Epílogo: Fly With Me
POV Bella
If it's you and me forever,
If it's you and me right now,
That'd be alright.
That'd be alright.
We chase the stars
To lose our shadow.
Peter Pan and Wendy turned out fine.
So won't you fly with me?
Now the past
Has come alive,
And gave a meaning
And a reason
To give all I can,
To believe once again.
(Fly with me - Jonas Brothers)
Mi vida era prácticamente perfecta: Era una mujer que cumplía exactamente cuatro años, cuatro meses y una semana de casada con el hombre perfecto que a veces me enfurecía como el demonio, pero que de igual manera me hacía sentir la mujer más feliz del mundo. Tenía una familia hermosa, no perfecta porque… vamos — ¿Qué familia es perfecta? —, pero no me importaba porque de alguna forma lográbamos hacer que todo funcionara a nuestro modo: Jane y Mike atravesaban su etapa de alocada adolescencia sacándonos canas a Edward y a mí antes de tiempo.
Por otro lado, estaban Emily y Nathan; mis niños de cuatro años me volvían loca con cada travesura que hacían, todo con ellos era una experiencia nueva, única y mágica.
Edward se encargó de cuidarme lo mejor que pudo durante todo mi embarazo. Casi dejó su trabajo de lado y nunca le importó la hora o el tipo de antojo que tenían los mellizos, siempre me los cumplía con una sonrisa y la mejor actitud… Y hablo de en serio la mejor actitud; el tiempo en el que mis hormonas se revolucionaron y me excitaba el solo hecho de verlo caminar en frente de mí, Edward me complacía cuándo y cómo quisiera.
Pero de la misma manera que había días excelentes, también hubo días terribles en los que me ponía sensible y de muy mal humor por cosas que no tenían la menor importancia.
*Flashback
Sentí cómo mis lágrimas se unían con el rímel para manchar mis ojos. Parecía un mapache. Y lo peor era que mi esposo creía que yo era una gorda devora hombres que le gustaba el azúcar en cantidades exorbitantes. Sus palabras seguían grabadas en mi mente: "Déjame tomar un respiro, amor. Iré a prepararte algo de comer, no debes alimentarte solo de dulces y sexo". Además, le había preguntado si había notado el cambio que los mellizos estaban haciendo en mí y respondió "Definitivamente eres la embarazada golosa más hermosa del mundo" — ¿Qué quiso decir? ¿Que estoy más gorda de lo que debería por comer solo dulces y chocolates que él mismo me compraba?— Aunque algunas veces él sonreía con ternura, quizás las hormonas estaban haciendo estragos en mi juicio y cada comentario que salía de sus labios llegaba justo a mi corazón.
No podía seguir escuchándolo, para cuando él se descuidó tomé mi abrigo y fui hasta mi auto. No sabía a donde ir; hace un mes tuve la maravillosa idea de vender mi apartamento de soltera y tampoco era como que quisiera hablar con Rosalie; ella se había vuelto mejor amiga de Edward hace ya un tiempo y hablaban muy seguido. Golpeé el volante del auto con mi mano y seguí manejando sin rumbo. De alguna forma, terminé en una cafetería, tomando un té de hierbas y leyendo un libro.
La verdad no estaba completamente concentrada, de otra manera no habría puesto atención en que Jasper venía caminando hacia a mí y su tono de voz era bastante preocupado. En cuanto levanté mi vista, me di cuenta de que él estaba realmente lejos y de alguna forma yo lo había escuchado.
— ¿Qué haces aquí sola? — Preguntó frunciendo el ceño. Con una mano quitó delicadamente el libro en el que me estaba escudando para que no viera mis ojos de mapache. Pero en cuanto los vio, la expresión de su rostro se tornó mucho más preocupada.
— ¿Qué? ¿Por el hecho de que estoy embarazada no puedo salir a tomarme algo caliente y leer algo? — Pregunté molesta.
Él arqueó una ceja, esta vez su rostro cambió de preocupado a molesto — Tienes seis meses de embarazo y esperas mellizos. No deberías salir sola ¿Y Edward? — preguntó tomando asiento.
Bufé — No menciones a ese estúpido cabeza de rábano — Recordé el apodo que le tenía Rosalie antes de que se hicieran los mejores amigos sobre la faz de la Tierra.
