Capitulo 16

No tenía noción del tiempo, no sabía qué hora era, si era de día o de noche. En aquel calabozo solo reinaba la oscuridad y si quería ver algo solo debía de hacer presión a las cadenas. Pero la luz solo alumbraba poco, era débil y no pasaba más de mis pies...

Tenía sed, mucha. Pero podía soportarla, lo que no sabía era hasta cuanto tiempo. Yo no quería saber que era lo que nos pasaba si no nos alimentábamos cada cierto tiempo. Tenía miedo de imaginar que era lo que me pasaría... cosas horribles pasaban por mi mente y estaba consciente de que me estaba volviendo loca por la incertidumbre y el hambre.

En esos momentos mi única salida era pensar en otra cosa. Y eso era en Edward.

Aunque sus recuerdos me era peor de dolorosos que mi garganta llameante, era lo único que me mantenía cuerda. Me mantenía con los pies en la tierra, y siempre me decía que era mejor que yo estuviera padeciendo esto que él... o peor aún, que toda la familia.

Cerraba mis ojos y enfocaba el rostro de Edward. Desde que me había marchado este siempre se mostraba triste tras mis parpados. Pero ahora se veían feroces, enojados... lo extraño era que no eran dirigidos a mí. Parecía que estaba a punto de abalanzarse hacia el frente, a punto de matar lo que fuera que estuviera detrás de mí.

Llegada a esta instancia me consideraba oficialmente loca. Si es que un vampiro puede volverse loco... No entendía como era que podía ver a Edward enojado conmigo, o triste por mi traición... eso no era de una persona normal...

Además, Edward debía de estar molesto conmigo, él no podría estarme extrañando ni mucho menos preocupado. Esa mirada que ahora podía ver en sus ojos debía de estar enfocada en mí, no en otro...

Suspirando alejé aquella imagen y traté de concentrarme en otros recuerdos, en viejos recuerdos, donde solo estábamos Edward y yo... en nuestro prado, sentados junto al piano donde él me tocaba aquellas melodías que componía solo para mí... o cuando me enseñaba a tocarlo, primero con canciones fáciles, luego con unas un poco más complicadas, hasta que finalmente tocábamos los dos una canción completa...

Yo no podía componer, no sabía cómo, me era complicado. Edward se reía y decía que era lo más fácil del mundo. Él solo cerraba sus ojos y dejaba que sus dedos se movieran solos por el teclado, e increíblemente las melodías aparecían, se unían y terminaban creando una dulce y tierna melodía, en la que Alice y Esme se peleaban para tenerla.

Sonreí al recordar a Alice, aquella pequeña vampira maníaca de las compras. Ella era sin duda mi mejor amiga, siempre lo había sido, desde que me abrió la puerta hasta el día que se ofreció a organizar la boda. Ella si debía de estar triste por mí, ella no era capaz de enojarse ni guardarle rencor a nadie. La conocía, y ella si era mi amiga fiel.

Esme ¿cómo no recordar aquella mujer tan dulce? Ella era toda una mama amorosa. Era la mejor. Su amabilidad y amor hacia sus hijos, hacia su esposo. Ya quisiera haberla visto en su pasado, cuando tenía su hijo, puedo imaginarla con total adoración en su rostro al cargar a su bebe... era una lástima que las cosas terminaran como terminaron, pero la vida no solo le quito a su bebe y su vida. Si no que le regaló cinco hijos más, una vida eterna y un hombre que la ama con el corazón...

Carlisle, Emmett, Rose y Jasper. Todos eran importantes para mí, eran mis hermanos y mi padre. Ellos eran mi familia y a pesar de que ellos quizás me odiasen, estaba feliz por la decisión que había tomado. Esto debía de ser así.

Recordarlos a todos, a cada uno de ellos me daba fuerza para tratar de seguir adelante, esperando mi momento para poder salir de aquí y matar a Sebastian. Sería difícil, y quizás moriría en el intento, pero no pretendía morir si él seguía vivo, lo arrastraría conmigo. Si para eso debía de tirarme con él al fuego, lo haría.

