"La Rueda de La Fortuna"

El tiempo es el que te entrega la felicidad pero este mismo será el encargado de quitártela.

Selva Amazónica.

Entre la espesura llena de árboles y clima húmedo de la selva amazónica, tres hombres vestidos como exploradores, los cuales llevaban escopetas, así como gafas de sol caminaban por entre la selva tomando alguna y otra fotografía, siguiendo a un cuarto hombre que al parecer fungía como guía turístico.

-Esto es perfecto.- Murmuró uno de los hombres de aspecto latino en ingles tomando una fotografía a la flora de lugar.- ¿Falta mucho aun para llegar al rio Negro?- Preguntó el hombre al explorador que iba explicando a detalle todo sobre la selva amazónica así como advirtiéndoles de la existencia de animales propios de la región como jaguares, pumas entre otros animales salvajes.

-Solo un poco más.- Respondió el guía turístico.- Como les iba explicando, el rio Negro se localiza al oeste de la ciudad Manaus, si seguimos caminando en esa dirección estaremos aproximadamente en 10 minutos mirando el río.

-Eso es bueno saberlo.- Respondió otro de los hombres, el cual a pesar de hablar en inglés, por su acento se podía notar que era francés.- El calor comienza a parecerme insoportable, llegando me tomare un buen baño en el rio Negro.

Los cuatro hombres siguieron caminando, hasta que pronto sus ojos comenzaron a ver el caudaloso rio y a orillas de el a una mujer al parecer mal herida, vestida con un pantalón de mezclilla y una blusa negra desgastada, sucia del rostro y con algunas heridas.

-¡Es una mujer!- Gritó uno de ellos.- ¿Está mal herida?

Los cuatro hombres se acercaron, mirando entonces a la mujer quien poseía hermosos rasgos asiáticos, cabello castaño enmarañado y unos ojos verdes.

-¿Se encuentra usted bien señorita?- Preguntó uno de los hombres en inglés.

-Me duele todo.- Respondió la mujer en el mismo idioma.- Agua, agua.

Uno de los hombres acercó una botella a los secos y deshidratados labios de la joven, la cual dio tragos desesperados de agua.

-¿Qué hace usted aquí señorita?.- Preguntó otro de los hombres.- ¿La han herido?

-El avión se hundió… cuanto tiempo… ha pasado.- Balbuceó con debilidad en su voz.- Motoki.

Uno de los hombres miró como la mujer estaba a punto de cerrar los ojos y le dio algunas palmaditas en el rostro.

-Señorita… la ayudaremos… Solo díganos… ¿Cuál es su nombre?

-Reika… Nishimura… japonesa.

La mujer mal herida no pudo seguir hablando y olvidándose de seguir explorando uno de los hombres la tomó en brazos.

-Rápido, tenemos que ayudarla, llevarla a un hospital lo más rápido que sea posible.

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Mientras tanto, entro del cuarto de baño del departamento de Motoki, él y Makoto se encontraban desnudos dentro del jacuzzi, el recargando su torso desnudo en el duro mármol de las paredes, rodeando con sus brazos a su querida Makoto, quien tenía el cabello húmedo y los ojos casi a punto de cerrársele después de haber hecho el amor ahí dentro.

-Mako.- Balbuceó Motoki notando que su novia cada vez tardaba más en responderle.- ¿Tienes sueño preciosa?- Le preguntó.

-Mmm.- Respondió Makoto con un sonido que Motoki supuso era de flojera.- Me dejaste agotada, eres insaciable.

Motoki sonrió y beso el cabello húmedo de su novia.

-Pues tú te mirabas muy contenta.

-¿Contenta?- Habló ella con una risita.- Creo que esa no es la palabra que define correctamente como me siento… es más que eso…me siento feliz, extasiada, completa, es como si me hiciera volar y tocar el cielo.

-Tú me haces sentir lo mismo.- Respondió el dejando escapar un bostezo.- El fin de semana no tengo trabajo en el hospital.

-Eso me da gusto. La vida de un medico es demasiado absorbente.

-Sí que lo es.-Dijo Motoki.- Amo mi carrera, aunque odio que cuando haya urgencias tengamos que desbaratar nuestros planes.

Makoto tomó una de las manos de su novio entrelazándola con una de las suyas, besándole el dorso.

-No digas eso mi amor. Sé que amas tu profesión y yo amo lo que haces.- Dijo ella.- Tu también has tolerado tener que verme en televisión y que más de algún hombre me vea, bueno, tu sabes cómo…

-Eso es porque tengo una novia hermosa, aunque sí, me muero de celos.- Dijo Andrew.- Pero, bueno… ¿Qué te gustaría hacer el fin de semana?... Quiero pasar el día contigo.

-Me gustaría que fuéramos al cine.- Respondió Makoto.- Me da igual que película sea, pero tengo ganas de sentarme en una de las butacas, comer palomitas, dulces y refresco y besarte… ¿Sera posible que mi novio me consienta en eso?

-Por supuesto hermosa.- Dijo Motoki.- ¿Alguna otra petición que tenga mi dueña?

Makoto rió ante el comentario de Motoki.

-Si.- Respondió Makoto.- Me gustaría que mi dueño, el señor Motoki de Kino, aceptara que invitáramos a Rei… mi amor… por favor, ella ha estado muy triste desde que el patán de Tyler se alejó de su lado… Sé que querrías salir conmigo a solas pero…

-¿Yo no he dicho que no?- La interrumpió Motoki.- De hecho me parece buena idea, Rei es tu amiga y debes procurar apoyarla cuando más sola y triste se siente, eso habla bien de ti y hace que me sienta más orgulloso de mi chica… Aunque, ya sabes cómo es ella, supongo que quizá se sentiría incomoda con nosotros dos… ¿Qué te parece si invitamos a Seiya?... Digo, después de todo el fin de semana no tiene nada que hacer o eso creo… le hablare mañana temprano y le preguntare.

