NAGISA: Pov.
De repente estaba ahí, a su lado sonriendo como si todo estuviese bien, pero, ¿qué decía? ¡Claro que estaba bien!
Sentía calidez estando a su lado, un increíble amor de su parte, uno que aunque jamás había vivido, uno sabía que era puro.
Y que por lo menos... Duraría un largo... Largo tiempo.
Así lo sabía, lo sentía...
Nuestros primeros meses fueron mágicos, Karma me miraba, decía el cuánto me amaba cada que se me acercaba, respiraba su nombre, en cada parpadeo mío lo veía a él, tenerlo lejos por tanto solo un par de segundo a veces me parecía una locura.
Me estaba apegando demasiado a él. Y lo sentía bien... Ya no... Ya no sentía miedo.
En nuestro tercer mes, celebramos como su estuviésemos en nuestra boda, aunque solo entre nosotros. Él era increíblemente detallista.
A veces una rosa, a veces un chocolate, a veces bellas palabras que endulzaban mi oído.
Karma, desde mi visión, era lo único bello en esta vida...
Después de todo lo que pasó...
...Ver aquellas luces como si fuese navidad, una mesa al centro de un bello jardín lleno de flores, vino y una noche de un manto perfecto, me hizo sentir en un sueño.
¿Han escuchado aquella singular frase, "Por ti bajaría el cielo"?
Típica frase de jóvenes enamorados, claro, pero Karma... Era él... Solo él...
—Ven, necesito mostrarte algo.
Me llamó en cuanto terminamos nuestro postre; Una rica tarta de manzana, una con la cual, estuve encantado incluso al día siguiente.
—¿A dónde vamos?— Pregunté.
—Te daré lo más hermoso que tengo, Nagisa, bueno, al menos lo segundo, tú eres el primero.
Me llevo de la mano entre árboles y ramas de aquella gran casa que se extendían a lo largo de un sendero, un camino en dónde a los costados yacían luciérnagas alumbrando nuestro paso.
Pronto llegamos a una zona en dónde la tierra se convertía en loza, y frente a mí, se extendía aquel bello pedazo de cielo lleno de estrellas reflejado en el chapoteo del agua en aquella alberca.
—Sé que no es mucho, pero es tuyo.
Así es, Karma había logrado hacer realidad aquella vieja frase que muchos prometían.
Lo curioso, es que él jamás dijo que lo haría, sólo lo hizo...
Así que de eso se trataba, ¿No?
Un amor de verdad.
—Por dios, Karma... Es increíblemente hermoso.
Me acerque a aquel reflejo en dónde también una media luna se alcanzaba a ver con tal belleza, que parecía poderse tomar con la palma de mi mano. El agua yacía tan tranquila con a penas unas cuantas olas muy, muy leves. Casi podía de verdad tocar aquella estrella flotante debajo de mí.
Él tomo de nuevo mi mano, y con suavidad la besó.
Con tranquilidad susurró:
—Porque quiero que recuerdes que soy capaz de hacerlo todo por ti.
"Con que estés aquí, sé que yo estaré bien."
Aquello jamás lo saqué... Lo dejé en mis pensamientos únicamente.
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Hoy, siete meses después, yo seguía encantado con aquel hombre que llegó a salvar mi vida.
¿Es exagerado? Tal vez, pero que bah, son sentimientos, y todo lo que yo sienta es válido, aunque algunas veces parezca una locura.
Ese día habíamos asistido al trabajo como normalmente, todo iba tranquilo, o al menos eso se aparentaba todos estos meses, no teníamos la más mínima preocupación que no fuese por representantes de la empresa o algo parecido.
Karma me lo explicaba de forma simple, aunque yo seguía sin entender mucho de lo que él hacía, sólo veía papeles, me decía que todo estaba bien y yo seguía en lo mío, siendo su secretario, anotando solo lo que él me decía.
—¡Esto es increíble!
—¿Qué? ¿Eso por qué?
Karma de repente se levantó de su escritorio con una amplia sonrisa llena de alegría, de tener su vista en la computadora, paso a tenerla por sobre de mí. Yo pregunté curioso por tal actitud.
—He logrado convencer a un prestigioso inversionista para venir a hechar un vistazo a nuestra empresa y charlar un poco con él.
—Eso es genial, Karma.
—Después de esto, y si todo sale bien, podremos expandirnos aún más, ¿No es maravilloso?
—Seguro que lo es. Me siento feliz por esto que has logrado.
Sonreí cálidamente, pues Karma realmente se veía feliz.
—¿Cuándo vendrá?
—En estos días, tal vez mañana, debemos estar preparados.
—Tranquilo, sé que lo harás bien.
—Es lo mínimo que espero, fue bastante tiempo para que este tipo aceptará una charla conmigo sobre la empresa, es difícil de manejar, pero estaré bien, después de todo jamás me han dicho que no.
Y en ese momento, me dirigió una mirada algo traviesa, terminé por acercarme a él, e inmediatamente me tomó por la cintura haciendo que me sentará en sus piernas.
Lentamente comenzó a hundir su cabeza entre mi cuello, simplemente dando un leve beso y después relajándose de forma profunda.
Yo sentía lo mismo, una gran calma.
—Esto no lo haría sin ti.— Dijo él, un sutil color rojizo se posó en mis mejillas.—. Juro por Dios, que eres todo para mí.
—Y tú para mí, Karma, lo sabes bien, ¿No?
—Claro, pero me encanta escucharlo.
Aquellos efímeros momentos eran muy agradables, aunque después tuviésemos que volver al pesado trabajo, cuando nos encontrabamos así, era como si todo se detuviera, siendo solo nosotros quiénes estábamos en aquel espacio y tiempo.
Y para ser sincero, me gustaría que así fuera. Pero estaba bien, mientras estuviese con Karma, todo estaba bien.
—¿Quién es aquel inversionista?— Pregunté de repente.
—Su nombre es Asano Gakushüü, todos dicen que es un hombre muy exigente, un colega que trato con él dijo que es casi imposible de convencer para llegar a un acuerdo que le parezca bien...
Y todo se detuvo de nuevo, ya no de forma agradable, sino que aquel tiempo se detuvo de forma abrupta, dónde me sentí de nuevo un pequeño ser, recordando aquel nombre.
Viendo aquellas violentas escenas una vez más, cómo si se tratará de una película.
No podía ser el mismo que yo conocía, ¿O si?
Rayos, ahora quería vomitar.
