Rey

...

Nueve años atrás, Coruscant.

Rey cerró el libro y guardó sus pertenencias en la mochila. Luego de la clase se reuniría con algunas compañeras en la biblioteca para preparar un ensayo y tendría que correr para llegar a la cena con su padre. Obi le había dicho que tenía una sorpresa para ella, pero no había entrado en detalles. Bastó con decirle que alguien de Dee'ja Peak venía de visita y quería verla para que su corazón comenzara a latir de nuevo.

Apenas se dio cuenta de que hacía un año de su partida, mantener alejado a Ben le fue bastante más fácil de lo que pensaba porque seguía enojada con él. Bueno, eso fue después de pasar tres meses llorando a escondidas hasta que literalmente se quedó sin lágrimas.

Él no se había puesto en contacto con ella, por lo tanto asumió que la odiaba y eso le allanó el camino, dedicando toda su concentración al estudio. Todavía era muy pronto para fijarse en alguien más y nadie le llamaba la atención de esa manera, pero confiaba en que lo de Ben estaba acabado antes de empezar. A menos que él hiciera algo.

Muchas veces, durante los primeros meses, había pasado horas mirando su correo electrónico, preguntándose si sería prudente escribirle un mensaje para saber cómo estaba. Pero cuando colocaba su dirección en el rectángulo, la borraba inmediatamente. No podía comunicarse con él de otra forma porque había borrado su número y era demasiado orgullosa como para pedírselo a Armie, ya que tendría que dar explicaciones. Hablaba con Rose regularmente, pero su amiga omitía deliberadamente a Ben. Rey no se preocupó demasiado. Pensó que él así se lo había pedido, y enterró su dolor ocupándose de llenar sus horas con miles de actividades y caras nuevas.

Ese día se sentía particularmente nerviosa. ¿Acaso Ben venía a verla? Rey apenas logró concentrarse en la tarea que tenía por delante, mirando su reloj cada dos minutos, imaginando las cosas que le diría y todos los escenarios posibles en los que podría desarrollarse la temida charla. Todos los sentimientos que había puesto a un lado florecieron esa tarde con más ardor que nunca, cambiando el enojo por un sincero deseo de perdonar y ser perdonada.

Al principio no comprendió su error cuando saludó a Leia, mirando detrás de su hombro para ubicar a Ben que seguramente se habría retrasado. No le pareció extraño que viniera con su madre, aún sabiendo que ellos no se llevaban bien. Su emoción le convenció de que él llegaría pronto y respondió automáticamente a las preguntas amables de Leia, reuniendo fuerzas para preguntar educadamente acerca de Han y de Chewie, el tío de Ben y guardabosques de Dee'ja Peak, también. No se dio cuenta de que Leia forzaba su sonrisa ni de que sus manos temblaban un poco, hasta el momento en que Obi se disculpó para ir al baño y ambas quedaron solas.

La mujer, que era casi como una presencia maternal para Rey, tomó una de sus manos y comenzó a preguntarle con delicadeza si se había comunicado con Ben durante los últimos meses. La joven se dio cuenta entonces de que en media hora no había nombrado a su hijo y de que Obi tampoco había preguntado por él, y un escalofrío de incomodidad sacudió su cuerpo. Respondió negativamente, pero no fue necesario explicarle a Leia la razón ni entrar en detalles que no eran más que de ellos dos. Ella asintió con los labios apretados y compuso su rostro antes de contarle que no tenían noticias de él desde hacía varias semanas. Al parecer Ben había abandonado a su familia después de pasar una temporada con Luke, desapareciendo sin dejar más indicaciones que una pequeña nota y el deseo de que no hicieran alboroto por su partida. Todos sabían que él era lo suficientemente capaz de cuidarse solo pero Leia no podía evitar preocuparse por él, después de todo, era su único hijo. Las esperanzas de la mujer se basaban en el lazo de amistad que unía a su hijo con Rey, una leve posibilidad de que él la estuviera buscando, pero que descartó enseguida. Rey estaba perpleja y Leia creía en su inocencia.

