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No puedes escapar
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Mikoto Uchiha de deslizaba por los pasadizos de su casa, con destino al jardín para pintar un poco.

El aire en la mañana le asentaba muy bien y más aun cuando tenía que soportar una junta en la empresa de su marido. No veía venir el día en el que Sasuke o Itachi tomaran su lugar. Pero probablemente sus hijos rechazarían el puesto. Itachi era tan libertino que tal vez se iría primero a recorrer el mundo, antes de enjaularse en una oficina y papeles. Y Sasuke era tan raro.

—Mikoto—san— la llamaron—.

La mencionada volvió la vista hacia donde provenía la voz y encontró a Funiku, el ama de llaves de la casa, quien traía entre sus manos su set de brochas.

—No se donde esta mi mente últimamente— dijo, recibiendo el set—. Un día olvidaré hasta mi nombre— continuó, sonriendo gentilmente—.

—¿Le traigo un jugo, señora?

—Uno de naranja.

Tomó sus pinceles y empezó a trazar sus primeras líneas en el cuadro en blanco, dejándose absorber por los colores cálidos y fríos, porque había decidido plasmar a sus hijos en una pintura. El cálido por el mayor y el frío por el menor.

Paso un poco de rojo y luego, azul, continuando con otros colores, combinándolos perfectamente. Ahora no era necesario pintar sus rostros, puesto que el cuadro gritaba la mezcla de sus hijos.

Cuando estaba guardando su brocha favorita, vio a Sasuke, dirigiéndose a la cochera de la casa con la cera que había encargado comprar en mano, con el andar similar al de un zombi y el cabello tan desarreglado. Y eso se le hacía usual. Pero extrañaba ver a Sasuke tan arreglado y hermoso como antes y quien por lo menos no era tan solitario como ahora y quien no tenía más conocidos que la pequeña hija de la cocinera y ese pedazo de metal. Su hijo nunca se desharía de aquella moto que a le causó tantos dolores de cabeza y preocupación.

Estaba segura que él ya no volvería a montarla o a correr en ella como antes, pero cada vez que pasaba por la cochera no podía evitar fijar su atención en el enorme bulto cubierto por una tela gruesa, en el fondo de la habitación, recordándole que una vez casi pierde a su hijo menor.

No, no podía ni siquiera recordarlo.

Pero la verdad era otra, y Sasuke se lo hacía ver cada vez que mandaba a comprar cera para limpiar ese móvil del demonio. O quizá, no era para recordarle a ella lo mucho que había sufrido al ver a su hijo en un hospital, si no, para auto—castigo o algo por el estilo. Tal vez su hijo se sentía más culpable de lo que ella se imaginaba y su corazón de madre le decía que Sasuke cargaba con todo lo que pasó en Inglaterra, y lo peor, que no podía hacer nada para ayudarle puesto que su hijo era muy cerrado con sus asuntos.

Solo deseaba que su retoño se perdonara; aunque fuera de lamentar el funesto accidente, sintió una enorme satisfacción cuando él le dijo que se iría a Konoha con ella, donde Mikoto estaba segura, podría corregir a su hijo y darle el amor que le no pudo darle cuando estaba en la escuela, porque aunque ella siempre ignoró la personalidad rebelde y alocada de su hijo menor, sentía culpa por no haberle dado un buen consejo antes. Tal vez si ella hubiera estado cerca de Sasuke las cosas hubieran sido muy distintas.

El problema era, que se enteró luego de una desgracia que tuvo más de una víctima y que por poco mata a su hijo y a Camila.

…Pobre Camila…— se dijo—.

Pero egoístamente estaba alegre de que su hijo no hubiera estado en el lugar de la chica.


—¿Dónde esta mi sobrino favorito?— escuchó que alguien gritó, luego del golpe sordo de la puerta—.

Sakura notó como su hermanito menor corría hacia Konan, como lo hacía siempre.

—¿Vienes a buscara papá?— preguntó el niño a Konan.

—Sí, ¿o esta en la fábrica?

—Salió con mamá al cine.

