En cursiva son pensamientos.
En negrita es otro idioma (Español)
"comillas" y cursiva para el parsel.
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CAPÍTULO 17
R.A.B
Escribirle a Sirius nunca le pareció tan complicado, no es que haya sido fácil en un principio, el hombre era una bomba de relojería con el mecanismo demasiado sensible, pero ahora era peor porque ni siquiera sabía cómo abordar el tema para que los ayudara a buscar el Horrocruxe.
Harry suspiró, haciendo una mueca con la vista fija en la carta a medio escribir. Había comenzado con un sencillo:
" Hola, Sirius. ¿Cómo estás?
Lamento lo que ocurrió anoche, no era nuestra intención alterarte, en verdad necesitamos tu ayuda…"
Eso sonaba mal de muchas maneras, como si lo estuviera compadeciendo y al mismo tiempo sólo le interesara lo que pudiera conseguir de él, no era así. Estaba genuinamente preocupado por su padrino. El problema es que no sabía cómo acercarse. Incluso Katerina le había dicho, esa mañana que fueron a la biblioteca, que era mejor que sólo él lidiara con el trastornado Black. En todo caso no iba a escuchar a nadie que no le tuviera confianza, fueron sus exactas palabras.
Es por eso que estaba aquí, en la sala común de Gryffindor. Escribiendo una carta, la cual podría terminar siendo una pérdida de tiempo si Sirius decidía ignorarlo, en vez de estudiar los maleficios del libro que le dio Draco para la tercera prueba del torneo.
"Querido Sirius.
Estoy preocupado por lo que pasó en nuestra última charla, no era nuestra intención que te molestaras. Entiendo que sea un tema delicado para ti y quisiera expresarte mi apoyo. Si quieres hablar sobre lo que pasó o cómo te sientes, aquí estoy para ti. No te presionaré al respecto.
Pero sí necesitamos de tu ayuda, sólo podemos contar contigo para esto. Hay un artefacto oscuro escondido en Grimmauld Place. Un relicario que perteneció a Salazar Slytherin, es vital destruirlo para que podamos acabar con Voldemort. Si la información de Katerina es correcta, el elfo de la familia Black… ¿Kreacher? Debe tener escondido el relicario en su nido dentro de la alacena.
Sé que estás tan ansioso como yo de que todo esto termine y gracias a esta información a la que ahora tenemos acceso creo que podremos lograrlo.
Sirius, esto es mucho más grande que nosotros, finalmente tenemos al alcance lo que tanto estábamos esperando. No sé por lo que estás pasando, no sé lo que piensas, pero seguro estás deseando tanto como yo que todo termine de una vez.
Espero de verdad que no ignores esta carta.
Pase lo que pase, quiero que sepas que te quiero.
Con cariño… "
– Harry ¿Terminaste el ensayo de encantamientos? – preguntó Hermione interrumpiendo su carta.
– Aún no. – respondió el moreno terminando de firmar la carta. – Lo empezaré luego.
– ¿Luego? Es un metro y medio de pergamino. ¿Qué haces que no lo has empezado? – cuestionó en ese tonito reprobador que siempre usaba. La castaña intentó ver por sobre el hombro de Harry lo que estaba escribiendo, pero él dobló el pergamino a la mitad antes de que pudiera leerlo. A Hermione no le gustó eso.
– El ensayo es para la próxima semana, todavía tengo tiempo para redactarlo. – desestimó el joven guardando la carta en su mochila, si se apresuraba a la lechucería tendría tiempo para encontrarse con Draco antes de la cena.
– ¡Harry! Que participes en el torneo no te exime de tus tareas. – comenzó a regañarlo Hermione. Harry se detuvo con su mochila aferrada a su mano, su expresión comenzaba a delatar su molestia.
– Soy muy consciente de eso, Hermione. – gruñó, conteniéndose para no ser grosero con su amiga. – Gracias por tu preocupación, pero puedo administrar mi tiempo de estudio por mí mismo. – no espero una respuesta, colgó su mochila al hombro y salió de la sala común.
Hermione se quedó con la palabra en la boca. Molesta e indignada a partes iguales por ser desairada tan groseramente, desde su primer año que eso no pasaba, al menos no con Harry. Él estaba cambiando su comportamiento. Anteriormente ella podía saber lo que pensaba Harry o donde estaba todo el tiempo, ahora la evadía, desapareciendo por largos períodos de tiempo sin decir a donde o con quien, le molestaba sobre todo el "quien". No había nadie más inteligente que ella en el colegio ¿Por qué iba con alguien más a estudiar si ella estaba ahí mismo?
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Sorprendentemente Harry no tuvo que esperar mucho tiempo para recibir una respuesta, poco antes de que terminara la cena se escabulló del gran comedor para ir a encontrarse con Draco, aprovechando que todos los estudiantes estaban cenando ellos fueron hacia el patio central para tener un momento de privacidad.
Durante la tarde habían estado practicando hechizos y protecciones, pero ahora –el tiempo para ellos era limitado por lo que no lo perdieron en hablar– prefirieron aprovechar su cercanía y la soledad para besarse.
Al principio Harry se tensa y se pone nervioso, pero mientras más se besan se relaja poco a poco, se derrite… En realidad, se calienta entre los brazos de Draco, disfrutando de sus atenciones. Malfoy apenas comenzaba a deslizar sus manos bajo el uniforme de Harry cuando escucharon el ulular de una lechuza.
