"Queridos Renzo y Santiago:
Perdónennos por la despedida tan abrupta que tuvimos, en especial con la cantidad de ponis que había alrededor, mis disculpas por ello.
Esperamos que hayan disfrutado de su estancia en Canterlot y que hayan aprendido mucho sobre nuestro mundo y nuestra magia. Sabemos que su mayor deseo es volver a su mundo, pero también sabemos que eso puede tardar un tiempo en ocurrir. Por eso les hemos regalado este cofre con estas monedas de oro, las cuales son los bits, que es la moneda de Equestria. Con ellos podrán comprar lo que necesiten en su estancia en este mundo y también podrán usarlos como "símbolos" de amistad con los ponis que encuentren por el camino. Les pedimos que usen el dinero con prudencia y responsabilidad (no se preocupen por que sea demasiado dinero desperdiciado, esto no es ni una ínfima parte de lo que hay en las arcas, así que por ese lado pueden ir tranquilos), y que no se olviden de practicar su magia y desarrollar sus habilidades (para esto precisamente les dimos el dinero). Queremos que aprovechen esta oportunidad para crecer y aprender como personas y como magos. Les deseamos mucha suerte y felicidad en su aventura.
Recuerden que siempre serán nuestros amigos y que siempre podrán contar con nosotras.
Atentamente, las princesas Celestia y Luna"
Guau, eso fue raro, aparte la cantidad de monedas de oro (la cual es inmensa), también algunas gemas incluso, aunque no es que me interesase demasiado el dinero ahora que lo teníamos en cantidades absurdas, pero bueno, eso servirá para desarrollar nuestra magia a lo largo de nuestra estancia aquí mientras que no nos preocupemos por los ingresos, así que vendrá bien hasta ahora.
—Bueno, ¿Les gustaría leer libros sobre magia ahora? —. Dijo con algo de entusiasmo la poni morada.
—Si no hay un mejor medio de información… pero no se como podre leer el alfabeto de este lugar tan siquiera, no creo que lo de la carta se repita con los libros, ¿o sí?
—Solo hay una manera de averiguarlo…—Dice Twilight.
Los tres nos dirigimos a una de las secciones de la biblioteca, para agarrar un libro que según ella tenía como título: "Fundamentos de la Magia y la Energía Mágica"
Lo agarramos.
Pero no ocurrió nada…
Ya decía yo que era demasiado conveniente que lo que sea reaccionase a mi magia o a mi en general, aprender este idioma va a ser jodido, muy jodido.
—Oh—Alcanzo a exclamar la alicornio algo desilusionada.
—Bueno, tocará aprender el idioma de acá…
—En el nombre del cielo, esto va a ser complicado—Añade Renzo, algo decepcionado y desesperanzado.
—No te preocupes, Renzo, de todos modos, puedo hacer de maestra cuando pueda para ustedes, ¿quieren empezar su primera lección?
—¿Ahora mismo? —pregunté yo sorprendido—. ¿No podríamos descansar un poco o explorar el pueblo o algo así?
—No, ahora mismo —insistió la alicornio con determinación—. No hay tiempo que perder. Si queréis aprender magia, tenéis que aprender el idioma primero. Y eso requiere mucha práctica y dedicación.
Renzo suspiró con cansancio y dijo:
—Twilight, acabamos de llegar y estamos agotados. No tenemos ánimos de estudiar ahora. Además, no creo que sea tan urgente aprender el idioma. Podemos comunicarnos con vosotras y con los demás ponis sin problemas.
—Sí, pero no pueden leer los libros ni los carteles ni las cartas ni nada escrito —replicó Twilight con lógica—. Y eso los va a limitar mucho en su aprendizaje y en su vida aquí. Además, aprender el idioma les va a ayudar a entender mejor nuestra cultura y nuestra forma de pensar. Y eso les va a hacer más amigos y más felices.
—¿Más amigos y más felices? —repitió Renzo con incredulidad—. ¿Qué tiene que ver eso con el idioma?
—Tiene mucho que ver —respondió la poni morada con convicción—. El idioma es una parte esencial de la identidad de un pueblo. Refleja su historia, sus valores, sus creencias, sus emociones… Al aprender el idioma, no solo aprendéis palabras, sino también significados y sentimientos. Y eso os acerca más a nosotras y a los demás ponis. Os hace sentir más integrados y aceptados. Les hace sentir más amigos y más felices.
Me quedé pensativo y dije:
—Tiene sentido. Aprender el idioma puede ser una buena forma de conocer mejor este mundo y a sus habitantes.
Ella se alegró de oír esas palabras y me dio un pequeño abrazo, en serio, los ponis estos son un poco demasiado expresivos.
—Me alegro de que lo entiendas, Santiago —dijo ella sonriendo—. Eres muy inteligente.
—Gracias por eso, supongo…—.Me limito a responder eso.
Renzo se quedó callado y asintió con la cabeza. No le entusiasmaba la idea de tener que aprender otro alfabeto, ni tampoco le importaba mucho leer los libros de ese mundo. Él solo quería volver a su mundo lo antes posible y retomar su vida normal. Pero sabía que no tenía otra opción que seguir a Twilight y a las otras ponis, al menos hasta que encontraran una forma de regresar. Así que se resignó y dijo:
—Está bien, Twilight. Aprenderé el alfabeto. Pero solo lo básico y necesario para poder leer los libros de magia. No creo que me haga falta saber más.