Rey no recuerda lo que le dijo después, ni cómo terminó esa tarde. En el futuro haría esfuerzos por rememorar lo que sucedió luego, sin éxito. El resto de los años pasó lentamente en una rutina que poco a poco logró convencerla de que Ben no iba a aparecer de repente en la puerta de su casa y de que era mejor pretender que sus viajes le habían llevado a otro país, en donde era feliz. Ella lo intentó también, recompuso su vida y volvió a enamorarse muchas veces, pero jamás como aquella vez con él.

...

🍃Hoy, Dee'ja Peak🍃

La encimera de la cocina de la pequeña cabaña estaba llena de paquetes de comida, botellas sin abrir de vino y comida para bebé. Rose y Armie se habían ocupado de los preparativos con la excusa de que estaban de visita, que la idea había nacido de ellos y era lo menos que podían hacer. Rey sabía que detrás de ese gesto gentil estaban muy preocupados por ella y por lo que había sucedido en el bosque algunas horas atrás. No iba a pretender que estaba tranquila cuando se sentía ansiosa por volver a ver a Ben, si es que decidía presentarse. Pero sus amigos, que conocían parcialmente su historia con él, no la presionaron de ninguna forma. Rey escuchó que Armie hablaba por teléfono en un rincón, sin imaginar que del otro lado de la línea, Ben se preparaba para el reencuentro.

Poe, Phasma y Finn llegaron casi al mismo tiempo con más comida y algunas sillas extra, asumiendo que el sillón de Rey no era lo suficientemente grande como para que todos pudieran sentarse. Repartieron abrazos y señales de afecto sincero a diestra y siniestra, mientras se ponían rápidamente al tanto de las últimas noticias del pueblo. Finn, quien se consideraba el heraldo oficial de Dee'ja Peak, se encargó de entretener a todos por un rato.

En el exterior de la cabaña estaba empezando a hacer frío, pero dentro de ella todos se sentían a gusto. La calidez del fuego y la alegría de estar todos juntos otra vez, junto con el agregado de las risas de Ian, eran motivo suficiente como para derretir al corazón más obstinado. Beebee comenzó su ronda de intercambio, simpatía por comida, y al parecer estaba funcionando con Poe, que disimuladamente le daba de comer debajo de la mesa sin que su dueña le pudiera amonestar.

Sin embargo, prevalecía la sensación de que todo el mundo esperaba algo.

Fue el pequeño Ian quien acudió hasta la puerta cuando sonaron las notas musicales del timbre de Rey. Todos se quedaron en silencio, reconociendo al amigo que no veían desde mucho tiempo atrás, del que se habían contado tantos rumores y disparates.

Primero reaccionó Rose, con su simpatía natural, sujetando a su hijo y abrazando a Ben que ahora le llevaba dos cabezas. Ian se presentó por su cuenta y estrechó la mano del huésped como veía a su padre hacerlo en la oficina. Armitage se puso de pie para seguir a su esposa, aunque era un poco más descuidado para ocultar sus emociones. Dudando entre estrechar su mano o no, se decidió al final por un abrazo breve pero intenso, un golpe suave en la espalda y unas palabras de bienvenida. El hielo estaba finalmente quebrado. Poe y Phasma levantaron los brazos con sus copas en alto, alegrándose de volver a ver al amigo tanto tiempo extraviado.

Finn se encontraba junto a Rey en la cocina, que era en realidad un rincón de la sala en el ambiente único. Por eso no pudo evitar mirar en su dirección y captar su estado de nerviosismo, preguntándose qué había pasado entre ellos en el pasado que era tan doloroso como para nunca volver a mencionarlo. Por instinto, puso una mano en su espalda como si pudiera darle ánimos y transmitir su apoyo incondicional.

—Vamos, peanut. —utilizó el apodo cariñoso que siempre le hacía sentir bien— ¿Todo está bien?

Su amiga agradeció el gesto con una sonrisa radiante y asintió. Respiró hondo, girando para encontrar la mirada ámbar de Ben que ya sentía clavada en ella. Parecía que todo el aire a su alrededor se había vuelto pesado y le costaba concentrarse en la bandeja de bocadillos que estaba preparando. Ben se acercaba lentamente hasta ella, sorteando con amabilidad las bienvenidas de todos, pero como si llegar hasta Rey fuera lo único que le importara.

