Ben

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Ben no se felicitaba por su reacción infantil, pero no le había quedado otra opción. Caminar por el sendero del Lago Paonga, rodeando la zona en la que se había encontrado antes con Rey, seguramente le ayudaría a calmarse hasta decidir sus próximos pasos. O le confirmaría que todo el experimento fue un gran error. Al menos el bosque sería el único testigo de su mal humor y de sus miedos, tenía que llenarse de ese aire puro que en el pasado le había ayudado tanto. Se dijo a sí mismo que sólo necesitaba hacer un poco de ejercicio, pero sus huellas se marcaban con más fuerza de la necesaria y su respiración se dificultaba con cada resoplido de impotencia. O tal vez se debía a su no muy reciente vicio de fumar durante los viajes, que estaba pasando factura a sus pulmones y también a su ansiedad. Ben sabía que encender un cigarrillo ahí no iba a causar un incendio forestal, pero no tenía intención de comprobarlo.

En más de una ocasión frenó y estuvo a punto de dar la vuelta, pero a medida que el tiempo pasaba se daba cuenta de que sería más incómodo. No tenía nada que decirle a Rey. No le servía ninguna de las frases que había estudiado en el viaje de ida. Había subestimado el impacto de volver a verla, minimizando el vendaval de emociones que él había puesto a dormir durante diez años, uno que a ella le tomó sólo cinco segundos despertar. No estaba listo, pero tal vez nunca lo estaría.

Ella fue la primera en irse.

Sus padres pensaron que escaparse del retiro de Luke fue una travesura juvenil. Pero la verdad es que Ben no soportaba la idea de tener que volver a Dee'ja Peak sabiendo que Rey ya no iba a estar ahí.

Por eso toleró varias semanas a su tío, mientras organizaba su plan de huida. El dinero le alcanzaría por unas semanas, por suerte podía decir que era fruto de su trabajo de medio tiempo y se lo había ganado con su esfuerzo. Cuando todo estuvo listo, tomó el primer camión que se detuvo para llevarlo hasta el próximo pueblo y desde ahí tomó varios transportes hasta llegar a diferentes ciudades, trabajando en lo que podía pero sin quedarse mucho tiempo en ninguna. Con el tiempo logró comprar su Grimtaash y olvidar que alguna vez fue un joven inexperto y tímido, incapaz de imaginar un futuro junto a la persona que más amaba porque no tenía nada para ofrecerle que le fuera completamente propio.

Era una ironía, ahora tenía todo eso pero Rey ya no formaba parte de esa vida. ¿Qué demonios pretendía hacer ahí entonces? Su instinto le había guiado a través de incontables peligros, optando por algunos trabajos y desechando otros. Cuando era niño le gustaba pensar que era un súper poder que Rey llamaba en broma La Fuerza.

Tal vez él no quería olvidarla, y era tan simple como eso. Quizás quería asegurarse de que todo estaba perdonado aún sin haber arreglado las cosas, porque la memoria a menudo tiende a atenuar algunos recuerdos y ensalzar otros.

Y al final su peor miedo se había vuelto realidad. Había perdido a Rey y su amistad en menos de una hora sin poder arreglarlo. Hasta hoy.

El extremo oeste del Lago era mucho menos atractivo que la zona turística, pero Ben lo prefería porque así evitaría encontrarse de nuevo con ella por accidente. Ya suficiente con haberse comprometido a ir a esa reunión.

No estaba tan mal, serían conocidos ¿verdad? Podía soportarlo y de hecho estaba un poco emocionado por volver a verlos a todos. Si lo pensaba un poco, al abandonar su vida, se había portado mal con todos sus amigos además de Rey. Pero con ella no sería tan simple.

El sol iniciaba su descenso, tiñendo el agua en tonos rojizos como una gran tela que se agitaba frente a él, en la misma danza que habría bailado durante incontables atardeceres, ajena a las penas de los humanos que posaban su vista en ella. Pronto llegó al mirador en el que había buscado a Rey esa tarde, y sin pensarlo demasiado, volvió la vista en dirección a la casa del árbol. Claro que no podía verla desde allí, pero su mente se ocupó de recrear cada segundo de esa tarde.

Se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo sin poder perdonar a Rey cuando en realidad fue su propia inocencia la que tuvo la culpa de todo. Tenía tanto miedo a fallar entonces y estaba tan seguro de que iba a hacerlo, que habría bastado solamente un error para arruinar el futuro brillante de Rey. Si un solo encuentro entre ellos llegaba a convertirlos en padres, jamás se lo perdonaría. Pero ahora, tantos años después, con experiencias de todo tipo sobre su espalda, estaba seguro de que era un miedo irracional.

Más que miedo a dejarla embarazada, su miedo era que ella lo odiara. Su madre se quejaba de que la maternidad había frustrado sus planes de llegar a puestos más altos de poder. Ben había escuchado ese tipo de comentarios desde pequeño. Su padre, por otro lado, pasaba más tiempo ocupado de sus negocios y no recordaba ningún momento con él que hubiera significado algo especial.

