Los personajes no son míos. Pero la historia y los diálogos son completamente de mi autoría, así como Casper también me pertenece.
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Acéfalo
17
FINAL
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Dan capturó a Sam de manera instantánea, tan rápido que nadie tuvo el tiempo necesario para siquiera reaccionar. En ese momento el mundo entero se detuvo, y con ello su vida también. Todos fueron testigos de cómo Dan, el desquiciado fantasma, se elevó por el aire con ella en brazos. Y, sin embargo, nadie fue capaz de hacer nada. Danny continuaba luchando contra él mismo para recuperar el aliento, mientras que Casper permaneció inmóvil y ajeno ante cualquier hecho. Sam iba a morir, estaba segura de ello. Es decir, seguiría viva, pero su ADN estaría fusionado con el de Dan. Seguiría viva, sí, pero ya no sería como ella misma. Sam sintió todo el temor acumularse y agolparse de manera violenta en todo su cuerpo, que fue imposible ocultarlo. Comenzó a gritar y las lágrimas brotaron por sí solas por sus ojos. No lloraba por morir o por volverse fantasma, sino que lloraba por lo que sea que fuera en lo que se convertiría ahora, por todas las atrocidades y homicidios que podría cometer al hacerse una con Dan. Eso la aterraba. De verdad que la aterraba.
Y como si Dan realmente pudiera leerle el pensamiento, sonrió victorioso. Voló rededor de la máquina que había construido Casper, examinando detenidamente que todo estuviera funcionando en perfecto control. Luego, abrió la cápsula que estaba destinada para Danny, y antes de meter a Sam se permitió el privilegio de burlarse en su cara.
—¿Tienes miedo, querida novia?
Sam, entonces, vio el temor transformarse en asco. Frunció el ceño e intentó patalear, haciendo un esfuerzo por reunir todo el coraje que aún guardaba, a pesar de que las lágrimas continuaban saliendo de forma involuntaria.
—N-no te confun-das. ¡Agh! Maldita sea —bramó con dificultad. Dan era muy poderoso. No era necesario que aplicara fuerza, sus dedos sobre sus brazos ya le hacían bastante daño—. Yo nunca fui tu novia.
Fue como un susurro, pero lo suficientemente fuerte para que Dan enfureciera por segundos donde Sam creyó que la mataría antes de usar su cuerpo; lo notó porque comenzó a apretarla con tal violencia que podría fracturarle los huesos en un santiamén.
—Tienes razón —habló lentamente, saboreando una a una sus palabras. Sam lo vio directamente a los ojos, y el miedo la volvió a asechar. Su voz, su maldito tono tan sereno, no combinaba con las facciones desquiciadas de su rostro fantasmagórico—. Es verdad que cuando fui adolescente nunca tuve el valor de confesar mis sentimientos. Entonces moriste por mi culpa, junto con Tucker, mi hermana y mis padres. Y todos esos sentimientos inútiles también lo hicieron. ¡Y mírame bien! Pude volverme invencible —tomó el mentón de Sam para obligarla a enfrentarlo—. El futuro sí que es impredecible. Ahora que soy incapaz de sentir nada por ti, vieja amiga, nos convertiremos en un solo ser. ¿No te causa gracia? Porque creo que es un final ejemplar.
Sonrió diabólicamente, y pudo jurar que las cuencas de sus orbes se volvieron todavía más rojas, si es que eso era posible. Sam guardó un silencio profundo, a punto de resignarse a un cruel desenlace. ¿Todo terminaría así? Prefería ser ella y no Danny, por su puesto, pero no desmentía que estaba horrorizada. Si hubiese sabido que todo terminaría de esta manera, honestamente, elegía no recuperar su memoria y vivir una vida tranquila rodeada por las vacas y el insoportable olor a estiércol, muy propio del rancho de Casper en Ghost City, aunque nada de eso fuera real.
Pero se sintió tan tonta por pensar así.
Despajando aquellas ideas idiotas, entornó una vez más la mirada y vio a Dan recobrar su porte serio y dominante, llevándola hacia el interior del contenedor.
—¡SAM!
Escuchó su nombre fuerte y claro, pero cada vez más y más lejano, hasta que se volvió hacia la nada. Sin color, sin ruido, solamente llena de pavor y de una incertidumbre monstruosa.
Dan sonrió altanero, ignorando todos los llamados desesperados. Sam cerró los ojos.
—¡SAM!
—¿Qué demonios…?
En ese momento, Sam dejó de sentir presión sobre ella y volvió en sí para darse cuenta de que el fantasma la había soltado abruptamente. La chica separó los ojos con verdadero asombro, y su corazón latió con prisa al escuchar nuevamente aquella voz llamándola. Al principio se vio incrédula y perpleja, no obstante, pronto se llenó de una nueva esperanza. Sam observó a Tucker posicionarse frente al enemigo y dispararle un rayo de energía entorno a las muñecas, ocasionando que Dan bajara la guardia. Grave error.