—Valla que disfrutan sus vidas— dijo Konan—. Hola, Sakura.

—Hola— respondió ella.

—Me contaron que ayer te dejaron de niñera.

—No me lo recuerdes, Konan. Y ¿Cómo te fue?

—Bien— contesto, tomando asiento en el mueble junto a Sakura—. Los chicos y Nagato querían embriagarse como siempre; pero mencionaron algo de permiso con condiciones y tuvieron que conformarse con estar solo un momento— finalizó, para luego mirar sus uñas y hacerlas sonar—. Por cierto, ¿Quién era la tipa de los ojos raros?

—¿Hinata?— pregunto Sakura, levantando una ceja, como quien duda de sus propias palabras—.

—Cierto, ese era su nombre.

—¿Por qué preguntas por ella?— cuestionó, intrigada por la pregunta de su prima—.

—Creo que quiere con Naruto— dijo sin más—.

—¿Qué te hace pensar eso?— quiso saber, porque conocía a su prima perfectamente y los ojos de Konan brillaban de pura diversión—.

Konan sabía que a Sakura le había gustado Naruto. Y la respuesta de Hatake no le gusto en lo más mínimo.

—Les vi bailando ayer y créeme que no sé de donde salió esa tipita, con esa carita de mosquita muerta, su sonrisa estúpida y los ojos de alma en pena; parecía un sapo raro fuera del charco.

…Sapo…

—Es nueva en la escuela y también es amiga de Ten—Ten porque al parecer Ten—Ten y su primo andan en algo—gruñó—.

—Ten—Ten nunca va a cambiar.

—Ella es así— repuso cortante—. Konan, ¿Tú qué sabes del hermano de Itachi?

—¿Itachi tiene un hermano?— respondió, tomando una de las palomitas de Obito—. Bromeaba, creo que si lo mencionó una vez cuando íbamos a la escuela, pero no se mucho de él, solo que es un año menor que Ita y que son muy parecidos— Konan le miró directamente—. ¿Pasa algo con ese chico, Sakura?

—Pasa, que no me agrada.

—¿Y eso es nuevo? —preguntó socarronamente—.

—Es un tarado.

—¿Es guapo?

—Es un nerdo estúpido.

—¿Te hizo algo, cierto?— inquirió mordazmente, dando en el punto—. El asunto es que no sé qué pudo hacerte para que estés tan molesta, Sakura— continuó, por el tono que su prima usó—.

—Me ignoró— contestó, apretando los dientes y esperando la burla de Konan—.

Hablar de ello era tan difícil.

— Eso debió dolerte— murmuró, entrecerrando los ojos fijamente en su prima —.Yo que tú no me quedaría tranquila.

—Sé lo que haré, Konan, y también de que manera— aseguró, sin dar más detalles del asunto—. Solo quería saber como era.

—Pregúntaselo a un amigo, estoy segura que te contestará.

—Te dije que era un nerdo, no habla con nadie— le dijo, frunciendo el seño ante la sonrisa de su prima—.

—Entonces, todo esta en tus manos, cariño. Veamos, para hacer más interesantes las cosas ¿Qué te parece una apuesta?

Sakura sonrió. Hace tanto tiempo no hacía eso.

—Genial. Ya sabes las reglas.

Y la conversación terminó allí, puesto que ambas empezaron a tomar más atención a la tele, en donde pasaban un especial del Chavo del Ocho, uno de los programas favoritos de su raro hermano.

Konan tenía razón, todo estaba en sus manos y no dejaría que nada se le vaya de allí.

—¡Teléfono!— gritó Obito, unos segundos después del primer timbrado del aparato—.

—Aló— contestó Konan, tomando el inalámbrico de la mesa de centro, cortando el timbrado de este—.

Sakura notó como su prima fruncía el seño y arrugó la nariz de manera despectiva.

—No están, y más te vale no volver a llamar, zorra.

Y colgó.

—¿Quién era?— preguntó—. Te ves mal.

Hatake Konan mordió la pequeña antena del teléfono plateado y lo arrojó al mueble continuo, claramente ofuscada y molesta.

