Amor y Sabiduría

"El amor es la sabia razón de la existencia"

Departamento de Makoto y Rei 00 hs.

El silencio reinó por minutos que se hicieron eternos, poco a poco el agarre de la sailor del trueno fue destensando, la pelinegra solo se alejó de ella arrastrándose por el suelo hasta que su espalda se topó con la alta de cama de madera de roble. Ninguna se miraba, aún estaban aturdidas, sentían la electricidad recorrerle sus cuerpos junto al calor inconfundible de la combustión que genera el fuego. ¿Quién se atrevería a romper aquél silencio? Ellas no podían articular palabra alguna, fuera de la casa como la tormenta eléctrica llegó, desapareció dejando un cielo cubierto por un manto de estrellas, curiosamente el planeta rojo brillaba más que nunca esa noche ofreciendo un espectáculo único para todo aquel que pudiera apreciarlo.

Con lentitud Makoto se puso de pie y clavó sus urbes verdes en su amiga, pronto encontró sus ojos amatistas, no necesitaban hablar, la conexión entre ellas era tan fuerte que las palabras sobraban, estaban confundidas, aturdidas, asustadas y sobretodo extasiadas de un poder que jamás habían experimentado.

-Ella…- balbució la pelicastaña en lo que parecía ser una oración coherente. –Estuvo aquí…- finalizó temblando, por un instante sintió el poder de esa criatura y jamás nada la había asustado ni paralizado más, era algo increíble.

-Mako… ¿estás bien?- la pelinegra estaba preocupada por su amiga, no podía dejar de pensar en cómo se arriesgó por ella y su corazón se sentía profundamente agradecido. La aludida solo asintió y la miro con lágrimas en los ojos.

-Tuve miedo que algo te pasara- dijo al fin arrodillándose junto a su amiga, hundiéndose en un abrazo que duró varios minutos, ninguna se atrevía a romperlo, la una temía por la otra con un sentimiento que no lograban comprender aún, se separaron con lentitud extrema.

-Estoy bien, Mako ¿qué fue eso?- Rei lo sabia pero no se atrevía a decirlo, más su amiga no pudo responder, era obvio que estaba más confundida que ella.

-Mis poderes- dijo al fin la pelicastaña. –Sentí a mis poderes en todo su esplendor, la electricidad recorriendo mi cuerpo, la fuerza…- relataba, calló abruptamente analizando cada una de las sensaciones que sintió antes, algunas conocidas, otras…. Nuevas.

-Yo también lo sentí Makoto- rompió su trance la voz quebrada de la sacerdotisa.- Sentí la electricidad que me recorría, me sentí fuerte, pero a la vez sentí…. Mi fuego, mi fuego de Marte ardiendo- hablaba con la mirada perdida.

-Rei- la llamó titubeante para lograr que sus amatistas se posaran en ella nuevamente. –Yo también lo sentí, el calor interno, la pasión desbordada, el espíritu aguerrido- explicaba.- ¿Qué fue eso?-

Ninguna comprendía qué les ocurría, era una experiencia totalmente nueva, parecida a la primera vez que se transformaron con sus plumas, cuando invocaron a su planeta natal, pero solo que diferente, ¿diferente cómo? No lo sabían, no aun.

-Fue como si nuestros poderes….- comenzó a hablar la pelicastaña.

-Fueran uno- terminó la frase la amatista con seguridad.

-Phoenix estuvo aquí Rei, estuvo contigo- soltó al fin Makoto reuniéndose de valentía, debían afrontarlo. -¿No es la primera vez verdad?- se atrevió a preguntar.

La pelinegra solo negó con su cabeza mientras lágrimas se formaban en su rostro, la suave mano de su amiga limpio las resbaladizas gotas de agua salada que insistían en caer sobre la piel blanca de la pelinegra.

-Ya me había hablado antes….- dijo sorprendiendo a la ojiverde, sin embargo trató de controlar su gesto, no quería reprimirla. –Cuando Tyler se marchó la última vez, escuché una voz que me hablaba, me decía que la deje entrar Mako- recordó con pesar aquél momento en que se sentía desfallecer del dolor.

Déjame entrar

No puedes resistirte, tú eres fuego…. Yo soy fuego….

Baja la guardia, bájala y yo haré el resto….

Júpiter no resistió más y la atrajo hacia su cuerpo abrazándola, meciéndola, como su madre hacia cuando ella tenía miedo. No quería pasar por esto, maldecía a todos los dioses por hacer pasar a Rei por algo así, justamente a ella, la más fuerte de espíritu, si esta era una prueba definitivamente era muy cruel.

-Estarás bien, nada te pasara- le dijo de manera automática, como si esas palabras ya hubiesen sido dichas por ella y dirigidas hacia la misma persona.

-Mako, me calle por miedo, no sé qué hacer… fui a ver a mi abuelo y él…. Creo que lo asusté…- rompió en llanto, era sabido que su abuelo era lo más importante que ella tenía, y no podía entender cómo ni cuándo se alejó tanto de él, de esa conexión espiritual que sobrevivía a la distancia.

-No te preocupes encontraremos que hacer… no estás sola- le dijo mirándola a los ojos con decisión como si intentara auto convencerse diciendo aquello. –Las dos encontraremos una solución- finalizó.

-¿No le dirás a Luna?- interrogó temerosa.