La poni morada suspiró con resignación y dijo:
—Bueno, supongo que es mejor que nada. Al menos estás dispuesto a aprender algo. Espero que con el tiempo cambies de opinión y te des cuenta de lo maravilloso que es este mundo y sus habitantes.
—No sé, Twilight —respondió Renzo con duda—. No estoy seguro de que este mundo sea para mí. Es muy diferente al mío.
Ella se encogió de hombros y dijo:
—Bueno, pues vamos a empezar la lección. Lo primero que tienen que saber es que el alfabeto que usamos aquí se llama equestriano. Es un alfabeto muy antiguo y rico, con muchas formas y símbolos. Tiene 26 letras, cada una con un sonido diferente. Estas son las letras del alfabeto equestriano:
Ella usó su magia para hacer aparecer en el aire unas letras brillantes que formaban el alfabeto equestriano. Era un alfabeto muy distinto al nuestro, pero con algunos "parecidos" en el sonido (por no decir que eran iguales) y el orden de las letras.
—Estas son las vocales: A, E, I, O, U —dijo señalando las letras correspondientes—. Y estas son las consonantes: B, C, D, F, G, H, J, K, L, M, N, P, Q, R, S, T, V, W, X, Y, Z.—Las formas de las letras eran cuanto menos, extrañas, cómo decía, es una combinación rara entre inglés, latín y garabatos, literal, había algunas letras que eran garabatos, supongo que cuando no tienes pulgares oponibles se hace difícil escribir, aunque ahora que lo pienso, la magia debería haberlos podido ayudar con eso, pero no cuestionaré ahora eso.
Renzo y yo miramos las letras con atención e intentamos memorizarlas.
—Y pues estas son las consonantes: B se pronuncia /b/, como en burro. C se pronuncia /k/ o /s/, dependiendo de la vocal que le siga. Si le sigue una A, O o U se pronuncia /k/, como en casa o cuna o codo. Si le sigue una E o una I se pronuncia /s/, como en cena o cine o cero…
—Pues en pronunciación es prácticamente igual a nuestro idioma—. Dijo Renzo.
—Pues creo que me interesa más la manera de escribir y la sintaxis antes que otra cosa—. Agrego yo.
—Ay, cierto, lo siento; es verdad que hablamos el mismo idioma.
Twilight nos siguió explicando las diferencias en la forma de escribir las palabras y en la forma de usar las mayúsculas y las minúsculas en equestriano. Nos dijo que las palabras se escribían juntando las letras según unas normas de ortografía y que las mayúsculas se usaban solo al principio de una oración o para escribir el nombre propio de una persona o un lugar. Nos mostró algunos ejemplos y nos hizo algunos ejercicios para practicar.
La lección duró unas dos horas. Al final, Ella nos felicitó por nuestro esfuerzo y nos dijo que habíamos aprendido mucho. Nos dijo que teníamos que seguir practicando todos los días y que pronto podríamos leer y escribir en equestriano sin problemas.
—Gracias, Twilight —dije yo agradecido—. Eres una buena maestra.
—De nada, Santiago —dijo ella sonriendo—. Eres un buen alumno.
—Gracias, Twilight —dijo Renzo con cortesía—. Eres muy paciente.
—De nada, Renzo —dijo ella satisfecha—. Eres muy aplicado cuando te lo propones.
Después de la lección, la alicornio morada nos invitó a almorzar con ella y Spike. Nos preparó unos bocadillos de queso y lechuga, unas ensaladas de frutas y unos zumos de manzana. La comida estaba muy buena y nos gustó mucho. Twilight nos contó más cosas sobre Ponyville y sus habitantes, y nosotros le contamos más cosas sobre nuestro mundo y nuestra vida.
Después de almorzar, Twilight nos sugirió que fuéramos a visitar a Rarity a su boutique. Rarity es una de las mejores amigas de Twilight y una diseñadora de moda muy talentosa. Tiene su propia tienda, llamada Boutique del Carrusel, donde crea y vende sus diseños originales. También tiene una gata persa blanca llamada Opalescencia, que es muy mimada y exigente.
Ella nos dijo que Rarity nos podría hacer ropa nueva y adecuada para nuestro mundo, ya que la nuestra estaba casi destrozada por la caída desde el cielo y por el tiempo que pasamos en el bosque. Nos dijo que Rarity era muy generosa y que le encantaría ayudarnos con nuestra imagen.
—¿Ropa nueva? —preguntó Renzo con desgana—. ¿No podemos usar la que tenemos?
—No, Renzo —respondió Ella con firmeza—. La ropa que tenéis está muy vieja y rota. No podéis ir por ahí con ese aspecto. Necesitáis ropa nueva y bonita que os haga sentir bien y que os haga más amigos.
—¿Más amigos? —repitió Renzo con incredulidad—. ¿Qué tiene que ver la ropa con los amigos?
—Tiene mucho que ver —respondió Ella con convicción—. La ropa es una forma de expresar vuestra personalidad y vuestro estilo. Refleja vuestros gustos, vuestros intereses, vuestros sentimientos… Al usar ropa nueva y bonita, no solo os veis mejor, sino que también os sentís mejor. Y eso os hace más atractivos y simpáticos para los demás. Os hace más amigos.
—No sé, Twilight —dijo Renzo con duda—. No creo que la ropa sea tan importante. Yo prefiero ser yo mismo y no depender de lo que llevo puesto.
