"Danush?"

Me levanté de la cama y ella abrió la ventana. Me senté y ella aun permanecía parada con miles de cosas sobre las manos. Al parecer, tenía algo que decirme, algo no muy bueno. Tenía el semblante deshecho y pude sentir su sufrimiento. Ya no había tiempo para una cálida bienvenida… Y la noticia que me dio no fue precisamente confortable…

Danush terminó la historia, yo no comprendía nada. Me entregó las cosas de Embry, y estas pasaron entre mis manos hasta caer en el piso. Se veían también juntos, en el piso… abandonados y sin frio.

Mi cuerpo no reaccionaba, quería abrazar a Danush y llorar sobre sus hombros, pero estaba perdida. No quería creerle. Mi mente se negaba a pensar las cosas, ni siquiera entendí las razones de por qué se iban, y mucho menos por que Embry no se despidió de mi. La cabeza me daba vueltas mi herida había parado de doler y de nuevo perdí el latir de mi corazón.

Danush estaba sentada a mi lado viendo hacía la ventana. No dijimos más. Volteé a verla y con una mirada le pedí que no se fuera. Que se quedará conmigo lo que quedaba de la noche. Ella sintió y en dos suspiros me quede profundamente dormida…

No entendí gran parte del asunto. No sabía que pasaría conmigo no con los demás, ¿esto tenía que ver con mi entrenamiento? La mayor parte del día estuve sobre mi cama, no quería levantarme, no quería pensar. Pero tampoco podía dejar que mis sentimientos me controlaran. No podía ser débil frente a los pocos que quedábamos. Después de todo lo sucedido, ya no quería moverme, sabía que tenía que hacerlo, pero no podía siquiera articular una palabra.

El día transcurrió lentamente, como un reloj de arena. Miraba a mí alrededor pero todo me recordaba a él. Me levanté de mala gana, me cambié rápidamente y tomé lo necesario. No podía quedarme todo el día lamentándome. Recogí los cigarros y el encendedor. Miré los chocolates con cautela, pensé en lo mucho que me consentían los chicos de la manada, y no solo ellos, también Danush, los Cullen y Sayuri lo hacían. Tomé los chocolates y los guardé en un cajón, sobré ellos coloqué miles de cosas, prácticamente ocultándolos.
Me hinqué y me prometí a mi misma no volver a probar un chocolate hasta que La manada estuviera de regreso, no importaba si eso tardaría años, tampoco importaba si nunca volvían. Podía vivir sin chocolates pero no sin Embry. Tomé una chamarra y salí de mi cuarto.

Bajé las escaleras y me despedí de mi FAM. No preguntaron a donde iba, pero eso mejoraba las cosas. Tomé el morral y salí a la calle. Al principio no sabía a dónde ir. No tenía intenciones de suicidarme (solo un poco) pero quería estar sola, completamente sola. Quise revisar el taller así que fue el primer lugar que visité.

Estaba vacío, no había nada ni nadie adentro, solo el sillón. Las herramientas de siempre ni siquiera estaban allí. Hubiera matado por que Embry hubiese estado allí. Por dentro ya no sentía nada, estaba más hueca que nunca, mi piel era fría y blanca, había perdido el color. Pero eso ya no importaba más.

Escuché ruidos detrás de la bodega. Alguien movía la chatarra de la parte de atrás. Mis ojos se llenaron de lágrimas y mi cuerpo se inundo de una inútil alegría. Pensando que lo que hacía ese ruido era alguien conocido, salí de la bodega esperando un abrazo. Pero antes de dar la vuelta, mi instinto de cazadora me advirtió… El olor no era familiar pero tampoco era tan desconocido. Saqué una navaja del morral. Caminé en silencio y con cautela di la vuelta. Vi algo esconderse detrás de las llantas y defensas de autos viejos. El taller estaba lejos de las casas y esas cosas así que era probable que algún "bloodsucker" viviese allí. Me acerqué un poco más y entonces escuché un ruido bastante familiar. Era un gruñido… quité las llantas y encontré mas gruñidos aun.

Había un perro lastimado entre la chatarra. Estaba herido de una pata, al acercarme note que el perro en realidad era hembra… Traté de averiguar cómo se había lastimado la pata pero en realidad ella no me dejaba acercarme. Era de una raza parecida a los lobos. Tenía un color como el de Leah pero sus ojos eran grises, me recordaban a los de Embry. Me acerqué un poco mas pero ella insistía en ladrarme.

"Está bien! Está bien!... caramba! Si no quieres que te ayude está bien, pero entonces no vengas a pedir refugio a este lugar. Es mío!" juraría que me vió con una expresión retadora pero preferí ignorarla.

Regresé al taller, me tiré en el sillón y encendí un cigarro. Sé que Stefan y Anne me prohibían fumar, pero ya no me importaban sus estúpidas reglas para convertirme en un vampire hunter. Por más empalagoso que suene, el probar el filtro del cigarro era como probar los labios de Embry. Escuché los ruidos que hacía la loba. No pude soportar más, salí del taller y fui directamente a la tienda, compré jamón y obvio traté de convencer al perro para que me dejara curarla.

Después de muchos intentos y varias rebanadas de jamón. Al fin me dejo ayudarla, tenía sangre en la pata. De nuevo regresé a la civilización y busqué un farmacia, compré agua oxigenada, alcohol, algodón, violeta de genciana, jabón, y cuando regresé no tenía ni las mínima idea de que hacer.

Limpié perfectamente la herida (que afortunadamente no era profunda) Y puse violeta de genciana en ella, a ella no le agradó mucho el que le estuviera toqueteando la pata, pero se comportó como una persona civilizada. Digo, a nadie le gusta ir al doctor, o si?

"Pareces una loba, así te vas a llamar 'loba'" me miró con una expresión peculiar pero no parecía molesta. Hicimos las paces y le permití vivir en la bodega. No creo que les moleste a los demás el que otra chica viva allí dentro.

Dieron las siete y yo tenía que regresar. Dejé a la loba dormida, mis botas pesaban más que antes. La noche era obscura y solitaria. Sin embargo yo me sentí segura. Mis pasos eran firmes y nada pudo hacerme sentir mejor que una ráfaga de viento frio… La que me demostró que seguía viva.

La vi salir de la bodega, el perro estaba dormido arriba del sillón. Ella caminaba sin sentir mi presencia. El olor de su sangre era tentador, pero tenía que seguirla sin que algo arruinara el plan. Al fin los lobos estaban lejos y los leeches no podían estar detrás de ella todo el tiempo para cuidarla. Los últimos dos fallaron sus jugadas. Este es mi turno…

Sabía donde vivía, sabía donde estudiaba, sabía lo que le gustaba y lo que odiaba, era necesario presentarme, pero aun no era el momento adecuado. Su sangre era demasiado tentadora, esa era mi debilidad, pero gracias al cielo ella tenía debilidades que yo dominaba a la perfección.
Edward era demasiado bueno, y Embry fue demasiado tonto como para dejarla ir… Seth nunca estuvo enamorado de ella. Ahora que estaba a punto de convertirse en una cazadora, tenía que ser más cuidadoso. No podía entrometerme hasta el momento adecuado. Anne y Stefan están a punto de darle la noticia, ella tendrá que regresar a cuidar al perro… pobre niña, no sabe lo que le espera…

Generation VB