Con las mejores intenciones
"Tu miedo es mi alimento, tu inseguridad es mi regocijo y tu deseo… tu deseo es fuego"
Milenio de Plata
En el reino de Júpiter, en el salón del trono cuyas construcciones eran a base de cristal, esmeralda y hermosos jades, se encontraban reunidos los monarcas de los planetas que conformaban la galaxia, celebrando el nacimiento de la princesa de Júpiter, la heredera al trono, y también la futura líder de la siguiente generación de herederos encargados de la protección del sistema solar y del milenio de plata, mientras dentro de una cuna labrada en oro, cristal y esmeraldas una pequeña niña de apenas unos días de nacida dormía plácidamente.
-Es hermosa nuestra hija mi querida Anat.- Sonrió el alto hombre musculoso de cabello castaño y ojos oscuros que de vez en cuando adquirían un destello violeta.- Y tiene tus ojos color esmeralda.- El hombre al ver la seriedad en el rostro de su esposa, la hermosa mujer de ojos verdes y cabello negro ondulado, le paso un fuerte brazo sobre su cintura atrayéndola a su torso musculoso para abrazarla.- No tienes que temer por nada amada mía, nada malo le ocurrirá a ti ni a mi hija, son la razón de mi existencia… ¿Dónde quedo mi hermosa guerrera que no teme a nada ni nadie?... Vamos Anat, sonríe hoy es el día en que presentaremos a nuestra hija como la princesa de Júpiter ante la sociedad.
La mujer de cabello negro y ojos color esmeralda volteo su rostro para mirar a su marido correspondiéndole el abrazo, hundiendo su cabeza en el fuerte pecho del monarca de Júpiter.
-Te amo Thor.- Sonrió dulcemente la mujer.-… Se que siempre he sido aguerrida y hasta cierto punto sanguinaria… pero bien dicen que la maternidad te cambia… Tengo miedo por nuestra hija… Tú sabes que hubo mucha oposición a nuestro amor, aunque tenemos a algunos de nuestro lado, hay otros que no estuvieron de acuerdo.-
De pronto se escucho como la hermosa recién nacida despertó, llorando con fuerza mientras movía sus manitas de un lado a otro, como si buscara protección. La hermosa mujer de ojos verdes volteo a la cuna, tomando a la hermosa bebe envuelta en una cobija en color rosa.
-Ya esta mamá contigo mi pequeña princesita.- Le hablo la mujer a su pequeña hija, sosteniendo aquel frágil cuerpecito. La bebe sonrió tranquilizándose al escuchar las palabras de su hermosa madre como si las entendiera, dibujando una sonrisa en su rostro angelical.
-Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida Anat.- Agradeció el hombre besando la mejilla de su esposa, mientras con una de sus manos acariciaba la frente de la princesa, quien le sonrió como si supiera que él era su padre.
Al mismo tiempo, escondida detrás de uno de los pilares del imponente castillo de Júpiter, una mujer de cabello platinado peinada con dos coletas miraba con furia y recelo a la pequeña princesa que yacía en brazos de su madre, mientras el fuerte monarca del planeta de los truenos miraba amorosamente a la mujer.
-Thor y Anat.- Hablo en voz baja la mujer mirándolos con ira.- Pagaran justo donde más les duele.- Sonrió maliciosamente la mujer.- ¡Princesa de Júpiter… yo te maldito, te maldigo a vivir toda tu vida sin encontrar el amor, a amar sin ser amada y ser amada por quien no ames… que el amor no llegue a tu vida como no llego a la mía y que vivas sola hasta el último día de tu existencia, cuando expires tu último aliento!-
Al mismo tiempo, alejada a unos pasos de la Reina de la Luna, la hermosa monarca del reino del amor, vestida con una túnica blanca, apretó a la hermosa bebe rubia que llevaba contra su cuerpo.
-Así que era mentira que estabas arrepentida Serenity.- Pensó la monarca del planeta del amor y la belleza.- Yo liberare a la princesa de Júpiter de tu maldición… Así tenga que liberarse de ella hasta en su siguiente vida.
Época actual, Departamento de Motoki
El joven médico de rubio cabello y ojos azules, después de haber salido de la ducha se había puesto su pijama, un pantalón en color negro y una camisa en color gris. Había llevado la ropa del trabajo al cuarto de lavado, pues no quería que a la llegada de su amada, su departamento tuviera el "olor a hospital", como ella solía decir.
Miro el reloj mirando que eran las 8:40 p.m., faltaban 20 minutos para que su amada llegara, pero la conocida, sabía que era impuntual, que seguro estaría arreglándose todavía y que con algo de suerte le daría tiempo de terminar de poner la mesa, que era justo lo que estaba haciendo, y de paso vestirse con algo más apropiado, seguro su novia se vería hermosa y al menos el tendría que quitarse su pijama y vestirse un poco mas decentemente.
