Capitulo 17

Sus manos presionaban fuertemente la cabeza de Bella, esta intentó soltarse, chillando y removiéndose. Pero él no la soltaba, no tenía intenciones de hacerlo hasta que su cabeza se desprendiera del cuerpo. Estaba claro en su mente, yo podía verlo y el terror me tenía paralizado.

Emmett fue el más rápido de los cuatro, se abalanzó hacia Sebastian en el momento que iba a pegar el tirón y arrancarle la cabeza a Bella. Los tres cayeron sobre unas mesas de un bar, lastimando a gente, provocando gritos y levantando curiosidad en otros.

Sebastian saltó lejos y atacó a Emmett enseguida, tumbándolo al suelo e intentando morder su cuello. Bella saltó sobre la espalda de Sebastian, golpeándolo y gritándole que le soltara.

La gente comenzó a gritar y correr cuando Sebastian levantó a Emmett por el cuello, estrangulándolo. Las personas se atropellaban entre ellos y unos cuantos sacaban sus teléfonos llamando a la policía.

Salí de mi estupor al ver a Carlisle y mis hermanos correr hacia Emmett. Los seguí y vi en la mente de Jasper el plan para sacar a Bella. Le asentí con la cabeza y rodeé el bar para acercarme por la espalda, justo a tiempo, ya que Sebastian la apartó de un golpe, mandándola directo a mis brazos. De no ser que me encontraba para sostenerla habría golpeado una de las paredes del bar, derribándola.

-Edward- susurró con los ojos abiertos de par en par.

Todo a mi alrededor se esfumó, como si fuera un sueño, lo único en lo que podía pensar, percibir y ver, era a Bella. Siempre pasaba esto cuando la tenía a mi lado. El mundo lograba desfigurarse, hasta desaparecer. Era consciente, muy en el fondo de mi mente, que había una batalla librándose a metros de nosotros. Pero verla sana y salva era tan reconfortante que mi cuerpo tenso se relajó de inmediato.

-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó frunciendo el seño.

Claramente podía ver cómo me reprochaba con la mirada el que estuviera con ella en este momento.

-Lo mismo iba a preguntarte a ti- le dije sujetando su cara entre mis manos- ¿En qué demonios pensabas cuando planeaste todo esto?- le espeté no pudiendo controlar la ira en mi cuerpo.

No era momento para hablar, pero necesitaba respuestas cuanto antes. Y si teníamos que luchar y no lográbamos salir de esta…

-Contéstame- le urgí apartando de mi mente aquellos negativos pensamientos.

-Pensaba en ti y en nuestra familia- soltó con expresión dolida-. No quería que esto pasara- señaló con una mano la imagen borrosa de Carlisle y los demás peleando con Sebastian-. Sé de lo que es capaz y no quería…

-Estabas muy equivocada si pensaste que me quedaría de brazos cruzados al enterarme de todo- aflojé mi agarre y la acerqué aun más a mí-. Estaba destruido al pensar que ya no me amabas. Estas últimas horas fueron un completo sufrimiento el no saber si estabas lastimada ¡Si estabas viva!

-Lo siento- dijo con voz rota antes de pasar sus brazos por mi pecho.

La rodeé con sus brazos y suspiré aliviado al sentirla de nuevo contra mi cuerpo. Sentir su esencia envolverme por completo. Algo cayó a nuestro lado, sobresaltándonos. Nos levantamos sin apartamos y miramos a Emmett sobarse la cabeza.

-Oigan, es muy tierno y estoy contento por ustedes pero… ¿Podrían darnos una mano?- comentó apuntando hacia Sebastian peleando con Jasper.

Bella se apartó de mí rápidamente y corrió hacia la pelea. Corrí detrás de ella gritando su nombre, pero ella no se volteo ni siquiera dejo de correr. Estaba a punto de taclearlo cuando él se giró rápidamente, con su mano atrapó la cara de Bella, la levantó por el aire, sin soltarla para luego estamparla en el suelo, rompiendo el pavimento.

Su nombre escapó de mis labios en un chillido de terror y angustia.

-Atrévete a dar un paso más y la mataré- me amenazó levantándola del suelo.

La sujetó por el cuello con un brazo, dejando expuesto su cuello. Sabía lo que iba a hacer, ya nos lo había mencionado anteriormente. Mis pies se clavaron en el suelo, a solo dos metros de distancia de Bella, quien me miraba con miedo y suplica.

El silencio reinó y me sorprendí de solo tener en mi mente los pensamientos de mi familia y Sebastian. Di una mirada furtiva a nuestro alrededor. La gente estaba tirada en el suelo, inconsciente, pero no muerta.

-Esta es una verdadera sorpresa- habló Sebastian-. Realmente lograste engañarme- dijo apretando aun más su agarre al cuello de Bella-. Lo tenías todo planeado…

-No es verdad- dijo Carlisle dando un paso adelante-. Bella no nos comentó nada.

-Oh, entonces ¿Cómo se enteraron de esto?- dijo mirándonos con fingido interés.

Carlisle iba a comentar sobre Jacob, estaba aterrado de que Bella saliera lastimada, y por ende no medía sus palabras. Si Sebastian se enteraba que los lobos estaban de nuestra parte y que estaban viniendo… no dudaría en matarla.

-¿Creías que no sé cómo actúa Bella?- interrumpí a mi padre dándole una mirada de advertencia y volver a mirar a Sebastian-. La conozco desde que era una niña. Sé lo que ella piensa y siente.