Sam no tuvo que pensarlo dos veces, aprovechó la situación y dio un gran salto para escapar, cayendo de bruces al suelo, lastimándose en el acto la pierna derecha por el impacto. Eso le dolió, pero recibir un golpe no se comparaba en nada con lo que habían sufrido sus amigos, era capaz de comprenderlo. Así que se puso de pie y corrió mal herida hacia Tucker, teniendo que soportar el dolor que le provocaba andar, todavía confundida por el temor y, a decir verdad, también asombrada por la valentía del moreno.
El chico suspiró aliviado en cuanto hubo llegado hasta él.
Eso fue increíble, Tuck. Quiso decirle, pero no tenía voz. Además, aún temblaban sus piernas a causa del miedo.
En ese momento, Dan lanzó un grito gutural, asomando su lengua de serpiente y provocando que el suelo del laboratorio temblara bajo sus pies. Estaba cabreadísimo.
—¡TUCKER! ¡MALDITO!
No, estaba más que cabreado.
—¿Por qué siempre le gustas a los locos?
Sam se encogió de hombros.
—Ahora tu "no novio" quiere matarme. No, gracias, yo aprecio mucho mi vida —tomó el brazo de Sam y la jaló hacia él—. Huyamos, no hay tiempo.
Sam y Tucker comenzaron a correr hacia ninguna dirección. Para llegar a la salida del laboratorio tendrían que enfrentarse a un enfurecido Dan, y ninguno de los dos tenía el deseo de volver a toparse con él. La opción más lógica era buscar un lugar dónde esconderse, lo cual también era sumamente arriesgado.
—¿Huir? —de las manos de Dan comenzaron a emerger llamas de fuego verde, apareciendo delante de ellos—. No creo que puedan huir.
—Mierda —exclamó Tucker, anteponiéndose a Sam para protegerla. Sam vio el sudor resbalar por la frente de su amigo, tomando la defensiva con su reloj pulsera.
—Ahora la pregunta es: ¿Con quién debería fusionarme y a quién debería matar?
Ambos tragaron saliva, uniendo sus manos por impulso.
—¿Por qué mejor no te fusionas con tu trasero?
—¡Danny!
Gritaron los dos chicos al unísono, anonadados. Sam visualizó a Danny posicionarse por la espalda de Dan. Se le veía más recuperado, aunque los moretones en su cuerpo humano no eran, definitivamente, una buena impresión.
—¿Tú otra vez? —dijo Dan, volviendo la mirada hacia Casper, enfadado y dispuesto a reprenderlo por haber cometido tal intromisión. Sam, entonces, lo imitó solamente para descubrir que el joven fantasma no se había movido de su misma perspectiva ni un milímetro. Casper seguía inerte, con los ojos y la boca muy abiertos y las manos pegadas a los costados. Sam se preocupó, ¿qué rayos pasaba con él? No podría estar inmovilizado, lo supo porque distinguió movimiento en las pupilas que viajaban de un lado a otro. Tal vez se encontraba pensando alguna otra alternativa que los ayudara a salir ilesos. Intentó convencerse de que así era. Mientras tanto, escuchó a Dan rugir, posiblemente irritado, luego se dirigió hacia Danny de nuevo—. No importa cuánto lo intentes, nunca podrás derrotarme, ¿aún no lo entiendes?
—¡Tucker, Sam! Yo me encargo del resto.
Los chicos asintieron en silencio, apartándose de la escena poco a poco. Dan los observó alejarse, demasiado confiado en sus poderes para terminar con Danny tan rápido y volver a capturar a cualquiera de los dos. Les dio la espalda y volteó hacia su joven versión. Sonrió de lado, cruzando los brazos con parsimonia.
—¿Y bien?, ¿cómo me matarás? Estoy tan curioso que no puedo contenerme —hizo una pausa—. Y en tu forma humana, ¿qué piensas hacer, exactamente?
—Te tengo noticias, Dan. Tal vez no te has dado cuenta porque eres demasiado viejo… Y vaya que sí lo eres. O tal vez tu sentido fantasmagórico por fin dejó de funcionarte… lo que sea que eso signifique —el fantasma gruñó—. Ahora soy más que un humano.