Camino hacia la cocina, abriendo el horno de donde saco el pie de cereza que había preparo para su amada, pues sabía que era el favorito de ella. Acto seguido se asomo a las cacerolas mirando que las papas fritas sazonadas con sal y vinagre estaban listas, así como el pescado a la plancha. Cocinar para Makoto hacia que sus nervios se alteraran, ella era egresada de la carrera de gastronomía, tenía un restaurante y un programa televisivo de cocina, sin duda una excelente chef.
Escucho de pronto el timbre de la puerta e indignado camino hacia la puerta esperando que no fuera algún inoportuno que fuera a quitarle su tiempo tan valioso.
-¡A quién demonios se le ocurre venir a interrumpirme en estos momentos!.- Gruño de mala gana, pero al llegar a la puerta y abrirla, su rostro que lucía enfado cambio su expresión pasando a la sorpresa y el nerviosismo.- ¡Mako, preciosa!... ¿Qué haces tan temprano aquí?... Aun faltaban poco menos de 20 minutos para nuestra cita.-
Dijo mirando de arriba abajo a su novia que vestía un vestido en color rosa pálido, ceñido a su cuerpo, el cual le llegaba a media pierna, con un ancho tirante de un lado y del otro lado con el hombro descubierto. Su cabello recogido en aquella coleta alta dejando a la vista sus aretes en forma de rosa que nunca se quitaba.
-¿No tenias ganas de verme?... ¿Es que acaso quieres que me retire?.- Pregunto la joven fingiendo molestia.- Porque si es así no te molesto.
-No es eso preciosa.- Le dijo el joven tomándola de los hombros para después darle un cariñoso beso en la mejilla.- Por supuesto que tenía ganas de verte, es solo que, aun no termino de poner la mesa, no me he vestido con algo más apropiado y…-
-Eres un desastre mi amor, los años no te cambian.- Dijo cariñosamente la joven entrando dentro de la casa, mirando como había ropa en el sofá, las cosas fuera de su lugar.- ¿Recuerdas hace algunos años cuando vine con Serena a limpiarte tu casa y cocinar para ti?.
-Si, por supuesto.
-¡El olor que viene desde la cocina es delicioso!.- Cerró los ojos la joven.-
-Espero no defraudarte.- Le dijo el joven caminando a su lado, parándose detrás de ella para pasarle sus brazos por la cintura y besarle una de sus mejillas.
-¡Motoki!.- Susurro la joven con los ojos cerrados sintiendo los labios de su amado sobre su cuello y los brazos de él sobre su cintura.
-Iré a vestirme.- Le dijo apartándose de ella- Me pondré algo más decente y ahora vengo para servirte la comida.
-Así quédate.- Le susurro ella tomándolo de la mano.- Yo también traigo mi pijama, supongo que se hará tarde y dormiré aquí.
-¿Aquí?.- Le pregunto el joven nervioso poniendo sus manos en la cintura de su amada apretujándola contra su cuerpo.- ¡Mako no me tortures, sabes que no podre soportar la abstinencia!-
-¿Qué dijiste?.- Pregunto ella mirándolo a los ojos.
-Nada mi amor, solo dije que, podre resistir la abstinencia.- Le dijo acercándose a su labios para besarla mientras sus impulsivas manos le apretujaban el trasero a través del vestido.
-¡Mmm mi amor, no tan rápido!.- Susurro la joven apartándose de él. Después de todo tenía que darle una lección por haberla dejado caliente y alborotada la vez anterior.- Quizá tengas derecho a un premio… pero gánatelo.- Le dijo ella al oído lamiéndole el lóbulo de la oreja, notando como el se estremecía.- ¿Quieres comer algo dulce?.- Lo miro la joven lascivamente.
-No te gustaría comer primero la cena que prepare para ti.- La joven se separo de él caminado unos pasos hacia atrás.
-¿Cómo me veo?.- Le pregunto dando una vuelta.
-¡Sexy, divina!.- Le susurro el joven.
-¿Cómo?-
-Quise decir, bella, hermosa.-
La joven le sonrió sosteniéndole la mirada y ante sus ojos se bajo el vestido en color rosado dejando a la vista su cuerpo desnudo cubierto solamente por la ropa interior, un sostén que más que un sostén parecía un cubre pezones, atado con unos tirantes en color café y unas pantis pequeñas de hilos a los lados.
-¿Cómo me veo ahora?- Pregunto la joven caminado sensualmente hacia su amado, que la miraba boquiabierto, pasándole sus brazos por el cuello, mientras miraba como su novio pasaba saliva pues miro la nuez de su garganta moverse de arriba abajo.
