Nagisa era un mar de emociones cuando llegó a su departamento. Llevaba aproximadamente un mes trabajando con Akabane.
Y sólo había llegado a una conclusión, más rápido de lo esperado mientras su corazón colapsaba; Estaba plenamente enamorado.
Enloquecido tal vez.
Pero feliz. Tan feliz que su mandíbula dolía, más no podía evitarlo.
Despertar y pensar en aquel pelirrojo se había vuelto parte de su rutina que jamás podía faltar.
Llegar a la oficina y verlo ahí sentado en su lugar habitual mientras él le daba el informe del día completaba sus mañanas e incluso sus tardes.
Haciéndolas tan perfectas y únicas.
Además, sus conversaciones solían ser graciosas.
Tan típicas, pero con aquel tipo de humor con el que es imposible no reír, no volverse adicto a ellas era difícil.
Todos lo sabían.
Todos aquellos que recién llegaban incluso lo notaban.
Nagisa Shiota y Akabane Karma encajaban casi de forma perfecta.
Algo difícil de creer, ciertamente, ya que a simple vista se podía ver lo polos opuestos que ellos eran.
Pero de alguna forma eso los atraía más, convirtiéndose en un par perfecto.
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Aquel día, Nagisa había llegado antes de lo habitual.
Más temprano de lo planeado y por obvias razones Akabane aún no había llegado.
Por lo que el celeste se tomó la libertad de acercarse a su escritorio. No pensó que hubiese algún tipo de problema.
Por lo que sin dudar, acomodó una que otra cosa que se hallaba fuera de lugar.
Aunque realmente no había nada importante, bolígrafos, papeles por doquier, Nagisa yendo de acá para allá hasta que al abrir un cajón notó algo al parecer importante.
Lucía como una invitación.
Sabía que si no estaba a la simple vista, tal vez debería de ser algo importante.
Pero, con duda y checando que no viniera nadie, tomó aquella hoja en manos que estaba envuelta en un plástico duro.
En efecto, era una incitación para una fiesta de gala para esa misma semana, según la fecha que logró ver.
Nagisa no tenía idea de quiénes podrían ser aquellos que invitaron a Karma, sin embargo, una duda fue muy bien puesta en su mente;
¿Acaso Karma ya tendrá una acompañante?
Sabía que ante todo, esas eran cosas en las cuales no se podía meter.
Pero rayos, era inevitable.
Su curiosidad desafortunadamente era más fuerte y aquello podría ser muy malo.
Únicamente suspiró, volvió a guardar aquella invitación y sin ganas de seguir acomodando, fue a uno de los sofás en aquella oficina.
Se sentó a esperar, con un corazón latiendo deprisa que tampoco duró demasiado.
Pues pronto unos pasos desde fuera llamaron su atención, Nagisa volteó y vio a aquel alto hombre de cabellos rojos que tan loco lo traía.
—Buenos días.— Saludó él.
—¿He? Ah... Nagisa, buenos días.
Karma pareció sorprendido de verlo ahí. Aunque pensó que era obvio, era la primera vez en que Shiota llegaba antes que él al trabajo.
Por lo que cargando un maletín en una mano y un café en la otra, se acercó hasta el más pequeño para depositar un cálido beso en su mejilla.
Beso el cual sonrojo a ambos.
Ah... ¿Cómo decirlo? A pesar de que hacerlo ya era habitual, no podían evitar el hecho de ponerse nerviosos.
Era agradable.
Nagisa volvió a tomar asiento, miró al Akabane dejar sus cosas como habitualmente y dio un alto bostezo.
—¿Has dormido bien?— Inquirio el celeste un poco preocupado.
—Realmente no.— Karma le miro.—. He estado ocupado con detalles del lugar, es algo difícil y cansado.
—Ya... Lo entiendo.
Posterior a eso, hubo unos segundos de silencio en donde Karma pareció pensar en algunas cosas, luego suspiró y devolvió su mirada al más pequeño.
—¿Tienes algo que hacer este sábado?— Pregunto. Shiota negó.
—No, usualmente la paso en casa.
—Eso es genial.— El alto pelirrojo sonrió con satisfacción.—. Ven conmigo a una reunión de trabajo. Es una fiesta realmente, pero habrán jefes de otras empresas con los que será bueno tratar.
De repente, Nagisa quedó sin habla.
Sintió su corazón incluso casi salir de su pecho, pues; ¡Karma le había pedido ser su acompañante en algo así de importante!
¿Qué tan maravilloso era eso? Claro que aceptaría sin dudar.
—Claro... Sí... Será un placer.— Su voz tartamuda llena de emoción fue lo que más resaltó.
A Karma le pareció algo sumamente adorable.
Ganas no le faltaron de ir y besarlo como nunca había imaginado.
Sin embargo, afortunadamente llevaba algo llamado autocontrol consigo mismo que aún le mantenía a raya de lo que debía hacer.
No quería parecer un loco desesperado.
Aunque realmente lo estuviera, agradecía el hecho de poder actuar de forma decente.
Es decir, ¿Quién no enloqueceria fácilmente por aquel pequeño de cabellos azules tan adorable?
Después de aquella charla no se limitaron más que a hablar de cosas triviales mientras veían situaciones de la oficina.
También en su rato esperaron la llegada de sus demás compañeros que fue no mucho después.
Afortunadamente aquel día transcurrió de lo más normal igual que los siguientes hasta el término de la semana.
Nagisa no lo había notado, pero aquel sábado que se levantó, prácticamente fue temblando debido a la emoción que sentía.
Sería el acompañante de Akabane Karma.