-¿Durmiendo?- cuestionó con burla- ¿Así que si no nos alimentamos, dormirnos?

Abrí un ojo y lo miré con odio, él se carcajeó y se recostó en los barrotes, estos se iluminaron un poco. Me recosté en la pared y crucé mis brazos.

-¿Que se te ofrece?- pregunté clavando mi vista en él.

-Oh, esto es nuevo- abrió los ojos con fingida sorpresa-. Ha pasado ya mucho tiempo sin alimentarte y tú estás como si nada. Es increíble... oh, no... Espera- se acercó aun más y estrechó sus ojos.

Siempre hacía lo mismo. Siempre venía a mi jaula y me molestaba.

Desde que le había dicho que no me uniría a él, no paraba de bajar cada cierto tiempo y molestarme con sus comentarios sarcásticos, ofensivos y burlones.

No sabía qué aspecto tenía, pero era obvio que para él era satisfactorio, como una condena por haberme negado a su petición.

-Tus ojos están completamente negros, la pupila totalmente dilatada- me describió entre susurros-. Tus pómulos están hundidos y la piel mas pálida de lo normal... qué decir de tu cabello, parece paja, opaco y sucio, nada cuidado y desordenado... Y el vestido- suspiró y negó con la cabeza-. Era de un diseñador famoso, ahora está hecho mierda.

-¿A eso vienes? ¿A joderme?- gruñí e intenté moverme, pero las cadenas de retuvieron- ¿De que están hechas estas cosas?- inquirí sacudiéndolas.

El rostro de Sebastian se volvió serio y ladeo la cabeza.

-Son los dones de los gemelos- dijo con seriedad-. Ellos eran herreros en su antigua vida. Ahora lo siguen siendo.

-¿Qué clase de don es ese?- cuestioné sin entender.

-Bueno... un don un poco asqueroso, para mi gusto- arrugó la nariz-. Los amos están encantados y tú has sido la primera en usarlos.

-¿Por qué asqueroso?- si Sebastian no estaba interesado en esos poderes, eso significaba que no eran muy útiles, no para él.

-Ellos toman la sangre de los licántropos para forjar las cadenas y barrotes- se rió-. También utilizan sus huesos. La ponzoña mezclada con la sangre de los lobos es una buena combinación.

Mi cara debió de ser todo un poema ya que Sebastian se rió a carcajadas.

Lo que me había dicho era totalmente asqueroso. Es decir, matar a los hombres lobos y usarlos como herramientas para mantener atado a un vampiro. Era increíble y repugnante a la vez.

-Dejemos de hablar de esos gemelos antipáticos y hablemos de nosotros- se enderezó y me miró desde arriba- ¿Has cambiado de opinión?

Y esa era la pregunta que siempre hacía cuando venía. No sabía para que él me quería en su grupo, bueno... no era un grupo, solo era él, y yo, si aceptaba. Es decir mi poder era insignificante para él, no lo ayudaría en nada.

-No- dije e hice que mi voz temblara ligeramente.

-Quizás te falte más tiempo- me sonrió y comenzó a marcharse.

-¡Espera!- le grité y me acerqué lo que más me permitían las cadenas.

Él se detuvo, sin mirarme, esperando a que hablara.

-¿Por qué yo?- pregunté con verdadera curiosidad- ¿Por qué me quieres a mí en tu rebelión?

-No quiero a otra- murmuró y se marchó.

Me quedé nuevamente en la oscuridad, sola. Me senté nuevamente y traté de pensar en la actitud tan extraña de este vampiro psicópata.

Yo no lo conocía, desde que había llegado al castillo muy pocas veces me lo había topado. Por lo que tenía entendido, él tenía una parte especial del castillo solo para él, donde entraban los amos y quien él permitiera la entrada. Aquella zona estaba restringida y alejada de todos nosotros. Nunca había tenido la necesidad de ir y ver. Pero la mayoría de las vampiresas se perdían por días y los rumores decían que estaban en los aposentos de Sebastian.

