LXXXII
Resoluciones

Hace dos días que habíamos regresado desde Shiganshina, pero aún me sentía agotada. Es que tanto había ocurrido desde que salimos a la caza de Eren hasta el final de la batalla, que había ocasiones en las que me despertaba por mi cuenta, y me costaba recobrar el sueño, aunque eso también debía deberse a que descansaba en mi habitación en las barracas en Trost, y no junto a Historia allá en el palacio real.

Hablando de ella, me había llegado una carta de su parte, diciéndome que no me preocupara por Armin, que los cuidadores habían hecho un buen trabajo. Aquella también era una de las razones de mi insomnio, pero había recibido órdenes de permanecer en las barracas en Trost por el momento, pues había que elaborar un informe de la batalla, y aquello no era posible en la capital, al menos de momento. Había un tumulto general en el ejército, porque el capitán general Darius Zackley había decidido renunciar a su puesto, y los altos mandos estaban buscando de manera afanosa un reemplazante. Nadie sabía por qué Zackley había decidido tal cosa, pero muchos pensaban que se trataba de un retiro anticipado, y que deseaba entregar el cargo a alguien más joven. Yo no creía que hubiese hecho un mal trabajo como capitán general, por lo que no podía deberse a incompetencia. Y si así fuese, los altos mandos habrían forzado al capitán general a dimitir, lo que se traduciría en un anuncio público, algo que no ocurrió. Lo importante era que emitir nuestros informes en un ambiente inestable no era la mejor decisión.

No fue hasta recién que una decisión fue tomada con respecto al sucesor del capitán general Zackley. No podía decir que me sorprendiera, en todo caso. Solamente había una persona en todo el ejército que podía desempeñar ese rol, sobre todo tomando en cuenta que los otros dos comandantes habían perecido en la batalla contra Marley. La noticia de que Erwin Smith había sido designado el nuevo capitán general del ejército se había regado como pólvora por toda la isla, pero, tal como yo creía, a mucha gente no le sorprendía realmente. Las únicas personas que tenían problemas con la decisión eran algunos miembros de la Policía Militar. Curiosamente, eran aquellos que habían quedado atrás, no por cobardía, sino para prevenir cualquier incidente que pudiera ocurrir. Los que habían participado en la batalla estaban completamente de acuerdo con la decisión, pues habían sido testigos de la experiencia y la pericia con la cual había comandado sus fuerzas en contra del ejército de Marley. Él había sido una de las razones por las que Paradis había vencido a Marley, y los soldados que habían peleado bajo su mando lo sabían bien. Sin embargo, no hubo ninguna suerte de ceremonia involucrada, y yo entendí a la perfección. Erwin era un hombre práctico fuera del campo de batalla, y a él solamente le bastaba haber obtenido el cargo, aunque estaba segura de que no lo había aceptado libremente. Erwin era un hombre de acción, que hacía mejor su trabajo al frente de sus hombres en lugar de hacerlo desde detrás de un escritorio. Tal vez nunca sepa qué fue lo que le motivó a aceptar tal responsabilidad.

Un día después de la elección de Erwin como capitán general, supimos que Hange sería el nuevo comandante del Cuerpo de Exploración, y fue ella quien nos informó que tanto yo como Jean, Connie y Marlo habíamos sido convocados a la capital, aunque por razones distintas. Mis compañeros debían presentarse a las barracas de Mitras para realizarse diversos exámenes médicos, con el fin de empezar su entrenamiento especial para dominar sus nuevos poderes. Ellos ya sabían que solamente tenían trece años más de vida antes de heredar sus poderes a otros, pero solamente Marlo estaba teniendo problemas aceptando aquel destino, y no podía culparle de nada.

—Me imagino que Hitch no va a estar contenta con lo que te pasó —dije, y me sentí un poco incómoda después de hablar, porque se trataba de una obviedad, y lo sabía.