-Que tierno- me dio una sonrisa falsa-. Ahora, si no es mucha molestia, les pediré que se retiren. Tengo cosas que hacer.

-Antes debes devolverme a Bella- le dije inclinándome hacia adelante. No pensaba marcharme sin ella.

-Es una lástima pero ella prometió obedecer todas mis órdenes, permanecer a mi lado y amarme- me sonrió con suficiencia y rodeó con sus dos brazos el pecho de Bella- ¿No es así, cariño?- le preguntó y depositó un beso en su cuello.

Un fuerte gruñido retumbó en mi pecho haciendo que el psicópata vampiro se riera de mí. Nadie tocaba a Bella que no fuera yo, nadie tenía el derecho si quiera de pensar en ella cerca de mí sin que yo no le rompiera el cuello. Sin embargo no podía arriesgarme a abalanzarme sobre Sebastian sabiendo que ello implicaría la muerte de Bella.

-Me importa una mierda lo que ella te haya prometido- le gruñí dando un paso al frente-. Pero no voy a permitir que te la lleves sin pelear.

Sebastian se me quedó mirando unos segundos con total sorpresa, luego rompió a reír a carcajadas, sin soltar a Bella, quien tenía sus ojos abiertos de sorpresa y miedo. Su escudo se había bajado y me gritaba en mi mente que no cometiera una estupidez. Traté de bloquear sus gritos y concentrarme en el vampiro que se reía. Estaba burlándose de mí en todos los sentidos y yo no podía más que quedarme en mi lugar con los puños apretados, y sentir la cólera viajando a toda velocidad por mi cuerpo.

Cuando logró calmarse, fingió secarse lágrimas de sus ojos y recobró la compostura, pasando una mano por su impecable peinado, y aflojando un poco el nudo de su corbata.

-¿ quieres pelear conmigo?- preguntó enfatizando con su dedo y una mueca de burla en la cara- ¿Eres consciente de lo que estas pidiendo?

-Por supuesto- gruñí y di un paso adelante.

Estaba realmente molesto, el muy maldito pensaba que yo no era suficiente para él. Cuan equivocado estaba, no era bueno que me subestimaran y no le tenía miedo a la cantidad de dones que tuviera encima. Por Bella era capaz de hacer cualquier cosa, de eso no tenía duda.

Sonreí ampliamente al dar otro paso hacia adelante y notar como Sebastian comenzaba a cuestionarse si estaba loco. Él realmente no me daba crédito a mi cordura en ningún sentido. El como yo arriesgaba mi vida por la de Bella. No entendía por qué hacía todo por ella, y por muy extraño que me pareciera él se cuestionó si el amor te hacía hacer aquello.

Negando con la cabeza y murmurando un "eso no importa" apartó a Bella, empujándola a un costado. Emmett de inmediato la sujetó cuando trató de acercarse a mí. La miré y le sonreí, tratando de que ese simple gesto le hiciera tranquilizar. Era sincero, pero parece que eso la puso peor, ya que se removió aun más y gritó en voz alta.

-¡No lo hagas!- gritaba histérica- ¡Por favor, Edward!

Verla alterada me estaba inquietando, sabía que estaba haciendo y era por ella. Miré a Jasper y este asintió con la cabeza, en menos de un segundo Bella estaba flácida en los brazos de mi hermano, mirándome con reproche y miedo, su boca se seguía moviendo y murmuraba las mismas palabras una y otra vez.

-Bien, Cullen- la voz de Sebastian atrajo de nuevo mi atención-. Empecemos.

En menos de un segundo desapareció de mi vista. Todo a mí alrededor desapareció. Estaba todo negro, no había sonidos, ni olores, nada absolutamente nada. Solo podía sentir el suelo bajo mis pies, pero no me atrevía a dar un paso adelante, por miedo a que cayera en un abismo.

Sentí el pánico oprimir mi pecho. Esta sensación era muy parecida a la que una vez experimente con Alec. Bien podría estarme desmembrando y yo no sentiría absolutamente nada. El miedo era un sentimiento muy traicionero, entre más lo sentías peor era para ti. La mente te hacía malas jugadas. Se burlaba de ti en un momento de vulnerabilidad.

Juro que podía ver sombras moverse en la oscuridad y eso hacía que intentara moverme hacia algún lado, pero mis pies estaban clavados al suelo.

-Has cavado tu propia tumba, Cullen- escuché que alguien decía detrás de mí.

Giré sobre mis talones y me pareció ver un destello de luz, seguido de una risita.

Gruñí y me recordé que estaba en una pelea, junto con un vampiro que dominaba varios dones. Cerré mis ojos e intenté desvanecer la ilusión de mi cabeza, pero algo golpeó mi mandíbula y me mandó a volar en alguna dirección. No choqué con nada, solo con el duro suelo.

De inmediato intenté ponerme de pie, pero recibí otro golpe, en mi estómago, empujándome hacia un costado. Rodé sobre mi mismo y me puse de pie en un salto.

La imagen cambio y ahora me encontraba en el coliseo de Roma, repleto de gente vestida con túnicas. Gritaban, aplaudían y aporreaban sin parar. El emperador estaba sentado en su palco privado, con sus guardias y familia. Estaba inclinado hacia adelante, mirando la arena… mirándome a mí.

Sorprendido miré todo a mí alrededor, era más que una imagen, era demasiado vivido, podía sentir el calor del sol golpeando mi fría piel. Incluso sentía la tierra hirviendo debajo de mis zapatos. Me sentía totalmente fuera de lugar con mis jeans y remera negra.