-No lo sé- dudó unos segundos entrecerrando sus ojos esquivando su mirada, su semblante se puso serio, como molesto. –Le hablé de mis sueños y los menosprecio, no sé que le ocurre, pero siento que no podemos compartir todo.- finalizó, volvió a posar su vista en su amiga y prosiguió. –Además encontraremos una solución todos juntos, sin necesidad de comentar este detalle, tal vez el hecho de nuestros poderes, pero no de la manera que sucedió-

La pelinegra asintió temerosa y quedó pensativa unos instantes.

-¿Qué pasa Rei?- la pelinegra estaba inquieta, con ese gesto al que Mako le temía tanto, ese semblante de confusión que no era común en Rei.

-No he tenido premoniciones. – dijo al fin. - no he tenido presentimientos, me cuesta leer el aura de la gente, siento que…. Mi equilibrio se perdió, lo perdí Mako y no entiendo cuando perdí el camino.- la sacerdotisa sufría, era obvio que ella sufría, pero no había nada que pudiera hacer para calmar aquello. –Necesito a Tyler- soltó con un sollozo, el corazón de Makoto se encogió, si ella pasara por lo que Rei no toleraría tener a Andrew lejos, le sería imposible, la abrazó una vez más dejándola desahogarse.

-No va a vencernos- dijo con seguridad la amatista ahogando su llanto. –No lo hará.-

Milenio de Plata, tiempo después de la invasión

El manto enrarecido del firmamento se extendía hasta ningún punto visible, la tinieblas cubrían el vasto lugar donde antes flores y vegetación variada cubría el suelo proporcionando el mejor paisaje, el aire denso y caliente quemaba la blanca piel que ahora sangraba, sus ojos azules brillantes y hermosos cual zafiros, ahora rojos a causa de las lagrimas y el polvo de las ruinas que insistía en colarse en su visión. Llevó su brazo aún sano, hacia el otro que yacía junto a su cuerpo presionándolo, en qué momento se había quebrado no lo sabía, pero no dolía ya no. Su traje de Eternal sailor estaba despedazado, la fina tela azulada colgaba en una punta de unos cuantos hilos, la herida junto a ella bañaba de color carmesí sus largas y blancas piernas.

Rechinó sus dientes a causa de la impotencia, estaba sola, todos los soldados habían caído, era la única de pie en el campo de batalla frente a esas dos figuras que parecían humanas, más no lo eran, sabía que no lo eran. Tomó malas decisiones, todos estarían desilusionados de ella, desvió su vista un instante hacia su derecha donde el cuerpo del General del Sur yacía, a unos metros de él estaba su cabeza, con sus ojos fríos aun abiertos enfocados en ella con la misma expresión de pánico que segundos antes había recibido a la muerte.

Solo podía pensar en él, una y otra vez.

-Zoicite- escapó de sus finos labios, la imagen del hombre la golpeaba una y otra vez, no había podido despedirse y ahora era tarde, todo acabaría para la hermosa princesa de la sabiduría, cuanto anhelaba tener solo unos segundos más para poder decir todo lo que callo, todo lo que creyó que diría luego porque el tiempo era lo que sobraba.

Recordó aquella tarde en los jardines del castillo, bajo el gran árbol donde el columpio hecho de soga y adornado con pequeñas flores colgaba, su lugar preferido, donde se conocieron, donde confesaron sus sentimientos, donde él le robó aquél primer beso, el primero de muchos, con toda la ternura y pasión que su ser le permitía experimentar, donde él le propuso matrimonio, violando así las reglas del Rey, no acudiendo a él antes, sin embargo no importó cuando ella dijo "sí", aquél lugar donde se encontraron la noche que ella se entregó a él de la manera más plena, donde se juraron amor eterno.

Vio como las dos figuras ante ella se retorcían divertidas, cuerpos de mujer, ojos rojos como la misma sangre, inyectados de odio y una sonrisa socarrona adornando sus bellos rostros, no podía evitar pensar que en algún momento fueron como ella, mujeres de carne y hueso que vivían, respiraban, reían, lloraban y sobre todo padecían su existencia, por algo su espíritu fue débil dejando entrar a Phoenix en ellas corrompiéndolas y atándolas a una eternidad de sufrimiento y servicio sin causa aparente. Debía atacar el último ataque, con sus últimas fuerzas, pensó en sus amigas, en todos aquellos que como ella, estaban dispuestos a morir por defender la vida que tanto amaban.

-Ojala Júpiter, Mars, Venus lo logren- murmuró elevando una plegaria, alzó la única mano sana al cielo y con la poca fuerza de su cuerpo dio todo invocó su arpa, era hora - ¡Rapsodia acuática de Mercurio!- gritó fúrica, su mismo ataque hizo que el polvo se levantara, cegándola, fue certera estaba segura, más la densa cortina de tierra no dejaba ver cuánto, recordó entonces pequeños trozos de su entrenamiento realmente frente a esto no sirvió de nada. El polvo se disipó de a poco dejando frente a ella a ambas criaturas su ataque fue fácilmente esquivado, si bien la sorpresa la invadió no se lo comunicó a su rostro que seguía con el mismo semblante serio, el viento se hizo más fuerte raspando su rostro, ya quedaba poco para el final, era el fin y lo sabía.

Sus enemigos en rápidos movimientos llegaron hacia ella, sintió como una de las criaturas la tomaba por detrás, inmovilizándola, su aliento caliente cuál lava volcánica contra su nuca, la otra se coloco frente a ella propiciándole golpes certeros y tortuosos, cerró sus ojos, supo que estaba moviendo su cabeza, puesto que en la oscuridad veía destellos de luz, eso que ocurre cuando los orbitales se mueven aun cuando los parpados permanecen cerrados.

