Eran las tres de la mañana y Ianto todavía no se había podido dormir; por más que lo intentaba, no conseguía quitarse de la cabeza a su padre. Lo había logrado apartar durante años, poniendo una barrera en su propia mente, diciéndose a sí mismo que los peores momentos de su vida ya habían pasado y ahora se daba cuenta que no era así.

Jack también estaba despierto, pero se mantenía a su lado en la cama, sin decir nada; en completo silencio, simplemente abrazándolo para reconfortarle.

El capitán no había sacado el tema en toda la tarde, Ianto apenas le había contado nada sobre su padre, pero sobretodo le había mantenido oculto desde que se conocían, los malos tratos de los que repentinamente le había hablado en casa de su hermana. Le había cogido tan de improviso, que ahora se lamentaba por no haber sabido reaccionar a tiempo y no haber estado a la altura de lo que Ianto necesitaba en un primer momento.

"Lo siento mucho." Dijo por fin Ianto sin cantearse, para sorpresa de Jack.

"¿Por qué lo dices?"

"Por la escena que te he montado antes; se supone que estamos preparados para salvar el mundo de amenazas provenientes del espacio exterior y acabo derrumbándome a la primera de cambio."

"No digas eso, tienes todo el derecho del mundo para sentirte mal, tu padre…" Jack dejó de hablar, estaba seguro que Ianto no estaba preparado para escuchar lo que los dos ya sabían.

"Jack, no lo entiendes."

"¿Porque no me lo explicas entonces?" Preguntó Jack, con el tono más suave y comprensivo que pudo.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en como un padre podía comportarse así con un hijo, por mucho que no hubiera sido más que un empujón o algún insulto esporádico, aquello no podía ser así y menos con una persona tan dulce y sensible como Ianto. Adoraba al muchacho, pero ahora que sabía lo que le había ocurrido en la infancia, empezaba a comprender muchas cosas y porque Ianto se había convertido en una persona tan introvertida.

El capitán atrajo el cuerpo de su compañero hasta que apenas los separaban unos pocos milímetros. Su cuerpo estaba ardiendo, como si tuviera fiebre y Jack pus su mano sobre la frente de Ianto.

"¿Te encuentras bien? A lo mejor no has terminado de pasar la infección de Tim."

Aunque Jack no lo podía ver, Ianto sonrió, le encantaba que el capitán se preocupara tanto por él, como si se tratara de su niño. Si no hubiera sido por él, si Jack no hubiera aparecido en su vida, no quería saber donde estaría en ese momento. El capitán le había salvado la vida sin ninguna duda y le estaría eternamente agradecido por eso.

"No te preocupes estoy bien, es sólo que… hoy ha sido un día extremadamente intenso para mi."

Jack le besó en el cuello, en el punto exacto que sabía que a Ianto más le gustaba y enredó los dedos entre sus cabellos como si estuviera acariciando a un cachorrillo atemorizado.

"Sabes que estoy aquí por ti ¿Verdad?" Le susurró una vez más a Ianto al oído. "Siempre voy a estar aquí contigo, teniendo en cuenta que soy yo el que te lo dice, va en serio; además que sepas que tu padre no es más que un mal recuerdo, ya no puede hacerte daño."

"Ese es el problema Jack, mi padre es un mal recuerdo; un recuerdo horrible que no consigo sacarme de la cabeza. ¿Sabes que es lo peor de todo esto?" Terminó diciendo, al mismo tiempo que se daba la vuelta en la cama para poder mirar a Jack a los ojos. "Que ahora no se si yo voy a ser un buen padre para Tim, no quiero convertirme en lo mismo que fue mi propio padre. ¿Cómo puedo estar seguro?"

Antes de responder, Jack le besó en la frente y lo escuchó suspirar con intensidad, todo su cuerpo estaba en tensión, necesitaba gritar, pero Ianto no hacía eso, no soltaba sus problemas gritando; por más que siempre lo había intentado, Jack siempre veía como su compañero se guardaba todo lo que sentía, todo dentro, almacenándolo todo dentro y se preguntó cuando llegaría el momento en el que terminaría por explotar.

"No se como era tu padre y prefiero no saberlo nunca, pero te conozco Ianto Jones y se que jamás le pondrías la mano encima a nuestro hijo, a ningún niño en realidad. No serías capaz de hacerlo nunca."

"¿Lo dices en serio?" Ianto sonrió débilmente, pues no estaba seguro si las palabras del capitán eran totalmente sinceras o lo estaba diciendo por hacerle sentir mejor en ese momento.

"Se que muchas veces bromeo y que parece que no digo las cosas en serio; pero te puedo asegurar que estoy siendo totalmente sincero, he visto como te has volcado con Tim estos días que ha estado enfermo y no creo que yo lo pudiera haber hecho mejor."

