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Rosa y Carmesí

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Sabaku no Temari miraba por la ventana del aula, la cual daba al exterior de la escuela, desviando por un momento su atención de Shikamaru, quien tomaba algunos apuntes de la clase de Biología.

La chica suspiro cansada y volvió la vista hacia su novio de un momento a otro.

Él estaba muy atento, mirando de vez en cuando hacia la pizarra, donde el maestro había colocado lo principales subtítulos. El rostro ovalado se Shikamaru Nara mostraba ese aburrimiento tan característico suyo, a pesar de estar totalmente metido en la clase. Típico en él.

Shikamaru había vuelto del entrenamiento una hora antes de la salida. Los chicos del equipo habían decidido suspender una hora de entrenamiento para ir un momento a clases, puesto que necesitaban eso. Ganar era una prioridad para ellos y gozaban de ciertos privilegios para los entrenamientos, puesto que eran muy buenos, pero repetir el año era algo que no los motivaba mucho.

Y ella sabía muy bien que a su queridísimo suegro no le gustaría mucho una noticia como esa.

Además, Shikamaru le había contado, entre murmullos, que no estaban completos: Kiba tuvo una mala caída en medio del enteramiento, lo cual le obligo a sentarse, Naruto mando a las bancas a Toito luego de regañarle porque estaba jugando muy mal y Sai no había mostrado señales de vida, simplemente no se presento al entrenamiento como todos los días.

—Shika— le llamó ella.

— ¿Mmm?

—Deja eso ya. Me desespera.

— ¿Y quien más tomará los apuntes? A ti no te agrada hacerlo.

—Por algo tengo un novio muy inteligente— dijo ella, sonriéndole abiertamente—.

—Entiende, Temari— le contesto, mientras dejaba a un lado el lapicero y miraba directamente a los ojos de su novia—, estos nombres son muy problemáticos.

—Esta bien. Luego me los pasas.

Él rodo los ojos.

—Mujer problemática— murmuró él.

—Escuché eso, Shika— gruñó ella, haciendo luego un puchero.

Temari volvió la vista hacia la ventana y vio a muchos alumnos acercarse a las puertas del colegio. Eran los chicos que llegaban de deportes a recoger sus cosas, y eso suponía que las clases ya estaban por terminar.

En medio de los chicos distinguió la melena rosa de Sakura y a su lado, estaba Ten-Ten, quien parecía estar conversando con ella.

Cuanta envidia les tenía.

Ellas estaban en el aire libre, sin hacer nada más que hablar de cosas de interés común, mientras ella estaba en la clase que menos le caía en gracia. Le hubiera hecho caso a Ten-Ten de tomar esa clase juntas, pero su mejor amiga no hacia deportes por sus problemas de salud y ella no podía perder la oportunidad de compartir una clase más con su adorado Shika-kun.

Entonces, Temari suspiró y entendió por primera vez lo que Shikamaru decía, a pesar de saber que eso le molestaba.

Estar enamorado era muy problemático.


— ¿Dónde demonios te habías metido, Sai?

Sakura miraba a su amigo de una manera muy mala.

Le había localizado entre el barrullo de los pasillos a la hora de salida. El chico ya no llevaba mochila y es más, traía consigo otro polo.

—Estaba por ahí— contestó él—.

Ella le miró a los ojos y vio algo raro en ellos. Sus tan vivaces orbes negros estaban apagados y denotaban un poco de tristeza y él estaba como ido.

— ¿Sucede algo, Sai?— preguntó, curiosa—.

—No es nada grave, Sakura. Mamá se sintió un poco mal hoy en el trabajo así que la llevaron al hospital y tuve que ir por ella. Solo vine a decirle a mi tío que no fue nada grave, un desmayo nada más – explicó—.

— Ya veo. Se me hizo raro no verte en el entrenamiento. Sabes que me siento un poco incómoda si no estas a mi entorno— dijo, avanzando hacia el resto de sus amigos que los esperaban.

—Lo sé, Sakurita— bromeó él, abrazándola por la cintura—. Soy indispensable para todo.

—Vete al demonio.

—Ya estoy acostumbrado a visitarle.

Ella rodo los ojos.

