El profesor Nakamura nos dejó salir media hora antes de lo previsto por lo que tengo unos minutos libres, los cuales no se en que gastarlos. Supongo que voy a ir club de literatura y releer el libro que me regalo Yuri ayer.
El pasillo del penúltimo piso del instituto Kiyomi rebosa de un inesperado pero bienvenido silencio. Casi puedo verme tarareando una melodía de camino.
Pero…, un piano suena de fondo. El ruido me guía hacia el fondo del corredor a una habitación que parece pertenecer al club de música. Cautivado por la melodía entro por la puerta entreabierta.
Monika toca un piano vertical con una amplia sonrisa en su rostro. Bañada por la luz solar que se filtra por la ventana tiene su mirada fija en la partitura mientras desliza sus delgados y lisos dedos por las teclas del instrumento musical en completa armonía.
Mi corazón comienza a latir rápido mientras un extraño cosquilleo recorre mi nuca. ¿Qué demonios me pasa?
Tienes que tranquilizarte Dai. Este no es el lugar ni el momento indicado para dejarte llevar por tus emociones y menos teniendo en cuenta lo que ella está pasando. Ya fui egoísta una vez y no planeo serlo dos veces. Ya habrá tiempo para poner en orden mis emociones, por ahora…
Desconozco cuanto tiempo estuvo parado ahí, sonriendo como un imbécil. A base de respiraciones profundas logre calmar esta inesperada sensación.
El acto no había terminado, sin querer interrumpir acerque un taburete de madera al lado suyo y me limite a fungir como su único y silencioso espectador. Por instantes ella parecía vislumbrarme de reojo, pero no voltea a verme hasta terminado su actuación.
—¡Wow Monika! —dije aplaudiendo—. ¡Eso fue increíble!
—Gracias Daichi —aparto las manos del teclado.
—¡Tu si eres una caja llena de sorpresas!
—Oh —poso una mano sobre su cintura y con picardía dijo—. Ahora te estas burlando.
—¡Lo digo en serio! —asegure levantado ambas manos—, me impresiona como te las arreglas para hacer todo lo quieres en un día.
—No es para tanto —levanto un dedo al aire—, solo es cuestión de disciplina.
—Suenas un poco como mi padre.
—Tu padre…, ¿has sabido algo de el después de lo que paso?
—Más o menos —sentí un pinchazo en el pecho—. Me llamo varias veces por teléfono, pero siempre cuelgo sus llamadas.
—Oh, eso es un poco…
—Reconozco que estuvo mal, pero es que no se si tenga la fuerza para hacerlo.
Ella se levantó y arrastrando otro taburete hacia mi lugar se sentó.
—Daichi —agarro con suavidad mi mano derecha—. Dejando de lado lo que paso, estoy aquí para ti.
¡Oh no! Otra vez esta sensación. ¡Estúpida mente! Trato de contenerlo y a este punto el rubor de mis mejillas hace que sienta como me hierve el rostro entero.
—Yo…, lo sé. Pero eso también aplica para ti, ¿lo sabes no?
"Ring ring" Vibro mi teléfono celular del bolsillo de mi pantalón interrumpiendo el momento. Es una llamada entrante de ¿mi padre? Vaya, esto es demasiado oportuno. Soltándome del agarre me disculpé y molesto contesté afuera del salón. Una voz rasposa y grave del otro lado de la línea me saluda.
—¡Hijo! No creí que respondieras.
—Papá —me enserie—, ve al grano.
—Solo quiero que hablemos en persona, padre e hijo.
—Es demasiado tarde para eso.
—¡Pero si estuve intentando llamarte por tres años!
El silencio fue mi respuesta. Haciendo todo lo posible para no alterarme respire profundo. Aun sosteniendo el teléfono celular en mi oreja camine sin rumbo por el pasillo.
—Tienes que dejar que los espíritus te dejen encontrar el perdón, Dai. Solo así podemos solucionar esto.
—¿Solucionar? —pregunte irascible—. ¡No jodas! ¿Después de todo lo que le hiciste a mamá?
—¡Oye! —alzo la voz—. ¡Cuida tu tono jovencito!
—¿Y cómo mierda quieres que conteste? —apreté la mandíbula—, ¡ese día, si no hubiera intervenido ella estará muerta!
—¡Sabes que jamás haría algo así! —bramo— Solo estaba espantándola.
