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LA VERDAD SOBRE VECKET
Sus ojos quedaron endurecidos al no poder creerse lo que tenía delante, era un dragón, un dragón autentico con vida. La criatura dio un paso adelante, mostrándose ante la luz, ahora se veía claramente su verdadera aspecto, y era extrañamente peculiar, no era el pequeño reptil purpura que habían anunciado en Trollia Central, este era distinto, era grande como una tortuga, gordo como un leviatán, su mandíbula era ancha como la boca de un sapo,tenía unos colmillos que se le levantaban por encima del labio inferior, tenía una cresta sobresaliente como el de una gallina, era oscuro pero plateado y tenía un ojo verdoso que parecía una gema verde, por alguna razón le faltaba el otro ojo, supuso que debieron de quitárselo cuando lo capturaron o lo perdió mucho antes. Ignoro momentáneamente ese hecho para fijarse en la situación.
Elfina temblaba de miedo, se notaba que ella tampoco había visto cosa semejante, lo aterraba tanto como cada uno de los trolls con los que se encontraron. Intento de acercarse pero Gorkit le siguió exigiendo que no lo hiciera, no quería que saliese lastimada, hizo caso y se alejo, pero no dejaba de mirar la puerta, que estaba apunto de abrirse.
-¿Que sucede ahí? -pregunto alborotado otro de los guardias al otro lado.
Quedo aún más nervioso todavía, no sabía que hacer, por un lado tenía a ese reptil actuando de forma hostil y a un par de guardias apunto de abrir la puerta en cualquier momento para averiguar que pasaba. El reptil salto dando un paso adelante como para atacarle, Gorkit se aparto y se cayo como un torpe. El dragón no pudo acercarse más, estaba atado a una cadena que parecía extenderse hasta el fondo del establo. Al ver eso se le vino una razón por la cual se comportaba tan malhumoradamente, debía de estar apresado y con ganas de querer salir, pero no podía, estaba aprisionado también.
No podía dejarle ahí, tenía que liberarlo como fuese para que así no siguiese sufriendo, un animal como él merecía estar a salvo donde nadie más le encontrase. Levanto y comenzó a acercarse hacía él, quería domarlo para que así se calmase y pudiese ayudarle, el dragón le miraba mal, como si le odiará, aunque sabía que no era así, los trolls le habían tratado tan mal que debía de odiar a su especie. Tal y como ellos en su momento odiaban a la suya.
-Tranquilo, solo quiero ayudarte -le decía mientras se acercaba. Sabía que no lo entendía, pero no le importaba.
El dragón rugía, molesto por lo que hacía.
-No voy a hacerte daño.
Se giro, mirándole de reojo con aquel ojo verde, brillaba como una gema, lo cual era impresionante, pero cuanto más cerca lo miraba, más se percataba de otra cosa. Podía ver algo, una serie de imágenes le venían a la mente como si fuesen recuerdos de un suceso que ya había sucedido pero no lo recordaba con seguridad. En esas imágenes se le podía ver a él, arrodillado delante de un campo, junto a Elfina y al tío Ephraim, todos arrodillados temblando de miedo y con el Padre Vecket mirándoles cínicamente como si le divirtiese lo que pasaba.
Se escucho una risa, una risa malévola que le saco del trance.
Se alejo aterrado ante lo que vio, aquello no era un recuerdo, era algo más.
Justo entonces la puerta se abrió de un portazo que asusto a ambos, se giraron y vieron entrar a los dos trolls forzudos que custodiaban la entrada, alzaron sus armas preparados para combatir. Entraron y se detuvieron viendo perplejos la extraña escena que se estaba produciendo delante de ellos.
-¿Quienes sois vosotros? -pregunto el troll de la derecha.
El dragón se enfureció y se enderezo hacía arriba mientras soltaba un fuerte aullido que retumbó por todo el granero, era tan fuerte que parecía que el sonido se metía de lleno en sus cabezas. Se taparon los oídos intentando de no escucharlo, pero era imposible, los dejaba atolondrados como si les estuviesen perforando el cráneo de la manera menos agradable posible, y quienes peor la pasaban eran los caballos, se pusieron a trotar agitadamente debido a que no tenían forma de taparse las orejas, para un animal corriente era una trampa mortal. Finalizo y cayo con las patas delanteras en punta sobre el suelo de madera haciéndolo temblar. Miro fijamente a Gorkit con una mirada fruncida que indicaba que estaba cansado de verla, abrió la boca y del interior se manifestó una sustancia calurosa de color anaranjada. Gorkit lo miro atonitamente y supo reconocer que aquello no era una sustancia cualquiera, era magma de verdad. Estaba apunto de ocurrir aquello que el doctor Vilas menciono sobre los anteriores intrusos, iba a quedar rostizado como ellos.
El dragón abrió del todo la boca y lanzo una llamarada de fuego del tamaña de una cascada, Gorkit lo esquivo a tiempo haciendo un salto casi imposible para el costado, parte de la llamarada le golpeo en el hombro, le quemo, pero apenas lo sentía, quedo atolondrado que ahora no sentía mejores ganas que salir con vida.
Elfina se le acercó por detrás, le miro la herida, aquello hizo que se preocupará mucho más por él. Quedaron atónitos mirando al dragón enfurecido que no paraba de tironear de la cadena que lo mantenía retenido. No se sabía si el tratar de calmarlo lo altero o lo hicieron los guardias al entrar, pero ahora de una cosa estaba clara, ese era el mayor secreto del Padre Vecket, tenía un dragón retenido y seguramente había matado a todo aquel que intentase de detener sus planes.
-Alto ahí -los guardias se acercaron por detrás apuntándoles con sus armas.
Se alejaron dándose la vuelta.
-Deberíais estar muertos -comento uno de ellos.
Esta situación le resulto tan caótica que no pudo evitar sentir la necesidad de encontrar una respuesta a lo que estaba sucediendo.
-¿Por que? ¿Que es esa cosa? -les pegunto, esperando que le respondiesen.
-No es asunto tuyo, se lo vamos a decir al Padre Vecket -protesto el otro.
No sirvió de nada, estaban dispuestos a matarlos por esta intrusión.
