Capítulo corregido;

01/01/21

Tal vez su alarma se atrasó, o mejor dicho, él la apagó media hora antes debido a que andaba de acá para allá decidiendo que ponerse aún sabiendo que no tenía nada decente en su guardarropa que pudiera tomar aquella noche.

¡Dios, era un desastre!

Nagisa aventó la única camisa blanca decente que tenía, pues no tenía nada con que acompañarla.

¡Iba a una fiesta de gala! ¡No a una fiesta cualquiera de su calle!

Suspiró con tristeza y se acostó en su cama por sobre toda la ropa tirada de esquina a esquina.

Nagisa se maldijo, más aún, al ver que ni siquiera tenía el suficiente dinero en su cartera como para ir a por algo decente al mercado más barato.

¿En dónde se había quedado su dinero? Ni él lo sabía y aquello de por si ya era malo por no saber ahorrar.

Colocó sus manos en su cara pensando qué hacer, no quería decepcionar a su jefe... Pues sabía que aquello era realmente importante.

O mejor dicho, gustaba de querer impresionarlo.

¿Por qué? Por la simple razón de que anhelaba aquello, se conformaba con un halago de su parte como mínimo, sin embargo, y viendo el carácter del Akabane, sabía que probablemente aquello no era una opción.

O tal vez... Ahg, no lo sabía.

Nagisa sólo sentía su corazón latir de emoción, ya no sabiendo si por lo que sentía hacía el pelirrojo o porque prácticamente el tiempo avanzaba comenzando a comerlo.

Se hundía en agonía.

Poco después de ello, su timbre sonó y la exaltes de su corazón fue más allá de lo esperado. Probablemente sabiendo de quién se trataba; Arreglo un poco su cabello, metió toda su ropa por montones a su clóset y salió apresurado a la puerta luego de verse más o menos tres veces en el espejo.

Tal cual, una colegiala plenamente enamorada en su primer año de preparatoria.

—¡Karma! De verdad es un gusto verte.— Dijo Nagisa viéndolo al otro lado ya arreglado y con un smoking negro con detalles dorados, su cabello levemente revuelto, pero arreglado, resaltando sus ojos carmines y un pequeño arete de clave de sol en su oído derecho a penas notable. Muy elegante.

Mierda, Akabane Karma era un jodido dios. Uno muy sexi que hacía sonrojar a Nagisa hasta puntos inexplicables.

El pelirrojo le sonrió.

—Igual me alegra verte, también me alegra que aún no te hayas cambiado.— Inquirio sonriente, con Shiota finalmente notando la gran bolsa negra que cargaba a un lado.—. Ponte esto, no tenemos mucho tiempo y el viaje es algo largo, no te preocupes por la ropa y en el camino te explicaré las cosas del por qué esto.

Nagisa timido asintió al mismo tiempo que pasaban y él tomaba la bolsa en sus manos, probablemente ya notando la mirada juguetona de Akabane, maliciosa pero a la vez tan sombría que causaba terror. ¿Qué clase de hombre era aquel?

Rápidamente y sin palabras, se dirigió a su cuarto, buscando la manera de cambiarse lo más rápido posible descubriendo lo que había.

¡Debía de ser una jodida broma!

Por otro lado, el Akabane quedó parado en la sala contando los minutos y husmeando uno que otro espacio de aquel pequeño departamento, ciertamente era un espacio no tan grande, pero si muy limpio y ordenado.

No pudo ver casi nada, pues su atención fue desviada en menos de cinco minutos por el dulce niño de cabellos largos color azul, vestido dorado pegado al cuerpo, mostrando una bella figura que si bien era delicada, no dejaba de ser masculino, extendiendo un ambiente único.

Los zapatos negros sin tacón quedaban bastante bien, igual las pulseras y el collar de perlas que acompañaban al vestido. Más aún, el sonrojo del joven chico un poco nervioso.

"Mierda, es hermoso."

—Lamento mi feo cabello, no pude hacer mucho.— Dijo Nagisa tomando un abrigo entre sus brazos. Karma negó.

—Estás perfecto.— Rápidamente negó.—. Bueno, me refiero... No estás mal, es decir... Ah... Tú entiendes...

Ante tal enredo de palabras, Nagisa río tiernamente, mostrando sus blancos dientes perfectamente alineados y dejando aquel rubor de lado para dejar a un Karma embelesado por tal belleza que ahora sus ojos estaban contemplando.