Aturdido como estaba Harry alzó el rostro, con sus lentes un poco torcidos y las mejillas rojas, alcanzando a ver la misma lechuza negra, huraña y de pico filoso preguntándose qué hacía ahí a esas horas, cualquier carta normalmente era entregada a la hora del desayuno, pensó con su mente nublada. Draco por supuesto ignoró a la lechuza para poder mordisquear el cuello de Harry.
Vagamente recordó que en realidad esa era la lechuza huraña que Sirius le envió la primera vez.
¿No podía esperar al desayuno?
Sobresaltado recordó de pronto que no, esa carta era importantísima.
– D–Draco. La lechuza… – llamó Harry, tembloroso, intentando separarse del rubio.
– Déjala.
– Draco, necesito la carta ¡Ah! – gimió cuando el rubio mordió un punto en su cuello justo bajo su oreja. – ¡Draco! ¡Necesito ver esa carta! – con un leve gruñido el rubio no le quedó de otra que soltar a Harry.
– ¿Qué es tan importante? – cuestionó el rubio con los brazos cruzados sobre su pecho.
Harry miró a Draco dudando en si debía decirle, ¿Katerina le habría dicho? ¿Sería prudente contarle a Draco? Ni siquiera sus mejores amigos sabían.
– Es una carta de mi padrino. – confesó el moreno. – Sirius. – completó al ver que Draco no tenía idea de a quién se refería.
– ¿Del prófugo Sirius Black? – preguntó el rubio asomándose, recordaba los periódicos del año pasado, con la cara del criminal Sirius Black gritando como un desquiciado mientras sostenía su cartel con el número de prisionero, si bien ese año no dijo nada al respecto le parecía perturbador, su padre siempre le dijo que la locura Black era real y venía de familia, quizás eso explicaba sus claros desvaríos al estarse besando con el que debería ser su rival escolar, pensó con humor el rubio.– ¿Por qué recibes cartas de un criminal prófugo?
Harry iba a decirle que se callara, pero entonces recordó que Draco en realidad no sabía nada ¿Cómo podría saberlo? Era lógico que pensara que Harry en realidad se estaba carteando con un criminal peligroso que seguía siendo buscado por el cuerpo de aurores por el crimen de asesinato a doce muggles y un mago. Nadie más supo la historia tras el encarcelamiento de Sirius Black.
– Sirius Black es mi padrino, y es un hombre inocente. Fue incriminado por Peter Petigrew y encarcelado sin un juicio previo. – aclaró Harry guardando la carta en su bolsillo, se dio la vuelta para darle un nuevo beso a Draco. – Tengo que volver a la torre. – murmuró contra sus labios. – Prometo que te veré a la sombra de la torre oeste mañana.
– Bien. Más te vale que sea bueno, Potter. – con una sonrisa ladeada le dio un último beso a Harry, uno que le dejó las piernas débiles y un problema dentro de su ropa interior.
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Abajo, en las mazmorras, Kati se dirigía a un encuentro con el Maestro de pociones después de cenar, el hombre no estuvo durante la comida por lo que se apresuró a picar algo rápido antes de bajar con pasos cortos y presurosos el centenar de escaleras, desde la mañana que encontró el anillo de los Gaunt junto al patriarca Malfoy, no pudo reunirse con Severus. Pero ahora con dos Horrocruxes en su poder era imperativo deshacerse de ellos, sin mencionar que el nuevo giro de acontecimientos en la mansión Riddle cambiaba los planes previos… Ella pensaba que podían mover el tablero a su favor, no todo estaba perdido.
Apenas llegó a la puerta de los aposentos de Severus tocó lo suficiente para anunciar su intrusión, pero no esperó respuesta, como era su costumbre desde que llegó al mundo mágico. Severus, sentado en el que rápidamente identificó como su sillón preferido cerca de la chimenea, con un libro en el regazo y su túnica negra descartada en el respaldo del sillón. Katerina abrió grandes los ojos al verlo con el chaleco de terciopelo desabotonado y la camisa blanca arremangada en los antebrazos, sintió su cara calentarse mientras sus ojos se deleitaron con la imagen de un desabotonado Severus Snape, una pequeña sonrisa ladeada apareció en su rostro.
– Entra o sal, pero no te quedes ahí parada. – regañó el hombre apartando brevemente la vista de su libro para mirarla. La voz profunda fue suficiente para sacarla de su ensoñación. Respirando profundo para serenarse ella cerró la puerta, se acercó a Severus con una sonrisa juguetona. – ¿Qué? – soltó al notar la sonrisa de la morena, no le agradaba cuando sonreía así. Como si quisiera hacerle una jugarreta, no iba a tolerar eso.
– Adivina lo que encontramos. – canturreó, sus carnosos labios extendiéndose en una sonrisa juguetona, en cambio Severus frunció más las cejas, eso no desanimó a Katerina. – No eres divertido. – mordiéndose el labio inferior sacó una cajita de terciopelo negra del bolsillo de su túnica. – ¡Ta–da! El anillo de los Gaunt. – Dijo abriendo la cajita, sobre una almohadilla de satín descansaba la joya, un anillo feo que fue hecho de forma algo torpe con oro, creía Katerina, probablemente un testimonio de las habilidades rudimentarias y las herramientas utilizadas para crearlo. Lo que realmente destacaba era la piedra cuadriforme, tan negra y brillante como un azabache, grabada con el símbolo de las Reliquias de la Muerte. – Si tan sólo tuviéramos la varita de sauco. – murmuró Kati en su propio idioma, podía comprender un poquito a Dumbledore por dejarse seducir… pero no lo suficiente como para dejarse maldecir tan estúpidamente, aunque… técnicamente eso no iba a ocurrir, por lo que, de alguna manera, el viejo ridículo debería agradecerle por salvarle de una muerte prematura.