Alzaron sus armas con intención de matar, pero Elfina se cabreó y reacciono golpeándoles con las garras de sus manos, les araño ambas caras, eso hizo que ambos soltasen sus armas y se tirasen al suelo gimiendo de dolor. La joven elfa se giro mirando ferozmente a Gorkit, cambio su expresión a una de apuro, le alzo la mano para ayudarle y se levanto, se marcharon a coger el carro.
Se sentaron en los asientos delanteros lo más rápidos posibles y se dispusieron a irse sin más, Gorkit escucho un gemido, se giro observando que el dragón continuaba retenido, no paraba de forcejear con tal de sacarse la cadena. Sintió pena por él ya que quería liberarlo y acabar con su condena, pero no podía, no tenían tiempo y ni forma de hacerlo y encima vinieron unicamente por el carro.
-Ya -bramó Gorkit tirando de las correas.
Los caballos marcharon corriendo hacía la salida llevando consigo el carro, ambos se sujetaron fuertemente ya que iban rapidísimo, salieron y todo se volvió oscuro de golpe, por un momento soltaron un resoplo de alivio por haber salvados, pero se toparon con algo que no se esperaban para nada.
Delante se encontraba un grupo de trolls armados con porras y antorchas y otras aparatos que parecían herramientas de jardinera, lucían como la muchedumbre que se marcho a la hoguera, los tenían acorralados y les miraban con unas expresiones acusadoras, uno de ellos se puso delante del trayecto del carro. Le entro el pánico porque no quería atropellar a un troll, aunque fuese culpable por parecer que le quería atacar. Tiro de las correas a un lado haciendo que los caballos se moviesen para el otro lado, pero el giro fue tan brusco que se metieron en un camino con un sobresaliente de tierra, una de las ruedas se engancho haciendo que se desnivelase, tanto Gorkit como Elfina se cayeron dolorosamente contra el suelo, a Gorkit le dolió más ya que se estrello con el hombro herido de la quemadura que le hizo el dragón antes.
Elfina se le acercó arrastrándose por el suelo tratando de ayudarle, gemía dolorido, le tironeo del brazo para que se levantara. Pero justo entonces aparecieron los trolls campesinos rodeandoles con menos espacio que antes, les apuntaron con sus armas mientras les miraban con unas expresiones de indiferencia, como si no estuviesen enfadados, más bien molestos por la situación que habían provocado.
Se escucho a los caballos trotar, les habían detenido.
Los trolls les cogieron levantandoles con tanta fuerza como para romperles los huesos, Elfina forcejeo con tal de zafarse, pero uno de ellos le propino una cachetada en la nuca que la dejo atontada. Gorkit se cabreo y marcho corriendo a atacar al que la agredió, le empujo y comenzó a golpearle de una manera poco elaborada en el pecho, pegaba tan mal que sus golpes ni le producían efecto alguno, encima ese troll era grande y sus pectorales podrían detener incluso el disparo de un cañón pirata.
Todos se rieron creyendo que actuaba como un cachorrillo enloquecido.
Le cogieron de nuevo y tiraron de él para subirle a la colina junto con Elfina.
Les acercaron al granero y les golpearon en las piernas para que se arrodillasen contra el suelo, les dolió más eso que la caída del carro, suspiraron agonizando de toda la tensión que estaban sufriendo. Alzaron la mirada y observaron que se estaban acercando los dos trolls a los que se enfrentaron antes, ambos tenían arañazos en la cara del cual les salía sangre, parecían bárbaros con esas heridas. Uno de ellos se acerco, les miro con desprecio y le propino un fuerte golpe de puño a Gorkit que le hizo caer de lado al suelo. Ahora resulto ser más doloroso que todos los anteriores que recibieron en apenas unos minutos desde que se escaparon. Lo levantaron quedando mareado por el golpe, lo veía todo moverse como las olas del mar. Se escucharon unas risas, eran de los trolls riéndose como caraduras, miro bien al troll de nuevo, sonreía como si se lo estuviese pasando en grande. Apretó fuertemente su puño, le crujieron los dedos de los huesos, lo levanto dispuesto a dar un golpe mucho más mortal.
Cerro los ojos no queriendo ver cuando lo recibía.
-Alto.
Los abrió, vio que bajaba el brazo.
Escucho unos pisadas, miro de reojo y observo que venía una figura, una que reconoció al instante, se trataba del Padre Vecket, era el mismo, venía andando con la misma paciencia tranquila que había mostrado antes delante del doctor Vilas. Verlo ahí le provoco una enorme frustración ya que esto significaba que algo había ido mal, seguramente les descubrió, pero no sabía porque, si por Vilas que no pudo mantener la boca cerrada o porque fue tan listo que sabía lo que harían.
-Disculpe mi señor -se disculpo el guardia actuando con firmeza.
-No, no te disculpes -le dijo con un tono calmado y compasivo.
Solo de escucharle esa voz le hizo a venir a la mente que estaría apunto de hacer algo cochambroso que no le gustaría ver.
-Has hecho lo que debías hacer, darle fuerte para que así muriese lentamente, eso es algo muy digno de tu parte -le felicito como si fuese una muestra de afecto-. Pero por desgracia ahora le necesito vivo.
-Lo se señor.
Le paso la mano por los arañazos de su cara, se mancho los dedos con su sangre.
-¿Quien te ha hecho eso?
-Ella -señalo a Elfina.
La joven elfa estaba recobrando el sentido.
-Que seas atacado por una joven elfa es halagador, ya que sus heridas pueden infectarte la sangre y hacer que te mueras lentamente -objetó con admiración-. Pero en este caso ha sido decepcionante porque ni tu ni tu compañero -le echo la mirada al otro troll que estaba al lado con una mirada poco complaciente-, habéis sido lo suficientemente útiles como para vigilar el granero.
-Lo sentimos señor.
Le cerro las palabras haciendo un raro gesto con los dedos, se callo al instante.
Se notaba perfectamente que algo les estaba apunto de hacer.
-Si fuese por mi ahora mismo os mandaría de vuelta al pueblo a pensar en lo que habeís hecho. Pero en esta ocasión os necesito aquí como testigos para que me expliquéis lo que acaba de pasar. ¿Podéis hacerlo?
-Si padre -contestaron ambos mutuamente.
Ambos se echaron la vuelta mirando hacía Gorkit.