-¡Divina, deliciosa!.- Dijo el mirando de arriba hacia abajo la diminuta ropa interior comestible, poniendo sus manos sobre la cintura de ella. Le subió una mano hacia el cabello quitándole la liga con que ataba su coleta, viendo los cabellos ondulados que la hacían ver más salvaje. Sintió como su amada acerco sus labios rosados a los suyos, como si fuera a besarlo, pero lentamente se separo de él.
-¿Recuerdas el otro día en la oficina del restaurante cuando me dejaste con las ganas?.- Le pregunto la joven caminado hacia el comedor, donde se sentó con las piernas abiertas, inclinándose hacia atrás ayudada por sus manos.- Eso fue muy cruel Motoki-.
Templo Hikawa
Las escalinatas de aquél lugar le parecían extrañamente más extensas, nunca le había pesado tanto subirlas sin embargo hoy sí. Luego del extraño episodio ocurrido hacia algunos días antes no se sentía igual, la hermosa pelinegra de largo cabello estaba inquieta y por alguna razón necesita refugiarse donde pasó toda su infancia, en el Templo donde creció. La extraña voz que creyó oír no volvió a molestarla, claro que no menciono lo ocurrido con nadie, mucho menos con Makoto, puesto que no quería preocuparla.
Divisó a lo lejos a sus fieles mascotas, pero cuando éstos se percataron de su presencia chillaron violentos, como si no la reconocieran, como si hubiesen visto a un monstruo, la chica no emitió sonido alguno solo se quedó inmóvil faltando apenas tres escalones para llegar fue allí cuando el noble rostro de su abuelo se asomó.
-Mi querida Rei- la saludó con una sonrisa, sin embargo la chica pudo notar la preocupación en sus ojos, el amable anciano se puso frente a ella abriendo sus brazos para recibirla, la pelinegra corrió hacia él y calló rendida de rodillas refugiándose en el abrazo de su abuelo.
-Abuelo- fue lo único que pudo decir puesto que rompió en llanto al instante, el hombre no hablaba solo acariciaba el hermoso cabello de su nieta, sin duda algo extraño le ocurría, esa era Rei, "su" Rei aunque estaba extraña, su aura roja radiante se encontraba sin brillo pudo notar destellos negros alrededor de ella, sofocando el aura de la chica. Entraron al templo, el hombre ofreció asiento a su nieta y preparó un poco de té para calmar sus nervios, con manos temblorosas la pelinegra tomó la taza, pero en un descuido la dejó caer rompiendo en mil pedazos la porcelana.
-Lo siento- se disculpó comenzando a recoger los pedazos de aquella taza, cortando una de sus manos.-Ay- se quejó mirando como la sangre fluía de su blanca piel, su abuelo tomó delicadamente la mano de la chica posando un paño blanco sobre la herida para detener la sangre.
-Rei ¿qué te sucede?- interrogó visiblemente preocupado buscando la mirada de la sacerdotisa que estaba clavada en la fina tela blanca que poco a poco se teñía de rojo. –Hija no permitas que nada ni nadie ponga en duda quien eres- le dijo con eterna sabiduría captando la atención de la pelinegra.
-Algo me está ocurriendo y no puedo entender qué es exactamente, siento como si me estuviera volviendo loca- temerosa la sacerdotisa.-Todo lo que siento es nuevo, nunca antes he experimentado tanta inseguridad, tanto miedo.-
-El miedo paraliza Rei, no permitas paralizarte, no bajes la guardia- la chica abrió sus ojos amatistas sorprendida, esas palabras "bajar la guardia" eso le dijo la voz. –El destino ya está escrito, lo que deba ocurrir ocurrirá hija mía, pero no debes temer, ese sentimiento es la peor debilidad que alguien puede tener.-
-Abuelo…- murmuró.
-Hija grandes cosas te deparan, puedo verlo, pero antes deberás pasar por muchas cosas que pondrán a prueba tu voluntad, su lealtad y más que nada tu amor.-
-Necesito ayuda- admitió al fin.
-Y la tienes Rei, solo mira a tu alrededor y apóyate en las personas adecuadas, nada es lo que parece.- finalizó.
-¿Por qué hablas de manera tan enigmática?- preguntó con lágrimas en sus ojos.
-Porque tú debes descubrir las cosas por ti misma, mira en tu interior y enfrenta lo que ocurre- habló con voz seria y segura, su mirada tierna cambió a una mirada dura, esa que usaba cuando hablaba en serio, muy en serio.-Abre tu corazón Rei, deja salir todo lo que te ahoga, lo que te inquieta, lo que te asusta, solo déjalo salir.- finalizó soltando la mano de su nieta, notando el extraño brillo en sus ojos, un brillo que lo hizo estremecerse, que lo intimidó. La chica comenzó a temblar de repente abrazándose ella misma.