—Era para ti o para tu madre— respondió, apretando los dientes de la misma manera en la que Sakura lo hizo antes—. Era Kaoru.


—¿Puedo subirme en la moto?— le preguntó Hikewo a Sasuke—.

El chico miró a la niña y le hizo una seña de negación, ante lo cual la menor solo frunció el seño y cruzó los brazos.

—Es peligroso— dijo cortante—.

—Si tu subes conmigo no lo será— aseguró la niña, sonriéndole abiertamente—.

Sasuke levantó una ceja y bufó, causando una mirada curiosa por parte de los grandes ojos avellana de Hikewo.

—Mucho peor— contestó finalmente, volviendo la atención a la moto—.

—¿Por qué no le pides a Tobi—san que limpie la moto por ti?

—Porque es mía.

—Ya veo— contestó ella, confundida y acostumbrada al corto vocabulario de Sasuke—. ¿Mañana almorzaras conmigo, Sasuke—san?

—¿Qué te dije acerca del sufijo?— inquirió él—.

—Lo lamento, Sasuke—san, pero mi madre hace lo mismo.

Él rodó los ojos, Hikewo era imposible.

—¿Me contestaras?

—Sí— respondió.

—¿Es una respuesta a la primera pregunta o a la segunda?

—Hump.

—Genial.

Ella tomó uno de los trapos cercanos y acompañó a Sasuke en su labor, puesto que luego de verle hacer lo mismo tantas veces, se consideraba una experta en limpieza de la moto de Sasuke.

—Sasuke—san— murmuró ella, mientras dejaba el trapo a un lado y un ligero sonrojo se formaba en sus blancas mejillas— ¿Podrías regalarme un mechón de tu cabello?

Él la miró confundido.

—Es para algo muy importante. Verás, estoy haciendo una caja de recuerdos y quiero poner en ella algo que me recuerde a alguien y a algo especial al mismo tiempo. Así que pensé las tardes en las que limpiamos la moto y ¿Qué mejor para recordarlo que tu cabello?— ella se detuvo—. No me mires así, Sasuke—san, veo que nunca te has fijado en lo mucho que resalta tu cabello con el plomo de la moto.

—¿Y eso es lo que quieres recordar?

—Sí, Sasuke—san. Cada vez que mire tu mechón te recordaré y también a la moto.

—Hump— gruñó él, volviendo la mirada al móvil—.

—Entiendo— susurró ella, un poco triste—, hora de irme.

La niña se levanto del banco en el cual había estado sentada e hizo una seña de despedida para Sasuke con la mano, para luego salir saltando de la cochera, de la misma manera en la que entró.

Sasuke suspiró cansado y preguntándose que les pasaba a los niños hoy en día.

Pero la verdad es que las visitas de Hikewo le agradaban, claro, luego de acostumbrarse a ella, a su energía desorbitante y a su tan rara mente precoz. Quizá la madre de Hikewo bebió algo raro durante su embarazo.

Tal vez no debió haberle contestado de esa manera a Hikewo—claro, si eso cuenta como una respuesta—. Tal vez hirió los sentimientos de la única niña que no le miraba raro, quien se le acercó desde el primer día en su casa y la que le recordó a su madre hacerle un pastel de chocolate para su cumpleaños.

Tomó el pomo aun lleno de cera y corrió para alcanzar a su menuda ex acompañante.

—Hikewo— la llamó, ante lo cual la niña dio vuelta—.

Ella le miró y se enjugó una pequeña lágrima con la manga de su polera rosa.

—¿Qué pasa, Sasuke—san?- preguntó, con su característica voz angelical—.

—El cabello pierde su brilló algún día. Toma— le dijo, entregándole el pomo—.

—¿Qué es esto?

—Es mejor que el cabello.


¿Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier?
Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.
Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita.
"Si…no…si…no" ¡y sabías que te adoraba ya!

Cerró de golpe la vieja edición de poemas, puesto que había caído en el vicio una vez más.

Maldita la hora en la que Kaoru llamó.

Y gracias a Dios que su madre no estuvo presente.