Mientras se acercaban más a los chicos ella pudo notar una cabellera oscura a lo lejos, doblando el pasillo izquierdo que llevaba a la puerta trasera del colegio, el cual era una entrada para el aparcamiento.

De seguro allí le esperaba su chofer.

… Maldito sapo engreído…

Sin que lo deseara su rostro volvió a su mente y lo más molesto, sus estúpidas palabras resonaron en sus oídos.

…—No deberías estar aquí—…

…—Te recomiendo usar las bancar para ello— …

En ese momento deseo tanto que alguno de los fortachones de la escuela le humillara mucho, pero todos parecían haberse corrido del recinto como bichos y por primera vez no sentiría pena por la victima. Además, nunca lo hicieron, ¿Por qué empezar ahora? Solo por que ella se los pedía. Podía ser que esta vez lograra persuadirles, como cuando lo hizo para defender a Lee. Fue estupendo, solo tuvo que usar unas palabras mágicas como: "¿Para qué hacen su vida más infeliz de lo que ya es?".

Lo importante fue que no volvieron a fastidiar a Lee desde ese entonces, hace ya 3 años y debía admitir que Itachi la ayudo, adivinando que ella quería mitigar las burlas. Lee no era su amigo, ni lo fue nunca, pero él nunca se burlo frente a ella, le hizo un mal gesto o un comentario mordaz, cuando era una niña asustadiza. Y la verdad era que ella no olvidaba.

Por eso quería ver sufrir a Sasuke.

— ¿Sucede algo, feíta?— le preguntó Sai, notándola media ida—.

—No— repuso de inmediato—. Contéstame algo, Sai. ¿Por qué Toito y sus amigos no molestan a Uchiha Sasuke?

El chico le miro un poco extrañado pero no vio mucho interés en aquella pregunta.

Bueno— empezó, teniendo que empujar un poco a la muchedumbre—, Sasuke es hermano de Itachi y todos amaban a Itachi y le respetaban junto a todos los Akatsuki, aunque realmente algunos chicos le tenían envidia. El punto es que no le ven el caso, puesto que a Uchiha nunca le importaron las pocas burlas hacia él y teniendo un hermano como el suyo, nadie se atrevió a fastidiarle más.

—Es como en el caso de las chicas.

—Algo parecido, solo que nosotros sacamos cara por el familiar de un amigo y como todos éramos amigos de Itachi, no permitiríamos muchas faltas contra Sasuke. Además, los Uchihas son dueños de media Konoha y nadie querría que despidieran a algún familiar suyo de la empresa, ¿no crees?

Ella no respondió.

Había sospechado desde el primer momento en que pensó el tema esa opción, pero la verdad es que nunca comprendió muy bien ese patético códigos de chicos, aunque algunas chicas también hacían lo mismo, claro, si la victima les caía bien.

Por ella Sasuke podría ser hermano del mismo Jesús y poco le importaba que fuera hermano de uno de sus mejores amigos. Pagaría las consecuencias de humillarla.

Llegaron al portón principal de la escuela en un tiempo que se hizo inmenso, en el transcurso de los aproximadamente 1600 alumnos, eso si es que habían más. Sin duda era la escuela secundaria más grande que hubiera visto antes, puesto que ella nunca había salido de Konoha.

— ¡Sakura! ¡Sai!— escucharon—.

Ambos desviaron sus rostros hacia la rampa para discapacitados de la escuela, en donde, junto a los barandales, les esperaban sentados sus amigos. Las chicas estaban sentadas sobre la vara gruesa de metal, frente a los chicos, con quienes mantenían una charla privada del resto de los alumnos.

Sakura diviso sin problema alguno como los estudiantes que pasaban cerca a ellos les miraban e intentaban hurgar discretamente sus conversaciones. También pudo ver como Temari y Gaara devolvieron la mirada a uno de las transeúntes, una chica de cabello rizado y oscuro que caía de una manera graciosa sobre su rostro redondo, y como esta, seguramente apenada, desvió el rostro.

Se veían tan distintos del resto.

Probablemente esa era la manera en la que ella era siempre era vista: rodeada de sus amigos, o por lo menos, los amigos de sus verdaderos amigos.

