El Pasado Siempre Vuelve

Flamea como una llama y no es fuego, arde como la fiebre, pero se enfría en la muerte… es tu sangre…

Dos meses antes de la invasión.

Milenio de plata

Los primeros rayos de sol asomaban en el horizonte, el color anaranjado se mezclaba con el rojizo dando un espectáculo a la vista de todo aquél que lo contemplara. La mujer de largo cabello negro se encontraba sentada en la mecedora, donde permaneció toda la noche. Ya no caían lágrimas por sus bellos ojos amatistas, ya no tenía, lo único que pudo hacer fue llorar, llorar por el triste destino que le tocó.

Hacía apenas algunas horas que la habían convocado al salón real, donde la Princesa de la Luna la esperaba junto a la Reina Serenity para comunicarle algo de suma importancia.

Recinto real, noche anterior.

-Princesa de Marte no es necesario que te arrodilles, por favor levántate- Serenity se caracterizaba por ser algo arrogante, en especial con ella.

-Mando a llamarme Señora- a pesar de la actitud de la Reina, Marte era una verdadera dama, porque una verdadera dama se nace, jamás se hace.

-Sí, y es para hacerte una propuesta que de seguro no podrás declinar- dijo al tiempo que se ponía de pie alejándose del trono adornado con Diamantes y otras piedras preciosas. –Sabemos de tu devoción hacia al templo, tu cuidado y dedicación, de todas las sacerdotisas eres la más cercana a lo Divino-

-Gracias Señora- respondió cortésmente.

-Iré al grano, quiero que te hagas cargo del templo, nombrarte Sacerdotisa Suprema…- La joven de cabellos negros no pudo ocultar su sorpresa, cierto que era un título extremadamente importante, incluso superaba su condición de Princesa, hasta poniéndola sobre la Reina Serenity en grado de poder, pero eso también conllevaba sacrificios, sacrificios que no sabría si podría cumplir.

-Señora… yo, es un halago de verdad…- las palabras se ahogaban en su garganta, y por primera vez no supo que decir.

-Lo sé, pero nadie mejor, por eso mañana se realizará la iniciación y claro, se te tomará el voto de castidad frente a todos. – la última palabra la remarcó notablemente. Marte no supo que decir, por ello hizo una reverencia protocolar y se retiró del recinto.

Fin del recuerdo

-Princesa…- oyó que la llamaban. No quiso voltear, sabía que se trataba de Jedite, su general, su amor, al hombre al cuál había engañado con otro.

-Mi querido Jedite….- saludó sin voltear.

-Hoy será la ceremonia, ¿por qué me hiciste esto? Nunca lo consultaste conmigo, soy tu prometido…- fue interrumpido por la imponente voz de la Princesa.

-Nunca oficializamos aquello, además… debe ser así, todo tiene un por qué, todo lo tiene…- trató de auto convencerse aunque sabía que le sería imposible sostener aquel voto, no con aquél hombre cerca.

Fuera de la habitación la Princesa de la Luna esperaba a que el General se despidiera y así poder hablar con la futura Sacerdotisa Suprema.

-Con esto te alejarás de Endymion para siempre, lo harás… - se dijo así misma mientras esbozaba una fría sonrisa.

Época actual, casa antigüedades de Luna

El sol estaba ocultándose en el firmamento, haciendo que el sol adquiriera tonos rojizos y naranjas, Luna y Artemis habían cerrado la tienda de antigüedades temprano, pues la reunión era de suma importancia, sobre todo después de lo que Serena les había hecho saber, tenían que estar preparados.

Todos se encontraban ya en el jardín, donde Luna había dispuesto sillas cómodas alrededor de la mesa de redonda, la joven rubia se encontraba sentada en una de las sillas tomando la mano de su marido que se encontraba a un lado de ella. Zafiro acababa de llegar hace un momento, y Artemis caminaba desesperado de un lado a otro esperando a que llegaran las únicas tres personas que faltaban: Rei, Makoto y Seiya, aunque este último se notaba muy desinteresado, era inútil pensar en el.

-¿Qué se creen Makoto y Rei?- Molesta Luna que salió al jardín.- Hace media hora que ya deberían estar aquí.

-Tranquilízate Luna, ya llegaran.- Dijo Artemis.- ¿Te dijo algo en el restaurante Zafiro?