-Tengo frío- dijo mientras sentía como gotas de sudor recorrían su rostro, el anciano tocó la frente de su nieta, quedando perplejo.
-Tienes fiebre- habló con cuidado.-De repente-
-Necesito irme a casa- dijo con voz temblorosa, su abuelo la miraba fijamente como tratando de entender qué le ocurría a su nieta.
-Estas en casa- habló paciente, la chica negó con su cabeza quedándose pensativa unos segundos.
-Este lugar dejó de ser mi hogar hace mucho…- respondió.
-Rei, no digas eso- el hombre calló abruptamente mientras veía a su nieta alejarse, los cuervos fuera chillaron violentos nuevamente al verla para luego huir.
–Sé fuerte hija mía que el Gran Kami te acompañe- dijo para sí el hombre deseando que la fuerza suprema ayude a su nieta.
Departamento de Motoki
-No me hagas eso Mako, no.- Le dijo el joven viéndola detenidamente, sintiendo como su miembro se endurecía bajo el pantalón. Si Makoto lo estaba queriendo castigar, lo estaba logrando. Se acerco rápidamente a la joven, pero antes que este pudiera llegar a tocarla la joven levanto una de sus piernas haciéndolo detenerse.- ¿Qué es lo que te propones Mako?... ¿Por qué me haces esto y después me impides que me acerque?.- Le dijo sintiendo la piel del pie de la chica sobre su abdomen.
La joven se mordisqueo el labio inferior mirando lascivamente a su novio, si quería seducirlo ya lo había logrado, solo voltear a ver entre sus entrepiernas a pesar de la ropa pudo darse cuenta.
-Dijiste que querías comer primero la cena y no los chocolates amorcito.- Le guiño la chica el ojo.- Y así será, no quieres cenar, no hay chocolates.
El joven rubio tomo la pierna de la joven, con la que impedía que se acerca a ella y lentamente llevo sus labios a la curva de sus pies besándoselo.
-¡No lo hagas mmm!.- Gimió la joven sintiendo el cosquilleo en sus pies, descubriendo puntos sensibles en ese lugar que no sabía que existían. La joven levanto su otra pierna llevando su otro pie al hombro de su novio.- ¡Estas castigado, no me mereces mmm!.- Decía la joven con voz entrecortada.
Sintió como su novio entonces la tomo de ambas piernas, enredándolas alrededor de su cintura, teniéndola a su disposición.
-Te tengo Makoto Kino.- Le sonrió el joven llevando sus manos a los muslos de la joven apretujándoselos. La joven sonrió y se sentó sobre la mesa llevando sus brazos al cuello de su amado para abrazarlo y besarle el lóbulo de la oreja.
-¡Siempre me has tenido!.- Le susurro la joven al oído sintiendo como la piel de su novio se erizaba.- Solo que no has sabido aprovechar el momento.
-¡Mako, mi Mako!.- Susurro el joven acercándose a los labios de su amada, besándola desenfrenadamente, mordiéndole los labios mientras la apretujaba del trasero sintiendo su suave piel.
-¡Si, si soy tuya tu Mako!.- Le respondió la joven metiendo las manos por debajo de la camisa, tocándole la espalda, haciendo que el joven gimiera de placer.-
-¡Mako oh Mako, me vas a matar de placer!.- Suspira el muchacho que con solo sentir las manos de su amada sobre su espalda sentía desfallecer.
-¿Te gusta?.- Susurro la joven cerca de su boca, sintiendo su aliento mezclarse con el de ella.-
-¡Me encantas, me fascinas, me vuelves loco!.- Le dijo para después besarla arrebatadoramente en los labios deslizando su lengua en la boca de ella. La joven fue subiendo la camisa de su novio, quería sentir su piel contra la de él.
Motoki se separo un poco de novia y se saco la camisa para después sentir los labios de su amada sobre su pecho y músculos, así como las manos delicadas de la joven sobre su pantalón.
-¡Quiero todo, todo!.- Decía la joven besando cada rincón del tórax y el pecho de su amado. El hombre la tomo de la cabellera haciendo que la chica se detuviera para levantarle el rostro y mirarla bañada en sudor.
-¿Quieres todo Mako?.- Le dijo mientras la miraba a los ojos con deseo.- Pues te daré todo preciosa.- Le dijo acercándose a sus labios besándola con pasión para después empujarla sobre la mesa, haciendo que la joven se recostara para acomodarse entre sus piernas.
La pelicastaña recostada sobre la mesa, se estremeció al sentir como su amado le lamia el cuello haciéndola estremecerse, mientras sus manos acariciaban ansiosamente sus muslos de mujer.
-¡Oh Motoki mmm!.- Gimió la joven.- ¡Ya no aguanto, cógeme, cógeme!.- Grito la joven con fuerza sintiéndose desfallecer.
