Tu verdad, Mi verdad.

El hermoso cuarto donde permanecía internada la muchacha de coletas estaba sumido en silencio. La noticia los sacudió, tendrían un niño, ninguno de los dos salía de su asombro no podían hablar ni tampoco pensar sólo estaban presentes en cuerpo.

-Ey… muchachos ¿están bien?- interrogó Motoki preocupado. –No es tan malo, luego buscarán tener una niña y ya… además la ropa se puede cambiar…- agregó sonriendo, sabía que muchas parejas se decepcionaran al conocer el sexo de su bebe cuando era otro al deseado, pero jamás creyó que Darien y Serena fueran una de ellas.

-Chicos… yo…- Motoki fue interrumpido por Darien quien alzó la mano en señal de estar bien.

-Gracias amigo, de verdad- dijo al tiempo que sonreía mientras apretaba suavemente el hombro de su esposa para despertarla de su ensoñamiento y en señal de apoyo. Serena dibujó una falsa sonrisa para dedicársela al joven médico y así poder estar a solas con Darien.

-Bueno felicitaciones entonces…- Motoki no salió muy convencido del cuarto, pero si comprendió que necesitaban hablar y él era un estorbo. Cerró con cuidado la puerta de madera oscura dejando a solas a su amigo y colega junto a su esposa.

Ninguno de los dos hablaba solo se miraban buscando respuestas en el otro, que lógicamente no obtendrían, solo una persona podía ayudarlos.

-Llama a Luna Darien, hazlo ya…- las palabras se ahogaban en la garganta de la joven rubia. El joven de profundos ojos azules tomó torpemente su teléfono celular del bolsillo de su chaqueta y marcó el número.

Casa de Antiguedades Luna.

Luna colgó sin poder creer lo que Darien le comunicaba, sumado al hecho de que todos se habían reportado con ella informándole que sucesos extraños estaban sucediendo casi al mismo tiempo en diferentes puntos de la Tierra. Artemis se mantenía del otro lado de la habitación donde la mujer de largo cabello negro estaba sentada.

-Artemis… no sé qué ocurre…- su voz era casi imperceptible.

-Todo se derrumba Luna… las mentiras también- sentenció el hombre dándole la espalda, amaba a esa mujer, pero no podía permitir que su egoísmo afectara a todos.

-No mentí… seleccioné las partes de la verdad que son oportunas…-

-¿Oportunas? Creo que la muerte de las senshis no son oportunas- golpeó la puerta tras de sí dejando a la mujer sola mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.

Algunos años atrás, en el milenio de plata…

El oscuro firmamento era iluminado por el rojo resplandor que emanaba la tierra, grandes grietas se abrían a lo largo y a lo ancho del suelo dejando que el calor contenido en el interior sea liberado, habiendo caído Urano nadie podía contener los temblores.

Las aguas estaban agitadas y todo vida en ella se había extinto, la senshi guardiana del mar Neptuno no resistió pereciendo también, el aire era denso apenas se podía respirar, el calor era sofocante y tóxico. Los pocos que quedaban en pie intentaban buscar algún sobreviviente bajo las ruinas, el denso humo sumado al polvillo levantado por los derrumbes limitaba la visibilidad, solo podían guiarse por los gritos desgarradores, los pedidos de ayuda desesperados y la esperanza de poder rescatar a alguien con vida.

Los guardias reales y las tropas no fueron suficientes teniendo que pelear también ellas, cayendo una a una, la estrategia de Mercurio fracasó haciendo que la fila defensora del Este fuera fácilmente doblegada muriendo ella en el último intento por detener a la gran amenaza. La campaña a cargo de Saturno había sufrido grandes bajas no pudiendo llegar a destino aún donde Venus esperaba refuerzos junto al General del Norte.

Ya casi no quedaban hombres para luchar en el campo de batalla, los arqueros ya no tenían flechas, las municiones se agotaban dejando indefensos a todos. El cansancio, el hambre y la falta de atención médica repercutían en el estado de ánimo de las tropas. Los refuerzos de Kinmoku que esperaban estaban retrasados, el comandante Star Maker comunicó que les llevaría más tiempo de lo esperado arribar puesto que la contaminación del aire repercutía en los motores de las naves.

En el Gran Castillo, símbolo de paz y poder, una hermosa mujer corría por los amplias galerías de mármol ubicadas en lo más alto de la imponente construcción, su vestido vaporoso se abría a causa de la brisa caliente que la golpeaba, en las afuera del gran palacio podía verse llamas que consumían lo poco que quedaba de pie del Milenio de Plata. Un sentimiento de desesperación y angustia no la dejaba respirar llevando su mano hacia su pecho, su largo cabello rubio estaba revuelto, su peinado arruinado. Todo sucedió muy rápido tomando por sorpresa a todos, creyeron tener controlada a la criatura y sin embargo ésta se había vuelto más fuerte, parecía imposible de derrotar. Debía encontrar a su príncipe y huir, debían escapar puesto que ya no quedaba esperanza para el reinado.

Entre el humo y el caliente viento pudo ver la figura de un hombre a lo lejos en uno de los balcones, se acercó desesperada pero el parecía no verla, cuando estuvo lo suficientemente cerca notó que no estaba solo, se detuvo abruptamente quedando detrás de uno de los grandes pilares adornados con oro y plata.

-Por favor, huyamos juntos, es nuestra oportunidad…- dijo él

-No me pidas eso Endymion, sabes que no es lo correcto y en mi estado se me hace imposible- respondió la voz de una mujer a la que ella conocía.