Sintió un gran dolor en su abdomen, y el ruido inconfundible a huesos rompiéndose, dos costillas, quizá tres, calambres se extendían a través de sus músculos cansados. Cuando al fin pudo entreabrir sus ojos se encontró con el rostro de la mujer frente a ella, mostraba sus dientes cual animal salvaje acechando a su presa.

-Vas a morir- las palabras escaparon de su boca con el mismo cinismo que alguna vez vio en la misma Phoenix, fue liberada de su agarre y con un rápido movimiento su enemigo, aún detrás, posó ambas manos en su cabeza, una sosteniendo el mentón y otra en la coronilla, el movimiento fue rápido y certero, rompió el cuello de la Sailor con la sencillez de partir una rama seca. El cuerpo inerte cayó al suelo, solo el viento movía sus cabellos, sin embargo el agua salada siguió cayendo de sus ojos por varios segundos más.

-Y así concluye la vida de la Princesa de Mercurio, heredera a la corona, única hija, respetada soberana y buena amiga- se burló una de las criaturas para luego mirarse entre sí, cada vez faltaba menos.

Época actual, cafetería "The tea house" cinco días después

Makoto se encontraba sentada en la mesa más alejada de una cafetería, donde un gran biombo cubría la mesa donde se encontraba. Después de haber terminado de grabar su programa de cocina, en vez de ir a su restaurante, había acudido a una cafetería donde se había citado con su amor del pasado: Neflyte.

Miro el reloj una y otra vez, sentía que comenzaba a desesperarse, hasta que lo vio aparecer, vestido con un pantalón negro y camisa en color verde. Makoto pensó para sí misma que Neflyte era un hombre atractivo, ella creía en el amor verdadero y eterno, y no entendía porque al renacer en esta vida ella no se había sentido atraída por Neflyte y tampoco hubiera sentido nada al verlo. Por el contrario, algún tiempo se sintió confundida entre Zafiro y Motoki, aunque finamente su corazón había escogido al médico Furuhata.

-Hola Makoto.- Saludo Neflyte con una sonrisa, al mirar a la reencarnación de la princesa de Júpiter.- Te vez más guapa en persona que en televisión.

-¡Hola Nefly!.- Exclamo Makoto levantándose, saludándolo con un efusivo abrazo. Si bien aunque no sentía por él, lo que Motoki le hacía sentir, en el fondo guardaba un gran cariño por Neflyte.- ¿Cómo has estado?… ¿Cómo te ha ido en tu relación con Naru?… Me da gusto que hayas tenido tiempo de venir a Tokio.

-En realidad yo y Naru hemos estado pensando en regresar a Tokio, para vivir aquí. Ella extraña mucho a su madre.- Hablo Neflyte sentándose a la mesa.- Y pues, me va muy bien. En 6 meses voy a ser padre.

-¿Naru está embarazada?… ¡Muchas felicidades Neflyte!

-Bien… ¿Y a ti como te va Mako?… ¿Ya escogiste entre Black y Furuhata?

Makoto se sonrojo ante el comentario de Neflyte.

-Mi corazón pertenece a Motoki Furuhata.- Confeso ella.- Siempre lo he amado, desde el primer momento en que lo vi.

-Y me da gusto. En verdad mereces ser feliz…

Después de conversar sobre sus vidas, sobre trivialidades, Makoto miraba que el tiempo pasaba, hasta que finalmente te reunió de valor, para tocar el tema de Phoenix.

-Neflyte… Hay algo de lo que yo quiero hablar.- Titubeo Makoto.

-¿Es sobre Phoenix?… ¿Sobre el nuevo enemigo?

-¿Qué sabes sobre Phoenix?… ¿Tienes algún recuerdo del pasado?

Neflyte te quedo pensativo por uno momentos, como tratando de recordar algo. Si bien tenía vagos recuerdos de la época del milenio de plata, estos no eran muchos.

-Mira… Lo único que sé es que Phoenix posee el cuerpo de mujeres hermosas que han sufrido mucho y que a la hora de luchar, no es una sola, sino que luchan los espíritus de las mujeres que se ha llevado con ella.

-Es decir… ¿No es una sola persona?… ¿Phoenix es mas de una?.- Desconcertada Makoto y sintiendo como las manos le temblaban. Nunca antes había estado tan horrorizada frente a un enemigo.

-Phoenix es un solo enemigo.- Aclaro Neflyte.- Un enemigo poderoso, que se aprovecha como te he dicho de mujeres hermosas que han sufrido mucho… En muchas ocasiones se ha apoderado del espíritu de ya muchas mujeres, Phoenix es una sola, pero los espíritus de aquellas mujeres que murieron luchan a su lado.

Makoto abrió los ojos enormemente, imaginándose cosas que no quería ni pensar.

-Y en ese caso… Significa que si Phoenix está atacando es porque se ha apoderado ya del alma de una mujer hermosa, buena y que ha sufrido mucho por…- Makoto hizo una pausa y continuo hablando.- Que ha sufrido mucho por algo… ¿Cuál sería la solución en este caso para detener a Phoenix?

-Matarla.- Respondió mirando como Makoto lo miraba horrorizada.- Se que suena cruel… Pero siempre ha sido así, para eliminar a Phoenix y salvar a la humanidad siempre se ha tenido que acabar con la vida de la mujer que ha sido poseída.