— ¿Ahora qué dijo? — Relajó su postura y puso su mano sobre sus labios para ocultar una sonrisa. Pero la vi.
Estreché los ojos — ¡Me dijo gorda! Que lo único que lograba hacer para que le quitara las manos de encima era darme dulce ¿Lo puedes creer? Ni siquiera he ganado tanto peso — Exploté molesta y no me importó que las personas se voltearan a ver.
Él se quedó en silencio analizando muy bien las palabras que iba a decir a continuación. Soltó un suspiro luego de cinco minutos y se acercó a mí con una sonrisa — Si, es un verdadero idiota cabeza de rábano — Repitió con una sonrisa tierna. Luego miró su celular que sonaba audiblemente y volvió a verme — ¿Por qué no le damos la oportunidad de que se disculpe?
Estreché mis ojos y le pedí a Jasper su celular, quien luego me lo dio al ver que me había puesto realmente histérica. Y efectivamente era Edward, que me estaba buscando por cielo, mar y tierra, le había escrito a todos nuestros amigos y familia para ver si sabían algo de mí. — Vamos, solo me había ido por veinte minutos ¿Qué me pudo haber pasado? — Pero el mensaje de Edward denotaba preocupación extrema.
Jasper se quedó mirándome por un rato esperando mi reacción, pero no le dije nada, simplemente me crucé de brazos y tomé un sorbo de mi té para luego darle un gran mordisco a mi pastel de chocolate; en algo Edward tenía razón, el dulce se había vuelto mi delirio durante el embarazo, pero eso no le daba derecho a criticarme y hacerme sentir mal.
Estuvimos en silencio por un rato, Jasper escribía en su teléfono y no era un secreto que era Edward el receptor de los mensajes. Al poco rato, mi marido llegó con un ramo enorme de flores blancas y una caja de chocolates en forma de corazón. Mis ojos se abrieron más de lo usual cuando vi los chocolates y se empezaron a llenar de lágrimas –de nuevo- cuando vi las rosas. Edward me entregó los chocolates con una mueca arrepentida y se puso de rodillas ante mí.
— Lo siento. No debí ser tan insensible — Dijo mirándome a los ojos.
* Fin del Flashback
Esa fue la primera de las muchas veces que me enojé por cosas insignificantes con Edward durante mi embarazo, aunque las reconciliaciones siempre valían la pena. Edward llevó la peor parte en el embarazo porque admito que aguantarme no era tarea fácil; al ser dos bebés, yo comía el triple y me ponía sensible con cualquier cosa que Edward dijera o no dijera, en algunos casos, la última era peor. Lloré a mares y Edward tenía que salir constantemente en las madrugadas a buscar algún raro antojo.
Obviamente durante mi embarazo tuve que dejar mi carrera de lado, quería ocuparme de mis hijos — De todos — y además mi cuerpo cambiaba tan drásticamente que no me permitía hacer mucho en mi medio de trabajo, ni fuera de él. Al ser un embarazo múltiple, requería de más cuidados y tanto Edward como toda mi familia se encargaron de mantenerme en cama la mayor parte del tiempo posible. Sin embargo, no fue tan traumático como yo creí porque adoré cada momento que compartí con ellos. Edward también se tomó una pequeña licencia cuando los mellizos nacieron y entre los dos nos hicimos cargo de la situación. Ambos tan parecidos a mí y a Edward que no se podía negar que eran nuestros hijos, tenían mi color de cabello y los ojos verdes de Edward, Em tenía la nariz respingada y las pestañas largas como las mías y Nate definitivamente había sacado el resto de sus rasgos faciales de Edward.
Edward volvió a trabajar cuando los mellizos cumplieron seis meses aunque solo iba por medio tiempo a la concesionaria, le costó trabajo separarse de ellos. Cuando los mellizos cumplieron un año, ambos decidimos que ya era hora de que él volviera a trabajar a tiempo completo. Y claro, este cambio nos afectó a todos en la familia que nos acostumbramos a tenerlo diario en casa. Nate no dejaba de llorar los primeros días cuando Edward no estaba, Em era más tranquila y dormía la mayor parte del día, así que no lo extrañaba tanto. Incluso Mike y Jane se habían acostumbrado a que llegaban de sus clases y veían a Edward cocinando o jugando con sus hermanitos.