-No puedo perderte, no aceptaré el futuro que quieren imponerme. Tenemos personas de nuestro lado, al diablo con el Milenio de Plata yo defenderé el amor que siento por ti… por ti y nadie más-

-No sigas… no hagas esto, no puedes- sentenció la mujer

-Mi amor por ti es más fuerte que la muerte, te amare por toda la eternidad, te amo esta vida y te amaré en todas las demás-

La joven rubia se llevó una mano a su boca para ahogar su llanto, el príncipe Endymion era su prometido, destinado desde el inicio de los tiempos, él y ella, la Princesa de la Luna, estaban predestinados.

-Ni en esta ni en otra vida… jamás- murmuró la joven rubia mientras lágrimas de dolor quemaban sus mejillas.

Época actual.

Hotel Von Lizz.

La resolana matutina entraba por entre las hendijas del gran ventanal de la suite presidencial del Hotel Von Lizz cinco estrellas ubicado en la avenida principal de Tokio. El hombre de rasgos duros y profundos ojos azules ya había despertado hacia algunas horas, por otro lado la mujer a su lado de largo cabello negro seguía en los brazos de Morfeo. Dirigió su mirada hacia ella y al instante esta se suavizó, si había algo en el mundo que lo hiciera dejar de ser un maldito patán infeliz era la chica que estaba a su lado, Rei Hino, la única capaz de ser casi tanto o más perspicaz que él mismo.

Flash Back

Para Tyler todo se volvió en cámara lenta mientras la chica caminaba hacia él. Llevaba su largo cabello negro suelto moviéndose al compás del viento de manera que la hacía verse como una diosa, el vestido negro de escote profundo, que le llegaba poco más abajo de su gloria. Estaba totalmente hipnotizado, la mirada amatista se posó en sus ojos no dejando de verlo en ningún momento. Él esquivaba por escasos segundos sus ojos para luego volver a enfrentarla y ella seguía viéndolo fijamente.

Todo hombre volteo a verla, porque ella no pasaba desapercibida, jamás podría alguien no notarla.

Quedaron frente a frente, él sabía que su boca estaba abierta y parecía un idiota, pero no podía creer lo hermosa que era, ya había sentido sus labios, se habían cruzado un par de veces más, pero esta vez fue diferente, ella logró enloquecerlo. Rei lo esquivó graciosamente y siguió caminando mientras él la seguía con la mirada.

-¿Cómo está tu rodilla?- le preguntó, cierto se había caído hace unos días porque el tacón de su zapato se rompió en un ensayó y lastimó su rodilla en la caída, él lo recordaba.

-Sobreviviré, gracias por preocuparte- respondió la pelinegra girando para fijar su mirada amatista nuevamente en él.

-Gracias a ti por el cigarrillo, a pesar de que lo había dejado- dijo el apuesto muchacho de manera graciosa, en realidad jamás lo dejó, pero lo intentaba y el hecho de que ella le consiguiera uno el otro día, a pesar que ella no fumaba, lo salvó por completo. Rei se giró nuevamente para seguir su camino.

-Oye- la llamó, esta solo se dispuso en mirar sobre su hombro. – ¿Saldrías conmigo alguna vez?- preguntó embelesado.

-Puede ser, ¿cómo se llamaba tu novia de nuevo?- preguntó divertida.

-Ruth…- contesto de manera mecánica sin siquiera pensarlo, no quiso decirlo, quedo desconcertado como un verdadero imbécil. –Después de esto ya no tendré novia, sal conmigo… por favor-

-¿Me estas rogando Black?- dijo mientras mordía provocativamente su labio inferior.

-Si…- contestó embobado.

-Veremos entonces- y comenzó a alejarse con paso sensual, ya cuando estuvo unos metros de distancia alzo su voz –"¿Disfrutaste de la vista?"-

Fin del Flash Back

Rotó para quedar de lado mirándola y tomó la fina sábana de satén que cubría el hermoso cuerpo de la chica, si no fuera imposible él aseguraría que éste lo tallaron los dioses y ella era una Deidad Divina enviada a la tierra para volver loco a los mortales. La fina tela rozó la perfecta piel deslizándose hasta al suelo dejando al descubierto su desnudez. No pudo evitar recorrerla con su mirada deteniéndose en sus senos, su plano abdomen, sin duda ese era su lugar favorito, apoyó el dedo índice apenas tocándola sobre su ombligo y comenzó a hacer figuras, jugando con el roce.

-A mí también me gustan las estrellas…- oyó la dulce voz somnolienta de la pelinegra.

-Hola preciosa, no sabes lo hermosa que te ves…- dijo al tiempo que descendía para besar el abdomen de la chica haciendo que esta sintiera cosquillas por el contacto sonriendo ampliamente.

-Tyler… no hagas eso-

-¿Te dije alguna vez que hechas fuego nena?- levantó su mirada azul para clavarla en los hermosos ojos amatistas. –Te extrañé tanto…- sintió la mano de Rei acariciando sus cabellos, enredando los dedos entre sus mechones azules.

-¿Crees en el destino John?- interrogó dulcemente, solo lo llamaba así cuando quería decir algo serio, esto le hizo correr un frio por su espina, desde que llegó a Tokio lo único que deseaba es que a la sacerdotisa no se le ocurriera tener una de esas charlas donde él solo se queda callado mientras ella habla incansablemente sobre lo irresponsable que él es. Ante la falta de respuesta agregó –Sobre que todo en nuestras vidas ya fue escrito desde el momento en que nacimos-

Tyler dudó unos segundos la verdad no se consideraba a él mismo una persona profunda, sinceramente odiaba pensar demasiado porque esto lo llevaba a darse cuenta de lo mal que hacia todo, de lo mal que le hacía a Rei. Conociéndola no dejaría de preguntar.