-¡Genial idea!- Exclamó Makoto.- Así seremos cuatro y no tres.

Makoto dejó escapar un suspiro y de pronto sintió las manos cálidas de Motoki sobre sus senos, acariciándoselos suavemente, tocándole los pezones y pellizcándoselos como solo él sabía hacerlo.

-Mmm.- Gimió ella.- Motoki.

-¿Ya no tienes sueño?- Preguntó el besándole el lóbulo de la oreja.

-Me lo has quitado.- Respondió Makoto con voz entrecortada sintiendo como las manos de él se dirigían a la cálida humedad de su cuerpo, acariciándola con los dedos.- Oh… ahí… sí.

-Este es mi lugar favorito.- Susurró Motoki.- Justo donde me gusta estar.

-Motoki…ahhh.- Jadeó ella apoyando sus manos en cada lado de la tina, moviéndose de tal manera que el agua salpicara la cortina que dividía el jacuzzi del resto del cuarto de baño.- ¡Me torturas!

Makoto se separó un poco de Motoki, volteándose para quedar frente a él, quien poso sus manos fuertes en la cintura de ella.

-Yo también puedo sorprenderte.- Dijo Makoto acariciándole las líneas que marcaban sus músculos con la yema de sus dedos.- Quizá podría un día de estos atarte en mi cama.- Continuó hablando Makoto hasta posar sus manos en el miembro viril de él, sintiéndolo endurecido entre sus manos.- Y darte placer.- Siguió hablando Makoto mientras con la yema de sus dedos le acariciaba la parte más sensible de su cuerpo a Motoki, escuchando los roncos gemidos que salían de su garganta.- Quizá un día de estos me podría disfrazar de… ¿cocinera sexy?

Andrew apretujo el trasero de ella y se acercó al vientre plano de ella, llenándolo de besos.

-No. Cocinera sexy no.- Respondió el.- Eso ya lo eres… ¿Qué tal de una Sailor Scout?

Makoto se le quedo mirando desconcertada por aquel último comentario.

-¿Quieres que me disfrace de Sailor Moon?.- Le pregunto.- ¡Kami, no puede ser posible que le excite ver a Serena, mi amiga!.- Pensó la joven en silencio.

-¡No!- Exclamo Motoki.- Jamás te pediría que te disfrazaras de ella, tú eres más hermosa.

-¿Entonces las otras te parecen muy lindas?- Pregunto Makoto sintiendo la punzada de los celos. ¿Cómo era posible que su novio fantaseara con sus amigas?

-Son lindas sí, pero a mí me gustaría que te disfrazaras de una en especial.- Le dijo Motoki mientras la hacía agacharse para besarle los senos.- No de cualquiera, de las más sexy y hermosa… de Sailor Jupiter.

-¿Qué?- Desconcertada la joven, sintiendo que si seguía hablando podría delatarse sola.- ¿Te gusta Sailor Jupiter?... ¿Te parece linda?... ¿Atractiva?- Pregunto Makoto sintiendo como los latidos de su corazón eran cada vez más fuertes y separándose un poco de su novio para mirarlo a los ojos.

El joven rubio se le quedo mirando a los ojos, contemplando sus facciones, el puente de su nariz pequeña y sus labios rosados y ligeramente hinchados a causa de sus besos.

-¡Mako, preciosa no seas celosa, solo es un comentario!- Le acaricio la mejilla con el dorso de su mano.- Solo dije que es la más hermosa de las sailors, al menos para mí… Además, si lo pienso bien hasta se parece a ti…-

-¡Motoki!...-

-Pero tú eres hermosa mi amor, no seas celosa, no tienes nada que envidiarle a nadie.- Le dijo mirándola amorosamente.- Olvida lo que dije preciosa, te amo, solo a ti, y para mí no hay mujer más bella y sexy que tu… ¿De acuerdo?... Tan solo dije que el disfraz era sexy… Además las sailor scouts no existen… ¿O tu qué crees?

Makoto sonrió al escuchar que su novio decía que Sailor Jupiter le parecía hermosa, pero que a pesar de todo era solo ella a quien amaba.

-Claro que no existen mi amor. Es un mito. Solo eso.

Motoki llevó una de sus manos al cabello húmedo de ella y la acercó hacia él, besándole los labios apasionadamente, para cuando se separaran por la falta de aire mirarla a los ojos.

-Te amo Mako.- Susurró el con voz entrecortada.- Me gusta que seas tan sincera conmigo, tan transparente y sin secretos, le haces honor a tu nombre Makoto.

Makoto al escuchar el comentario de su novio sintió un poco de culpa dentro de ella y se preguntó cómo se sentiría Motoki si algún día supiera que ella era Sailor Júpiter y que no se lo había confesado nunca.

-¿Sucede algo mi amor?- Cuestionó Motoki.

-Nada.- Respondió Makoto.- Es solo que te amo Motoki, me alegra tenerte en mi vida.

-Y yo a ti. Me siento orgulloso de tener a una novia que además de hermosa es linda, tierna, dulce y sincera, transparente y sin secretos.- Dijo Motoki.- ¿Sabes?... Sin temor a equivocarme, te puedo decir que esta es la mejor etapa de mi vida. Sé que Zafiro es un buen hombre, aunque sé que siente por ti algo especial, ciertamente sentía celos de que trabajaras con el… pero dejando mis celos de lado, deseo que encuentre a una buena chica… y gracias por haberme escogido mí. Ahora nada podrá separarnos.