La dinámica entre mis hijos se había vuelto casi perfecta; Jane era una consentidora de primera y nos ayudaba a cuidarlos en cada espacio libre que tenía y ni qué decir de Mike que le cumplía todos los caprichos a los bebés. Contrario a lo que yo creí en algún punto, los niños nunca se sintieron celosos de sus hermanos o rechazados por nosotros. Todo lo contrario, se involucraron en cada paso del embarazo y después fueron los primeros en recibir a sus hermanitos con los brazos abiertos.
Cuatro años después, Em y Nate empezaban el preescolar. Iban a empezar el año pasado pero me acobardé al último momento y convencí a Edward de que lo mejor era esperar un año más; y al fin había llegado el día… Estaba llorando todo un río y ni siquiera los había dejado; íbamos en el auto rumbo al preescolar. Edward empezó a hacer círculos en mi pierna mientras con la otra mano sostenía el volante y miraba atentamente a la carretera. En un semáforo en rojo se detuvo y se acercó a darme un beso en la mejilla, secó mis lágrimas tiernamente con su dedo índice.
— Amor, ya lo hemos pospuesto por mucho tiempo. Tranquila, ellos estarán bien — Sonrió y volvió a poner el auto en marcha.
Asentí levemente y miré a mis bebés por el espejo retrovisor. Error, ya no eran bebés y estaban más que emocionados de poder ir al preescolar. Cuando bajamos del auto, casi trotaron con sus cortas piernitas hasta donde estaba su profesora y ni siquiera se detuvieron a despedirse de Edward o de mí. Una lágrima rodó por mi mejilla pero la quité rápidamente. Edward me abrazó por la cintura pegándome a él y me indicó que Nate estaba mirando por la ventana, así que ambos movimos nuestra mano en señal de adiós. No sentía eso desde que Mike y Jane entraron a la secundaria y no me dejaron acompañarlos a su primer día de clases porque se sentían demasiado grandes para que su mamá los llevara al instituto.
Sin duda uno de los días más difíciles de toda mi vida. No dejé de pensar en mis bebés ni un solo segundo; a pesar de que Edward me dejó en el gimnasio, luego tenía una sesión de fotos.
Pasé el día con Rosalie quien también estaba poniendo en práctica una rutina intensiva de ejercicio para recuperar su figura después de su embarazo. Hace tan solo tres meses y medio había nacido el pequeño Tomas McCarthy, un niño igualito a Emmett en todo el sentido de la palabra. Mi amiga no pudo con la felicidad en cuanto confirmó que estaba embarazada, aunque como siempre, Jane nos hizo spoilers a todos antes de tiempo. Por Jane, Rosalie se decidió a hacerse la prueba de embarazo y solo bastaron las palabras "Veremos un pequeño Emmett corriendo por tu casa muy pronto, tía Rose".
Esa tarde, a pesar de que estuve todo el tiempo compartiendo con mi mejor amiga, solo nos separamos por dos horas en las que cada una se fue a su casa a ocuparse de sus tareas hogareñas y lo siguiente fue, tomar el teléfono para volver a hablar. Parecía que él tiempo no nos alcanzaba.
— ¿Cómo está tu agenda mañana? Emmett se va a llevar a Tom a la concesionaria a "enseñarle sobre el negocio familiar" — Dijo haciendo una mala imitación de la voz de Emmett.
Solté una risita — A penas tiene tres meses ¿Qué le va a enseñar? — Exclamé.
— Lo mismo dije yo — Bufó. — Como sea, no tendré nada qué hacer en toda la mañana porque a última hora cancelé un photoshoot — Comentó aburrida.
— Supongo que puedo ir por ti después de dejar a los mellizos en el preescolar y vamos a… — Me interrumpió su grito.
— ¡TOM, NO JUEGUES CON ESO! — Gritó con pánico — Bella, te escribiré después. Debo irme — Soltó rápido y terminó con la llamada.
