Tiempo de cambios

La razón se compone de verdades que hay que decir y de verdades que hay que callar.

Milenio de Plata años antes de la invasión

La noche era fría, más fría de las que alguna vez recordó, es que el palacio Lunar no gozaba del clima que él disfrutaba de su planeta, Júpiter era el planeta más privilegiado en cuanto a clima, mientras más viajaba y recorría, más amaba su planeta natal, el cual había abandonado por visitas protocolares hacía ya un año jupiteriano.

Su padre, el Rey de Júpiter había decidido entregar en tan solo unos días su reinado a su único hijo, el gran Thor, domador de caballos, el grande, es por ello que su misión como conciliador y presentación en los altos círculos se había forjado en el último tiempo, suspiró y clavó su mirada violeta al cielo oscuro iluminado por aquél planeta llamado Tierra, se veía especialmente hermoso esa noche, sus recuerdos no pudieron evitar volar hacia aquella hermosa joven que se había topado con él en los pasillos del palacio hacía solo unas cuantas horas.

-Anat-

Mencionó con devoción, sabía quién era ella ahora, pero no lo supo en el momento que al chocar la muchacha había caído al suelo, llevó una mano a su frente y rió, "un verdadero estúpido en materia de conquistas" se dijo así mismo, el largo cabello negro de la mujer flotó en la caída junto a su hermoso vestido blanco y rojo vaporoso, pero lo que lo impacto fue esa chispa en sus ojos verdes. Trató de ayudarla a incorporarse, pero la orgullosa joven lo rechazó.

¿Lo imaginó o ella lo había llamado "Estúpido cabeza de chorlito"?, sacudió su cabeza, sí lo había hecho, genial, una mujer llamaba así al heredero al trono de Júpiter, y no pudo evitar sonreírle, no pasó por alto que la muchacha se enfadó por aquel gesto y con mentón en alto lo esquivó, no sin antes mirarlo con desdén y ahí lo supo, esa jovencita sería para él. Sorpresivo fue cuando uno de los guardias que presenció a lo lejos dicho episodio le comunicó quién era ella, palideció, temió por integridad y por unos segundos se imaginó a su padre gritando a los cuatro vientos lo despistado que podía ser y las consecuencias que esto traería.

Ella no era cualquier mujer, pero no por saber su rango y condición fue lo que la hacía especial, más bien esa muchacha ya le parecía única, por su belleza y sin duda su carácter.

Unos brazos alrededor de su cuello lo sacaron de sus pensamientos.

-¿Qué ocurre querido Thor?- la suave y melodiosa voz de la princesa Serenity heredera al trono Lunar lo llamó con especial dulzura.

Giró para ver a la mujer de cabellos platinados y hermosos ojos violáceos, su delicada inocencia sin duda le jugaba a favor en cuanto a belleza, sin embargo y a pesar de los intentos por corresponderla, no había podido hacerlo, y ahora menos que nunca, no con esa muchacha dando vueltas en su cabeza.

-Princesa- la saludó haciendo una reverencia, la oyó reír.

-No hagas eso tonto. – le dijo con tono pícaro. –No sabes cómo he esperado tu llegada.- se acercó a él peligrosamente, y un brillo en sus ojos violetas lo paralizó, con sutil y especial delicadeza la alejó un poco de sí.

-No es correcto Princesa.-

-¿Qué cosa? Por favor Thor, todos esperan que nosotros nos casemos, no creo que sea mal visto una cercanía de este tipo- dijo mordiéndose su labio.

Y esa era la verdad, tanto el pueblo, como los gobernantes esperaban una alianza entre la Princesa de la Luna, soberana suprema y el Príncipe Thor, heredero al trono de Júpiter, planeta por excelencia protector del reinado, cuna de líderes. Sin embargo, y aún ante las insistencias de su padre, él no amaba a Serenity, ella le parecía una persona maravillosa, pero no podía obligarse a amarla, en ese instante la imagen de aquella joven de largo cabello negro y hermosos ojos verdes cruzó por su mente.

-Lo lamento Serenity- dijo él con pesar desviando su mirada del rostro de la chica. –Pero yo no te correspondo de esa manera, eres una persona maravillosa y especial para mí, pero no de la manera para desposarte.- las palabras de Thor se clavaron en su pecho como dagas hirviendo, era un secreto a voces que ella lo amaba desde la infancia y pese a todos sus intentos el príncipe no la notaba.

La princesa estaba inmóvil, lo miraba con un dolor indescriptible, pero sabía que si hacia algún escándalo perdería no solo su posibilidad de matrimonio, si no también cualquier simpatía que él pudiera tenerle.

Sonrió con melancolía, evitó la mirada del futuro rey, era mejor que no descubriera en su mirada que ella no se rendiría, pensaría en algo, unas risas le hicieron voltear en dirección al este, donde Thor ya había pasado su vista, dos mujeres hablaban y reían, no era difícil distinguir que una de ellas era una doncella, y la otra, la otra era la todopoderosa Anat.

Podría reconocerla donde sea, sin embargo sus pensamiento poco felices para con la muchacha de cabello negro fueron interrumpidos por un suspiro que salió de los labios del príncipe, no era tonta, Anat era bellísima y no permitiría que Thor se acerque ella, haría lo que sea para separarlos, no los dejaría ser felices, de repente el príncipe comenzó a caminar en dirección a la mujer dejándola atrás, apretó sus puños con furia, maldijo en sus adentros a la muchacha, al príncipe y todos aquellos que propiciaran su amor.

Dos meses después se anunciaba el matrimonio entre el ya consolidado Rey De Júpiter y la Princesa Anat, la unión de dos potencias, no pasaría mucho a que dieran herederos a la corona, y aquello era lógico, fue cuando lo decidió si su maldición no los alcanzó a ellos, al menos lo haría a su descendencia.