Makoto sonrió sintiéndose plena y realizada, segura de que nada ni nadie empañaría la felicidad de ella y Motoki.

-Te quiero hacer el amor.- Susurró Motoki con voz ronca acercándola hacia si para besarle fiera y pasionalmente el cuello, mientras sus manos recorrían el hermoso cuerpo de la joven.

-Tócame, así.- Jadeó Makoto entregándose una vez más a su novio.

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Dias despues…

Hospital General de Tokio

La cafetería del hospital estaba atestada de personas, algunos empleados, otros personas comunes que solo pasaban un rato allí esperando que las buenas noticias lleguen o al final, las no tan buenas. Era mediodía y la larga fila para abonar en la caja parecía interminable, bufó y llevó su mano libre a el bolsillo de su pantalón negro de dónde sacó su billetera, llegó su turno y dejando con cuidado la charola cargada de algunos aperitivos nada nutritivos entrego el dinero a la señorita del otro lado que le sonrió arrugando su nariz marcando las graciosas pecas que se extendían sobre ella.

-Que tenga buen día Dr. Furuhata.- saludó con entusiasmo, a lo que el aludido le sonrió amable e inclinó su cabeza.

Buscó con su mirada una mesa libre, al fin al final de cafetería cercana al baño de hombres había una, suspiró resignado el digerir alimentos cerca del cuarto de baño no era exactamente la mejor manera de pasar su almuerzo, que de por sí no se veía nada apetitoso, pero ese día Makoto no pudo prepararle nada, y eso lo tenía aún más molesto.

Corrió la silla de caño y asiento blanco de cuero y se sentó, se dispuso a quitar el plástico transparente que envolvía su emparedado de atún cuando oyó una voz conocida que lo hizo alzar su vista. A tan solo unos metros de él, su gran amigo Darien Chiba, vestido con su bata blanca y cargando una charola no mucho mas nutritiva que la propia, buscaba desesperadamente un lugar para sentarse, rio de lado y alzó su mano.

-Aquí Darien.- vociferó atrayendo la atención del pelinegro que le sonreía y así se acercaba hacia él, esquivando a los pocos que se cruzaban en su camino hasta dar con la mesa al lado del baño para hombres.

-Una exquisita ubicación Motoki.- dijo a modo de saludo con aire de broma.

-Gracias Darien, la reservé esta mañana.- respondió con el mismo humor el rubio.

Tomó asiento y ambos se acomodaron para comenzar con su almuerzo, el sonido del televisor demasiado cercano para serles cómodo a la vista acompañaba al ruido causado por el plástico romperse.

-¿Y cómo va todo amigo?- rompió el trance que los atrapó intentando no tragar un pedazo de envoltorio justo al emparedado. -Hace mucho que no hablamos amigo, antes lo hacíamos más seguido.-

-Ni que lo digas Darien, yo he estado muy bien a decir verdad.- dijo con una sonrisa.

-Supe lo de Makoto, más que nada porque los he visto juntos por aquí, no sabes cuánto me alegra, ella es una muchacha muy buena.- dijo con sinceridad en su voz y en su mirada.

-Sí, lo es y a decir verdad estamos muy bien, me siento muy feliz. Pero vamos tu eres el que debe estar saltando en una pata, serás padre amigo.- exclamó feliz arrancándole una sonrisa al pelinegro.

-Lo seré y es tan increíble, todos los días se descubre algo, déjame decirte amigo, nunca me sentí tan…. Esperanzado. - soltó dejando a Motoki un tanto confuso, como si la sola palabra no fuera la acertada, como si al referirse a esperanza, esta estuviera ligada a su contra parte, desesperanza, sacudió su cabeza regañándose interiormente por tener pensamientos tan poco coherentes, que sin saberlo era exactamente lo que su amigo quiso decirle.

-Un bebé siempre es buena noticia, aunque…- iba a decir algo cuando él mismo se interrumpió no sabiendo si sería correcto.

-¿Qué Motoki? – se extraño el hombre frente a él. -Anda.- lo empujó con una sonrisa.

-No, es solo que los noté algo extrañados cuando les comunique que sería un varón.- dijo exponiendo la duda que hacía tiempo lo venía persiguiendo.

-Oh, eso…. No es nada.- negó son su cabeza acomodándose en su silla.- solo que estábamos seguros que sería una niña y Serena estaba entusiasmada, pero estamos muy felices amigo- finalizó con una honesta sonrisa, callando los demonios internos que sufrieron al comienzo de la noticia, momentos en los cuales toda la credibilidad de Luna y Artemis estaba manchada.

-Lo sé, es genial y ¿cómo lleva el embarazo Serena?- interrogó con genuino interés.

-Bien, ya sabes con ciertos altibajos lógicos de las hormonas, pero bien, está muy feliz también.- dijo con una media sonrisa.

Ambos se quedaron en silencio unos instantes, y fue ahí cuando el rubio estudio la mirada de Darien, se conocían hace años, compartieron mucho juntos y sin embargo, hacía tiempo lo sentía un extraño, ya no era el Darien sarcástico, el divertido y bromista, estaba frente a otro Darien, uno que era un total extraño para él y aunque intentaba convencerse que eran ideas suyas, todos los días la impresión volvía a surgir.

-¿Qué tanto me miras?- interrogó el pelinegro al sentirse objeto de observación.

