Uno de los muchos aparatos de la base lanzó un pitido. Todos los artilugios de los que disponían trabajaban las veinticuatro horas, para ellos no había descanso, pues ellos no necesitaba ciertas horas de sueño para estar recuperados para seguir salvando al mundo.

Ianto se despertó de repente. Ni se había dado cuenta del momento exacto en el que se había dormido, pues lo cierto era que había estado muy ocupado. No le había quitado la vista de encima al niño en todo el día, pues aunque jamás había sentido ningún tipo de sentimiento paternal, tenía la necesidad de estar cerca de aquella pequeña criatura desamparada.

Tal vez fuera porque se sentía culpable por la muerte de su madre o por el simple hecho de que ahora el niño era huérfano y ellos eran su única opción de salir adelante; pero por más que se lo preguntaba, más se daba cuenta que le estaba cogiendo cariño al pequeño Tim; incluso sentía que el nombre le quedaba muy bien.

Había estado jugando con él, el propio Ianto se sorprendió de haberlo hecho pues desde que no lo hacía con su hermana, no había jugando con ningún otro niño. Pero con Tim era distinto, era perfecto estar durante horas haciéndole reír o que el niño se diera cuenta de la realidad de su situación.

Lo había visto reír y aquel había sido el momento más bonito del día para el joven agente. Lo había visto cantar una canción infantil que él mismo le había enseñado y le había contado más de alguna pequeña aventura con el capitán, omitiendo ciertos detallas para los que no estaba preparado por su temprana edad.

Por fin llegó la hora dormir, cuando Tim ya se estaba acomodando en sus brazos después de cenar lo que Ianto había pensado que le gustaría. No había fallado con un poco de carne algo más cruda de lo que a él le apetecería comer, aderezada con una salsa barbacoa, pero en su punto para el niño, tal y como pudo comprobar cuando el niño lo devoró en pocos bocados.

Con el estómago lleno y agotado después de haber estado jugando y divirtiéndose todo el día con su nuevo amigo, tal y como el propio niño había decidido nombrarle durante la tarde, el niño bostezó y se acurrucó junto a él.

"¿Qué me dices amiguito, nos vamos a dormir?" El niño abrió los ojos de golpe y se abrazó a Ianto. "¿Qué te ocurre?"

"No quiero volver a ese sitio oscuro y feo, huele mal y esa otra cosa me da miedo." Aunque hubiera intentando soltarle, el niño se había aferrado a él con tanta fuerza, que seguramente, antes habría conseguido romperse la camisa que separar sus pequeñas pero tremendamente fuertes manos de su brazo.

"Vale, vale, pues nada. no vamos a ir allí. ¿Qué te parece entonces una confortable cama, con sábanas suaves y una muy cómoda almohada?" Tim lo miró extrañado por lo que Ianto supuso que un niño alienígena que había vivido toda su existencia con su madre, por edificios derruidos no tenía mucha experiencia en hoteles de cinco estrellas. "Vamos estoy seguro que esto te encantara." Le dijo Ianto finalmente.

Tim extendió los brazos hacia él esperando que lo cogiera. ¿Cómo negarse a eso? Definitivamente, al mirar esos ojillos de cachorrillo abandonado, pues al fin y al cabo eso era precisamente lo que era aquella pequeña criatura, Ianto se dio cuenta que su instinto paternal era mucho más fuerte de lo que jamás hubiera pensado.

De camino hacia el dormitorio, Ianto buscó a Jack. No lo había visto en todo el día en realidad, pero hasta ese momento no se había parado donde podía estar el capitán. Empezó a pensar si era posible que Jack le estuviera rehuyendo, tal vez no a él pero si al niño y por ende a él.

- o -

"No podemos encariñarnos de él". Le había dicho Jack la noche anterior. "Lo siento, pero ya viste a su madre. Lo lleva en la sangre, tarde o temprano se convertirá en algo como ella y ¿Entonces que, serás capaz de encerrarlo después de haberle dado varios años de tu vida?"