Ahora si que sonrió mucho más ampliamente, pues aquellas palabras habían sonado absolutamente sinceras. Se recostó sobre el pecho de Jack. En esa ocasión, por primera vez le ocurría con alguien, sintió ganas de contarle a Jack todo lo que había sido su infancia viviendo con su padre.

"¿Quieres escuchar todo lo que no te he contado sobre mi padre?"

Jack tomó el rostro de Ianto con su mano y le besó en los labios, sabía que el muchacho estaba dando un paso adelante extremadamente grande para su compañero y tenía que apoyarle.

"Sólo si tu quieres claro."

"Nunca he querido hablar sobre esto, pero ahora estoy completamente seguro que la única forma de pasar página con lo de mi padre es hablando del tema." Jack se mantuvo en silencio, escuchando aquello que Ianto había guardado en su interior durante tanto tiempo. "Mi padre no era un hombre malo, al menos no al principio, pero cambió con el tiempo, no se lo que fue, pero de repente aparecieron los gritos y el exigirme más que a mi hermana, supongo que quería que fuera el hombre que él había sido y cuando vio que no llevaba ese camino, fue cuando realmente se puso horrible conmigo."

Ianto bajó la mirada, si ya había sido duro escuchar a su hermana hablar de su padre, todavía lo era más, recordar todo lo que había sido su infancia.

"Me hubiera gustado tanto estar ahí por ti."

Ianto se acurrucó más todavía contra el capitán, de haberlo tenido cuando había sido un niño y su padre le había roto el brazo, para refugiarse con él o cuando había sido un adolescente que se escapaba de casa por no estar cerca de su padre y escuchar como le gritaba.

"Si hubieras estado, hubieras matado a mi padre." Ianto sonrió, pues en el fondo no le disgustaba la idea de ver sufrir a su padre a manos de Jack, pero se contuvo y abrazó más el cuerpo del capitán, por no volver a pensar en eso otra vez.

"Supongo que si, así que fue mejor que no lo conociera entonces."

"Gracias."

"Vamos, no me digas que me das las gracias por escucharte, porque después de todo lo que te he contado yo durante todos estos años."

"No es lo mismo."

"No, no lo es." Jack se echó a reír y besó a Ianto en los labios.

"Además, también quería darte las gracias por esta casa, nunca he tenido una casa de verdad. Sólo he vivido en pequeños apartamentos y cuando vi esta casa, entonces me di cuenta que lo nuestro era algo totalmente diferente."

Unos pasos provenientes del pasillo cortaron su conversación de golpe. Los dos miraron a la puerta y en seguida vieron una pequeña aparecieron en el marco de la puerta.

"¿Qué haces todavía despierto?" Dijo Jack, alargando la mano hacia el niño que sin pensárselo dos veces fue hasta la cama y aunque con cierta dificultad, consiguió subirse en la cama de sus padres.

"Papá estaba triste."

"Tim, no tienes que preocuparte por eso." El niño se colocó entre los dos y se acomodó, con la intención de quedarse ahí a dormir el resto de la noche. Los dos se miraron y sonrieron. "Papá está bien ¿de acuerdo?"

"¿De verdad? Yo te quiero mucho papá, no estés triste por mi culpa."

"Eh, no digas eso, tu no tienes culpa de nada." Tim miró a Ianto, sin comprender exactamente lo que estaba ocurriendo. "¿Has oído algo de lo que papá y yo estábamos hablando?"

El niño asintió en silencio.

"Mira los adultos a veces están tristes, pero desde luego vosotros los niños no tenéis la culpa de nada. Lo único que tu tienes que hacer es ser feliz y disfrutar de los juguetes que te compramos el otro día. ¿Te parece bien?"

De nuevo el niño asintió sin decir nada.

"Además, por mi no tienes que preocuparte, para protegerme y cuidar de mi ya está papá y te puedo asegurar que lo hace muy bien. Pero si quieres, cuando seas un poco más mayor, estaré encantado de que tu también lo hagas."

"¿De verdad?" Dijo entusiasmado el niño

"Claro que si, pero primero, tendrás que ser feliz, crecer y quiero verte reír todo lo que puedas. Y ahora vamos es muy tarde, así que vamos a dormir ya."

El niño se acomodó entre los dos, pero Jack no el quitaba la vista de encima a Ianto. No hacía falta que dijera nada, pues Ianto ya sabía lo que esa mirada significaba sin palabras.

"Lo ves, no tienes nada de que preocuparte." Dijo Jack en voz baja. En poco más que un susurro. Ianto sonrió agradecido y cerró los ojos, por fin se encontraba bien, podía dormir y quería quedarse allí todo el tiempo posible, con su familia.