-¿Que fue lo que paso? -pregunto con desdén.
-Estábamos haciendo la guardia de siempre, cuando de pronto escuchamos unos golpes que provenían del interior del granero, nos pareció raro así que nos pusimos a pensar si valía la pena abrir la puerta o no -contó desde su punto de vista-. Luego oímos un golpe mucho más fuerte y ahí entonces nos metimos a mirar, y nos topamos con el-los dos intentando de liberar a la criatura.
-¿Liberando a la criatura? -aquello lo sorprendió.
-Eso parecía señor.
-Fascinante -exclamo esbozando una sonrisa de orgullo.
Se acerco y se arrodillo para mirarle fijamente a la cara.
-¿Como te llamas?
Discrepo de hablar con él, le odiaba de solo mirarle.
-Háblame -le exigió.
Mantuvo la firmada firme, sin pestañear siquiera.
Soltó un leve suspiro que indicaba que eso le molestaba.
-Si no quieres hablar, él lo hará.
Esa respuesta le extraño, de pronto escucho unos gemidos que parecían provenir de más atrás, se volteo mirando de reojo y observo que otro par de guardias estaban trayendo forzosamente a un individuo que apenas podía ver por la oscuridad del ambiente, lo empujaron y cayo al lado suyo. Le dolía de solo ver como le tiraban, el individuo alzo la cabeza revelando ser Ephraim, era el mismo, tenía una herida en la cabeza y le salía sangre de uno de los orificios de la nariz.
Le palpito el corazón al ver que le cogieron al también, lo que no quería que sucediese ahora estaba pasando de verdad y de mala manera.
-Le encontramos husmeando en mi mausoleo, lo había abierto -comento Vecket con molestia-. Cosa que me resulta muy rara porque el mausoleo solo se puede abrir si se tiene la llave. Mi llave -cambió su expresión a una de enojo, ahora saco su otra cara que no había manifestado hasta ahora-. Me resulta muy raro que ese viejo lo tenga, ya que nunca se ha acercado a mi en ningún problema, a menos que alguien os haya ayudado mientras no miraba, ¿quien crees que puede ser?
Le miró con desdén, no iba a responderle por muy sarcástico que se hiciese.
-No me respondas, se muy bien quien os ha ayudado -levanto la cabeza al frente y eso hizo un gesto con la mirada.
Ambos se voltearon observando que estaban trayendo a alguien más, lo empujaron como hicieron con Ephraim y lo tiraron al lado, pero en esta ocasión cayo sentado de rodillas, la luz de las antorchas iluminaron su cara. Era el doctor Vilas, llorando avergonzado e intentando de no mirar al grupo.
-Nuestro pobre amigo el doctor Vilas me lo ha contado todo, ha confesado que os ha ayudado y lo que planeabais hacer, una verdadera decepción, aunque ya me lo esperaba viniendo de él -soltó fingiendo su desprecio con una incredulidad cínica.
No sabían si lo que contaba era cierto así o no, pero miraron al doctor Vilas y podía notarse el arrepentimiento y la vergüenza en su cara. Evidentemente si les soltó algo y le tuvieron que dar una paliza para que soltase mucha más información.
-Lo siento -dijo, mientras escupía sangre de la boca.
-¿Sabéis que es lo más curioso de todo? -se enderezo echándoles una mirada cínica como de querer hacerse el gracioso-. Que yo ya me suponía que el doctor mentía.
Todos se extrañaron ante esa mención.
-Yo jamás me creí que el doctor os había dejado metidos en su sala de consulta para morir, era una forma demasiado fácil y predecible de contarme que él iba a hacer todo el trabajo y yo no. Lo cual resulta muy admirable, pero muy engañoso.
Ambos se miraron reconociendo que lo habían subestimado.
-¿Y sabéis como se que el buen doctor me estaba engañando? -se enderezo echando una mirada arcaica a todo el grupo, termino mirando con desprecio a Gorkit-. Porque me estaba mintiendo como la ultima vez que vi a su hermano con vida.
Aquello cabreo al doctor Vilas.
-Monstruo -reacciono levantándose de golpe y agarrando al Padre Vecket del cuello.
Dos guardias se acercaron y le agarraron alejándolo a empujones de él, lo tiraron de vuelta al suelo, otro se acerco y lo golpeo con una maza de hierro en el costado. Aquello le provoco un dolor mucho mayor que todos los golpes que recibió antes.
-Eh, dejadle en paz -protesto Gorkit defendiéndolo.
Se dispuso a levantarse, pero los guardias lo dejaron tirado donde estaba.
El Padre Vecket estaba inmune, seguía mostrando aquella mirada incrédula y vacilona como si no sintiese miedo alguno, tan confiado estaba de que no le pasaría nada que soltó una sonrisilla de estar divirtiendole todo este sufrimiento.
-¿Porque haces esto? -le pregunto el tío Ephraim.
-No -levanto el dedo-. Yo hago las preguntas primero.
Ambos se desalentaron, quería respuestas y no se las iba a dar tan fácilmente.
Se acostó con la rodilla contra el suelo y les echo otra mirada cínica de interés.
-¿Quienes sois vosotros? -le pregunto con tono de exigir una respuesta honesta.
-No somos nadie -declaro Ephraim.
-Eso no es verdad, vosotros dos os parecéis mucho -señalo a ambos trolls-, lo cual me hace pensar que sois parientes -volteo la mirada hacía Elfina-, pero ella es una elfa, lo cual me resulta demasiado curioso verla con vosotros.
Elfina rezongo malhumorada, no le gustaba que le mirase.
-¿Quien es? ¿Es vuestra esclava?
-Es una chica libre -protesto Gorkit.
Uno de los trolls le abofeteo por detrás en la nuca.
-Alto ahí -imploro Vecket dirigiéndose al troll que le abofeteo-, con sumo cuidado, no quiero que queden más dañados, perdería así todas las respuestas a mis preguntas.
Cada vez que escuchaban unos comentarios les parecía un chiste, no podía ser que aquel joven que estaba tan encaprichado con hacer que toda la gente se muriese, se preocupase ahora de que unos pocos trolls que no conocía no se muriesen o sufriesen la más mínima magulladura si no les parecía conveniente.