Pero hizo el ejercicio de excavar un poco. Los dados de Han colgaban en su llavero del Grimtaash, y eran la posesión más valiosa para su padre. Leia, por otro lado nunca olvidaba enviar una postal o una tarjeta de cada lugar que visitaba, firmando "te amo, hijo" sin esperar respuesta. Pero de alguna manera, ella siempre sabía en qué parte del mundo estaba él y esas palabras siempre lo encontraban.

Tal vez su familia no tenía formas tradicionales de expresar cariño, pero por primera vez reconoció que por muy pequeño que fuera, aquello significaba algo. Estaba en sus manos decidir si seguía su rumbo pensando que no necesitaba de nadie, o apostaba una última vez y terminaba con su soledad.

🍃Diez años atrás🍃

Ben no habló durante varios días, pero todo el mundo pensó que sólo estaba angustiado por la partida de Rey. En realidad era como si una gran nube de lluvia se hubiera instalado sobre el pueblo, ocultando el sol por completo. El resto del grupo continuó con sus vidas con un poco más de normalidad, comunicándose cada tanto con Rey para asegurarse de que todo estaba bien. Pero nadie mencionaba a Ben ni él pedía noticias de su amiga, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para minimizar el dolor, aún ignorando lo que había sucedido entre ellos.

Leia sospechaba que algo muy malo había pasado entre su hijo y Rey, pero no tenía tanta confianza con Ben como para meterse en un tema tan delicado. Sin embargo, sufría sin poder hacer nada con la frialdad del joven, que iba rechazando sus incómodos intentos de acercarse para consolarlo. Han, en cambio, veía las cosas con menos dramatismo y más practicidad. Se le ocurrió que un pequeño viaje juntos distraería a Ben de su situación y los acercaría un poco, en un intento de recuperar también su propia relación de padre e hijo.

En contra de todo pronóstico, Ben aceptó. Han y él iniciaron los preparativos de inmediato, dispuestos a llegar lo más lejos que pudieran en el Halcón, por la ruta que llegaron a trazar en un mapa después de varias discusiones. Pero nunca llegaron a realizarlo. Lo cierto es que siempre surgía algo para postergar el viaje.

Y después de eso, sus padres pensaron que era buena idea enviarlo con Luke. Tal vez su tío encontraría la forma de triunfar en donde ellos no habían tenido éxito, y Ben volvería a ser el mismo de antes. Pero eso tampoco resultó bien.

🍃Hoy, Dee'ja Peak🍃

Ben comprobó con alivio que Kay no estaba esperándolo al regresar al hotel. En su lugar había un joven de barba rubia y de aspecto aburrido que le llamó por su nombre real sin demostrar mayor curiosidad. Al parecer Armitage había descubierto su nada secreto escondite y le había dejado un número telefónico para que le devolviera la llamada apenas tuviera tiempo. Ben sabía que Hux podía ser un poco exagerado a veces y su instinto le decía que aquello que quería decirle seguramente tenía que ver con Rey.

Antes de revelar el misterio, preparó la ducha para darse un buen baño y quitarse parte de su ansiedad con agua caliente. Frente al espejo que comenzaba a empañarse por el vapor, descubrió su propio reflejo y decidió afeitarse. Era una forma de empezar a aceptar que ya no se ocultaría detrás de una identidad falsa que le ofrecía libertad a medias, porque Ben Solo seguía aferrándose al pasado. A ella.

Una vez que se sintió mejor, se sentó en la cama envuelto en una toalla y marcó. No le sorprendió que Armitage no cambiara su número en tantos años, porque seguía agendado como General Hugs, medio perdido en su lista de contactos. Lo que le angustió fue comprobar que ninguno de los dos había llamado nunca al otro. La voz de su amigo cargaba un leve matiz de reproche, pero Armie siempre se había destacado por su mesura. De fondo Ben oía las carcajadas de un niño, supuso que se trataba de Ian, junto a voces femeninas que conversaban en calma. Una de ellas era Rey, de eso no tenía dudas. Algo se removió en su estómago, pero era una sensación de pérdida, como si algo le indicara que debía estar en ese lugar porque era su destino.

Después de intercambiar breves palabras con Armitage, acordando la hora de la reunión, Ben miró su reloj y se dio cuenta de que no faltaba mucho. Buscó entre su escaso guardarropa algo un poco más formal, que no fuera otra camisa leñadora, a pesar de que sólo había empacado en su bolso de mano otro par de pantalones. Encontró una de color negro que casi nunca usaba y lamentando que estuviera un poco arrugada por el viaje, se la colocó encima, estirándola lo mejor que pudo. Secó su cabello con otra toalla y se preparó para encontrarse con su destino.