—Y yo te apoyo en eso, Renzo —dijo la poni morada con comprensión—. Pero no tienes que renunciar a ser tú mismo por usar ropa nueva. Al contrario, puedes usar la ropa para potenciar tu personalidad y tu estilo. Puedes elegir la ropa que más te guste y que más te represente. Puedes ser tú mismo y verte bien al mismo tiempo.
—Bueno, supongo que no pierdo nada por probar —dijo Renzo con resignación—. Pero no esperes que me ponga cualquier cosa.
—No te preocupes, Renzo —dijo la poni morada con tranquilidad—. Rarity tiene muy buen gusto y sabe adaptarse a las preferencias de cada cliente. Estoy segura de que encontrará algo que te guste y te quede bien.
—Eso espero —dijo Renzo con escepticismo.
Yo también estaba un poco nervioso por la idea de ir a la boutique de Rarity. No sabía qué tipo de ropa me iba a hacer ni cómo me iba a quedar. Tampoco sabía si iba a gustarme o no. Pero confiaba en ella y en su amiga Rarity. Pensé que quizás era una buena oportunidad para cambiar un poco mi imagen y probar algo nuevo.
Así que acepté ir a la boutique de Rarity con ella y Renzo. Esperaba encontrar algo que me hiciera sentir cómodo y feliz en este mundo tan diferente al mío.
Cuando llegamos a la boutique, nos recibió una poni blanca con una melena morada rizada y unos ojos azules muy expresivos. Llevaba un collar de perlas y un arete en forma de diamante en una de sus orejas. Era Rarity, la diseñadora de moda.
—¡Twilight! ¡Qué alegría verte! —exclamó Rarity con entusiasmo al ver a su amiga—. ¡Que alegría verlos tan pronto de nuevo también a ustedes! —. Nos dice también entusiasmada.
Rarity se acercó a nosotros con una sonrisa radiante y nos examinó con atención.
—Vaya, vaya, vaya —dijo ella con una voz melodiosa—. Qué interesantes especímenes tenemos aquí. Dos humanos varones jovencitos. Uno con el pelo negro, los ojos marrones y unas gafas que le dan un aire intelectual. El otro con el pelo castaño, los ojos verdes y una expresión que denota confianza y algo de sarcasmo. Ambos con una ropa muy deteriorada y sucia que no les hace justicia a su potencial estético.
Renzo y yo nos sentimos un poco incómodos por el escrutinio de Rarity. No estábamos muy acostumbrados a que nos miraran así ni a que nos hablaran de esa forma.
—Eh… gracias —dije yo sin saber qué más decir.
—Sí, gracias —repitió Renzo con sequedad.
—De nada, queridos —dijo Rarity con amabilidad—. Es un placer conocerlos y tener la oportunidad de vestirlos. Estoy segura de que juntos lograremos unos resultados fabulosos.
Rarity nos invitó a entrar en su boutique y nos llevó a una sala donde había varios maniquíes, telas, hilos, agujas y otros utensilios de costura. También había un espejo grande y un sofá donde podíamos sentarnos.
—Bienvenidos a mi taller creativo —dijo Rarity con orgullo—. Aquí es donde doy rienda suelta a mi imaginación y creo mis maravillosas obras de arte. Aquí es donde os voy a hacer la ropa más bonita y elegante que hayáis visto jamás.
Rarity se puso un dedal en uno de sus cascos y cogió una cinta métrica con la boca. Luego se acercó a Renzo y empezó a tomarle las medidas.
—Vamos a empezar por ti, querido —dijo ella con voz apagada por la cinta—. Eres el más difícil de vestir, porque tienes una personalidad muy fuerte y definida. Necesitas una ropa que refleje tu carácter y tu estilo, pero que también te haga más amigable y accesible para los demás.
Renzo se dejó hacer por Rarity sin mucha convicción. No parecía muy entusiasmado con la idea de que le hicieran ropa nueva.
—¿Y qué tipo de ropa me vas a hacer? —preguntó él con curiosidad.
—Pues verás —respondió Rarity quitándose la cinta de la boca—. He pensado en hacerte un conjunto muy moderno y juvenil, compuesto por unos pantalones vaqueros azules, una camiseta blanca con un dibujo divertido, una chaqueta de cuero negra y unas zapatillas deportivas rojas. Así resaltarás tu lado rebelde y aventurero, pero también tu lado simpático y divertido.
—¿En serio? —preguntó Renzo con incredulidad—. ¿No crees que eso es demasiado… llamativo?
No, querido, no lo creo —respondió Rarity con seguridad—. Creo que eso es justo lo que necesitas para destacar y hacer amigos en este mundo. Además, te quedará muy bien con tu tono de piel y tu color de ojos. Confía en mí, soy una experta en moda y sé lo que te conviene.
—Bueno, si tú lo dices —dijo Renzo con resignación—. Pero espero que no me hagas parecer un payaso.
—No te preocupes, Renzo —dijo Rarity con una sonrisa—. No te haré parecer un payaso. Te haré parecer un príncipe.
Rarity se puso a trabajar en el conjunto de Renzo con rapidez y habilidad. Usó su magia para cortar las telas, coser las piezas y ajustar los detalles. En poco tiempo, tenía listo el conjunto y se lo mostró a Renzo.
—Aquí tienes, querido —dijo ella orgullosa—. Tu nuevo conjunto. ¿Qué te parece?
Renzo miró el conjunto con escepticismo. No le gustaba mucho el estilo ni los colores. Le parecía demasiado llamativo y poco práctico. Pero no quiso ofender a Rarity ni a Twilight, que lo miraban con expectación. Así que dijo:
—Está… bien —dijo él con poca convicción—. Gracias por tu esfuerzo, Rarity.