-Asumiré que la habéis rescatado, lo cual me parece normal, vosotros no parecéis ser el típico grupo que obtendría una elfa como esclava -opino cortésmente-. Pero hay una cosa que no entiendo, y tiene que ver toda con este follón que habéis montado.
Alzaron las cabezas, haciéndose a la idea de que ahora obtendrían respuestas a lo que querían saber desde el principio.
-¿Que era lo que pretendíais hacer vosotros cuatro en realidad?
-Irnos de aquí, con nuestro carro -soltó enfurecido Gorkit.
-Eso es verdad, pero hay otra cosa que no entiendo y es porque... -se acercó poniéndose delante de Ephraim-. Este hombre de aquí se metió en mi mausoleo.
Gorkit miro a su tío, supuso que encontró algo allí. Le echo rápidamente una mirada seria que indicaba que cumplió con su misión de encontrar lo que guardaba ahí.
-Todos los extranjeros que han venido por aquí desconocían de la existencia del mausoleo de mi familia, excepto tu -indico echándole una mirada acusadora-. ¿Quien te recomendó que debías ir, y porque te metiste?
Miro fijamente a su tío, queriendo saber con certeza que había pensado en algo que decirle, porque si le contaba la verdad de que fue el doctor Vilas, entonces ahí seguramente le castigaría todavía más que antes.
Alzo la mirada, dispuesto a decir algo con total franqueza.
-Me lo dijo un granjero que había en la entrada -confeso, mintiéndole.
Por dentro Gorkit suspiro aliviado, pero rápidamente pensó que no fue una buena idea, porque ahora Vecket se cabrearía aún más.
Vecket se rio para sus adentros.
-¿Sabe una cosa? A mi me gusta mucho portarme con paciencia, tener algo de calma en mi interior, para así no complicarme las cosas -argumentó hablando con un tono sereno como de parecer un individuo comprensivo-. Pero cuando eso no sucede, me temo que tengo que liberar una parte de mi que no me gusta, y no le gustaría que eso sucediese ahora mismo, ¿verdad?
No sabía si era una forma sutil de decir que se iba a cabrear como un loco o le estaba avisando de lo que pasaría si lo ponía hecho una furia, en tal caso era evidente que no se creyó ese comentario, estaba dispuesto a seguir con este interrogatorio como fuese.
-No, pero también le diré una cosa -terció Ephraim, no iba a continuar con su juego-. Puede actuar como un troll inteligente que sabe lo que hace, pero en el fondo ambos sabemos que no es así -Vecket mantuvo la mirada fija en él, pero se notaba que se estaba cabreando con su argumento-. Usted es solo un loco obsesionado de poder, que le encanta manipular a la gente, y si quiere que le diga la verdad, creyendo de que puede conmigo, se equivoca. He conocido a otros hombres como usted, incluso jóvenes se creen mejores que otros, siempre atacando con su falta de razonamiento, y ninguno de ellos consiguió nada, y lo mismo pasará contigo.
Todos se quedaron tensos, como si aquello fuese lo más comprensible y razonable que hubiesen oído nunca. Vecket se enderezo, parándose de frente ante él como si fuese un ancestro dispuesto a castigarlo con su ira furibunda.
-Pues si es así como ve, entonces no tengo porque fingir, ¿nó? -objetó.
-No -le confirmo con honestidad.
-De acuerdo, usted mismo lo ha impuesto -chasqueo los dedos.
El troll forzudo se acerco apretándole el cuello a Ephraim, era tan fuerte que lo levanto en el aire ahogándole mucho más rápido, los ojos de Ephraim se pusieron rojos de repente, se estaba asfixiando de verdad.
-Ey, déjale en paz -exigió Gorkit.
Vecket ignoro sus reproches, se quedo mirando mientras esbozaba una sonrisa perversa que dejaba constancia de su malicia.
-Sueltele -se harto y se levanto dispuesto a ir por él. Los dos guardias troll le cogieron de nuevo y le sujetaron con tanta fuerza que ahora no podía moverse.
Vecket se rio, disfrutando de la caótica situación.
-Lo siento mucho chico, se que te parece mal que haga esto, pero debes entenderlo, tu amigo me ha soltado una respuesta demasiado honesta, no tengo ningún problema con ello. Pero su respuesta ha sido muy poco asertiva, lo cual eso implica que debo castigarle para que entienda lo que sucede cuando utiliza unas palabras tan poco vanidosas como las que ha usado contra mi -argumentó actuando de forma honrada para que viera que no se lo tomaba como algo personal, pero en realidad si lo hacía, ya que cometer un acto tan semejante, era perpetrado a causa de una mala humillación.
Ephraim comenzó a salirle baba de la boca, le estaba costando respirar más, si continuaba así se moriría asfixiado. Tanto tío como sobrino se miraron al reconocer que no podían ayudarse mutuamente, sentían que era el fin para ambos.
Elfina los miraba consternada, lloraba ante la idea de perder a los dos únicos hombres que le habían ayudado hasta ahora. Ni siquiera tenía fuerzas suficientes para hacer algo, el golpe que le propinaron antes la dejo atontada, eso provocaba que no pudiese actuar salvajemente como antes, estaba vulnerable y sin posibilidad de luchar o combatir contra aquellos que perpetraban este tipo de violencia.
El doctor Vilas quedo indeciso ante lo que sucedía, ver como aquellos dos forasteros estaban sufriendo ese castigo le hizo darse cuenta de que les había fallado, no solo eso, a su hermano, y a si mismo. Todos los que conocía estaban muriendo, y sin que él no pudiese hacer nada, o quizás si. Quizás si podía hacerlo, pero solo si daba un paso al frente y dejaba de esconderse de sus propios traumas.
-¡Basta! -bramó.
Se hizo el silencio en el ambiente.
Todos miraron hacía el doctor, abrumados ante esa reacción.
-Yo lo hice -declaro-. Yo les dije lo que debían hacer, yo les dije que debían de robar, yo les dije donde debían meterse. Todo fue obra mía.
Los tres quedaron atónitos al ver que confeso, no se lo esperaban, y encima lo dijo como si no tuviese el más mínimo miedo a echárselo en cara. Lo cual esto era un indicativo de que esta situación le superaba tanto que soltó todo lo que se había estado aguantando durante mucho tiempo.