Y fue como si resurgiera de las cenizas. Sam contempló los destellos de energía que comenzaron a rodear el cuerpo de Danny, como si se trataran de pequeños relámpagos. Danny adquirió una mirada severa y un rostro serio, acompañándolo con una actitud de batalla, inclinando su pecho hacia delante y empuñando las manos. Sam tuvo una reminiscencia fugaz, recordando al chico de catorce años convertido en fantasma por primera vez, sin saber que al volverse un hibrido humano-fantasma su vida cambiaría por completo, y la de ella y Tucker también. ¿Podría ser que Danny ahora…? A Sam se le secó la garganta. ¡Realmente estaba sucediendo! Y de pronto, un aro de luz blanca apareció por la cintura de Danny Fenton, dividiéndose a su vez en dos especies de anillos luminosos que subían y bajaban, respectivamente, hacia la cabeza y las piernas del chico. Todo sucedió en cuestión de milisegundos, que cuando Sam entrecerró los ojos una vez más, se percató que su ropa había cambiado completamente por un traje oscuro en el cual se pintaron dos líneas verticales de color blancas a los lados, y justo en el medio del pecho resplandecía una letra D mayúscula. Sam recordó haber diseñado aquel logo y puesto en él tras el accidente donde Desirée cumple su deseo de no haberlo conocido jamás. Lo recordaba, recordaba cómo se sintió cuando Danny y Tucker olvidaron quién era ella. Pero el pasado es subjetivo y lo real es el presente. Ese presente donde, finalmente, Danny se había transformado en un fantasma.
¡Danny era un fantasma!
¡Danny Phantom estaba de regreso!
Sam quedó boquiabierta y su corazón latió muy rápido. Miró directamente a sus ojos color esmeralda y su cabello plateado, siendo capaz de percibir su apariencia un poco más madura. Aquel fantasma escuálido y de aspecto infantil, era ahora un fantasma joven, fornido y de gran atractivo. El Danny Phantom que ahora tenía enfrente, era una versión mucho más poderosa y mucho más perspicaz, porque analizaba con cuidado a su enemigo.
Si ella y Tucker estaban atónitos tras su nueva transformación, Dan lo estaba aún más. No fue capaz de ocultar su sorpresa, y pudo jurar que, incluso tenía miedo. Efectivamente, Dan estaba aterrado. Su cuerpo lo delató cuando retrocedió, mientras que sus pasos eran inestables.
—¿Asustado, Dan? —exclamó Danny, caminando pesadamente hacia su adversario—. Entiendo si quieres salir gritando, pero no te dejaré hacerlo. Yo mismo te mataré.
—Tú… Tú. ¿Cómo es posible? —por primera vez, Dan estaba titubeando.
Fue el turno para Danny de sonreír de medio lado. Rápidamente rodeó a Dan con sus brazos y lo estrechó con violencia, luego llenó ambas manos de energía e hizo que miles de choques eléctricos transitaran por el cuerpo de su adversario. Dan gritó de dolor, completamente atrapado. La saliva salió de su boca conforme las embestidas aumentaron.
De un momento a otro, Danny atinó un golpe en la mejilla de Dan. La piel fantasma de Dan se contrajo ante el impacto, y la entrada de su boca se sumió casi por completo, sucediendo como si se tratara en cámara lenta. El espectro salió disparado con gran potencia segundos después y Danny sobó su propio puño. Realmente había sido un gran golpe.
Dan chocó contra unas máquinas antiguas del laboratorio, destruyéndolas en cuestión de segundos. Como pudo se acomodó entre el polvo y los restos de basura tecnológica, limpiándose un hilo de algo que parecía ser sangre saliendo por las comisuras de sus labios. Observó a Danny, perplejo.
—No puede ser —profirió.
Danny se llenó el pecho de orgullo. Se paró firmemente sobre el aire, dirigiéndose poco a poco hacia el temible Dan, que de temible ya no tenía tanto.
—¿Lo ves ahora? Logré superarte.
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Sam contempló la escena a lo lejos, más tranquila de que Danny tuviera control de la situación, así que se permitió respirar profundamente. Lo admitía, ya podía sentirse más optimista y con las expectativas creciendo cada vez más. ¡Lo lograrían!
Por otro lado, sólo tendría que ocuparse de mantenerse alejada. No que le gustara, pero era lo mejor. Contra Dan solamente Danny era el único capaz de darle batalla, y vaya qué tipo de batalla. Danny tenía a Dan comiendo de la palma de sus manos. Y ellos, aunque le doliera, eran un estorbo. Así que se alejó con Tucker hacia el otro extremo del laboratorio, justo donde yacía Casper como testigo de los recientes escenarios. Sam lo miró de cerca, parecía presa de un tipo de hipnosis inexplicable. No sabía qué hacer con él, o cómo se tenía que actuar con alguien en aquellas condiciones y, sencillamente, pensaba que podría ocasionarle daños severos si lo despertaba agresivamente de aquel trance en el que se encontraba.
¿Qué demonios sucedía con él?