-¿Te gusta?- gritó la voz de Sebastian desde mi espalda.

Rápidamente me giré y lo encontré parado a diez metros de mí. Estaba vestido con una armadura de cuerpo, su cabello estaba suelto, despeinado, mojado por el sudor, su cara blanca estaba un poco bronceada y sus ojos eran azules… Era tan diferente al tipo trajeado e impecable que había visto minutos atrás.

-Bienvenido a mi mundo- dijo extendiendo sus brazos señalando el coliseo.

-¿Tu mundo?- pregunté frunciendo el ceño- ¿Llamas tu mundo a una imagen creada en tu mente?

Él me gruñó y bajó los brazos.

-Este era mi hogar, Cullen- murmuró mirándome seriamente.

Lo miré más que sorprendido, me era difícil pensar que un vampiro como él había tenido una vida antes. Una vida como humano.

-Así que eras un gladiador- me crucé de brazos y lo miré con burla.

-Y el mejor- levantó la barbilla y levantó un puño, haciendo que la gente gritara alocadamente-. Todos me amaban. Él emperador me trataba mejor que uno de sus propios hijos, vivía como un príncipe- sonrió y señaló con un dedo el palco de emperador-. Me daba los mejores banquetes, las mejores prendas, las mujeres más hermosas, tenía mi propia habitación con una cama gigante donde todas las noches reposaba junto a dos o tres damas. Y durante el día peleaba contra hombres que quería quitarme el puesto.

-¿Quién rompió tu burbuja, guerrero?- pregunté arqueando una ceja.

En lo personal, me importaba una mierda el pasado de Sebastian, pero él estaba decidido a hablar y yo intentaba liberar mi mente del sueño en que él me había puesto. Pero me era imposible concentrarme o escuchar sus pensamientos con tanto griterío.

-Tu raza la rompió- gruñó y sus ojos cambiaron a rojos por solo un segundo.

-¿Mi raza?- pregunté confundido.

-Así es- me dio la espalda y caminó hacia una pared, donde estaban colgadas diversas armas-. Imagino que ya te han comentado cual es mi don- me miró por sobre su hombro y luego volvió a las armas-. Cuando era humano tenía… el don de copiar las formas de luchar de mis contrincantes, y los mejoraba, sin necesidad de un entrenamiento previo. De esa manera ganaba todas mis batallas y el emperador estaba feliz conmigo.

-¿Aro estuvo interesado en ti?- pregunté con incredulidad.

Sabía que los Vulturis eran viejos, pero no sabía que tan viejos podrían ser.

-Uno de sus guardias de aquel entonces había venido a Roma para matar a un vampiro que hacía de las suyas- levantó una maza con púas la examinó y la volvió a dejar en su lugar-. Le contó sobre mí, sobre lo que todos decían en las calles… él se interesó, por supuesto, y vino personalmente a buscarme.

-Aceptaste- miré como escogía una espada un tanto extraña.

-No, me negué completamente- se giró con la espada en mano y me observó con esos ojos azules, fríos-. Pero ya saber que a Aro no puedes decirle que no- sonrió y negó con la aveza-. Me cazó cuando quise escapar, me ofreció vida eterna y un mundo más amplio que la pequeña Roma. Me dijo que ya no tendría que estar nunca más bajo el regimiento de un superior, que podría hacer lo que quisiera…

-Te mintió- afirmé sabiendo que Aro jamás dejaría que un vampiro que viviera bajo su techo lo desobedeciera.

-Todo aquello lo dijo cuando era un neófito asustado, alterado. Lo escuché y le creí, pero a medida que el tiempo pasó me di cuenta de que yo seguía siendo un esclavo, uno eterno- sus ojos se nublaron por unos segundos y pude ver como su mente trabajaba.

Como las imágenes del pasado lo asaltaban, los recuerdos del futuro que le ofrecieron y que no se lo dieron. Y pude ver en su mente el futuro que él quería. Un mundo completamente sumiso a él, obedeciéndolo a él. Un mundo donde no existiera otro vampiro que no fuese él.

-Me convertiría en Dios- dijo en voz alta, sacándome de su mente-. Yo nací como un Dios. Soy inmortal y puedo absorber poderes…

Su sonrisa se hacía cada vez más ancha, más psicópata. Ahora entendía por qué Bella decía que no podía dejar a semejante vampiro suelto. Sebastian era una bomba, una que tenía un tiempo limitado para estallar, y quedaban minutos para que finalmente estallara y todo se convirtiera en un caos. No sabía si nosotros íbamos a poder detenerlo…

La gente a nuestro alrededor comenzó a murmurar, y observar hacia el palco, donde el emperador se había puesto en pie. Levantó un brazo con el puño cerrado, la gente contuvo el aliento y la ansiedad se hiso palpable en el estadio. El hombre movió la mano, sacando su pulgar y apuntándolo hacia abajo.

Nuevamente los gritos volvieron y me aturdieron por completo.

-El jefe ha hablado- escuché la voz de Sebastian como un susurro por encima de los gritos.

Cuando me giré para mirarlo, apenas tuve tiempo para esquivarlo, él estaba arremetiendo contra mí. Blandía la espada como todo un profesional, y yo no terminaba de entender por que lo hacía, es decir, ningún arma blanca podía traspasar nuestra dura piel. Sin embargo el extraño brillo que soltaba el filo me decía que esa no era un arma común y corriente.