Tampoco se presentaban en los entrenamientos que hacía la guardia. Solo lo había visto en las tribunas cuando me tocó pelear a mí. En cada uno de mis entrenamientos él había estado, y eso molestaba a Felix, según él decía que Sebastian estaba interesado en mí.

Recuerdo que siempre que nos topábamos con él en los pasillos, Felix gruñía y me arrastraba lejos de Sebastian, él solo contestaba con una risita o un giño.

Fruncí el ceño y me crucé de brazos, haciendo que las cadenas tintinearan. Si lo que Felix dijo es cierto, entonces yo podría agarrarme de aquello... Entonces sería más fácil para mí manipularlo.

Con renovadas esperanzas de poder salir de aquí sonreí en la oscuridad y esperé a que el tiempo pasara rápido...

.

.

.

El tiempo pasó, y nuevamente no tenía noción de cuánto. De lo que sí era consiente era del ardor en mi garganta, cada vez era peor, mucho peor. Parecía que se había multiplicado cuando vino Sebastian la última vez.

El ardor no me dejaba pensar con claridad, cada vez que intentaba pensar en mi familia una punada atravesaba mi garganta haciendo que soltara un grito y me revolviera en el suelo.

Poco a poco el ardor se esparcía por mi cuerpo, como cuando me transformaron. Mi cuerpo se agitaba y me era peor mantenerme cuerda ¿Acaso moriría? ¿Esta era una nueva forma de morir? Éramos inmortales, pero quizás la falta de sangre nos mataba, del mismo modo como cuando nos transformamos.

El ardor era insoportable, me impedía respirar y aunque era innecesario para mi sistema muerto, pero sentía que me ahogaba, que me asfixiaba. Llevé mis manos al cuello buscando lo que impedía que respirara, pero no encontraba nada. Sin embargo mis uñas rascuñaban la piel, buscando de algún modo liberar el fuego y dar paso al aire.

Unas manos extras tomaron las mías y las apartaron de mi cuello, poniéndolas a cada lado de mi cabeza. Grite de frustración y moví mis piernas para tratar de golpear a quien estuviera molestándome. Mi agresor soltó una maldición cuando una de mis piernas lo golpeó. En seguida se puso sobre mí, deteniéndome por completo.

-¡Suéltame!- grité removiéndome.

Sus manos subieron las mía por encima de mi cabeza, sosteniéndome con una sola mano, para dejar libre una. Me concentré en quitar mis manos hasta que el olor a sal y oxido. Dejé de moverme y mi cabeza voló hacia adelante.

Era sangre, dulce y saciadora sangre que estaba a unos centímetros de mi cara. Mi cuerpo se relajo solo un poco con el olor.

-¿Quieres verdad?- preguntó quien estaba sobre mí.

No la identificaba, la escuchaba como si estuviera muy lejos.

Asentí con frenesí y relamí mis labios, la boca se me llenaba de ponzoñosa por la anticipación de sentir aquel liquido rojo calmando el fuego en mi garganta.

-Yo te lo daré si te unes conmigo- dijo alejando la sangre. Grité y me removí intentando soltarme-. Prometo dártelo si dices si a lo que te pido, cosas que son pocas.

Mi lado racional apareció solo un poco, lo suficiente para escuchar y contestar.

-¿Te unirás a mi?- preguntó con voz suave.

-Si- susurré tratando de enfocar mi vista.

-¿Harás todo lo que te pida?- cuestionó.

-Sí, todo.

-Entonces te quedaras a mi lado, me amaras y obedecerás todas mis órdenes- dijo de manera autoritaria antes de soltarme y tirarme una botella.

La tomé y la desenrosqué con desesperación, la frágil botella se rompió y toda la sangre se esparció en el suelo. Grite de frustración y dolor, me tiré a suelo dispuesta a lamerla, pero esas entrometidas manos volvieron a agarrarme.

-Se civilizaba, Isabella- me gruñó-. Eres una persona no un animal.

Me tendió otra botella y esta vez él me la abrió. Me la metí en la boca y comencé a beber en tragos largos y apresurados, haciendo que un poco e sangre cayera por la comisura de mi boca.