-No me menciono nada.- Respondió el apuesto hombre de ojos azules.- Este día se fue temprano del restaurante, no me dijo nada, creo que tenía que ir a una entrevista que le iban a hacer para una revista importante, tu sabes, por lo del programa de cocina.

La rubia de coletas se sentía nerviosa, era así cada que había una reunión, odiaba las reuniones, aunque esta era por su causa, el hecho de comentarles a todos que en vez de esperar un bebe varón en lugar de esperar a Rini había causado pánico entre todos, más que nada debido al nuevo enemigo que se avecinaba.

Saber que de nuevo iba a estar ahí la hacía sentirse nerviosa, insegura, no es que la odiara, de hecho la quería, la apreciaba tanto como a Makoto, Mina o Amy, pero sabia el efecto que ella causaba en su marido, siempre lo supo, que fingiera no darse cuenta era otra cosa.

Flash Back…

Habían pasado dos meses desde que la hermosa rubia se había casado con su amado, aquel hombre por el que sentía profundo amor desde épocas pasadas, aquel que siempre había estado en su corazón.

La hermosa rubia dentro de sí, sospechaba que dentro del corazón de su marido había otra, ella creía saber quién era, pero se rehusaba a creerlo. Era fácil pensar que si no la amara no se hubiera casado con ella.

Después de terminar los quehaceres domésticos, se dirigió al hospital donde trabajaba su marido, sabía que esa era su hora de descanso.

-¡Hola mi amor!- Hablo la rubia cariñosamente con su típica voz chillona.

El hombre de cabello negro pareció asustarse al ver a la hermosa rubia frente a él, y rápido cerro uno de los cajones del escritorio, como tratando de ocultar algo, lo cual no paso desapercibido por Serena.

-¿Por qué te pones así?- Pregunto la hermosa chica de coletas.

-Hola Serena.- Hablo tan secamente como de costumbre.- Yo… perdón… estaba revisando unos expedientes… ¿Qué haces aquí?

-Solo vine a verte.- Respondió la rubia con tristeza.- ¿Te puedo preguntar algo Darien?.

-Dime.- Dijo Darien sin voltear siquiera a verla mientras acomodaba unos papeles en su escritorio, quería dejar todo listo para cuando terminara su hora de descanso y tuviera que recibir al siguiente paciente.

-¿Me amas?- Titubeo la rubia.

Darien levanto su vista mirando a su esposa, no se esperaba que le preguntara eso y tampoco sabía que responderle, sentía aprecio por Serena, pero jamás se había puesto a pensar siquiera cual era la razón por la que se había casado con ella.

-Serena.- Balbuceo con miedo de hablar, no quería ser hipócrita, pero tampoco quería lastimarla.- Yo…-

De pronto la puerta del consultorio se abrió interrumpiendo aquel momento, presentándose ante ellos Motoki, quien también era medico y trabajaba en el mismo hospital. Tan solo verlo, Darien se sintió aliviado.

-¡Darien, sé que es hora de descanso pero se ha presentado una emergencia!.- Agitado el hombre rubio.- Tenemos que ir a atender un parto, es una mujer con complicaciones del corazón, el obstetra que estaba a cargo de atenderlo ha tenido un percance y tienes que suplirlo.

Darien sin decir mas, salió corriendo de la habitación, despidiéndose de Serena con un movimiento de manos.

-¡Nos vemos en casa Serena, luego hablamos!.- Se despidió sin siquiera verla a los ojos, corriendo hacia donde su deber de medico lo llamaba.

Serena se sintió entristecida ante la actitud de su marido, con quien hacía poco había contraído nupcias, pensaba que después del matrimonio todo cambiaria entre ellos, que Darien quizá se comportaría mas cariñoso, pero nada había cambiado, al contrario, cada día lo sentía más distante. Sabía que no le era infiel, al menos no de manera física, pues jamás se ausentaba a casa, del trabajo se iba directo a su hogar, los días de descanso los pasaba con ella, pero su mente parecía estar siempre en otra parte.

Llena de curiosidad camino hacia el escritorio abriendo el cajón donde cuando ella llego el había guardado aparentemente un expediente clínico, pero al abrirlo se encontró con una revista, al tomarla noto que había un lápiz entremedio y la abrió.