Ambos sin saberlo tenían sus corazones acelerados por el otro, buscando la mínima excusa para mirarse mutuamente y apreciar lo que cada uno cargaba consigo.

Sin palabras o con ellas, la presencia del otro les hacía sentir más seguros de lo debido.

Por sus sentimientos, por su afecto mutuo. Algo que aún yacía muy en lo profundo.

No de su corazón, sino de las palabras en sus bocas.

Era algo triste viendo desde el punto de vista de otros, pues; ¿Qué podría detenerlos?

No lo sabían, tal vez el miedo que corroe a todo el mundo cuando saben que han caído por una persona.

Aunque para ellos era estúpido, no se descartaban.

Y con ello entre sus pensamientos y corazones desbocados, partieron hacía el extraño lugar bajo un silencio lo bastante cómodo, Nagisa mirando por la ventana el bello paisaje que se iba abriendo.

Karma tratando de controlar sus impulsos más impuros.

Ah... Si que era un problema.

La aparente fiesta yacía en un bello jardín, la noche lentamente caía y algunas copas de vino iban de acá para allá en plataformas que los meseros llevaban a todos los invitados.

Entre ellos, Karma y Nagisa que habían llegado hacía tan sólo unos cuantos minutos.

—Akabane Karma, es bueno tenerle por aquí el día de hoy.

—El gusto es mío, Derek. Gracias por la cordial invitación a está hermosa fiesta.

Un hombre alto y de apariencia imponente, se acercó a ellos, saludando amablemente y besando la mano de Nagisa, él esforzándose en no hacer ninguna mueca de disgusto. Aunque fuese difícil.

El joven hombre de no más de 30 años asintió sin preocupación al saludo de Karma. Tardo unos segundos en quitar su vista de Nagisa.

—No lo agradezcas, para todos también es un honor tenerte aquí.— Indiscretamente lamió sus labios.—. Su acompañante es muy hermosa, Akabane.

—Lo sé.

Posterior a esa respuesta tan seca, el alto hombre asintió y prosiguió a irse para ir a saludar los demás invitados que habían llegado en realidad un poco tarde. Shiota de forma sorpresiva dejó salir todo el aire que estaba reteniendo con nerviosismo.

Karma le miró y sonrió un poco divertido por aquella situación.

—No te agobies, saldremos pronto de aquí.— Nagisa le sonrió devolviendole el mismo gesto.

—¿Para que hemos venido exactamente?— Karma pensó.

—Ese hombre, Derek, tiene una gran influencia en europa, si logramos que se apiade con nosotros, la empresa podrá expandirse mucho más. Por otro lado, no es nada fácil debido a que es un hombre de temer, sus negocios no son nada limpios y mueve palancas como un maldito perro, cualquier error con él podría costarnos caro.

Aquello sonaba mal y difícil, y Nagisa lo entendía bastante bien.

Aunque no sabía realmente el por qué estaba ahí vestido de tal forma un tanto... Incomoda, claro, al ser visto por varios hombres al pasar no era nada de extrañar.

Antes era visto, pero ya ante miradas tan morbosas llegaba a ser incluso lo bastante incómodo como para que deseara salir de ahí lo más rápido posible.

Aquel ambiente no era su estilo.

Pero estaba bien, estaba con Karma y él no lo dejaría sólo en ningún momento. Sintiendo aquellas miradas posarse sobre él cuando se acercaron a un grupo de personas fue cuando lo noto.

Karma tomo una copa de vino y, al ver a su acompañante y el terrible sonrojo que se cargaba, la mano en su cintura para acercalo a él y tenerlo a salvo fue algo que no falto...

¡Ah, aquello había sido hecho de la nada!

El celeste sintió su corazón explotar cuando sintió el cálido tacto, eso fue algo notable que desafortunadamente nadie pudo apreciar debido a su cabeza baja que había hecho para ocultar su vergüenza.

Karma estaba igual, pero él sabía controlarse manteniendo un gesto serio y continuando charlando con las demás personas como si absolutamente no hubiera un torbellino de emociones dentro de su interior no precisamente por la bebida que estaba tomando.

¿Era posible morir por un simple gesto así? Cristo, Nagisa estaba a punto de descubrirlo.

Pronto, decidió calmarse y en cambio poner atención a lo que Karma hablaba, no sabía del todo los planes que tenía, pero debían de ser algo realmente extraordinario como para verse tan confiado y con aquella fina aura imponente que tomaba miradas no de hombres... Sino de mujeres.