Edward llegó muy puntual a las siete de la tarde. Se echó en el sofá quitándose la chaqueta y dando un suspiro de cansancio en el proceso. Se pasó una mano por la cara cuando escuchó a Jane y Mike discutiendo como se había hecho costumbre los últimos meses.
Me acerqué a él para darle un beso en los labios — ¿Día duro? — Pregunté masajeando sus hombros y luego pasando mis manos por su espalda ancha y fuerte.
— Ni te imaginas — Respondió besando mi cuello. — ¿Cómo estuvieron los niños hoy?
— Nate y Em estaban encantados en el preescolar, casi no los puedo sacar de allí. Jane y Mike llegaron cerca de las cinco de la tarde y…
— ¡YA TE DIJE QUE NO ESTOY DE ACUERDO! — Escuchamos el grito de Jane que venía desde el segundo piso.
—… Empezaron a discutir por algo hace unos minutos — Terminé.
Ambos soltamos un suspiro cansado decidiendo que les daríamos un tiempo más para que resolvieran la situación entre ellos y si no, iríamos a ver qué pasaba. Generalmente se cansaban de pelear luego de diez minutos, se ignoraban por un tiempo y al día siguiente estaban como si nada. Se habían convertido en dos hormonales adolescentes que discutían por todo, solamente se ponían de acuerdo cuando estaban con Em y Nate.
A la edad de dieciséis años, ambos habían madurado; Mike era el capitán del equipo de fútbol americano en su escuela, un talento que había descubierto desde el año pasado y todos lo apoyamos desde el primer momento. Por supuesto, gracias a la práctica de este deporte, su cuerpo cambió drásticamente y cada vez se parecía más a Edward, casi le daba hasta el cuello, tenía músculos por todos lados y él estaba demasiado complacido con esto último. Por otro lado, Jane se había convertido en una hermosa y extrovertida señorita, el típico modelo de la niña perfectamente educada con ojos verdes y cabello cobrizo y cuerpo escultural; tenía a todos los chicos detrás de ella a pesar de que esto molestaba demasiado a Edward. Ella no abandonó su pasión por la música y sus calificaciones eran las mejores de toda la escuela.
Volví a la cocina a seguir con la cena. Edward se acercó por detrás, pasó sus manos por mi cintura apretándome gentilmente hasta su masculinidad mientras sus dientes mordisqueaban mi cuello haciéndome cosquillas con su casi inexistente barba.
— ¿Qué te parece si pedimos domicilio? — Preguntó mientras su mano derecha subía a mi pecho y la otra empezaba a jugar con el elástico de mi pantalón.
— No podemos — Solté una risita por las cosquillas que me producía el contacto de su lengua con mi cuello. De pronto escuchamos el timbre, sentí cómo se tensó y me giró para poder verme a los ojos — Tus padres vinieron a cenar — Sonreí de la forma más angelical de pude.
Él bufó molesto — Iré a darme una ducha — Sin decir más, se fue.
Los padres de Edward fueron los primeros en poner el grito en el cielo cuando se enteraron que estaba embarazada y esperaba la llegada de mellizos. Ese día juro por Dios que Esme Cullen casi me asesina y Carlisle Cullen amenazó a Edward con enviarlo a prisión por no querer volver con Tanya alegando que había abandonado a sus hijos y otra sarta de barbaridades más. Claro que todo eso solo quedó en amenazas, gracias al cielo no pasó a mayores. Todo dio un giro de ciento ochenta grados cuando los mellizos nacieron y mis suegros vieron los ojos verdes de aquellos encantadores angelitos.
Nathan y Emily Cullen tenían a mis suegros comiendo de la palma de su mano. No me pregunten cómo pero desde que los mellizos llegaron al mundo mi relación con ellos se había vuelto algo más neutral y cordial, por lo menos ya no me insultaban o me pedían que me alejara de Edward. Habían aprendido a aceptar nuestra relación y de hecho, había ayudado mucho que Mike y Jane se hubieran encargado de demostrarles que nuestra relación madre e hijos era bastante sólida y llena de amor.
Edward era cuento aparte; él todavía no los perdonaba del todo por los años en los que se encargaron de odiarme y destruirme en los grupos a los que el matrimonio Cullen pertenecía. Él solamente aceptaba su presencia por los niños y por petición mía.
