El beso caló en su corazón, pero no de una forma que pudiera aborrecer, en realidad, había surcado la felicidad y un poco de vergüenza porque, si era sincero, ahora no quería separarse por nada del mundo de aquellos labios que tanto calor le daban.
Se sentía demasiado bien.
Algo torpes fue que ambos movieron sus labios sin seguir un ritmo preciso.
Simplemente hacían lo que creían que era correcto, pero, ¿Qué más podría serlo además de ya estar con la persona que amaban?
Habían deseado aquello por tanto tiempo, ahora solo quedaba el disfrutarlo como nunca lo habían hecho.
Karma pronto se separó, con lentitud y miró a Nagisa algo preocupado.
Desde su punto de vista, temiendo que a este no le hubiera gustado o peor aún, que lo hubiese odiado.
Cuando en realidad, Nagisa nadaba en un mar de felicidad y calidez que llenaba su corazón hasta casi desbordarse. Pero Karma no lo sabía.
Por lo que, al separarse, susurró;
—Lo siento.
Nagisa no lo entendió, por un momento aquella felicidad se desvaneció quedando flotando en la duda.
Ahora creyendo que él había hecho algo mal.
O peor aún, que Karma se había arrepentido de haberlo besado.
Temiendo de aquello, le miró con preocupación.
—¿Hice... ¿Hice algo mal...?— Tartamudeo con algo de desesperación en su voz, se aferró a Karma como si se tratara de una telenovela. Pero este mencionado negó.
—No... De hecho... Pensé que yo lo había hecho...
Entonces Nagisa, luego de pensarlo unos segundos, fue que comprendió que era lo que se supone que estaba sucediendo en la mente de Karma.
Intentó no reír.
—No... No... Pensé que yo...
—Tú lo has hecho maravilloso.— En aquel momento algo explotó dentro de Nagisa por tales bellas palabras.—. No sé qué es lo que pensé...
El pequeño de cabellos azules colocó en sus labios una tenue sonrisa que a penas podía ser visible. Karma la vio, pero no dijo nada.
Se quedó en silencio, contemplando aquella belleza y disfrutando el amor que su pecho sentía.
Dejó que Nagisa decidiera que hacer por esa vez, y fue algo de lo que jamás se arrepentiría;
—Karma...— Comenzó el pequeño.—. Me ha encantado.— Dijo sin temor, mirando sus ojos y con un gesto tan serio que la duda no tuvo lugar en el momento.—. ¿Y sabes por qué...?
Karma siguió sin hablar, quería saber que era aquello que el celeste sentía... Porque él ya tenía en claro que lo quería.
—...Porque te quiero.
Y entonces, otro beso cayó en los labios de Akabane, tomándolo por sorpresa, pero que a la vez, dio tanta calidez a su corazón que no supo como describirla.
Fue tan agradable, que era como estar en un bello sueño. Uno del cual no deseaba despertar jamás.
Ambos latidos en sincronía finalmente estaban, en un gran extasis que los unía de forma única.
Tan tranquilo.
Tan dulce.
Con un sabor casi similar al de la azúcar.
Era lo que podían sentir.
Y les encantaba. Podrían hacerse adictos a ello si seguían así.
En ese momento, algo sucedió, pues, cuando Nagisa dejó salir un leve jadeo, encendiendo aún más a su mayor, la puerta siendo abierta fue lo que sonó.
Luego, un pequeño gritillo de sorpresa fue que se escuchó, separando a ambos.
—¡Ah! ¡Lo siento, no he visto nada!
Nakamura cerró tan rápido como pudo, dejando caer la carpeta que llevaba en manos sin importarle absolutamente nada.
Solo se disculpó y ambos chicos se miraron algo sorprendidos por lo que acababa de pasar.
Luego, simplemente sonrieron.
Pues aquellos sentimientos finalmente estaban claros para ambos.