Época actual, departamento de Diamante

Diamante se encontraba sentado frete al escritorio negro que se encontraba dentro de la habitación de blancas paredes que compartía con su Amy, tecleando en la computadora portátil para responder a un correo electrónico que le había enviado su representante donde le informaba que en la próxima semana tendría algunos eventos a los que acudir como firma de autógrafos y algunas entrevistas que dar. Desde que se había lanzado al aire los promocionales de su película "Corazón de Dragón", en el cual él era el protagonista había perdido un poco de su privacidad la cual empezaba a echar de menos. Se estaba haciendo común que últimamente, al llegar a un restaurante o algún lugar público acompañado de Amy se le acercara alguna fanática para pedirle un autógrafo o tomarse una fotografía con él, lo cual a veces llegaba a exasperarle, pero claro, ese era el precio de la fama y lo estaba pagando.

-¡Maldita maquina!.- Gruño molesto al ver que la pantalla de la computadora se ponía en negro.- ¡Dame imagen maldito aparato endemoniado!

Amy que se encontraba recostada en la cama, estudiando para un examen que tenía en la facultad en los próximos días se levantó y caminó hacia donde estaba su novio, posando sus manos en los hombros de él.

-Mi amor, que rápido pierdes la paciencia.- Dijo Amy mientras le daba un beso en la mejilla.

Diamante sonrió al escuchar la dulce voz de su novia. Ciertamente desde que se le había dado una oportunidad de rehacer a la vida, había cambiado mucho, ya no era la misma persona cuya mente estaba corrompida por el gran sabia, pero como un humano que ahora era, conservaba lógicamente defectos como cualquier persona.

-Mi amor.- Habló Diamante dando vuelta en la silla giratoria para quedar frente a su novia y tomándola en sus brazos la obligo a sentarse en sus piernas.- No sé cómo me soportas… tengo un carácter endemoniado… ¿Verdad?.

Amy sonrió y se acerco para darle un beso en los labios.

-Así es mi amor, tienes un carácter endemoniado. Sería bueno que trates de controlar tu ira.- Dijo Amy.

-Entonces es bueno tenerte a ti que eres tan paciente conmigo.

Diamante y Amy se miraron por unos segundos a los ojos y comenzaron a besarse desenfrenadamente. Diamante sintió la necesidad de tocarla, hacerle el amor y la levanto en sus brazos para depositarla suavemente en la cama.

-Te amo.- Susurro Amy respirando agitadamente mientras sentía como Diamante besaba su cuello y bajaba lentamente los tirantes de su vestido. Ambos sabían lo que pasaría de un momento a otro, pero entonces se escucho el sonido del timbre de la puerta, trataron de ignorarlo, pensando que sería un vendedor que se retiraría, pero el timbre sonó una y otra vez por lo que Diamante se levanto con cara de frustración.

-Ni modo querida.- Dijo Diamante.- Creo que ya será en otra ocasión… Iré a ver a quién demonios se le ocurre venir a molestar tan temprano.

Diamante bajo hasta la sala y al abrir se encontró con su querido hermano menor, con Zafiro. Habían pasado semanas desde la última vez que se habían visto, puesto que Diamante estaba en Nueva York, pero no era precisamente en ese momento que hubiera querido tenerlo de visita.

-Hermano.- Balbuceo Diamante entrecortadamente.

-¡Diamante!.- Exclamo Zafiro.- Que gusto me da verte.- Zafiro se separo un poco de su hermano y al verle la camisa desabotonada supuso que había llegado en mal momento.- ¿Interrumpí algo?… Porque si es así puedo venir en otro momento.

-Claro que no Zafiro, ya te extrañaba, pasa.

Marrakech, Marruecos

En el corazón de "La perla del Sur" rodeado al sudeste por las montañas nevadas, el único lugar del mundo donde su hechizo cae sobe sus visitantes, entre los antiguos castillos y grandes jardines, los turistas se amontonaban en la entrada del gran autódromo esperando por la carreras más importante de cada año que esta vez se desarrollaría en Marruecos "El Campeonato Mundial de Motociclismo de Resistencia" , en el cuál los representantes de las más importantes marcas mostrarían todo y darían todo.

Aún en su camerino privado el hombre del cual todos esperan que gane el gran premio se encontraba pensativo, antes de cada carrera siempre meditaba, tan contrario a lo que todos pensarían, necesitaba conectarse con él mismo, recordar qué hacía allí, dicha costumbre se intensificó al conocerla, pero no había por qué pensar en ello, ahora estaba solo.

"El éxito es la realización progresiva de un sueño"

Le había dicho alguna vez, nunca notó la falta que ella le hacía hasta ahora, su cable a tierra, estaba a miles de kilómetros de él y no solo en distancia, logró con su acto, egoísta o no, que Rei lo arranque de su corazón, estaba seguro de ello.

-Tyler- lo llamaron desde la puerta, apenas abrió sus ojos y sin moverse los dirigió hacia la persona que lo solicitaba, Alex Johnson, su joven asistente, el muchacho apenas superaba los 18 años, era delgado y no muy alto, cabello castaño corto, piel blanca y unos enormes ojos color cafés que solo competían con el tamaño de su sonrisa, el aspecto soñador y la bondad irradiaban del joven, una persona digna de confiar y que hacía su trabajo no importa qué, razón por la cual el equipo lo había contratado y la razón de Tyler para dejarlo manejar ciertos asuntos que él consideraba suyos.

-¿Qué sucede Alex?- respondió sin inmutarse.

-Te necesitamos en el taller, al parecer el Sr. Hiu quiere comentarte algo.- comunicó ante la cara de enfado de su superior, era muy sabido que Tyler era un perfeccionista y que a horas antes de la carrera le tuviera que comentar algo, no le agradaba.

-Estaré ahí en un segundo.- dijo al fin mientras volvía a su pose de meditación.

-Está bien Tyler.- dicho esto cerró la puerta, pero al voltear chocó contra alguien, algo aturdido levanto la vista.- Sr. Tenoh- se sorprendió el muchacho ante la presencia de Haruka Tenoh, corredor estrella y compañero de quipo de su superior.