—De nada, Renzo —dijo ella con una sonrisa forzada—. Me alegro de que te guste. Ahora póntelo y mírate en el espejo. Verás cómo te queda de maravilla.
Renzo se puso el conjunto con algo de vergüenza y se miró en el espejo. No le gustó lo que vio. Se sintió ridículo y fuera de lugar. Pero trató de disimular su disgusto y dijo:
—Sí, me queda… bien —dijo él con falsedad—. Gracias por tu trabajo, Rarity.
Rarity se dio cuenta de que Renzo no estaba contento con el conjunto, pero no quiso insistir ni presionarlo más. Pensó que quizás con el tiempo se acostumbraría y le tomaría cariño. Así que dijo:
—De nada, Renzo —dijo ella con amabilidad—. Espero que disfrutes de tu nuevo conjunto y que te haga más amigos y más feliz. Luego se dirigió a mí y dijo:
—Ahora te toca a ti, querido —dijo ella con entusiasmo—. Eres el más fácil de vestir, porque tienes una personalidad muy abierta y flexible. Necesitas una ropa que refleje tu personalidad y tu estilo, pero que también te haga más atractivo y elegante para los demás.
Rarity me tomó las medidas con la cinta métrica y luego se puso a trabajar en mi conjunto. Pensó en hacerme un conjunto muy clásico y sofisticado, compuesto por unos pantalones negros, una camisa blanca, un chaleco gris y unos zapatos negros. Así resaltaría mi lado" intelectual y refinado", pero también mi lado "simpático y amable". Me gustó la idea de Rarity y le di las gracias por su trabajo. Me puse el conjunto y me miré en el espejo. Me gustó lo que vi. Me sentí cómodo con mi nueva imagen. Le dije a Rarity que me encantaba el conjunto. Ella se alegró de verme tan contento y me devolvió el abrazo con cariño.
—De nada, querido —dijo ella satisfecha—. Me alegro de que te encante tu nuevo conjunto. Te queda de maravilla.
Twilight también me felicitó por mi nuevo conjunto y me dijo que me veía muy bien.
Renzo me miró con algo de envidia y dijo: —Te queda mejor que a mí —dijo él reconociendo mi aspecto—. Pareces más… normal. —Gracias, Renzo —dije yo sonriendo—. Pero tú también te ves bien. Pareces más… divertido.
Renzo se encogió de hombros y dijo:
—Supongo que tendré que acostumbrarme a este conjunto. No es lo que yo hubiera elegido, pero tampoco es tan malo. Al menos es cómodo y no me aprieta. —Me alegro de que le des una oportunidad, Renzo —dijo Rarity con una sonrisa—. Estoy segura de que con el tiempo te gustará más y te sentirás más a gusto con él. —Eso espero —dijo Renzo con duda.
Después de vestirnos con nuestra nueva ropa, Twilight nos propuso salir a dar un paseo por el pueblo.
Había ponis de todas las razas y tamaños, caminando, volando o trotando por las calles. Algunos se dedicaban a sus oficios, otros a sus hobbies, otros a sus compras, otros a sus charlas. Todos parecían felices y tranquilos, sin preocupaciones ni problemas.
Twilight nos guio por el pueblo y nos fue mostrando los lugares más importantes y emblemáticos. Nos enseñó el ayuntamiento, donde se celebraban las reuniones y los eventos del pueblo. Nos enseñó el mercado, donde se vendían todo tipo de productos y servicios. Nos enseñó el hospital, donde se atendía a los enfermos y heridos. Nos enseñó el parque, donde se podía disfrutar de la naturaleza y el aire libre. Nos enseñó la escuela, donde se educaba a los potrillos y potrancas. Nos enseñó el estadio, donde se practicaban los deportes y las competiciones. Y nos enseñó la granja de manzanas de Apple Jack (Sweet Apple Acres), donde se cultivaban las mejores manzanas del mundo, o eso clama ella, también nos presentó a Big Macintosh, un poni rojo con una melena marrón y una manzana en el flanco.
En cada lugar que visitábamos, Twilight nos presentaba a algunos de sus amigos o conocidos. Nos presentó al alcalde, un poni gris con una melena blanca y unos bigotes largos. Nos presentó al doctor Hooves, un poni café con una melena verde y unas gafas redondas. Nos presentó a la señora Cake, una poni rosa con una melena amarilla y unos delantales coloridos. Nos presentó también a Cheerilee, una poni morada con una melena rosa y unas flores en el flanco. Nos presentó a Spitfire, una pegaso naranja con una melena amarilla y unas gafas de sol.
Luego, siguió Rainbow Dash, la poni azul con una melena multicolor y una marca de un rayo con una nube en su flanco. Era la portadora del elemento de la lealtad y era una voladora veloz y atrevida. Me saludó con un golpe de casco y me dijo que ya estábamos mejor, en mejores terminos. Le devolví el saludo con algo de indiferencia, pero me sentí un poco molesto por su actitud arrogante y su voz algo chillona.
Y siguió Pinkie Pie, una poni rosa con una melena rizada rosa y una marca de tres globos en su flanco. Era la portadora del elemento de la risa y era una fiestera alegre e hiperactiva. Me saludó con un abrazo y me dijo que era súper divertido conocerme (de nuevo). Le devolví el saludo con sorpresa, pero me sentí un poco asustado por su energía y su locura.