– ¿Qué estás balbuceando? – cuestionó el Maestro desconfiado.
– Nada importante. – cerró la cajita dejándola en manos de Severus. – Tenemos dos horrocruxes, falta el relicario y Nagini. – suspiró. – El Señor Oscuro sabe de ustedes… – Kati se sentó en el sofá aledaño a Severus, se quitó la túnica escolar y se arremangó la camisa blanca hasta los codos, la corbata roja y escarlata la guardó dentro de uno de los bolsillos de la falda dejando a la vista parte de su escote. – Pienso que podemos girar esto a nuestro favor ¿Sabes? Porque el Señor Oscuro es un idiota narcisita, tan pagado de sí mismo que nunca pensará que vamos a apuñalarlo por la…
– ¿Qué crees que estás haciendo? – interrumpió Snape. Kati detuvo sus movimientos sin saber a lo que se refería.
– Eh… ¿Ideando un contraataque que terminará en suicidio? – Severus rodó los ojos ante la estúpida respuesta.
– ¿Por qué diablos te estás quitando la ropa? – por un momento vio el rostro confundido de Katerina, como se escaneó a sí misma, como si no comprendiera su exaltación… entonces la pequeña boca se extendió en una sonrisa malévola, los artificiales ojos verdes brillando traviesos.
– Tienes la chimenea a tope, tengo calor. – señaló las altas llamas. – ¿Por qué? ¿Te pongo nervioso?
– No seas ridícula. – dijo el pocionista aunque sus mejillas adquirieron un poco de color.
– Por supuesto que no. – dijo burlándose del hombre. – Entonces, como te decía el Señor Oscuro los descubrió merodeando, obvio no confía en ustedes, pero seguro que piensa que no van a tener las bolas de apuñalarlo por la espalda. – Severus hizo una mueca ante la vulgar expresión. – Lamentablemente no podemos hacerlo solos, dos hombres marcados por la marca tenebrosa y un estudiante contra el círculo del Lord ¡Ja!
– Pensaba que eso era exactamente lo que tenías en mente. – se burló Severus, volteando el rostro a la chimenea evitando distraerse con el escote de Katerina.
– No soy esa clase de suicida. – una ceja arqueada fue suficiente respuesta de que no creyeron en sus palabras. – Mi punto es que necesitamos apoyo para acorralar a los mortífagos.
– ¿De dónde sugieres que saquemos apoyo? Nadie nos va a creer.
– Hombre de poca fe. Rescataremos a Alastor Moody, él será la prueba que necesitamos para movilizar a un grupo de aurores.
– ¿De qué demonios estás hablando? ¡Moody! Ese maniático no nos ayudará ni en un millón de años. – levantándose del sillón negó con la cabeza. – Cualquier mención de los Mortífagos hará que quiera encerrarme en Azkaban, no nos escuchará.
– Si lo rescatamos nos escuchará…
– ¿Te estás escuchando a ti misma? – inquirió irritado Severus, la conversación se estaba tornando absurda. – Me parece que estas malinterpretando algo aquí, Moody está en su oficina, no hay nada de qué rescatarlo…
– Es un impostor. – soltó finalmente la morena.
– …Imposible. – soltó el Maestro con los dientes apretados.
– El Alastor Moody que ha estado enseñando desde el comienzo del curso es un impostor bajo la poción Multijugos. – Katy se mordió los labios, Severus le estaba dando una mirada muy aterradora. – Te falta piel de serpiente arbórea africana y cuerno de bicornio en tus reservas ¿No es así? Acusaste a Harry de robarlas, pero piénsalo ¿Para qué Harry querría hacer una poción Multijugos este año?
– No es la primera vez que roba ingredientes…
– ¡Ese no es el punto! – exclamó rodando los ojos, no iba a entrar en esa tonta diatriba de lo que era o no culpable Harry.
– Tienes toda la razón. – en un movimiento rápido que Katerina no pudo prever Severus le tomó del cuello de la camisa acorralándola contra el sillón mientras sentía la varita de pino negro clavarse contra su quijada. – El punto es… ¿Cuánta información manejas realmente? Das pequeños fragmentos, esperando que crea ciegamente en ti. Eres igual a Dumbledore.
– ¡No soy como él! – aunque estaba aterrada de lo que pudiera hacer el hombre con su varita no se iba a dejar insultar de esa manera. – Hago lo que puedo para salvarlos por…
– ¿Por el bien común? – escupió sarcástico.
– El maldito mundo mágico puede arder en llamas, para lo que me importa.
– Entonces ¿Por qué? – la varita de núcleo de corazón de dragón se clavó con más fuerza haciendo sisear a la morena. – Lo he estado pensando, una y otra vez desde que apareciste. ¿Cuáles son tus motivos? ¿Qué escondes?
Mirándolo a los ojos respondió. – Solo quiero salvar a los que amo.
La respuesta no pareció satisfacer a Severus, el agarre en su ropa se apretó, apretando su cuello, dificultando su respiración. – No me tomes por tonto. – gruñó con los dientes apretados.
– Eres muchas cosas Severus Snape. – posando su pequeña mano sobre el dorso de la mano que la mantenía contra el sofá, acarició sus dedos. – Poco emotivo en general, parapetado y siempre a la defensiva. Gran capacidad de concentración, frío, retraído, duro, desconfiado…
– No sabes nada de mí.