-Hola pequeño- saludó con voz profunda mientras que detrás de él, una mujer de cabellos aguamarina le sonreía amablemente.

-Srita. Kaioh- se inclinó ante ella con un leve sonrojo en sus mejillas.

-Con permiso pequeño, estoy buscando al Fénix, ¿está aquí?-

-Sí Sr. Tenoh, pero está meditando.- informó el muchacho aún más sonrojado ante la mirada de la hermosa mujer que siempre acompañaba a la rubia.

-Deberé esperar entonces.- repuso y el niño solo sonrió y siguió su camino no sin antes inclinarse con respeto.

-Qué curioso muchachito, ¿no crees Haruka?- dijo la peliverde con una sonrisa.

-Curioso sí, pero dista de ser un muchachito ya está creciendo.- repuso para luego girarse hacia la puerta y golpear con firmeza.

Algunos pasos se escucharon y de pronto la puerta se abrió dejando ver al increíble Tyler "Fénix" Black enfundado ya en su traje rojo y negro con un gran símbolo azul en su pecho, este era como una pica y dentro de ella un ave en llamas se extendía en su esplendor.

-Tenoh- saludó el corredor con una gran sonrisa mientras estrechaban sus manos. -¡Qué sorpresa! Me habían dicho que seguías en Budapest, no estaban seguros que correrías.-

-No me perdería esto por nada Fénix.- respondió con media sonrisa mientras Tyler se hacía a un lado para dejarlos pasar.

-Hola Michiru, ¿cómo has estado?- saludó en cuanto vio a la mujer.

-Bien, gracias Tyler, ¿y tú?- respondió ya dentro del lugar cerrando la puerta tras ellos.

-Algo cansado, últimamente los cambios de clima me están afectando más de la cuenta, ¿han notado lo extraño que es?- dijo el peliazul con una media sonrisa.

-¿Qué cosa?- interrogó Haruka con cierto interés.

-Los cambios climáticos- reiteró.- por momentos hace mucho frío, pero luego de repente un aire caliente como si fuera fuego golpea, han reportado pérdidas de cosechas y grandes maremotos, en fin solo lo leí esta mañana.- repuso restándole interés mientras ambas senshis se miraban con preocupación. –Y bien, ¿a qué debo tu presencia Tenoh?- interrogó con cierto brillo en sus ojos, si bien eran compañeros y compartían la pasión por la velocidad, no solían sentarse a charlar ni mucho menos, sin duda Haruka se traía algo entre manos y él no sería el chivo expiatorio de nadie, la senshi de Urano sonrió de costado, envestida en su traje verde y azul, con su personalidad masculina la que todos conocían en su lugar de trabajo tomó asiento y se cruzó de piernas atrayendo a Michiru hacia ella.

-Sólo saber cómo estabas, fue una pena que hayas estado por Tokio cuando nosotros tuvimos que viajar.- dijo sonriendo, siempre sonriendo.

-¿Cómo supiste que estaba allí?- soltó con cierta pizca de desconfianza, él era un hombre de instintos y su instinto le gritaba que saliera de allí.

-Bueno porque tú sales con Rei Hino, ella es amiga de unos…. Conocidos.- escoger esa palabra no era para nada casual, todo en ella era calculado, y esta visita también lo era, desconfiaba muchísimo de las inners, y temía que en algún momento de tonta pasión cegada por la entrega, la antigua sacerdotisa del Templo Hikaga hubiese dicho más de la cuenta, aunque no era solo eso, simplemente Haruka Tenoh no confiaba en nadie de ese círculo y eso incluía a su viejo colega, Tyler Black.

-Sí… es cierto - respondió el peliazul bajando su mirada, y como la intuición era asignatura aprobada para ambas mujeres éstas lo entendieron de inmediato: volvió a arruinar todo. ¿Pero… y si no? y si esta vez la sailor de fuego lo dejó, ¿si esta vez el estúpido Darien Chiba cumplió su amenaza de abandonar a su princesa?

Era mucho más fácil sacarle información a un ignorante total que a cualquiera de esas muchachitas, que a Luna o a ese otro que llaman Artemis, el que sin duda no las apoyaría jamás.

-¿Sucede algo Tyler?- interrogó inocentemente la hermosa peliverde atrayendo la mirada del hombre, un brillo especial se vio en ella, definitivamente no era una persona fácil de manipular y ya estaba al tanto de que sea lo que sea con esas preguntas solo querían información, para qué no lo sabía ni le importaba, pero no hablaría de Rei con ellos, no hablaría de Rei con nadie, porque Rei era sólo de él, jamás la compartiría ni siquiera en una charla.

-Nada malo- soltó con una sonrisa de costado. –Solo que Hiu me llamó hace un rato al taller y temo que esté esperando por mí.- se puso de pie y extendió su mano hacia la mujer rubia. –Nos vemos en la pista Tenoh, ese trofeo es nuestro- sonrió con convicción mientras el mismo gesto aparecía en la cara de la ojiazul.

-Claro que sí Fénix, claro que si.- asintió mientras el hombre saludaba a Michiru con un gesto y salía del lugar.

Ambas quedaron en silencio, hasta que con la misma calma y la misma sonrisa en su rostro Neptuno rompió el silencio.

-Tyler… un muchacho...- lo pensó un segundo para encontrar la palabra acertada, siempre la palabra justa, -peculiar… no me cae bien- sentenció ante la mirada atenta de Haruka. –Hay que mantenernos cerca….-

Departamento de Diamante, Japón

Diamante se encontraba sentado en uno de los sofás de la sala, mientras escuchaba como su hermano le relataba lo sucedido con Makoto.

-¿Entonces ya no trabajas con ella? - Pregunto Diamante.

-No.- Dijo Zafiro.- Lo que sucede es que me ofrecieron un trabajo en otra compañía pero bueno, le sigo llevando la contabilidad a Makoto porque le tengo aprecio, solo le mando los estados de cuenta y los balances vía Internet.