Corrí hacia el puesto de armas para tomar una con la cual defenderme, pero mis manos las traspasaban como la ilusión que eran.

-¿Qué tan idiota crees que soy como para dejar que tomaras un arma de mí ilusión?- preguntó en tono burlón moviendo su espada para cortar mi cuello.

Sebastian jugaban conmigo, me arrinconaba y cuando pensaba que iba a darme el golpe final, solo rasgaba mi ropa y se alejaba riéndose, dejándome nuevamente tiempo para correr y volver a ser arrinconado como un pequeño ratón.

La situación me estaba cansando y no lograba hacer ningún golpe ya que él lo esquivaba con esa extraña arma. Intenté quitársela de las manos, incluso intenté romperla, pero era demasiado dura, y por un momento recordé algo, pero los constantes ataques de él me hacían imposible concentrarme en otra cosa que no sea escapar y golpear.

-¿Por qué no dejas de jugar y peleas limpio?- cuestioné esquivando la espada que rasgaba mi camisa y dejaba un hilillo de raspón en mi brazo.

Miré sorprendido y anonadado como la herida se abría y se cerraba de manera inmediata. Lo miré con la boca abierta y él solo se encogió de hombros.

-Y yo que te hacía un favor en alargarte la vida- chasqueó con la lengua y negó con la cabeza-. Bueno, si tú quieres morir, no soy quien para impedirlo.

La gente rugió nuevamente haciendo que mis oídos pitaran y dolieran. Cerré mis ojos por el dolor y llevé mis manos a mis orejas, intentando apagar el sonido. Cuando pensé que nunca se terminaría cesó de golpe, abrí los ojos y me tensé al ver que me rodeaban unos veinte Sebastian. Cada uno con una espada en mano.

Todos me miraban con una sonrisa desdeñosa, con ojos burlones y victoriosos. Cada uno estaba parado en una posición diferente haciéndome imposible darme cuenta de cuál era el real. Todos eran demasiado reales…

-¿Tienen unas últimas palabras?- preguntó uno que estaba detrás de mí.

Me giré rápidamente pensando que ese era el real. Pero no estaba seguro…

-No deberías de preocuparte por Bella- dijo otro.

-Ella va a estar bien, con nosotros- todos soltaron risitas cómplices.

-Te equivocas si piensas que ella se quedará contigo- dije mirándolos a uno por uno-. La subestimas, como haces conmigo y los demás vampiros. Tú eres uno solo contra toda una orda…

Fruncieron el ceño y levantaron la barbilla con altivez, al parecer no les gustaba que les dijeran la verdad en la cara.

-Podrás tener un don increíble, pero incluso tú tienes una debilidad y la adivinarán antes de que intentes oponerte a los Vulturis…

Me gruñeron y antes de que saltaran escuché un grito agudo y todo se volvió negro, de nuevo… esta vez me sentí arrastrado hacia afuera, como si me empujaran lejos de aquella oscuridad para sacarme a la superficie. Cuando abrí mis ojos estaba nuevamente en la plaza de Volterra…

-¡A tu derecha!- gritó alguien, no supe quien, pero solo reaccioné a girar y era tarde…

Sebastian estaba sobre mí, clavando sus dientes en mi cuello.

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BELLA POV

Solté un grito de terror al ver como ambos caían al suelo. El miedo tenía sabor, y por primera vez lo paladee, era amargo y asqueroso, peor que la ponzoña. Estaba paralizada y no pude reaccionar, solo me dejé caer al suelo gritando y viendo como mi familia intentaba apartarlo de su cuello…

Era realmente aterrador observar como succionaba con fuerza y decisión del cuello de Edward. Ver como Edward se debilitaba de a poco, como tu tez se hacía cada vez más pálida y sus ojos se entrecerraban de a poco como si estuviera cansado…

Edward se estaba muriendo… muriendo como aquellos vampiros a los que yo había visto morir en manos de Sebastian…

¿Qué haría si Edward moría? ¿Cómo continuaría mi vida? No había vida después de Edward, si él moría entonces yo lo haría también, no iba a soportar la perdida y el dolor de no tenerlo a mi lado…

No soportaría vivir sabiendo que por mi culpa él estaba muerto.

Mi cuerpo reaccionó por sí solo y avanzó rápidamente hacia donde estaba la escena… con mi escudo protegí a todos de cualquier tipo de poder mental de Sebastian, no sería suficiente pero al menos era algo.

Golpeé con todas mis fuerzas su cabeza, intentando que se apartase, pero el clavaba aun más sus dientes haciendo que Edward soltase un grito de dolor.

-¡Jasper!- le grité con desesperación- ¡Intenta calmarlo!

-Eso estoy haciendo- gruñó y apretó sus brazos alrededor del cuello de Sebastian, impidiendo que tragara.

-Emmett- dije mirando al grandulón que intentaba apartar la cabeza de Sebastian del cuello de Edward-. Intenta apartar sus dientes.

Él me asintió y llevó sus manos a la boca e intentó meter sus dedos para abrirla.

No se cuanto tiempo pasó, pero sentí que era una eternidad cuando la respiración de Sebastian se hiso un poco mas pesada y Emmett abría de a poco la boca. Yo quise gritar de euforia y alivio al ver el cuello liberado de Edward, pero no podía cantar victoria aun.

Jasper tiró de Sebastian hacia atrás, pero este lo apartó de un golpe y se alejó de nosotros. Se tambaleó un poco y sujetó su cabeza entre sus manos, la sacudió con brutalidad como intentando sacarse algo que le entró en el oído. Gritó de frustración y corrió hacia el castillo.