Gemí enojada al notar que ya se había acabado. Pero había sido suficiente, me sentía un poco más fuerte, para nada saciada, pero era algo...

-¿Mejor?- cuestionó la supuesta voz desconocida para mí.

Pero era Sebastian quien estaba parado dentro de la celda con su traje a medida, mirándome. Él fue quien me había salvado de la locura, y quizás muerte segura. Aunque había frustrado los planes de los amos.

-Mucho mejor- dije y me acerqué a él.

Pasé mis brazos por su cuello y lo atraje a mi boca. Se lo debía, era lo menos que podía hacer. Sabía que Sebastian se agarraría del haberme ayudado para controlarme. Pero él no sabía que yo también podía controlarlo.

-Gracias- susurré contra su boca.

Él me miró por unos segundos, con completa seriedad y concentración. Quizás estaba buscando la mentira ocultada en mis ojos, pero... si había logrado engañar a mi familia, también iba a poder engañarlo a él.

-¿Harás todo lo que yo te diga?- cuestionó nuevamente, inseguro de mi.

-Te debo eso y más- le sonreí y escondí mi cara en su pecho.

Si, era una maldita perra por jugar con los sentimientos de las personas. Pero Sebastian no era una persona, era un demonio, uno muy peligroso, capaz de destruir todo si no se lo regresaba al infierno.

Lo sentí vacilar cuando sus brazos me rodearon. Cuando finalmente se dio cuenta que no haría nada en su contra, me estrechó fuertemente.

Por un momento me sentí abrumada por la intensidad de su abrazo. Incomoda me remuevo y me aparto un poco.

-¿Que hacemos ahora?- pregunto mirando la celda- ¿Qué dirán lo que me has soltado?

-Ellos no pueden decirme nada- dijo con una sonrisa-. Soy un príncipe, por lo tanto lo que digo no se discute.

-¿Príncipe?- arqueé una ceja.

-Se nota que no conoces nada de mí- negó con la cabeza-. Vamos, tienes que seguir alimentándote.

Me tendió una mano y la tomé valientemente. Me sacó de aquel oscuro y maloliente calabozo, subimos de nuevo al exterior, donde el sol se estaba ocultando, bañando de naranja las torres del castillo.

-¿Cual es el plan?- pregunte mirándolo.

-Lo hablaremos afuera- apretó mi mano y me arrastró por los pasillos.

Parecía que no había nadie en el castillo, eso solo significaba una cosa. Heidi había traído la comida y todos estaban en el salón matando a gente inocente. Me estremecí y me detuve, haciendo que Sebastian dejara de caminar.

-¿De dónde sacaste la sangre?- pregunté enojada.

En medio de mi locura no me había dado cuenta de la sangre que había tomado.

-Estaba embotellada, era de vaca- rodó los ojos y volvió a tironearme a la salida-. Podemos ir a cazar a unos cuantos afuera...

-No- dije de manera rotunda, quitando mi mano-. No voy a matar a nadie.

Sebastian clavó sus ojos en los míos, y me preparé para recibir un regaño por mi comportamiento. Si él quería podía decirme que bebiera de una persona, ya que había aceptado hacer todo lo que él me pidiera...

-Encontraremos donde puedas cazar- suspiró y volvió a caminar.

Yo quede en medio del pasillo por medio segundo demasiado sorprendida por el cambio de actitud que tenía conmigo. no se había mostrado arrogante desde que me saco de la celda, se veía... más vulnerable.

-¿Acaso estas enamorado de mí?- la pregunta se escapó de mis labios. Realmente no daba crédito a lo que pensaba.

Por segunda vez, el volvió a detenerse. Pero no se giro, mantuvo su cabeza al frente, como si estuviera avergonzado.

-¿Quieres saber mi plan o mis sentimientos?- inquirió de espaldas.

-Ambas- susurré interesada.

-Te diré la segunda cuando hayamos dominado todo- me miró por sobre el hombro y sonrió ampliamente.

Era una sonrisa sádica y victoriosa. Una que logró hacerme estremecer de miedo. Solo esperaba que él no lo hubiera notado.