Diamante conocía a su hermano, sabía que si había abandonado su trabajo en el "Mako's Garden" no era precisamente por aburrimiento de estar en el restaurante. Muchas veces había notado que le agradaba en demasía la compañía de Makoto Kino.

-¿No será que lo que en realidad deseas es evitar a Makoto?-

Zafiro se sobresalto ante el comentario de su hermano, ciertamente nunca le escondió que Makoto le parecía atractiva y que le gustaba, pero nunca hablo de sentir algo por ella.

-Claro que no.-

-Hermano, no me mientas.- Dijo Diamante.- Conozco a mi pequeño hermano… Te enamoraste de Makoto Kino… ¿Cierto?-

Zafiro dibujo una sonrisa forzada y tomo una bocanada de aire.

-Para que te voy a mentir Diamante.- Balbuceo con pesar.- Makoto es una mujer muy linda, amable con sus empleados y con todo mundo, alegraba el día de todos en el restaurante con su sonrisa, es dulce, tierna y cariñosa… Pero un amor entre tres no sustenta y ganó el médico Furuhata.-

Diamante dio una palmada en la espalda a su hermano, esa era su manera de demostrarle el cariño.

-Siempre supe que esa chica te gustaba Zaf, Makoto es una mujer muy linda como tú lo dices, te enamoraste de ella, pero veras que después lo superas. Los desamores son parte de la vida.-

-Lo sé.- Dijo Zafiro.- No quiero perder la amistad de Makoto, pero por lo pronto creo que manteniendo un poco de distancia estaré mejor. Cuando sienta que lo he superado podre acercarme de nuevo a ella.-

-¿Cómo les fue a ti y a Amy en Nueva York?- cambió el tema.

Diamante iba a responderle la pregunta a su hermano, pero entonces la voz de Amy los interrumpió, haciendo acto de presencia con una falda en color negro, medias del mismo tono y un sweater en color azul.

-Hola Zafiro.- Saludo Amy al ver en casa a su cuñado.

-Hola Amy, que gusto verte de nuevo.- Respondió Zafiro.- ¿Vas a salir?

-Así es, iré a reunirme con las chicas.- Dijo Amy.- Gusto en saludarte y a ti mi amor te veo en la noche.- Se dirigió finalmente Amy a Diamante para darle un beso antes de despedirse.

Cafetería Sakura's Garden

El día era nublado, y el sol estaba oculto esa tarde, por lo que hacía que el clima de verano que ya estaba saliendo para pasar al otoño fuera agradable. Sentadas a las afueras de una cafetería, en una mesa alejada de los demás comensales, se encontraban Mina, Serena, Amy, Rei y Makoto. Hacía ya mucho tiempo que no compartían tiempo a solas como cuando eran unas adolescentes de 14 años y eso debido a que hasta ahora no se había presentado un nuevo enemigo que pusiera en peligro a la galaxia y porque no decirlo, también, por las obligaciones que consigo llevaba la vida profesional de cada una.

-¿Qué es eso tan importante que tienen que decirnos?.- Pregunto Serena posando sus ojos en Rei y Makoto que eran quienes habían invitado al resto a la reunión en dicha cafetería.- Hace mucho que no nos reunimos como en los viejos tiempos solo con el afán de convivir. Es algo relacionado con el nuevo enemigo… ¿Cierto? - Pregunto temerosa Serena.

-No precisamente por nuestra parte.- Respondió Makoto que si bien había tenido contacto con Phoenix, el hecho de hablarlo con el resto de las chicas le daba un poco de incomodidad, pues no sabía cómo lo fueran a tomar.

-Tranquila Serena.- Puso Mina una mano en el hombro de su amiga.- Hace meses que no te veo porque yo estaba fuera de Tokio, pero noto que ya no tienes esa chispa de alegría que antes te caracterizaba… ¿Sucede algo malo?

Serena se quedo pensativa, recordando las pesadillas que había tenido donde ella hacia un pacto con Phoenix. No quería pensar que en el pasado ella hubiera hecho algo tan terrible como eso, lo cual ahora amenazara la paz del universo, en el cual vivían sus amigas, sus padres, su marido y ahora también su futuro bebe.

-No es nada.- Dijo Serena.- Es que esto de que Phoenix no dé la cara me tiene intranquila. Además… ¿Por qué hemos hecho una reunión aquí y no en casa de Luna?… Creo yo que ella debería estar aquí para guiarnos.

-No Serena.- Dijo Rei.- Si hicimos esta reunión aquí fue precisamente para evitar que Luna esté presente en esta plática.

-Esto no me gusta nada.- Dijo Serena.- Luna siempre ha estado con nosotros, es quien nos guía.

-Mira Serena, en el pasado éramos mas inexpertas de lo que ahora somos.- Habló Makoto.- Le agradezco mucho a Luna el hecho de que nos haya guiado, que nos haya instruido como senshis, que nos haya hecho saber quiénes fuimos en el pasado y cuál es nuestra misión ahora para con el universo… Pero creo que ya somos lo suficientemente adultas y con algo más de madurez para tomar decisiones al respecto… Somos nosotras quienes hemos muerto en cada batalla, quienes hemos peleado así que creo que las decisiones las debemos tomar nosotras y no Luna. Además por lo que se ve ella sabe tan poco como nosotras.- Makoto poso su mirada en Amy y Mina quienes habían estado fuera de Tokio para ver si Phoenix hacia su aparición en otra parte del mundo.- ¿Cómo les fue en sus respectivos viajes chicas?… ¿Notaron algo extraño?

Amy y Mina ya les habían contado por teléfono sobre los sucesos que habían visto en el lugar que cada una había visitado, pero en fuera de eso no había nada más que decir.

-En realidad no volví a presenciar algo extraño.- Dijo Amy.