Jasper intentó seguirle pero sus rodillas cedieron y se derrumbó en el suelo. Rosalie fue hacia él, preocupada.

-Estoy bien- nos aseguró con una sonrisa-. Solo cansado, me costó mucho poder calmarlo solo un poco…

-Carlisle ¿Qué tiene Edward?- preguntó Emmett con preocupación.

El pequeño alivio que sentí se volvió en miedo nuevamente. Me arrodillé al lado de Edward y apoye su cabeza en mi regazo y acaricié su cabello revuelto.

-¿Me escuchas?- le preguntó Carlisle al oído.

Edward abrió los ojos con cansancio y miró hacia Carlisle. Apenas sonrió, intentó abrir la boca para decir algo, pero no salía ningún sonido.

-Tranquilo- le dije besando su frente.

Él me miró como solo él sabe hacerlo, parecía aliviado por verme aquí, sana… y no hice más que soltar un sollozo y abrazar su cabeza. Sentí su mano acariciar mi cabello y su boca besar mi mejilla.

-Estoy bien. Deja de llorar- su voz apenas era un susurro audible, pero fue suficiente para saber que él mejoraría.

-¿Estas mejor Jasper?- escuché decir a Emmett-. Bien, vamos.

-Espera- dijo Rosalie levantándose de mi lado-. Yo voy con ustedes.

Levanté mi cabeza y vi a mis hermanos marchar hacia el castillo con paso cauteloso, quise levantarme e ir con ellos, pero la mano de Edward se aferró a la mía.

-No vayas- susurró tirando mi mano.

-Edward lo mejor será que te quedes quieto. No hables- le ordenó Carlisle- ¿Alguien ha sobrevivido a la mordida de Sebastian?- me preguntó.

-No, todos han muerto- negué con la cabeza-. Es decir, él nunca los soltó hasta que estuvieron muertos.

Carlisle suspiró y se pasó una mano por el pelo. Estaba frustrado y preocupado, y era comprensible. El no saber qué puede pasarle a Edward lo tenía asustado. A todos.

Levanté la cabeza de Edward y la apoyé suavemente en el suelo. El protestó y intentó parase, pero Carlisle lo sostuvo en el suelo. Le di un pequeño, pero fuerte, beso en los labios y fui hacia mis hermanos, quienes miraban las puertas del castillo.

-¿Dónde están Alice y Esme?- pregunté cuando llegué a su lado.

-Están en el aeropuerto- dijo Jasper abriendo las puertas-. Esperando a los lobos.

-¿Los lobos?- pregunté sorprendida.

-Sí, ya deben estar llegando- dijo Rose con una sonrisa.

-¡Pero eso es un peligro!- les dije en un grito. Los tres se volvieron para mirarme-. Hay dos nuevos vampiros, que cazan licántropos y hacen armas con sus huesos y sangre- abrieron los ojos con incredulidad y se miraron entre ellos-. Sebastian tenía un arma, esa daga era hecha de algún hueso de lobo.

-Mierda- masculló Emmett golpeando una pared- ¿Qué hacemos ahora?

-Bella, estamos hablando de toda la manada de La Push- dijo Jasper.

-Pero es un peligro igual- fruncí el ceño-. No tengo idea de cuantos vampiros haya dentro del castillo…

-¿Ahora estás viendo todos los peligros?- me preguntó Rosalie con una ceja alzada- ¿Qué paso con la valentía de intentar matar a un vampiro psicópata?

-Rose, no es lo mismo uno que cien- gruñí apretando mis manos.

-Sabremos aplacarlos- hiso un gesto con la mano, restándole importancia-. Ahora ¿Dónde esté el salón de los Vulturis?

Me quedé mirando a mis hermanos anonadada. Ellos tenían una sonrisa en sus bocas y sus ojos me decían que estuviera tranquila, que todo iba a estar bien. Cerré mis ojos y suspiré pesadamente. No había vuelta atrás, teníamos que luchar y solo esperaba que nadie saliera lastimado.

-Síganme- dije cansinamente, y comencé a caminar.

Emmett revolvió mis cabellos y soltó una carcajada.

Los pasillos estaban extrañamente desiertos, ni siquiera Gianna estaba en su puesto, lo cual eso era raro. Seguimos caminando con paso tranquilo y alerta a cualquier cosa. Pero el castillo estaba desierto, al menos hasta que llegamos a las puertas del gran salón.

Me planté delante de ellas y miré por sobre mi hombro, esperando que mis hermanos me dijeran que no las abriera y huyéramos de allí. Pero ellos me asintieron, dándome un empujón para abrirlas. Suspiré nuevamente, apoyé mis manos en la madera y las empujé levemente… y me preparé para lo peor.

Allí en el salón estaban todos, absolutamente todos. Aro, Cayo, Marco, Jane, Alec, Heidi y los demás vampiros de las guardias, incluyendo a Sebastian, quien estaba al lado derecho de Aro… sostenido por otros dos vampiros.

-Sebastian se niega a contarme la historia- dijo Aro levantándose de su silla-. Estoy muy confundido y no se a quien creerle- negó con la cabeza-. Estoy decepcionado con Sebastian por empezar una pelea en la calle y alertar a toda Volterra y en ti no puedo confiar ya que matarte a dos de mis mejores guardias.

-Lo único que debes saber es que él nos quiere destruir- apunté hacia Sebastian.