-No, no creo en eso nena y si alguien superior hubiese escrito sobre mi vida créeme que no le simpatizo para nada- El silencio inundó el cuarto, la pelinegra no dejó de acariciar al muchacho que solo reposó su cabeza sobre ella.

-Pero no debo de ser del todo malo- agregó levantándose su rostro hacia ella –Ya que tú estás en él…-

Rei no pudo evitar sonreír, Tyler era difícil, bastante distante y frio, pero cuando compartían esos momentos de intimidad él era lo más dulce y tierno que podía imaginar. Lo tomó del rostro atrayéndolo hacia ella para besarlo apasionadamente, él se coloco entre sus largas y torneadas piernas haciendo que rodee su cintura con ellas. La hermosa chica gimió dentro de su boca haciéndolo enloquecer, con sus fuertes manos recorrió los blancos muslos de la sacerdotisa, pasando por su pequeña cintura hasta llegar a los grandes y redondos senos que adoraba.

Su miembro erecto rozaba contra la húmeda intimidad de la chica, estiró su brazo para buscar los condones que estaban en la mesa de noche no pudiendo encontrarlos.

-Mierda… déjame pedirlos por teléfono- besó intensamente a la chica para salir de su agarre, pero antes de poder incorporarse sintió como las hermosas manos de Rei apresaron su espalda haciendo que el peliazul vuelva a caer sobre ella.

-¿Qué pasa linda?- ella solo lo miraba y como siempre ocurría, él no podía descifrarla, tal vez le saldría con que ya no tenía ganas de hacer el amor, pero eso era imposible viniendo de su Diosa de Fuego.

-Johnny…- ahí estaba otra vez su nombre, el que solo utilizaba para decir algo serio, pero debía admitir que de la manera en que lo pronunciaba lo volvía loco –Yo estaba pensando… hace dos años que salimos…- calló abruptamente dubitativa, lo que sea que quería decirle le estaba constando trabajo.

-¿Qué ocurre?- el miedo lo invadió tal vez quería terminar, Rei lo dejaría cansada de sus tonterías, cansada de su falta de compromiso. La chica sacudió su cabeza negativamente sonriendo.

-Nada, ve pídelos…- Tyler le mantuvo la mirada por unos segundos para luego incorporarse y tomar el teléfono. Mientras éste pedía servicio de habitación la chica llevó su rostro hacia la ventana pensativa, estuvo a punto de proponerle, decirle que quería formar una familia con él, que ella quería ser la madre de sus hijos, pero eso sería demasiado para un hombre como Fénix.

-¿Tyler?- lo llamó

-Dime preciosa…- respondió mientras se acostaba a su lado besando su cuello.

-Estaba pensando en quedarme en Japón… definitivamente- al terminar de decir esto los besos cesaron.

-¿Aquí?- interrogó sin demostrar emoción alguna.

-Sí- volteó para mirarlo – Y quiero que te quedes conmigo…- Tyler no contestó solo la beso en los labios y comenzó a acariciarla, la verdad era que él la amaba aunque jamás pudo decírselo sino era cuando tenían sexo, pero conocía perfectamente su esencia sabía que tarde o temprano arruinaría todo, por el momento le haría el amor, le haría olvidar al mundo y luego… luego vería que hacer.

Calles de Tokio, algunas horas después…

El cielo se encontraba obscurecido, mientras la luna que antes iluminaba la ciudad se opacaba cada vez más y una a una las estrellas del firmamento se iban apagando.

Los edificios de la ciudad de Tokio se derrumbaban, mientras a lo lejos se escuchaba el resonar de los automóviles que en su desesperación de huir chocaban unos contra otros, mientras la gente corría asustada tratando de protegerse debido a los bruscos movimientos que causaba aquel terremoto y a las grietas que se abrían.

La hermosa mujer pelicastaña, la poderosa sailor de trueno, ahora con su transformación de Eternal Sailor Júpiter miraba horrorizada a aquel ser alado envuelto en llamas que le arrojaba llamaradas de fuego cubiertos por un haz de luz negruzca y con solo soplar la hacía volar por los aires. Había salido de compras aquel día que no acudió al restaurante, pero tan pronto como empezó a ocurrir aquel desastre, habiendo entrado en pánico por saber que no podía transformarse, que carecía de poderes, no supo en qué momento lo había logrado.

-¡Es todo lo que puedes hacer Sailor Júpiter!- Se burló Phoenix que con su brillo y resplandor encandilaba la vista de la sailor del trueno.- ¿Dónde quedo tu espíritu de lucha?... ¿Esquivar es lo único que sabes hacer?- Pregunto irónica mientras le lanzaba una llamarada de fuego obscuro directo en el abdomen, haciendo que la sailor de cabello castaño se estrellara contra el grueso tronco de un árbol.

-¡Detente…por favor!.- Suplicaba Sailor Júpiter doblándose de dolor por aquel impacto, mientras algunas de algunas heridas en sus piernas, brazos y rostro corrían hilos de sangre a la vez que unas rasgaduras adornaran su deteriorado uniforme de eternal Sailor Júpiter.

-¡Me encanta verte suplicando como un rata, implorando clemencia!.- Soltó una horrible carcajada aquel ser rodeado de una luz cegadora.- ¡Me encanta!.

Sailor Júpiter, reuniendo el poco valor y fuerzas que le quedaban desenvaino la espada y con dificultad se levantó del piso, apoyándose con la espada que había encajado sobre la tierra.