– También tienes cualidades preciosas. – continuó suavemente, su otra mano cubrió los dedos que sostenían la varita contra su cuello, extendió su mano derecha, acunando la mejilla del hombre sobre ella haciendo que Severus se tensara. – Eres prudente, práctico en todos los asuntos que te conciernen y si das tu corazón lo harás para siempre… – su mano continuó hasta posarla en la nuca de Severus. – Junto a tu lealtad. – aprovechando el momento de estupefacción Kati haló a Severus hacia ella, sus labios carnosos impactando contra los del pocionista en un sorpresivo beso.
La morena estaba esperando la reacción violenta que rompería el beso, es por eso que se sorprendió al sentir los delgados labios del hombre corresponderle. Por Dios – pensó casi sin aliento – ¡Estaba besando a Severus Snape!
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La sala común finalmente se vació de estudiantes a las once de la noche, Harry subió más temprano a la habitación de los chicos para despistar y en cuando escuchó los ronquidos de Ron y el suave silbido que hacía la nariz de Neville al respirar decidió bajar a la sala común.
La nota que le entregó Sirius fue corta. "Sala común de Gryffindor. Ven solo. 11:30 pm"
Asegurándose de que no hubiera nadie, Harry se sentó en el suelo cerca de la chimenea donde sabía que aparecería el rostro de Sirius Black en cualquier momento. Mientras esperaba pensó en lo que podría decirle a su padrino.
Sus pensamientos fueron interrumpidos con el crepitar del fuego y el rostro de su padrino se formó con las cenizas.
– ¡Sirius! – saludó Harry, feliz de poder hablar con el hombre, aunque entre los distorsionados rasgos del fuego no notó la misma alegría. – Me alegra que…
– ¿Estás solo? – cortó el hombre, los artificiales ojos ardientes husmearon los alrededores.
– Lo estoy. – suspiró el joven. Claramente no iba a ser una conversación fácil. – Sirius. Siento lo que pasó la última vez. Katerina está bastante arrepentida por su falta de tacto y…
– ¿Cómo supiste? –interrumpió nuevamente Black.
– ¿A qué te refieres? – cuestionó Harry confundido. En ese punto abandonó la idea de ser cordial, Sirius no lo estaba escuchando, demasiado metido en una cacería febril para escuchar cualquier cosa que no fueran las respuestas que quería.
– El relicario maldito. – gruñó como si Harry fuera un tonto. – Estaba en el sitio exacto que escribiste en tu carta. (1) ¿Cómo lo supiste? El demente de Kreacher intentó detenerme y cuando le dije que iba a destruir la cosa maldita… Comenzó a balbucear un montón de cosas sobre lo bueno que era y que finalmente podría cumplir el último deseo de Regulus… ¿Cómo…?
Sirius parecía que iba a repetir la misma pregunta por tercera vez, pero no pudo encontrar su voz. Harry aprovechó el momento para contestar.
– Katerina. – Dijo suavemente, temiendo enfadar al hombre que ya se veía bastante perturbado. – Ella nos ha entregado un montón de información desde que ha llegado. Información crucial e importante que realmente nos podría ayudar a acabar con la amenaza de Voldemort, finalmente siento que estoy haciendo algo que podría ayudar en vez de ser dejado en un rincón sin ser informado de nada.
– Comprendo el sentimiento. – murmuró un poco enfurruñado, aunque Harry lo escuchó perfectamente al estar tan cerca del hogar. – Entonces… ¿Ella sabe? – dijo no muy seguro de todo lo que eso abarcaba. – La vez pasada, cuando mencionó a Regulus… – comenzó inseguro. – Kreacher dijo algo, pero no sé si creerle, ese elfo está loco y la verdad no me sorprende dado que no pudo cumplir la última tarea que él le dejó... – no hacía falta especificar quien. – No dudo que eso fue lo que lo volvió loco. – en este punto Sirius suspiró, sabía que ahora era él quien estaba desvariando.
– ¿Sirius?
– ¿Crees que ella sepa lo que realmente le pasó a Regulus? – al momento en que soltó la pregunta se arrepintió. – No. Mejor no… No estoy… Como sea. Tengo el collar, es una cosa toda fea con el símbolo de Slytherin en el centro ¿Estás seguro de que esto es lo que estás buscando?
– Si. – aliviado de que Sirius se centrara en un tema más estable Harry se inclinó un poco más hacia la chimenea. – Tenemos que destruirlo lo antes posible. La tercera prueba del torneo es este fin de semana.
– ¿Cómo lo destruyo entonces? Intenté lanzarle un bombarda y la maldita cosa no tiene ni un rasguño.
– ¿Tú…? Pe – pero…
– Es para eso que me contactaron ¿No? Porque puedo destruirlo.
Harry se dio cuenta de que estaba en un gran aprieto. Estaba bastante seguro de que esa no era la razón por la que fue contactado Sirius. A pesar de todo lo cooperativa que fue Katerina para darle toda la información que necesitaba, en realidad era el tipo de persona que le gustaba hacer las cosas por sí misma, o al menos estar presente para asegurarse de que en realidad se estaba haciendo correctamente. Además, que Sirius quisiera destruir el horrocruxe por su cuenta ¿No era peligroso?
Snape prácticamente colapsó después de destruir uno ¿Como sería si Sirius lo intentaba? No habría nadie que pudiera atenderlo si salía lastimado.
– Harry. – presionó Sirius. – Dime la manera de destruirlo.