-¡Miente!- grito removiéndose-. Ella es la mentirosa, me hiso creer que estaba de nuestra parte y luego llegaron ellos y me hicieron esto- se zafó de los guardias y corrió hacia Aro, se tropezó en la pequeña escalera y tendió su mano.

Aro la tomó y cerró los ojos por un segundo, luego la soltó como si le quemara.

-¿Qué…?- miró en mi dirección con el ceño fruncido.

-Aro, tú eres un hombre que prefiera hablar antes de luchar- dije con total calma, una que provenía del poder de Jasper-. Pero puedes creerme cuando te digo que él quiere destruir nuestra raza y gobernar solo…

Aro se veía confundido y miraban entre nosotros buscando a quien creerle.

-Tú eres mi padre, Amo y te debo mi vida… me sacaste de aquella pocilga para darme una mejor vida- suplicó Sebastian arrastrándose en el suelo-. Hiciste lo mismo con ella y mira como te paga…

Todos en la sala comenzaron a murmurar entre ellos y mirarme. Tenía todas las de perder, yo había escapado de este lugar para vivir con aquella familia que ellos tanto odiaban… tenía menos tiempo en este lugar a comparación de Sebastian. Miré a mis hermanos dándoles a entender que nos preparáramos para una pelea.

-Esta es la decisión más difícil que he tomado en toda mi vida- suspiró Aro y le dio la espala a Sebastian-. Mátenlos- nos apuntó y varios vampiros saltaron hacia nosotros.

Yo no retrocedí, es más me agazapé para encararlos, pero unos brazos me rodearon y me tiraron al suelo. Emmett se había puesto sobre mí, protegiéndome del ataque. Le grité que me soltara, que me dejara ir y que peleáramos, pero él no me escuchó sus brazos se aferraban en mi torso y su cuerpo escudaba el mío.

-Espera un poco más- murmuró en mi oído. Pero yo seguía forcejeando.

Hasta que lo escuché, como si fueran cientos de patas golpeando el suelo y a cada segundo el sonido se hacía más fuertes. Un fuerte y desagradable olor quemó mi nariz y sonreí ampliamente al saber que la manada estaba llegando. Los rugidos y gruñidos eran feroces y hambrientos de pelea.

Emmett se levantó y me levantó con él, también tenía una sonrisa en su cara. Nos giramos para encontrar a unos treinta lobos rodeando a los vampiros, quienes retrocedían hasta quedar arrinconados en la pared.

-Jake- susurré viendo al lobo de pelo marón rojizo.

Mi amigo giró si cabeza y soltó un gruñido.

-¿Qué es todo esto?- inquirió Aro con alarma, mirando a todos los lobos con temor.

-Es solo una advertencia- dijo Alice caminando tranquilamente por entremedio de los lobos-. Vinimos a llevarnos a Bella, y no queremos más peleas.

-Pero yo no vine a eso- dije dando un paso adelante-. No pienso marcharme hasta que él esté muerto.

-Te dejo ir y juro no volver a pensar en ustedes…

-Lamento interrumpirte, Aro- dijo Alice-. Pero me temo que lo que Bella dice es verdad.

-¿Qué pruebas tienes?- inquirió Cayo detrás de sus guardias, como todo un cobarde.

-¿Me permite?- Alice estiró su mano hacia Aro, pera que este la tomara y leyera sus pensamientos.

Aro la miró con desconfianza, pero terminó aceptando. Alice acortó las distancias y unió su mano con la de Aro. Este cerró los ojos y luego los abrió con sorpresa e incredulidad. Soltó la mano de Alice y la miró con cierta adoración.

-Tienes un don increíble, pequeña- dijo con una sonrisa y luego volvió mirar a Sebastian- ¿Tanta es tu sed de poder?

Sebastian lo miro con gesto inexpresivo por unos segundos, luego, sorprendiéndonos a todos, a una velocidad increíble se abalanzó hacia Aro, apuntando a su garganta, del mismo modo que lo había hecho con Edward. Pero no logró tocarle un pelo, ya que cinco lobos y tres vampiros saltaron sobre él, derribándolo.

Emmett nuevamente se colocó delante de mí, impidiendo que viera la masacre que se producía en la sala. Tapé mis oídos y tarareé una canción para tratar de opacar aquellos sonidos horribles. Estaba segura que aquellos gritos desgarradores y chasquidos me acompañarían de por vida.

Los sonidos se acabaron y el agarre de Emmett se aflojó, miré por un costado y observé la pila de miembros de lo que antes era Sebastian. Los vampiros le asintieron a los lobos y se marcharon con los pedazos. Los demás de la guardia estaban petrificados en sus lugares, asombrados y asustados por lo que vieron.

-No entiendo- murmuró Aro con la vista perdida-. Pensé que estaba conforme con la vida que le di…

-Ese es el problema, Aro- dijo la voz de Edward.

Me giré rápidamente para verlo, solté todo el aire de mis pulmones, aliviada al verlo bien. Bueno, quizás no estuviera del todo bien ya que estaba siendo sostenido por Carlisle. De todos modos estaba vivo y eso me era suficiente.

-¿A qué te refieres?- inquirió Cayo saliendo de su escondite. Era todo un cobarde.