-¡La poderosa y legendaria espada de Júpiter!.- Rio Phoenix.- ¿Qué harás con eso estúpida?...¡Sabes que no me podrás matar porque te falta valor para hacerlo!...¡No podrás prologarlos, no podrás hacerlo y así acabare con todo este planeta, con toda la galaxia y con tu insignificante vida!.

Phoenix, aquel malvado ser dejo escapar una llamarada de fuego obscuro haciendo que Sailor Júpiter saliera volando por los aires, lastimándola, logrando que la legendaria espada del planeta de los truenos se soltara de su mano, hasta estrellarse en el suelo agrietado.

-¡Los matare a todos, me la llevare conmigo y también al elegido, no podrás evitarlo!.- Soltó una carcajada aquel ser lleno de luz y de una llamarada de fuego obscurecido hizo que un grueso árbol aun plantado en la tierra se desprendiera con todo y raíces saliendo volando por los aires, quemándolo, para a los pocos segundos estrellarse contra el piso haciendo que una grieta más se abriera en la tierra.

-¡No me daré por vencida!.- Dijo la princesa de Júpiter con dificultad.- ¡Centella relampagueante de Júpiter!.- Grito la princesa castaña dirigiendo su ataque al enemigo, pero para su sorpresa solo escucho la horrible carcajada de aquel ser.

-¡Se te olvida que en esta vida tengo también poderes de trueno!.- Respondió aquel ser cono otro ataque similar a la princesa de Júpiter, un trueno rodeado de una luz obscura que se impactó contra el cuerpo de la pelicastaña, haciendo que esta se doblara de dolor.

-¿Cómo es…posible?- Se preguntó Makoto a sí misma, en todas las vidas pasadas jamás se había sabido que Phoenix tuviera poderes de trueno.

-¡No olvides que también cuento con tus poderes y habilidades, conozco tus movimientos Princesita!.- Rio Phoenix.- ¡En esta vida soy más poderosa que en las demás, tengo mis poderes, pero también tengo poderes propios de la realeza de Júpiter!.

-¡No, por favor detente!.- Suplico la princesa de ojos verdes con lágrimas en los ojos.- ¡No por favor!.

-¡Makoto, Mako-chan, despierta!.- Estrujaba Rei Hino a su amiga, quien al parecer había estado teniendo una pesadilla y había escuchado sus gritos hasta la cocina.

La hermosa mujer abrió sus ojos verdes y al ver a su amiga sentada a un lado de ella comenzó a llorar como niña pequeña después de haber soñado con un monstruo y se abrazó a su amiga.

-¡Tranquila Mako, todo está bien!.- Trataba de tranquilizarla Rei Hino mientras la abrazaba.- Makoto, solo tuviste una pesadilla, no llores.

-¡Serena, tenemos que hablarle a Serena, puede estar en peligro!.- Asustada Makoto.

-Mako, tranquila, acabo de hablar por teléfono con ella hace 5 minutos, ella está bien, está en su casa, tiene que guardar reposo después de la caída que tuvo, pero está bien.- Dijo Rei.- Me comento que tiene algo que decirnos, pero al parecer no es nada grave.

La joven de ojos verdes volteo a ver su reloj colgado en la pared el cual marcaba que eran las 11:00 a.m. por un momento pensó en saltar de la cama para ir a grabar su programa, pero entonces recordó que ese día no se transmitía por la televisión y por tanto no tenía que ir a las locaciones a grabar.

-¿Por qué estas durmiendo aquí?...¿A qué horas llegaste?.- Cuestiono Rei.- Pensé que habías dormido con Motoki.- Sonrió con picardía la sacerdotisa.

-No, a decir verdad, no pasó nada.- Confeso Makoto con tristeza.- Y ya no deseo que pase. Pero no me preguntes más, no quiero hablar de eso, no por ahora….¿Qué hiciste anoche, te aburriste mucho?.

La hermosa mujer de cabello negro sonrió recordando su noche de pasión la noche anterior, el regreso de su amado Tyler, y con ello el regreso de la felicidad a su vida.

-¡Tyler vino a buscarme!.- Hablo llena de felicidad mientras empezaba a contarle los hechos sucedidos a su amiga.

Restaurante Mako Garden.

El sol empezaba a ocultarse en la ciudad de Tokio, pintando el cielo de un hermoso color rojizo a lo lejos, el aire fresco corría moviendo los mechones castaños de la hermosa mujer de ojos verdes que sentada en una de las fuentes que adornaban a las afueras del restaurante lloraba en silencio aprovechando aquel día lluvioso que la mojaba y hacia que sus lágrimas pasaran desapercibidas.

Miro una pareja que salía del restaurante, un hombre alto y apuesto que pasaba su brazo por el talle de la hermosa mujer, mientras esta llevaba un ramo de rosas en una de sus manos y el hombre le besaba las mejillas mientras le decía palabras cariñosas.

Recordó entonces su mala suerte en el amor, su primer novio, aquel que le rompió el corazón, el hombre apuesto de cabello azulado cuyo nombre era Tamahome, aquel que siendo adolescente la termino y que tiempo después, cuando ya era famosa gracias a su programa televisivo apareció en su vida, enamorándola de nuevo, conquistándola con palabras de amor y convirtiéndose en el hombre que tomara su virginidad para después dejarla una vez más como si nada. Por su mente pasaron todos los hombres con los que alguna vez falsamente se ilusiono hasta que sus pensamientos se detuvieron en Motoki, recurando que él, bueno, al igual que los demás era una falsa ilusión. Cierto que después de tantos toqueteos entre ella y Motoki llego a pensar que el medico rubio sintiera algo por ella, pero después de haber visto aquellas fotografías de su ex novia muerta en su departamento comprobó algo que le había dolido: Motoki no la amaba, a lo mucho sentía atracción sexual por ella, o necesidad de tener sexo y saciar sus necesidades masculinas.

