Aclaraciones: Se acabaron mis vacaciones así que estoy esperando poder regular todas mis cosas :3

No me han despedido del trabajo si que...


Su mente se había desconectado después de la hora del almuerzo. Poco y nada le importó lo demás hasta llegar a su habitación, echando las zapatillas muy lejos de su campo visual y tumbándose en la cama.

Respiraba de forma agitada, ¿por qué? ¿Debido a la urgencia que le hizo correr hasta el hotel y a su habitación? ¿La necesidad de huir de Zoé? ¿De Sabrina? ¿O sea un muy extraño y prolongado ataque de ansiedad el que la hizo actuar de esa forma?

Quiso recordar lo que había ocurrido después de interpretar esa escena, pero mientras más intentaba llegar en reversa hasta ese momento, más le dolía la cabeza y su pecho se oprimía.

Pudo recordar los aplausos. A las personas acercándose a Zoé y a Sabrina preguntando algo relacionado a la obra. Las caras bobas de la impresión que se plasmaron en Juleka, Rose, Iván y Mylenne.

Ante ello, sonrió. Finalmente estaba recibiendo el reconocimiento que desde siempre había merecido.

Pero antes de eso, cuando la cabeza de Zoé se había separado de su hombro y sus miradas se encontraron al finalizar la escena... algo. Definitivamente, algo ocurrió. No sabía el qué.

Fue como sentir una corriente acalambrando su espalda y paralizado sus piernas. No podía moverse. Solo era capaz de ver a su media hermana.

¿Por qué?

Sabrina se había dado cuenta rápidamente de su estado y fue a ayudarla, pero al igual que con Zoé, al verla sintió un profundo rechazo venido de ninguna parte.

Y el rechazo se extendió hacia el resto del grupo. A la profesora Mendeleiev y al director.

A priori, a ojos de sus compañeros de curso, esto no era nada nuevo, pero solo Sabrina fue capaz de ver qué en realidad esto no era natural. Aunque sus intentos por confrontarla fueron en vano.

La había ignorado olímpicamente, principalmente huyendo tanto a sus preguntas como a su mera presencia. Y así fue hasta que finalizó el día y huyó hasta su habitación en el hotel.

En su mente no había motivo lógico para comportarse así. No le habían hecho nada. Es más, había hecho algo bueno, tanto que la atención que siempre deseó llegó de forma sincera a ella.

Chloé estaba confundida, mareada, triste...

Muy triste.

Abrazó sus piernas y se echó de lado, reprimiendo las ganas de llorar tanto como pudo.


Zoé no se sentía muy diferente de su media hermana, pero a diferencia de ella, a la salida decidió dar una vuelta con Sabrina para hablar de lo ocurrido. A final de cuentas, la pelirroja también era su amiga. O al menos, se estaba volviendo una.

—Eso fue raro —coincidieron las dos, descansando sobre una banca del parque.

Zoé intentaba recapitular los últimos momentos en la cafetería. Sintiendo una vez más aquel chispazo cuando vio los ojos de su media hermana encontrarse con los suyos.

Suspiró.

Ninguna de las dos encontraba respuesta razonable al comportamiento de la rubia, sin embargo, Zoé albergaba en su pecho algo a lo que no sabía darle nombre.

—No creo que sea bueno dejarla sola —musitó Sabrina, mirando con angustia la ruta que solía tomar para llegar al hotel junto a su amiga.

Y aunque Zoé debía atravesar el mismo sendero, no se sintió con fuerzas para acompañar a la pelirroja y así calmar sus temores. Ella, de alguna forma, también tenía miedo.

¿De qué?

—¿Hice algo mal? —Se preguntó en voz alta.

Sabrina la miró incrédula, sin saber exactamente a qué se refería. Zoé tampoco lo sabía.

—No... ¡no! ¡Todo fue perfecto! Quizá solo la presionamos demasiado después de la hora del almuerzo —o al menos quiso convencerse de que eso era.

Zoé no quiso ignorarla, pero estaba demasiado concentrada en ella misma que le fue imposible no pasar por alto su voz.


Durante la escena improvisada, había sentido algo demasiado natural tanto en su voz como en sus acciones. Desde la preocupación de no saber dónde estaba su hermana hasta el alivio de volverla a ver, pese a tenerla a poco más de dos metros de ella, fingiendo mirar el mar, todo lo sintió genuino. Cómo si fuera ella y no al mismo tiempo. Como si la preocupación y el alivio que quiso transmitir en Allen viniera verdaderamente de ella.

Hasta el momento en que dejaron el diálogo atrás y se quedaron pegadas, la una al lado de la otra mirando un inexistente mar en completa paz, en su corazón no supo lo que debía sentirse tener una hermana. Una de verdad, no algo que solo la sangre unía al lado de un papel.

Había sido un momento mágico y aterrador a partes iguales. Efímero y feliz. Y de nuevo volvió a sentirse incómoda con la idea de interpretar a Allen.

Una idea de plantó en su mente como consecuencia. ¿Y si en Allen solo desquitaba su frustración?

¿Sería su subconciente tan cruel como para hacerle pasar ese mal rato?

En toda la obra, Rilliane no dejaba de ser una niña mimada y orgullosa con medio mundo hasta casi el final, y los únicos momentos en dónde se podía apreciar su naturaleza frágil e infantil era cuando compartía escena únicamente con Allen.