Vecket gimió intrigado, se coloco delante de él. Vilas alzo la cabeza mirando con resentimiento al joven sacerdote, no tenía fuerzas para decírselo, pero viendo que esbozaba en su boca esa sonrisa tan descarada y picarona de siempre, no pudo evitar recordar el mal enojo que ya le tenía desde antes.
-Lo admito todo Vecket, ¿y sabes porque?
No contesto, se quedo mirándole con indiferencia, como si estuviese dispuesto a no sorprenderse por cualquier cosa que le soltase, tanto honesta como asertiva.
-Mi hermano tenía razón, en cuanto te obsesionaste con esas ideas tuyas, de un mundo donde lo único que importa es vivir de la muerte, sabía que todo acabaría mal, se intuía que te pondrías a manipular a todo el mundo para que así te siguiesen y pudieses hacer lo que te de la gana -soltó una pequeña lagrima de su ojo-. Pero había una cosa que jamás se imagino, y fue el hecho de saber que te pondrías a quemar a aquellos que se opusiesen a tus ideales -arremetió ferozmente contra él-. Quemaste a mi hermano, porque sabías que él estaba contra ti y que haría lo que fuese por detenerte.
Todos quedaron indecisos al escuchar eso, ya lo habían oído antes, pero ahora que lo decía con esa sinceridad mezclada con rencor, se entendía perfectamente porque le dolía tanto, su hermano pudo ser el héroe que hubiese salvado a todo el pueblo de las manipulaciones, pero por infortunio del destino no fue.
Vilas resoplo con fuerza, se sentía aliviado por haberlo dicho.
Vecket se quedo mirándole, con la misma mirada de indiferencia que antes, ambos se miraron confundidos ya que no comprendían si le había prestado atención a todo lo que dijo, o lo hizo y se quedo asimilando para saber como reaccionar. Ya que de una respuesta así era evidente que respondería de una forma poco eficiente.
De pronto reacciono, riéndose con incredulidad.
Quedaron con los ojos abiertos, no esperaban esa respuesta.
-Al final lo has dicho -contesto echándole una sonrisa de descaro.
-¿Que?
-Siempre supe que me guardabas algo de rencor por haber matado a tu hermano, jamás me creí que estuvieras siguiéndome la corriente.
Aquello dejo confundido a Vilas, se sentía como si le hubiesen tomado el pelo.
-Pero no lo entiendo, ¿entonces porque no hiciste nada? ¿Porque no me manipulaste como hiciste con los demás? -le pregunto con duda.
-¿De verás crees que los he manipulado con palabras?
Quedaron más extrañados todavía, sentían que todo había dado un giro de los acontecimientos tan rebuscado que ahora no entendían nada de lo que sucedía.
Vecket echo una mirada rápida a otro de los guardias trolls, este se acerco trayendo consigo la mochila de Ephraim, la abrió y saco la gema verde, en cuanto toco su mano comenzó a brillar como un sol verdoso que casi los dejo cegados. Los tres quedaron perplejos al ver eso, excepto Ephraim, que la había descubierto primero.
-¿Sabéis que es esto? -les acercó la gema.
Ninguno supo responder.
-Esto... es lo que me ha permitido controlar a toda la multitud.
-¿De que estás hablando? -le pregunto Gorkit, ahora le parecía el mejor momento para preguntarle todo y así resolver todas las dudas que tenían.
-Veréis, esta rara gema, aparte de ser hermosa a la vista, contiene un poder extraño, pero peculiar. Si la miráis bien, te permite ver cosas que nunca han sucedido, detalles que son importantes, o presagios de futuros sucesos que podrían alterar nuestras vidas de maneras que jamás podréis conocer -argumentó mientras miraba fijamente la gema, como si no pudiera separarse de su luminiscente brillo-. Es simplemente magnifico.
Ambos se miraron perplejos al descubrir eso, pero eso no quitaba el hecho de que había un cierto aspecto de esa gema que no resolvía sus dudas.
-Pero no lo entiendo, ¿que tiene que ver, lo de ver el futuro con manipular a la gente? -pregunto Ephraim intentando de unir esos dos hechos.
-Veréis, aparte de esta gema, existen dos gemas más.
-¿Dos gemas más? -parafraseo sorprendido Gorkit.
-Si, hay dos gemas que tienen la misma habilidad, pero resulta que existe un método que permite alterar sus efectos para hacer algo que hasta ahora muchos desconocen -miró de nuevo la piedra, como queriendo que le mostrase algo-. Resulta que si dejas la gema oculta en un lugar oscuro, alejada de la gente, y si la usas bien y te concentras unicamente en ella, te proporcionará el poder de controlar a todo individuo de mente debil incapaz de defenderse o razonar -argumentó ovacionándose como si fuese un mago que exponía sus secretos ante todo un público.
Todos se miraron intentando de asimilar esa respuesta, eran tantos los detalles que no tenían ni idea de como procesar todo ese entresijo que se había creado.
-¿Individuos de mente débil? -cuestiono Ephraim esa frase.
-Veréis -se arrodillo contra el suelo mirándolos a ambos con interés de querer contarles lo que hacía-. La gema en si no puede controlar a toda una población, pero si puedo crear un aura, como un campo de magia que infecte a cualquier persona que tenga un coeficiente muy bajo de la media, alguien que no sea capaz de defenderse o siquiera pensar de forma moral. Alguien a quien se le pueda manipular fácilmente para que así no se de cuenta del mal que este cometiendo -dirigió la mirada hacía los guardias, indicando que ellos estaban siendo manipulados a causa de tener una mente débil.
Volvieron a mirarse, reconociendo que ahora se entendía mejor.
-¿Entonces eso significa que cuando entramos al poblado, no quedamos manipulados por los poderes de la gema -asimilo concretamente Ephraim.
-Aparentemente no, vosotros sois listos de verdad, lo cual es una decepción -objetó bajando la cabeza con molestia.
Ambos se miraron aliviados al cerciorarse de que si no fuese porque eran inteligentes y eran capaces de razonar, ahora mismo hubiesen acabado metidos en el pueblo sin tener la voluntad de poder salir, y quizás los habrían incinerado a la hoguera también. Vilas se quedo también aliviado de que no les hubiese pasado nada con ese asunto, pero eso no quitaba el hecho de que aún tenía sus dudas sobre un problema que tenía que ver con toda su historia.