-¿Por qué nadie me puede amar?- Se preguntó en silencio mientras las lágrimas y las gotas de lluvia mojaban su rostro.

Cierto que desde que había iniciado aquel programa televisivo, que había alcanzado la fama sin ser actriz, modelo, ni cantante, sino una excelente cocinera con un programa exitoso, que vestía de manera provocativa gracias a las sugerencias de su manager, había logrado que más hombres fijaran su atención en ella, pretendientes, admiradores, muchos no le gustaban, otros la miraban con deseo, pero ella tenía ganas de amar y ser amada, de que la trataran como a una dama y que no se acercaran a ella solo por ser famosa, o pensando que era una mujer come hombres, cierto que esa era la imagen que daba en el programa, pero estaba muy lejos de su realidad.

De pronto sintió una mano fuerte sobre su hombre y una rosa en tono rosado frente a sus ojos. Apresurada paso el dorso de su mano por sus ojos y volteo para encontrarse con la dulce mirada de Zafiro Black.

-¡Hola Zafiro!-Exclamo tratando de sonar tranquila al verlo, sonriéndole mientras tomaba la rosa que este le daba.- Muchas gracias, las rosas son hermosas, mis preferidas.- Sonrió ella.

-Son hermosas, pero tu belleza opaca cualquier flor que este a tu lado.- Hablo galantemente el hombre.- ¿Se puede saber porque una dama tan hermosa llora en esta tarde lluviosa?- Cuestiono mientras le acariciaba una de sus mejillas sonrojadas.

-Yo…no estoy llorando.- Tartamudeo ella.- Bueno…la lluvia mojo mi cara.

-Lloras por el imbécil de Furuhata… ¿verdad?- Cuestiono Zafiro, que aunque la amaba, conocía los sentimientos de la joven, o al menos creía conocerlos.

Makoto no supo que responder, sintió un nudo en la garganta y las lágrimas traicioneras saliendo de sus ojos. El apuesto hombre de cabello azulado se acercó a ella abrazándola, mientras con sus manos acariciaba los cabellos castaños de la joven.

-Ningún hombre se merece tus lagrimas Mako.- Le dijo mientras ella sollozaba.- Ni Tamahome, ni ese médico, ni ninguno hombre, tu mereces a alguien que te amé de verdad, que te valore por la gran mujer que eres.

La mujer, pese a su tristeza, sintió como su rostro se sonrojaba, su corazón latiendo desesperado y que su piel se erizaba ante el contacto de aquel apuesto hombre y el delicioso aroma masculino de este. Si bien sentía algo por Motoki Furuhata, pero también sentía algo por Zafiro Black y de entre los dos, su corazón le decía que era este último quien quizá sentía algo por ella, algo que fuera más que sexo.

Cierto que con Motoki no había tenido sexo, pero muchas veces había estado a punto de ello, por el contrario Zafiro Black era el romanticismo encarnado en un hombre, tierno, detallista, le regalaba rosas y la manera en que le hablaba sonaba poética.

-¿Sientes algo por mi Zafiro?- Cuestiono cuando se separó un poco del hombre.

-Desde hace mucho estoy enamorado de ti Makoto Kino.- Confeso el hombre.- Si no te lo he dicho nunca no es por falta de valor, bueno a decir verdad me pareces inalcanzable, hermosa, linda, romántica, cualquier hombre sería feliz de tener por novia.- Continuo hablando el hombre.- Tu físico es hermoso, tienes un cuerpo de diosa, facciones finas y delicadas dignas de compararse con una hermosa muñeca y dos hermosos ojos que parecen dos esmeraldas, pero aún más hermoso que todo eso es tu interior, tu alma, tu espíritu.

Makoto sintió estremecerse al escuchar aquellas palabras, por un momento olvido al rubio médico y dejándose llevar por el momento llevo una de sus manos al rostro de Zafiro Black y se acercó a él besándolo en los labios, disfrutando de aquel delicioso beso.

Al mismo tiempo, el hombre rubio que había estacionado su auto en el área exclusiva para los comensales del restaurante, llego hasta la entrada del "Mako Garden" con un hermoso ramo de rosas en color rosado, sabía que eran las favoritas de Makoto, o al menos eso creía.

Hacían días que Makoto no contestaba a sus llamadas ni a sus mensajes, así que había decidido ir a verla, pero al llegar y mirar aquella escena romántica sintió algo extraño dentro de él, molestia, rabia, desilusión, tristeza. Mirara a Makoto, su amiga, aquella mujer que había estado con el cuándo más lo había necesitado fue un duro golpe para él y sin decir nada se alejó del lugar dejando caer en el piso aquel ramo de rosas, con las ilusiones rotas y guardándose las palabras que le diría.

-¡No Makoto!.- Hablo Zafiro mientras separaba a la joven, terminando con aquel beso, algo que no fue difícil para el.- Por favor no me hagas esto.

-¿No te gusto?- Cuestiono Makoto preocupada.- ¿No me dijiste que me amabas hace unos minutos?