—¡Le provocaste una maldita hemorragia en la cabeza! ¡Animal! —cerré los puños—. Le largaste y ahora solo quieres "¿arreglar las cosas?".
—¡Es justo lo quiero! —acompaño con un suspiro lento y pesado—. Estoy arrepentido de mis actos, y solo buda sabe que rezo todos los días para buscar tu perdón.
—No es conmigo con quien tienes que buscarlo.
—¿Qué? —pregunto confundido—. ¿No estas molesto por lo que te hice?
—Yo no fui el que se llevó la peor parte. Ahora, el dolor de ver a mi madre en ese estado en la sala de urgencias eso es imperdonable.
—Créeme que he intentado contactarme con ella, pero tampoco contesta mis llamadas.
Del otro lado de la línea de teléfono, se puede escuchar alguien hablando a la distancia. No se entiende bien lo que dice, pero parece hablarle a mi padre ya que el murmura algo en respuesta.
—Hijo, mi hora llego —dijo—. Si decides visitarme, ven a la cárcel de Hikari-shi el miércoles en la tarde. Necesito que escuches mi parte de la historia también.
¿Su parte? Me quede perplejo; ¿Insinúa que mamá tuvo algo que ver? ¡Estupideces! Lleno de rabia cuelgo la llamada, guardo mi teléfono celular en el bolsillo y sintiéndome abrumado por un cumulo de emociones me tire al piso con la espalda recargada en la pared y las rodillas dobladas.
¿Por qué tuvo que aparecer justo ahora cuando mi vida parece estar estable? Los recuerdos de lo sucedido aun están frescos en mi mente y por más que quiero dejarlos atrás siempre vuelven. Naoko tiene razón, no puedo huir de mis problemas, pero es solo que no tengo ni la más mínima idea de cómo afrontarlos.
Mis manos tiemblan, en tanto veo todo de un tono rojizo. Esto ya lo he sentido antes cuando…
Una suave mano acariciando mi hombro logra sacarme de mis pensamientos. Levanto la vista y un par de ojos verde me contemplan con tristeza, ella me ofrece su delgada mano para ponerme de pie. Es consciente de lo que acaba de pasar por lo que antes de que pudiera decir nada solo me abraza, dándome palabras de consuelo. Es en estas situaciones que recuerdo lo afortunado que soy de tener a alguien como Monika en mi vida, siempre apoyándome incluso si no lo merezco.
Mentiría si dijera que no me gustaría quedarme así para siempre, pero todavía hay un lugar más a donde ir. Fuimos entonces al club de literatura donde no tardarían en llegar las demás chicas al aula.
Veras, "El retrato de Markov" es un libro tan interesante como terrorífico. Trata sobre una especie de prisión donde se realizan todo tipo de experimentos en humanos y según recuerdo la historia sigue a una chica que lleva una vida normal, hasta que se ve involucrada en conflicto donde tiene que buscar a su hermana.
Una trama un tanto peculiar, sin embargo, eso no es lo más inquietante del asunto, sino que cuando lo leo tengo la inexplicable sensación de que alguien o algo me estuviera observando a lo lejos y la portada tampoco ayuda, esa especie de ojo ominoso en el centro…, no lo sé, me da escalofríos de solo verlo. Puede que este mas susceptible de lo normal.
Como sea, todo esto no es suficiente para distraerme de lo ocurrido hace unos minutos y he dejado de prestar atención a la lectura en cierto momento. Tengo que encontrar otra cosa, pero ¿qué? Todas parecen muy metidas en lo suyo; Monika como siempre escribiendo en su cuaderno, Sayori y Yuri leyendo y Natsuki dando brinquitos para agarrar algo en el armario al fondo del salón, tiene dificultades con eso.
Y hablando de ella, no he tenido la oportunidad de conversar, esta parece la ocasión perfecta.
—¡Buenas, Natsuki! —comente mientras me acercaba a ella.
—¿Uh? —ella voltea a verme con curiosidad remplazada por irritación—. ¡Ugh! ¿Qué es lo quieres?
—Vine a ver como estabas.
—¿Así? —contesto con sarcasmo—. ¡Como ves estoy bastante bien, genio!
—No lo parece—señale una pila de mangas que había arriba del todo dentro del almario.
—¿Qué? ¿Eso? —replico—. ¡Pues si leo manga! —, cruzo los brazos indignada—. ¿Tienes algún problema con ello?