Era una lástima que nunca me enteraría de que iban sus sentimientos, por que no iba a dejar que su plan se llevara a cabo.

Al salir de mi estupor lo seguí hacia la calle, donde ya era de noche. El aire fresco reavivó mi cuerpo. Volver a ser libre era tan gratificante como esa pequeña botella de sangre que Sebastian me había dado… quizás era aun mejor.

Era tal la dicha de volver a ver el cielo, ver gente y sentir el aire fresco que me fue inevitable levantar mis brazos y aspirar todo el aire posible que mis muertos pulmones podían retener. Cerré mis ojos y esbocé una sonrisa amplia.

Unas manos en mi cintura y una boca besando mis labios mi sobresaltaron violentamente. Abrí mis ojos y contemplé la expresión relajada de Sebastian. Se apartó un poco, plantó un beso en mi frente y tomó mi mano, haciendo que caminara a su lado.

-Me preguntaste cual era mi plan- dice mirándome de reojo. Asiento con la cabeza esperando a que continúe-. Es sencillo, matar a los Vulturis.

-¿Cómo?- arqueo una ceja-. Ellos son tres, son más viejos que nosotros y toda la guardia los estará protegiendo.

-Con mis poderes puedo hacer muchas cosas- dijo encogiendo los hombros.

-¿Entonces para que voy yo?- pregunto sin entender.

-Tú me protegerás de Alec y Jane, y los demás que utilicen dones mentales- me sonrió-. Si tú puedes protegerme será más fácil para mí concentrarme en los demás y matarlos.

-Quieres mi escudo- afirmé.

-Así es- se detuvo en plena calle y se giró para encararme-. Si primero logro matar a esos viejos lo demás será pan comido- sonrió ampliamente. Totalmente seguro de sus palabras.

-Es arriesgado- dije no muy convencida.

Sebastian podía ser uno de los vampiros con un don increíble y poderoso, pero solo éramos dos contra unas tres decenas de vampiros con diferentes especialidades que podría matarnos en segundos.

-Confían en mí, Bella- me tomó el rostro entre sus manos, clavando sus ojos en los míos-. Si estás conmigo nada puede salir mal.

Se acercó para besarme, pero algo capto su atención detrás de mí. Abrió mucho los ojos, sorprendido por lo que sea que había detrás de mí.

Intenté mirar que era, pero me asusté al verlo. Sus ojos rojos salieron de la sorpresa y ahora estaban entrecerrados por la furia y el odio. Apretó sus manos en mis mejillas, como queriendo aplastarme el cráneo.

-Eres una maldita perra- me gruñó enfadado.

.

.

.

EDWARD POV

Antes de tomar el vuelo nos pusimos a cazar para ir con energías a Volterra en caso de que tuviéramos que pelear, cosa que parecía lo más seguro si queríamos recuperar a Bella.

Cada uno tomó una dirección diferente y quedamos en encontrarnos en una hora en el aeropuerto. Era tiempo suficiente para nosotros a la hora de cazar y mucho menos si debíamos correr hasta Seattle.

Yo ya había terminado con mi caza. Un par de venados y un puma que encontré de casualidad cuando iba saliendo del bosque. Corrí lo más rápido que pude y entré en el área del aeropuerto.

Escondiéndome un poco y tratando de pasar desapercibido, entré en el aeropuerto acomodando un poco mi ropa. No llevaba ningún bolso, por lo que me metí directamente a la fila de nuestro vuelo a Italia.

Encontré a mi familia rápidamente, ya que Alice estaba saltando y moviendo su mano para llamar mi atención. Me acerqué a ellos, y me percaté que solo faltaban Rosalie y Emmett.

-Están viniendo- dijo Alice adivinando mi pregunta.

La miré por un segundo y quise reírme por verla tan… inquieta.

-Ni se te ocurra reírte- me acusó con un dedo-. Estoy sumamente nerviosa.

Miro a Jasper quien estaba de brazos cruzados y mirando a la gente del aeropuerto.

-Jasper está demasiado concentrado en no comerse a nadie como para controlarme a mí- dijo adivinando mis pensamientos de nuevo.