Suspirando Harry asintió. Katerina iba a matarlo… pensándolo bien, Snape iba a matarlo y arrojar sus restos al fondo del lago. – De acuerdo. Hay dos maneras de destruir el relicario. Veneno de basilisco. – señaló con un dedo. – O usando fuego maldito. – alzó el segundo en numeración.
Sirius lo pensó por un momento. – De acuerdo. Me comunicaré contigo cuando esté destruido. – y con eso el hombre cortó la comunicación.
– ¡Espera! ¡Sirius! – Harry se lanzó a los restos del hogar, pero lo único que quedaba era los restos de carbón encendido. – Mierda. Me van a matar. – terminó acostándose en la alfombra frente a la chimenea en un gesto derrotado. Un miedo comenzaba a formarse en la boca del estómago, una bola que iba creciendo a cada segundo, pensando que algo podría pasarle a Sirius y sería totalmente su culpa.
Algo mucho más angustiante se le ocurrió a Harry. ¿Debía ir a advertirle a Katerina ahora o en la mañana? Decidiendo que la situación era lo suficientemente angustiante como para esperar al desayuno volvió a su dormitorio para buscar su capa de invisibilidad y el Mapa del Merodeador.
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Nunca se hubiera imaginado, ni en un millón de años, que estaría besando a Severus Snape. Al principio inició el beso como una táctica para distraer al pocionista de las preguntas que no quería contestar. Pensaba que esa distracción lo alejaría por completo, en cambio aquí estaban, veinte minutos de intenso besuqueo, en algún momento cambiaron de posición y ahora Katerina estaba sentada a horcajadas sobre el hombre, su cadera moviéndose sobre la pelvis de Snape de modo que podía sentir su pene hinchado frotándose duro contra su propia humedad, si no fuera por las molestas capas de ropa que los separaban no había duda de que ellos…
– Mmm… – un gemido bajo brotó de la garganta de la morena cortando su línea de pensamiento al sentir los dientes de Snape clavándose en su labio inferior. Enardecida se quitó el suéter sin mangas del uniforme, quedando solo con la camisa blanca, con su mano guio la cabeza de Severus hacia su busto, las grandes manos acunaron sus senos, a punto de dar una lamida al turgente pezón cuando escucharon el toquido de la puerta.
Ambos miraron hacia la puerta, desconcertados por el sonido constante que cortaba por completo la nebulosa que la excitación había creado entre ellos, cuando volvieron a mirarse Katerina prácticamente pudo ver el momento en que la cordura volvió a los ojos de Snape.
– Esto no acaba aquí. – advirtió ella antes de bajarse de su regazo, con satisfacción vio la mancha que dejó su propia humedad sobre el pantalón de Severus y al menos dos marcas rojizas en su cuello que se volverían moretones en unas pocas horas. Abotonándose la camisa dejó la vía libre para que Severus pudiera abrir la puerta.
El pocionista trató de componerse a sí mismo, abotonando la camisa blanca hasta el cuello y bajándose las mangas hasta las muñecas, el sonido de la puerta no había cesado y comenzaba a crispar sus nervios. Enojado, con una incómoda erección que intentaba esconder a toda costa abrió la puerta con demasiada fuerza asustando a la persona al otro lado, que fuera Potter el que estuviera tocando tan insistentemente no mejoraba su humor.
– ¡¿Qué?! – espetó con demasiada fuerza. Harry saltó del susto.
– Yo… eh, perdón es que… – mientras balbuceaba los verdes ojos de Harry escanearon la figura desaliñada de Snape, en sus cuatro años de estudiante jamás había visto al profesor en semejante estado, ni siquiera la vez que los siguió bajo el túnel del Sauce Boxeador.
– ¡Diez puntos menos de Gryffindor, Potter! – cortó Snape sin darle tiempo para explicarse. – ¿Qué demonios hace rondando fuera de su torr…? – su pregunta quedó atorada en su garganta al sentir una pequeña mano acariciando su espalda baja. Con los músculos tensos giró su cabeza para encontrarse con la sonrisa de Katerina.
– Hola Harry – saludó la morena sin quitar su mano, mientras hablaba comenzó a apretar los músculos de Severus casualmente, para su diversión el hombre de envaró por completo. – ¿Qué te trae a las mazmorras? Si querías preguntarme algo seguramente podría haber esperado a la mañana ¿No lo crees?
Aunque Katerina no gritara como Snape pudo notar el tono falsamente sedoso en su voz, intentando encubrir lo irritada que realmente se sentía, estaba claro que había interrumpido algo. Ella no se veía tan alterada como Snape, pero la camisa desabotonada hasta su escote y la falta de capa y suéter, le daba un claro indicio de lo que pudieron estar haciendo esos dos.
– Sirius encontró el relicario. – soltó el estudiante antes de que Snape tuviera oportunidad de explotar de nuevo.
Katerina finalmente apartó su mano de la espalda de Severus, inhaló profundo, soltó el aire en un suspiro. – Mmmm. – murmuró ambigua. – Entra. – dijo finalmente tomando del brazo a Snape, un pequeño toque que lo hizo apartarse de la puerta y lejos de ella. Cuando cerró la puerta Snape se estaba colocando su chaleco y su túnica con cientos de botones. Una pena, en verdad, esa noche no podría avanzar más.
– Entonces… – comenzó Kati, tomó asiento en el sofá justo al lado del sillón favorito de Severus, a pesar de que el hombre ni se acercó, todavía parecía que necesitaba un momento para calmarse puesto que les estaba dando la espalda a los dos jóvenes. – Sirius encontró el relicario de Slytherin ¿Cómo hacemos para que nos lo entregue? No creo que las barreras de Hogwarts sean un problema, tomando en cuenta los dos horrocruxes que estaban aquí y nadie lo notó…
– Va a destruirlo por su cuenta. – dijo con voz queda, interrumpiendo a Katerina. Se preparó para el grito que le iban a soltar, y no quedó decepcionado.