Ella sabía que la relación que mantenía con Kiba y Gaara no era estrictamente amical, puesto que ambos nunca fueron muy cercanos, además de que uno de ellos era la causa principal de las rabietas insufribles de Ino. Inozuka y Sabaku no eran lo que se podría dominar como los mejores e inseparables amigos de tu mejor amigo y parte indiscutible del grupo.

Con Naruto y Shikamaru era un asunto distinto: Nara era el novio de una de sus mejores amigas y un chico a quien ella realmente estimaba y respetaba, un poco flojo pero muy asombroso. Sobre todo un buen chico. Mientras que Naruto Uzumaki era de verdad un amigo, a pesar de la insuficiente confianza que existía entre ellos y las pocas veces que conversaban, las cuales siempre resultaban ser divertidas. Con él nunca había pierde, además, como siempre recordaría, Naruto era un gran chico, quien sabía guardar secretos y era decente, fuera de su, a veces, particular personalidad hiperactiva. Un gran capitán y amigo.

En el caso de las chicas era muy distinto: Ino era una persona indescriptiblemente caprichosa y decidida, sobre todo su amiga de toda la vida, la mejor; Temari era la chica quien podía poner un alto a los momentos de hiperactividad de Ten-Ten y quien siempre sería buena para mantener una conversación no superficial; mientras que Ten-Ten era el carisma del grupo, la chica que siempre sabía los nombres de todos en la escuela para no producirles un mal momento o herirles, y su contacto más firme con la realidad estudiantil.

Las tres eran sus mejores amigas, tal vez las únicas, fuera de Konan y Midori, su pequeña vecina. Todo por su irritante personalidad, la cual siempre era la primera impresión que alguien se llevaba apenas conocerla.

Para ella era mucho más sencillo hacer amigos.

Apenas llegaron, Sai saludo a los presentes, claro, antes de ser bombardeado por los reclamos del capitán del equipo. Ella tomó asiento junto a Ino, en la esquina del barandal, casi al final de este. Recién en ese momento, notó que Hinata Hyuga estaba sentada en la misma vara que ella.

Se dio cuenta que había estado muy distraída.

Hinata conversaba con Ten-Ten, en lo que parecía un cuchicheo privado. La vio por primera vez con importancia y le pareció bonita. Una chica de rasgos delicados, ojos perla y el cabello largo con destellos azules. Parecía que ella de verdad se había integrado muy bien al grupo, aunque ahora eso no le interesaba, puesto que Sai no estaba encantado con ella. Ya no le importaba si se quedaba a almorzar con ellos todos los días a partir de ese momento. Si ella demostraba ser mala en verdad, como sospechaba Ino, su rubia amiga se encargaría de desaparecerla de su vista.

— ¿A qué hora pasamos por ti, frentona?— le pregunto Ino, en medio de la bulla causada por la conversación de los chicos, quienes mantenían una conversación, en la cual, Sai mostraba sus excusas—.

—No iré hoy, cerda.

— ¿Por qué?— quiso saber—.

—Tengo que hacerme cargo de Obito esta noche.

—Mmm….—

Su conversación quedo pausada en cuanto vieron como Naruto y Sai empezaban con sus típicas luchas masculinas, frente a una molesta Temari, quien les miraba con mala cara, puesto que Naruto siempre se las arreglaba para involucrar a Shikamaru en sus tontos juegos.

Todo era rutina a partir de ese momento: Naruto reducía a todos los chicos, puesto que Shikamaru a penas y se movía para evitarlo, solo Sai y Kiba realizaban un mínimo esfuerzo, aunque él último le tomaba más importancia al estúpido juego. Gaara solo permanecía apartado, sonriendo de vez en un millón de años.

— ¡Ya dejen eso!— se quejó Temari, ante la sutil risa de Ten-Ten, mientras caminaban por la avenida principal—.

—Pierdes tu tiempo, Temari— advirtió Ten-Ten, que caminaba junto a Hinata, unos pasos más delante de Sakura, Ino, Temari y Shikamaru—.

Continuaron caminado, hasta que hicieron una pausa para despedir a Ten—Ten y Hinata, además de Temari y Shikamaru, quien acompañaba a su novia hasta la casa de esta.