-Pensaba que era yo el que leía la mente- dije arqueando una ceja.

-Es como leer la mente- dijo moviendo una mano y luego llevándosela a la boca

La miré con cierta sorpresa pues era la primera vez que la veo morderse las uñas. Ella realmente está nerviosa ya que nunca se le pasaría por la mente arruinar una perfecta manicura...

-¡Rose! ¡Em!- grita de repente sobresaltando a medio aeropuerto.

-Alice- la regaña Esme en voz baja, tirando de su camiseta.

Pero la aludida la ignora y salta hacia Rosalie, quien la abraza y se reúne con nosotros.

-Llegan justo a tiempo- les dice Carlisle con una sonrisa.

-Emmett tenía hambre- dice Rose señalando a su marido con un dedo.

-Es culpa de Rose por verse tan sexy a la hora de comer- sonrió el grandulón y de inmediato su mente reprodujo lo que estuvieron haciendo.

Y precisamente no era nada con cazar animales. Arrugué mi nariz y le di un puñetazo en el brazo cuando comenzó a reír a carcajadas, llamando nuevamente la atención de los pasajeros a nuestro alrededor.

-No puedo creer que estén haciendo eso cuando estamos en una situación delicada- dijo Esme frunciendo el ceño ante Emmett.

Mi hermano dejó de reír de manera automática y miró a Esme con arrepentimiento. Haciendo un gran puchero que arrancó una risita a Carlisle, lo cual se terminó ganando otra mirada desaprobatoria de Esme.

Sentí alivio y un poco de miedo cuando anunciaron nuestro vuelo a Italia por los parlantes. Caminar hacia el avión me ponía más nervioso e inseguro-

Temía que este viaje supusiera una pérdida de tiempo, es decir que Bella pudiera estar muerta, que no llegáramos a tiempo y que ella ya hubiera sido castigada por intentar oponerse a los Vulturis. Bella esta sola contra toda una guardia de vampiros con dones… Con Sebastian y su don de arrebatar otros dones a gran velocidad…

-¿Quieres calmarte? Me estas afectando- dijo Jasper desde el asiento de atrás.

-No puedo- apreté mis manos y cerré mis ojos-. Lo siento.

El viaje fue silencioso, obviamente para los demás pasajeros ya que yo escuchaba cada uno de los pensamientos de los demás. Por silencioso me refería a que nadie de mi familia hablaba en voz alta. Nadie intentó hablarme para tranquilizarme o decirme que las cosas estarían bien, ya que no era el único que pensaba en que el tiempo esta contado y no teníamos idea si Bella estaba bien. O viva

Esto era culpa del idiota del chucho y Bella… Si ese estúpido perro hubiera hablado antes quizás hubiéramos podido ayudarla, salvarla.

Solté un gruñido y golpeé mi cabeza en la suave cabecera del asiento. No tenía que pensar en que Bella estaba muerta. Tenía que ser optimista y estar rogando que ella estuviera a salvo, esperándome.

El viaje se me hiso eterno y aún más al tener que esperar a que el sol se escondiera para que pudiéramos salir. Nuevamente sentí aquella sensación a claustrofobia en la habitación del hotel. Era realmente estúpido que un vampiro sintiera aquella sensación cuando podía destruir las paredes con un simple movimiento de un dedo.

Pero claro, eso sería exponerme, hacerle saber a la gente que vivimos y sembrar la semilla del pánico en todo el mundo. Por lo que me limité a caminar por la alfombra. Haciendo un recorrido corto y enfermizo.

-¡Cálmate!- me gritó Rose tirándome una almohada-. Nos estas poniendo a todos ansiosos.

La ignoré por completo y seguí con mi estresante caminata. Solo faltaba que trepara las paredes. La escuché resoplar y tirarse a la cama con una de las almohadas en la cara.

Cuando Carlisle anunció que ya era hora de marcharnos, yo era el primero en encontrarme en la puerta, desesperado por abrirlo. Pero el teléfono de la habitación comenzó a sonar.

Esme fue quien lo contestó y se lo pasó a Carlisle. En su mente podía seguir la conversación. Era Jacob, anunciando que ya estaban todos en Italia.