-Makoto, te amo, te amo como jamás creí que se pudiera amar a alguien, me haces sentir lo que jamás había sentido.- Respondió el.- Por supuesto que me ha gustado mucho. Pero tú, bueno yo sé que tú no tienes definidos tus sentimientos…-

-Pero Zafiro…-

-No me interrumpas Mako.- Hablo el.-Aclara lo que sientes, si es a mí a quien amas dichoso te esperare, pero si tu corazón le pertenece a otro, entonces yo lo aceptare y te deseare la mayor felicidad del mundo. Ahora ve a casa, necesitas descansar, yo me encargare de cerrar el restaurante.

El hombre se levantó y camino hacia el restaurante, Makoto sonrió mirando como la lluvia había cesado dejando un poco de humedad en el ambiente. Quizá aún seguía confundida, pero no quería pensar más, tan solo quería llegar a casa, tomar un baño en el jacuzzi con espuma y esencia de rosas, así que se levantó y camino hacia la salida del restaurante donde miro un hermoso ramo de rosas en color rosado tiradas en el piso.

-¡Que hermosas flores!-Exclamo mientras se agachaba para levantarlas.

Lentamente se levantó con el ramo en mano y noto que en este venia una pequeña tarjetita en medio, cierto que sabía que era de mala educación leer lo que no iba dedicado a ella, pero la curiosidad fue mayor.

"Sé que no soy bueno para decir cosas hermosas, pero simplemente quiero decirte que te amo y me gustaría saber si sientes lo mismo…Si abría una posibilidad de que me aceptaras en tu corazón."

Makoto sonrió al leer aquellas hermosas palabras, si bien no iban dirigidas a ella, pero le ilusiono pensar que algún día alguien tuviera un detalle así con ella.

-Ojala alguien sintiera algo tan lindo por mi.- Dijo mientras caminaba con la rosa que Zafiro le había regalado y con aquel ramo de rosas al auto.- Ojala que ese alguien pudiera ser…bueno Motoki es un caso perdido.- Se dijo con desilusión.

Okada's Bar.

El hombre rubio se encontraba sentado en la barra de un bar mientras degustaba del sabor de la cerveza fría no sabía cuántas llevaba, pero no eran muchas, al menos aún estaba consciente de sus actos. Los hombres a su alrededor, acompañados entre amigos miraban por televisión una pelea de box a la que él no prestaba atención.

Años atrás hubiera acudido con Darien y sus amigos universitarios, ahora todos médicos, pero la mayoría estaban casados y Darien entraba dentro de ese grupo.

-Muy mal ejemplo Doctor Furuhata.- Escucho una voz a un lado de él que le pareció conocida.-

-¡Seiya, hola Seiya!.- Exclamo tratando de fingir un poco de alegría de ver a su amigo.

Curioso era el destino, justo en aquel bar había sido donde tuvo un mayor acercamiento con Seiya, era por el tiempo que Reika había sido declarada muerta y el sufría aquella agonía, mientras el pelinegro cantante sufría por la rubia de coletas de nombre Serena.

-Al menos deberías esconderte doctor.- Bromeo Seiya con su típico buen humor.- ¿No te daría vergüenza que te vieran tus pacientes?- ¡Qué clase de medico eres que no predicas con el ejemplo!.

-Solo hoy Seiya, solo por hoy.- Respondió sin mucho ánimo, mientras Seiya ordenaba al mesero una cerveza helada.

-Al menos me hubieras invitado a tomar contigo.- Siguió hablando el pelinegro.

Motoki parecía tener los pensamientos en otra parte, pues no se reía de las bromas de su amigo, ni tampoco le contestaba nada. Sus ojos estaban en dirección hacia el televisor frente a él, aunque realmente no estaba poniendo atención, hasta que miro un anuncio televisivo del programa "Mako delices" que lo hizo abrir la boca. Makoto anunciando una edición especial de su programa, mientras salía frente a las playas de Tokio beach vestida con un hermoso y sexy bikini revelador en color verde, mientras su cabello ondulado estaba suelto cayéndole a los lados.

"Y este próximo viernes no te pierdas el programa especial en las hermosas playas de Tokio beach donde te enseñare a preparar los más deliciosos platillos a base de mariscos".

-Ahora veo, tu problema tiene nombre y forma de mujer.- Sonrió Seiya con picardía.- Y su nombre es Makoto Kino.

El hombre rubio sonrió con tristeza.

-Fui a búscala al restaurante y la mire besándose con Zafiro.- Dijo desilusionado.- No me quedo de otras más que retirarme.

-¡Imbécil, idiota, tonto!.- Le dijo Seiya haciendo que muchos voltearan a verlo, sintiéndose avergonzado.- Bueno, como serás imbécil Motoki, lo que debiste hacer es entrar y parártele enfrente, darle un puñetazo a Black y decirle a Makoto que la amas, luchar por ella hasta las últimas consecuencias.

-Los vi besándose.- Le volvió a repetir Motoki.

-¿Y?- Dijo Seiya.- Cierto, puede sentir atracción por el, es guapo, se dirige demasiado cursi hacia ella, pero también Makoto siente algo por ti y si no te aplicas otro más inteligente te la ganara.

Motoki giro su vista y se quedó viendo fijamente a Seiya mientras analizaba sus palabras.

-¡No me mires así, mejor actúa con inteligencia!.- Hablo Seiya.- Haz lo que les gusta a las mujeres que los hombres hagan, regálale rosas, dile que la amas, ten detalles con ella, de vez en cuando llévale chocolates, háblale por teléfono, para decirle palabras románticas no de lujuria, sorpréndela.- Aconsejo Seiya.- ¿Pensabas que con besarla y manosearla dentro de tu apartamento es suficiente?...Ella puede creer que solo la quieres para…-

-¡Tu como sabes lo que ha pasado entre Mako y yo!.- Sorprendido Motoki, que con nadie había comentado aquellos encuentros acalorados entre él y la pelicastaña.

