—Quedate a mi lado y no se te ocurra moverte, si lo haces, sabes lo que pasará.

Incluso al salir, Gakushüu ponía las reglas. Nagisa no podía moverse de su lado por ningún motivo. No podía mover la mirada, su rostro, era como si ni siquiera pudiese respirar.

Estaba atado a él.

Y, por si eso fuera poco, aquellas cosas de las cuales culpaba a Nagisa, Asano las hacía con más evidencia.

Ver a otras mujeres, incluso a chicos, guiñarles un ojo, mandarles un beso coqueto, acercarse de más...

Pero decía que estaba bien, pues era... Él... ¿En qué podía estar mal?

Nagisa aún no lo descubría.

A veces quería reclamar tales actos, preguntar un por qué era tratado de tal forma.

—No lo entiendo, yo jamás hago nada mal...

—¿No lo haces? ¡No me quieras ver la cara de idiota! Bien lo sabes.

—¡No! ¡No lo hago! ¡Tú te la pasas diciéndome y gritando que soy una perra, pero ni siquiera notas lo que tú haces!

Y, tras aquellas palabras por parte de Nagisa, fue que recibió aquel primer golpe.

Asano le gritaba, lo insultaba, tendía a jalarlo... Pero jamás lo había golpeado de tal forma. Asano cada vez era menos paciente.

Aquella vez fue la segunda línea en cruzarse. Al menos fue de las más graves que Nagisa puso ver con claridad.

El pequeño peliazul se sentía cada vez menos capaz, por lo que calló, calló todo aquel dolor mientras soportaba cada acción que le disgustaba en silencio. No lo aceptó, simplemente decidió evadirlo de una vez por todas.

Porque cuando lo dijo, su madre respondió:

"Tú tienes la culpa, Asano es una buena persona, jamás te golpearía sin una buena razón."

Y otra vez, sintió que era su culpa por haberle dicho aquello que no le agradaba.

Sin embargo, después de aquel primer golpe, ocurrió algo un tanto... Curioso...

—Es en serio, Nagisa. Perdoname...

—Asano... Me golpeaste...

—Lo sé y sé también que no debí hacerlo, en verdad lo siento, me siento terrible.

—Yo... No sé...

—Por favor, ¿Qué quieres que haga?

—Solo que no lo hagas más...

—¡Está bien!

—Y que tampoco me grites...

—¡Lo haré también! Discúlpame en verdad, no volveré a tocarte así, fui un tonto...

Más y más palabras bonitas, más y más mentiras ocultas.

Nagisa recibió mucho amor y regalos ese día, y al siguiente, y al tercer día también.

Por un momento creyó que finalidad podían ser una pareja feliz, que todo se había arreglado y que decir aquello que sentía finalmente había sido escuchado.

En verdad la paso demasiado bien con aquellos regalos que Asano le dio. Se sentía tan querido. Aunque jamás recibió un beso por parte del pelinaranja, no le tomó importancia.

Él lo seguía amando.

Se asfixiaba al no tenerlo cerca, su corazón dolía cada que peleaban. Pero aquella idea de separarse estaba muy, muy alejada de su mente.

Cuando lo trataba mal, Nagisa pensaba lo peor de Asano, pero cuando él le daba una muestra de cariño, se odiaba por desearle la muerte.

Pero pronto... Se odiaría por ser tan estúpido y volver a caer un falacias.

Pero, ¿Y cómo es que aquella sinceridad por parte de Asano era una mentira?

Muy fácil, pues poco después lo volvió a hacer.

—¡CÁLLATE, CÁLLATE, CÁLLATE!

—Pero yo no he hecho nada...

—¡ERES UN JODIDO CÍNICO HIJO DE PERRA! ¡UNA PUTA QUE NADA MAS BUSCA REVOLCARSE CON OTROS!

Ese día habían tenido una cita, habían ido a un parque, pero el hecho de que Nagisa volteara a ver a otro lado, fue suficiente para que Asano estallara.

No había una razón, ni siquiera había hecho algún gesto o algo con lo cual se le pudiera culpar de algo.

Pero según Asano, estaba buscando a un chico con la mirada para irse con él. Pero en realidad, Nagisa estaba viendo a un niño, el cual estaba jugando con su mascota.

Y aunque él intentó explicarlo, el primer golpe cayó en su rostro una vez que fue arrastrado hasta su hogar. La puerta se cerró a sus espaldas y él fue azotado contra la pared, su mirada vio solo oscuridad.

Asano golpeó con puño cerrado una de sus mejillas, luego su nariz, haciéndolo sangrar. Nagisa genial de dolor y pedía tan solo un poco de compasión...

Pero Asano... Él no pensaba detenerse.

Todo lo contrario, pateo a Nagisa dejándolo por los suelos, y ahí solamente siguió incrementando sus golpes hasta que se cansó.

Nagisa estaba hecho un mar de sangre y lágrimas, pidiendo que se le ayudará, hasta que finalmente perdió la consciencia.

Quedó boca abajo, preguntándose que era lo que había hecho mal para recibir todo aquel odio, para recibir toda aquella ira hacia su persona que aún pensaba, era su culpa.

Cuando en realidad... Él tan solo era una víctima.

Su pecho era un nudo, no sabía si aquello era dolor o una profunda tristeza, pero sabía que le lastimaba, que le calaba hasta el alma.

Provocándole mucho sueño.

Y esa vez, cuando volvió a despertar, lo hizo en una cama se hospital.

Ahí hubo médicos y enfermeras que le preguntaron por lo que había pasado, pero él se negaba a hablar, no quería caer en la humillación por las cosas que había pasado.

¿Cómo hacerle entender a una persona así que lo ocurrido no fue su culpa?