El joven se detuvo un poco, si algo disfrutaba era ver el placer en el rostro de su amada y escucharla gritar su nombre. Llevo una de sus manos a la mejillas de la muchacha y le sonrió, mirándola sudada y sus cabellos castaños pegados a su cuerpo.
-¡No linda, primero te voy a comer!.- Le dijo tomándole uno de los senos redondos entre sus manos.- ¡No podría despreciar tan apetecible manjar!
-¡Oh dios!.- Gimió la joven cuando sintió los labios de su amado sobre sus senos, mordisqueando ansiosamente su cubre pezón.- ¡Eres deliciosa Mako!.- Le susurro para después pasar al otro seno y hacerle lo mismo, mientras con su mano le estrujaba el pezón antes cubierto por la ropa comestible.
-¡Mi amor, me quemas!.- Gemía la joven descontroladamente enredando sus dedos en el cabello rubio sintiendo como su amado devoraba su otro seno, mientras con una mano le estrujaba el otro.
-¡Me encantan tus senos Makoto Kino!.- Le hablo retorciéndole los pezones mientras levantaba su vista lamiéndose el sabor a chocolate que aun tenía en los labios.
La joven se irguió un poco llevando sus manos al rostro de el, rozándole primero los labios con los suyos para después besarlo ansiosamente.
-¡Necesito tu boca, bésame!.- Susurro la joven con los ojos entrecerrados mordisqueando los labios de su amado sintiendo como este le correspondía el beso.
Lentamente la joven ansiosa llevo sus manos hacia el pantalón de su novio bajándole el cierra para meterlas entre su ropa interior apretujándole el miembro erecto y endurecido.
-¡Esto me gusta, quiero sentir esto muy dentro!.- Susurro la joven, sintiendo una mordedura en sus labios que la había hecho sangrar.
-¡Perdón nena!.- Le susurro el joven rubio lamiéndola la herida en el labio saboreando su sangre.- ¿Te lastime?
-¡No!.- Susurro la joven bajándole los pantalones.
El joven rubio la volvió a recostar sobre la mesa, abriéndole las piernas para arrancarle con la boca las pantis comestibles, dejando después a la vista su monte de Venus a donde llevo sus dedos ansiosos, abriéndole los pliegues para saborear con su lengua la humedad de su amada.
-¡Oh mmm!.- Gemía la joven sintiendo un delicioso placer en su vientre, y como sus piernas se humedecían.- ¡Te quiero… te quiero dentro!.- Suplico la joven ansiosa. ¡Te quiero adentro… ya no aguanto!
Motoki se acerco de nuevo a los labios de su amada, contemplando sus mejillas sonrojadas, sus pupilas dilatadas, tomo su miembro y lo acerco a la intimidad de la joven haciendo fricción.
-No sé si te lo dicho antes.- Le susurro a la joven mientras la abrazaba fuertemente.- Pero te amo, te amo con locura Makoto.
-Y yo a ti.- Respondió la joven, sintiendo como su amado entraba lentamente dentro de ella, como tantas besas antes lo había deseado, besándole los labios una vez mas, enredando su lengua con la suya en un beso que parecía no tener fin.
-¡Te amo Motoki!.- Susurro jadeando la joven cuando se separaron un poco por la falta de aire, sintiendo como su amado entraba y salía dentro de ella, moviéndose con fuerza, llenándola de placer.
-¡Y yo a ti preciosa, te amo, te quiero en mi vida siempre!.- Le respondió el joven besándole el cuello tomándola de las piernas y apretujándole las caderas para hacer más profunda la penetración.
-¡Oh dios!.- Gimió la joven sintiendo como su amado la embestía con fuerza.
-¿Te estoy lastimando?.-
-¡Así me gusta, oh si!.- Respondió la joven entrecortadamente encajándole las uñas en la espalda, sintiendo como el momento culminante se acercaba.
Los músculos del vientre de la joven se contrajeron una y otra vez, haciéndola gritar al sentir el placer recorrer su cuerpo, registrando en su mente los roncos gemidos de su amado al llegar al clímax.
-¡Te amo Mako!.- Le susurro el joven tumbándose en el cuerpo de ella, abrazándola.- No quiero que pienses que es solo sexo, en verdad te amo linda.
-Lo se.- Susurro la joven abrazándolo, sintiendo el peso de él sobre su cuerpo.- Y soy feliz por ello. Gracias por amarme tanto. Nunca antes nadie me había amado, no de esta manera. En realidad siempre había creído que mi destino era morir sola.
-No lo digas Mako.- Levanto el joven su vista acariciándole una mejilla, mirando como los ojos de ella se humedecían.- Yo en verdad te amo, y aun nos falta mucho por vivir.
-Es que nunca he tenido suerte en el amor, siempre algo sale mal.- Dijo la joven.- Me fijo en el hombre equivocado, mi único ex novio…-
La joven no termino de hablar pues sintió un beso tierno sobre sus labios, apenas como un roce, una caricia.