-De nuevo ella, siempre ha sido ella.- Murmuro con voz llorosa al ver el hermoso rostro de Rei Hino, así como sus fotografías de cuerpo completo después de que se le hiciera una entrevista sobre su carrera como modelo.

Llena de rabia arranco las páginas dedicadas a la entrevista de la hermosa modelo japonesa, a quien ella muy bien conocía desde hace años, para después guardar de nuevo la revista en el escritorio, tal y como estaba, llevándose las hojas que había arrancado antes de salir del consultorio.

Fin del Flash Back.

-Disculpen que hayamos llegado tarde, pero había mucho tráfico.- Se disculpo la hermosa chica de cabello castaño y ojos verdes que entro rápidamente a la casa hasta llegar al jardín, seguida de Rei.

-Buenas noches.- Saludo Rei Hino a todos, logrando captar la atención de Darien, que solo escucharla soltó la mano de Serena y volteo a verla, como si se le iluminaran los ojos.

-Bien, veo que ya estamos todos completos.- Dijo molesta Luna al notar la manera en que Darien miraba a Rei, aquello no era conveniente, así que le ofreció los asientos más alejados a las recién llegadas.- Tenemos muchas cosas importantes de que hablar, y sobre todo recordarles cuál es su misión.- Miro a Rei y Makoto como si les reprochara algo.- ¿La tienen presente verdad?

-Por supuesto Luna, jamás la olvidamos.- Respondió a la defensiva la ojiverde ante la pregunta de Luna.

-Aun falta Seiya.- Comento Zafiro que se sentó a un lado de Makoto.- Creo que deberíamos esperarlo.

-Ya le he hablado.- Dijo Artemis.- Sabes que desde que regreso a la Tierra no es el mismo, anda muy desinteresado, ha cambiado mucho, sinceramente no creo que venga.

-No tiene caso esperar a Seiya.- Dijo Makoto.- El no muestra interés en nada, y no podemos esperar a que él se digne a venir para idear algo, por lo pronto sabemos que no tenemos nuestros poderes, estos quedaron relegados por desgracia, ahora lo preocupante es enfrentarnos a un nuevo enemigo el cual parece ser más poderoso que cualquier otro, y parecería que conociera cada uno de nuestros pasos, ataca mucho antes de que siquiera pensemos en algo.

Zafiro se quedo mirando embobado a la hermosa mujer de ojos verdes, embelesado no solo por su belleza física, sino por su determinación.

-Hablas como toda una líder Makoto.- Dijo Zafiro.- Creo que realmente estas supliendo muy bien el papel de Mina.

Luna palideció ante aquel comentario del joven de cabello oscuro azulado.

-¡Aquí la única líder es Minako, siempre ha sido ella y nadie lo será!.- Molesta Luna.- Serena es la líder de todas, después de ella la única que es líder es Sailor Venus, solo ella.

-Solo era un comentario Luna.- Hablo Zafiro.- Nunca hable de que cambiaran a Sailor Júpiter por Sailor Venus.- Desconcertado Zafiro.

Berlín, Alemania.

Al mismo tiempo, en la ciudad de Berlín, era de mañana, a pesar de que el clima era frio siempre, el sol se encontraba iluminando la ciudad.

La hermosa rubia, ataviada con un pantalón de mezclilla y un abrigo negro titiritaba de frio, mientras el hombre de largo cabello platinado caminaba detrás de ella cargando varias bolsas, si algo odiaba él era ir de compras, pero por su adorada "diosa Venus" como él la llamaba cariñosamente era capaz de eso y más.

Después de que Minako abriera la puerta del departamento, ambos entraron hasta llegar a la alcoba, Kunzite dejo las bolsas en el piso, mientras la rubia se metía dentro de las cobijas.

-Ven aquí mi amor.- Hablo la hermosa rubia con tono divertido y picaresco.

Kunzite sonrió acercándose a la cama para después meterse debajo de las cobijas y abrazar tiernamente a su amada, mientras ella se acurrucaba en su pecho.

-Berlín es un lugar muy frio.- Dijo la rubia.- Pero a tu lado me siento mejor.

El hombre peli plateado recostó a la hermosa jovencita sobre la cama para después besarle los labios tiernamente.