En ese instante, Tucker se le adelantó sacudiendo de un lado a otro a Casper por los hombros. A Sam casi le da un infarto pensando que posiblemente podrían causar algún tipo de daño en su sistema, pero Tucker continuó tan concentrado moviendo a Casper sin cuidado que, podría jurar que aprovechaba el incidente para saldar sus cuentas pendientes. Y aunque preocupada, Sam no lo detuvo; tenía curiosidad por saber si funcionaría o no. Al principio no obtuvo ningún resultado, Casper permanecía intachable, sin embargo, sus ojos se ciñeron pesadamente en el cuerpo de Tucker, y frunció el ceño cuando lo notó. Entonces Tucker le dio un par de cachetadas, hasta que el mismo Casper se vio obligado a reaccionar. Lo apartó con un movimiento brusco.
—Es suficiente, tecnópata —se sacudió la bata de científico y enderezó la espalda.
—Creo que aún necesitas unas cuantas más, sólo por si acaso.
—He dicho que es suficiente —lo fulminó. Casper pretendía que no le había dolido, pero hasta Sam sabía que eso era mentira.
—Tks. Nada te cuesta agradecer, maldito larguirucho.
Sam notó las intenciones de Casper para irse contra Tucker, pero no fue necesario intervenir, porque él mismo logró controlarse, lo cual le agradeció internamente. Casper respiró profundo y soltó un bufido que iba cargado de culpa. Después miró exclusivamente a Sam, se tomó su tiempo para acomodar su cabello detrás de la oreja. Sam recordó cuando despertó en el hospital y se encontró con él por primera vez. Tenía la misma mirada de preocupación, y sintió esa misma pesadez y vacío en el pecho.
—¿Estás bien? ¿Tu pierna está bien?
—Ah. Claro. Estoy más que bien —intentó sonreír, sin conseguirlo. La verdad es que el dolor en su pierna la estaba matando e iba en aumento—. He pasado por cosas peores.
Casper la observó y sus ojos se detuvieron en la gargantilla de gamuza negra, contemplando la horrorosa cicatriz por debajo de la tela.
—Cierto… Yo… yo, uhm. Sam, yo lo lamento tanto —acarició su mejilla. Los orbes rojos de Casper comenzaron a cristalizarse de pronto, posiblemente aguantándose las ganas de llorar—. Sam, perdóname. Yo… Yo…
—Casper…
—¿Perdón? ¿Después de todo, te atreves a pedir perdón? ¡¿Qué rayos sucede contigo?! —interrumpió Tucker —. ¡Sam estaba a punto de morir! De los tres, eres el único capaz de volar y de aumentar de velocidad —rio—. De hecho, de los tres eres el único fantasma. ¡Pudiste salvar a Sam de las garras de Dan!
El aludido no respondió. Dejó de tocar a Sam y bajó la cabeza, apretando los dientes. Escuchando los insultos de Tucker como si fueran la verdad absoluta.
—Tuck, ya basta.
—¿Te asustó que el plan no saliera como lo esperabas? ¿O fue, quizás, el terror de que Dan te hiciera pagar por tú traición? Sea lo que sea, déjame decirte que así es como se siente permanecer en este tipo de infierno. Te recuerdo que la vida de Sam, la de Danny y la mía se fue al carajo gracias a ustedes —Sam lo contempló suplicante, pero su amigo simplemente la ignoró—. Yo también tengo miedo, estoy que me muero de miedo… y aún así, pude hacer algo por Sam… Incluso alguien como yo pudo salvarla, porque tuve más miedo de que fuera a morir que de lo que me pudiera pasar.
—Todos tenemos miedo, eso es evidente.
—Nunca debimos confiar en ti. Disculpa, pero yo jamás podría llamarte compañero. No después de esto —normalizó el tono de su voz—. ¿Estás de nuestro lado siquiera?
—Estás exagerando…
—Linda, odio admitirlo, pero Tucker tiene razón —levantó la frente y se dirigió hacia el chico—. No pretendo excusarme, ni tampoco que me creas. Lamento no ser un compañero para ti como lo es Danny…
—¡No te compares con él! Tú no tienes ni la mitad de valentía que tiene él.
Eso era cierto, aunque era algo cruel. Casper frunció el ceño.
—Tucker, gracias por salvar a Sam.
Fue todo lo que dijo. Ella sabía que, aunque su voz había sonado apacible, por dentro, Casper estaba hirviendo de rabia. Entonces Sam se acercó a él y lo abrazó por la espalda, el cuerpo del fantasma se tensó cuando la sintió, pero poco a poco se permitió ir relajando los músculos, disminuyendo también su enojo.