-No, no es nada, lo lamento…- se excusó bajando su mirada, para luego alzarla nuevamente. -¿Estás bien tu amigo?- interrogó con seriedad dejando confuso al pelinegro, conocía a Motoki demasiado como para decir que esa pregunta significaba mucho más de lo que creía.

-Ya te dije que si… - sonrió Darien, pero la mirada azul de su amigo aun calaba en él y pronto la sonrisa en el rostro del pelinegro desapareció. –Estoy feliz por el bebe.- se limitó a decir apagando su gesto.

-Sacando eso Darien, ¿cómo estás?- insistió el rubio frente a él, el silencio los envolvió como si la respuesta a una simple pregunta significara todo y más, como si al decir en voz alta la respuesta exacta el final de una era estuviera atado a aquellas palabras, al fin abrió su boca, pero hizo lo que mejor sabia hacer, evadir.

-¿Qué quieres saber Motoki?- interrogó devolviendo la pregunta, dejando a un Motoki extrañado por dicha actitud, Darien solía ser directo, conciso, no así.

-Lo que te pregunté, solo eso, Darien tu siempre fuiste muy bromista, una persona graciosa, y hace mucho rato te noto un tanto apagado.- soltó para luego dar un sorbo a su bebida cola.

-Estoy bien Motoki…-

El rubio entendió que ya no debía intentarlo más y se dispusieron a comer en silencio, Darien intentaba no pensar en las palabras de su amigo, pero ciertamente él se sentía diferente desde hace mucho, más exactamente al poco tiempo de contraer nupcias con Serena y eso lo afectaba en todos los estratos de su vida, el trabajo lo estresaba el doble, no se sentía descansado, el tiempo junto a Serena terminaba siendo perjudicial para ambos.

Por su parte Motoki se llamó a silencio, conocía a Darien y sabía que no estaba pasando por un buen momento, no es que el embarazo no lo fuera, si no su vida en general y aunque estaban algo distanciados de un tiempo a la fecha, lo apreciaba, y es por ello que tomó fuerzas para preguntar de la manera que lo hizo.

El bullicio de la cafetería se acallaba un poco, señal de que algo interesante estaría pasando en televisión, notó la mirada de su amigo perdida en las imágenes y con un poco de esfuerzo Motoki estiró su cuello para ver lo que todos miraban. Sorpresa la suya cuando en plena pantalla estaba su querida novia con un revelador vestidito batiendo crema. Su gesto se torno de hastío y chistó con la lengua dejándose caer en la silla de manera violenta.

-Lo lamento.- oyó que su pelinegro amigo decía encogiéndose de hombros. –Debe ser complicado.- soltó con una sonrisa al entender que la molestia de Motoki era justificada, no era nada fácil ser novio de una de las mujeres más deseadas del medio.

-Ni lo digas, estoy a punto de poner una bomba en ese estudio.- ambos jóvenes empezaron a reír de su ocurrencia, cuando de repente una pegajosa melodía estalló en el lugar, las personas parecían aun mas atrapadas y Motoki reconoció la voz de Seiya en ella, y de nuevo la mirada de Darien se perdió en el televisor, solo que estaba vez su mirada expresaba mucho, emoción, nostalgia, confusión, notó que su pecho subía y bajaba erráticamente, en clara señal de exaltación. Motoki no supo que decir, la actitud de su amigo lo dejó confundido, desvió nuevamente su vista al aparato que a todos había hipnotizado.

Las imágenes eran el adelanto del nuevo sencillo de Seiya, en él una hermosa pelinegra era cortejada por su amigo, las escenas parecían muy intimas, incluso con destellos de erotismo, la hermosa mujer reía en una escena, reconoció sin esfuerzo a Rei Hino, la mejor amiga de Makoto, y de las chicas, la que alguna vez fue novia de Darien.

Las imágenes desaparecieron para dar lugar a los comerciales, y fue cuando el pelinegro relajó su gesto y enfocó su azul mirada en la charola frente a él, de a poco fue ascendiendo hasta encontrarse con la mirada de su amigo frente a él, no tuvieron que decir nada Motoki lo sabía todo, o al menos lo intuía y no había manera de escapar de la situación.

-Darien.- oyó la voz del rubio y solo se quedó en silencio como respuesta.

-Las acciones siempre tienen consecuencias….. Como así también la inacción, camina con cuidado.- dicho esto se puso de pie y tomó su charola. –Espero tengas bien día amigo, un afectuoso saludo a Serena.- y dicho esto el rubio desapareció entre las mesas.

Nunca comprendió muy bien aquello de "causa efecto" como cuando ligó su vida a Serena, y se alejó del rumbo que él quería para su vida, una vida ligada a dos más ahora, indivisibles al menos con una de ellas, la de su hijo, y juró que lucharía por hacer lo correcto.

Estudios ABC

Las personas dentro del set se esparcían cual hormigas para cada extremo, la hora del receso había llegado al fin, dejándolos descansar de las arduas tareas diarias y es que grabar no era tarea de solo unas pocas personas, técnicos, camarógrafos, personal de maquillaje y vestuario trabajaban incansable, ni hablar de los peluqueros que retocaban a cada minutos el cabello de los protagonistas de las escenas.

Poco a poco el lugar quedó desierto y la hermosa pelinegra envestida en un hermoso vestido color negro, con escote en forma de corazón sin mangas y entallado hasta la cintura donde éste se abría con varias telas que llegaban hasta media pierna, se dirigía hacia su camerino, los zapatos de tacón comenzaban a molestarle luego de varias horas de grabación, tocó la puerta, ya que hacía un tiempo que compartía su lugar de relax con su compañero de trabajo.

Oyó la voz dentro que indicaba que podía pasar, abrió la puerta con sigilo y de igual manera la cerró.