-Me refiero a que son egoístas. Solo piensan en ustedes, en lo fuertes e invencibles que pueden ser si tienen a los mejores vampiros de su lado- les encaró con una mueca de disgusto en la cara-. No les importa cómo pueden llegar a sentirse, si quieren o no convertirse. La mayoría solo están aquí por decisión de ustedes, no de ellos…

Aro frunció el ceño y miró a su guardia, y como Edward había dicho, la mayoría agachó la cabeza... Aro suspiró y nos miró a todos.

-Márchense- nos ordenó con voz fría-. Quiero que abandonen mis tierras en este preciso momento- apuntó con un dedo la puerta-. Espero que esta sea la última vez que nos veamos.

Nadie dijo nada. Mi familia les asintió con la cabeza y comenzó a salir de la sala. Los lobos giraron y desfilaron por la salida. Yo me quedé mirando a los vampiros que se reagrupaban y hablaban entre ellos. Algo húmedo y frío tocó mi mano, solo así me di cuenta de que Jacob estaba llamando mi atención. Hiso un gesto con la cabeza, apuntando hacia la salida y luego me empujó con ella, dándome a entender que quería que saliera.

Acaricié su cabeza y me di vuelta. Ni siquiera me despedí, solo les di la espalda y caminé hacia la salida.

Cuando llegué afuera les encontré a todos parados en las puertas, mirado sorprendidos las calles. La gente había retomado sus actividades, actuando normalmente, como si nada hubiera pasado. Era realmente extraño verlos, hacía solo unos minutos atrás todos estaban gritando de miedo, luego estaban inconscientes en el suelo, ahora estaban despiertos y totalmente ajenos a todo lo que había pasado.

-Ya cállense- gimió Edward removiéndose entre los brazos de Jasper y Emmett.

-¿Edward?- le llamé pero no me contestó, siguió murmurando el que nos calláramos, que su cabeza iba a explotar…-¿Qué tienes?- le pregunté a Carlisle.

-Le he preguntado y él dice que escucha susurros y murmullos en su cabeza. Es algo muy parecido a lo que pasó cuando lo convertí- me explicó.

-No quiero ser inoportuno, pero tenemos que marcharnos- miré a mi amigo ya convertido en humano, mirando hacia las ventanas del castillo.

Yo seguí su mirada y me encontré con toda la guardia, espiándonos desde las ventanas, sus ojos rojos por la furia, urgiéndonos a que nos marcháramos cuando antes.

-Jacob tiene razón- dijo Alice con la mirada en los vampiros-. Tenemos un vuelo esperándonos.

No hubo falta en que nos lo repitieran de nuevo, salimos prácticamente corriendo.

Extrañamente la gente a nuestro alrededor no nos miraba, ni siquiera le daban una ojeada a Edward quien colgaba de los hombros de Jasper y Emmett. Nos ignoraban por completo y estaba segura de que esto era obra de los Vulturis.

Ellos eran tan estrictos en guardar las apariencias, en no ser descubiertos y mantener la raza en secreto. Este día la ciudad se había enterado de todo, de lo que Volterra escondía detrás de las paredes del castillo y se había vuelto todo un caos, tal cual como el cuadro de Carlisle que está colgado en su despacho. Sebastian había logrado desmayarlos a todos, pero no tenía idea de quien los había despertado y borrado sus memorias…

-¿Estás bien?- una pesada y caliente mano se posó en mi hombro.

-Lo estaré cuando salgamos de este lugar- suspiré pesadamente.

-Estás a un paso de hacerlo- se rió.

Era verdad, estábamos en el aeropuerto esperando a que nuestro vuelo saliera.

-Gracias, de nuevo- le dije mirándolo a los ojos.

-Para eso estamos los amigos- se encogió de hombros y se fue con su manada.

Nos dividimos en dos para viajar. Jacob nos dijo que era mejor que partiéramos nosotros primeros en caso de que los Vulturis cambiaran de opinión y nos atacaran. Carlisle acepto de mala gana.

Una vez arriba del avión cada uno se sentó con su pareja. Increíblemente no estábamos tranquilos. Giré mi cabeza para mirar a Edward, quien miraba por la ventana con gesto ausente.

-¿Edward?- le llame de nuevo, y él no me contestó. Tomé su mano y eso logró atraer su atención a mí.

-Hola- saludó entrelazando nuestros dedos.

-Hola- le respondí con una sonrisa, pero él volvió a perderse en su cabeza.

Me acerqué a su oído, para susurrarle.

-¿Vas a estar bien?- le pregunté con preocupación.

-Si- besó mi mejilla-. Solo tengo que volver a acallarlas.

-Lo siento- me disculpé con un sollozo.

Todo esto era por mi culpa. Si yo hubiera hablado con mi familia, advertirles sobre Sebastian en aquel tiempo… nada de esto hubiera pasado. No lo habría dejado, ellos no me habrían ido a buscar, Edward no habría peleado… y no estaría como lo está ahora, sufriendo…

-No te lamentes, Bella- apoyó su mano en mi mejilla y la acarició lentamente con su pulgar-. Yo voy a estar bien, ya verás como en un par de días estaré como nuevo.

-Pero…- sus dedos taparon mi boca.

-Pero nada- sonrió y se inclinó hacia mi cara-. Te amo.

-Yo también te amo- le sonreí de vuelta y acorté la distancia.

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-¿Qué venimos a hacer exactamente?- pregunté al tiempo que acostaba en el suelo.

-Pasar un rato solos en nuestro prado- contestó acostándose a mi lado.