Lo mismo siguió con Fluttershy, la poni amarilla con una melena rosa y una marca de tres mariposas en su flanco. Era la portadora del elemento de la amabilidad y era una cuidadora de animales tímida y dulce. Aunque eso ya lo sabíamos porque nos rescató. Me saludó, abrazó y se alegró de que estuviésemos bien.
Después de pasar la tarde con las amigas ponis de Twilight, volvimos a su casa. Estaba anocheciendo y el cielo se llenaba de estrellas. Ella nos dijo que nos iba a dar una pequeña lección de magia, ya que las princesas Celestia y Luna nos habían dicho que teníamos magia en nuestro interior.
Nos llevó al centro de la biblioteca, donde ahora había una mesa con varios libros y objetos mágicos. Nos dijo que la magia era la energía que fluía por todo el universo y que podía ser usada para hacer cosas increíbles. Nos dijo que los ponis unicornios podían usar la magia con sus cuernos, los ponis pegasos podían usar la magia con sus alas y los ponis terrestres podían usar la magia con su conexión con la naturaleza. Nos dijo que los humanos parece que también podíamos usar la magia, pero que no necesitábamos ningún artefacto para hacerlo.
Nos explicó que para usar la magia teníamos que concentrarnos en lo que queríamos hacer y visualizarlo en nuestra mente. Nos dijo que la magia era como un músculo que se podía entrenar y fortalecer con la práctica. Nos dijo que la magia no era de ningún elemento específico, sino simplemente energía que podíamos manipular a nuestro antojo.
Nos puso un ejercicio sencillo para empezar. Nos pidió que levantáramos una pluma con nuestra magia. Nos dio una pluma a cada uno y nos dijo que la pusiéramos sobre la mesa. Luego nos dijo que cerráramos los ojos y nos concentráramos en la pluma. Nos dijo que imagináramos una fuerza invisible que salía de nuestras manos y que envolvía la pluma. Nos dijo que sintiéramos el peso y la forma de la pluma en nuestra mente. Nos dijo que cuando estuviéramos listos, abriéramos los ojos y levantáramos la pluma con nuestra voluntad.
Ella nos dio una pluma a cada uno y nos dijo que la pusiéramos sobre la mesa.
—Este será vuestro primer ejercicio de magia — nos dijo — Vais a intentar levantar esta pluma con vuestra magia
—¿Levantar una pluma? — preguntó Renzo — ¿Y ya 'ta?
—No te confíes, Renzo — le advirtió la alicornio morada — Puede parecer fácil, pero requiere concentración y voluntad. La magia no es algo que se pueda hacer sin más. Hay que sentirlo y entenderlo
—¿Y cómo se hace eso? — pregunté yo.
—Bueno, lo primero que tienen que hacer es cerrar los ojos y concentraros en la pluma. Imagínense por ahora que hay una fuerza invisible que sale de vuestras manos y que envuelve la pluma. Sentid el peso y la forma de la pluma en vuestra mente. Cuando estéis listos, abran los ojos y levanten la pluma con su voluntad.
Hice lo que me dijo y me concentré en la pluma. Sentí una sensación extraña en mis manos, como si tuviera electricidad corriendo por mis dedos. Sentí la pluma en mi mente, suave y ligera. Abrí los ojos y vi la pluma sobre la mesa. Intenté levantarla con mi mente, pero no pasó nada. Fruncí el ceño y lo intenté de nuevo, pero nada. Me frustré y lo intenté con más fuerza, pero nada.
Miré a Renzo y vi que él también estaba intentando levantar su pluma. Vi que su cara estaba roja y sus venas estaban hinchadas. Vi que su pluma se movía un poco, pero no se levantaba del todo. Vi que él se enfadaba y lo intentaba con más fuerza, pero nada.
—Miré a Twilight y vi que ella nos observaba con interés. Vi que ella sonreía y nos animaba a seguir intentándolo. Vi que ella levantaba su pluma con su cuerno sin ningún esfuerzo.
Me sentí avergonzado e impotente por no poder hacer algo tan simple como levantar una pluma. Me pregunté por qué no podía usar mi magia como ella o como las princesas. Me pregunté si era porque era humano o porque era diferente.
—Vamos, chicos, no se rindan— nos dijo — Sé que pueden hacerlo. Solo tienen que relajarse. La magia es algo natural y que puede ser divertido, no algo forzado o difícil.
Me calmé un poco y respiré hondo. Volví a concentrarme en la pluma, pero esta vez sin presión ni expectativas. Volví a sentir la energía en mis manos, pero esta vez sin dolor ni incomodidad. Volví a sentir la pluma en mi mente, pero esta vez sin peso ni forma.
Abrí los ojos y vi la pluma flotando sobre la mesa. La hice subir y bajar, girar y saltar. Me sentí feliz y orgulloso por haber logrado levantarla con mi magia.
—¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí!, ¡Al fin carajo! — exclamé.
—¡Muy bien, Santiago! ¡Has hecho un gran trabajo! — me felicitó Twilight. —Solo cuida tu lenguaje.
—Oh, discúlpeme pues.
La pluma flotaba sobre la mesa, siguiendo el movimiento de mi mano. La hice subir y bajar, girar y saltar. Me sentí feliz y orgulloso por haber logrado levantarla con mi magia. Me reí un poco y jugué con ella. No todos los días descubres que tienes telekinesis.