-Pero entonces si sabías que yo no estaba siendo manipulado, ¿porque no me sacrificaste a la hoguera como hiciste con los demás? -pregunto intentando de resolver ese problema que ahora le carcomía.
Vecket resoplo con incredulidad, se enderezo y le dijo:
-Yo conocía personalmente a tu hermano, era un hombre con agallas, difícil de tratar, cuando empece a difundir mis ideas, el fue uno de los primeros en protestar -comento demostrando que el asunto con su hermano era mucho más complejo de lo que parecía-. Siempre creí que ambos os uniríais para detenerme, pero eso jamás paso. Y cuando acabe con él en la hoguera, tu no hiciste nada, te quedaste mirando como un cobarde como tu hermano se moría en la hoguera.
Aquello lo ultimo le daño en el alma.
-Yo jamás me creí que fueses tan débil y cobarde como para no intentar de vengarte de mi. Te deje vivir porque esperaba que liderases a otro grupo de opositores, como hizo tu hermano -esbozo una mirada de negación en señal de que le parecía una molestia que no hubiese actuado como él quería-. Pero tampoco lo hiciste, jamás hiciste nada para detenerme, te quedaste aquí viviendo como un nómada inútil.
Vilas bajo la cabeza reconociendo esa verdad, pudo haber hecho mucho más, pero no lo hizo, se quedo viviendo en el pueblo sin nada que hacer.
-¿Porque te importa tanto que lo haya hecho? -le reprocho Gorkit.
-Porque si decidía actuar, entonces daría ejemplo de lo que sucede cuando alguien se impone ante mi, y ahí entonces podría dejar de seguir manipulando mágicamente a la gente, porque quedarían tan decepcionados de ver como el ultimo hombre en quien podían confiar acabo muerto, que ya no tendrían ningún tipo de esperanza o siquiera la voluntad suficiente para pensar de otra manera que no fuese la mía -declaro, demostrando que ya tenía todo un plan maligno ideado desde el principio.
Ambos se miraron reconociendo que era más maquiavelico de lo que creían, no solo los estaba manipulando con magia, sino que estaba utilizando el miedo para confundirles para así ganarse su aprobación con mucho menos esfuerzo que antes.
-Eres un monstruo -exclamó enfurecidamente Gorkit.
-No -achacó Vecket esbozando una mirada de malicia exagerada-, el único monstruo que hay aquí es aquel que está encerrado en el granero.
-¿Que? -quedo confundido ante esa mención.
-¿Lo has visto cierto? ¿Entonces te harás una idea de donde he sacado esa gema? -objetó mostrandole de cerca la gema para que entendiera de que se trataba.
Gorkit la miró de nuevo, era una gema preciosa, y muy brillante, tanto que le hacía recordar algo que había visto hace poco y de la que se asemejaba mucho.
-Un momento, eso no es una gema, es un ojo -declaró perplejo.
-¿Un ojo? -cuestiono Vilas.
Miró a los otros dos.
-Un ojo de dragón -añadió seriamente.
-¿Que? -reaccionaron todos al mismo tiempo.
Vecket se rio incredulamente.
-Tiene a un dragón, vivo, encerrado en el granero como si fuese un chucho, y esa gema es uno de sus ojos -volteó seriamente la mirada-. Esa cosa fue la que mato a todos los que intentaron de colarse en el granero, los quemo vivos.
Ambos dirigieron la mirada a Vecket, perplejos al no poder creerse que todo lo que estaba pasando, se basaba en el hecho de que tenía a un dragón. Elfina se puso a refunfuñar mosqueada por esa revelación. Para ella, los elfos eran una de las pocas razas que respetaban a los dragones, y el solo hecho de saber que existía uno de ellos, vivo en cautividad, le ofendía demasiado como para no poder soportarlo.
-¿Como has podido hacerle eso a esa pobre criatura? -le pregunto, consternado ante la idea de que le hubiese torturado para arrebatarle el ojo.
-Yo no se lo hice -comento.
-¿De que estás hablando? -critico Gorkit, harto de tener que entender cosas que cada vez le parecían más frívolas, ya no le encontraba sentido a nada.
Hizo un gesto con los dedos dirigido a su escolta de guardias. Se dio la vuelta e inmediatamente los guardias forzudos cogieron al grupo y los levantaron de pie. Les agarraron y se los llevaron arrastrándoles a empujones. Se quejaron ante la forma tan mal-gana que tenían de llevarles, como si no pudiesen andar por cuenta propia.
Los llevaron al interior del granero, encendieron unas antorchas que habían colocadas sobre las columnas que mantenían sostenido el techo, ahora se podía con mayor detenimiento la cantidad de muebles que llenaban el granero, habían tantos como animales eran una granja, para Gorkit y Elfina no le sorprendían para nada, ya se hacían una idea, pero para Ephraim y Vilas era peor, les parecía un horror tener que imaginarse que cada uno de esos muebles pertenecían a gente del pueblo que seguían existiendo pero no hacían nada para recuperarlas, o estaban muertas. Les llevaron al fondo y ahí el dragón asomo la cabeza, rugiendo como un salvaje.
Ephraim se asusto, no se la esperaba, pudo ver con detenimiento al dragón, era rocoso, como si estuviese hecho de las rocas de una montaña, y desprendía una fuerte pero tenue luz verde esmeralda a través de su único ojo, que usaba para mirarles fijamente con intención de amenazarles.
-Jamás supuse que hubiese una criatura de ese tipo aquí metida -opino Vilas desconcertado ante semejante descubrimiento.
-Lo se, él se aseguro de que nadie más lo supiese -reafirmo Vecket.
-¿Se aseguro, quien?
Les echo una mirada asertiva.
-Mi padre -declaro.
-¿Tu padre? -critico Vilas-. Imposible, yo recuerdo que tu padre fue un buen líder, uno incapaz de hacer daño a una mosca.
-Y lo era, pero también mostraba una faceta que pocos conocían, una llena de angustia e interés por lo oculto, ese fue el padre que me crio, el único que conocí -declaro asintiendo con un tono compasivo que dejaba constancia del respeto que le tenía.
