Aquella siguiente mañana, Nagisa llegó a la oficina con un terrible dolor de cabeza. Agobiado y con la sensación de que se había perdido de algo. No supo cómo explicarla.

Pero aquella sensación rondaba vagamente por su cuerpo, con inquietud y un hormigueo tal como si su cuerpo se hubiese dormido. Tal vez aquello era culpa del alcohol, haciéndole Imaginar diversas cosas.

Pero, sin embargo, declaró como infernal el dolor de cabeza que le llegó de golpe al abrir la puerta y escuchar un claro grito del aparente, amor de su vida.

—¡Todo ha salido a la perfección!— Karma se dirigió hacía él, y sin más, le abrazo con todas sus fuerzas.—. ¡Estuve hablando con algunas personas, nuestra aparición en la fiesta les ha dejado maravillados!

Nagisa sonrió, pero también dejó ver un gesto de dolor que no paso inadvertido por Akabane, quién se vio notablemente preocupado, agachándose un poco, dejando caer sus rojos cabellos por delante de su rostro. Shiota quedó... Algo perplejo por tan belleza.

—Nagisa, ¿Estás bien?

Más el menor no supo que decir. Él, a decir verdad, estaba maravillado por lo que veía, así que en el momento, sólo pudo balbucear de forma incomprensible.

—Todo... Todo está bien.— Comentó como pudo.—. Sólo es un leve dolor de cabeza...

Entonces, Karma no pudo evitar reír.

—Por dios, Nagisa, estaba preocupado. Pero tomaste mucho anoche, no me sorprende realmente.— Miró sus ojos, inconscientemente exclamando el lindo color azul cielo que le caracterizaba.—. Te llevaré por un té, te sentirás mejor.

"Con un beso tuyo se me podría reiniciar hasta la vida misma."

Nagisa guardo silencio ante aquel vago pensamiento, suspiró y asintió como pudo para después comenzar a caminar agarrado del brazo de Karma. No fue a propósito, simplemente fue algo de último momento, le sorprendió que su mayor no le dijera nada. Pero ciertamente se sintió más tranquilo de no recibir alguna réplica negativa.

Y todo iba bien, si tan solo no hubiese dirigido su vista a un estante en la esquina. Dónde yacía una foto en lo más alto donde claramente se podía apreciar a una joven de cabellos azules y ojos del mismo color, siendo abrazada de un joven de negros cabellos con una gran sonrisa.

Él los conocía...

—Karma... ¿Eso...?

Señaló el cuadro superior con su dedo índice, fijo su mirada por unos segundos antes de pasarla a su acompañante, quién, al notarlo, no logró evitar que sus mejillas se pintarán de un bello color rojo.

Precisamente había puesto esa foto ahí, porque no se veía a la simple vista. Y creyó que nadie podía notarla, más que él. Ni siquiera sus compañeros de trabajo que pasaban ahí la mayor parte del tiempo en ocasiones pasadas.

Pero, por alguna razón, se sintió agradecido de que fuese Nagisa quién notó aquella fotografía y no otra persona indebida. Suspiró y sonrió con nerviosismo, tratando de parecer tranquilo.

—Lo recuerdas, ¿No?

—Cómo no hacerlo... Karma...— Guardó unos segundos de silencio. Algo reconfortante, y luego habló sonriente —; ¡Fue el día en que te conocí!

Ante eso, el pelirrojo de mirada tan penetrante y callada volcó en una amable sonrisa de alegría, el brillo que destello sobre sus ojos hizo que Nagisa le mirara frente a frente... Pues, por primera, vez se había sentido a su altura.

No hablando literalmente, pues tan siquiera imaginarlo podría resultar en una burla para él... Pero se sentía tan cerca de Karma, que su acelerado corazón tintineaba como una campana al compás de los segundos.

Segundos que parecían horas. Tan mágicas y llenas de deseo...

Karma, de forma inesperada, tomo ambas manos de Nagisa, fue un movimiento sorpresa incluso para él, pero ya lo había hecho y no había nada que hacer al respecto.

Ambos yacían hipnotizados por el otro, pero en ese momento, Akabane habló;

—Y tú, Nagisa, sigues igual de bello que aquel día.— Y finalmente, decidió acercarse.