—Escucha Sam —susurró para ella. Sin embargo, Tucker también podía escucharlo—. Comprendo cómo se siente tu amigo, pero tienes que creerme. Cuando Dan te capturó frente a mis ojos, pensé que morirías. Mi cuerpo se pasmó de terror y me fue imposible pensar correctamente. Por extraño que suene, sentí que todas mis extremidades se endurecieron, y de pronto no pude hacer nada. Lo siento, en verdad. Ahora no puedo más que sentirme culpable por todo —volvió a Sam una vez más—. Perdón, cielo… Sam —se corrigió nerviosamente—. Imaginar que tú… que tú podrías morir me aterró demasiado. Por mi cabeza pasaron los peores escenarios y sentí tanta ira hacia mí mismo que me volví incapaz de hacer nada. Realmente estoy arrepentido, porque yo daría mi vida por ti. Tal vez no me crees, cielo, sólo espero que puedas perdonarme.
Sam supo que era honesto. Sus lágrimas y el imperceptible temblor en sus manos (que ella sí distinguió) eran hechos reales. Sam le creía, porque muchas veces se había sentido como él, además, Casper era un fantasma noble y no dudaba de sus buenos sentimientos.
—Tranquilo, Casper —lo abrazó con ternura, y entonces lo entendió. Quería mucho a Casper y agradecía que formara parte de su vida, a pesar de las circunstancias en las que se conocieron—. No nos detengamos en lo que pudo ser. Estoy bien. Estoy viva, y eso es todo lo que debería importar.
Casper sonrió, apretando el abrazo.
Tucker los observó sin decir ni una sola palabra. Con la mirada reprochó su decisión, y finalmente, Sam desechó la posibilidad de convertirse en un grupo de cuatro personas algún día. Tucker y Casper nunca podrían ser amigos o llevarse bien, y no era correcto forzar una amistad entre ellos. Se sintió un poco triste, pero eso era lo menos importante.
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Danny lanzó miles de rayos fantasmagóricos, uno tras otro sin detenerse, creando una espesa nube de humo. Enseguida se escuchó una estampida de gritos por parte de Dan que, sorprendentemente, eran tan desgarradores que podían asustar a cualquiera. Y eso fue lo que animó a Danny a continuar sin descanso, y hubiese seguido así, totalmente convencido de que podría derrotarlo o al menos dejarlo bastante lastimado; pero pronto sintió las palmas de las manos arderle, obligándose sólo en ese momento a poner un alto. Danny contempló sus propias manos con yagas como si hubiesen sido quemadas en carne propia. Mas eso no le importó. Dan estaba casi acabado.
O eso era lo que pensaba. No, eso era lo que todos pensaban.
Sin embargo, aquella sonrisa de satisfacción que tenía Danny pintada en el rostro se deformó rápidamente. El silencio que reinó por pequeños instantes hizo que al chico fantasma se le pusieran todos los pelos de punta. ¿Qué estaba pasando? Se sentía diferente, como si algo hubiera salido verdaderamente mal. Intentó llenar su mano de energía una vez más, como último recurso. Y de un momento a otro, los chillidos por parte del ente se volvieron una especie de carcajada maligna. Y fue así que Dan surgió de entre las ruinas cuando el polvo desapreció, de pie, altanero y solemne.
—¿Qué demonios…?
—Danny Phantom.
—¿C-cómo es… po-posible?
—Conque, ¿eso es todo tu poder? ¿Ese es tu límite?
—No es verdad —susurró—. ¿Q-qué está pasando? ¡¿Cómo es que puedes levantarte todavía?!
Dan volvió a reír, pero esta vez con mucha más calma.
—¡Ah! ¿Eso? Solo estaba actuando. Una broma —caminó por los escombros, pateando algunos estorbos que se le interponían. Danny iluminó ambos puños ahora y Dan solamente lo miró con afán de burla. Sam observó todo a lo lejos y no pudo evitar preocuparse por Danny—. ¿De verdad creíste que podrías ganarme? Admito que te has vuelto fuerte —sacudió el polvo de su uniforme y limpió la sangre de su boca—. Y me tomó por sorpresa tu inesperada transformación. Aunque más que sorprendido debo decir que me siento traicionado. Casper, supongo que eso fue honor tuyo —el aludido tembló ligeramente ante la inesperada mención. Sam supo que Dan no pasaría por alto la deslealtad por parte de su servidor—. Pero, Danny. Un traje nuevo no te hace más listo ni mucho menos más fuerte. En cambio… Yo sí lo soy.
Rápidamente Dan se duplicó una vez logrando aprisionar a Danny, luego comenzó a golpearlo brutalmente en la cara y en el estómago. No conforme, se duplicó dos veces más, de tal manera que Danny terminó rodeado por seis tipos de Dan Phantoms totalmente diabólicos. Entre los seis lanzaron un gran lamento fantasmagórico que terminó combinándose en uno solo, de forma descomunal. Danny fue lanzado al otro extremo, y la mitad de la construcción quedó hecha trizas. Su cuerpo se magulló por la intensidad y tuvo que cubrirse con ambas manos para disminuir el impacto.