– ¡¿Él va a qué?! – el grito en realidad lo dio Snape, y tenía una mirada bastante horrible, sus ojos negros ardiendo de furia por la insensates de Potter. – ¿Ese descerebrado no entiende que esto es un asunto delicado?
– ¿Le dijiste como hacerlo? – preguntó Katerina en cambio. – Deshacerse del horrocruxe. – aclaró. Harry asintió prefiriendo dirigirse a la morena.
– Si. Con sangre de Basilisco o Fuego Maldito.
– Tu estupidez supera tu ceguera. ¿Estás consciente de que podría matarse en el intento? – soltó venenoso Severus.
– A mí me parece bien.
– ¿Tu qué? – cuestionó el hombre mayor, comenzando a enojarse.
– ¿En serio? – La pregunta de Harry fue más cautelosa, aunque feliz de que sus acciones fueran aprobadas por alguien.
– Claro. Aunque sea un idiota Black es un mago capaz y no es ningún mojigato a la hora de lanzar hechizos oscuros. La casa Black también está impregnada con toda esa magia oscura, seguramente podrá resistir la fuerza de un Fuego Maldito.
Eso en realidad sonaba lógico… Aunque Snape no quisiera admitirlo, de todos modos, Kati no le dio tiempo a expresar su descontento.
– Si Black destruye el Horrocruxe se sentirá útil, y querrá apoyarnos en nuestro plan. – la furia de Severus cambió de Harry a ella en un segundo.
– ¿Te has vuelto loca? – incluir al prófugo Black en cualquier clase de plan era una pésima idea.
– Todo lo contrario. – Kati se levantó del sillón, ansiosa pero decidida. – Es lo que te decía en un principio, somos solo tres magos y un muggle, dos de los magos están marcados y l otro es un estudiante, contra el círculo interno del Lord y todavía no sé cuál será la reacción del viejo, seguro se enojará cuando se entere de que se la jugamos bajo su nariz. – hizo un gesto con su mano desestimando el último comentario. – Sirius Black es el apoyo que necesitamos, sigue siendo un prófugo para el Ministerio, pero es un miembro de la Orden del Fénix.
– ¿La Orden de qué…? – preguntó confundido Harry. Severus tan solo apretó los dientes, nada sorprendido de que ella conociera también eso, pero su furia creciendo en su interior.
– Un grupo de magos reunidos por Dumbledore para pelear contra Voldemort. – dijo como si en realidad no fuera nada. – ¿No lo ven? ¡Es perfecto! Kingsley Shacklebolt, Nymphadora Tonks, Sirius Black, Remus Lupin y Alastor Moody, todos son parte de la Orden y tres de ellos son aurores.
Harry alzó las cejas comenzando a comprender. – Los rodearemos.
– Exactamente. – contestó feliz la morena.
– Ya que tienes todo tan bien planeado. – Snape no se molestó en camuflar el tono irónico. – Cuéntame ¿Cómo pretendes que un grupo de aurores te preste su apoyo?
– No lo sabrán. Sirius Black los guiará al cementerio de Little Hagleton, con la ayuda de Lucius podremos rodearlos y Harry tendrá la oportunidad de acabar con…
– ¿Pretendes dejar en las manos de Potter una tarea tan importante? – interrumpió Severus.
– Él es el único que puede hacerlo. – replicó la morena. – "El Señor tenebroso lo señalará como su igual" – recitó ella. Señalando hacia la cicatriz de Harry. – "Uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida" – le recordó. – Nuestro trabajo es limpiarle el camino a Harry para que dé el golpe final.
– Si algo sale mal todos moriremos. – dijo Severus amargamente, todavía poco convencido.
– Si sale bien salvaremos a un montón de personas. – refutó Katerina. Harry miraba entre uno y otro, esperando cual voluntad prevalecería, por la expresión austera de Snape podía decir que él era el que iba a ceder.
– No haremos ningún movimiento fuera de lugar. – gruñó el Maestro.
– Por supuesto. – sonrió Kati.
Con eso dicho pasaron bastante rato tratando de prever todos los movimientos que debía hacer, desde Severus cubriendo al falso Moody en el torneo, Harry llegando a la copa de los campeones antes que cualquiera, Sirius Black debía ir al Ministerio como prófugo y atraer consigo a un grupo de aurores al cementerio, Kati iría a rescatar al verdadero Moody. Por último, Harry, apenas tocara el cementerio debía permitir a Voldemort recuperar su forma humana.
– ¡¿Qué?! – gritaron ambos hombres.
– La idea de todo esto es detenerlo, no dejar que se haga más poderoso. – Kati asintió.
– Le daremos una falsa sensación de victoria, y en el medio del caos Lucius debe deshacerse de la serpiente antes de ir contra el Lord. Es importante que él sea el último en morir.
– Su propio orgullo será su perdición. – Harry estaba conforme con eso.
– Sólo queda una cosa por hacer esta noche… – ambos jóvenes miraron al Maestro. – Destruir los Horrocruxes que tenemos a la mano. – de su bolsillo sacó la cajita de terciopelo que contenía el anillo.
– No podemos ir a la Casa de los Gritos, con la prueba tan cerca hay demasiada gente vigilando en los pasillos. – opinó el Gryffindor.