-Te amo tanto mi adorada diosa Venus.- Le susurro al oído con ternura.- No sé cómo pude estar cegado por la maldad de Beryl…¿sabes?... Recuerdo que en la época del milenio de plata, cuando me impusieron a una prometida al principio me moleste, lo maravilloso fue que me enamore, la primera vez que te vi en el palacio de la Luna, nunca me paso por la mente que tú fueras la princesa de Venus, mi prometida.

La hermosa rubia, que pocos recuerdos tenia de su pasado, sonrió al recordar una anécdota en especial.

-Yo recuerdo que me ponía celosa de que pasaras tanto tiempo con Makoto.- Hizo ella un puchero.- Pensaba que te gustaba ella.

-Makoto es muy bonita.- Dijo el hombre logrando que la rubia se sobresaltara.- Pero nadie más hermosa que mi adorada diosa Venus.- Le dijo mientras le acariciaba la mejilla.- Yo pasaba mucho tiempo con Makoto porque me asignaron entrenarla con el manejo de la espada… no recuerdo porque… pero Luna y Artemis hacían hincapié en que era importante que ella aprendiera muy bien el manejo de…"la legendaria espada de Júpiter".- Termino diciendo el hombre que hasta entonces no había recordado aquella arma especial que solo era otorgada a los herederos al trono de Júpiter.

Flash Back.

Alejados de los jardines del majestuoso palacio del reino Lunar, en el lugar especial donde se entrenaban a las sailor guerreras, encargadas de la protección de sus respectivos planetas así como de la princesa del Reino de la Luna, en un amplio salón de paredes blancas de mármol, piso color gris oscuro, algo resbaladizo, donde no había ningún adorno ni mueble que estorbara, la hermosa peli castaña que vestía un traje negro adherido al cuerpo, con armadura de protección en su pecho, piernas y ante brazos, se defendía de los ataques de su contrincante con espada en mano.

Era poderoso, hábil en el manejo de la espada, por algo era el espadachín oficial del a guardia del príncipe Endymion de la Tierra, haciendo que la hermosa castaña torpemente pudiera atacarlo y esquivar sus ataques.

-Aun te falta mucho por aprender, princesa de Júpiter.- Grito el hombre de cabello platinado, mientras con un hábil movimiento, choco su espada contra la de la joven, haciendo que esta saliera volando del a mano de la princesa para estrellarse fuertemente en el piso.- Si no puedes manejar una espada común y corriente no veo como puedas manejar la "Legendaria espada de Júpiter", así jamás podrás hacerlo, la espada no te aceptara como su heredera.- Dijo apuntando con su espada al corazón de la chica, no pensaba lastimarla, solo hacerle saber que estaba derrotada y que aun le faltaba mucho por aprender.

La hermosa princesa del planeta de los truenos, a pesar de traer armadura en el pecho se sobresalto y cayo sentada al piso, para después levantarse rabiosa.

-¡No soy débil, no soy débil, no me trates como si fuera una chiquilla torpe!.- Rabiosa la ojiverde.

-Jamás dije que fueras torpe, eres muy fuerte, diría que una excelente guerrera, tus poderes son increíbles, pero eres la única heredera de Júpiter y es importante que domines una espada común para poder manejar la legendaria espada de Júpiter.- Hablo el hombre platinado.

La hermosa pelicastaña tomo su espada que se encontraba tirada en suelo, mirando fijamente a su oponente.

-Gracias maestro.- Respondió mirándolo a los ojos.- Continuemos, quiero ser una digna heredera de Júpiter, que mi pueblo se sienta orgullosa de mi.

Fin del Flash Back.

La rubia sonrió recordando sobre como deseaba ser ella quien fuera entrenada por su amado Kunzite, deseando muchas veces estar en el lugar de la Princesa de Júpiter.

-Mako siempre fue una buena amiga, yo la quería mucho en aquella época, y aun le tengo mucho cariño, como a cada una de las chicas.- Sonrió la hermosa rubia.- No tengo muchos recuerdos del milenio de plata que no sean los momentos que pasaba a tu lado, pero hay algo que si recuerdo, mi madre de esa época, siempre fue buena con Makoto, decía que era una lástima que sobre una persona valiente, hermosa y llena de bondad como la princesa de Júpiter hubiera caído una maldición.