Nadie se sintió incómodo por la nueva tensión que se estaba generando entre el recién llegado y la dueña de casa porque Ian acaparaba toda la atención con sus inocentes comentarios. Los invitados tampoco iban a negar que tuvieran el alma en el puño, pero fueron discretos y se ubicaron de regreso en sus lugares, dando la espalda a la escena que comenzaba a desarrollarse en la cocina, limitándose a echar miradas furtivas para asegurarse de que todo marchaba bien.

Finn saludó a Ben con una palmada en el hombro bastante cordial y se retiró con la excusa de llevar nuevas botellas de vino a la mesa porque Poe y Phasma estaban decididos a embriagarse. Miró por encima del hombro a su amiga y luego a Ben, quien decidió ignorar la señal de advertencia que parecía decirle te golpearé si le haces algo a Rey, porque jamás se había llevado del todo bien con el muchacho.

Ella no estaba segura de qué hacer con sus brazos, así que los juntó detrás de su espalda. Nunca se había sentido intimidada por nadie pero no podía controlar sus emociones frente a él. Sentía calor y frío al mismo tiempo y estaba segura de que sudaba un poco. ¿Por qué titubeaba? Sólo medio metro los separaba, pero fue Ben quien dio el primer paso hacia ella con determinación y besó su mejilla brevemente, dejándola un poco más confundida que antes.

—Me alegro de que lo lograras —Rey sintió que se sonrojaba un poco pero estaba en paz consigo misma. Notó que Ben irradiaba tranquilidad y no parecía alguien que tuviera intención de huir de nuevo—. Gracias por venir.

—Me gusta lo que has hecho con la cabaña —soltó él con bastante aplomo—. Es muy... .

El comentario no pretendía despertar cosas en ella, pero lo había logrado. Muchas veces habían acudido juntos a la cabaña cuando Chewie vivía allí, pero parecía parte de otra vida.

—Chewie está feliz en Kashyyyk junto a la familia de su esposa —Rey se encogió de hombros—. Creo que será mejor que no se entere de que he empapelado las paredes del baño con mariposas y plantas...

Ben sonrió por primera vez ese día y para Rey fue como si acabara de salir el sol. Tal vez había cambiado mucho en diez años, pero nunca olvidaría sus hoyuelos y la forma en que sus ojos brillaban cuando estaba feliz. Terminó por relajarse también, sintiendo que volvía a ser ella misma, a pesar de que aún tenían muchas cosas de qué hablar. Al menos era un buen presagio de lo que podría suceder más tarde.

—Rey, yo... —comenzó a decir él, pero una vocecita cerca del suelo los distrajo.

—¡Tía Rey! —Ella sintió que Ian le daba golpecitos en su pierna y se inclinó para quedar a la altura de sus ojos. Pero el niño no dejaba de mirar a Ben con fascinación y un poco de reserva— ¿Puedo mostrarle al tío Ben mis dinosaurios?

Rey iba a decirle que era mejor dejarlo para después, temiendo la reacción de Ben. Ella estaba acostumbrada a tratar con niños pero no tenía idea de lo que él pudiera sentir al respecto. Además de que él podría interpretar la interrupción de Ian como una grosería, aunque sólo era una criatura. Rey se daba cuenta de que estaba frente a un extraño que alguna vez había conocido muy bien.

—Me encantaría, Ian —respondió él con alegría verdadera, adelantándose y ofreciendo su mano para que el niño le llevara hasta el sitio en el que estaba su mochila. Luego volvió a fijarse en Rey y telegrafió un mensaje con sus ojos, sin hablar, sólo para ella.

Gracias por recibirme de vuelta.