-¡Pero no podemos!.- Titubeo Makoto.- La mujer que ha sido poseída por Phoenix no tiene la culpa de eso… No es culpable de su sufrimiento.

-Makoto, tranquila.- Hablo con serenidad Neflyte.- Pero es lo único que se puede hacer… Sacrificarla para evitar un mal mayor… No recuerdo mucho de nuestra vida pasada, pero de lo poco que aun tengo en la memoria, es que por su causa murieron muchos inocentes en la era del milenio de plata, por su causa cayeron en batalla algunas de las sailor senshi… porque al final, recuerdo que las ultimas que quedaban vivas eran Venus, Mars y tu.

-¿Qué no se supone que todos los que morimos caímos a manos de Metalia?…¡Ella era el enemigo, eso es lo que ha dicho Luna!

-Pues quizá ella tampoco recuerde bien del todo, y eso sinceramente me parece extraño.- Dijo Neflyte.- Pero más poderosa que Metalia y que cualquier otro enemigo lo era Phoenix.

Milenio de Plata años antes de la invasión

Dentro de una habitación de blancas paredes, adornadas con exquisitos ornamentos en forma de luna creciente y elegantes pisos de mármol. Sentadas en el lugar correspondiente que tenían cada una de las princesas del sistema solar, protectoras de la galaxia y de la princesa de la Luna, se encontraban discutiendo acaloradamente, mientras Luna miraba enérgicamente al equipo de sailor senshis.

-¡Esa es mi última palabra!.- Grito Luna haciendo que las jovencitas callaran.- ¡Venus será ungida como la líder de las sailor de los planetas interiores y Plutón como la líder de las sailor de los planetas exteriores y se callan, esa es mi última palabra!

-¡Me opongo y rechazo mi puesto como líder de las sailor senshis interiores!.- Exclamo la princesa de Venus levantándose del lugar que le correspondía.- ¡Son siempre los descendientes de Júpiter quienes han asumido el liderazgo y yo no me siento preparada para asumir ese rol. No dudo de las capacidades de la princesa Plutón, pero al menos yo no me siento preparada y no pondré en riesgo mi amistad con la Princesa de Júpiter!

Luna, que llevaba un báculo en mano, se acerco a la princesa de Venus, mirándola con desprecio, golpeándola en el rostro con el báculo, haciendo que un hilo de sangre corriera por el rostro de la princesa, que solo se limito a morderse los labios en un gesto de ira.

-¡Como te atreves Luna, no seas estúpida!.- Grito Júpiter furiosa, levantándose de su lugar, acercándose a Luna, la sacerdotisa del Reino de la Luna.- ¡Tú no eres nadie para golpear a ninguna de nosotras!

-¡Es por eso que te hemos quitado el titulo de líder!.- La miro con desprecio Luna.- ¡Debes de ser una vergüenza para tus padres!

-¿Vergüenza?… ¡Y tú no eres más que una gata rastrera de la Reina Serenity!

Luna sintió que ardió de rabia y levanto su mano dispuesta a golpear a la princesa de Júpiter en el rostro, pero esta con la fuerza característica de los jupiterianos, la tomo del agarre antes de que llegara a tocarla.

-¡No te atrevas Luna!.- Le grito soltándole la mano.

-¡Tu eres quien no se debería atrever a tocar a Luna!.- Espeto la princesa de Urano encarando a Júpiter.- ¡Eres una insolente que te rehúsas a servir a quien tienes servir, pero si te atreves a tocar a un miembro de la realeza Lunar tendrás que pasar por encima mío!… Sinceramente no Venus o cualquiera de las princesas interiores puedan siquiera ostentar el titulo de Líder… Solo son unas débiles.

-¿Y acaso estas tu preparada para ser una líder Princesa de Urano?.- Molesta Mars de ver como trataban a Venus y a Júpiter.- ¿Qué es lo que quieres?…¿Ser ungida como líder Urano?… Créeme que jamás te seguiría a ti como líder… Porque tu solo verías el liderazgo como algo de que vanagloriarte.

-¡No lo digas marciana!.- Salto una carcajada la princesa de Urano.- ¡No niegues que te regocijaste de gusto al saber que Júpiter era destituida, seguro tenias contemplado que eras tú a quien elegirían!

-Pues mejor líder que tu si seria.- Le espeto la princesa de Marte en la cara.- ¡Solamente que no seas tú, y si no estoy a favor de que Venus sea la líder no es porque dude de su capacidad, sino porque ella misma ha dicho no querer serlo!

-¡Urano, Marte, por favor dejen de pelear, no es la manera en que se resuelve un conflicto!.- Hablo Mercury, la princesa del hielo y la sabiduría.- ¡Lo mejor sería que el liderazgo se someta a votación, somos nosotras las princesas de nuestros planetas, las sailor senshi y somos nosotras quien por medio de voto deberíamos de elegir a nuestra líder y dejarnos de estúpidas tradiciones o de imponerle el cargo a alguien que no lo desea!

-Sabias palabras Mercury.- Respondió la seria princesa de Saturno.- Creo que sería la mejor manera.

-Además tener dos líderes me parece una estupidez, una verdadera pérdida de tiempo.- Dijo la princesa de Plutón.

-¿Quién se creen ustedes para refutar las decisiones de la soberana reina de la galaxia?.- Hablo Neptuno.- ¡Saturno, Plutón!… ¿Acaso ustedes están de parte de las inner!

