Aunque no pudiese hacer nada y se sintiese amarrado, Nagisa respira profundamente mientras mantiene las náuseas y las altas ganas de lanzarse sobre aquel hombre que tan loco le trae y que justo se encuentra a su lado en aquella bella noche...

Suspira con exaspero y voltea a la ventana.

—¿Te sientes mal?

—No.

Con aquella respuesta cortante, voltea la mirada y recarga su cabeza en el vidrio, con aquel conflicto interno, luchando para que no lo carcomiera. No nuevamente.

No sabe que hacer. Y aunque eso ha quedado más que claro junto al hecho de que simplemente debería dormir, no puede evitar pensar aquellas palabras;

"¿Debería confesarme?"

¡Por dios! ¡Claro que no! ¡Acabaría no sólo con su vida, sino también con su vida laboral si lo hacía!

Pero... ¿Y sí...?

¡No! ¡Absolutamente no! Pues era imposible que Karma pensará en él de una forma no amistosa y/o de compañerismo. Dios, era todo un asco en esos momentos.

Lo peor era que las náuseas estaban persistentes en él. En realidad no sabía que era lo peor.

Se golpeó mentalmente y trató de ya no divagar en aquellos duros pensamientos que sólo lo dañaban, estar ebrio hacía que viajara mucho en dilemas que lo dañaban de forma emocional. Genial. Hablando de la forma más sarcástica posible.

Cerró sus ojos un momento, y finalmente se perdió en aquellas siluetas de los árboles que se tornaban como sombras en la noche y que se lograban ver gracias a la luz de luna yaciente.

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Su hombro fue movido y, cuando abrió sus ojos, notó que estaba siendo llevado a rastras dentro de su hogar.

Karma en realidad lo estaba llevando en brazos.

Algo que, al notarlo, Nagisa brinco del susto sin saber exactamente qué hacer y ocultó su mirada en aquel pecho fornido que tanta calidez le daba.

Agradecía su estatura de uno con sesenta en esos momentos.

—¿Estás bien...?— Karma sonrió al ver aquella actitud un tanto... Infantil. Pero que no le desagrada para nada, sino todo lo contrario.

Nagisa era como un pequeño hámster al que quería cuidar demasiado.

—Sí... No había notado el momento en el que me quedé dormido.

Suspiro alto y cerró sus ojos de nuevo. Se aferró fuerte a aquella camisa y corazón cálido que en esos momentos le abrazaban... Casi podría jurar, que lo hacían con amor...

Tal vez el alcohol aún seguía muy presente en su sistema después de todo.

Karma, al ver aquellas pequeñas manos en su camisa, supo de inmediato lo que pasaba y, sin dudar, sonrió sólo para si mismo.

A decir verdad, su corazón estaba igual de acelerado. Esperaba que Nagisa mínimo ya hubiese notado eso. Porque después de todo, él tampoco quería irse justo ahora.

—¿Quieres que me quedé...?

Ante esa pregunta, el celeste levantó su cabeza con sorpresa. Más sin embargo, no dijo nada y débilmente asintió. Más por mera inercia, ya que si era sincero, su alma dejó su cuerpo justo al escuchar esas palabras.

¡¿Qué clase de sueño era aquel?!

Ah... Ya realmente no le importaba. Sólo cerró sus ojos y asintió, tratando de restarle importancia... Pero claro que no podía.

Su corazón estaba enloqueciendo cada vez más y aquellas mariposas en su estómago estaban aumentando.

Lo que daría por besar a Karma en ese momento...

Por otro lado, Karma caminó hasta la habitación del pequeño peli azul mientras notaba como este calmaba su respiración cada vez más.

Era obvio, se había vuelto a dormir. No lo juzgaba, había sido una noche muy pesada para ambos. Él también estaba bastante agotado.

Cuando llegó a la segunda habitación más grande de aquel apartamento con una cama, supuso que esa era su habitación. Estúpido seria que no.

Dejó a Nagisa en la cama y le miró durante breves segundos, bajo aquella luz de luna que se colaba por la ventana. Serían más o menos las tres de la madrugada.

"Mierda, Nagisa; Eres demasiado lindo."

Se acercó con aquel pensamiento, primero tratando de ver que aquel chico no estuviese despierto por error. Porque sabía que lo que estaba a punto de hacer, estaba muy mal.

Cuando vio que aquel sueño era más que pesado, se acercó finalmente.

Primero dejando un cálido beso en su frente.

Luego en su nariz.

Su corazón latía con desenfreno y un sudor frío que jamás había sentido, comenzó a acumularse en la palma de sus manos.

Cayó a sus labios.

Fueron breves segundos, pero fueron segundos en los que depósito todo su amor sobre aquel pequeño ser, en donde le dijo con su alma, el cuánto lo amaba y el cuánto deseaba tenerlo a su lado. Aunque jamás lo supiera.

Aquel beso había sido todo para Karma.

Cuando se separó, miró detenidamente aquellos ojos cerrados y cabello azul, prosiguió a tomar una almohada que estaba libre al otro lado de la cama, y se dirigió a la sala de estar.

"Te amo, Nagisa."

Y salió de la habitación con aquellas palabras en mente, tratando de mandarlas como mensaje. Uno que jamás llegó ni llegara por telepatía.

La noche aún era joven. Igual que ellos y su tiempo restante.