— Buenas noches, Isabella — Saludaron Carlisle y Esme formalmente en cuanto abrí la puerta.
— Buenas noches. Pasen, la cena está casi lista — Invité mientras Carlisle ayudaba a Esme con su abrigo — Espero no haberlos tomado por sorpresa con la invitación, los niños llegaron del preescolar y querían verlos para contarles cómo había sido su primer día — Comenté como si nada.
— No seas ridícula. Siempre es un placer ver a esos angelitos. Por cierto ¿Dónde están? — Preguntó Esme acomodándose elegantemente en la silla alta de la isla frente a la cocina, inspeccionando minuciosamente cada uno de mis movimientos mientras yo terminaba la cena. Con el paso del tiempo, dejó de molestarme cada una de las acciones que ella tomaba contra mí, aprendí a ignorarla cuando no tenía nada bueno qué decir, igual que a mi suegro.
De la nada, dos terremotos llegaron del jardín manchados con tierra y lodo por todas partes. Mis ojos y mi boca se abrieron a más no poder. Cuando llegaron del preescolar les había dado un baño y tan solo minutos antes de que llegara Edward había repetido la misma acción porque se ensuciaron mientras pintaban, aunque no fue muy sabio de mi parte dejarlos salir a jugar con Golden en el jardín después de eso… Sinceramente no pensé que se ensuciarían de la manera en la que lo hicieron.
— ¡Abuelitos! — Gritaron ambos tirándose a los brazos de Carlisle y Esme.
En ese momento Edward iba bajando las escaleras y los miró de la misma forma que yo — ¿Qué pasó con ustedes? ¿Jugaron con Golden otra vez? — Preguntó adivinando lo que había sucedido.
Los niños inmediatamente pusieron su mejor cara de perrito regañado, casi pude ver cómo Em dejaba caer una lágrima completamente falsa. Entrecerré los ojos porque esa niña sabía manipular muy bien a sus abuelos, incluso a Edward pero a mí nunca me convencería. Mi hermosa princesa solo estaba actuando para no recibir el regaño que se quedó atorado en la garganta de Edward en cuanto vio su expresión.
— No los regañes, Edward. Yo iré a darles un baño — Dijo Esme sin más y llevó a los mellizos de la mano hasta el baño en su habitación.
Solté un suspiro — Me van a enloquecer — Dije volviendo a la ensalada.
Carlisle soltó la primera risa sincera que había oído proveniente de él — Yo prefiero que se ensucien y no que trepen a los árboles ¿Tienes idea de cuántas veces me tuvo Edward en el hospital por raspones, tobillos dislocados y ruptura de huesos? — Dijo mirando a su hijo. La primera sonrisa sincera que le había dedicado y que yo había presenciado.
Él rodó los ojos — No era para tanto y la idea de la casa en el árbol fue tuya — Renegó.
— Como sea, puedo ver que los mellizos heredaron las travesuras de Edward — Distraídamente se giró en su puesto — ¿Dónde están Mike y Jane? — Preguntó interesado.
Edward miró su reloj — No los oigo, ya debieron haber terminado. Les diré que bajen — Comentó subiendo las escaleras.
— ¿Eso qué fue? ¿Terminaron con qué? — Preguntó desconcertado.
Mezclé la ensalada por última vez y me limpié las manos en una toalla limpia — Están pasando por la "etapa" y discuten mucho entre ellos, pero se les pasa luego de unos minutos. Supongo que al menos tengo que agradecer que no sean tan rebeldes y hablen conmigo de lo que les sucede — Comenté empezando a poner la mesa.
Carlisle tomó los cubiertos y me ayudó — Tendrás que esperar unos años, a veces se ponen peor… Se enamoran y luego te ignoran — Comentó y rápidamente negó con la cabeza al darse cuenta de lo que había dicho — Lo siento, Isabella. Parece que no, pero Esme y yo nos estamos esforzando para mejorar la relación que llevamos contigo y con Edward. Pero es difícil. No niego que eres una madre dedicada y admito que Esme y yo nos equivocamos cuando te tildamos de mala mujer y todo eso… Solo te pido, que trates de entendernos; nos dejamos convencer de Tanya y sus mentiras, pensamos que aquel acto imperdonable contra Mike y Jane no era más que un montaje tuyo para que Edward estuviera a tu lado y cuando entendimos que no era así, Nate y Em nacieron demostrándonos que tú siempre fuiste la indicada — Terminó.