Dentro, el lugar era espacioso, bastante constada de dos mamparas que servían de vestidor, dos grandes mesas amuradas a la pared junto con grandes espejos y luces sobre ellas, las paredes eran rojas y todo los muebles bastante modernos la hacían ver sumamente genial. Seiya se encontraba sentado en uno de los amplios sillones mientras parecía afinar una guitarra. La joven tomó asiento intentando no dejarse caer bruscamente sobre el mullido sillón de cuero blanco y recargó su cabeza en la pared, deshaciéndose de sus altos zapatos negros.

-Toma.- la voz del pelinegro la sacó de su ensimismamiento al tiempo que le ofrecía un almohadón color naranja y rojo. –Te harás daño si no.- Rei sonrió ante el gesto y tomó el objeto que Seiya le alcanzaba al tiempo que el cantante le devolvía el gesto.

Ambos se quedaron en silencio cada uno sumido en sus preocupaciones, por su lado ella pensaba en todos los cambios que sufrió el último tiempo, lo sola que se sentía, y a la vez, tan cansada, como si a pesar de dormir, no recuperara fuerzas.

Por el otro lado, él solo se limitó a observarla de reojo, sin inmutarse, la vio allí con sus ojos cerrados, sus tupidas pestañas que rozaban sus mejillas y no pudo dejar de observarla, compartía mucho tiempo con ella a lo largo de los días, sin embargo se sorprendía lo poco que sabía de ella, y algo en él se despertaba, una curiosidad creciente por saber más sobre Rei Hino, no recordó momento en el pasado en el cual hubiese cruzado palabra alguna con ella y eso lo hizo sentirse extrañamente desalentado, de pronto y sin entender bien por qué, comenzó a entonar una canción siendo un misterio de donde la conocía, pero la necesidad imperiosa de hacerlo se tornó inquietante.

-Desde el Gran Mar hasta la Tierra Media he venido - comenzó a entonar el cantico.- En este lugar moraré, y mis herederos, hasta el fin del mundo…- la suave melodía atrapó a la sacerdotisa, haciendo que sus violáceos ojos se claven en Seiya, esa melodía removía algo en ella, algo que no comprendía, como si antes, tal vez en otra vida, hubiese presenciado la misma canción.- mi adorada me espera con su blanco vestido de tul, su largo cabello al viento... mi dulce princesa…-

Seiya calló abruptamente, y siguió con su mirada al par de ojos que lo observaba.

-¿Qué era?- pudo articular al fin la pelinegra sin dejar de mirarlo. -¿Qué era lo que cantabas?- interrogó nuevamente sintiendo como una sensación de angustia crecía en su pecho.

-No lo sé, solo vino a mí… - respondió sincero, compartiendo, sin saberlo, la misma sensación que la joven frente a él.

El silencio y la incertidumbre los envolvió, se quedaron mirándose mutuamente sin saber por cuanto tiempo, quizá segundos, quizá minutos, hasta que al fin la pelinegra suavizó su rostro y esbozó una bella sonrisa.

-Pues es muy linda.- dijo casi susurrando, como si temiera que alguien los oyera.

-Gracias Rei.- agradeció con sinceridad el joven sin dejar de contemplarla, como si dejar de ver esos ojos amatistas fuera el peor castigo que podrían imponerle.

-Tienes un talento muy especial.-

El muchacho sonrió y agradeció con un gesto de su cabeza mientras continuó tocando su guitarra, entonando suaves notas, solo que en algún punto se detuvo, como si no supiera cómo continuar la melodía que quería interpretar, varios minutos estuvo allí, hasta que al fin la voz de la amatista se alzó.

-Inténtalo con sol menor.- el comentario lo sorprendió, pero antes de replicar, siguió el consejo esbozando una gran sonrisa después, el ajuste sonaba perfecto.

-Gracias, hacia días que intentaba que suene así… ahora tiene coherencia.- dijo sacudiendo su cabeza levemente.

-Suele pasar.-

-No sabía que tocaras la guitarra.- dijo confundido, intentado hacer memoria si alguna vez la vio con el instrumento, la muchacha negó con su cabeza y se acomodó mejor en el sillón subiendo sus piernas hacia un costado, recostando sus rodillas para un lado, y sus pies en otro.

-No lo hago, solo tengo oído para eso, solo suelo escribir canciones, a veces compongo y muy rara vez canto.- dijo logrando quedar pensativa, jamás había contado aquello con tanta ligereza, no muchos lo sabían, ni siquiera Tyler.

-Pues deberías hacerlo más seguido, tienes una voz hermosa.- se sinceró el pelinegro, sintiéndose muy cómodo en la plática, dejó la guitarra a un lado y se sentó de costado para quedar frente a ella.

-Gracias Seiya.- sonrió al decir eso, una sonrisa hermosa, que logró atraparlo por unos segundos, desviando la atención de sus ojos, se acomodó nuevamente sobre su asiento cruzando sus brazos.

-¿Hace mucho compones?- interrogó enfocando toda su atención en la chica, quien pareció dudar unos instantes, llevándose un dedo a su mentón.

-Verás.- comenzó al fin.-cuando tenía 15 años en mi escuela se hizo un festival y yo quedé a cargo de la parte musical, fue cuando me anime a cantar algo que compuse yo misma, especialmente para la ocasión, pero no recuerdo un momento exacto, creo que desde niña me gusto mucho escribir.- hablaba empequeñeciendo sus hermosos ojos como intentando rememorar cierto punto en su vida muy lejano.

-Algún día me gustaría oír algo de tu autoría Rei Hino.- se animó a decir el muchacho con una galante sonrisa.