"¿Cómo puedes decir eso Jack? Sabes tan bien como yo que la gente puede cambiar. Mírate tu mismo. Me has contado muchas veces que antes de estar aquí, eras un timador, que los escrúpulos era el menor de tus problemas y que desde luego no dormías dos noches con la misma persona. ¿Acaso me estás engañando con alguien Jack?"

"No es lo mismo Ianto, no puedes compararnos."


"¿Por qué, porque tu encontraste a al Doctor que necesitabas? Pues tal vez este niño no necesite ningún Doctor, sino unos padres que le eduquen y le enseñen a ser una persona."

Ianto bajó las escaleras hacia las celdas cuando Jack volvió a hablar. "Nunca te he dado las gracias." Ianto se dio la vuelta, no tenía ni la más remota idea de lo que estaba hablando el capitán. "Creía que el Doctor era todo lo que necesitaba para ser… normal otra vez. Pero me equivoqué."

Jack caminó hacia su compañero y acercándose hacia él, le acorraló contra la pared, sin apartar los ojos de los suyos. Colocó las dos manos a ambos lados de Ianto y se acercó a su oído.

"Tu me has hecho una mejor persona Ianto Jones." Le besó en la mejilla y recorrió con su boca la barbilla de su compañero. "Tu me has hecho creer completamente que la humanidad merece la pena. Además de enseñarme un par de trucos bastante interesantes" Ianto se ruborizó visiblemente e intentó apartar la mirada de Jack, pero fue demasiado tarde como para que el capitán no se diera cuenta. "No debes menospreciarte porque has conseguido conmigo lo que otros muchos han intentando y no hablo sólo de lo de anoche en el despacho; aunque creo que debería cambiar la silla, es muy incómoda para los entrenimientos nocturnos. Bah, ahora en serio. Tal vez tengas razón con el niño, pero me gustaría observarlo un poco antes de cogerle cariño; porque cuando me encariño de alguien luego no quiero soltarlo nunca." Ianto dio un respingo al notar la mano del capitán en su trasero.

"Así que quieres que yo sea su niñero mientras tu le vigilas. No se, creo que me siento como una presa ahora mismo." Jack apretó su cuerpo todavía más contra el de Ianto y este sonrió, mientras emitía un largo e intenso suspiro. "Aunque empiezo a dudar quien es mi depredador." Jack le besó de nuevo antes de marcharse. Mientras lo hacía no le quitó la vista de encima a Ianto que se encaminó de nuevo hacia la celda del niño. Definitivamente Ianto Jones le había transformado.

- o -

Ianto se preguntó si el motivo de no haber visto al capitán en todo el día había sido que su jefe había estado observando al niño, pero Ianto se sentía mal. Le hubiera gustado que los dos juntos formaran parte de la vida de ese niño, tal vez y después de todo, no le disgustara mucho formar una familia junto a Jack, vivir juntos, casarse incluso y por supuesto tener niño.

Todo aquello le daba miedo, pero no se trataba de temer a la idea de madurar o a la idea de querer llegar al siguiente nivel de su vida. Si no que estaba aterrado por lo que pudiera decir Jack al respecto. El hombre que había tenido cientos, tal vez miles de amantes, aquel que había tenido desparecer durante un mes hasta pedirle la primera cita normal. Ianto no se podía imaginar la idea de decirle que tenía planes de futuro con él.

Finalmente y sin encontrar al capitán para decirle que iba a acostar allí a Tim, arropó al niño, que se acurrucó todavía más entre la ropa de cama. Ianto se dio cuenta que debía ser la primera vez que ese niño dormía en una verdadera cama. Le acarició la mejilla sonriéndole.

"Bueno amiguito, es hora de dormir." Sin que Ianto se diera cuenta al principio, el niño le cogió la mano, aunque la suya, tan diminuta casi desapareció. Fue tan fuerte la descarga de emociones que Ianto sintió en su interior que apenas pudo ocultar la emoción de su rostro.

"¿No te vas verdad?"

"No voy a estar aquí al lado, trabajando y si necesitas algo, sólo tienes que llamarme."

"Quédate conmigo."

"Pero…"

"Por fa'"

Ianto suspiró, no se quería imaginar unos años más adelante, intentando decirle a su hijo adolescente que no podía salir más tarde de las doce de la noche. Se quedó asombrado por un momento, por la facilidad que había tenido para pensar ya en tener un hijo adolescente, cuando no podía estar seguro si aquel niño no intentaría matarle mientras estuviera dormido.