-No es así mi Mako hermosa, yo te amo con locura.- Le dijo Motoki.- Muchas veces tenemos que tropezar con muchas piedras en el camino y me alegra que así haya sido para que hoy hayas llegado a mí. Moriría de celos viéndote con otro.
-Nunca me veras con otro, porque mi corazón es solo para ti Motoki Furuhata.
-Y el mío para ti, Makoto Kino.- Le susurro llevándole una mano en la entrepierna pellizcándole los muslos.- ¿Quieres repetirlo?.- Le pregunto mirándola con ternura y deseo.
-Si.- Susurro la joven en voz baja.- Pero ya no en el comedor, ahora en la cama.
Día siguiente por la tarde
La joven sacerdotisa de hermosos ojos amatista se encontraba en la cafetería ubicada justo en la esquina donde unos metros calle arriba se encontraba el Templo, su viejo hogar. Llevaba un lindo vestido color gris de mangas que llegaban hasta su ante brazo, ceñido al cuerpo que terminaba justo un poco más arriba de sus rodillas, llevaba un lazo color azul atado en su cintura, con zapatillas del mismo color y un gran bolso color negro con detalles en mental, su cabello caía por sobre sus hombros lo llevaba ondulado. Había terminado su segundo café cuando bufó impaciente, habían quedado en encontrarse en el lugar hacía ya media hora, es cierto que la joven llegó temprano, pero odiaba esperar, ¿no era esa la historia de su vida? Esperar por él. Descendió la mirada lentamente hacia la puerta de vidrio que auspiciaba de entrada, y ahí lo vio parado con su típica pose, una mano en su bolsillo, llevaba pantalones de vestir color negro, una camisa color celeste que resaltaba sus imponentes ojos azules, su cabello azabache estaba peinado prolijamente, en una de sus manos el portafolio negro sonde podía verse que de él salía la bata blanca que utilizaba en el hospital.
El joven le sonrió tiernamente, había estado observándola los últimos 10 minutos, sin lugar a dudas esa mujer siempre fue hermosa, pero los años hicieron un excelente trabajo con su anatomía, sus curvas eran perfectas, su hermoso rostro, más maduro, la hacía ver una mujer sumamente interesante, su boca en forma de corazón con ese color rojizo que la caracterizaba, comenzó a caminar acercándose a la chica.
-¿Te hice esperar mucho?- le preguntó con voz suave, procurando que si este era un sueño no despertar de él, la hermosa muchacha lo miró con algo de indiferencia en su mirada, así era Rei Hino puesto que si las cosas no eran como ella quería tendía a enojarse y más aún habiéndola hecho esperar, pero era parte de su encanto, encanto que no pasaba desapercibido por nadie, mucho menos por él.
-Darien, ¿qué no sabes que es de la mala educación hacer esperar a alguien?- interrogó con voz dura pero en tono bajo.-más aún cuando tu eres el que cita a la gente.-
El muchacho tomó asiento frente a ella, trató de posar una de sus manos sobre la delicada mano de la chica que reposaba sobre la mesa, pero ésta la quitó rápidamente al notar la intención del chico, dejándola sobre su regazo, este gesto no pasó desapercibido por el joven mostrando la decepción en su mirada.
-Bien, ¿de qué querías hablar?- interrogó directa clavando sus hermosos ojos amatistas en él haciéndolo estremecer, así era Rei, directa, siempre iba al punto y él sin embargo se caracterizaba por hablar en espiral, siempre admiró aquello de la sacerdotisa.
-Mira, es algo que tenemos… que tengo- se corrigió.- pendiente contigo- el joven médico comenzaba a balbucear, la muchacha sabía que Darien no se caracterizaba por hablar abiertamente de lo que le ocurría internamente, ¿Cómo no saberlo? Si ella conocía todo de él.
-Darien- lo interrumpió.-habla- su cara no mostraba emoción alguna, ella conocía aquello y sabia sacar ventaja, sin embargo sus ojos eran puertas a su alma y conocía perfectamente esa debilidad.
-Rei, esto es difícil para mi, es por eso que me cuesta hablar- comenzó- Mira yo comprendo nuestro pasado y lo respeto, el pasado más pasado el del Milenio- se explicó rápidamente mientras ella solo asentía.-Y sé que estoy casado, pero lo que trato de decir es que planeo divorciarme una vez que el bebe nazca- completó dejando a la pelinegra en jaque, por primera vez no sabía que decir, los segundos pasaban y ninguno de los dos hablaba y el momento se torno incomodo.
-¿Por qué me dices esto a mí?- preguntó con molestia.