.No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta.- Rio Seiya.- ¿Recuerdas aquella vez que fui a buscarte a tu apartamento para que me prestaras tus juegos de play station 3?...Bien, pues ese día con solo ver sus caras fue suficiente…

1 mes atrás.

El hombre rubio se encontraba sentado en el sofá, mientras la hermosa pelicastaña se encontraba sentada a su lado partiendo una rebanada del delicioso pastel de piña colada que se encontraba en la mesita de centro de la sala, sirvió la rebanada en un plato y con un tenedor corto un poco para llevarlo a la boca del joven.

-Esta receta es nueva.- Sonrio ella.- Me gustaría que fueras el primero en probarla y darle el visto bueno.

Motoki abrio la boca aceptando el trozo de pastel que Makoto le ofrecia con el tenedor y lo degusto saboreándolo.

-¡Esta delicioso Makoto!.- La felicito el.- Tienes manos de hada, todo lo que preparas es riquísimo…seguro se venderá en el restaurante.

-En realidad la idea no la invente para que formara parte del menú del restaurante.- Sonrió ella sonrojada.- La invente pensando en ti, quería prepárate algo nuevo, algo con delicioso sabor que te gustara mucho a ti.

Andrew sonrió ante el comentario de la joven e instintivamente llevo una de sus manos a la mejilla de la muchacha.

-Pues me halagas, todo lo que preparas me gusta.- Respondió el acariciándole el rostro.- Aunque hay algo que me parece aún más delicioso que todo lo que preparas.- Hablo mientras fijaba su vista en los labios rosados de la joven.

-¡Oh Motoki!.- Suspiro ella, hasta que sintió los labios del hombre rubio entre los suyos, acariciándole la lengua con la suya.

Motoki abrazo a la joven por el talle y la acerco hacia él, para después subir una de sus manos hasta la cabellera de la joven y quitarle el lazo con que ataba su cabello, dejando que este callera alrededor de su cuerpo. Después llevado por su instinto animal le beso las mejillas mordisqueándoselas hasta llegar al cuello donde la empezó a besar y mordisquear.

-¡Motoki ábreme estas sordo!.- Escucho la voz de Seiya desde afuera.

El hombre rubio se separó un poco de la joven castaña sonriéndole y se levantó para abrir la puerta, mientras la chica se acomodaba el cabello.

-¡Estuve tocando la puerta una y otra vez Motoki!.- Hablo Seiya.- ¿Acaso eres sordo?

Seiya poso su vista en Makoto, que lucía sonrojada y con el cabello alborotado, pero fue hasta que vio una marca rojiza en el cuello de la joven que se dio cuenta que llego en mal momento.

-Seiya, hola.- Saludo Motoki con desgano.

-Bueno, creo que mejor nos vemos luego.- Se despidió Seiya.- Otro día que estés menos ocupado vengo…

Fin del Flash back.

-Sin duda llegue en mal momento.- Rio Seiya.- Me basto con ver a Makoto despeinada y con ciertas marcas en el cuello.- Pero bueno, ya dejando de lado la diversión Motoki, yo sé que a ti te gusta mucho y…-

-No me gusta.- Respondió Motoki.- Más que eso, me trae loco, de cabeza, la amo es maravillosa, pero también es muy coqueta con otros más y con el imbécil de Black…-

-Es soltera.- Dijo Seiya.- Si, quizá le puede atraer al igual que tú le atraes, pero tienes que aplicarte, haz lo que les gusta a las mujeres, regálale rosas, acércate a ella, dile lo que sientes, demuéstrales que no solo estas interesando en su cuerpo, que te gusta como es ella, que la admiras, que amas lo que hace, demuéstraselo con palabras, así como me dices a mí que la amas díselo a ella.

-No, yo ya sufrí mucho con la muerte de Reika.- Recordó Andrew.- No quiero volver a sufrir, no quiero enamorarme, pero ya lo estoy….¿Pero si ella no siente lo mismo?

Seiya puso cara de desesperación y miro al hombre rubio con molestia.

-¿Qué es lo que quieres Motoki Furuhata?... ¿Acaso que ella venga y te pida ser su novio?...¿Que te diga que le gustas?... ¿una invitación?.- Molesto Seiya.- La pobre de Makoto seguro se sintió terrible cuando dices que encontró las fotos de Reika, según me contaste y todavía piensas que no siente algo por ti…¿En verdad eres tonto?. Mira, si no quieres verle la cara a Zafiro Black, entonces ve a su casa, búscala cuando sabes que está ahí y habla con ella, pero llega comportándote con seriedad, tratándola con delicadeza, controlando las ganas de llevártela a la cama, demuéstrale que te interesa para mucho más que eso. Después de que ella ha sido tan linda y detallista contigo no puedes esperar que ella de el siguiente pasó.

Después de escuchar aquellas palabras, el hombre rubio sonrió.

-Gracias Seiya.- Dijo Motoki.- Pero… ¿Por qué vienes tu a darme estos consejo?...No lo entiendo, tu siempre dices que no te interesa tener novia, eso que me dices es algo que tu ni siquiera harías, conquistar a una mujer con rosas y palabras románticas.