-Maldición…¿Qué maldición?.- Pregunto Kunzite, que pese a que era él quien tenía recuerdos más claros sobre el pasado, no recordaba nada sobre alguna maldición.

-Yo tampoco lo sé.- Respondió Minako.- La única maldición que se me ocurre fue que fue murió derrotada en el milenio de plata, pero bueno, todos morimos derrotados por metalia, no solo Makoto.

El hombre de largo cabello platinado se acomodo entre las piernas de su amada, besándole el cuello, escuchando los gemidos que dejaba escapar la hermosa mujer de su boca, mientras al poco tiempo la ropa de ambos iba cayendo desordenadamente en el piso de la habitación, haciendo que las caricias amorosas que se dedicaban el uno al otro los hiciera entrar en calor.

Tokio, Japón. Casa de antigüedades Luna

-Aquí hay muchas cosas extrañas.- Se paró de su silla la hermosa pelinegra caminando en círculos, logrando captar la atención de todos.- Todos esperábamos desde tiempo atrás la llegada de Tokio de Cristal, el nacimiento de la pequeña dama de Rini… si ella vino del futuro es porque debe de nacer pero…¿Por qué jamás mencionó que tuviera un hermano?...Siempre decía que ella era la única hija de la Neo Reina Serena y el Rey Endymion.

-Otro detalles importante, que no sabemos si tenga relación con todo lo que está sucediendo, con lo que sucede con Serena.- Hablo Makoto.- Es el hecho de que ella esté esperando un hijo varón, y si nos ponemos a pensar un poco en el video que vimos aquí la ultima vez, el chico del video dice algo asi como "papá no te des por vencido".

Tan solo escuchar lo que Makoto había dicho, la hermosa rubia llena de pánico se llevo su mano al vientre, temía por aquel ser que se estaba formando dentro de ella, al cual ya amaba con todo su corazón, sin importar que fuera un varón y no una mujercita, como ella había estado esperando, su corazón de madre la hacía sentir cerca el peligro, no quería pensar que su hijo pudiera salir afectado con todo esto.

-El muchacho del video…me parece tan familiar.- Hablo Darien casi para sí mismo, pensando en el muchacho que había visto en el video y al mismo tiempo en su bebe.

Milenio de Plata

En el majestuoso Reino de la Luna, sede de la comunidad planetaria, en los terrenos alejados al palacio Lunar y a los jardín, en el lugar donde se entrenaba a las sailor guerreras para hacerlas despertar y pulir su poder de senshis, Luna y Artemis, así como el resto de las princesas miraban , acompañadas de la altiva Reina Serenity, observaban detenidamente los movimientos, así como los ataques tanto ofensivos de las princesas de Júpiter y Marte, que tras haber estado esperando su turno, finalmente habían pasado enfrente, en el área señalada a batirse en duro combate.

Sus rostros se miraban sudorosos y se les veía agitadas, las dos se miraban la una a la otra con detenimiento, como tratando de leer el movimiento que haría la otra, no que fueran enemigas no, por el contrario, se podría decir que eran las mejor amigas, pasaban la mayoría del tiempo juntos, cosa que no agradaba mucho a la Reina Serenity ni a los consejeros de la soberana, Artemis y sobre todo a Luna.

-¡Eres muy fuerte Júpiter, digna heredera de tu planeta, pero te demostrare que en el campo de batalla puedo ser tan buena como tú!.- Habla jadeando la pelinegra.- ¡Fuego de Marte enciéndete!.- Lanzo la princesa Mars el ataque a su oponente.

La hermosa princesa del planeta del trueno y las flores, tan solo ver la flama poderosa con que su oponente la atacaba, se puso en guardia lanzando su más poderoso ataque a la vista de todos.

-¡Centella relampagueante de Júpiter!.- Lanza la senshi del trueno su ataque ofensivo a su oponente, mientras los presentes observan a ambas princesas sin quitarles la vista.

Aquella lucha estaba siendo demasiado pareja, cierto que a todas las guerreras les faltaba aun mucho por aprender para poder alcanzar el nivel de senshi, aunque ya se les llamaba así, era su deber esforzarse como las princesas y herederas al trono de sus respectivos planetas que eran.