Ambos se miraron sintiendo que se habían equivocado con sus teorías, no se volvió loco por la magia, sino por la educación que recibió.
-¿Entonces tu padre retuvo a ese dragón todo este tiempo? -objetó Gorkit.
-Si, y yo continuo con su trabajo desde entonces.
-Pero eso no tiene sentido, jamás nadie sospechoso que tuviese a esa pobre criatura aquí metida, y jamás mostró un faceta diferente a la que siempre postraba -cuestiono Vilas intentando de darle ese sentido a ese hecho tan irresoluble.
-Lo se, pero es lo que todo el mundo necesitaba creer -añadió, caminando hacía el dragón mientras se mostraba firme y con confianza, como si le diese miedo alguno postrarse delante sin esperar a que lo quemase.
Ambos se miraron, de nuevo teniendo esa sensación de que ya nada tenía sentido.
-Veréis -explicó mientras daba pequeños al unisono-. Hace unos años, cuando Kaos tomo el poder de Trollia, todos nosotros como no, tuvimos miedo de no saber que supondría tener un nuevo líder cuyo poder había sido concedido a causa de la magia oscura. Pensamos que sería una maldición impuesta por los ancestros, para castigarnos por haber sido unos malos trolls. Pero mi padre pensó lo contrario, se sentía entusiasmado de tener un nuevo líder así, le gustaba la idea de la magia oscura, y del potencial que podría ofrecer a esta tierra de seres tan primitivos -les echo una mirada incrédula para señalarles que ellos eran un ejemplo de criaturas inferiores.
Se lo tomaron mal, pero lo ignoraron.
-A causa de eso, inicio una búsqueda por descubrir cualquier cosa relacionada con ese tipo de magia, algo que le sirviera de utilidad. Busco de pueblo en pueblo, hasta que halló a unos piratas que habían encontrado algo semejante -dirigió la mirada hacía el dragón, del cual le miraba con un ceño fruncido en señal de rencor.
Elfina se enfureció, cuando más cosas descubría sobre lo que le habían sucedido a ese dragón, más la ofendía. Gorkit le echo una mirada precavida, para que comprendiese que no podía reaccionar ahora.
-Al parecer esos piratas habían entrado en una caverna custodiada por molekins, lo estaban cuidando, pero lo atacaron y lo capturaron. Mi padre se intereso por él, y como quería que fuese suyo, se lo compro a unos piratas con la suma de todos los ahorros que había guardado para todo el pueblo.
Eso despertó el cinismo de Vilas.
-Espera, ¿estás diciendo que fue la razón por la que nos quedamos sin dinero? -protesto dirigiéndose hacía Vecket con frustración.
Le miro cínicamente de reojo.
-¿Que quieres decir? -le pregunto Gorkit con curiosidad.
-Durante todo los años, ahorramos un dinero que luego usamos para cuando viene el invierno, como no hay cosecha por culpa del frio, nos quedamos sin comida, y la única forma de tener suministros es usar ese dinero para comprar la comida a un grupo de granjeros que nos ayudan durante ese tiempo -explicó con desdén-. Pero hubo un invierno que nos quedamos sin dinero, y como no pudimos pagar nada, un grupo tuvo que hacer una expedición a buscar comida en sitios inexplorados. Obtuvimos comida, pero murieron unos cuantos durante el viaje.
Ambos se miraron perplejos al descubrir esa historia.
-¿Y porque fue que os quedasteis sin dinero? -continuo Ephraim.
Doblo la mirada y miró a Vecket con impunidad.
-Su padre dijo que alguien les robo y se llevo todo el dinero, habían pruebas de que había ocurrido justamente eso. Pero siempre quedo la duda de saber adonde fue a parar todo ese dinero. Ahora se porque.
Miraron a Vecket reconociendo que él no solo era el problema, también fue su padre quien les mintió y se aprovecho del pueblo que debía cuidar.
-¿Como pudo hacer eso?
-Mi padre no quería hacerlo, pero el sacrificio valió la pena.
-¿Que valió la pena? ¿Por él? -miró al dragón.
Echo un rugido salvaje que resonó por todo el lugar, de alguna manera se notaba que el dragón escuchaba la conversación, y lo que decían le molestaba bastante.
-Por tu culpa murieron un montón de jóvenes que tenían un futuro prometedor en el exterior, tu padre les arruino la vida, nos arruinaste la vida a todos -protesto Vilas poniéndose más eufórico que antes, esto la ocasionaba más indignación que todas las demás cosas que había descubierto por el momento.
Se levanto de golpe y los guardias lo arrodillaron de nuevo contra el suelo.
-Mi padre jamás se sintió muy orgulloso de lo que hizo, le importaba más la gente del pueblo que a su propio familia, pero en esa ocasión tuvo que cometer un sacrificio altruista con tal de obtener algo que ansiaba desesperadamente -levanto la gema y la alzo para que la viera el dragón, este gimió absorto ante lo que tenía delante-. Cuando lo trajo aquí, experimento con él para descubrir si poseía alguna cualidad mágica, su piel era dura como una roca, pero eso no le servía, excepto las gemas que tenía como ojos, vio un potencial en ellos, pero como no quería matarlo, decidió arrancarle uno de sus ojos, para que así por lo menos pudiese saber que alguien le controlaba.
La tensión en el ambiente se crispo en mayor medida.
Vecket apretó fuertemente la gema, provocando que esta vibrase, como si estuviese apunto de eclosionar como un huevo de mamífero. Comenzó a brillar con un tono oscuro verdoso, el dragón lanzó unos gemidos de dolor mientras se tiraba en el suelo y postraba una mirada triste y de impotencia.
Elfina se aterró tanto que echo la mirada hacía abajo, Gorkit se acerco y dejo que apoyase su cabeza sobre su pecho, miró bien al dragón, pudo entender lo que ocurría, ella sabía lo que pasaba. El ojo aún seguía conectando a la propia criatura, y al apretárselo, esto le provocaba un dolor inmenso que lo dejaba inerte. El dragón se acurruco en su establo mientras se tapaba la cara con vergüenza. Vecket sonrió entusiasmado, le divertía verlo sufrir. Lo soltó y el tono verdoso de antes regreso a la gema, el dragón se recupero, abrió su único ojo viendo que todo el dolor finalizo.