—¡Tranquilízate! No es eso a lo que me refiero.
—Pues deberías… —se detuvo—, ¿no me estas juzgando?
—¡Claro que no! Dios…, yo también leía manga.
—¿En serio? —sus ojos brillaron por un momento—. Digo, es lo que esperaba de alguien como tú.
—Fingiré que no escuche eso —estire mi brazo para alcanzar dichoso objeto—. Déjame echarte un mano con esto.
—¡No! —me empujo—. ¡Yo lo hago!
—Te vas a caer si no te ayudo.
Hizo caso omiso a mi advertencia. Unos intentos más tarde y con la ayuda de un taburete cercano consiguió agarrar el manga que tanto buscaba. Obviemos el hecho de que casi cae varias veces en el proceso.
—¿Lo ves? —exclamó triunfante sosteniendo el objeto entre sus pequeñas manos—. ¡Te dije que podía hacerlo yo sola!
—Si como no —agite la cabeza—. ¿De qué trata? —pregunte ojeando por encima.
—¡¿No conoces Porfait girls?! —pregunto sorprendida—. Oh chico, ¡déjame mostrarte porque es tan increíble!
Sin previo aviso me lanza el manga a la altura del pecho, dándome apenas tiempo de agarrarlo. Ella entonces se sienta en el piso al lado de la ventana.
—¿No sería más cómodo si nos sentáramos en una butaca?
—Quizá sí, pero pasar por las paginas seria mas complicado.
—No había pensado en ello.
—Bueno, ¿te vas a quedar parado o qué?
Obedecí sin objeciones las demandas de Natsuki y entonces recargando el manga sobre mis rodillas nos dispusimos a leer. Aunque guarda cierta distancia, de vez en cuando se acerca para ver.
Es sin duda una lectura bastante curiosa: Tiene a cinco chicas de instituto como portada, vistiendo atuendos coloridos y haciendo poses bastante animadas. Hay un término para describir esto, pero ahora mismo no me sale la palabra. Espera, ¿eso es?
—Oye Natsuki si el título es Parfait girls, ¿por qué hay un chico al fondo?
—Eso es porque —exclamó con sorpresa—. Creo que es una especie de re-imaginación.
—O sea que no tienes ni idea.
—Bueno, compre la colección completa en una convención de manga, pero hasta apenas iba a leerlos.
—¿Guardas toda tu colección aquí?
—Si —aparto la mirada—, por ciertas cuestiones no puedo dejarlo en casa.
¿Padres estrictos? Se me ocurre mil y un formas en las que me puedo sentir identificado con eso en menor medida claro. Lo que me lleva sin querer al conflicto de hace rato, complicando mi concentración de nuevo. Natsuki no es ajena a esto.
—¡Hey! —chasqueo los dedos enfrente de mi—, ¿estas prestando atención?
—Lo siento. Estaba soñando despierto.
—¡Si no te está gustando solo dímelo y así no me haces perder el tiempo!
—¡No es eso! —asegure—. Mira, apenas nos conocemos, pero me gustaría saber tu opinión sobre un tema.
—¿De acuerdo? —me miro, inclinando la cabeza.
Tomando una bocanada de aire procedí a explicarle resumidamente mi situación. Para mi sorpresa ella se mostró bastante empática al respecto, bueno al menos la mayor parte del tiempo.
—¡Ja! ¡No me extraña que Monika estuviese enfadada contigo todo este tiempo!
—Muchas gracias por recodarlo —entrecerré los ojos.
—Tuviste tus razones sí, pero tu situación y la de tu padre no son tan diferentes.
—Eso no tiene ningún sentido.
—Míralo de esta forma, ¡bobo! —me pincho el brazo—, tanto tu como el buscan el perdón y harán de todo para conseguirlo.
—¡Pero son situaciones diferentes!
—¿Lo son?
Me quede callado meditando sus palabras. Hago una mueca de desagrado.
—No del todo. Nunca pensé en eso.
—¿A qué no? —dijo orgullosa de sí misma—. ¡Apuesto que no esperabas eso del miembro más pequeño del club!
Seguimos leyendo. Descubrí que en realidad este manga no esta tan malo como lo imaginé. Claro que el primer capítulo no es más que una introducción medio sosa, el segundo es de relleno, pero es en el tercero donde las cosas parecen ponerse interesantes. Quizá subestime a Natsuki antes de tiempo, no planeo decírselo en voz alta.
