Mi festividad favorita del año se acercaba, y estaba casi segura de que no saldría a pedir dulces este año. Darien había desaparecido hace dos semanas, de vez en cuando dejaba notas para que supiera donde estaba. Cada vez me sentía más sola, entre tanta felicidad.

La noche se acercaba lentamente, estaba tirada sobre mi cama, Himura tenía una fiesta. Mi madre insistía en que fuéramos a casa de mis abuelos. No me negué.

Aun era temprano cuando llegamos a irrigación, no había decoración alguna en la vieja casa. Salí del auto y contemplé la fachada de centímetro a centímetro y volví a preguntarme; "qué demonios haré hoy en la noche?"

Abrieron al primer timbrazo, salude a "la abuela" y seguí caminando, ese día en especial se sentía una gran carga de seres mágicos, podía apostar a que habían por lo menos 13 o 15 vampiros a lo largo de la calle. Al penetrar en la sala, había algo que no estaba bien, la casa apestaba a perro mojado y mis abuelos no tienen mascota alguna. Eché un rápido vistazo a mí alrededor intentando encontrar algo fuera de lugar, sin embargo, no lo hubo.

Mi madre ayudaba a viole con la ofrenda, los niños jugaban arriba con mi tía supervisándolos, mi abuelo veía la televisión del cuarto de arriba y yo permanecía sentada en la sala de abajo, completamente sola. Decidí entonces espiar de donde venia ese tan peculiar olor. No podía ser alguien importante, al menos no alguien que me importara a mí.

Me levanté del sillón, caminé en dirección al cuarto de lavado de la planta baja. Abrí silenciosamente la puerta corrediza y penetré en el patio, el segundo y último cuarto, que estaba pegado a la pared era el que tenía ese olor. Abrí la puerta sin preocupación, ni siquiera me molesté en llevar algo para defenderme. Había libreros, pedazos de chatarra y chocolates viejos.

Aquél olor manaba de entre los libros del fondo, seguí caminando hacia el frente, el cuarto era pequeño pero había una increíble cantidad de libros allí dentro. Al llegar hasta el lugar donde se enfocaba el olor a perro mojado, no hubo necesidad de tardarse años para deducir que faltaba un libro. Había un hueco el suficientemente grande como para meter un libro más. No le presté importancia me encogí de hombros y salí del cuarto en dirección a la sala.

A pesar de que algo raro sucedía en esa casa, no le presté importancia, ya no era divertido seguir vampiros sin rumbo, además, tenía meses que no mataba uno solo.

Mi madre bajó después de un rato, ya con Himura detrás. Nos despedimos y nos encaminamos a la fiesta de mi hermano. Llegamos a la fiesta, y no tardé mucho en hablarle a Sayuri para que me rescatara. Como imaginé, la chica vampiro y yo huimos de la fiesta.

Sayuri tenía los ojos profundamente negros así que le ofrecí acompañarla a cazar, como viles adolecentes humanas, decidimos tomar un camión. Subimos al primero que vimos, que por cierto no fue muy buena idea, el camión nos llevaba hasta el CCH y por allí quedaban dos parques y un bosque. Nos sentamos en la parte de atrás del camión, la gente no podía vernos raro, era 31 de octubre, podías estar disfrazado o simplemente ser tu mismo. El camión iba casi vacío, las luces eran de un neón morado que hacía que la piel de Sayuri se viera aun más inhumana. No hablamos en los cuarenta y cinco minutos de viaje. Nos bajamos en el parque más obscuro, caminamos hasta llegar al centro de este. Sayuri dejo atrás el disfraz de humana y salió corriendo tras una liebre. Reí para mí y decidí sentarme sobre el pasto, pero en el momento en que sacaba los audífonos de mi morral, escuché hojas secas romperse, Sayuri no necesitaba tocar el suelo precisamente para atrapar una presa. El olor regreso de golpe, me levanté de un salto y los sonidos cesaron. El olor seguía tan penetrante como antes, pero ahora su portador estaba más cerca, de entre las sombras vi saltar una figura, saltó sobre mí y rodamos hasta chocar con un árbol. Si alguna vez dije que moriría entre las garras de un lobo o los colmillos de un vampiro, no me refería a cualquier lobo o cualquier vampiro obviamente.