-No es que estemos del lado de un bando.- Respondió la princesa de Saturno.- Solamente que somos nosotras a quien una líder debe dirigir, por lo tanto sería mejor si nosotros fuéramos quien decidiéramos.

-Bien Urano y Neptuno.- Hablo Luna mirándolas con agradecimiento.- Veo que son ustedes las únicas que son merecedoras de ostentar el titulo de princesas y sailor senshis… ¡Pero aquí la única palabra que vale es la de nuestra Reina Serenity y la de su futura soberana a quien deben respetar, la princesa Serena!

Dentro de la habitación, no se lograba llegar a un común acuerdo, por lo que se podía escuchar aun fuera, los gritos y discusiones provenientes de cada una de las princesas.

Época actual, Cafetería "The tea house"

Pasaron algunos minutos, entre los que ambos platicaban de uno y otro tema, hasta que Makoto entonces se armo de valor y pregunto otra de las cosas que le intrigaban sobre su pasado.

-Neflyte… En el pasado tu y yo… Éramos pareja.- Titubeo Makoto.- ¿Yo te amaba?… Es decir… ¿Nosotros nos amábamos?

Neflyte inhaló y exhalo aire, hasta que abrió la boca para contestar la pregunta de la pelicastaña.

-Si nos amábamos no lo recuerdo.- Dijo el.- Solo recuerdo que eras mi prometida… Eso es todo. Pero debo suponer que te amaba, por algo eras la mujer con la que iba a casarme.

Makoto se quedo pensativa por unos momentos, por lo que Neflyte dedujo que la joven, algo quería preguntar.

-¿Quieres preguntarme algo?

-Sí. Son dos cosas.- Dijo ella.- ¿Recuerdas algo de que yo haya tenido una maldición?… ¿Quiénes eran Thor y Anat?

-Sobre Thor y Anat, no recuerdo nada.- Le respondió Neflyte.- Y sobre que tu tuvieras alguna maldición. La verdad no recuerdo… ¿Pero porque habrías de tener una maldición.

Makoto se mordió el labio inferior y se limito a sonreír.

-Solo se me ocurrió pensarlo.-

Estudios ABC

Pensaba seriamente en mudarse al camarín, después de todo pasaba más tiempo allí que en su propia casa, las grabaciones para el video que realizaría junto a Seiya habían comenzado hacia algunas horas, en las cuales no tuvo que cruzarse con él. La verdad era que no quería verlo, no se sentía a gusto con él ni con nadie que no sea Makoto, había comenzado a cerrarse nuevamente, maldijo su suerte por regresar a Japón, tal vez lejos esto no hubiese pasado o tal vez sí, ya no lo sabía, después de todo nunca tuvo la certeza de nada, solo del amor que sentía por él. Volvió a posar su mirada en el dije que colgaba de una cadena entrelazada de oro blanco, la chispa de rubí, con un zafiro azul en medio le trajo los inevitables recuerdos de aquella noche.

Flash Back

-Tyler es en serio, no me gusta esto- repetía una y otra vez la bella mujer de largo cabello ébano, el hombre detrás de ella estaba tapando sus ojos lo que le daba gran inseguridad al caminar, después de todo esos zapatos de tacón no estaban hechos para eso.

-Deja de quejarte nena- la regañó con delicadeza. -¿Confías en mí?-

-Siempre- respondió sonriendo al tiempo que llevaba sus delicadas manos a los fuertes antebrazos de su novio, sí ya era su novio, desde hacía un año, 5 meses, 6 semanas y algunos días, no le avergonzaba admitir que contaba el tiempo que estaban juntos, después de todo era lo que más anhelaba.

Por su parte el fuerte y apuesto peliazul trataba de llevarla con delicadeza dejándose embriagar por el suave aroma a jazmines que el cabello de la bella mujer desprendía, al fin se detuvieron y él se acercó a su oído.

-Ya llegamos mi amor- susurró acariciando la blanca piel con su suave aliento. –Sorpresa Rei Hino- sus ojos fueron liberados de la oscuridad con extrema delicadeza, parpadeo un par de veces antes de centrar su mirada en la edificación frente a ella.

-¿Un Templo Sintoísta?- soltó confundida.

-Sí-

-¿Lo compraste?- bromeó no entendiendo lo que su novio se traía entre manos, mientras levantaba una ceja divertida, lo que hizo reír ruidosamente a su acompañante que se colocó junto a ella.

-No, pero creí que este era el lugar correcto para hacer lo que quiero hacer.-

La pelinegra se sentía cada vez más perdida, realmente no entendía a donde se dirigía todo esto, con su Fénix todo era posible.

-¿Planeas convertirte?- fue lo primero que se le vino a la mente él solo sonrió parándose frente a ella.

-Si es necesario sí- habló con seriedad mientras clavaba sus hermosos ojos azules en ella.

-Tyler…- intentó hablar pero fue silenciada por un delicado beso en su boca.

-Rei, desde el día que te conocí, que te vi en esa pasarela – se corrigió.- supe que tú eras la indicada, tu eres todo en mi vida y no me avergüenzo de decirlo todos los días y agradecerle a lo que sea que haya arriba.- dijo señalando con su dedo índice al firmamento. – por ponerte en mi camino.

-Tyler- balbució sonrojada.

-Lo que trato de decirte, mira no soy de los que tienen una gran boda, no me gustan ese tipo de formalidades, pero yo mi amor- dijo tomando su blanca y pequeña mano y colocándola sobre su fuerte pecho, donde se sentía a su corazón golpeando contra él descontroladamente. –Yo puedo prometerte lealtad, fidelidad eterna, mi amor por ti jamás morirá y quiero, necesito tenerte conmigo.-

-Te amo- soltó la pelinegra von total ternura.