Miré a Renzo y vi que él también había logrado levantar su pluma. La tenía en su mano, apretada con fuerza. Me miró con una mezcla de sorpresa y envidia. Me dijo que no sabía cómo lo había hecho. Le dije que no sea gil y que solo tenía que relajarse un poco. Le dije que lo intentara de nuevo.
Renzo soltó su pluma y la puso sobre la mesa. Respiró hondo y se concentró en la pluma. Sentí una energía similar a la mía, pero más intensa y más fría. Vi que su pluma se movía un poco, pero no se levantaba del todo. Vi que él se esforzaba y lo intentaba con más fuerza, pero nada.
Twilight se acercó a él y le dijo lo mismo que me había dicho a mí. Le dijo que no se desanimara ni se comparara con los demás. Le dijo que cada uno tenía su propio ritmo y su propia forma de aprender. Le dijo que lo intentara de nuevo, pero esta vez sin presión ni expectativas.
Renzo se calmó un poco y respiró hondo. Volvió a concentrarse en la pluma, pero esta vez sin tensión ni ansiedad. Volvió a sentir la energía en sus manos, pero esta vez sin dolor ni incomodidad. Volvió a sentir la pluma en su mente, pero esta vez sin peso ni forma.
Abrió los ojos y vio la pluma flotando sobre la mesa. La tenía en su mano, suelta y ligera. La hizo subir y bajar, girar y saltar. Se sintió feliz y orgulloso por haber logrado levantarla con su magia. Se rió y jugó con ella.
—¡Yo también! ¡Yo también! — exclamó.
—¡Muy bien, Renzo! ¡Has hecho un gran trabajo! — le felicitó ella.
Twilight nos felicitó a los dos por haber logrado levantar las plumas con nuestra magia. Nos dijo que habíamos dado el primer paso para aprender magia y que estábamos listos para pasar al siguiente nivel. Nos dijo que nos iba a enseñar algunos hechizos básicos que podíamos hacer con nuestra magia.
Luego subimos al piso de arriba y cenamos con Spike, su dragón mascota, o mejor dicho, "asistente". Nos contó algunas historias sobre sus aventuras con las ponis. Comimos unas ensaladas de frutas y verduras que nos preparó Twilight. Estaban buenas.
Después de cenar, nos lavamos los dientes y nos fuimos a dormir. Ella nos prestó unas mantas y unos cojines para que durmiéramos en el sofá del salón. Nos deseó buenas noches y se fue a su habitación. Nos quedamos solos Renzo y yo.
—¿Qué te ha parecido el día de hoy? — me preguntó Renzo.
—Ha sido increíble — le respondí — Nunca pensé que pudiera hacer magia como ellas pe'.
—Si pues — me dijo Renzo — Esta alarako manipular energía así con solo mover las manos.
Nos reímos un poco y nos quedamos en silencio. Miramos el techo y pensamos en todo lo que habíamos vivido hoy.
Es raro vivir así, podría acostumbrarme, pero también quiero regresar porque tengo una familia, no vivo mal, no es que haya sufrido muchos abusos por ser como soy, principalmente porque hay veces en las que mis impulsos me ganan o casi lo logran y casi golpeo a alguien por insultarme demasiado o meterse conmigo.
Pero bueno, al menos estoy acá, mi estancia aquí será larga seguramente, al menos tengo un techo en donde caer cuando caiga la noche, eso ya es mejor.
Bueno, ya me voy a dormir, espero que mañana sea un buen día.
En el Perú, a las 14:30 horas:
La madre de Santiago y los padres de Renzo estaban sentados en el despacho del detective privado que habían contratado para encontrar a sus hijos. Estaban nerviosos y expectantes, esperando que el detective les diera alguna buena noticia.
El detective entró en el despacho con una carpeta en la mano y una expresión seria en el rostro. Se sentó frente a los padres y les dijo:
—Buenas tardes, señores. He revisado las cámaras de seguridad de la calles en las que viven ustedes, he hablado con los vecinos y he encontrado algo que puede que les interese.
—¿Qué ha encontrado? ¿Ha visto a nuestros hijos? ¿Sabe dónde están? — preguntaron los padres al unísono, llenos de esperanza.
—No exactamente. Lo que he visto es algo muy extraño y difícil de explicar. Miren esto — dijo el detective, abriendo la carpeta y sacando unas fotos impresas.
Les mostró unas fotos donde se veía hasta cierto punto las fachadas de las casas y luego aparecía un destello de luz donde estaban sus dormitorios. Los padres se quedaron boquiabiertos al ver las imágenes y no podían creer lo que veían sus ojos.
—¿Qué significa esto? ¿Qué les ha pasado a nuestros hijos? ¿Dónde están? — preguntaron los padres, confundidos y asustados.
—No lo sé, señores. No hay ninguna explicación lógica para esto. Parece que han sido transportados a otro lugar o a otra dimensión por algún tipo de portal o algo así.
—¿Portal? ¿De qué está hablando? ¿Está bromeando? — preguntó la madre de Santiago, incrédulo.
—No, señor. No estoy bromeando. Esto es muy serio. Yo soy un detective privado con más de 20 años de experiencia y he visto muchas cosas raras en mi trabajo, pero nada como esto. Esto es algo sobrenatural.
—¿Sobrenatural? ¿Qué quiere decir con eso? — preguntó la madre de Renzo, angustiada.
—Quiero decir que hay algo más allá de lo natural y lo normal detrás de la desaparición de sus hijos. Algo que escapa a nuestra comprensión y a nuestra ciencia. Algo que tiene que ver con la magia, los espíritus o las fuerzas oscuras.