-Yo tampoco.- Dijo Mina con seriedad.- ¿Pero qué es tan importante que ustedes dos tienen que decirnos?.-

Rei carraspeo un poco y comenzó a hablar:

-Lo que sucede es que he perdido mis poderes sintoístas.- Confeso Rei dejando atónitas a Mina, Amy y Serena.- No me lo explico… Ciertamente estuve alejada del templo por dos años, pero nunca deje de orarle al Kami, siempre estuve entrenándome en mis tiempos libres… Y es extraño, porque una Miko nunca deja de ser lo que es.

Serena se sintió atemorizada ante lo que escucho decir a Rei.

-¿Ya no has tenido visiones?.- Pregunto Serena temerosa.- Años atrás tú eras siempre quien presentía cuando un nuevo enemigo estaba al acecho.

-Lo sé Serena.- Dijo Rei.- Y eso a mí me preocupa y me llena de impotencia… Me preocupa que Phoenix aparezca de pronto y que nosotras no nos demos cuenta y nos tome por sorpresa.

-Cierto.- Dijo Mina.- Y nuestras plumas transformadoras ya ni si quiera funcionan. No tenemos poderes y ante esos estamos igual que el resto de los humanos.

Makoto dibujo una media sonrisa y finalmente te animo a hablar.

-Yo he tenido sueños con Phoenix chicas.- Confeso Makoto.- Bueno… No sé si sean sugestiones, pero esos sueños se muestran tan reales… La veo luchar contra mí y siento su enorme poder que me paraliza, que me hace temblar de miedo y me hace sentir impotente al saber que las personas que amo puedan estar en peligro.

-Eso debe ser un simple sueño solamente.- Sonrió Serena con nerviosismo.- Es solo un sueño Makoto, es normal, no hay momento en que no dejemos de pensar en Phoenix… seguro solo es eso, estas sugestionada.

-Sé que quizá no le tomen importancia a lo que les estoy diciendo.- Dijo Makoto.- Pues no tengo poderes de Miko como Rei y tampoco soy muy devota de orarle al gran Kami, pero así son las cosas chicas… La he soñado.

-¿Has visto su rostro?.- Pregunto Serena.- Según Kunzite el nos había dicho que Phoenix se apoderaba el cuerpo de mujeres hermosas que han sufrido mucho, robándoles la voluntad y carcomiéndoles la mente para utilizarlas y hacer lo que se le venga en gana.

Makoto recordó que en sus primeros sueños no había visto a Phoenix, pero recordó el último encuentro que tuvo, dentro de ella sabia o creía saber a quién andaba rondando Phoenix.

-No le vi la cara.- dijo Makoto.- Ex extraño… pero así fue. Solo espero que esto pase rápido sin mayor percance.

-¿Hay algo más que quieran decirnos?.- Pregunto Amy.- Rei, Makoto.

-Yo y Makoto hemos recuperado nuestros poderes.- Dijo Rei dejando sorprendidas a Amy, Mina y Serena.- ¿Por qué nos miran así?… ¿Es que ustedes no?

-He intentado usar la pluma mágica transformadora.- Dijo Amy.- Pero es como si fuera cualquier objeto inservible, no funciona.

-En mi caso tampoco.- Dijo Mina.- ¿Cómo es que a ustedes les funciono?

-Fue extraño.- Dijo Rei.- Ni siquiera usamos nuestras plumas mágicas. Estábamos conversando y de pronto, nos sentimos rodeadas por una fuerza superior… Fue extraño, sentí mi poder elevarse, más poderoso que antes… También pude sentir los poderes de Makoto, como si fueran parte de mi… Como si el trueno fuera parte de mi.

-¿Cómo es eso posible?.- Desconcertada Serena.- El trueno es el poder de Makoto, el tuyo es el fuego.

-Por extraño que parezca yo sentí mi propio poder… pero también sentí el fuego recorriendo mi interior.- Dijo Makoto.- Como si una parte de mi pudiera dominarlo, aunque no tan bien como lo haría Rei.

-Y tu Serena.- La miro Rei a los ojos.- Eres nuestra princesa… ¿No ha despertado el poder en ti?

Serena al sentir la mirada de Rei sobre ella se sintió apenada, no por el hecho de que sus poderes no despertaran, sino por algo superior a eso, fue una sensación de remordimiento, como si dentro de sintiera haber hecho algo contra Rei.

-No.- Dijo Serena.- Todo es extraño. Mis poderes no han despertado, y mira, estoy embarazada y esperando un hijo varón. No es que no desee a mi hijo, lo amo sin importar su sexo… Pero es extraño.

-Muchas cosas son extrañas.- Dijo Amy.- Es como si todo este tiempo desde que descubrimos quienes somos hubiéramos estado engañadas. Siento la sensación que detrás de todo lo que sabemos hay mentiras que se confunden con la verdad.

-¿Acaso estas sugiriendo que Luna miente?- Pregunto Serena un poco molesta.

-No quise decir eso.- Dijo Amy.- Quizá haya cosas que ni siquiera la misma Luna sepa.- Amy clavo sus ojos en Makoto y Rei.- ¿Por qué a esta reunión solo nos convocaron a nosotras y no al resto de ex sailors?

-Amy, veras, ustedes más que nuestras compañeras de equipo son nuestras amigas.- Dijo Makoto.- Y la verdad no confiamos mucho en ellas… Bueno, no es que no confiemos pero…

-Ellas tienen otros ideales.- Dijo Rei.- Siempre habían querido luchar por separado y nosotras siempre hemos estado unidas.

-¿Recuerdan acaso cuando la dama Nueve estaba dentro del cuerpo de Hotaru y Michiru y Haruka querían sacrificarle?

Las chicas asintieron y Makoto continuo hablando:

-Se que ellas al igual que nosotras han luchado por un bien común, que es el bienestar de nuestro universo.- Dijo Makoto.- Pero desde ese momento me di cuenta de que su estilo de ver la cosas es muy diferente… A ellas nos les importaría sacrificar a nadie en pos de la justicia.

-¿Estas sugiriendo que debemos proteger a la mujer que sea poseída por Phoenix? - Pregunto Serena.