Mi expresión seguramente parecía relajada pero en mi interior estaba sorprendida a más no poder. Ese día Carlisle Cullen se había abierto conmigo más de lo que lo había hecho en el tiempo en qué lo conocía. Al principio estaba incrédula, solamente esperaba que saliera un presentador de televisión diciéndome que estaba en cámara escondida y todo era una broma. Luego caí en la cuenta de que Carlisle no se prestaría para ese tipo de cosas y sus disculpas eran sinceras. Por lo que sonreí y aprecié el hecho de que ambos, Esme y él estuvieran tratando de mejorar nuestra relación de a poco. En cuatro años, este fue el avance más grande que habíamos tenido.
— Aprecio todo lo que dijiste, Carlisle y por supuesto acepto tus disculpas. Sé lo difícil que debe ser para ustedes teniendo en cuenta el cariño que le tenían a Tanya.
Él miró a otro lado — Ni siquiera lo menciones. Esta es la hora que no sé cómo nos dejamos convencer para obligar a Edward a casarse — Mis ojos se abrieron — ¿No lo sabías? Edward te conoció antes de casarse, pero Esme y yo lo pusimos contra la espada y la pared, por eso no pudo negarse — Explicó.
Entonces me di cuenta de que Carlisle lo sabía todo y me sorprendió porque él nunca me reclamó por nada, siempre se mantenía a la sombra o le pedía a Edward que se alejara de mí. Luego todo cayó en su lugar — Siempre pensé que él estaba casado cuando nos conocimos — Comenté impresionada.
— No… Él salía con mujeres casuales y… Bueno, contigo; luego se puso de novio con Tanya por petición mía, pero ya sabes que le era infiel, sus "citas" casuales disminuyeron después de que se casó, aunque no desaparecieron del todo. Unos meses después dejó todo atrás y solo estaba con Tanya por compromiso, pero quería estar contigo. Él mismo me confesó que se quería divorciar — Se silenció al ver que yo no decía nada — ¿No sabías lo de las otras mujeres? — Preguntó arrepentido por la información que me había dado y aceptando la copa de vino que le ofrecía.
— Sí, de hecho sabía eso último. No era tan estúpida y Edward nunca me invitaba a eventos públicos, además ambos sabíamos el tipo de relación que teníamos para ese entonces. Ni siquiera supe cuándo empezó su noviazgo con Tanya, me enteré de su matrimonio y de Mike y Jane mucho tiempo después — Solté una risita irónica — Pero para ese punto yo ya estaba enamorada hasta la médula de él, así que no me importó con tal de estar a su lado… Hasta que lo invadió el poder, el dinero y todo eso y me empezó a tratar como basura — Suspiré — Supongo que ya sabes lo que pasó después.
Él asintió — Por supuesto, empezó el calvario para la familia Cullen — Sonrió — Pero ya está en el pasado ¿Cierto? Ambos se aman, tienen una hermosa familia y están felices. No podría pedir más para mi hijo.
Después de la conversación con Carlisle, Edward bajó con Mike y Jane quienes abrazaron a Carlisle en cuanto lo vieron, no se notaba que hace un momento estaban levantando la casa a gritos, se veían bastante más calmados que hace un rato y por lo menos no se ignoraban entre ellos.
Al rato llegó Esme con los mellizos recién bañados y muy limpios, parecían un príncipe y una princesa respectivamente. Les había puesto sus mejores trajecitos sin importar que en unos minutos más tuvieran que ponerse sus pijamas. Otra cosa era ella que venía completamente mojada. Carlisle soltó una risita y Edward no pudo ocultar su expresión al notar que se le alcanzaba a ver el sostén blanco de encaje que usaba. Me ofrecí a prestarle una blusa limpia mientras se secaba la de ella.