-¿Eres tú el que está enamorado de Makoto o yo?.- Cuestiono Seiya con ironía.- Yo ya sufrí con Serena, me di cuenta que enamorarse no vale de nada, pocas veces se es correspondido, y si puedo tener chicas sin compromiso pues mucho mejor. Ahora tú que eres el que quiere a Makoto para algo más que una noche de pasión, deberás de comportarte tal como te digo, dejar que tu corazón hable por ti antes de que otro se te adelante.

Motoki llamo al mesero y pidió otra cerveza para después seguir la charla con el pelinegro.

-Deberías de buscarte una novia.-Aconsejo Motoki.- Tienes muchas fans y eres muy conocido en el medio artístico.

-No me atraen las niñatas que solo se fijan en mí porque soy famoso.- Respondió Seiya.- No para algo en serio, pero si es para pasar una noche agradable sí.

-Bien, entonces deberías de buscarte una novia entre las chicas.- Dijo Motoki pensativo.- Serena definitivamente no, ella ya está casada y con uno de mis mejores amigos.

-Mejor ni hablar de Serena, es chica de Darien.- Respondió Seiya.

-Amy tampoco, es novia de Diamante Black, el hermano del odioso de Zafiro, Setsuna demasiado grande y seria para ti, Hotaru demasiado niña eso sonaría a pederasta, Haruka y Michiru ni hablar sus gustos son diferentes, Mina es de Kunzite, Makoto, bueno mi Mako hermosa aun no es mi novia pero seguiré tu consejo, Rei.- Continuo hablando Motoki.- ¡Rei es la única disponible!.

-Olvídalo, es hermosa, preciosa, pero tiene un carácter terrible, es muy temperamental.- Dijo Seiya.- Además es chica de Darien también…¡No más chicas de Darien no por favor!.

-Pues no es chica de Darien, el ya está casado con Serena.- Dijo Motoki.- Y Rei y Mako son las únicas disponibles, pero Mako será mía, así que tú te quedas con Rei.

"Y la pareja más sonada en el mundo del espectáculo de este mes, sin duda el tórrido romance entre el motociclista americano Tyler Black y la modelo japonesa que ha desbancado a las brasileñas más populares, su nombre, ya todos lo saben Rei Hino."

Los dos hombres sentados en la barra voltean hacia la televisión, donde para variar acababan de mencionar a la famosa modelo que aparecía en televisión con un hermoso y sexy vestido negro tomada de la mano de aquel hombre lleno de tatuajes caminando por las calles de Nueva York.

-Olvídalo Seiya.- Dijo Motoki con Seriedad.- Pensé que te quedaba disponible Rei Hino, pero ya no te queda nada, no hay opciones para ti, al menos no de entre ellas.

- No me preocupa, no quiero saber de "chicas de Darien".- Respondió Seiya.- Aunque no negare que Rei es hermosa. Pero bueno, tu mejor dedícate a conquistar a Makoto en vez de buscarme novia, no valla ser que otro más inteligente de apellido Black se te adelante.

-¡Eso nunca!.- Respondió Motoki.

Departamento de Makoto y Rei.

La noche cayó extinguiendo los últimos rayos de sol que se asomaban en el horizonte, la luna creciente iluminaba el firmamento junto a la aparición de las primeras estrellas. Dentro del departamento perteneciente a las dos senshis, todo era calmo, Makoto estaba preparando la cena, como de costumbre mientras que Rei permanecía en su habitación hundida en el sillón con sus rodillas próximas al pecho. La mirada de la joven sacerdotisa estaba perdida, sus ojos amatistas abiertos de par en par perdidos en la nada.

La ojiverde la había llamado desde la cocina un par de veces sin obtener respuesta por lo que creyó que su amiga se había dormido, optó por ir a buscarla entonces, golpeó la puerta delicadamente sin obtener respuesta por lo que decidió entrar. El cuarto estaba iluminado por la tenue luz de varias velas colocadas alrededor de la cama y haciendo un camino hasta el baño y hasta el sofá donde se encontraba su amiga. El silencio reinaba en aquél lugar.

-Rei… ¿Estás bien?- interrogó Makoto acercándose y apoyando su delicada mano en el hombro de su amiga. La pelinegra no le respondía. –Mírame Rei- la peli castaña se puso delante de la chica buscando sus ojos, pero no tenían el mismo brillo amatista de siempre, estaban oscurecidos, eran…. Negros.

Makoto no pudo evitar asustarse sacudiendo violentamente a su amiga sacándola de su ensoñamiento.

-¿Qué pasa Makoto?- preguntó molesta, sus ojos eran amatistas nuevamente.

-Vamos a cenar…- respondió entre asustada y confundida…

N/A: Hola a todos/as! Aquí una nueva entrega, cada vez las cosas se complican más ni hablar de las vidas de las chicas.

Muchas gracias a todos por pasar y a los que dejan algún comentario. Leonor que alegría que te haya gustado Ikki para Rei, tu opinión es sumamente importante ara nosotras.

Nick Rivers.

N/A: Hola, aquí reportándose también Mlle. Rousseau como siempre, gracias a Leonor de Eboli, Clarissa y Dayanne (my brazilian friend) por su apoyo en el anterior capitulo, esperemos este de el ancho de sus expectativas. Sobre el sueño de Makoto, que se supone tiene un poco de acción, espero cumpla un poco con sus expectativas, se trataba de escribir un sueño corto, pero igual para mi fue catastrófico (no soy buena escribiendo peleas ni batallas lo acepto, asi que si van a lanzar tomatazos a esa escena no castiguen a mi Nickypedia que ella es inocente, a ella si que le quedo genial lo del milenio de plata).

Gracias.

Atte:

Mademoiselle Rousseau.