Chloé no era diferente de Rilliane. Ella era exactamente igual con todos a su alrededor, Sabrina incluida (y con muy pocas y contadas excepciones), y ella... a ella no la veía como su hermana. Ni había complicidad en sus actos ni aún estando a solas, y porque rara vez estaban a solas aún viviendo en el mismo hotel.

La miraba con el mismo desprecio que al resto. La trataba con el mismo desdén que a Marinette y a sus amigos. Y si acaso veía cierta tolerancia en ella, es porque Sabrina estaba presente. Y así había sido desde que llegó a París, hasta hace relativamente poco.

No supo en qué momento se había despedido de Sabrina y había llegado a su habitación en el hotel. Solo el rugir de sus tripas exigiendo alimento la sacó de sus cabilaciones, al menos lo que le duró la tostada que se preparó para saciar su hambre un poco. Y luego volvió a su cama.

Y siguió pensando.

¿Por qué tenía que ser Allen y no ella la que tenía una hermana odiosa pero que aún le quería?

"Ella no te odia."

Le había dicho Sabrina en su momento, pero le costó creerlo hasta que recordó la akumatización de la señorita Bustier y lo que les había hecho a ellas tres.

"Gracias por seguir conmigo, aunque sea algo mala."

Habían sido las palabras de su media hermana en aquella ocasión.

Aún si habían vivido ese episodio con la percepción de la realidad casi que totalmente alterada, dentro de ella, de todo corazón, ansiaba creer esas palabras.


—¿Qué es eso, Adrien?

Irina se presentó al comedor luego de robar un bocadillo de la cocina, cuando encontró al chico rubio sosteniendo un cuadernillo en sus manos.

De forma amistosa le sonrió y se acercó al muchacho. Este le devolvió el gesto y extendió el libreto.

—Es una obra para la escuela. Un musical, de hecho. Vamos a presentarla para fin de año.

Irina sintió su labio temblar al leer el nombre de la obra. Y sin poder evitarlo, una estridente risa hizo eco en el salón, extrañando por completo a Adrien.

—¡El mundo es un pañuelo! ¿No lo crees? —Exclamó, con los ojos encendidos de emoción.

—¿Supongo...? —Pero a Adrien eso le había llegado a asustar.

—Mira, esa obra la escribió por completo una vieja conocida. Canciones y todo —se calmó, inhalando una buena bocanada de aire.

Ignoraba por completo el susto que le había dado al muchacho. Tampoco le importaba, en realidad. Tan solo se preocupaba en atesorar la emoción en su pecho. Había recuperado el buen humor.

—¿No me crees? He. Dame un piano y te lo mostraré.

Adrien le miró con duda. Sin embargo, también sintió curiosidad de ver si eso era verdad.

Se puso de pie y se dirigió a su habitación, justo hasta donde su piano de cola descansaba.

Irina se permitió un momento para apreciar la belleza del instrumento, alegando dentro de sí que era lo mínimo cuando menos para una familia tan rica como ellos.

—¿Te parece si toco la canción de inicio? —Su única audiencia asintió con la cabeza, curioso.

Irina tomó asiento delante del piano y tocó primero una escala básica, acostumbrando el oído a las vibraciones del musical sonido. Luego, tocó tres notas en concreto para ayudarse a vocalizar.

—Lu li la... Lu li la...~

Hizo eco, molestando a una durmiente, para sorpresa del señor de la casa.

—La hija del mal... hace tantos años que no escucho ese título —se sonrió, empezando a tocar los primeros acordes de la obra.

Sus dedos bailaron sobre las teclas con una maestría excepcional. Y pronto su voz hizo un acompañamiento que hizo difícil creer a Adrien, que aquella fémina solo se dedicara a la enfermería.

"Hace mucho, mucho tiempo

En algún lugar

Existía el país de la tirana humanidad

Ese país era gobernado por

La joven princesa de catorce años de edad"

"Tenía muebles y lujos sin igual

Un sirviente con un rostro muy similar

Su caballo se llamaba Josephine

Poseerlo todo le hacía sonreír

Si el dinero acaso llegaba a a escasear

Tómalo del pueblo, ¡listo y ya está!

En cuanto a la gente que esté en contra de mi.~

De todos ellos me desharé."

—¡Ahora, bien, todos de rodillas!

"Es la flor del mal

De brillo sin igual

Hermosa y rodeada de espinas

Aunque ella solo bella quiere aparentar

No tiene reparo en marchitar a los demás."

Llamaron a la puerta. Irina se puso de pie de inmediato, sabiendo de quién se trataba, y esperando ya algún regaño por haber abandonado su puesto aunque fuese un rato.

Sin embargo, antes de despedirse, se permitió recibir la sonrisa y admiración de Adrien quien la miraba desde su lugar. Parecía convencido.

—Te cantaré el resto cuando tenga un momento de descanso —prometió.


Aclaraciones finales: Irina no es lo que parece, primer aviso.

Por cierto, la traducción de la canción la tomé de un fandub que hice hace MUCHO tiempo xD

Que de diferente tiene apenas nada con los fandub más populares pero eh...

¿Qué será que tienen Chloé y Zoé ahora? ¿Podrán arreglar las cosas? ¿Será que el guión está embrujado? Veremos, veremos~