Rodamos y prácticamente no peleamos, el simplemente estaba sosteniendo mis muñecas con sus patas, aplastándolas contra el suelo. Frente a mí, se convirtió lentamente en humano de nuevo. Para mi sorpresa no tenía un lobo gigante de dos metros desnudo frente a mis ojos y sobre mí, sino que había un hombre de lentes, con el cabello alborotado, chaqueta café de cuero sin camiseta debajo, jeans rotos, y unos tennis cualquiera.

-Lo siento- se quitó de encima de mí, se sacudió y me tendió una mano para ayudarme.
-No necesito tu ayuda- me levanté de un salto y regresé a mi pose de cazadora.
-De acuerdo, pero no tenemos que ser tan agresivos- me tendió de nuevo la mano, ahora en gesto de saludo –Soy Lucian.

Lo miré fijamente a los ojos, rechazando su mano una vez más. Regresó su mano a uno de sus costados, suspiró y me miró con aire enternecido.

-Pensé que confiabas en los hijos de la luna- miró hacia el cielo –es muy tarde, sabías que hoy ocurren tantas cosas malas a personas como tú, no deberías estar aquí sola mientras tu amiga va de cacería-
-Qué quieres?- pregunté tajantemente
-Creo que no logro asustarte. Vengo a traerte esto- metió una mano en el bolsillo interior de su chaqueta, estaba preparada para que sacara cualquier clase de arma, pero en vez de eso, sacó lo que parecía un diario. Lo acercó a mí. Extendí mi brazo y se lo arrebaté de las manos.
-Que es esto?- toqué las tapas del cuadernillo, parecían ser de piel, tal vez era cuero, parecía que estaba cocido.
-Un diario, era de un familiar tuyo- mis teorías eran ciertas, era un diario.
-Será mejor que lo devuelvas a su dueño- le tendí el diario pero él lo rechazó.
-Creo que será mejor que lo leas, no sirve de nada si esta empolvándose todo el tiempo en un librero-

Abrí con cuidado el diario, pero para mi sorpresa, no había nada escrito en el, las hojas estaban completamente en blanco, aunque no daban la impresión de ser nuevas. Algo en mi hacia que mi pecho se retorciera e inundara mis ojos de lágrimas, el pareció entender porque sufría.
En el lomo del libro había una runa, parecía ser una pluma mal dibujada, me dedicó una media sonrisa tan profunda y sin alegría que hizo que algo dentro de mi muriera. Era esa clase de sonrisas que solia hacer aquel ahorainmencionable.

-Necesitas una estela para remarcar esa runa y poder ver lo que dice el diario.

Sacó una varita de un color verde fosforescente que estaba dentro de su chaqueta, remarcó fuertemente la runa y esta brillo con ese tono verdoso. Volví a abrir el diario, ahora estaba completo, lleno de anotaciones, dibujos, runas y una que otra foto. Quería ver todo al mismo tiempo, saber de quién se trataba. La primera hoja estaba anotada en tinta negra, con una letra cursiva cautivante y una perfecta ortografía, en la fecha decía.

"12 de enero de 1953"

Es diario definitivamente era algo extraordinario, me parecía inadecuado leer su contenido, pero algo dentro de mi gritaba que lo leyera. Lo cerré tajantemente y volví los ojos a Lucian.

-De quien es esto?- pregunté demandante mientras mis ojos señalaban el diario que sostenían mis manos.
Suspiró fuertemente, analizó mi pregunta. Precía como si no encontrara las palabras correctas. Dejó mi pregunta flotando entre nosotros haciendo una pausa incomoda, y cuando yo estaba por preguntar de nuevo, respondió.
-De tu abuela-

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