Danny no podía rendirse tan fácil, no se lo iba a permitir a sí mismo. Desde su posición fue capaz de lanzar bolas de energía ectoplásmicas para distraer a Dan, luego se hizo intangible y reapareció detrás de él para tomarlo por la espalda, formó una luz de energía cegadora que disparó directamente en los ojos de Dan. Éste gruñó, cerrando los párpados de inmediato y quejándose con dolor. Buscó a Danny a tientas, pero el chico logró apartarse y ponerse a salvo. Danny se acomodó el hueso del hombro derecho, angustiado como pocas veces y pensando en qué más podría hacer para detener a Dan. A la distancia divisó a Sam e intercambiaron miradas, regalándole una sonrisa de ánimo que, por su puesto, Sam no se creyó.
La chica sintió los ojos penetrantes de Casper en su espalda, como si quisiera hacer algo, una última cosa, porque Casper era de ese modo; siempre estaba pensando y siempre buscaba actuar… Claro, el hecho de que se hubiera congelado justo cuando iba a morir, no tenía nada que ver. Nunca lo juzgó y no comenzaría a hacerlo ahora. Le restó importancia y esperó a que éste se acercara a ella. Prontamente, el fantasma tomó una de sus manos para llevarla a su pecho fantasmal, justo donde debería existir un corazón, el cual, Sam sabía perfectamente que no había. Ella lo vio suspirar tendidamente y soltar el aire poco a poco, como alguien preparándose para dar malas noticias. Aunque Sam no sabía qué tipo de mala noticia esperar. Sinceramente todo había salido tan mal que ya ni siquiera se sorprendía.
—Sam… Yo… Te amo. Te amo tan profundamente como para aceptar que jamás podrás amarme —la joven separó los labios para refutar, pero Casper continuó—. Nunca olvides que mi amor por ti fue sincero desde el primer día.
Dada la cercanía entre ellos la joven creyó que iba a besarla, pero en lugar de eso, Casper se dedicó a apreciar con admiración cada detalle de su rostro, dispuesto a memorizar desde el color natural de sus labios hasta cada pestaña por individual. Ver a Casper de esa manera se le antojó arrolladoramente tierno, y tuvo el deseo de abrazarlo y no soltarlo jamás, porque de pronto pensó que podría perderlo, y en el momento cuando sus dedos intentaron tocarlo, Casper desapareció de su lado para volar hacia Danny, dejándola con un amargo sabor de boca.
Danny y Casper se encontraron mientras Dan rugía y lanzaba maldiciones, enfadado a causa de su cegara temporal, golpeando y amenazando a todos. Eso no les importó a los fantasmas, ya que decidieron darse un minuto para conversar sobre algo que, definitivamente, Sam no pudo escuchar. Danny tomó por el codo a Casper, deteniéndolo y negando con la cabeza, pero Casper no le permitió ninguna opción de réplica. Sin esperar ninguna indicación, el fantasma castaño se transportó rededor del laboratorio, buscando algo en particular. Al mismo tiempo, vio a Danny fruncir el ceño y contener el aliento, yendo hacia Dan para atacarlo con anillos explosivos, los cuales explotaron gracias al choque de ectoenergía contra su cuerpo. El espectro bramó, Sam y Tucker vieron estupefactos cómo su organismo se deformaba y carcomía por las heridas.
Del otro lado, Casper continuaba con su búsqueda y Sam tuvo ganas de preguntar qué era eso que buscaba para ayudarlo, pero se contuvo. Dentro de ella sentía que entre ella y Casper ya no existían más palabras, que todo había sido dicho, aunque fuera únicamente él quien hablara. Así que simplemente se hizo a un lado, hasta que Casper de pronto recordará un lugar en específico y fue tras los restos de un mueble metálico que adornaba la estancia, el cual había sido derribado tras los gritos fantasmagóricos de Dan. Y al observar a Casper hurgando entre los escombros, se preguntó si aquello que buscaba no se habría desecho también. Esperaba que no. Entonces el castaño pudo descubrir algo que al principio no distinguió porque lo volvió intangible para poder sacarlo. Luego se dirigió a Danny una vez más.
—¡Los encontré!
Danny lo examinó y aprobó con un movimiento, como resignado. Eran los guantes fantasma que el joven aceptó sin rezongar.