—¿Magia? ¿Espíritus? ¿Fuerzas oscuras? ¿Está loco? — preguntó el Padre de Renzo, ya indignado a estas alturas.
—No, señor. Ya me gustaría estar loco. No lo parece, pero estoy siendo realista. Hay cosas en este mundo que no podemos explicar ni entender, pero que existen y que pueden afectarnos. Cosas que pueden ser buenas o malas, dependiendo de cómo se usen o de quién las controle.
—¿Y usted cree que alguien ha usado esas cosas para llevarse a nuestros hijos? — Preguntó la madre de Santiago, temerosa, recordando la leyenda que aquella vecina le había contado hace un día.
—Es una posibilidad, señora. No puedo asegurarles nada, pero tampoco puedo descartarlo. Tal vez alguien o algo haya querido a sus hijos por algún motivo y los haya llevado a otro mundo o a otra realidad.
—¿Y cómo podemos encontrarlos? ¿Cómo podemos traerlos de vuelta? — Preguntaron los padres, desesperados.
—No lo sé. Pero voy a seguir investigando y a tratar de averiguarlo. Tengo contactos con algunos expertos en fenómenos paranormales y voy a consultarles sobre el caso. Tal vez ellos sepan algo más o tengan alguna pista. También intentare contactar con algún periodista para que de a conocer el caso, al menos en los periódicos y en las noticias que empiezan a aparecer en las páginas web, vere que puedo hacer.
—Por favor, haga lo que pueda por encontrar a nuestros hijos. Se lo suplicamos — dijeron los padres, ya al borde de las lágrimas.
—Haré todo lo posible por encontrarlos, se lo prometo. Pero no les voy a mentir: este caso es muy difícil y muy caro. Necesito recursos y tiempo para seguir adelante.
—No se preocupe por eso. Le pagaremos lo que sea necesario. Solo encuentre a nuestros hijos — dijeron los padres.
Los padres le pagaron al detective lo acordado y se fueron a sus casas, donde los esperaban los vecinos solidarios que les habían ayudado a repartir volantes y a preguntar por los niños. Los vecinos les dieron ánimos y les dijeron que no estaban solos. Les dijeron que habían hablado con mucha gente y que nadie había visto ni sabía nada de los niños. Les dijeron que quizás deberían ampliar la búsqueda a otras ciudades o incluso a otros países si había suerte.
Los padres se sintieron agradecidos por el apoyo de los vecinos, pero también se sintieron impotentes y frustrados. No sabían qué hacer ni a quién más recurrir. No sabían si confiar en el detective o si buscar otras alternativas. No sabían si sus hijos estaban vivos o muertos, si estaban bien o mal, si estaban cerca o lejos, o ambos al mismo tiempo.
Lo único que sabían era que los extrañaban mucho y que darían cualquier cosa por volver a abrazarlos. Cualquier cosa.
Al mismo tiempo, en un avión, de camino a los Estados Unidos:
El avión privado surcaba el cielo a gran velocidad, dejando atrás las nubes y las montañas. Dentro del avión, dos hombres vestidos con trajes oscuros y corbatas se encontraban en sus respectivas oficinas, revisando sus documentos y hablando por teléfono. Eran el director de la CIA, John O. Brennan, y el director general del Pentágono, Chuck Hagel. Acababan de terminar una reunión con el director general de la Policía Nacional del Perú y se dirigían de vuelta a los Estados Unidos.
—Creo que nos ha ido bien, ¿John? — preguntó Chuck por el intercomunicador que conectaba sus oficinas.
—Ha ido bien, Chuck. El director general de la policía ha sido muy amable y receptivo. Nos ha dado toda la información que tiene sobre los portales y los niños desaparecidos. También nos ha permitido acceder a las cámaras de seguridad y a algunos testimonios. Creo que podemos confiar en él — respondió John.
—Me alegro de oír eso, John. ¿Y qué hay de los niños? ¿Has encontrado alguna pista sobre su paradero?
—No, Chuck. No he encontrado nada. Los niños siguen desaparecidos y sin rastro. Es como si se los hubiera tragado la tierra. O peor aún, como si hubieran sido llevados a otro mundo.
—Eso es lo que me temo ¿Qué crees que hay detrás de todo esto? ¿Quién o qué está creando esos portales? ¿Y con qué fin?
—No lo sé. Pero tengo una mala sensación al respecto. Algo me dice que esto no es una simple casualidad o un fenómeno natural. Algo me dice que hay una inteligencia y una voluntad detrás de todo esto. Algo que no es humano.
—Estoy de acuerdo contigo. Por eso tenemos que averiguar la verdad cuanto antes y actuar en consecuencia. No podemos permitir que nadie o nada ponga en peligro la seguridad y la estabilidad de nuestro país.
—Así es, Chuck. Por eso tenemos que ser cuidadosos y discretos con este caso. No podemos dejar que se filtre nada a la prensa ni a la opinión pública. No podemos provocar el pánico ni la histeria colectiva.
—Tienes razón. Por eso tenemos que mantener el secreto y la confidencialidad sobre este caso. Solo nosotros, algunos funcionarios más, y el presidente sabemos lo que está pasando.