—No creo que cualquier explicación le satisfaga —dijo Marlo, sin mirarme a los ojos. Tenía la cabeza gacha, y con razón—. Tal vez ella quiera cancelar nuestra unión, y realmente no la puedo culpar. A ella no le van a bastar trece años. Se supone que el matrimonio es para toda la vida. —Marlo se llevó una mano a la frente, y suspiró tristemente, para luego continuar en un tono lúgubre—. No sé qué puedo hacer para resolver este problema. No quiero perder a Hitch, no por algo que no elegí.

—No creo que ella sea tan irracional para creer que elegiste ser un titán cambiante —dije, aunque no creía realmente en mis palabras. Las mujeres podíamos ser bastante irracionales cuando se daban las circunstancias, y tendíamos a hablar con nuestras emociones más que con nuestra razón—. Si le explicas lo que realmente pasó, tal vez sea capaz de aceptar, o al menos entender, lo que te ocurrió. Puedes contar con nosotros para hacerle llegar el mensaje.

—Mikasa tiene razón —acotó Jean, aunque tampoco se veía muy entusiasmado con vivir solamente trece años más—. No estás solo en esto, Marlo. No creo que Hitch te crea si haces esto solo, pero si tienes apoyo, tendrás más posibilidades. Además, estoy seguro que Mikasa te entiende a la perfección, porque está pasando por lo mismo que tú.

Connie, por otro lado, no parecía darle mucha importancia a que sus días estén contados, pero nos apoyó de todas formas.

—Por supuesto que puedes contar con nosotros —añadió, poniendo una mano sobre el hombro de Marlo, y su expresión cambió un poco. Mostró una sonrisa pequeña.

—Gracias, muchachos —fue todo lo que dijo.

No obstante, aquella conversación no tendría lugar hasta después que nos desocupáramos con nuestras correspondientes labores. Además, había otra cosa con la que debía lidiar pronto. La traición de Louise, aunque no completamente inesperada, me había afectado bastante. Tenía la idea, o podía ser una ilusión, de que ella no hubiese querido realmente hacer las cosas que hizo, pero sus acciones durante la batalla contra Marley hicieron claras sus intenciones. Ella apoyaba completamente a Eren, y ningún malabar mental que hiciera lo haría menos cierto. Si era objetiva, ella tenía que ir a juicio y, si correspondía, debía pagar con su libertad por sus acciones, pero aquellas palabras que me había dicho allá en la prisión después de que Eren escapara me hicieron pensar que, tal vez, estaba arrepentida de haber sido una Jaegerista. Tenía que hablar con ella primero y obligarla a que fuese clara con sus lealtades. Tal vez solamente se tratara de una simple estratagema para encontrar una razón para odiarla y así sentirme mejor, pero necesitaba claridad de todas formas.

Dos días después, mi informe fue recibido por los altos mandos y aprobado por el capitán general, y tanto Marlo como Connie y Jean ya había pasado por las pruebas médicas, no encontrando problemas físicos. Solamente quedaban las pruebas psicológicas, pero aquellas tendrían lugar la siguiente semana. Eso significaba que teníamos tiempo para lidiar con nuestros asuntos personales. Por cierto, había pasado por el palacio real para ver a Historia, y dialogamos un rato, pero fue solamente charla banal. Le expliqué a Historia que debía atender algunos asuntos personales antes de que tuviéramos la conversación que dijimos que íbamos a tener, y ella no tuvo problemas para aceptar mi decisión. De todas maneras, ella me explicó que había varios asuntos oficiales que debía atender, entre ellas, algo que tenía relación conmigo. Sin embargo, me dijo que lo que tenía que ver conmigo lo iba a agendar para una fecha en la que no estuviera ocupada, lo que no sería dentro de mucho tiempo.

Primero, yo, junto con Jean y Connie, íbamos a ayudar a Marlo con su problema. Los cuatro nos dirigíamos a los cuarteles de la Policía Militar en Stohess, donde Hitch se encontraba radicada. Miré a Marlo por un rato, y noté que tragaba saliva a cada momento y crispaba sus puños repetidamente. Era obvio que a él le importaba mucho lo que Hitch podría pensar de su nueva condición. Como su futuro esposo, no era de extrañar que tuviese aquellas aprensiones. Marlo estuvo rígido como una tabla durante todo el viaje, sin importar cuántas palabras de apoyo recibiese, por lo que decidimos quedarnos en silencio por lo que quedaba del trayecto.