Recordó cuando solía pasar horas leyendo sobre su cama, recitando en voz alta los textos del pequeño libro de su madre y lo mucho que le entretenía. Claro, todo eso cuando no estaba metida en la casa de Konan, luego que se conocieran, o en la de Ino, o ellas en la suya. Pero no pudo evitar que de niña fuera muy distinta.

Siempre fue una niña muy rara: callada, inteligente, solitaria, sintiendo el inmenso dolor de su madre como si ese fuera el suyo y tratando inútilmente de proteger a las dos únicas personas que realmente le importaban en el mundo: su hermana y su mamá. Compartió dos males al mismo tiempo: el abandono y el miedo; sobre todo miedo. Fue una mariposa encerrada en su diminuta crisálida.

Pero algo cambió luego que Kaoru se fue, 5 años atrás, cuando Obito apenas era un recién nacido.

Al principio quiso creer que eso era porque su hermana mayor se sentía sola sin su padre y quería verle. Se hizo la tonta, porque nunca lo fue. Mas todas las absurdas ideas que creó de su hermana se fueron al tacho, unos meses después, luego de oír una conversación entre Kakashi y Konan, quien sin reparo gritaba.

—Se vendió por dinero, y lo sabes Kakashi— refunfuñaba la chica, sentada en uno de los muebles y con las piernas sobre la mesa—. A Kaoru le valió un demonio su hermana y su madre, claro, si puedo llamar de esa manera a Anko ahora, porque la muy cretina le restregó en la cara que no llevaba su sangre.

El miedo y el amor fueron reemplazados por rencor, mucho rencor, porque el dolor nunca se iba, sólo ya no incomodaba. Lloró y gritó todo lo que pudo aquella noche en la que se dio cuenta lo que hizo su hermana a la cual tanto adoraba, jurándose que nadie le vería la cara y se burlaría de ella.

A partir de ese momento— sin pensarlo detenidamente— empezó a mirar con buenos ojos a la rebelde Konan, quien era la hermana menor de Kakashi.

Observaba detenidamente cada una de las muecas de la tía de su hermano, que les visitaba casi a diario. Comparó su cuerpo con el suyo, se fijo mucho en el maquillaje que usaba a sus 14 años, puesto que ella era mayor que Sakura, y no dejó de escuchar cada cosa que Hatake Konan decía. Pronto se convirtió en su sombra dentro de su casa, cosa que Konan notó, y fuera de regañarle o hacerle un mal gesto, como al resto de niñas que le miraban por su barrio, le invitó a una pijamada en su casa.

A partir de ese día Konan fue tan amiga suya, como lo era Ino, solo que la primera le enseñó a no tenerse pena y con ello a mejorar su imagen. Luego, cuando llegó a la secundaria, fue obviamente parte del grupo de Konan y sus amigos. Notó que su prima, como solían presentarse, era tan popular como el resto de los chicos guapos de la escuela, sólo que no tenía muchas amigas; era la única mujer en aquel grupo.

Así se incorporó a Akatsuki y con ello se hizo muy amiga de Itachi y la chica más conocida de la escuela, claro, fuera de Konan, puesto que ella era cantante en una banda local muy sonada cuando tenía 15.

Su prima no la abandonaría, pero la duda siempre afloraba de una manera u otra; mas estaba segura que aquella muchacha de carácter arrogante fue su tabla de salvación, puesto si que ella no hubiera llegado a su vida, con su exótica belleza y su peculiar seguridad abrumante, probablemente Sakura solo sería un nombre que no significaría nada para nadie a su entorno, ni siquiera para ella misma, mientras que la dueña estaría encerrada en su tan negra soledad.

Konan y Kaoru eran tan distintas y siempre se llevaron tan mal con apenas conocerse. Konan e Ino eran las amigas que ella más valoraba en el mundo; mas el amor que le había tenido a su hermana no se comparaba en nada con el cariño que sentía hacia su prima y su mejor amiga.

Ahora todo era un poco confuso, lo mismo de siempre cuando remembraba todo lo que vivió; pero de lo que estaba definitivamente segura, era que no tenía más familia viva que Obito y su madre.