La mayor parte del tiempo ella no hizo más que ojear de vez en cuando mientras pasaba a través de las viñetas y aun así parecía estar pasándola bien incluso riendo cuando recordaba o veía una escena que le parecía graciosa. Esto es solo una conjetura, pero no parece que tenga muchas chances de compartir sus gustos con las demás personas lo que explicar porque está de buen humor.
Más tarde ese mismo día Sayori nos reuniría a todos en el centro de la habitación para darnos algunos avisos importantes.
—¡Okay todos! Vamos a retrasar lo de los poemas para mañana —empezó a jugar con sus manos nerviosamente—, perdí un poquito la noción del tiempo y digamos que se nos hizo tarde.
—Está bien Sayori. De todas formas, no pude hacer el mío anoche —contesto Monika nerviosa.
—Yo quería compartir el mío —dije afligido.
—Oh Daichi —afirmo Sayori con pesar— ¡te prometo que la próxima vez no me descuidare con los tiempos! —se dirigió a la chica de pelo morado—. Yuri, ¿podrías dar la otra noticia?
—Por supuesto —suspiro—. Vamos a hacer un recital de poemas para el festival del próximo viernes.
Como era de esperase hay cierta discordia entre los presentes. Natsuki es la primera en expresar su descontento.
—¿De verdad tenemos que hacerlo?
—No me fascina la idea, pero si, el comité de gestión de clubes nos exige hacerlo —agacho la cabeza un momento—. En concreto fue Jiga ishida quien no paraba de insistirnos.
—Ese tipo no me da buena espina —añadió Sayori con un mohín de disgusto.
—¿Y para qué queremos nuevos miembros de todas formas? ¡No sé ustedes, pero yo estoy bien con solo nosotros cinco!
—Es lo que le decía a Sayori…
—¡Chicas! —levanto un dedo la chica de cabello castaño—. Esta es nuestra oportunidad para demostrar que el club merece la pena.
—Estoy con Monika en esto —comente—. Piensen en lo agradable que sería poder compartir nuestro gusto por la literatura con otras personas.
—Es un buen punto Daichi —dijo Yuri
—¡Sera divertido! —Sayori alzo ambos brazos con alegría—, confíen en mí.
—De acuerdo —dijo Natsuki—, pero si algo sale mal no nos estés echando la culpa luego, ¿si?
A regañadientes, pero parece que las dos chicas llegaron a un acuerdo.
—Escojan el poema que más les guste, apréndanselo y practíquenlo en casita, ¿capishe? —abrió los ojos de par en par, recordando algo—. Una cosita mas, hay que ponernos de acuerdo en que parte hará cada quien para la presentación.
Todos se ofrecieron como voluntarios para realizar una tarea en específico, Monika y Sayori; los panfletos, Natsuki; los cupcakes y Yuri; La aromaterapia y ambientación del salón. Por mi parte no tenía no tenia de que hacer por lo que pedí ayudar a Monika y Sayori. Digamos que las otras dos chicas no se lo tomaron bien ya que creían que tenían trabajos más difíciles. Discusiones mas, discusiones menos conseguí convencerlas de lo contrario.
En menos de lo que canta un gallo me encuentro al final de otra sesión del club. Con un pie fuera del salón una mano me detiene.
—¿Necesitas algo Monika?
—Oh bueno —puso los brazos detrás y adopto una postura coqueta—, solo me preguntaba si un amable caballero querría ir conmigo al parque esta tarde.
—¿Intentas sacarme una reacción eh? —negué con la cabeza—. ¡Bueno, tendrás que intentar algo mejor que eso!
—¿Seguro? —pregunto en un tono jocoso—, tu cara parecía un poema en el club de música hace rato.
Me estremezco: ¿Ella se dio cuenta? Oh demonios, ¿tan obvio soy? ¡Creí que lo había escondido bien!
—Es no es cierto, yo…
—Tranquilízate Daichi —dijo riendo—, solo estoy jugando contigo.
—Sí, si como sea… ¿Y qué pasa con tu examen no tienes que estudiar o algo así?
—¿No eras tú quien decía que necesitaba tomarme un descanso?
—O sea sí, pero tampoco quiero que descuides lo tuyo.
—Lo tengo controlado Daichi. Pero gracias por preocuparte.
Acordamos de vernos en un parque cercano a las seis de la tarde y bueno así fue.