Cuando llegamos al cuartel de la Policía Militar en Stohess, Hitch parecía estar a punto de saltar de la emoción cuando vio a Marlo. Seguramente debía estar más que contenta por ver que su futuro esposo había regresado con vida de la batalla contra Marley. Sin embargo, Marlo no compartía la emoción de su prometida, y seguía con una postura rígida. Dio unos cuantos pasos hasta que estuvo frente a ella, e hizo un gesto para que se no se moviera. En ese momento, Jean hizo un gesto para que nos retiráramos, y tanto Connie como yo entendimos. Connie y yo acompañamos a Jean a un lugar retirado para que no pudiéramos escuchar, pero no lo suficientemente lejos para que él pudiera pedir nuestra ayuda durante la conversación.

No pasaron ni tres minutos y Hitch ya había comenzado a elevar la voz en enojo, lo suficiente para que nosotros supiéramos que algo no estaba saliendo bien durante la conversación. Era claro que él no sabía qué hacer, y aquel era una clara indicación de que necesitaba ayuda. Jean y Connie asintieron, anticipando mis intenciones, y me aproximé a los dos, debidamente anunciando mi presencia para no sorprender a ambos. A continuación, expliqué a Hitch que yo estaba en su misma situación, y que me había tomado mucho tiempo aceptar que Historia ya no iba a estar conmigo dentro de trece años, pero dejando claro que no estaba obligada a aceptar mi punto de vista, que sus circunstancias podían ser diferentes, y que solamente estaba compartiendo mi experiencia para que ella pudiera tomar una mejor decisión. Jean y Connie también aparecieron minutos después, agregando que no era nada agradable tener solamente trece años para vivir, y que podía ser beneficioso ponerse en el lugar de Marlo también. Connie estaba allí solamente por estar con nosotros, pues él no tenía muchos problemas con el límite de trece años, pero su presencia ayudaba a aliviar la tensión, y definitivamente ayudó a que Hitch respirara hondo, se calmara y pudiese tomar buenas decisiones.

Una vez que presentamos nuestros argumentos, volvimos a retirarnos para que ambos pudieran llegar a un acuerdo. De hecho, salimos del cuartel de la Policía Militar, completamente en silencio, esperando que todo saliese bien. No tuvimos que esperar mucho rato, sin embargo, porque Marlo salió del cuartel, luciendo ligeramente aliviado, aunque aún ostentaba trazas de nerviosismo.

—Hitch dijo que aún no le gustaba la idea de pasar solamente trece años juntos, pero también admitió que no era algo que yo había elegido, y que era injusto culparme por eso —dijo Marlo con voz trémula, aunque se notaba algo de alegría en su voz—, así que sugirió que celebráramos nuestro casamiento lo antes posible.

Jean arqueó una ceja, pero fue Connie quien habló por él.

—Vaya, Hitch no pierde el tiempo, ¿eh?

—¿Realmente la puedes culpar, después de lo que escuchó? —repuso Jean, mirando a Marlo con una expresión de alivio—. Menos mal que Hitch fue razonable. No sé qué hubiera pasado si no hubiésemos intervenido.

—Probablemente la relación se habría acabado de golpe —añadí, también mirando a Marlo, notando que la tensión iba lentamente desapareciendo de su expresión, y que su postura lucía cada vez menos rígida.

—Deberíamos celebrar —propuso Connie con una expresión esperanzada en su cara.

—Esa es una buena idea, pero creo que primero deberíamos honrar a los que perecieron en la batalla —acotó Jean. Yo lo secundé asintiendo con la cabeza. Sin embargo, la ceremonia fúnebre sería mañana, por lo que me daba tiempo para lidiar con lo otro que estaba dando vueltas en mi cabeza. Con ese propósito, los tres nos dirigimos de vuelta a Mitras, donde nos íbamos a separar. Mi destino era la prisión, donde Louise esperaba por juicio.