Dios maldijera los lunes.

En ese día la rutina empezaba: iniciaban las clases, las tardes un poco aburridas por los deberes, los padres que no te dejan salir a menudo y sobre todo, levantarse temprano para la escuela.

E Ino era tan perezosa.

—Ino, se te hará tarde.

—Ya voy, mamá— contestó ella, gritando desde su habitación—.

Tenía que caminar hasta la escuela, sola, sin nadie, y como le gustaría estar saliendo con un chico. El problema no era que le faltaran opciones para escoger, el caso era que ella ya tenía un prototipo de hombre perfecto en su mente y ninguno de los que la invitaban a salir cumplía ese perfil.

Solo uno podía encajar y era muy complicado.

Se enamoró como una idiota de Gaara.

Cerró la puerta de su habitación y se dirigió a la salida rápidamente, tomando una botella personal de yogurt de la refrigeradora, pues como siempre, se le había hecho tarde. Y ¿qué tal si llamaba a Sakura? Después de todo Kakashi tenía auto.

—Frentona— le dijo, cuando escuchó la voz de su amiga al otro extremo—.

—¿Qué pasa, Ino?

—¿Ya estas en la escuela?— le preguntó, acelerando un poco el paso—.

—No, mamá me llevará en el auto de Kakashi.

—Genial, voy con ustedes.

—Entonces ven ahora.

Y su amiga colgó.

Se había salvado de caminar.

—Sakura— la saludó a penas llegó, puesto que las casas de ambas no estaban muy lejos—.

—Subamos, cerda, que mamá se exaspera cuando llego tarde.

—Dime, ¿ya tienes en mente la fiesta para el equipo?— preguntó Ino, cuando estaban en el auto.

—Ninguna. Sabes que Ten—Ten es la que tiene el millón de ideas en la cabeza. Podría armar esta fiesta y la de promoción en una sola semana.

Yamanaka asintió.

—Ustedes dos buscan cualquier pretexto para salir a bailar— dijo Anko, mientras conducía el auto—.

—Son de la escuela— repuso Sakura—, para los chicos porque ya se llega el campeonato y necesitaran dinero para los uniformes y sus gastos. Lo hacemos todos los años, mamá— finalizó—.

—¿Irán a todos los partidos?

—Eso depende.

—¿De qué?— quiso sabes Anko—.

—De tu buena disposición.

E Ino no pudo detener la sonrisa.

—¿Ya pensaron en su fiesta de promoción?— preguntó Anko—.

—Sí— respondió Ino.— Ten—Ten es la responsable y estoy segura que lo hará sensacional.

—Y, ¿Con quien iras, Ino?

—No lo sé, señora— repuso, un poco sonrojada—.

—¿Y tú, Sakura?

—Con Sai. E Ino ira con el hermano de Temari, ¿Te acuerdas de él?

—¡Sakura!— se quejó la rubia—.

—Un poco— contestó Anko—, y ustedes si que tienen suerte con sus parejas.

…Eso creo…


—…y las mesas serán redondas con manteles claros— terminó de decir Ten—Ten, sujetando del brazo a Sakura y caminando por uno de los pasillos de la escuela—.

—Te pedimos que organizaras la fiesta de los chicos, ¡Y ya planeaste nuestra fiesta de promoción, también!— dijo Temari, mientras movía las manos, claramente exasperada—.

—Solo estaba aburrida en casa y planee todo de una buena vez; nada saldrá mal, chicas.
—Cómprate una vida— murmuró Ino—.

—No seas grosera— contestó ofendida Ten—Ten—.

—A mí todo me parece estupendo.

—Y lo es, Sakura— repuso la castaña, sonriendo a su acompañante—. Pero ellas son tan envidiosas.

—¿Envidiosas? ¿De qué?

—De lo genial que soy, Ino—chan.

Ambas rubias rodaron los ojos.

—Solo espero que haya algo de bueno en el comedor. Muero de hambre.

—Siempre tienes hambre, cerda.