Mientras tanto, en Washington D.C., el presidente estaba en su despacho oval, intentando mantenerse al tanto de los asuntos que tratarían sus funcionarios en el avión. Tenía en su escritorio un informe clasificado sobre los destellos de luz y los niños desaparecidos. Lo había leído con atención y asombro varias veces, pero aún no podía creer lo que decía. Había leído con atención y asombro los detalles de ese fenómeno paranormal que ocurrió en esa parte del mundo. Había visto con incredulidad las imágenes de los destellos de luz. Había escuchado con preocupación las hipótesis de sus asesores sobre las posibles implicaciones y consecuencias de ese hecho, así como sus ventajas y perjuicios.
El presidente cogió el teléfono rojo que tenía en su escritorio y marcó un número secreto.
—¿Sí? — contestó una voz al otro lado de la línea, el director de la C.I.A.
—Soy yo — dijo el presidente — ¿Cómo va todo?
—Todo va bien, señor — dijo la voz — Estamos a punto de llegar a nuestro destino.
—Me alegro de oír eso — dijo el presidente — ¿Han encontrado algo?
—No mucho, señor — dijo la voz — Los niños siguen desaparecidos y los portales siguen siendo un misterio
—Ya veo — dijo el presidente — Bueno, espero que pronto encuentren algo.
—Nosotros también, señor — dijo la voz — Haremos todo lo posible por encontrarlos.
—Lo sé — dijo el presidente — Confío en ustedes.
—Gracias, señor — dijo la voz — Le mantendremos informado.
El presidente colgó el teléfono y suspiró. Estaba preocupado por sus funcionarios y por los niños desaparecidos. por lo que podía haber detrás de esos
El presidente sabía que ese caso era muy importante y delicado. Sabía que podía tener repercusiones a nivel nacional e internacional, y que podía afectar la seguridad y la estabilidad de su país y del mundo. Sabía que podía ser una oportunidad o una amenaza para sus intereses y sus aliados.
Por eso, había decidido enviar a sus dos mejores funcionarios a Perú, donde se había reportado el último portal y la última desaparición, había dado instrucciones claras y precisas a sus funcionarios sobre lo que debían hacer y lo que no debían hacer, había establecido una línea directa y segura con sus funcionarios para estar al tanto de todo lo que pasara.
El presidente esperaba que sus funcionarios lograran encontrar a los niños y averiguar la verdad sobre los portales. Esperaba que sus funcionarios lograran establecer una buena relación con las autoridades peruanas y colaborar con ellas. Esperaba que sus funcionarios lograran mantener el secreto y la discreción sobre el caso.
En algún lugar del mar de la tranquilidad, en la Luna:
Por ahora, solo nos conviene saber que los Lunarians, o Lunarianos, son habitantes de la luna, que abandonaron hace mucho tiempo la tierra, al esta ya no ser "pura", y que son invisibles a los ojos de todos, como si vivieran en su propia burbuja de realidad.
Entre los lunarianos, había dos hermanas que se destacaban por su poder y su lealtad. Ellas eran las hermanas Watatsuki, Toyohime y Yorihime. Ellas eran las guardianas de la Capital Lunar y las protectoras de los lunarianos. Ellas eran las encargadas de mantener el orden y la seguridad en la Luna y de repeler cualquier amenaza externa.
Un día, las hermanas Watatsuki estaban en su mansión, observando la Tierra con un telescopio mágico. Les gustaba ver lo que pasaba en el mundo que habían abandonado hace mucho tiempo. A veces se burlaban de los humanos y sus costumbres. A veces se compadecían de ellos y sus problemas. A veces se sorprendían de ellos y sus avances.
Pero ese día, vieron algo que les llamó mucho la atención. Vieron unos destellos de luz que aparecían y desaparecían en diferentes lugares de la Tierra. Vieron cómo algunas personas y objetos eran absorbidos por esos destellos y luego desaparecían sin dejar rastro.
—Hermana, ¿qué es eso? — preguntó Toyohime, señalando con su abanico.
—No lo sé, hermana — respondió Yorihime, frunciendo el ceño — Parecen portales mágicos. Pero no son como los nuestros. Son diferentes.
—¿Diferentes? ¿En qué sentido? — preguntó Toyohime, curiosa.
—En el sentido de que no tienen un origen ni un destino fijos. Parecen aparecer y desaparecer al azar. Y no sabemos a dónde llevan — explicó Yorihime.
—¿No sabemos? ¿No puedes usar tu poder para averiguarlo? — preguntó Toyohime.
—No puedo, hermana — dijo Yorihime — Estos portales son muy extraños. No puedo rastrearlos ni seguirlos. Parecen estar fuera de mi alcance.
—Qué extraño — dijo Toyohime — ¿Y qué crees que esté causando estos portales? ¿Tendrá algo que ver con la magia o con nuestra historia?
—No lo sé, hermana — dijo Yorihime — Pero me gustaría saberlo. Tal vez haya algo importante detrás de estos portales. Tal vez haya algún secreto o algún peligro que debamos conocer.
—Sí, tal vez — dijo Toyohime — ¿Y qué vamos a hacer al respecto?
—Vamos a investigar, hermana — dijo Yorihime — Vamos a usar todos nuestros recursos y nuestro ingenio para descubrir qué son estos portales y qué hay detrás de ellos.
—Me parece bien, hermana — dijo Toyohime — Vamos a hacerlo. Vamos a demostrar que somos las mejores guardianas de la Luna.
Y así miraron a la tierra, buscando, y buscando.
Vaya, al fin otro capitulo terminado, y más largo que nunca, y AL FIN ALGO DE MAGIA, veremos que ocurre con los protas en el siguiente, o eso espero. Adiós.