No volvieron a tener otro instante a solas durante el resto de la velada, pero Rey no lo lamentó tanto porque tuvo la oportunidad de enterarse de muchas cosas de la vida de Ben gracias a las preguntas de sus amigos, que él contestó amablemente y sin rodeos. Aunque nadie preguntó aquello que era más evidente y doloroso, tal vez evitando ahondar en el pasado para no arrojar sal en la herida. ¿Por qué se había marchado? ¿Por qué había regresado? Quizás él podría explicarle todo eso más tarde, si es que llegaba el momento. Pero la narración de sus aventuras era incluso más interesante que cualquier historia inventada de Poe. Rey no podía evitar darse cuenta de que Ben había cambiado bastante y ya no era el joven reservado y tímido de antaño, sino un hombre seguro de sí mismo que con su bajo perfil era completamente capaz de participar de una reunión sin mostrarse incómodo, arrojando algún comentario ocurrente aquí y allá que arrancaba risas en todos pero sin alardear de la atención que todos depositaban en él.

Ella en cambio, estaba muy callada y Rose se lo hizo notar cuando la siguió a la cocina para traer más comida.

—¿Crees que vaya a quedarse? —Rose se acercó con la excusa de tomar el aderezo.

—Dijo que se iría por la mañana —respondió Rey, sabiendo perfectamente que ella se refería a Ben.

—Entonces sólo ha venido a verte a ti. Supe que Han y Leia no están en el pueblo, así que no debe estar pensando en ir a su antigua casa.

—No estoy segura...

—Oye, Rey —Rose le obligó a mirarle a los ojos—. Es hora de dejar el pasado atrás. No dejes escapar la oportunidad sólo porque crees que no mereces ser feliz. Te conozco, sé lo que estás pensando.

—Pero no depende de mí, Rose.

Era imposible que las escucharan, pero Rey sintió de nuevo la mirada de Ben sobre ellas.

—¿Recuerdas la última vez que estuvimos todos juntos? Ben tiene esa mirada ahora mismo. La de alguien que se tortura sabiendo que lo ha perdido todo. Y sin embargo, ahí está él, disimulando que no le importa nada, al igual que tú. Ya es hora que ustedes dos arreglen las cosas. No dejes que pasen otros diez años.

Rose se alejó guiñándole un ojo y dejando a Rey con sus propias preocupaciones. Inmediatamente tomó la determinación de seguir a su corazón y tener paciencia porque no era de la clase de personas que abandonan a la primera de cambio. Quizás en el pasado lo había hecho, pero desde entonces había lidiado con muchos obstáculos también. La joven impulsiva, que decía todo lo que pensaba sin medir las consecuencias, se había transformado en una mujer capaz de administrar sus emociones que seguían latiendo en su corazón con la misma intensidad que a sus dieciocho años.

Por otro lado, sus amigos también merecían atención y todos estaban disfrutando. ¿Por qué no iba a hacerlo ella también? Su sitio estratégico en la esquina opuesta le permitía intercambiar miradas con Ben sin que resultara incómodo, dividiendo su atención con el resto del grupo para que todos se sintieran a gusto.

Al cabo de un rato olvidó sus angustias y se dejó llevar por el humor de la fiesta, los ladridos de Beebee reclamando atención y el amor con el que todo el mundo trataba a la verdadera estrella en ascenso del lugar, su sobrino postizo Ian Hux-Tico. El niño parecía más embelesado con Ben de lo que ella pudiera haber estado jamás, y no se había separado de él en toda la noche después de que aceptara su invitación para jugar a la batalla de dinosaurios voladores. No pudo detener a su imaginación, pero vaya que trató de hacerlo con todas sus fuerzas. Ben era extremadamente atento y dulce con Ian, sin descuidar la atención en todo lo que se hablaba y de alguna manera le pareció que sólo tenía ojos para todo lo que ella decía. Rey dejó que su tibieza la envolviera y por varias horas disfrutó junto a sus amigos.

Phasma estaba particularmente entusiasmada con su reciente ascenso y algo estimulada por la gran cantidad de brindis que se hicieron en su honor.

—Les digo que cuando Snoke me nombre socia, voy a ser la mujer más rica de todo Dee'ja Peak. ¡Podría comprar el bosque entero! — a pesar de lo que podía indicar su complexión, Phasma no resistía mucho el alcohol.