-Rei es que quiero pasar el resto de mi vida a tu lado, y quise traerte aquí porque sé que este lugar es importante para ti, más allá de todo y jamás faltaría el respeto a esa creencia.- hablaba con una seriedad particular en su voz, esa que solo utilizaba para referirse a lo que verdaderamente importa y a la vez con una ternura poco vista en el mismo Tyler Black.

Las lagrimas se amotinaron en los ojos amatistas, y comenzaron a caer cuando la gran sonrisa en el rostro de la bella mujer se mostro en su esplendor.

-Yo también quiero pasar el resto de mi vida contigo- y así de fácil lo dijo.

Unieron sus labios con suavidad, para luego ejercer un poco de más presión, Tyler posó su mano en la delgada cintura de la sacerdotisa aproximándolo a él mientras que con su mano libre peinaba hacia atrás los mechones negros que caían sobre ese bello rostro. La lengua masculina rozó a penas esos labios rojizos que tanto amaba y estos se abrieron permitiéndole la entrada a la gloria, intensificando el beso, apenas se separaron para tomar aire el peliazul sacó del bolsillo de su chaqueta un estuche algo grande para contener un anillo y se lo entregó a la chica, sin alejarse demasiado. La pelinegra lo abrió con entusiasmo y allí descansando sobre el terciopelo blanco se encontraba el collar de oro blanco, con el colgante más maravilloso, un rubí con bordes irregulares con un corazón de zafiro azul, subió el rostro sin borrar esa sonrisa que tanto lo había enamorado.

-No somos comunes, jamás podría darte algo común- se explicó. –Otra cosa… feliz cumpleaños Rei Hino, mi amor, mi todo….-

Fin del Flash Back

Las lágrimas caían por su rostro amenazando con arruinar el maquillaje que había llevado horas, intentó calmarse y secar las gotas de agua salada con extremo cuidado, peinó su largo cabello por tercera vez y se dispuso a vestirse para la última toma del día, sería una sencilla al parecer solo debía permanecer sentada en un sillón con algún gesto que luego le indicarían, se puso unos pantalones color azul marino bastantes ajustados, y una blusa de mangas largas holgada blanca, unas botas de piel en marrón y su cabello suelto. Salió de su vestuario y se perfiló para el estudio, tenía aún la mirada perdida y eso no la previno de estrellarse directamente contra alguien, cayendo hacia atrás, pero unos fuertes brazos evitaron la caída.

-Disculpe yo…- la pelinegra comenzó a disculparse, pero solo consiguió que un hilo de voz saliera de su garganta, alzó su mirada para encontrarse con esos ojos azules que la hicieron perderse un instante.

-¿Estás bien Rei?- preguntó con tono suave, nunca la había tenido tan cerca de él, aun tenía sus brazos tomando su pequeña cintura y esa mirada amatista clavada en sus ojos.

Casa de Serena y Darien

Serena bajo las escaleras de su casa, y al llegar a la sala miro a su marido durmiendo en uno de los sofá de la sala. Sabía que en media hora Darien tenía que ir de regreso al hospital, puesto que ese día se quedaría a hacer guardia, pues cada una vez al mes, le tocaba hacerlo.

Se acerco lentamente al sillón y se sentó en el borde de este, mirando dormir a Darien. Recordaba como cuando era una adolescente, muchas veces soñó con casarse con Darien, creería que con el matrimonio llegaría a completar la felicidad soñada y que de esa manera sentiría a Darien seguro para siempre, sin el latente temor de que alguien le fuera a arrebatar su amor.

Llevo una de sus blancas y delicadas al rostro de su marido, acariciando sus mejillas, se agacho un poco, acercando su rostro al de Darien, estaba a punto de besarlo, cuando miro que el joven medico abrió sus ojos, encontrándose con los ojos de ella.

-¿Qué hora es?- Rompió el silencio Darien, empujando suavemente a su esposa para sentarse.

-Aun falta media hora para que tengas que estar en el hospital Darien.- Sonrió Serena.

Darien hizo una mueca de desagrado y se levanto para después tomar la bata blanca que se encontraba en uno de los sillones.

-Debo irme Serena.- Dijo el.- Ya es tarde.

-Falta media hora… Además, en 15 minutos estarías en el hospital no esta tan lejos.- Dijo Serena.- ¿No sabes que día es hoy?… Hoy se celebra un mes más de nuestro matrimonio.

-Serena, ya tenemos cuatro años de casados.- Respondió Darien.-

-Cuatro años con 3 meses hasta el día de hoy.- Dijo Serena.- ¿No podrías no ir a trabajar y quedarte conmigo?… Podrías pedirle a Motoki que te cambie el día y cubrirlo cuando a él le toque.

-Serena, soy médico.- Dijo Darien.- Me tomo mi profesión en serio. No puedo estar cambiando guardias y turnos a mi antojo.

-Pero cuando Motoki te ha pedido que le hagas un cambio siempre lo aceptas… ¿Acaso el no puede hacer algo por ti?

-Cuando le he hecho un cambio de turno a Motoki es porque en verdad él ha tenido algo importante que hacer ese día.