-Iré a recogerlos- dice Esme tomando una pequeña mochila.

-Yo iré con ella- dice Alice tomando la mano de Esme.

Carlisle les da un asentimiento y son las primeras en irse.

-¿Hay algún plan que seguir?- pregunta Emmett mirando por la ventana.

-Encontrar a Bella y pelear si es necesario hasta que lleguen los demás- dice Carlisle frunciendo el ceño.

-De acuerdo. Vámonos- ordenó y salgo por la puerta.

Él sol se había ocultado por completo y la noche estaba reclamando el cielo, era suficiente para nosotros. Las torres del lugar tapaba por completo los rayos del sol y nos permitía andar con un mínimo de luz.

Caminado con paso apresurado entre las calles, las cuales estaban repletas de gente, turistas. Paseando, comiendo en los restaurantes y comprando cosas en las tiendas. Nadie se fijaba en nosotros cinco que caminábamos agrupados en una sola dirección, sin detenernos, sin parpadear. Derecho a las puertas del castillo.

Fue cuando sentí su aroma. El dulce olor a las fresas que despedía su cabello, mezclado con el olor a la sangre y a humedad. Me detuve en seco y escaneé la plaza.

Había mucha gente, y mi desesperación por encontrarla me impedía enfocar bien la vista, por lo que mi cabeza se movía urgente, mis ojos pasaban dos, tres, hasta cuatro veces por la plaza, hasta que la encontré.

-¿Edward?- escuché que alguien me llamaba, pero yo solo podía avanzar hacia ella.

Pronto la imagen de ella estuvo en la mente de mi familia, lo que me indicaba que no la estaba alucinando. Que no era mi desesperada mente imaginándola.

Ella estaba viva, y eso mandó una gran ola de alivio a todo mi cuerpo. No podía decir si se veía sana, ya que estaba de espaldas a mí. Y no estaba para nada a salvo.

Estaba acompañada de aquel sádico vampiro del que todos temían. Él le estaba diciendo algo, algo sobre que confiara en él, que todo saldría bien, cuando comenzó a inclinarse sobre ella.

Yo me detuve a poca distancia de ellos, sorprendido por lo que estaba viendo. La confianza y facilidad con la que ella se estaba por dejar besar…

Hasta que él me vio, nos vio a todos.

Y en menos de un segundo el caos se desató en la plaza.

Bueno, lamento la demora. Pero mi EXCUSA es que tenía que leer Sinsajo. No podía esperar a que lo comprara para terminarlo. Me he estado comprando los libros, pero no tengo plata así que dudaba que pudiera comprarlo apenas terminaba En Llamas. Me pasé tres días leyéndolo. Osea del lunes hasta hoy… es una excusa pobre, pero es la verdad.

Este cap lo tenía prácticamente terminado, pero empecé a leer y bue lo deje, ya había dicho que tengo los caps ya pensados, escritos en un cuadernito, osea son ideas, no el cap completo. Solo tengo que escribirlos.

Una argentina me llamo vaga, que todos los argentinos somos vagos. Y si, es la verdad, soy una vaga X) y gracias a ello puedo tener estas ideas, y si no crees en mis excusas es cosa tuya, yo digo la verdad. No me voy a poner a escribir solo por complacer a los lectores, escribir solo por obligación. No quiero volver a escribir lo mismo en cada una de mis pequeñas notas al pie del cap.

Quiero que quede claro que esto lo hago por que me gusta, por que tengo la imaginación suficiente para crear una historia y me gusta compartirlo con mucha gente que aprecia la lectura. Y no quiero arruinar lo que escribo solo por complacerlos.

A COMPLACER ME REFIERO A ACTUALIZAR CADA UNA HORA

Bueno… el cap 16 esta arriba y ya solo queda el final y el epilogo.

Bueno… espero sus comentarios, para saber que tal les pareció el cap…

Gracias por sus rr, todos son bienvenidos, menos insultos, por favor ya suficiente tengo con mi mama xD

Besos, nos vemos pronto…

Melo