—Hoy estas más sarcástica que nunca, frontuda. Algo bueno debió haberte pasado.

Ella no respondió.

Emprendieron el usual camino hacia el comedor, por los pasillos abarrotados de alumnos, ¿Acaso habría un solo día en el cual los niños de primero no anduvieran correteando y tirándose empujones por los corredores? Por lo menos, que no arremetieran contra ellas, pero era tan difícil evitarlo; no entendían por ningún método humano conocido.

Cuando estaban a punto de ingresar al comedor, Sakura notó una larga cabellera azabache, doblado por el pabellón contrario, dirigiéndose a los salones del primer piso. ¿Qué hacía Sasuke por allí? No le importaba, pero tenía algo en mente.

—Las alcanzo luego— avisó, abandonando a sus amigas y regresando por el corredor—.

Las chicas la observaron desaparecer entre el grupo de alumnos, antes de dirigirse a recibir el almuerzo.

Sakura caminó siguiendo a Sasuke. Llegó hasta las aulas, pero no tenía ni la mínima idea de dónde estaba él. Abrió la primera puerta, sin encontrar nada. Hizo lo mismo con las otras siguientes hasta estar frente a la cuarta y tomar el picaporte. Le encontró allí, mirando por la ventana que daba al Bio—huerto de la escuela.

Uchiha tenía el rostro sostenido sobre su mano derecha, mientras su mochila permanecía en el suelo de loza, donde seguro la había dejado al entrar, junto a las converse que estaba usando. Notó sus ropas oscuras, a pesar der estar a puertas de la primavera y lo alto que se veía aun estando sentado. Cerró la puerta con el mismo cuidado con el cual la abrió, mas el crujido de esta llamó la atención de Sasuke. El volvió la mirada hacia ella antes que pudiera soltar las manos del picaporte.

—¿Se te perdió algo?— preguntó él, con un ligero tono de sarcasmo en su voz—.

—No te importa— contestó, tratando de buscar las palabras adecuadas y centrándose de paciencia para aguantar la arrogancia de Sasuke—.

Sakura no se movió ni un centímetro, pero él volvió la mirada hacia la ventana, ignorándola completamente como la primera vez, solo que ahora ella daría la última palabra.

…Estúpido…

—Uchiha— le llamó, ante lo cual el volteó y la miro molesto—.

…Sapo…

—¿Te conozco?

…Engreído…

—Seguro—resopló—. Te seré sincera: no vengo porque desee hablar contigo o mas aun, seducirte— continuó, sonriendo ante la última palabra—, sólo lo hago porque para mi pena, tengo que hacer una tarea contigo y no pienso hacerla todo yo. Deberás poner algo de tu parte, Uchiha.

—¿Y qué si no quiero?— discrepó, metiendo sus manos a los bolsillos y mirándola interrogante—.

—Es tu problema— contestó, abriendo la puerta—. Te espero en mi casa a las seis— finalizó, saliendo y sin darle la oportunidad a Sasuke de decir algo más—.

¡Hola! Al fi termino esto, pero no importa, me gusta como quedó.

Leí por allí un post que no entendí muy bien la actitud de Sakura y es que bueno, parece que no me he centrado en eso de la mejor manera, pero esta implícito: ella es un sex symbol y él le hizo un desaire y como la tipa tiene un millón de traumas por su antigua inseguridad y luego, como cuando uno tiene rencor por algo, le busca miles de defectos y le repudia. Bueno por lo menos eso me sucede a mí.

En lo que concierne a la escuela, la verdad es que solo he entrado un par de veces a un colegio nacional grande y en la mía tampoco hay muchos alumnos, así que estoy creando el ambiente a partir de lo que me contaron dos de mis primas. Todo es para que no piensen que lo estoy haciendo mal. Envidio tener un colegio grande, el que esta frente a mi casa abarca cinco cuadras de avenida. Creo que la que cree es algo raro xD

En fin, todo esta genial para mí y espero sus comentarios, gracias por los anteriores y mil disculpas por el atraso de un capítulo que estuvo listo desde el martes. Les mando un beso enorme.


N. de la A.