Darien se acerco a Serena y le dio un beso casto en la frente, para después salir del departamento y dejar a su esposa, con aquel sentimiento de inmenso vacío en su corazón. Aquel sentimiento que pensó que llenaría cuando se casara con Darien, comprando que no fue así, aquel que pensó se llenaría cuando tuviera un hijo de él, y ahora que estaba embarazada, lejos de sentir más cerca a su marido lo sentía mas distante.

-Seiya.- Balbuceo con lagrimas que amenazaban de salir de sus ojos, recordando como antaño ya lo había rechazado por su amor por Darien. Fue entonces que se pregunto que hubiera sido si en vez de escoger a Darien, hubiera escogido a Seiya.

Estudios ABC

-Seiya- murmuró, algo en ella se alertó debía soltarse, sin embargo su cuerpo no respondió, algo en la calidez que emanaba el pelinegro la hacía sentirse extrañamente reconfortada.

-¿Te lastimaste?- insistió él sin separarse, no sabía por qué, no entendía pero el tenerla tan cerca despertaba una sensación en su pecho de posesión, jamás había tenido esa perspectiva de ella, tan cerca sintiendo su cálido aliento contra su piel, sin embargo algo resultaba familiar.

-Sí, gracias- dijo al fin ella, separándose de él y librándose de su agarre. –Debo ir al piso.- se limitó a informar y comenzó a caminar.

-Lo sé, yo también grabaremos juntos- ambos se dirigieron al lugar, la pelinegra evitó la mirada del menor de los Kou en todo momento, hacía días que no se sentía ella misma y cada detalle la alteraba.

El director les indicó sus posiciones, ella debía estar sentada junto a Seiya mientras él cantaba, debía abrazarlo y acercarse a él como si fuera a besarlo, la toma se realizo varias veces por cuestiones técnicas, pero en repetidas ocasiones el director señaló que Rei debía verse como una mujer enamorada, como si realmente deseara a ese hombre y simplemente su gesto era sobreactuado.

-Lo lamento- se disculpó por cuarta vez, el director pidió que se tomen un momento y luego lo intentarían por última vez, intentó calmarse se sentía alterada, frustrada, ¿qué era lo complicado del asunto? Muchas veces trabajó con otras personas y simplemente en ese momento no estaba ahí, su mente estaba nublada.

-Oye Rei- sintió que el pelinegro la llamaba, ella solo lo miró de reojo. –Debes estar cansada lo entiendo, has tenido un viaje interesante, luego llegas y te encuentras con más trabajo, además de ciertas cosas que pasaron.- esto último lo dijo entre dientes intentado no darle tanta importancia. -Pero tranquilízate, no me gusta verte tan seria, te prefiero cuando me gritas- comenzó a entablar la charla con una sonrisa de lado al tiempo que la sacerdotisa volteaba a verlo con esas urbes amatistas que a cualquiera lo dejaría sin aliento.

-Mira cuando yo no puedo concentrarme recurro a momentos o personas en mi cabeza, solo piensa en alguien que realmente quieras besar- soltó un consejo sabio, pero que sabía que de alguna manera le dolía, puesto que no pensaba que sería tan repulsivo para la hermosa amatista.

-¿Y en quién piensas tu?- soltó de repente tomándolo por sorpresa, se removió incomodo en el asiento y luego aclaró la garganta.

-En nadie en especial- respondió mirándola a los ojos. –Si la chica de turno con la que tengo que grabar me gusta o al menos me atrae no necesito nada más.- explicó. Se quedaron en silencio luego de aquél comentario y fue cuando él pudo darse cuenta de que tan vacio sonó aquello, sin embargo era su elección, no podía permitir hundirse nuevamente en ese sentimiento que de maravilloso no tuvo nada, la observó por el rabillo del ojo, ella se veía agotada, estaba pálida y los círculos negros bajo sus ojos aunque maquillada, a tan corta distancia no podían ser disimulados, extendió suavemente su mano para tocar la mejilla de la pelinegra que al instante se sobresaltó, sin embargo no se alejó.

-¿Estás enferma Rei?- preocupado el cantante, su semblante cambió y se puso serio. –No parece que tengas fiebre- se puso delante de ella y clavó su mirada con mayor autoridad. –No estás comiendo bien ¿verdad?, no puedes descuidarte así, hablaré con Makoto, te podría pasar algo- y así el pelinegro siguió hablando, ella ya no lo oía, solo podía pensar que hacía tiempo nadie se interesaba así en ella, y ese sentimiento la hizo pensar nuevamente en Tyler.

La pelinegra solo lo observó en silencio, iba a responder pero el director y los asistentes llegaron y se dispusieron a intentar conseguir la última toma del día. Se colocaron en sus lugares, las luces estaban listas, la pista de música sonando y oyeron la orden de "ACCIÓN", esta vez la toma salía a la perfección, Rei se veía más distendida, enamorada y extremadamente sensual, pero lo mejor era que Seiya respondía aún mejor, como si esos ojos lo hubiesen embrujado, como si esa boca fuera agua fresca en medio del desierto, sin duda la mejor.