-No lo creo.- negó la pelinegra sacudiendo su cabeza mientras hablaba.

-Oye, que egoísta, yo te muestro lo que hago- soltó como si la sola frase fuese suficiente para chantajearla, la pelinegra soltó una carcajada que dejó a Seiya hipnotizado, el saberse causante de aquél gesto simplemente lo llenó de satisfacción.

-Gracioso tú le muestra al mundo lo que haces, aunque sin mi ayuda esa melodía seria un fiasco Seiya Kou.- dijo con aires de altanería tan comunes en ella.

-Entonces creo que debo ponerte en los créditos.- siguió la broma el cantante.

-Y dividir las ganancias.- completó ella, dibujando una sonrisita irónica, al tiempo que levantaba una ceja.

-Oh, ya veo, Rei Hino es una mujer de negocios.-

-No, solo soy una chica Seiya.- dijo levantando sus hombros.

-Una muy especial Hino.-

La chica agradeció tal halago inclinando su cabeza, rompieron el contacto visual y quedaron nuevamente en silencio, una atmosfera de confianza los envolvía, y curiosamente ambos estaban felices por ello, tal vez una buena amistad nacía.

-Seiya.- oyó la melodiosa voz de la sacerdotisa llamándolo, atrayendo su mirada.

-Dime Rei.-

Vio como la chica se llevaba ambas manos a su abdomen y arrugaba su nariz.

-Muero de hambre….- dijo con cierta pena en su rostro, haciendo reír al muchacho.

-Creí que ustedes las modelos no comían.- el pelinegro se puso de pie y extendió su brazo ofreciéndole su mano a la joven. –Ven, vamos por algo de comida.- sin decir más Rei tomó su mano y se puso de pie.

-Oye.- el muchacho se paró en seco, haciendo que Rei se golpeara contra la ancha espalda de Seiya.

-¿Qué?- interrogó ella confundida mientras la azul mirada de Seiya se dirigía a los pequeños pies descalzos de Rei.

-Estás descalza.- le dijo señalando a sus pies.

-No me hagas obligarte a usar esos tacones, para demostrarte como me siento Kou.- advirtió con jocosidad.

-Está dicho.- se limitó a decir con gesto satisfecho.

Ambos salieron del camerino, sin darse cuenta aún tomados de la mano.

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Noche del mismo día.

Darien se encontraba sentado en el sofá en color beige de su casa, mientras en sus manos sostenía un libro de embriología que había adquirido años atrás cuando aún era un estudiante de medicina. Esa rama de la biología, como otras tantas siempre le había agradado, pero ahora que iba a ser padre el tema le apasionaba en demasía. Ciertamente las cosas no eran como él las hubiera imaginado antes de saber que era la reencarnación del príncipe Endymion de la tierra, jamás hubiera imaginado casarse con una mujer como Serena, y aun después de enterarse y asumir el destino que ya estaba prescrito, le sorprendió en demasía que el ultrasonido develara que él bebe que ella y su esposa esperaban no era la tan ansiada pequeña dama, sino un bebe varón, pero aun con todo estaba ilusionado, sería su primer hijo, parte de él.

-Darien.- Lo llamo su esposa con voz dulce.- ¿Qué haces mi amor?

Darien tomo una bocanada de aire y cerro el libro dejándolo sobre el sillón. Recordó la conversación que había tenido esa mañana en el hospital con Andrew, su mejor amigo desde que ambos eran unos universitarios, esa conversación donde el de manera muy sutil le había pedido no hacer sufrir a Serena, más en el estado en que se encontraba.

Ciertamente le tenía cariño a su esposa, pues con la convivencia ella se había ganado un lugar en su corazón, pero ese cariño no era amor, no es del tipo de amor que se le tiene a una mujer, del que él le tenía a Rei Hino, un amor que habia descubierto cuando ella se había alejado de Tokio, cuando la había perdido tras casarse con Serena. Mas sin embargo, Serena estaba embarazada, y procuraría llenarla de felicidad, porque ella no era mala y lo merecía, además en su vientre llevaba al hijo de ambos.

-Leía un libro sobre embriología.- Respondió Darien con una sonrisa.

Serena caminó hasta llegar al sofá y se sentó justo a un lado de su marido.

-Quizá no es lo que esperábamos.- Dijo Serena llevando una de sus manos a su vientre que aún no era notorio.- Las cosas no están sucediendo como debería de ser, pero sea como sea amo a este hijo, quiero enfocarme en eso en vez de estar pensando porque no es una niña.

Darien dibujo una sonrisa en su rostro y llevó una de sus manos al vientre de la rubia, acariciándole el vientre, ella tomó la mano de él y levanto su rostro clavando sus ojos azules en los de su marido, regalándole una sonrisa, ese gesto le parecía tan íntimo y hacia tanto tiempo que no estaba tan cerca emocionalmente.

Dentro de su corazón tenía la esperanza de que con la llegada de su bebe las cosas cambiaran, que Darien fuera diferente, que ese hermoso bebe los uniera y llenara sus días de felicidad. Pues aunque Darien era su marido, muchas veces a pesar de estar tan cerca de él, sentía como si estuvieran lejos el uno del otro.

-Son nueve semanas.- Interrumpió ella el silencio.

-En esta etapa él bebe comienza a moverse.- Dijo Darien.- Aunque es posible que todavía no sientas sus movimientos, así que no te alarmes Serena. Sus parpados comienzan a fusionarse, aunque todavía no están separados, aparecen sus rodillas, codos, brazos y piernas y también comienzan a formarse sus huellas digitales.