— ¿Vives por aquí, Hinata?— escuchó preguntar a Kiba—.

La chica le miro y se sonrojo un poco.

—No realmente, llamare a Neji para que pase por mí.

—Ya veo— murmuro Ino—.

Ten-Ten sonrió.

Los siete chicos restantes continuaron su camino, puesto que Gaara siempre se iba con Kiba a Dios sabe donde, luego de llegar a la casa de Sai y Naruto, quienes vivían casi cerca.

— ¿Paso por ti, feíta?

—No lo creo, Sai. No iré— contestó—.

— ¿Sucedió algo, Sakura?— preguntó Naruto—.

—No, solo tengo que cuidar a Obito— repitió—.

—Es una pena.

—Aja.

— ¿Te parece si vamos por tu casa de todas maneras? ¿Podemos ver una película antes de ir a la tocada?

—Suena genial, Naruto—contestó, regalándole al rubio una de sus mejores sonrisas.

—Yo le aviso a Ten-Ten.

—Yo llamo a mi hermana, luego— dijo Gaara, cortando definitivamente alguna respuesta por parte de Ino.

— ¡Genial!

—Entonces, nos vemos a las seis.

—De todas maneras, feíta— le dijo Sai, antes de doblar en su típica esquina, junto al resto, pues las chicas caminaban una cuadra más, de frente.

Bueno, por lo menos no estaría tan sola en la tarde.


Uchiha Sasuke llegaba a su casa a la misma hora, como era costumbre.

Bajo del auto y cargo la mochila hasta la casa, en donde a penas al poner un pie, se le abrieron las puertas, dejando ver a la eterna ama de llaves de esa casa.

—Buenas tardes, Sasuke-san.

—Hola— repuso sin más, subiendo las escaleras de manera inmediata—. Súbeme un jugo de naranja a la habitación.

—Enseguida, joven— escucho responder a la empleada tras su espalda—.

Él estaba acostumbrado a esos días monótonos en aquella casa que su madre tanto adoraba, por sus amplias ventanas y colores cálidos, que combinaban perfectamente con el aura de Konoha y sus abundantes arboles, puesto que ellos vivían apartados del pueblo.

Tiró la mochila en el mueble de su habitación y se dejo caer en la cama boca abajo, un poco agotado y desconociendo el motivo.

Cerró los parpados y una imagen peculiar se le vino a la mente: los ojos jade de Sakura Haruno destilando odio a montones.

Sonrió al recordar aquella inusual escena en los cambiadores de la escuela, puesto que nunca se había imaginado que esa muchacha le dirigiría la palabra luego de ignorarle olímpicamente desde que le conoció, y mucho menos le hablo cuando la maestra de Historia designo a las parejas, cosa que no le importo porque él bastaba y sobraba para realizar aquella simple tarea.

Estaba muy seguro que la chica había— si es que no lo continuaba haciendo— maldecido su nombre a sus anchas.

De repente oyó la puerta de su habitación abrirse y un par de tacones entrar en el ambiente.

—Sasuke— le saludó su madre—.

El mencionado se pudo de pie y beso a su mamá en la mejilla derecha.

— Hola— susurró—.

—Esperaba que hoy cenaras conmigo, por eso vine a buscarte antes de que decidieras salir a la cuidad o algo por el estilo.

—Descuida, lo haré— dijo, sentándose en el mueble, junto a su mochila.

—Bien. Ordenare que preparen tu comida favorita para esta noche y, se me olvidaba, el chofer ya compró la cera que le pediste— pronunció la mujer, sonriendo dulcemente para su menor hijo, antes de cerrar la puerta de la habitación tras ella.


—Hola, feíta— la saludo Sai, apenas abrió la puerta—.

El resto de chicos imitó el saludo, claro, obviando el seudónimo de Sai. Todos estaban ahí: Ino, Ten—Ten, Gaara, Kiba, Temari, Shikamaru, Naruto, acomodándose a sus anchas en la sala de estar.

Su madre no solía incomodarse si encontraba a toda la panda de los amigos de su hija, ocupando toda su sala. Era algo casi usual.