– Sería demasiado sospechoso y no tenemos una coartada para excusar el estar nosotros tres fuera del toque de queda. – concordó Snape de mala gana.
– Hay un lugar. – pensó Kati en voz alta. – En la cámara de Slytherin, podemos lanzar Fuego Maldito, destruir la copa y el anillo al mismo tiempo.
No encontrando otro lugar adecuado el trio se dirigió al baño de chicas del segundo piso, con Harry y Katerina ocultos bajo la capa de invisibilidad y Snape liderando el camino. Abajo en la fría caverna excavada Severus pudo apreciar el enorme cuerpo del basilisco a medio pudrir, Kati sabiendo lo orgulloso que era el hombre mencionó que era una pena que el espécimen se perdiera sin poder sacarle provecho.
– ¿Tienes algún envase para almacenar la piel del Basilisco?
– ¿Para qué demonios quieres piel de Basilisco? – Severus la miró incrédulo.
– De algo puede servir ¿No? Anda, sé que guardas tubos de ensayo en tu chaqueta. Los sentí el otro día. – dijo con una sonrisa descarada haciendo que el hombre se le subieran los colores y Harry tuviera que mirar a otro lado mortificado, no quería saber lo que hacían esos dos.
Entre maldiciones le entregó dos tubos a Katerina, pero al verla manejar la carne del animal sin cuidado el académico en él se horrorizó.
– Lo estás haciendo mal. – quitándole el tubo de la mano se dispuso a recoger los ingredientes el mismo, detrás del hombre, Katerina le guiñaba un ojo a Harry.
Una vez terminaron de recoger todas las muestras que Snape quiso sacaron los Horrocruxes, dejándoles en el suelo húmedo se alejaron lo suficiente. Harry, que había estado practicando escudos para la tercera prueba del torneo, conjuró un Protego Totalum frente a ellos, fue Severus el que conjuró el Fuego Maldito, se requería concentración y precisión para controlar las salvajes llamas. Cuando las lenguas ardientes tocaron ambos objetos malditos fue como si gritaran, el humo negro que salió fue inminentemente tragado por las intensas llamas y Harry casi se desmayó del dolor de cabeza, el escudo cayó dejándolos desprotegidos, Snape no podría soltar las llamas porque podrían propagarse y no se detuvo hasta que el último grito de los Horrocruxes se extinguió en las brasas ardientes. Sólo así se permitió darse la vuelta y ver a los jóvenes tras él, Kati sostenía el cuerpo inconsciente de Potter.
– ¿Así pretendes que se enfrente al Señor Tenebroso? Si dejamos nuestras vidas en sus manos estaremos condenados. – gruñó Snape.
- Por favor, no lo hagas más difícil de lo que ya es. - Kati suspiró. El peso de Harry era más fácil de manejar que el de Snape, aun así, hizo lo que pudo para descender lentamente al suelo con el joven sostenido contra su pecho, se permitió respirar una vez que ambos llegaron a salvo al suelo de piedra frío. – Ayúdame a llevarlo a su torre.
A regañadientes el maestro ayudó, porque en realidad no podían quedarse ahí abajo eternamente. Recogieron los pedazos rotos de los objetos que antes fueron un horrocruxe y encantaron el cuerpo de Harry para salir de la Cámara levitándolo.
Una vez dentro de sus aposentos Snape decidió que debía pesar detenidamente en toda la situación, una copa dos de wiskey de fuego le ayudaría a aclarar sus ideas.
Algo era seguro, no podía seguir confiando ciegamente en Katerina.
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(2)
En Grimmauld Place número 12, el prófugo Sirius Black estaba sentado en un banco de piedra gris que vio mejores días en el jardín trasero de la ancestral casa, una copa de coñac en su mano. El jardín que en antaño fue un lugar verde y pacífico, lleno de vida y cuidado por la magia de los elfos era tan solo un marchito recuerdo de lo que fue alguna vez tras tantos años de abandono, la magia, aunque fuerte se torció con el pasar de los años, y ahora solo quedaba este remanente oscuro, de monte seco y madera ennegrecida.
¿Cómo no iba a estar así si semejante objeto fue ocultado en el corazón de la casa? Los Black siempre se enorgullecieron de ser magos oscuros, pero incluso las familias oscuras tenían un límite, al menos su familia los tenía, hasta que lentamente cayeron en las dulces tentaciones de Lord Voldemort, el hombre sedujo a muchas familias sangre puras, con sus palabras y carisma, recordaba a sus padres encantados con servir a su causa de cualquier manera posible, dándole apoyo, dinero, incluso a su primogénito… Aunque tuvieron que conformarse con ofrecer al segundo hijo.
Sirius suspiró sintiéndose demasiado viejo de pronto. Tomando un amargo sorbo de su copa, el líquido ambarino ardiendo al bajar por su garganta. Su hermano menor, quien tuvo que tomar su lugar como heredero de la familia Black porque Sirius se rehusó a cumplir con el rol, fue entregado a la causa en bandeja de plata, en los pasillos de Hogwarts el joven heredero se veía orgulloso de su posición, de sus privilegios… Quizás Sirius solo vio lo que quiso ver.
El animago era bueno solo viendo lo que quería ver, pretendiendo o ignorando fragmentos de su vida para mantener su libertad, de niño lo hizo para ignorar la dura crianza de su madre, se conformaba con que Regulus fuera el hijo perfecto que Sirius no quería ser, en el colegio era bueno pretendiendo que sus amigos y él eran los buenos, a pesar de las bromas pesadas, una de ellas casi mata a un estudiante y condena a su mejor amigo, en Azkaban perfeccionó este mecanismo de defensa para sobrevivir a los dementores, entregando memorias que fingía que no le importaban, todo en nombre de la supervivencia.