Serena sonrió y sus ojos se iluminaron, tomo una de las manos de su marido entrelazándola con la suya.

-Nuestro pequeño Endymion ya se mueve.

Darien la miró con extrañeza y arqueó una de sus cejas.

-¿Endymion?

Serena soltó una risita al ver la expresión en el rostro de su marido.

-Sí, me gustaría que se llame Endymion, que lleve el nombre que llevaste en tu vida pasada. De alguna manera, aunque no sea Rini, el será el heredero de Tokio de Cristal.- Serena se quedó pensativa unos segundos.- Aunque con todo esto, a veces dudo que Tokio de Cristal llegue.

-Así mejor.- Dijo Darien pensativo.- No me gustaría que mi hijo cargara con ese peso sobre sus hombros… me gustaría que tuviera la dicha de ser un hombre común… que pudiera ser libre, hacer lo que desee.

Serena se quedó pensativa ante las palabras de Darien, de cierta manera ese comentario había sido como una espina en su corazón.

-¿Sientes que ser la reencarnación del príncipe Endymion es un cargo sobre tus hombros?- Preguntó Serena con cierto temor en su voz.

Darien se sobresaltó ante la pregunta de Serena, no había medido las palabras antes de hacer ese comentario, en el cual sutilmente renegaba de ser la reencarnación del príncipe Endymion.

-No precisamente.- Dijo Darien tratando de recomponer lo dicho.- Bueno… es que quiero lo mejor para nuestro hijo… quizá el no desee ser príncipe o un rey… tu sabes que eso conlleva muchas responsabilidades… me gustaría que fuera libre de tomar las mejores decisiones para su vida, sin pensar en que tiene que cumplir con ciertas obligaciones que la mayoría no tienen.

Darien notó que en el rostro de su esposa había tristeza, quiso hacerla feliz, pero no sabía cómo hacerla feliz cuando ni siquiera el lo era.

-Darien.- Habló ella sintiendo la garganta seca.- ¿Eres feliz?

Darien sonrió y le dio un beso casto en la mejilla.

-Claro que soy feliz.- Dijo Darien.- Voy a ser padre y eso es algo que me llena de dicha.

Darien abrazo a su esposa estrechándola entre sus brazos y Serena hundió su rostro en el pecho de él. Dentro de sí sentía que Darien no se sentía feliz del todo con ella, pero esperaba que fuera pasajero y que ese hijo los uniera.

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Kunzite abrió la puerta, había estado contactando algunas citas para próximas presentaciones que tenía un mes y había llegado tarde a casa, sin siquiera haberle llamado a su novia, pues se le había quedado el celular sin batería.

-¿Mina?- La llamó mientras cerraba la puerta. Al darse cuenta de que su novia no respondía supuso que estaba dormida. Lentamente se quitó los zapatos y los dejó tirados en la entrada, para caminar con pasos quedos y suaves con la intención de ir a la cocina a prepararse un emparedado de atún y después ir a dormir junto a su hermosa novia.

Pasó por la sala y al llegar al comedor el cual era al estilo occidental, de fina caoba pintada en color crema, miró la mesa puesta con dos platos, palillos, una charola en el centro, velas y un hermoso ramo de rosas rojas en el centro. Sonrió para si mismo ante el detalle de Minako, algo que le pareció demasiado tierno.

Lentamente se acercó a ella, besó el rubio cabello de su novia y ella al instante se movió y abrió sus ojos azules.

-¿Kun?.- Preguntó ella mirándolo como una niña que ha sido reprendida.- ¿Por qué has llegado tarde?... Hoy es nuestro aniversario.- Lo miró ella con un puchero.

Kunzite dibujo una media sonrisa y se rasco la cabeza.

-Creo que eso fue hace dos meses Mina.

-¡No!.- Exclamó Minako.- Justo un día como hoy tuvimos nuestra primera pelea de novios… ¿No lo recuerdas?

Kunzite dibujo una media sonrisa.

-Sinceramente no lo recordaba.

-¡Kun!

-Pero te amo hermosa.- Dijo el levantándola entre sus brazos.- ¿Acaso no eres mi diosa venus, mi diosa de la belleza?

Minako enredo sus piernas alrededor de la cintura de Kunzite y lo beso en los labios.

-¿Quieres comer?- Lo miró ella con una sonrisa.- La receta la he sacado de programa de Mako-chan.

Kunzite tragó saliva, pues sabía que los intentos de cocinera de su novia siempre eran un fracaso, la última vez que lo había convencido de comer uno de sus platillos, cuyas recetas había escuchado en el programa de su amiga Makoto, había quedado terrible, el sabor era asqueroso, pero el con tal de ver su sonrisa había comido todo, aunque eso le había causado estar en cama una semana.

-¿Por qué mejor no hacemos otras cosas?- Dijo el mientras le besaba el cuello.- No es precisamente comida lo que deseo comer.

Minako asintió y Kunzite caminó con ella en brazos hasta llegar a la habitación de ambos, en la cual depositó suavemente a su novia.

-Espérame un momento mi diosa Venus.- Dijo el.- Iré al baño.

Kunzite antes de salir del cuarto puso a cargar su teléfono celular, Mina escuchó de pronto que un mensaje de texto le llegaba y curiosa como era lo abrió y decidió leerlo.

"Querido Kun, fue muy grata tu compañía el día de hoy Eres increíble corazón."

Minako borró el mensaje de texto sin saber bien por qué y dejó el celular justo donde estaba, sintiendo como si una daga se hubiera encajado en su pecho. Sintió una incertidumbre invadirla y miles de ideas se le cruzaron por su mente... Aun con el ceño fruncido, intentó dibujar una sonrisa, que aunque pareciera ingenua, no lo era.