Los trabajos los hacían allí y casi siempre se veía a Sai merodear la casa de los Haruno. A estas alturas del partido, Anko sentía mucha confianza hacia ese grupo, aunque era otra cosa si se tratara de alguien más. Sakura sabía que su madre era muy desconfiada en ese sentido.

— ¿Dónde esta Obito?—preguntó Naruto—.

—En el segundo piso. Esta viendo unos maratones en la tele de la habitación de mamá— contesto Sakura—.

—Tenía ganas de verle— se lamentó Temari—.

—De seguro no tarda en bajar.

Los chicos se acomodaron en la sala y prendieron el televisor, antes de poner la película traída por Naruto, mientras las chicas se dirigían a la cocina a regañadientes, para preparar el maíz perla y llevar los vasos a la estancia.

Ten—Ten tomo el lugar junto a la estufa, mientras Sakura, Temari e Ino se encargaban de los recipientes.

—¿acaso nunca oyeron la palabra "igualdad de géneros"?— gruñó Ino, desde la cocina—. Panda de arcaicos— gritó—.

—Déjalos, Ino—chan. Al fin y al cabo son ellos quienes pagan la comida, siempre— dijo Ten—Ten—.

—Pues por mi pueden tragarse su dinero en moneditas cuando quieran— repuso ella—. No lo quiero.

—Me doy cuenta, y sobre todo si viene de Gaara, ¿cierto?— comentó mordazmente Temari—.

Ten-Ten rodó los ojos, antes de mover la olla encargada de la cocción.

Ellas nunca pondrían fin a sus comentarios de doble sentido.

—Sabes, Temari— empezó Ino, contraatacando—, me parece que Shikamaru se ve cada día más aburrido. ¿No tienes nada que ver tú en eso?

—Piérdete— murmuró la rubia—.

—Descuida, lo hago todos los días— dijo Ino, mientras tomaba la fuente con las bebidas y las llevaba hacia la sala de estar—.

— ¡Bruja!— grito Temari tras de ella—.

—Tú empezaste— le riño Sakura, siguiendo a Ino y Ten-Ten, quien ya había salido con las palomitas en la mano.

— ¿No había Inka-cola?— preguntó Gaara, dirigiéndose a Ino.

Ella no le miró.

—No, solo Coca.

Las chicas tomaron sus lugares y la película de corto presupuesto empezó.

Naruto y Kiba habían elegido el mismo género otra vez: ciencia ficción. Aunque debía admitir que habían mejorado en sus gustos.

La pantalla empezó a mostrar sus primeras imágenes. Luego estas no se detuvieron, mostrando cada vez más el contenido. No le importaba en lo más mínimo la película, pero tal vez era una manera de distracción, antes de desperdiciar su noche cuidando a su pequeño hermano.

— ¿Mañana si saldrás con nosotros?— le preguntó Sai, en casi un murmullo—.

—Eso parece, aunque no estoy segura que al resto de las chicas les dejen salir— contestó, mientras tomaba palomitas muy saladas, de su tazón estrictamente para ella y Sai—.

—Seguro. Hoy volverán temprano a casa.

—Entonces cuenta conmigo— confirmó—. Lamento no poder ir hoy. Tenía ganas de ver cantar a Konan.

—Ella lo entenderá. Sabes que le importa mucho más Obito que tú.

—Cállate, Sai.

Y el mencionado cerró la boca.

Sakura miró el reloj que estaba sobre el estante de libros y notó que ya falta poco para que termine la película.

…Siete y cuarenta y dos…

Centró su atención en la pantalla y se dispuso a prestar atención a la trama, aunque ya se había perdido la gran, gran parte. Diviso a una pareja huyendo de unos robots alienígenas en medio de un campo desértico, con las manos juntas y una mirada en sus rostros llenas de falso amor.

Amor, si, algo tan lindo pero difícil de encontrar, aun más en un mundo de tipos engreído y babosos. Y luego que te quedaba, ¿seguir su juego y las tonterías que hacían? Y no estaba dispuesta a ser herida por un tarado, tampoco nadie jugaría con ella. Definitivamente ella no estaba hecha para ello.

— ¡Obito!— escuchó—.

