Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling.
Cazadores de Sombras, pertenece a Cassandra Clare.
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109: A través del cielo en las estrellas
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Ciudad de Cristal.
El humo se alzaba en una perezosa espiral, trazando delicadas líneas de negro a través del aire despejado.
Jace y Janeth, en la colina con vistas al cementerio, contemplaron el humo ondear hacia el cielo. No se había perdido la ironía en ambos: eran los restos de su padre, después de todo.
Janeth se puso de pie y usó el hechizo Agilitatem, para descender rápidamente la colina, acercándose al lugar, parándose junto a su familia, en un instante.
Desde su posición. Jace podía ver el ataúd desde donde estaba sentado, ocultado por el humo, las llamas y el pequeño grupo que lo rodeaba. Él reconoció el brillante cabello de Jocelyn desde allí, ahora Janeth y a Luke de pie a su lado, con la mano sobre la espalda de Jocelyn, la mano de Janeth en el hombro de Jocelyn.
Jocelyn había vuelto el rostro a un lado, apartándolo de la pira ardiente.
Jace podía haber sido uno de los de ese grupo, él quiso serlo. Había pasado los dos últimos días en el hospital, y sólo le habían dejado salir esta mañana, en parte para que pudiera asistir al funeral de Valentine. Pero llegando a mitad de camino de la pira, una pila de montones de madera desnuda, blanca como huesos, se dio cuenta de que no podía ir más lejos. Se dio la vuelta y subió la colina andando en su lugar, alejándose de la procesión de dolientes. Luke le había llamado, pero Jace no se volvió.
Él se había sentado y los observaba congregarse alrededor del ataúd, vio a Patrick Penhallow con su apergaminado atuendo blanco prenderle fuego a la madera.
También habían enterrado a Andrew, en cuyo entierro Janeth, Daphne, Jocelyn, Luke, Clary e incluso Sebastian, estuvieron presentes.
Se levantó viento y estaba empujando el humo lejos de él. A lo lejos podía ver el resplandor de las torres de Alicante, con su antiguo esplendor restablecido. No estaba totalmente seguro de lo que esperaba conseguir sentándose allí y contemplando arder el cuerpo de su padre, o lo que diría si estuviera allí abajo entre los dolientes, pronunciando las últimas palabras para Valentine. Nunca fuiste mi padre en realidad´, podría decir él, o `Tú fuiste el único padre que conocí Ambas afirmaciones eran verdad al mismo tiempo, no importa lo contradictorias que fueran.
—Jace. —Él alzó la mirada. Luke estaba allí en pie sobre él, una silueta negra perfilada por el sol. Llevaba vaqueros y una camisa de franela como de costumbre…, sin concesión al blanco de luto para él. —Ha terminado —dijo Luke —. La ceremonia. Ha sido breve.
—Estoy seguro de que lo ha sido. —Jace clavó los dedos en el suelo a su lado, dándole la bienvenida al dolor del roce de la tierra contra los dedos. —. ¿Alguien ha dicho algo?
—Sólo las palabras habituales. —comunicó Luke, quien entonces, recordó algo —Aunque Janeth no se ha contenido y le ha maldecido, por haberle envenenado con el Icor de Lilith, entre dientes, para que no la escucharan y no la fueran a apresar. —él suspiró y se pasó una mano por el cabello, mientras que Jace lo miraba, fijamente —Ella misma, cavó el agujero en donde enterraron a Andrew y.… realizó un ritual, como si fuera la tumba de un vampiro —Jace alzó una ceja, interesado en eso —derramó agua bendita, sal y tierra benditas, bañó el cadáver con más agua bendita, lo cargó en brazos y lo dejó ella misma, en la tumba, antes de enterrarle una estaca en el corazón... incluso lo decapitó.
Sabía que había terminado mucho más rápido de lo que nadie hubiera esperado… Tras la muerte de Valentine, los demonios que él había convocado huyeron en la noche como la niebla desaparece bajo el sol. Pero eso no significaba que no hubiera habido muertos. El de Valentine no era el único cuerpo que ardió en Alicante esos últimos días. —Y Clary estaba… Quiero decir, ella no ha…
—No tenías por qué hacerlo. —dijo Luke —Podías no haber asistido y nadie te hubiera culpado de no venir. Clary solo vino, para acompañar a su madre y creo que más, lamenta no haber conocido a Jonathan, en esos últimos momentos de vida, que el hecho de haber compartido con Andrew, solo un par de minutos, gracias a la sobreprotección de Janeth.
—Quería hacerlo —admitió Jace —. A pesar de lo que sea que diga eso de mí.