-Porque una de mis razones para romper mi matrimonio es que yo nunca dejé de amarte Rei- ante la confesión la muchacha agachó la mirada y se removió en su asiento incomoda, molesta.- Yo nunca debí separarme de ti y mucho menos casarme con Serena…- el muchacho se vio interrumpido por el gesto de la mano de la muchacha frente a él que le pedía que se detuviera.
-Darien, ¿sabes? Jamás tuviste las agallas para luchar por mí, ¿por qué insistes ahora? ¿Por qué te empeñas en intentar contentarme con lo que dices? No me hace gracia.- descreída la muchacha.
-Porque te amo y sé que sientes lo mismo-
-Nunca más te atrevas a dar cosas por sentadas de mí- advirtió con voz segura.-No me interesa entrar en tu juego-
-¿Juego? Yo no estoy jugando, ya hablé esto con Serena- la mujer lo miró con extrañeza ¿podía ser que Darien había confesado lo que sentía por ella?-Hablé del tema del divorcio – dijo al fin haciéndola exhalar sintiéndose estúpida, él no había hablado de ella, no es que lo esperara, pero el hecho que él aun ocultara sus sentimientos le dolía.-Y solo quería comunicártelo, quiero pedirte….- hizo una pausa dubitativo no estaba seguro en cómo decir lo que quería sin sonar a suplica.- Quiero pedirte una oportunidad, dame una oportunidad…- soltó al fin.
-Así de fácil es para ti- comenzó a hablar en tono serio sorprendiendo al joven notoriamente.- Cuando tu decidiste casarte yo me hice a un lado y no interferí en tu felicidad, jamás interferí en tu vida, pero ahora que piensas separarte poco te importa mi condición, poco te importa que este en pareja que haya rehecho mi vida y vienes a imponer tu decisión sobre mi- dijo la chica con furia acumulada, si bien ella y Tyler ya no estaban juntos, el muchacho frente a ella desconocía aquello y eso fue lo que más le lastimo. El pelinegro no salía de su asombro, era cierto su actitud dicha de la forma que lo hizo la sacerdotisa era sumamente egoísta.
-Rei yo te respeto, pero no me pidas que renuncie a ti-
-Darien renunciaste a mi hace muchos años… demasiados- ambos se quedaron contemplando con amor en sus ojos, él siempre sería el gran amor de su vida, pero a diferencia del médico, ella sabía cuando ponerle punto final a las cosas, él, por su lado tenía en frente a la única mujer capaz de quitarle el aliento, la que lograba dar un vuelco en su corazón ponerlo nervioso y cuestionar cada momento que no pasaba a su lado.
-Darien- volvió a hablar la chica con dolor en su voz.
-Dime- su voz sonó lastimosa, sabía que lo que Rei le diría no le iba a gustar, porque así de bien se conocían.
-Tú no sabes lo que es amar- dijo moviendo su cabeza a sus lados lentamente descolocando al muchacho- Yo en cambio, se lo que es sentir amor, pasión por alguien y luego probar la desilusión-
-Rei- la llamó sintiendo como su garganta se cerraba a causa de la angustia, no toleraría que la joven lo rechace otra vez.-Por favor… dame una oportunidad para demostrarte que mis intenciones son sinceras-
-Mucha agua pasó por debajo del puente, la dejamos fluir demasiado- hablaba con semblante serio, aunque sus bellos ojos amatistas reflejaban dolor.-Resuelve tu vida sin esperar que yo esté ahí para levantarte, porque esa no es la solución.- terminó de hablar y se puso de pie sin darle al chico tiempo de nada, tiró unos billetes sobre la mesa y salió del lugar, Darien se levantó casi al instante para ir tras ella, otra vez ir tras ella, como siempre tras ella.
La hermosa pelinegra caminaba rápidamente calle abajo tratando de encontrar un taxi lo más rápido posible, sentía como las lágrimas quemaban sus ojos y no se permitía llorar en público, ante nadie. Oía al muchacho gritar su nombre tras ella, pero simplemente no podía voltear, no supo en qué preciso momento Darien la alcanzó tomándola firmemente por su delgado brazo y la volteo quedando sus rostros a escasos centímetros. El joven presionó el frágil cuerpo de la mujer contra su pecho sintiendo su corazón latir rápidamente, sus alientos se mezclaban embriagándolos, la pelinegra sentía como todo su cuerpo temblaba, el cálido aliento del muchacho la derretía, Darien enredó una de sus manos en el negro cabello de Rei acortando la distancia entre sus bocas y depositó un tierno beso sobre los rojizos labios de la sacerdotisa mordiendo un poco la hermosa boca de la chica, un beso lleno de necesidad, de añoranza y sobre todo de amor, la pelinegra colocó ambas manos sobre el fuerte y marcado pecho del joven separándolo un poco para clavar sus ojos en los de él.