Dirigió la mirada hacia Ten-Ten y Temari, que habían pronunciado lo mismo a una sola voz, y las encontró besando sin reparo alguno a su hermano menor, que ya estaba en pijamas y llevaba un juguete de Ben 10 en su mano derecha.

—Nee—san— dijo este, con su voz delgada propia de un niño de su edad—, lamento haber bajado, pero escuché voces.

—Descuida.

—Hola, Obito— le saludó Sai—.

—Hola — le respondió, antes de empezar a apretar las manos de todos los chicos, hasta llegar a Naruto, quien le revolvió el pelo, antes de hacer su saludo privado. Ellos se llevaban bien.

—Este chico será genial— dijo Kiba—.

—Eso si no le corrompes antes— contestó Ino—.

—Que graciosa.

Su hermanito tomó asiento en las piernas de Ten-Ten, mientras Temari le daba gaseosa en la boca, puesto que la película ya había terminado.

—Valla que es bueno— volvió a susurrar Kiba, ante el asentimiento de Naruto y Sai—.

— ¿Crees que Kein—san permita la entrada a Obito?

—No lo creo, Naruto. Ya hace mucho con dejarnos entrar siendo menores de edad y Obito— dijo, señalando al chiquillo— es un niño de siete años.

—Si le llevo, mamá me matara.

—No lo creo, inténtalo, frentona.

—No.

—Ten entendemos, feíta— dijo Sai, tomando su casaca del sillón, puesto que todos estaban ya de pie—. Tu mamá te amarraría a una biga.

Los chicos se despidieron y empezaron a abandonar la casa.

—Itachi te estaría arrastrando para ir todos a la tocada— le susurró Ino, en el oído, antes de cerrar la puerta—.

Ella y boca suelta para mencionar a Itachi, pero sí, tenía toda la razón. Y, aquella noche, en su casa, acompañada nada más que por un niño adorable se siete años, no pudo evitar notar cuales eran las diferencias entre Sai e Itachi.

El Uchiha le estaría pegando jalones para que salieran juntos a la tocada, pero Sai no, entendería su decisión sin preguntar más y la apoyaría. Eran muy diferentes.

Itachi era el hombre indicado para el papel de mejor amigo: divertido y libertino, así como bromista, despreocupado y porque no, insensato, con quien podía hablar de chicos y gustos como si nada pasara, además de hacerse bromas sobre sexo entre ambos. Sobreprotector y mujeriego. Entre ellos siempre se guardarían secretos, aunque ella estaba segura que Itachi haría lo que fuera por ella.

Mas Sai era lo contrario. Él era el chico responsable, pero entretenido y espontáneo que una siempre espera como hermano mayor. Quien siempre te dará un buen consejo y no bromearía con tu estado mental, pero también el chico con quien te da un poco de vergüenza cuando mencionas la palabra relaciones coitales y muchas cosas de ese estilo. Un hombre que respeta tus decisiones y sabe ofenderse cuando algo más allá de la línea permitida. Un chico que nunca se resentiría si le dejas de lado algún día por otros amigos, ya que él siempre estará esperándote con los brazos abiertos.

Itachi era su compañero de burlas y juegos, muy, muy parecidos; Sai significaba el hombro sobre el cual llorar sin miedo alguno, si así lo necesitaba. Solo existía esa diferencia entre ambos.

Itachi era su mejor amigo.

Sai era su hermano.

Y por ambos daría lo que fuera.

N. de la A.

Al fin termine con esto, porque se hacia cada día más interminable.

DEDICADO A EZQUI—CHAN, claro, si por algún milagro del destino se aparece por aquí. Te adoro y más porque no puedo parar de reírme cuando hablamos y porque cuando lo hacemos en serio, los temas son geniales.

Tambien voy a aclarar que esta histora esta publicada en imperio Nipon y es mia, pueden notarlo por el seudonimo xD

El capitulo de hoy esta totalmente destinado para que se entienda más a Sakura y perezca más normal, aunque eso no le quita lo desgraciada. El hecho es que esto es lo que me salió de puñetazo. Y, lo mínimo que puedo hacer es tomarme un tiempo para agradecerles mucho por sus comentarios.