-¡Esto es increíble, los herederos de Júpiter siempre han sido los mejores en el campo de batalla, pero la princesa de Marte es increíble, puedo decir que esta a la altura de la heredera de Júpiter, que debo admitir ha sido de las mejores guerreras de su planeta a lo largo de la historia!.- Dijo Artemis mirando aquella lucha entre ambas, donde ya solo se podía ver el fuego y el trueno entremezclarse.-¡Esta princesa de Marte tiene la fortaleza espiritual de los de Júpiter, y la princesa de Júpiter tiene el espíritu aguerrido de los herederos de Marte!... ¡Fuego y trueno, que combinación de poder!

-Esto…no puede ser.- Balbucea Luna.- Esa combinación de poderes… son las mejores guerreras de sus respectivos planetas, las mejores que han tenido Júpiter y Marte.- Termino diciendo Luna sin pensarlo, al ver como ambas chicas se herían la una a la otra, pero sin rendirse, sin darse por vencida.- ¿Qué opina usted majestad?.- Pregunto a la hermosa reina peli plata que parecía molesta, en su semblante se podía ver que aquello no le agradaba nada.

-¡No, esto no puede ser!.- Exclamo la Reina Serenity molesta.- ¡Basta, alto!.- Grito fúrica deseando no ver lo que sus ojos presenciaban.- ¡Dije que se detengan!.- Lanzo un ataque furiosa en medio del campo de entrenamiento haciendo que las dos princesas cesaran sus ataques.

Época actual

Darien necesitaba alejarse de todos un poco, dejándolos en el patio trasero salió hacia la calle, sentía que la opresión en el pecho que sintió constantemente en los últimos 8 años en este día realmente no lo dejaba respirar, la primera vez que lo sintió fue cuando conoció a aquella joven sacerdotisa, pisando su cabeza por error.

-Aquí estás…- escuchó una dulce voz tras él, volteó lentamente para encontrarse con una hermosa joven de largo cabello negro, su sueño hecho realidad en mujer.

-Hola… necesitaba mi momento…- trató de excusarse, ella caminó hasta quedar a su lado, tomando asiento en uno de los escalones de la entrada.

-Todos lo necesitamos Darien, más que nunca en estos momentos…- la joven tenía la mirada clavada en el sueño de madera, hipnotizada con las grietas que esta tenía naturalmente. Sintió que el hombre de profundos ojos azules imitó su acción y tomo asiento a su lado.

-¿Crees en el destino Rei?- preguntó mirando en dirección al suelo también, la pelinegra no pudo evitar sonreír puesto que esa misma pregunta se la hizo a su Fénix intentando entablar una conversación seria, sin duda Chiba y ella se parecían.

-Sabes que sí…-

-Entonces, deberíamos de estar juntos, tú y yo… pues es nuestro destino…-dirigió una mirada afligida y suplicante a la chica que no pudo hacer lo mismo.

-Estamos destinados y también condenados Darien.-fue la respuesta que él no quería oír. –Tendrás un hijo con Serena, creí que eso era suficiente para ti.-

-Amo a mi hijo, pero nada cambiará el hecho de que salimos perdiendo, nos burlaron Rei…- con su mano izquierda peinó su cabello hacia atrás, como siempre hacía cuando algo lo saturaba. -¿Recuerdas algo de nuestra vida anterior?- interrogó mirándola de reojo, sintió como la pregunta la incomodó, haciéndola remover en su asiento puesto que sí había recordado, solo una vez…

Flash Back

6 años atrás

La habitación estaba iluminada por el agradable calor proveniente del hogar a leña ubicado frente a ellos, la acogedora cabaña de madera decorada estilo canadiense propiciaba el mejor lugar para una joven pareja. Los suaves gemidos inundaban el cuarto. La hermosa mujer de largo cabello negro envolvía con sus largas y torneadas piernas al hombre que entraba y salía de ella de manera suave. Llevó una de sus manos hacia el rubio cabello de su amante, mientras él intensificaba los movimientos.

-Mmhh…- la pelinegra esbozó una mueca de dolor que fue captado por el joven de inmediato, deteniéndose en sus movimientos.

-¿Estás bien? ¿Te lastimé?- interrogó preocupado clavando su intensa mirada azul en ella, sabía que era la primera vez de aquella sacerdotisa y en todo momento trató de contener las envestidas para no lastimarla, pero se había dejado llevar.