¿Con qué los guantes fantasma?, ¿qué pretendían hacer exactamente esos dos? Recordó a Tucker usándolos para golpear a Dan durante la gran invasión, y las cosas no habían resultado del todo bien. ¿Qué pretendía ahora al volverlos a usar? Tal vez, intuyó, el nuevo objetivo era atrapar a Dan con ellos y, sin embargo, ¿qué vendría después? Posiblemente Danny se valdría de ello para debilitar las fuerzas del enemigo y matarlo, lo cual no era tan convincente. Danny ya había perdido gran parte de su energía mientras que Dan permanecía impasible.
Tanto ella como el moreno hicieron un intento de acercarse a ellos, pero Casper lo impidió, disparando centellas para hacerlos retroceder. Y a velocidad sorprendente, fue hacia los controles de la máquina, donde se concentró en apretar una serie de botones en una especie de algoritmo, que aseguró que fue creado por él. Phantom le hizo compañía un instante después.
—Estás… ¿estás completamente seguro de esto?
Casper asintió con determinación.
—Sí, y no deberías perder el tiempo con simplezas. La ceguera no será permanente.
Danny estuvo de acuerdo. Se colocó los guantes en sus puños, y éstos parecieron funcionar como en los viejos tiempos.
—Se siente tan nostálgico. La primera vez que me enfrenté a Dan también llevaba puestos los guantes fantasma —hizo una pausa—. Sé que no son los guantes que mis padres crearon.
—Es evidente. Son los guantes que fueron modificados por Vlad. Lamento ser yo quien lo diga pero, estos son mucho mejor.
El chico se encogió de hombros, ignorándolo.
—¿Los robaste?
Y Casper rio.
—Esta vez funcionara. ÉL morirá.
Danny se tensó un segundo.
—Gracias —dijo—. Sé que no comenzamos con el pie derecho, pero ten en cuenta que tampoco me desagradas, Casper.
El fantasma larguirucho sonrió de medio lado.
—Lo mismo digo.
Danny le tendió la mano y Casper la apretó, conservando esa sonrisa altanera. Y sin más qué decirse, Phantom fue hasta Dan una vez más. Apenas lo hizo a tiempo.
Una vez frente a él, no dijo nada. Esta vez no hubo ningún discurso de triunfo, simplemente aprovechó la situación y apretó el cuerpo del fantasma entre los guantes, descargando una enorme corriente de energía en él, impidiendo que se moviera. Y aunque Dan poco a poco recobraba su vista, no pudo hacer nada para liberarse. Los gritos que se escaparon de su boca iban en serio, se podía ver cada una de sus facciones contorsionada por el dolor y la desesperación. Dan luchó, y todo su cuerpo vaciló mientras intentaba volverse intangible, sin éxito. Realmente se encontraba atrapado. Danny Phantom ejerció más presión sobre él, para asegurarse de que Dan estaba sufriendo en verdad.
Ni siquiera supo cómo lo hizo, pero cuando Sam se dio cuenta Danny ya llevaba a Dan hacia las camillas. No fue una tarea sencilla, se notaba el sudor en la frente de su novio, y cómo éste lo sostenía para evitar que se le soltara entre tanto ajetreo. Y como pudo, consiguió acostarlo sobre la inmensa cama de metal, que originalmente había sido creada para fusionar su cuerpo fantasma con uno humano por medio del disparo del AtrapaYFusionaFantasmas Casper.
Danny se encontraba sumamente nervioso, se le podía observar porque sus manos temblaron varias veces mientras intentaba capturar sus muñecas con las pulseras metálicas de la camilla. Él luchaba y gritaba, pero cuando Danny finalmente consiguió amarrarlo, Casper y todos en realidad, pudieron suspirar aliviados. Si bien, Sam todavía no sabía que pasaría a continuación y no entendía por qué pretendieron colocar a Dan en la máquina que no tenía ninguna función ahora que Casper había decidido ayudarlos. No se fusionaría Danny, ¿verdad? No, eso no podía suceder.
Por un momento dudó de Casper y dudó de Danny. ¿Acaso les habían mentido?
E iba a hacer algo (realmente no tenía idea de lo que estaba haciendo), pero el aire le regresó al cuerpo cuando notó que Danny intentaba apartarse de la situación. ¡Okey! Tenía que aprender a confiar en sus amigos.
Del otro lado se encontraba Casper realizando unos últimos movimientos en los controles, programando quién sabe qué cosas. Se limpió una gota de sudor de la frente con la manga de su bata de científico loco, la cual ya se encontraba bastante sucia y ennegrecida por las batallas anteriores, y Sam tragó saliva. ¿Cuáles serían sus sentimientos en este momento? Y no tuvo tiempo de reflexionar pues cuando hubo terminado se transportó donde Danny una vez más. Ambos intercambiaron papeles, y Casper terminó colocándose los guantes fantasma mientras Danny se alejaba.