—Tía Fasma, ¿También comprarás la casa del árbol? — Ian dejó de jugar con sus muñecos, repentinamente interesado con lo que decían los mayores.

—Ian, tesoro. ¿Qué te hemos dicho acerca de las conversaciones entre adultos? — Rose acarició la cabecita de su hijo con reproche, preguntándose cómo era posible que su hijo supiera de la existencia de ese lugar.

El cruce de miradas fue inevitable. Rey se sentía expuesta. De alguna manera todos sabían que ese lugar era algo muy preciado por ellos, casi sagrado. Pero solamente ellos dos sabían lo que había ocurrido, o lo que casi había ocurrido esa tarde allí. ¿Estaría él recordando su mirada de desprecio? ¿Su rechazo? Rey hubiera ofrecido cualquier cosa con tal de poder adivinar los pensamientos de Ben en ese mismo instante.

Pero aún faltaba la peor parte.

—¿Cuál casa del árbol? —preguntó Poe, distraído— Pensé que Chewie la había desmantelado después de que... —Poe se dio cuenta de su error demasiado tarde, gracias a un codazo en las costillas que le propinó Finn.

Ben se disculpó unos instantes después para salir a fumar, de la manera más casual que pudo hacerlo y que de hecho fue bastante convincente para Rey, quien asumió que el asunto le importaba poco y nada. Armie le acompañó unos segundos más tarde sin hacer caso de las protestas de Rose, prometiéndole que solo sería uno, no una caja.

—Lo siento, Rey —exclamó Poe, verdaderamente compungido.

—No es nada. ¿Por qué todos actúan como si fuera algo tan grave? Las maderas se estaban pudriendo, tarde o temprano tenía que suceder. ¿No creen? Era un peligro para cualquiera que pasara por ahí. —Mientras hablaba, Rey iba apilando los platos vacíos para llevarlos al fregadero y Finn se puso de pie para ayudarle.

—Pero... ¿Ben no lo sabía? —insistió Poe, ahora muy avergonzado.

—¿Cómo iba a saberlo? Él no estaba aquí. Ninguno de nosotros, excepto Finn. Chewie y él pensaron que era lo mejor. Y yo estoy de acuerdo con ellos. — su amigo asintió con gesto grave y ella compuso una sonrisa, elevando un poco la voz como para dar por terminado aquel tema delicado—. Además... creo que es hora del postre. La tarta de manzana de Armie seguro que animará a todos.

Al cabo de un rato, cuando Ben y Armie regresaron, volvió en parte la apariencia de felicidad. Rey no estaba segura de lo que habían hablado los dos amigos, pero Ben se veía más tranquilo. Sin embargo le dolió comprobar que una parte de su buena disposición hacia ella se había esfumado, porque no le sostuvo la mirada después del episodio de Poe.

Continuaron hablando todos a la vez hasta pasada la medianoche, cuando Rey se dio cuenta de que Ian se había quedado dormido en el regazo de Ben sin que a él le molestara. Beebee descansaba en su cojín totalmente agotado y satisfecho por las sobras de Poe, Phasma luchaba por mantener los ojos abiertos y Finn había agotado su arsenal de chismes. Rose hizo un gesto a su esposo para indicarle que ya era hora de retirarse.

Las despedidas se llenaron de promesas de nuevas reuniones, quien sabe si al final se cumplirían.

Lo cierto es que algunas cosas no iban a cambiar, porque al final Rey y Ben se iban a quedar solos entre platos y vasos vacíos, justo como la última vez. Aunque Rey se dio cuenta de que él de ninguna manera estaba ansioso por marcharse.

Antes de partir, Rose le obligó a inclinarse para decirle algo al oído que le hizo sonreír. Armie llevaba a Ian en brazos pero el niño despertó a tiempo para saludar a su nuevo amigo, regalándole al tío Ben uno de sus dinosaurios favoritos, un extrañísimo ejemplar completamente negro con una cicatriz roja sobre el ojo derecho. Él le prometió que iba a cuidarlo, alimentarlo y protegerlo.

Rey sonrió con ternura y se preparó para soltar aquello que ya llevaba demasiados años guardando en su corazón.