-Estoy bien… no te detengas Jedite- respondió suavemente mientras se aferraba a su espalda. Desde que él volvió a la vida intentaron recuperar aquello, sintiéndose extraños pero de manera agradable. El hecho de darle su virginidad sonaba natural, aunque sabían que no tenían una relación oficial y que él pronto partiría sin rumbo determinado. De todas maneras no podía ser más perfecto, él era dulce y amable con ella, haciéndola sentir especial.

El hombre seguía moviéndose dentro y fuera de ella delicadamente haciéndola disfrutar de cada momento, no dejando de acariciar su rostro, besar sus labios para hacerla sentir querida y sobre todo cuidada. Fue en ese momento cuando sus ojos se clavaron en la viga que cruzaba el techo de la cabaña y como si se tratara de una película secuencias de su vida pasada fueron exhibidas ante ella. Su cuerpo se tensó instintivamente poniendo sus sentidos alerta.

Primero una mujer hermosa de largo cabello negro y ojos verdes que jugaba con ella haciendo caras graciosas, unas niñas corriendo por un inmenso campo verde lleno de flores de colores, el atardecer anaranjado y rojizo de su planeta natal, Jedite a su lado en algún baile, la Reina Serenity y su fría mirada, Endymion envainando su espada. Un beso intenso, que sentía prohibido con un hombre vestido diferente.

Esto no pasó desapercibido para su amante que enseguida tomó el rostro de la chica besando suavemente la comisura de sus labios.

-Tranquila Rei, tranquila, se supone que suceda…- le dijo intentando tranquilizarla, puesto que sabía lo que le había ocurrido y cómo la sacudiría después. Seguido a esto sus ojos amatistas se llenaron de lágrimas un sentimiento de angustia la invadió aferrándose a Jedite y llorando como nunca antes lo había hecho. El hombre rubio solo correspondió su abrazo y acarició su espalda, él la entendía y no la juzgaba.

Fin del Flash Back

-¿Rei?- la llamó sacándola de su ensoñamiento.

-Sí… sí recordé ciertas secuencias, pero nada claro, solo imágenes.- respondió sin sostenerle la mirada.

-¿Te acordaste de nosotros Rei?- interrogó acercando su rostro al de la chica. La verdad era que ella recordaba a un hombre que la estaba besando, pero no sabía si era él, estaba segura que no era Jedite, entonces ¿Quién?

-Solo te recordé peleando con tu espada Darien… nada más…- su respuesta fue sincera, pero lo lastimó, puesto que él sí recordó momentos junto a ella, confusos, pero estaban juntos en fin. -¿Darien?- lo llamó mirándolo fijamente.-Entiendes que se terminó ¿verdad?-

-¿Amas a ese americano?- devolvió la pregunta mirándola duramente.

-Sí Darien, sí lo amo…- la respuesta le rompió el corazón, pero esa era la verdad y no podía juzgarla. –Es hora de que me vaya, y felicitaciones Darien, tendrás un hermoso varón…- finalizó incorporándose y caminando lejos de él, dejándolo solo con una sonrisa en su rostro, sí tendría un hijo y eso valía la pena cualquier cosa.

Algunas horas después…

El joven de largo cabello oscuro llegó 3 horas después al lugar donde se suponía debía reunirse con sus ex colegas de batallas, pero no tuvo ningún contratiempo, sólo no se le antojó ir, hasta que luego claro se arrepintió. Acomodó sus gafas negras y su gorra que le servía de camuflaje, puesto que si alguien lo reconocía tendría un sequito de adolescentes hormonales tras él.

Entró con cuidado en la tienda de antigüedades, deseando que alguien más se hubiese demorado, en estos momentos era cuando extrañaba a Minako, la loca rubia del grupo que siempre llegaba tarde a todos lados y con ella él nunca era el último. Notó que nadie salió a recibirlo, por lo que optó por dirigirse sigilosamente hacia el cuarto ubicado en la parte de atrás. Tuvo que contener un grito cuando esa horrible máscara de origen vaya a saber uno qué lo golpeó en la cabeza, ese lugar una trampa mortal para un ladrón, era difícil parar desapercibido.

Al fin llegó a la puerta donde oyó la voz inconfundible de Luna y para variar, estaba alterada, rodó sus ojos y apenas giró el picaporte, por la pequeña abertura pudo ver a Artemis y a Luna solos, ya no había nadie más, estaba en la disyuntiva si anunciarse o ser educado y no interrumpir la discusión de la pareja. Luego de meditarlo optó por lo último pero antes de poder cerrar la puerta, oyó a Luna hablar.