—Es el botón azul. No lo olvides.
—Okey —Danny vaciló un momento, quedándose quieto frente a él.
Casper lo fulminó con la mirada.
—¿Qué mierda estás esperando? ¡Hazlo ahora!
Danny Phantom no respondió. Siguió sus indicaciones y tal como le había ordenado, fue hasta los controles de la máquina. En ese momento Sam supo que no había vuelta atrás. Preocupada, concentró su mirada en Casper, reteniendo las lágrimas que ya se asomaban de poquito en poquito. Y se echó a reír cuando se encontró con una imagen tan pacifica del joven Casper Cox. Este no estaba asustado sino todo lo contrario. Se le veía arrogante, con una enorme sonrisa adornando su rostro que se reflejaba tan sereno como nunca antes. Y aprovechó para darle un par de descargas más al casi inconsciente cuerpo de Dan, como si estuviera desquitándose finalmente de todos los malos tratos.
Y sin demorar más, Danny apretó el botón azul de un solo movimiento. En cuestión de miles segundos el AtrapaYFusionaFantasmas Casper comenzó a vibrar para expulsar un inmenso rayo color verde rodeado por ondas azules. El ambiente se cubrió por un horripilante ruido magnético que chocaba con los pocos cristales que quedaban, haciéndolos trizas.
El laboratorio se sumergió en una luz blanca. Sam gritó. Tucker tuvo que sostener a Sam. Danny se dejó caer de rodillas en el suelo.
El rayo que fue disparado atrapó el cuerpo de Dan, convirtiéndolo en un millón de partículas intangibles al ojo humano. Eso no era todo. El rayo también atrapó el cuerpo de Casper. ¡Casper estaba en peligro! Tenía que ayudarlo, hacer algo por él, tenía que… tenía que salvarlo. Pero como Tucker se empeñara en abrazarla sería incapaz de cualquier cosa.
No tuvo más que resignarse a un trágico final. Y gritó, gritó tanto como su garganta le permitió hacerlo.
Lo siguiente fue devastador para todos, incluso Tucker.
Las partículas del cuerpo putrefacto de Dan fueron trasplantadas al de Casper, fusionando el ADN de los dos en uno solo, convirtiendo ambos cuerpos en una especie de malformación genética, que a simple vista era algo tenebroso y asqueroso. Cuando el rayo terminó, el nuevo cuerpo fue visible para todos, manteniéndolos estupefactos.
Se trataba de una composición con partes del cuerpo de Dan y partes del cuerpo de Casper, pero lo verdaderamente aterrador, era que el cuerpo se estaba descomponiendo por sí solo, y partes de la piel se caían a pedazos.
—Lo siento… por todo. Ahora podrán regresar a casa.
Como pudo, Casper pronunció, aunque su voz se distorsionaba con la de Dan.
Y los tres fueron testigos de cómo sus miembros se desintegraban al mismo tiempo para no regenerarse más. Y poco a poco, todo el cuerpo se disoció ante ellos hasta volverse un cumulo de partículas que se evaporaron hacia la nada.
Sam lloró, acompañada de Danny. Tucker agachó la cabeza y se quitó su gorro.
Dan había muerto… Y Casper también.
Danny los abrazó a los dos, y los tres comenzaron a llorar.
—¡No pensé que ese idiota se sacrificaría!
—Era la única solución… yo no pude detener a Dan.
—Es un idiota.
—Tuck, Sam. Casper se sacrificó porque sabía que Dan necesitaba un cuerpo humano. La fusión de dos cuerpos fantasmales ocasionó una colisión de ectoplasma que terminaría con los dos… Ese engreído lo sabía, y aún así se atrevió.
—Es un héroe.
—Lo es, Tuck.
Sam guardó silencio. Casper fue un héroe, y ahora no tenía nada de él para recordarlo. Lamentaba no haberlo besado por última vez, decirle que lo quería y que había sido su luz en medio de toda esa abrumadora oscuridad. Le debía tanto a Casper y ahora no tenía manera de regresarle un poco de todo lo que le dio.
Luego de un momento, y de haber anunciado algunas palabras de despedida para Casper, los tres se tomaron de la mano y juntos volvieron a la zona fantasma, donde finalmente podrían regresar a casa.
Después de tanto, después de todo lo que pasaron, estaban juntos y tenían una nueva oportunidad. Quizás Casper no se encontraba con ellos, pero lo estaba en su mente y en sus corazones, y para los tres, él ya era uno más de su grupo.
Habían terminado con uno de los más grandes y poderosos enemigos de Danny Phantom, y tal vez no podrían evitar sufrir en el futuro, pero seguir adelante siempre valía la pena.
Fin.
N/A: Gracias por leer!
Este ha sido el final de esta historia.