—Los funerales son para los vivos, Jace, no para los muertos. Valentine era más tu padre que el de Clary, incluso aunque no compartierais la misma sangre. Tú eres el que tiene que decir adiós. Eres el que le echarás de menos.
—No creía que tuviera permitido echarle de menos.
—Nunca conociste a Stephen Herondale —dijo Luke —Y llegaste a Robert Lightwood cuando apenas eras sólo un niño aún. Valentine fue el padre de tu niñez. Tienes que echarle de menos.
— ¿Sabes? No dejo de pensar…, si me hubiera quedado con Valentine, si él no me hubiera mandado con los Lightwood, ¿habría sido exactamente igual que Jonathan? ¿Sería yo así ahora?
— ¿Importa eso? —dijo Luke —. Tú eres quien eres ahora por una razón. Y si me lo preguntas, yo pienso que Valentine te envió con los Lightwood porque él sabía que era la mejor alternativa para ti. Quizás, también tuviera otras razones. Pero no puedes apartarte del hecho de que él te envió con personas que sabía que te querrían y te criarían con amor. Puede que haya sido una de las pocas cosas que él haya hecho por alguien de verdad. Él le dio una palmadita en el hombro a Jace, un gesto tan paternal que casi hizo que Jace sonriera. —Yo no me olvidaría de eso, si fuera tú.
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Clary, de pie y mirando por la ventana de Isabelle, contemplaba como el humo teñía el cielo sobre Alicante como una mano manchada contra la ventana. Estaban incinerando a Valentine hoy, ella lo sabía; incinerando a su padre, en la necrópolis justo a las afueras de las puertas. —Sabes lo de la fiesta de esta noche, ¿no? —Clary se dio la vuelta para mirar a Isabelle, detrás de ella sosteniendo dos vestidos, uno azul y otro gris acero—. ¿Cuál crees que debería llevar?
—Para Isabelle, —pensó Clary —la ropa siempre sería una terapia. —los miró y finalmente se decidió por uno —El azul. —Isabelle echó los vestidos sobre la cama. — ¿Qué vas a llevar tú? Vas a ir, ¿no?
—Violeta.
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Clary empujó abriendo la puerta principal y dio un paso al interior, pensando lo rápidamente que se le había hecho familiar la casa. Ya no tenía que hacer grandes esfuerzos para recordar el camino hasta la puerta de la calle o la forma en la que se atascaba ligeramente el pomo cuando tiraba de él para abrir. El destellar de la luz del sol sobre el canal era familiar, como lo era la vista de Alicante a través de la ventana. Ella casi podía imaginar vivir aquí, casi podía imaginar cómo sería si Idris fuera su hogar. Se preguntaba qué comenzaría a echar de menos en primer lugar. ¿La comida china para llevar? ¿Las películas? ¿El Midtown Comic? Ella estaba a punto de dirigirse hacia las escaleras cuando escuchó la voz de su madre venir desde la sala de estar…, aguda, y ligeramente agitada. Pero, ¿por qué cosa podría Jocelyn estar alterada? Todo estaba muy bien ahora, ¿no era así? Sin pensarlo, Clary dejó caer la espalda contra la pared cercana a la puerta de la sala de estar y escuchó. — ¿A qué te refieres con que te quedas? —estaba diciendo Jocelyn. — ¿Quieres decir que no vas a volver a Nueva York en absoluto?
—Se me ha solicitado permanecer en Alicante y representar a los hombres lobos en el Concilio —dijo Luke —. Les dije que se lo haría saber esta noche.
— ¿No podría hacer eso otra persona? ¿Uno de los líderes de manada de aquí en Idris?
—La Clave está dispuesta. Pero yo soy el único líder de manada que fue alguna vez Cazador de Sombras. Es por eso que me quieren a mí. —Él suspiró —Yo empecé todo esto, Jocelyn. Debería quedarme aquí y acompañarlo.
Hubo un breve silencio. —Si eso es lo que sientes, entonces por supuesto, deberías quedarte —dijo finalmente Jocelyn, pero su voz no sonaba segura.
—Tendré que vender la librería. Poner mis asuntos en orden. —Luke sonaba áspero —No es que vaya a mudarme enseguida.
—Puedo lidiar con eso. Después de todo lo que has hecho… —Jocelyn no parecía tener energías para mantener su tono lleno de vida. Su voz se fue apagando hasta el silencio, un silencio que se extendió tanto tiempo que Clary pensó en aclarar la garganta y entrar en la sala de estar para dejarles saber que ella estaba allí. Un momento después se alegró de no haberlo hecho.