Sin embargo, cuando Tim apretó su cuerpo contra el de Ianto y apoyó la cabecita sobre su brazo, el joven agente se dio cuenta que no se había equivocado con el niño, podía conseguirlo, podía ser un ser humano normal.

Así, Ianto también se había quedado dormido y debía de haber sido en algún momento entre que lo contemplaba y que pensaba en su posible futura familia. Pero al final, el cansancio de un día demasiado largo, había sido más fuerte que él.

- o -

Al despertarse, Tim no estaba con él, no estaba entre los brazos que lo habían arropado durante toda la noche. Se incorporó y miró a su alrededor, pero el niño no aparecía por ningún lado.

"Oh, por favor." Dijo en un largo suspiro.

Ya estaba imaginando lo que le diría Jack al enterarse de había dejado al niño suelto por Torchwood. Pero prefirió no pensar en eso hasta que Tim estuviera a salvo otra vez con él.

Se levantó casi de un salto y por primera vez en mucho tiempo no le preocupó que la ropa que llevaba puesta estuviera más o menos arrugada o que le viniera bien una ducha, pero que ya estaba suficientemente espabilado buscando al niño.

"¿Tim? ¿Tim cariño donde estás?" Dijo mientras se movía con rapidez por la base. Miró en todos lados, en la enfermería, en la cocina, incluso volvió a mirar en las celdas, donde estaba seguro que no lo encontraría. "Tim a mi también me gusta jugar al escondite, aunque para serte sincero, prefiero la versión para adultos."

"Shhh, que le vas a despertar." Escuchó decir a Jack al llegar a la sala central de la base.

Ianto se quedó parado, casí petrificado pues no podía creer la escena que tenía delante de él. Definitivamente se trataba del capitán y desde luego, tenía a Tim entre los brazos, dormido.

Pero si había algo que le sorprendió, fue que Jack estaba sentado en el sofá, acunando al niño como si fuera lo más normal del mundo, lo que llevaba haciendo durante mucho tiempo, por no hablar de la forma dulce y cariñosa con la que estaba tarareando una canción que Ianto no reconoció.

Se acercó al sofá y se sentó en el suelo junto al capitán. Sonrió cuando este se lo quedó mirando. "Es una vieja canción que mi madre nos cantaba a mi hermano y a mi a la hora de irnos a dormir. Nos relajaba y creo que de pequeño nunca llegué a escuchar el final, pues siempre me quedaba dormido antes."

"¿Por qué estás con él? Creí que habías dicho…"

"También dije mi pequeño Ianto Jones, que tu me habías cambiado, lo que no sabía era hasta que punto." Sin moverse demasiado para no despertar al niño, Jack se inclinó hacia Ianto y le besó con suavidad. "Estabas profundamente dormido, agotado diría más bien y no te has percatado de que se ha levantado. Iba estaba a punto de buscar una nueva señal alienígena, cuando le he encontrado. No eran ni las seis de la mañana."

"Así que has decidido…"

"No he decidido que lo vayamos a adoptar, pero tal vez podrías probar a criarlo, de momento, como un niño humano más." Ianto sonrió agradecido, sabía perfectamente lo que eso significaba, lo que las palabras del capitán de verdad querían decir y cuando decía que podían intentarlo, significaba que ese niño a quedarse mucho tiempo con ellos. "¿Qué tal si lo llevamos a la cama y practicamos… como lo has llamado… así el escondite en su versión para adultos?"

"¿Me has oído?"

"Alto y claro. ¿Qué me dices, te apetece hacer un poco de ejercicio por la mañana señor Jones?"

"Que esta vez te vas a esconder tu y cuando te encuentre tendrás que darme mi premio o mejor aún…" Se acercó al oído del capitán, porque por mucho que Tim estuvira durmiendo, todavía era muy joven para escuchar ciertas cosas. "Me cobraré mi premio." Jack rió por lo bajo, cogió al niño y se dirigió al dormitorio. Aquella si que iba a ser una mañana muy intensa.