La Casa del árbol
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Dee'ja Peak, cinco años atrás.
El imponente hombre se quitó el sudor de la frente y después de bajar la escalera, aceptó el refresco que le alcanzó su joven ayudante. Apenas comenzaba la primavera pero la sensación térmica era muy alta, haciendo que el trabajo fuera un poco más pesado de lo que debería ser. No lo hacía por gusto sino por necesidad. Chewie sabía perfectamente que a Ben le rompería el corazón tanto como a Rey, pero ninguno de sus niños volvería al bosque pronto y él no podía ocuparse de mantener la casa del el árbol en condiciones.
Finn prometió encargarse de contactar a su amiga para avisarle en cuanto tuviera oportunidad, pero con su sobrino el asunto era más complicado. Habían pasado varios años desde que Ben los abandonara y no daba señales de querer regresar. Al menos en ese tiempo se había comunicado un puñado de veces con sus padres, asegurándoles que estaba bien. Chewie no cometería el error de juzgarlo, tal vez porque era el único que conocía un poco más en profundidad los motivos de Ben para no querer pisar Dee'ja Peak.
Por esa razón, desmantelar la casa era doblemente agotador porque cargaría con el peso de la decepción, como si se tratara del sacrificio de alguna mascota muy querida. Pero Chewie sabía que de alguna forma todos los ciclos volvían a comenzar, justo como lo hacía la naturaleza en cada pequeño detalle. Ben y Rey regresarían algún día, ese lugar tenía una extraña ligazón con almas como las suyas y el hombre presentía que también tenían asuntos pendientes que resolver.
Si su plan funcionaba, pronto estaría en su verdadero hogar, muy lejos de allí, en otras montañas muy parecidas. Su papel en esa historia estaba a punto de terminar y quedaba en manos de ellos decidir el desenlace. Dejaría la cabaña vacía y algunas herramientas en el cobertizo. Su instinto le decía que llegaría alguien para reconstruir y sanar lo que Finn y él estaban removiendo.