-No se trata de protegerle.- Dijo Makoto.- Pero recordemos que ante todo Phoenix es una mujer, como ustedes o como yo, puede ser cualquier joven que se nos cruce en la calle… ¿Merece la muerte por ello?… Creo que no y viendo como actuaron Haruka y Michiru en el pasado es por eso que me abstengo de querer contárselos.

-Creo que Makoto tiene razón.- Dijo Amy.- Ahora lo que me intriga es saber porque fue que ustedes si recuperaron sus poderes y nosotras aun no.

-Eso es algo que sencillamente no podemos explicarnos Amy.- Dijo Rei.

Las cinco jóvenes se quedaron en silencio, pero entonces Minako fue la que rompió el silencio:

-Bueno chicas, estamos esperando a que Phoenix aparezca, pero no sabemos cuándo lo hará. No podemos pasárnosla con preocupación y cara de amargura.- Dijo Mina.- Por lo que propongo… ¡Hablar de sexo!.- Exclamo ante la cara de enfado de todas… ¿Qué?… ¿Por qué me ven así?… Nadie va a ser la primera en contar algo.

-Mina, por favor, no nos interesa saber.- Dijo Amy.

-¡Ay Amy no seas tímida!.- Exclamo Mina dándole un codazo.- Anda, dinos… ¿Qué se siente estar en los brazos de Diamante?… ¿Cómo es en la cama?… ¡Hay es que esta todo lleno de tatuajes, solo puedo imaginármelo como un tigre!

Amy se ruborizo ante el comentario de Mina, fue entonces que Rei hablo para hacerla callar.

-¡Minako por favor!.- Exclamo Rei.- Estas incomodando a Amy.

-¿Qué tiene de malo chicas?.- Exclamo la rubia.- El sexo es algo muy natural… ¿Por qué no nos dices como es tu Fénix en la cama Rei?… Aunque también me gustaría saber cómo es un medico en la cama y creo que eso nos lo pueden resolver Serena y Mako…. ¿Han jugado al rol de la enfermera sexy?… ¡Kami, debe ser muy erótico hacerlo en el escritorio de un consultorio y con un hombre que conozca a la perfección el cuerpo humano y sus puntos sensibles!…

-¡Mina!.- Exclamaron las cuatro molestas.

-Ya pues, perdón, podemos hablar mejor de mi Kuncito osito bombón.

Calles de Tokio

Tomó por tercera vez sus anotaciones, ¿qué sentido tenía chequearlas? Sabía muy bien a donde se dirigía, había estado ahí miles de veces antes, pero en este tiempo solo una vez, el día que su misión comenzó, el día que la vio, que los vio, y que sin duda la decepción lleno su ser.

Quería sentir esperanza, pero todo parecía ser tan negro en el futuro de la humanidad, no pudo evitar recordar a las personas que le brindaron su amor, a las personas que hicieron de un lugar inhabitable el más hermoso hogar, su familia en su tiempo. La sonrisa de sus primos, sus innumerables tíos, sus tantos abuelos, es que luego del ataque las personas huyeron a lugares alejados y allí se refugiaban donde podían, y esos grupos que al principio eran extraños, luego terminaron siendo una gran familia, de esas más unidas que las por el lazo de sangre.

Se detuvo frente a la puerta, "Antigüedades Luna" decía el cartel sobre la entrada, el lugar era sin duda un fiel reflejo del estilo de su dueña, la tienda era mediana, pero era evidente que muy completa, se podría conseguir lo uno quisiera allí, no importa qué, miró el aparador con interés, una hermosa tiara dorada con el centro en rojo le hizo recordar a la que llevaban las Sailors, aquellas increíbles mujeres que luchaban por el orden y equilibrio del universo, por tercera vez en la mañana suspiró, los había estado observando durante semanas, y no había ningún adelanto aparente, ya todas estaban reunidas en Japón a excepto de las 4 outters, pero no le sorprendía, jamás, puesto que las conocía mejor que a cualquiera, en especial a Urano, apretó sus puños, los recuerdos lo golpearon como ráfagas de viento.

-"Eres una vergüenza, deshonraste nuestra existencia, nuestra lucha, nuestra razón de vida"-

Las palabras de la rubia aún seguían haciendo mella en él, miró su reflejo, su piel mestiza, su cabello oscuro como el ébano, sus ojos carmesí, sin duda su altura llamaba la atención, pero no le importó tenía que salir de las sombras aunque sea unas horas, no recordaba mucho de lo que era el mundo sin Phoenix y para él que se esté viviendo en tiempos de paz era nuevo, nació durante la amenaza, creció entre guerras, dolor y muerte y por primera vez veía el sol brillar sin miedo a que éste se oscurezca.

Él venía de ese futuro devastado por la amenaza, fue el encargado de llevar ese mensaje a los únicos capaces de hacer algo al respecto, al comienzo se sintió maravillado al verlos a todos, solo unos pocos habían sobrevivido y los restantes pasaban su tiempo en los campos de batalla, las increíbles Sailors y sus aliados se habían convertido en una leyenda, en una historia que pasaba de boca en boca, convirtiéndolos en héroes y heroínas, eligiendo cada uno a su favorito, sonrió al recordar que él admiraba a Sailor Mercurio, ella era su favorita, y en este tiempo pudo verla, a la frágil mujer que ella representaba, una niña aún, muy diferente a la Amy que llegó a ver en el futuro, ésta, a diferencia de su contraparte de su tiempo, aun tenia esperanza en su rostro.

Si bien contaba con saber qué le deparaba el futuro, sabía muy bien que este no estaba escrito, que cada uno podía cambiarlo y eso es lo que buscaban advirtiéndoles lo que ocurriría en su tiempo, sin embargo se sorprendió sobre algo, los ataques de Phoenix ya deberían haber comenzado hace un tiempo, ya todas las potencias mundiales tendrían que estar enviando comunicados a los pueblos, tropas a zonas de conflicto, sin embargo eso no estaba ocurriendo, una vez más comprobaba esa frase que tanto le habían dicho era cierta "las cosas que deben ocurrir, ocurrirán, pero no siempre se darán de la misma forma".