Había pasado un mes desde que volvimos a casa. Todos lo hicimos y Esme estaba feliz de nuevo. Edward me había contado como poco a poco se habían marchado desde que yo los dejé. También me contó cómo fue que se enteraron de mi plan, obviamente gracias a Jacob y como organizaron para ir a buscarme…

Yo le conté lo difícil que fue separarme de mi familia, sobre todo de él. Le conté como los Vulturis me encerraron en el calabozo y no me alimentaron como castigo y por curiosidad. Le dije como Sebastian me alimentó y me dejo libre… Edward había echado humo por las orejas al enterarse y todas las semanas se aseguraba de que comiera unas tres veces como mínimo.

Con el correr de los días Edward logró controlar las voces, dejaron de ser susurros y volvieron a ser claras. Como él me había dicho: estaba como nuevo.

La única diferencia era que no volvimos a retomar la relación, la última vez que nos besamos fue cuando estábamos en el avión, luego de eso él prefirió darnos un tiempo, para contarnos lo que habíamos pasado, aclarar otros tantos y asegurarnos de que realmente nos amábamos. Era una decisión suya, y yo la respetaba, por más que me muriera por besarlo… lo único que compartíamos eran abrazos, horas de abrazos en la cama…

Con respecto a los Vulturis, ellos no volvieron a presentarse… solo Carlisle habló con ellos una última vez. Llamó por teléfono para asegurarse de que entre los clanes no había diferencias, ellos dijeron que todo tipo de deuda se había saldado y que no volverían a molestarnos. Solo en aquel momento respiramos aliviados.

-¿Bella?- la voz de Edward me sacó de mis cavilaciones.

Abrí mis ojos y me encontré con los suyos… su cara estaba demasiado cerca de la mía… solo tenía que levantar un centímetro mi cabeza y podría probar aquellos carnosos y dulces labios…

-¿Bella?- sacudió su mano frente a mi cara.

-¿Si?- pregunté aturdida.

-¿En qué piensas?- preguntó divertido.

-En todo y nada a la vez- suspiré y me senté.

-Quedamos en que no volvería a esconderme tus pensamientos- me regañó golpeando suavemente mi nariz.

-No es nada malo… solo pensaba en… en nosotros- dije apartando la vista.

-¿En nosotros?- frunció el ceño.

-Si, en nosotros- suspiré nuevamente y me puse a jugar con una flor.

Lo escuché reírse y luego como se ponía en pie. Lo miré y me encontré con su mano tendida hacia mí, esperando a que la tomara. Y eso hice, la tomé y él me ayudó a levantarme.

-Hay algo que quiero decirte- dijo con una sonrisa.

La cual se hiso aun mayor cuando lo vi arrodillarse en el suelo, con mi mano entre las suyas. Contuve un gritito de sorpresa con mi mano libre y me le quedé viendo.

-Ya hemos pasado por esto antes- se rió quedamente-. Pero lo preguntaré las veces que sea necesario- metió una mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una cajita aterciopelada azul marina. La abrió y me mostró en hermoso y delicado anillo- ¿Te casarías conmigo?- preguntó con esa voz que lograba hacer que mi corazón diera un brinco en mi pecho.

Mis rodillas cedieron y terminé en el suelo, a su altura. Había perdido mi voz por completo, por lo que solo pude asentir.

Edward alineo mi dedo con el anillo, y antes de colocarlo me miró con una ceja alzada.

-¿No volverás a escapar?- preguntó entre divertido y serio.

Solté una carcajada y empujé mi mano haciendo que mi dedo entrara en el anillo. Luego pasé mis brazos por su cuello, envolviéndolo y atrayéndolo a mí.

-Nunca más- sentencié con una sonrisa antes de unir mi boca con la suya.

Ahora si estaríamos juntos para siempre.

Hola a todas, como prometí hoy les traigo el capítulo final de esta historia, el domingo les traigo el Epilogo y ya le decimos chau a la historia.

Bueno, no quiero hacerla muy larga, pero quiero que sepan… Este año he perdido a dos personas, en muy corto tiempo. Primero lo perdí a mi abuelo, el primero de enero, un día antes de mi cumpleaños, por razones casi tontas se puede decir. Ser viejo y caer de la cama, quebrarte la cadera y no levantarte nunca mas es algo realmente feo. Y segundo, perdí a un amigo la semana pasada, quizás a esta hora él estaba planeándolo todo. Se suicido, por motivos que no se… pero lo hiso. El motivo de esto no es para que me tengan lastima, no quiero la lastima de nadie, de hecho me molesta, porque me hace sentir débil, vulnerable… y no me gusta. Se los cuento porque si ven algo raro en el cap, lo lamento mucho… hice mi mejor esfuerzo, pero las que opinan son ustedes. Realmente lamento si no les gusta…

En fin, la verdad es que mientras escribía se me ocurrió la historia de Sebastian, osea, era el malo de la película, sin embargo también fue humano y tuvo su historia, como todos los vampiros de la saga. Y me gusto su historia, me gusto hacerlo un poco más humano, uno que se revelara a los deseos de ser vampiro…

Con respecto a Edward, bueno…. No se si realmente pasó eso cuando se transformó, pero me lo imagine así. Quiero aclarar que Sebastian absorbió un poco del poder de Edward, y escuchó lo mismo que él, por eso esta medio desorientado y debill…

Bueno, la termine hacerla larga hahaha… me despido, me voy a seguir escribiendo…

Cualquier cosa que quieran contactarme y hacerme preguntas, en mi perfil tienen para hacerlo…

Las quiero, gracias por seguirme… gracias por los rr…. Las adoro mucho.

Melo.