Cuando despertó en aquella cama de hospital, por tercera vez, supo que algo estaba mal. Con él, con su relación, con todo.
Pues había pasado ya dos años de aquel constante maltrato.
Esa vez miro al techo, luego a la pared frente a él, luego a la puerta cerrada de su habitación, y finalmente, a su lado derecho donde se encontraba la ventana, siendo de noche, su rostro se reflejaba con facilidad.
Entonces miró a través del cristal su rostro maltratado, que aunque era transparente, podía ver perfectamente su maltrado rostro, su nariz rota, ojos morados y labios partidos. Pero aquello no le dolía.
Dolía más por dentro. No hablando de golpes internos.
Dolía su ser, su alma, corazón y mente. Estaban totalmente quebrados.
Se sintió mal, se sintió apenado consigo mismo de permitir aquella situación. Se daba lástima.
Aunque era tonto, ya otras veces se había dicho que aquello estaba mal, él lo sabía y estaba al consciente de ello. Pero, ¿Qué podía hacer?
¿Cuál era el primer paso para salir de ahí?
"Ya no más... Ya no más..."
—Joven Nagisa, ¿Cómo se siente?
Aquella pequeña y amable enfermera de cabello gris abrió la puerta de su habitación, la recordaba. Era quien lo había atendido la primera vez.
Él no respondió y ella camino hacía él.
—Necesito que sea sincero, ¿Qué ha pasado?
Nagisa seguía sin hablar.
—Aquí no somos tontos, joven, permítanos ayudarle, ayudese usted mismo.
—No pasa nada...
Y ahí iba de nuevo.
—Por favor...
—Solo no quiero más golpes, más reclamos, ¿Acaso es mucho pedir?
Volteó a ver a la enfermera, derramando lágrimas y moqueando cómo nunca había hecho. Nagisa Shiota estaba destrozado.
—Quiero a alguien que me ame de verdad, alguien de quien no deba temer, ¿O las relaciones son así? ¿Acaso eso es lo normal y sólo soy un exagerado? ¿O es que acaso no merezco algo lindo?
Aquella gentil enfermera le miro a los ojos, aguantando aquel dolor que sentía en su pecho. Veía casos así más seguido de lo que le gustaría. Pero le rompían. No importaba como fuese.
Era un pesar muy grande. Por lo que dijo lo único que podía y se había aprendido de memoria;
—Usted merece ser protegido y amado. Pero está en el lugar incorrecto.
Podría sonar como algo simple, pero aquella simple frase hizo que Nagisa supiera aquello que siempre tuvo delante de él. Debía terminar con Asano.
Solamente necesitaba un impulso.
•
•
•
Lo siguiente que ocurrió fue que hablo con un especialista que lo ayudo desde cero, poco a poco haciéndole ver el cómo todo aquello por lo que había pasado no era correcto, haciéndole ver qué cualquier persona no merece aquello, ni siquiera él, Nagisa parecía entenderlo, pero era difícil asimilarlo.
Lentamente y conforme aquellas lágrimas bajaban de sus ojos día con día era como lo iba aceptando.
Paso aquellos dos meses sin ver a Asano.
Ni siquiera deseaba verlo.
Esperaba que lo hubiese dejado, que hubiese huido. Que lo hubiese abandonado y él pudiera seguir.
Se sentía bien así y con la terapia que había estado llevando aquel tiempo, se sentía como volver a nacer, aunque a veces sentía que retrocedía, los pasos que daba eran grandes. Y ya no se sentía tan estancado.
Sentía que podía seguir él. Y sólo él.
...
Pero de nuevo aquel martes se presentó ante él.
—Quiero hablar contigo.
—Yo no. Aléjate, Asano.
Nagisa habló fuerte y claro por primera vez, con un valor que le había costado muchísimo adquirir. Pero que en aquel mes había logrado construir.
—¿Quién mierda te crees para hablarme de esa forma?
Asano intento tomarlo de la mano, pero Nagisa retrocedió.
—Así que ahora eres un idiota valiente, ¿No?— Asano calló unos segundos, luego suspiro tratando de contener su ira. Y volvió a hablar.—. Mira... Nagisa... Perdóname, ¿Sí? Sabes que yo no puedo controlar esto, es parte de mí. En verdad lo siento, me siento terrible cuando te lastimo, pero ponte en mi lugar, ¿Qué hacías tú?
—Yo no hacía nada.
—Claro que sí. Sólo ve... ¿Por qué crees que me ponía así?
—Yo no tengo la culpa de tus traumas.
A Asano se le vio una vena de ira pura al borde de su cien, aguantando... Pues estando ahí, en medio de aquella calle tan transitada sabía que no podía hacer mucho. Acabaría mal para él.
—Si te me acercas de nuevo, te denunciaré.
Por lo que, por esa vez, dejo ir a Nagisa. Con todo su pesar...
¿Qué era lo que impulsaba a Asano a tratarlo de aquella forma?
Nagisa se preguntaba una y otra vez. Pero sabía que jamás podría saberlo, no le interesaba y mucho menos deseaba indagar en aquella persona que tanto daño le había hecho. Quería desaparecer, morir para Asano.
¿Por qué un demonio había decidido atormentar a un ángel?
Claro, porque eso era. Un demonio.
Nagisa se dio la vuelta y empezó a caminar, su sudor bajaba por su cuerpo como si aquello fuese un logro mundial. Y no estaba muy lejos de serlo, pues era un gran logro para él, se deshizo de su martirio.
O eso pensaba.
Los siguientes días siguió yendo a terapia, pero Asano le seguía, mandando constantes cartas, indirectas...
Lo asustaba como si de un fantasma se tratará. Aquello era peor, pues su mente estaba cayendo de nuevo.
—Puedes probar un ambiente nuevo.
Aquel consejo de su terapeuta le hizo ver una nueva luz.
Termino por alejar a su madre, huir de su pasado con ayuda de apoyo emocional que le brindo su centro de ayuda. Al mismo tiempo huyó de Asano.
¿Por qué no los denunciaba?
Muchos se preguntarán.
Aún sentía lástima por aquellas personas, ya no por él mismo.
¿Por qué decidió huir?
Tal vez porque aún muy en el fondo, seguía siendo débil.
Pero al menos, aquello fue suficiente para que pudiese iniciar de nuevo. Fue su última opción para tratar de ser feliz.