Después de eso, la cena transcurrió de manera tranquila con Carlisle y Esme tratando de entablar una conversación amena con Edward, pero él estaba tenso y a la defensiva, no dejaba de hacer muecas de cansancio o fastidio cuando escuchaba las voces de sus padres. En un momento decidí que ya era demasiado... Esme y Carlisle se estaban esforzando y Edward no quería poner de su parte, así que preferí dejarlo hasta ahí para que él no hiriera más sus sentimientos.
— ¿Niños, por qué no les cuentan a sus abuelos cómo fue su primer día en el Preescolar? — Alenté a los mellizos sabiendo que el cambio de tema le daría un aire fresco al ambiente.
Y funcionó; los dos estaban tan parlanchines que si les tapabas la boca, le salían letreros por los oídos. Nos hicieron reír en más de una ocasión por sus ocurrencias y cuando por fin terminaron de contarnos detalladamente todo lo que habían hecho en el día, Mike y Jane empezaron a hablar de su día en la secundaria. Mike estaba demasiado hambriento y muerto de cansancio puesto que se venía un juego importante y había estado entrenando como un loco los últimos días y Jane también andaba ocupada con su próximo recital de piano.
A pesar del comportamiento defensivo y hasta un poco grosero durante toda la noche por parte de Edward, aquella cena marcó un nuevo capítulo en nuestra vida, porque por primera vez tenía la certeza de que mi relación con mis suegros iba a ser armoniosa, que por fin iba a poder conocer a las dos personas tan maravillosas que Anthony describía y que no habían podido salir a la luz por todos los engaños y artimañas de Tanya.
Todo parecía ir de maravilla hasta ahora; Charlie y Sarah se estaban dando una nueva oportunidad; no me alegraba del todo porque todavía no confiaba en esa mujer, pero Charlie parecía estar feliz y eso era todo lo que quería para él, además Sarah no me había dado ningún motivo para dudar -hasta ahora- solo el tiempo diría que tan sinceras eran sus palabras.
Jasper y Charlotte estaban esperando su primer hijo juntos; Peter, el hijo de Charlotte no podía estar más emocionado con eso puesto que ya consideraba a Jasper su papá y tenían una relación padre e hijo envidiable. Por otro lado, Alice y Jacob mantenían cierto tipo de relación, nadie sabía lo que era, ni siquiera ellos porque no se habían molestado en ponerle un nombre, pero definitivamente había algo allí y ambos parecían estar complacidos. Rosalie y Emmett estaban viviendo su propia luna de miel con Tomas.
La relación entre Edward y Emmett se había vuelto algo inmejorable, parecían mejores amigos de toda la vida. Ya tenían varios negocios juntos y se estaban preparando para formar alguna clase de alianza entre las concesionarias. Rosalie y yo no podíamos estar más complacidas con eso.
Finalmente, mi amigo Alec se convirtió en un soltero y mujeriego eterno; todos nos dimos cuenta lo mucho que le costó superar su enamoramiento por mí, pero luego de que realmente aceptó que yo no era la indicada para él, se dedicó a disfrutar la vida a su manera; viajando y enamorando a las mujeres que veía con su encantadora forma de ser y su habilidad políglota. Algunas veces nos visitaba y por supuesto estaba con nosotros en todos los momentos importantes.
Y pensar que mi vida dio un giro completo el día que fijé mis ojos en los de aquel hombre que me sonreía de manera seductora; desde el principio supe que me iba a traer problemas, pero si alguien me hubiera dicho que a pesar de todas las dificultades que tuvimos seguiríamos juntos, seguramente me hubiera reído en su cara. Muchas veces traté de olvidarlo, Edward me hizo odiarlo por amarlo tanto y no poder separarme de él. Por suerte, me demostró que me amaba y gracias a él ahora tenía una familia hermosa y amorosa. No cambiaría mi vida por nada en el mundo, porque Edward me enseñó que nunca podría olvidarlo siendo que él era mi alma gemela.
Este es el fin de mi historia. No tengo palabras más que de agradecimiento a todas las que se tomaron el tiempo de leerme y más a las que aun después de que dejé de publicar por lo que pareció mucho tiempo, siguieron allí al pendiente de las actualizaciones. Quedan dos outtakes o sea que, nos estaremos leyendo nuevamente en los proximos días. Como siempre espero que les haya gustado mucho y estaré esperando para leer sus reviews.
Besos y abrazos desde Colombia.