—Mira —dijo Luke —, hace mucho tiempo que llevo queriendo decirte esto, pero no lo he hecho. Sabía que nunca tendría importancia, incluso aunque lo hubiera dicho, por lo que yo soy. Tú nunca quisiste que eso fuera parte de la vida de Clary. Pero ahora ella ya sabe, así que supongo que ya no importa. Y más vale que te lo diga. Te amo, Jocelyn. Hace veinte años que llevo haciéndolo. —Él hizo una pausa. Clary se tensó para escuchar la respuesta de su madre, pero Jocelyn estaba en silencio. Finalmente, Luke habló de nuevo, su voz era dura. —Tengo que volver al Concilio y decirles que me quedaré. No tenemos que hablar de esto otra vez. Simplemente me siento mejor habiéndolo dicho después de todo este tiempo.
Clary se apretó más contra la pared cuando Luke, con la cabeza gacha, salió airado de la salita. Pasó junto a ella sin parecer verla en absoluto y tiró de la puerta de entrada abriéndola. Él se quedó allí en pie durante un momento, mirando ciegamente al exterior, al sol reflejado en el agua del canal. Luego, se marchó, cerrándose la puerta de un portazo detrás de él. Clary se quedó parada donde estaba, la espalda contra la pared. Se sentía terriblemente triste por Luke, y terriblemente triste por su madre también. Parecía realmente que Jocelyn no amaba a Luke, y tal vez nunca podría hacerlo. Era exactamente como había sido entre ella y Simon, excepto por que ella no veía ninguna manera de que Luke y su madre pudieran arreglar las cosas. No si él iba a quedarse aquí en Idris. Las lágrimas le ardían en los ojos.
Janeth entró en la sala —Lo lamento, pero lo he oído todo. Ha sido mucho tiempo, madre. —dijo la chica mitad hada, mitad serpiente —Si no le quieres, deberías dejarle marchar. —Jocelyn se quedó en silencio. Clary deseaba poder ver la expresión de su madre… ¿Parecía triste? ¿Enfadada? ¿Resignada? Janeth profirió una pequeña exclamación. —A menos que… ¿Le amas?
Jocelyn se sonrojó y esquivó los ojos verdes oscuros, de la Pelinegra. —Jan, yo no puedo…
— ¡Le amas! ¡Tú le amas! —Hubo un sonido repentino, como si Janeth hubiera juntado las manos con una palmada —. ¡Sabía que sí! ¡Siempre lo supe, al menos en esta vida!
—Eso no importa. —Jocelyn sonaba cansada —No sería justo para Luke.
—No quiero oír eso. —Hubo un ruido susurrante, y Jocelyn hizo un sonido de protesta. Clary se preguntó si Janeth habría agarrado a su madre —. Si le amas, ve ahora mismo y díselo. Enseguida, antes de que llegue al Concilio.
— ¡Pero le quieren para que sea miembro de su Concilio! Y él quiere…
—Todo lo que Lucian quiere —dijo Janeth firmemente —, es a ti. A ti y a Clary. Eso es todo lo que él siempre ha querido. Me apuntó con una escopeta, con gran valor, cuando irrumpí en la casa, para protegerlas a ambas. Si eso no es amor y valentía, entonces no sé qué sea. Ahora ve.
Antes de que Clary tuviera oportunidad de moverse, Jocelyn salió disparada al vestíbulo. Se dirigió hacia la puerta…, y vio a Clary, aplastada contra la pared. Deteniéndose, se le abrió la boca por la sorpresa. — ¡Clary! —Ella sonó como si estuviera tratando de hacer su voz viva y alegre, y fracasando de una manera lamentable —. No me di cuenta de que estuvieras aquí. —Janeth se paró al lado de su hermana menor.
Clary dio unos pasos apartándose de la pared, agarró el pomo y tiró de él abriendo la puerta de par en par. La brillante luz del sol se derramó en el vestíbulo. Jocelyn se quedó parpadeando ante la fuerte iluminación, con los ojos sobre su hija. —Si no vas tras Luke —dijo Clary articulando muy claramente, a su lado estaba Janeth, sonriente y con espada en mano—, nosotras dos, como buenas hermanas... te mataremos.
Por un momento Jocelyn pareció asombrada. Luego, sonrió. —Bueno —dijo ella—, si lo ponen así. —Un instante después ella estaba fuera de la casa, bajando apresuradamente por el camino del canal hacia el Salón de los Acuerdos. Clary se sintió realizada y cerró la puerta detrás de ella con la cadera y se inclinó contra ésta. Miró a Janeth, quien se transformó en Jonathan y chocaron los cinco.
Janeth desactivó su transformación y miró a Clary algo insegura. — ¿Crees que le alcanzará antes de que él llegue al Salón?