Los movimientos dentro de la tienda captaron su atención, el hombre de tez blanca en exceso, su cabello platinado, esos ojos nobles estaba ahí.

Artemis cumplía sus labores como cada mañana, Luna había salido a comprar ciertas nuevas adquisiciones y él decidió quedarse, dio un vistazo a la tienda, todo estaba en orden, su sueño estaba realizado, la tienda propia y justamente de antigüedades, la única cosa que le fascinaba, le hacía recordar su trabajo en el Palacio de Venus, cuando aún no era consejero del rey allá por el glorioso Milenio de Plata, él era un simple aprendiz de magia y paseaba entre los talleres de sus maestros llenos de cosas que para muchos eran inservibles, pero no para él, esa vasija antigua para él era tan valiosa como el mismo oro puesto que contenía una historia inscripta en ella, sonrió, últimamente los recuerdos de su vida pasada se entremezclaban demasiado.

Parpadeó.

Del otro lado del aparador de vidrio lo vio, una figura que captó su atención, ese hombre parado allí con melancolía en su mirada, tan perdido en sus pensamientos le recordó súbitamente a alguien, pero no pudo identificar a quién. Observó sus ropas, negras. Observó sus ojos tan extraños y en ese momento un escalofrío lo recorrió, por un segundo volvió a escuchar las palabras de su esposa el día que el extraño mensaje fue entregado, la descripción de ese hombre.

Sin duda, eran deducciones, pero él era experto en ellas, por un segundo quiso acercarse, pero no sabía si su vida correría peligro, ¿y si no? y si ese joven pudiera ayudarlos, pudiera darle pistas o decirles al fin qué hacer, el ruido del agua hirviendo lo sacó de sus pensamientos, sonrió de lado, su cabeza le estaba jugando una mala pasada, tal vez un turista algo excéntrico.

Por un segundo, antes de voltear sus miradas se cruzaron, solo un instante y eso fue suficiente.

o-o-o-o-o

El príncipe Endymion corría de un lado a otro, tropezándose de vez en cuando con los escombros de lo que fuera el palacio Lunar y con algún que otro cuerpo inerte de alguno de los que fueron ciudadanos del Reino. Sabía que la batalla contra Metalia estaba perdida, que ya nada había que hacer, la mayor parte de la galaxia se encontraba destruida y los ejércitos de Youmas habían dejado en ruinas cada uno de los reinos, eso sin contar la cantidad de personas que habían muerto en esa lucha.

-Tengo que encontrarla.- Balbuceo para sí mismo el príncipe de la Tierra buscando a la dueña de su corazón con la mirada.

Si bien todo ya estaba perdido, quería encontrarla a ella con vida y rescatarla, protegerla de todo y todos aunque con eso se le fuera la vida. Sabía que era una guerra en la que tarde o temprano perecería, pero el amor por aquella enigmática mujer le daba la fuerza para no flaquear.

Escucho de pronto una sonrisa cínica y burlona por lo que saco su espada poniéndose en guardia para atacar. Aquella risa sin duda sonaba a sus oídos burlona y siniestra, pero si de algo estaba seguro era de que no era Metalia.

-¿Quién eres?.- Pregunto con furia.- ¿Por qué no te muestras cobarde?

-¿Tu hablando de cobardía Endymion?.- Escucho la voz seguida de la risa sarcástica que antes había escuchado.- ¡Eres patético!…¿Cómo es posible que me hables de cobardía cuando eres tu quien siempre ha sido un cobarde?

Endymion sintió un fuerte golpe en su espalda que lo hizo caer bocabajo mientras dejaba escapar un alarido de dolor. Sabía que estaba herido, pues pudo sentir la sangre salir de la herida.

-¡Cobarde, me apuñalas por la espalda!.- Exclamo mientras con dificultad se ponía de pie.

-¿Me quieres ver?.-Se escucho una fuerte carcajada.- ¡Pues aquí estoy!.- Seguido de la voz, el príncipe miro una luz cegadora y resplandeciente que le provocaba dolor en los ojos.

Era una enigmática y hermosa mujer rodeada por las llamas del fuego, no le podía sostener la vista, puesto que su resplandor le encandilaba, pero pudo sentir la fuerza que de ella emanaba.

-¿Phoenix?.- Pregunto desconcertado.- ¿Entonces eres verdad?… ¿No eres solo una leyenda?

-Soy real y me forme por el egoísmo que habita en el corazón de los humanos. El egoísmo y el dolor es lo que me alimenta.- Escucho de nuevo la voz arrogante de aquella mujer.- ¡Eres un cobarde príncipe Endymion, no supiste luchar y defender lo que realmente amabas por cobarde, por aceptar un compromiso impuesto!… ¡Mírate, eres solo un despojo, un títere que acepta su destino sin pensar en forjárselo por si mismo!… ¡Por personas como tu es que existe la decepción, la tristeza y el egoísmo!

-No entiendo de que hablas.- Balbuceo con esfuerzos el príncipe de la Tierra.

Phoenix le lanzó una llamarada de fuego que lo hizo salir volando para finalmente estamparse a metros de distancia donde se encontraba antes.

-Siempre serás un cobarde príncipe Endymion, en esta vida y en todas serás un cobarde y por tu cobardía perderás lo que amas.- Dijo Phoenix.- Y yo estaré ahí para recordarte tu cobardía gracias a la Princesa egoísta que escogiste por cobarde y que ha hecho un pacto conmigo.

-¿Serena?.- Balbuceo Darien.- ¡No, no, eso no puede ser!

Darien se despertó sentándose sobre la cama mientras las gotas de sudor corrían por su frente.

-¿Phoenix?… ¿Serena?.- Balbuceo desconcertado.- No es posible. Eso tiene que ser solo una pesadilla. Serena no sería capaz… ¿ O sí?… No, la madre de mi hijo no haría eso.