Ahora, simplemente no podía seguir fingiendo demencia, no con la evidencia justo frente a él.
El relicario de Salazar Slytherin silbaba siniestro, flotando frente a sus ojos. El canto de la sirena intentando hundirlo, una vez más el pretender no escuchar nada lo salvaba de hundirse en la ira ciega.
Kreacher le contó todo, desde el día de iniciación de Regulus, la marca tenebrosa ardiendo en su piel al rojo vivo, como Regulus vomitaba después de cada misión, las fuertes arcadas, la muerte de sus padres y como Regulus fue reconocido como cabeza de familia, la presión del puesto haciéndole enfermar, hasta que fue concedido el mayor honor, proteger el relicario. Hipando histéricamente el elfo le contó como Regulus descubrió lo que era en realidad el guardapelo, y decidido a destruirlo hizo todo lo que pudo a su alcance, aunque no fue suficiente y el costo fue la propia vida de su hermano.
Kreacher a su lado murmuraba y lloraba tan bajito como podía para no molestar al mago que cumpliría el último deseo de su difunto amo Regulus. Desde que Sirius lo obligó a confesar todo el elfo se comportaba mejor, ya no le escupía groserías cada tres palabras y lo miraba entre confundido y agradecido, evaluando la imagen que tenía del heredero traidor a su sangre.
Sirius bebió el último trago de su copa, el coñac ardiendo en sus entrañas. – Es hora. – Sirius entregó la copa a Kreacher, el cual la cogió diligente. Sirius se levantó, los huesos de sus rodillas crujiendo por el movimiento repentino. El silbido del relicario se hizo más fuerte, como si presintiera el peligro. – Hay que acabar con esto de una vez. – conjurando una barrera, encerró el relicario, sin contemplaciones el animago conjuró el fuego maldito y vio al horrocruxes gritar en agonía, luchando y atacando, las llamas ardientes lo consumieron del mismo modo que a sus hermanos y tan sólo quedó una pieza de joyería rota y chamuscada.
- Por mi hermano.
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La mañana siguiente en el Gran Comedor se sentía pesada, ese fin de semana era la era prueba del torneo y todos los estudiantes prácticamente vibraban en sus asientos, nadie sabía que esperar y aunque nadie había muerto hasta ahora había una alta probabilidad de que uno de los cuatro campeones no sobreviviera, en años anteriores se dio el caso de que ni siquiera hubo un ganador ¿Por qué este año habría de ser diferente? Con 4 campeones tan solo elevaban más las posibilidades de que alguien muriera.
En la mesa de Gryffindor, Harry intentaba comer su desayuno lo más normal posible, pero desde que se desmayó la noche anterior su cabeza palpitaba con fuerza, cada mordida desganada a su tostada le daban ganas de vomitar, no importa lo que hiciera las náuseas no lo abandonaban.
A mitad de desayuno Hedwing se plantó frente a Harry con una carta muy pequeña en su pata, Harry prefirió darle su comida a la lechuza para revisar la carta.
Solo estaban escritas dos palabras, pero que hicieron acelerar su corazón.
"Está hecho"
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(1) Me doy cuenta de que en realidad Regulus murió en la cueva de inferís al recuperar el relicario de Slytherin bebiendo la poción de desesperación, y en realidad Kreacher decidió esconder el guardapelo poniéndolo en una vitrina del salón de la casa de los Black donde se guardaban muchos objetos de valor pertenecientes a la familia, pero preferí hacer una confrontación entre Kreacher y Sirius. espero no les importe.
(2) en esta escena me estoy tomando muchas, demasiadas, libertades creativas, todo lo estoy inventando acorde la trama, así que no hagan caso a nada de lo que escribo porque no verifique ni madres.
Bitácora 0408–2022 ha pasado casi un año desde la última actualización, varias ideas más han surgido, pero no puedo empezar ninguna hasta terminar esta. Tome 15 días de vacaciones y no he podido terminar el cap.
¡Este año termino esta historia a como dé lugar! …o muero en el intento. Deséenme suerte.
Bitácora 0404–2023 Bueno no estoy muerta, pero vuelvo a retomar la escritura del capítulo, he cambiado de trabajo, en verdad espero terminar este año.
Bitácora 1204-2023 No puede ser, terminé el cap! Como disculpa por haberme tardado tanto, ofrezco este cap (un poco más largo de lo normal) como disculpa. Tengo escrito algo así como una línea de tiempo y pues no se que paso que dos capítulos se fusionaron en uno, también me paso que como no me acordaba lo que hice en caps anteriores ps tuve que replantear ideas y la escena de sirius destruyendo el relicario y reflexionando no estaba planificada aunque creo que encaja con el titulo. Creo que a partir de aquí pueden queda capítulos para terminar, como siempre hare mi mayor esfuerzo para finalizar esta historia.
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Alas de tinta: mi amor! Siempre es un placer leer tus reviews. Ciertamente a pesar de todo Katerina es humana y aunque tiene en mente ayudar a veces su propio temperamento se sale de control. Socializar con los slytherin es todo un reto y siempre tienes que ver todo el panorama en vez de sólo lo que ellos muestran a primera vista. Si te soy sincera, no tenía pensado meter a narcissa en esta historia, ¡sorry for that! Me gusta más la idea de un Lucius malfoy paternalista y preocupado por su familia a pesar de que no todas sus acciones son las correctas.