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Londres, Inglaterra

La pequeña oficina era fría, más fría de lo que alguna vez recordaba, en ella solo se encontraban un escritorio, dos sillas oscuras y una camilla. Las paredes blancas cual mausoleo se alzaban a cada lado de ella, en frente una pequeña ventana por donde se filtraba escasa luz solar por entre las hendijas de la persiana americana. Dirigió su mirada rubí a la camilla donde se efectúan controles médicos y un escalofrió la recorrió.

Introdujo su mano en el bolsillo interno de su chaqueta color azul francés y de allí sacó un pequeño pañuelo blanco, donde dos iniciales bordadas en dorado sobresalían de la fina tela blanca, lo estrechó contra su corazón, siempre tan cerca de él, no era el objeto, si no a quien pertenecía y a quien se lo había dado, esa persona que supo ganarse su confianza y sobre todo su amor, cuánto desee tenerlo junto a ella, pero imposible era e imposible sería. Guardaba recelosa aquel objeto que aún tenía impregnada la fragancia masculina que siempre lo caracterizó, y cual niña que comete una travesura solo lo admiraba a solas, cuando nadie la veía, o al menos eso creía.

El sonido de la puerta la sacó de tu letargo prohibido y con un movimiento rápido guardó el pañuelo en el mismo bolsillo interno y se puso de pie.

-Srita. Mehio – saludó el hombre frente a ella, alto de cabello cano y ojos azules, en su rostro pocas arrugas surcaban el final de sus amables ojos, delgado y de gran altura, elegante y con manos delicadas. –Siento haberla hecho esperar, pero he tenido una emergencia.- explicó mientras se quitaba la blanca bata colgándola a un lado de la puerta donde un perchero amurado hizo su aparición, en los labios rosas de Setsuna Mehio se formó una sonrisa, había escapado a su minuciosa vista.

El galeno le indicó que tome asiento y así lo hizo, la mirada rubí de la mujer se posó en la corbata color azul oscuro, tal como el traje que ella llevaba, la camisa celeste del médico lo hacía ver casi etéreo, en contraste con su piel, el hombre comenzó a hablar, pero ella ya no lo oía, sabía bien lo que ocurría.

-¿Entiende Srita?- insistió el galeno ante la falta de atención de la peliverde.

-Disculpe, estaba distraída.- ella nunca se distraía, sin embargo ese día fue extraño, demasiado para ella.

-Le decía que los estudios de la pequeña Hotaru no dieron con el problema y que necesitaremos que este más tiempo en observación por lo que extenderé el tiempo de internación.-

-¿Cuánto tiempo doctor?- interrogó con gesto ilegible y mirada perdida en los ojos del hombre frente a ella.

-No lo sabemos con exactitud.- dijo con seriedad, bajando sus hombros en claro signo de desaliento.

-Doctor, Hotaru es una niña, y como tal necesita una vida normal, y me temo que el permanecer acostada en una cama de hospital no es lo que quiero para ella.-

-Entiendo, pero…-

-No, usted no entiende, Hotaru necesita vivir doctor, y el tiempo invertido aquí, invadiendo su frágil cuerpo no fue lo que esperamos, y exijo que Hotaru tenga calidad de vida, y no pase más tiempo en este lugar, ni en ningún otro donde esté conectada a aparatos y máquinas que digan cuando respira y cuando su corazón golpea en su pecho doctor.-

-Srita. Mehio…- soltó en sentida compasión.

-Ella sabe cuándo su corazón late, y lo hace estando con sus seres amados y es por ello que regresaremos a Japón, donde mi pequeña tendrá una vida como la merece… el tiempo que sea….-

-No será mucho ese tiempo.-

-Será lo que deba ser Doctor.-

Se despidió del galeno con un cordial saludo, caminó a paso lento, pero firme, golpeando sus tacones con la blanca cerámica bajo ella, salió del hospital central y como si una bocana de aire golpeara y calara hondo en sus pulmones, inspiró para luego romper en llanto, buscó entre sus ropas el blanco pañuelo y limpio sus lágrimas con él, deseando que fueran las dulces manos de su amado, tan lejos se encontraban…

Nicky: No sé qué decir… ¿Se te ocurre algo made?

Made: Ay Nicky, si tú eres la cómica, tienes que saber que decir.

Nicky: ¡Al fin publicamos!... Dejamos en pausa a estos personajes, su contrato peligra con nosotras.

Made: Ja, ni lo digas, Andrew jamás me dejaría… ¡Andrew es MIOOO!

Nicky: Si es tuyo… Pero cambiando de tema… Seiya ha tenido denuncias graves, se filtró información de que Made quería deshacerse de él, y un telón se cayó convenientemente mientras el, Andrew y Kun tomaban café.

Made: Ejem… yo no fui, además acepte gustosa su contrato pues cobraba mucho menos que Tamahome… ¿Por qué creen que Tamahome actúa en pocas escenas en ángel caído?

Nicky: Es que se le subio el estrellato a la cabeza, pero no señor, si quieres matamos a todos y ya, peste bubónica o lo que sea…

Made: Eso sería como aburrido Nicky, nos quedaremos sin actores.

Nicky: Podemos actuar nosotras… Made y Nicky con estrellas en sus ojos.

Made: Ay, pero no tendríamos galán porque los matamos… aunque… ¿Podría resucitar a Andrew y tener mi propio lemon con él?

Nicky: ejem… made, no creo que las lectoras quieran saber tus fantasías… eso después lo pensamos… mientras tanto.

Made: ¡Hasta la próxima!