-Debemos mantener a Seiya lejos de Serena…- dijo Luna con malestar en su voz, Seiya no pudo evitar detenerse en seco.-Él no me preocupa, pero no debemos dejarles el camino libre a Darien y a Rei, no hasta que la pequeña dama nazca…- se explicó.

-Luna dejemos de interferir, dejemos que las cosas fluyan…- intentaba tranquilizar las aguas Artemis.

-No, no dejaré que Darien deje a Serena, no permitiré que elija de nuevo a Rei…- Los ojos del cantante se abrieron de par en par, si bien no le interesaba lo que ocurriera con Darien y mucho menos con Serena, el tono de Luna dirigido hacia la Scout de Fuego no le agradó.

-Bastante la relación que desarrollaron Rei y Makoto…- sentenció Luna con voz dura.

-No puedes separarlas, nunca pudiste…- finalizó Artemis. El joven de intensos ojos azules se quedó pensativo tras la puerta, pero reaccionó cuando escuchó los pasos del hombre de cabello plateado dirigirse hacia él.

Artemis abrió la puerta y salió molesto sin darse cuenta de que el menor de los Kou se encontraba escondido tras unos estantes. Seiya decidió que no se alejaría, que esto de alguna manera le incumbía y no dejaría solas ni a Makoto ni a Rei.

Milenio de Plata, hora 00

La imponente criatura se mostraba en todo su esplendor entre tanta oscuridad. El fuego cubría totalmente el cuerpo que había elegido para poseer, enormes alas de fuego salían de su espalda, su mirada oscura, profunda, ausente haría temblar hasta al más valiente caballero.

-Han osado a molestarme, ¿quiénes se creen ustedes, simples mortales para estorbarme en mi danza?- exclamó en voz profunda haciendo que retumbe por doquier.

-¿Quién eres, o más bien qué eres?- preguntó asustado, después de todo era un chiquillo.

-¿Quién soy? Eso depende, me han puesto infinidad de nombres, el Espíritu de la Destrucción, El Ave de fuego, pero prefiero que me llamen Phoenix.-

-¿De dónde vienes?- interrogó tratando de ocultar su miedo. Su corazón bombeaba con fuerza, sus manos le sudaban, estaba en estado de alerta.

-Nací en el mismo instante que el universo, mi origen es desconocido, soy tan antigua como el tiempo, y tan despiadada como él- La criatura de fuego se retorció violenta, haciendo que el niño enfrente de ella callera al suelo en su intento por huir. –Ahora dime, dime donde está el elegido- exigió, el sonido de la sangre fluir a través del cuerpo del simple mortal que se encontraba delante de ella era música para sus oídos, podía oler su miedo y no había nada que la regocijara mas.

El muchacho no supo qué hacer ni que decir, puesto que no comprendía nada, debió haber escuchado a su abuela cuando le dijo que no se aleje demasiado esa tarde.

-No… no sé de qué me habla…- el miedo le impedía hablar y lo había paralizado. El ser de fuego caminó hacia él calmo. –Por favor… no me lastime…- rogaba el muchacho de ojos cafés, pero la mano de la criatura envolvió su cuello apretándolo, el niño sintió un gran dolor, no podía respirar y luego… oscuridad, sin siquiera hacer esfuerzo Phoenix rompió el cuello de aquel muchachito lanzándolo lejos, ni siquiera servía de alimento, no era nada para ella.

N/A: Hola a todos/as! Antes que nada queremos agradecerles por sus bellos comentarios! Nos dan aliento para seguir adelante con esta loca idea. Bueno en este capítulo intentamos a nuestra manera explicar un poco en paralelo lo que ocurría y ocurre, y personalmente buscarle una justificación al porqué del voto de castidad de mi querida Mars! Solo una idea, pero la nuestra al fin!

Espero disfruten muchísimo.

Nick Rivers

N/A: Hola a todos, gracias por apoyarnos en cada capítulo, este día creo que me he quedado sin palabras, pero espero el capítulo sea del agrado de todos ustedes.

Buen fin de semana.

Mademoiselle Rousseau.