-Te amo Rei- susurró
-Entonces déjame ir- dijo con seguridad, el joven comprendió que no era bueno forzar las cosas que todo debía fluir por lo que aflojó su agarre viendo a la única mujer que realmente amaría alejarse.
Departamento de Motoki
La oscuridad cubría todo el lugar haciendo a sus pupilas dilatarse, el silencio reinaba, podía escuchar el bombeo de su corazón acelerado, el viento caliente golpeaba su rostro dejando grietas en su piel, comenzó a dar unos pasos con extremo cuidado, la oscuridad siempre la asustó desde pequeña y aunque ya era una mujer adulta el mismo sentimiento paralizante la invadía.
-¿Dónde estoy?- habló la joven pelicastaña de hermosos ojos verdes como esmeraldas podía oír pasos detrás, pero no podía ver.-¿Quién anda ahí?- gritó fúrica para apaciguar el miedo de alguna manera. Nuevamente no se oía más que silencio, quietud, demasiada quietud.
Poco a poco entre la oscuridad comenzó a verse un destello de luz, una pequeña llama alumbraba el sitio donde ella permanecía de pie.
-Bienvenida Princesa- habló una voz potente, maligna que retumbaba por todo el lugar como si el sonido se acoplara.
-¿Quién eres?- interrogó calmada pero con voz fuerte.
-Veo que recuerdas menos de lo que imaginaba Júpiter- dijo la voz con altanería.
-¿Phoenix?- interrogó asustada, al instante todos sus músculos se tensaron y se puso en posición de guardia. Escuchó una risa estrepitosa haciendo que la pelicastaña retroceda solo dos pasos.
-Siempre tan prepotente, no cambiaste nada- se burló la voz.
-Deja de hablar como si me conocieras y muéstrate cobarde- exigió la Sailor del planeta verde.
-Yo ya me mostré, he estado frente a ti miles de veces, pero no pudiste ver más allá… nunca pudiste ver mas allá de tu propia nariz- rio divertida la criatura.
-¿Qué pretendes?- los nervios se apoderaban de la joven, primer error y lo sabía.
-¿No es obvio? Dominarlo todo- respondió con voz cínica.
-Maldita seas muéstrate- grito con todas fuerzas mientras las lagrimas hacían presencia en sus ojos.
-Me das pena, no sabes reconocer un sueño de la realidad, que poco ha quedado en ti de la legendaria Líder de las Senshis por eso tu espada no te reconoce-acusó la criatura.
-Yo no soy líder- negó con su cabeza sin dejar de perder de vista la llama, sus palabras no hacían más que confundirla haciéndola sentir insegura, seguía hablando con un espectro no lograba identificar donde se encontraba Phoenix.
-¡Ja! – soltó una carcajada-Me confirmas que no recuerdas nada y además que te han ocultado todo muy bien- la pelicastaña escuchaba las frases de Phoenix pero no podía comprender, no entendía a lo que ella se refería.-Te he visto con el joven mortal, lindo…- comentó la gran amenaza haciendo que Makoto se enfurezca aun mas.
-Ni si quiera te atrevas a acercarte a él- le advirtió amenazante.
-No me interesa él, es solo que me sorprende siempre estuviste maldita, condenada a morir sola y sin embargo en esta vida… - la criatura hizo una pausa de unos segundos que a Makoto le pareció eterna.- Bien por ti Júpiter- finalizó en tono frío.
-¡Ya cállate, y dime quien eres!- se oyó nuevamente una risa sarcástica, la pelicastaña apretó sus puños con fuerza, no dejaba de mirar directamente a la llama delante de ella que parecía bailar al ritmo de la voz de aquel enigmático enemigo.
-Sin duda careces del don de Mars, nunca fuiste muy perceptiva, en cambio ella sí, aunque de nada le sirvió- se burló nuevamente.- Mars, tan hermosa, tan débil, tan poca cosa…-
-Me estas colmando la paciencia maldita, dime ¿Quién demonios eres?-gritó con toda sus fuerzas.
-Tú lo sabes, tú Princesa de Júpiter legendaria hija del Rey de Júpiter el Gran Thor, hija de la amada Reina Anat…soberana suprema de…-
Makoto abrió sus ojos sobresalta, sudando frío, sentía que su corazón iba a salirse de su pecho estaba aterrada, miró a su alrededor lentamente tratando de reconocer el lugar, estaba en el cuarto de Motoki sana y salva, giró su cabeza lentamente para encontrar al joven rubio profundamente dormido.
-¿Qué significo eso?- preguntó para sí agitada.- Thor… Anat-
N/A: Nueva entrega muchachitos, debo decir que Made superó el RATED M con su lemon jajajaja LOCA!
Disfruten… REVIEW! Ah Made anda floja de notas porque su lap top anda algo mal pobrecita!
Nick Rivers