—Mi mamá se ha pasado la vida entera persiguiéndome por todas partes —dijo Clary —. Ella se mueve muy rápido.
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— ¿Cómo fue la reunión? —le preguntaba Clary a Simon, echándole una ojeada para ver si él se había arreglado para la fiesta. No lo había hecho, pero difícilmente le culpaba…, se veía muy guapo —. ¿A quién han elegido los vampiros?
—No a Raphael —dijo él, sonando como si estuviera satisfecho por ello —. A algún otro vampiro. Tenía un apellido de Cazador de Sombras. Nightshade o algo así.
Entonces, Clary le enseñó una sonrisa. — ¿Sabes?, me preguntaron si quería dibujar el símbolo del Nuevo Concilio —dijo Clary —. Es un honor. Dije que lo haría. Va a tener la runa del Concilio rodeada por los símbolos de las cuatro familias de Submundo. Una luna para los hombres lobo, y estaba pensando en un trébol de cuatro hojas para el reino de las hadas. Un libro de hechizos para los brujos. Pero no puedo pensar en nada para los vampiros.
— ¿Qué tal unos colmillos? —sugirió Simon —. Quizás empapados de sangre.
—Gracias —dijo Clary. —Eso es de mucha ayuda.
—Me alegro de que te lo hayan pedido —dijo Simon, con mayor seriedad —. Te mereces el honor. Te mereces una medalla, en realidad, por lo que hiciste. La runa de la Alianza y todo lo demás.
Clary se encogió de hombros. —No sé. Me refiero a que la batalla apenas pasó de los diez minutos, después de todo eso. No sé cuánto ayudé.
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La Plaza del Ángel casi estaba irreconocible. El Salón resplandecía de blanco en el lejano fondo de la plaza, en parte oculto por un trabajado bosque de árboles enormes que se levantaban en el centro de la plaza. Evidentemente eran producto de la magia…, aunque, pensó Clary recordando la habilidad de Magnus para traer rápidamente muebles y tazas de café desde el otro lado de Manhattan en un parpadeo, quizás éstos eran reales, si bien trasplantados. Los árboles se alzaban casi hasta alcanzar la altura de las Torres Demonio, sus troncos plateados estaban envueltos con cintas y había luces de colores prendidas en la susurrante red verde de sus ramas. La plaza olía a las flores blancas, a humo y a hojas. Alrededor de los márgenes del pequeño bosque estaban colocadas mesas y largos bancos, y grupos de Cazadores de Sombras y Submundos se congregaban en torno a ellos, riendo, bebiendo y hablando. Aun a pesar de las risas, había algo sombrío mezclado con el aire de celebración…, una pena presente coexistiendo con la alegría.
Las tiendas que bordeaban la plaza tenían las puertas abiertas, derramando su luz sobre las aceras. La gente en la fiesta pasaba en tropel, llevando platos con comida y largas copas de vino y líquidos de alegres colores. Simon vio pasar saltando a un kelpie2 que llevaba un vaso con un fluido azul, y enarcó una ceja.
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Cuando Jace le dijo a Clary, que iría a visitarla, ella se sorprendió y no lo terminó de comprender, hasta que Jocelyn y Luke, llegaron con la noticia: El Nuevo Consejo de Nefilim, Vampiros, Hombres Lobo, Hadas y Brujos, querían que el Instituto de Londres, fuera comandado por Jocelyn y Luke, así que sí: él tendría que vender la librería.
Jace juró ir a visitarla... lo juró dos veces y le enseñó una caja, que había pertenecido a su padre y que estaba en poder de la hermana de Luke: Amatis Graymark, quien, en el pasado, fue Amatis Herondale, porque estuvo casada con Stephen Herondale: el padre de Jace.
Horas después, con muchas cosas empacadas, Magnus abrió un portal sobre una pared de la casa de Rangor Fell, permitiendo a Janeth, Daphne, Jocelyn, Luke y Clary, cruzar el portal y aparecer en un callejón de Londres, siendo guiados por el olfato de Luke, hacía el Instituto de Londres, donde convivirían con la Bruja Tessa Carstairs (de nacimiento: Theresa Starkweather, una bruja hija de una Cazadora de Sombras y de un demonio, quien carecía de cualquier tipo de Marca de Brujo), quien ya vivía allí y los aceptó en el Instituto, con los brazos abiertos.
Janeth se encargaría de entrenar a Clary y la joven Cazadora de Sombras, no podía estar más emocionada, por visitar junto a su hermana, a la familia Potter y los Greengrass.
Era un cierre agridulce para la historia de Clary, pero un inicio maravilloso para su nueva aventura.
Fin.