Todos quedaron perplejos ante lo ocurrido.
-Gracias a eso esta cosa jamás escapo, o siquiera intento de atacarme, ¿y sabéis porque? -se acercó de nuevo al grupo-. Existen dos tipos de dragones, unos son los poderosos, los leales que tienen conciencia, y otros son los nonatos, los especímenes pequeños cuya mente apenas ha sido desarrollada del todo.
-¿Entonces estás diciendo que ese dragón es un bebe? -asimilo Ephraim.
-Lo es, pero los dragones de este tipo tienen un crecimiento más lento, lo que implica que para este estado es un nonato, pero para dentro de treinta años, o quizás más, acabe desarrollando la inteligencia suficiente para darse cuenta de lo que sucede, o de pensar por si mismo -argumento esbozando un cierto tono indulgente que dejaba claro que no le gustaba la idea de que creciese-. A menos claro que no llegue a desarrollar su mente en un estado tan cautivo como en el que está ahora.
Ephraim quedo absorto ante su arrogancia.
-Eres un monstruo -exclamó abrumado ante tanta crueldad-. Pero... ¿porque haces todo esto? ¿Porque toda esta maldad?
-¿Queréis saber porque? -accidentalmente apretó la gema provocandole más dolor al dragón, lo soltó, ignorando que se estaba pasando de la raya-. Mi padre se dio cuenta de que si Kaos iba a ser el nuevo líder de Trollia, y si su poder oscuro nos iba a llevar a la conquista sobre las demás naciones de Skylands, como siempre quisimos, entonces debíamos apoyarle de la única forma que sirviese de mejor utilidad.
-¿Que quieres decir? -pregunto Vilas.
-Cuando mi padre comenzó a experimentar con él, la gema le mostró su futuro, creía que le mostraría un futuro digno de su nombre, pero en vez de eso lo que vio fue una pesadilla -soltó con voz atronadora, el sonido de un rayo les asusto como si se tratase de un golpe demoledor, lo ignoraron, pero quedaron exaltados ante esta situación tan abrumadora-. Vio un mundo de tinieblas, dominada por seres de la oscuridad, los mismos seres de la oscuridad que un tiempo atrás el dragón Malefor soltó por todas las islas con tal de matar a todo ser viviente que se opusiera a su nuevo orden,
Ambos se hicieron hacía atrás aterrados ante esa declaración, les resultaba imposible creer eso, parecía un disparate, pero si era cierto que vio eso a través de la gema, entonces quizás existía la posibilidad de que fuese autentico.
-¿De veras te mostró eso? -le pregunto Gorkit, asustado ahora por creer que volvería a repetirse la misma historia.
-Nunca le quedo claro lo que vio, pero le aterro tanto lo que presencio que le cambio la vida para siempre, nunca volvió a ser el mismo, se obsesiono con ese te-mor a que todo acabase, a causa de eso cambió su plan por uno nuevo.
-¿Y cual era? -pregunto cínicamente Vilas.
-Si el mundo iba a volverse de tinieblas otra vez, entonces nosotros debíamos prepararnos para cuando eso sucediera -se acercó dando pasos lentos mientras abría los ojos esbozando una expresión desquiciante, se tomaba de una forma muy vacilante todo ese argumento-. Se le ocurrió un plan, para convertirnos en seres de la oscuridad, pero no como hizo Malefor al principio. No. El tuvo un plan mucho mejor.
-Mucho mejor que arruinarle la vida a los demás -achacó Gorkit.
Vecket se rio, ignorando ese comentario con una incredulidad descarada.
-Mi padre descubrió un método, el que ya os conté, pero hay algo que no sabéis.
Volvieron a quedar intrigados, era tan interesante la historia que estaba contando, que se habían olvidado por completo de que los tenían retenidos por la fuerza.
-Para cometer ese método, primero hay que dejar la gema guardada en un lugar oscuro, alejado de la gente, pero si rodeada de los fallecidos que un tiempo atrás significaron algo para una multitud importante, ya que para cometer este tipo de magia hay que ir en contra de la vida, y prestarle atención a la muerte -se acercó a uno de los rincones oscuros del granero, alzo la mano y la gema brillo con un tono de verde distinto, una mezcla entre gris y fucsia oscuro.
Quedaron impresionados con ese detalle, pero no les sorprendía, se cuestionaban que solo con eso sirviese para alterar la gema. Menciono que esa era la primera acción que se debía cometer para alterarla, lo que significaba que había otra parte, otro truco, y ese seguramente sería uno más importante que todo lo que argumentó anteriormente.
Aparto la gema de la oscuridad y volvió a brillar con normalidad.
-Eso es lo fácil, lo segundo es peor -declaro con seriedad.
Evidentemente fue lo que se imaginaban, había algo más.
-Una vez que se ha dejado expuesta ante la muerte, la ha experimentado, la ha saboreado, y se ha adherido a ella como un parasito, se le puede cambiar su orden natural -abrió los ojos como si estuviese experimentando algo milagroso, era una locura verle en ese estado ya que parecía creerse cualquier calamidad-. Pero el resultado no es permanente, sus efectos pueden variar en determinados momentos, y la única forma de hacerlo es aceptando el peor comportamiento posible.
-¿Que quieres decir? -pregunto Gorkit, haciéndose a la idea de que la ultima acción consistiría en cometer un acto terriblemente cruel.
-La gema reconoce la muerte, pero existe un mal mucho peor que la muerte misma, uno que tiene que ver con la empatía, con la compasión, con sacrificar aquello que uno más desea -miró de nuevo la gema, como si viese en ella algo que le hiciese recordar-. Para alterar su orden de forma permanente, la gema debe también absorber la sangre de una vida entregada al sufrimiento, a la desgracia, pero para hacerlo debe ser arrebatada por la única persona conocida que jamás le haría daño.
Ambos se miraron sintiendo que la respuesta era muy obvia, pero les daba tanto pánico reconocerlo que no pudieron evitar sentir ganas de que él lo corroborase.
-Mi padre sabía que jamás podría controlar a todo el pueblo, él no estaba tan loco, pero si para pedirme un ultimo favor -alzo la mirada esbozando una expresión de indiferencia que no había mostrado hasta ahora-. Me pidió que le matase.