Calles de Tokio, días después

Los observaba minuciosamente, hacía varios días que lo hacía, siguiendo a cada uno de ellos, pero jamás se percataron de su presencia, no podía creer que estas personas fueron alguna vez las encargadas de proteger el imperio Lunar, ninguno estaba preparado para hacerlo. Había logrado hasta hacer un itinerario con los horarios de cada uno, qué es lo que hacían, a donde iban, con quién se frecuentaban, a la hora que iban a la cama si lo hacían solos o no, que les gustaba, que no. Y creyó que iba a ser agotador, pero resultó más fácil de lo planeado, aún así los veía muy ciegos, nadie notaba los verdaderos cambios entre ellos. El hecho de que la pequeña dama no naciera aún, estando su Princesa embarazada parecía no afectarles, no podía entender cómo no tenían preguntas con todo lo ocurrido, pero por otro lado recordó las sabias palabras que alguna vez alguien le dijo "todo en el vida llega" y sí, ya llegaría el momento que esa venda que cubría sus ojos se cayera y demostrara al fin la catástrofe que se aproximaba.

Volvió a posar su mirada en él, parecía tan agotado, sabía que cuanto más pensaba las cosas más se agotaba y eso era lo que ocurría, el futuro príncipe de la Tierra estaba agitado, algo le molestaba, pero no venía al caso qué. Dirigió entonces su mirada a su acompañante, la rubia de coletas, con un vientre aunque pequeño, ya notorio, esa debía ser la Princesa de la Luna, parecía distraída, ni siquiera había notado que algo afectaba a su esposo. Bufó por lo bajo.

Recorrió con la mirada hacia un costado, ahí estaban Luna y Artemis, no pudo evitar sonreír al ver a este último.

-El noble entre los nobles- dejó escapar con voz melancólica, pero su mirada se endureció al verla a ella, se había decepcionado tanto de ella, sin embargo era hora de olvidar lo que sentía y concentrarse en su misión. Había tenido oportunidad de ver a las demás Sailors, no entendía cómo o por qué Mercurio no tenía ideado aún un plan, cuál era el motivo de Júpiter para no tomar cartas en el asunto, por qué Venus se mostraba tranquila, impasible y sobre todo, qué le ocurría a Mars por qué no previno nada, por qué su intuición fallaba, eso no debía ocurrir, de todas las Sailors ella era la más perceptiva, la indispensable como única sacerdotisa que puede predecir fortunas o desastres en el futuro, ella siempre ha podido, pero esta vez algo andaba mal con ella y parecía que nadie lo notaba o tal vez ya a nadie le importaba, apretó sus puños, logrando que sus nudillos se pusieran blancos, Phoenix era peligrosa, era destrucción era apocalipsis y parecía que a nadie le interesaba.

En el momento que supo que las outter no estaban en el país sonrió para sí, era tan típico de ellas huir dejando solas al resto, pero siempre al final se arrepentían y volvían, porque a pesar de todo, algo de compasión les quedaba en sus corazones. Lamentó por lo bajo la mala salud de la pequeña Hotaru, lamentándose más aún por el desenlace que creía inminente. Pensó nuevamente en la Sailor del tiempo y elevó una plegaria.

-Ojala el Kami las ilumine- deseó con anhelo, aflojó sus manos, se dio media vuelta y se marchó, no tenía caso quedarse en ese callejón oscuro más tiempo, ya tenía todo lo que necesitaba, pero aún así debía mantenerse cerca, muy cerca.

n/a: Hola a todo/as! Bueno luego de una larga ausencia aquí estamos con más de esta historia, hemos tenido algunas situaciones personales. Quiero decirles a todos lo que siguen esta historia que quédense tranquilos jamás dejaríamos una historia inconclusa, además ésta en particular ésta completamente planeada, desde el primer día sabías el desenlace y solo queda ir plasmándolo, ciertamente nos ayudaría saber qué opinan si les gusta lo que leen, si tienen inquietudes, en fin, ojalá dejen su opinión. Un saludo a todos y trataremos de actualizar antes de las fiestas, pero si no es así les deseo UNA MUY FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO AÑO NUEVO! Que el año que viene sea mejor o tan bueno como este que se va…. (si actualizamos antes de las fiestas volveré a decir esto jajaja)

Saludos, Nick Rivers.

Notas Finales: Hola chicas, aquí reportándose Madeimoselle Rousseau, si antes de que alguien reclame, no hemos podido actualizar, en gran medida porque mi lap top tuvo unos fallos (pero ya la arregle) y también, porque no decirlo abiertamente, debido a mi pereza y a mi bloqueo mental, que gracias al Kami creo que ya se quito de lado. Como ya saben, las protagonistas de esta historia son Rei y Mako (obvio lo dice en el chapter), pero platicando con Nicky hemos llegado a la conclusión de darle más espacio al resto de Sailors, quienes ya me conocen, saben que no me gusta centrarme solo en la protagonista del fic (o en este caso las protagonistas), así que prometemos un poco más de las otras. Esperemos que les guste el capitulo y como cada quince días (que es como publicaremos) lucharemos por no hacer del fic una comedia (esa es Nicky hahaha) o un Lemon con tintes de angst (esa fui yo).

Ya por último, y dejándome de tanto discurso mareador (es que ando inspirada haha), les recomiendo (si es que gustan claro) leer un nuevo fic que estoy escribiendo, se llama "Ángel Caído", tiene como protagonista a Makoto y como co-protagonistas a Amy y Rei. Si las puse a ellas tres como principales es porque a mi parecer son las tres inner menos tomadas en cuenta... ¿La trama?... Dos chicas asesinas sádicas (con motivos) Makoto y Rei quienes para variar viven en la misma casa que Amy (la chica policía que está investigando sobre dichos asesinatos). Si, se que quizá a muchos no les guste como genero el crimen, pero es un fic general, también hay angst, romance, lemon y drama.

Bien, por último, saluditos a todas.

Atte:

Madeimoselle Rousseau.