¡Oh, genial! Ahora estaba celoso y su estómago se había revuelto al ver tales miradas de víboras voraces sobre aquel pelirrojo que era su acompañante.

No, definitivamente no.

Nagisa por instinto se acercó más a Karma, colocando su mano en su pecho y abrazandolo, sin quitar su mirada de aquellos cuantos ojos que lo veían con odió creciente.

¡Já, eso se merecían!

Pues Karma iba con él y absolutamente nadie lo iba a cambiar.

Próximo a ello, lo único que lo saco de sus pensamientos triunfantes, fue la leve risa de Akabane del tipo burlona.

—Nagisa, si me sigues jalando así, me romperas la camisa.

Entonces Shiota se separó de un brinco asustado, notando lo que estaba haciendo. Ah... Jodida vergüenza.

—Yo... Lo siento...

Ante ello, su mayor negó, viéndole lo adorable que se veía en aquella actitud tan sumisa.

Mierda, si que le encantaba demasiado a su ya agrietado corazón.

De fondo, la canción relajante y elegante resonó llamando su atención al mismo tiempo en que parejas pasaban delante para bailar. Era algo suave y lento, perfecto para un ambiente romántico que definitivamente no dejaría pasar.

Tomó la mano de Nagisa, haciéndolo caminar y tomando su cadera al mismo tiempo que colocó sus manos sobre sus hombros para comenzar algo lento.

Ahora sí el celeste se sentía morir.

—Tengo la opción de liarme con las empresas de aquí.— Su acompañante se exaltó cuando comenzó a hablar entre aquel lento baile. No dijo nada.—. Sin embargo, sé que no a muchos les encantará la idea. La empresa necesita buscar formas de expandirse y algunos competidores también están aquí.

—¿Qué pleneas hacer?

—Sobornarlos es una opción.— Dijo.—. Aunque no tiendo a jugar sucio, a veces es bueno hacerlo.

—No entiendo de que podría servir, Karma.— El pequeño se vio claramente confundido. Karma sonrió.

—Aún eres muy joven para entender estás cosas, chico.— Hablo con dulzura, ahora tomando su mano sin parar de moverse.—. Lo harás con el tiempo, sólo te digo que jamás te fíes de estás personas. Tienden a ser increíblemente sucias con respecto a sus tratos.

Shiota de repente se perdió en sus lindos ojos, pero sin dejar de escucharle como era debido.

—Varias aquí son empresas de alto nivel, sin embargo, la forma en la que lo consiguieron fueron a base de métodos sucios, a base de la muerte de otros y corrupción. Pero no hay otras formas de enfrentar a éstas personas más que rebajandose a su nivel.

—Suena bastante peligroso.

—Lo es, pero a veces es necesario. Recuerda lo una vez dicho; Nunca intentes ganar por la fuerza, lo que puede ser ganado por la mentira.

Ante ello Shiota se quedó en silencio. Pues no dio tiempo a hablar debido a que la música había llegado a su fin, volviendo a un pequeño rincón sólo ellos, Karma pensando en que hacer como siguiente movimiento, Nagisa dejándose llevar y tomando una copa de vino.

Era horrible el escozor en su garganta por cada sorbo que bebía. Pero al mismo tiempo algo extrañamente adictivo que no lo hizo parar y bebió de forma casi consecutiva. Copa tras copa... No noto cuando todo comenzó que darle vueltas de una forma desagradable y el mareo se hizo dueño de su cuerpo.

Genial, estaba ebrio.

Ni siquiera sabía el cuanto había tomado, de hecho nunca lo había hecho, por lo que su resistencia al alcohol era en verdad un completo asco.

—¿Nagisa?— Y por supuesto, cuando Karma lo notó ya era lo bastante tarde como para poder hacer algo al respecto.—. Ay dios, cuándo fue que te pusiste así.

Y Nagisa entre tambaleos negó;

—¡No estoy ebrio!— Su lengua se trabó haciendo lo negado, algo evidente.—. Sólo tomé poquito.

—Si claro, poquito para ti son diez copas. Vámonos ahora, estás realmente mal.

Nagisa no dijo nada y en cambio vio a Karma despedirse de todos mientras a él lo jalaba de la mano.

Mierda, tremendas ganas le habían entrado de besarlo como nunca antes lo había hecho en sus sueños... Al verlo de tal forma le hacía un torbellino en su pecho de amor e ilusión...