Departamento de Seiya

Cambió los canales por cuarta vez sin detenerse en ninguno en particular, eso pasaba cuando aunque hubiese buenas cosas en la televisión su mente estaba en otro sitio. Se sintió extraño todo el día y creyó que acudiendo a ver a su amigo estaría mejor, pero claro que no, porque desde que llegó hace ya unas tres horas Motoki se encontraba solo en la sala mientras su querido y sorpresivo amigo Seiya se preparaba para una de sus tantas citas.

Se hundió en el amplio sillón intentando no pensar que habría pasado en él la noche anterior, ya que cuando entró encontró una tanga de hilo dental en una de las lámparas de pie, llevó sus manos a su rostro y cerró sus ojos, estaba cansado, pero también frustrado el único día libre y no vio a Makoto porque ella estaba grabando su programa de cocina que sin dudas no vería nunca más, solo lograba crisparle los nervios esa ropa tan reveladora.

-.¿Y cómo me veo?- la voz de su amigo lo sacó de sus pensamientos, como siempre Seiya tardaba horas para salir con un simple pantalón negro y una camisa azul.

-Como un gigoló.- acotó mirándolo de reojo, es que era sumamente increíble hacía solo dos noches le había dicho que intentaría asentar cabeza y ahora no dejaba de comportarse como una mujer fácil y desesperada.

-Envidioso.- lo llamó mientras se miraba al espejo.- hoy saldré con una muchacha que conocí grabando el video de mi canción.- ante el comentario Motoki parpadeó.

-No será….- sus pensamientos viajaron al dia que Mako que le contó que Seiya estaba grabando con Rei. -¿Acaso una de las chicas Chiba logró filtrarse?- interrogó con una ceja en alto, claro que su amigo lo miró confundido en su mente maquinaba esa frase y sin duda no lograba entenderla. –Rei, si sales con ella-

-Ahhhh- exclamó.- no, cómo se te ocurre Motoki, no soy suicida, ¿viste a ese loco de cabellera azul?- interrogó refiriéndose al motociclista. –Jamás se me cruzaría hacer tal cosa, peligraría mi integridad.-

Ya la cabeza de Motoki estaba llena de gotas que caían.

-No te preocupó tu integridad antes cuando te metías con otras chicas con novios.-

-Esos novios no eran psicópatas que lograron cumplir mi sueño de golpear a Chiba.- respondió finalmente. –Oye Motoki.- captó la atención de su amigo.- te ves cansado ¿mucho trabajo en el hospital anoche?-

-No, amigo- suspiró.-Anoche no tuve guardia, solo que no dormí mucho se me dio pro hacer limpieza general de mi apartamento.- explicó mientras Seiya se sentaba frente a él sobre la mesa de café.

-¿Tanta basura había?- interrogó con una sonrisa irónica.

-No.- sonrió, el cantante era bastante sutil para sacar lo que verdaderamente le molestaba a uno. –Solo que entre ropa de mi armario que no usaba, encontré cosas de Reika.- soltó con pesar.

-Oh-

-Está bien, no pasa nada.- reaccionó ante la incomodidad de su amigo. –Es difícil por momentos ¿sabes? Yo ahora estoy con Makoto y la amo muchísimo, pero no quita que me da mucha tristeza que Reika no haya podido continuar con su vida.- habló con pesar en su voz y ambos jóvenes se quedaron en silencio por unos instantes. Seiya lo miró de reojo y carraspeó.

-¿Te preguntas como hubiese sido si ella no hubiese… bueno…-

Motoki sonrió ante la pregunta de su amigo, noches enteras lo escuchó hablar de cómo hubiese sido su vida si tan solo Serena lo hubiese escogido y ciertamente sí pensó en eso, asintió y enfocó su mirada en el suelo.

-Pero eso era antes, ahora, me duele sonar egoísta…- dijo, y clavó su mirada en la azul de su amigo. –Pero me siento tan feliz con Makoto que me siento vivo de nuevo, ya todo lo que pienso es en ella, y en nuestra vida juntos…-

El silencio los envolvió, sin duda el pelinegro no podía comprender aquello, si bien Serena le había gustado y creyó amarla, nunca tuve la oportunidad en probar si aquello era real o un simple capricho, por lo que eligió guardarlo en su corazón como una etapa de un loco amor no correspondido, por su lado el médico analizaba sus palabras y aunque feliz por su relación actual, la culpa lo atacaba de vez en cuando.

Súbitamente Seiya se puso de pie y se dirigió a la cocina.

-Motoki- lo llamó desde allí.

-Si-

-Lástima que no prolongaste tu soltería, podrías salir juntos…- finalizó logrando una carcajada de su amigo.

-Ya te llegará el momento amigo y cuando pase, no podrás pensar en otra cosa.- rebatió el rubio estirando sus brazos en alto mientras arqueaba su espalda.

-¿En qué cosa? ¿Salir?-

-No, hablo que cuando la mujer indicada llegue, no habrá escapatoria.- rió ante aquello.

-Gracias al Kami soy más veloz que ella porque no me alcanzo-

-Yo no estaría tan seguro….- murmuró mientras las fotografías para publicitar el disco sobresalían de un sobre de madera sobre la mesa, en ella el cantante tenía una mirada especial que jamás le vio y junto a él… la muchacha de cabello ébano y ojos amatistas.

N/A: Bueno después de mucha ausencia, perdón por ello, acá volvimos con esta peculiar historia, agradecemos de corazón a todos ellos que se toman la molestia de dejarnos un review, o simplemente hacernos saber su presencia.

El espíritu de Minako de "en otoño se usa novio" se transportó jajaja y también la ira de Makoto del mismo fic en Diamante… debo decir idea de Made, creo que es suficiente que lo toleren en mi fic ya, ella es la culpable de esas ideas ;)

Mi colega Made, anda sin internet momentáneamente, así que sólo dirá: "Hola soy Made, les mando saludos chicas"

Me despido, Nick Rivers