Sostuve la pequeña invitación entre mis manos y la releí una vez más.
"FIESTA DE HALLOWEEN"
Te esperamos en la estación del metro de cuatro caminos.
1ro de Noviembre a las 10:30 pm
No olvides tu disfraz!
No tenía sentido la invitación, tal vez saldríamos del metro hacia algún lugar en especial, pero no estaba muy segura de que el subterráneo siguiera abierto hasta las 10:30 de la noche. La noche anterior Lucian metió la invitación a mi morral mientras Sayuri se acercaba con aire asesino.
Salimos de allí antes de que Sayuri matara a Lucian solo por el simple hecho de ser un lobo.
Durante el camino de regreso a la fiesta, me sermoneó sobre no haber matado al lobo que tenía enfrente. Perdí la cuenta al llegar con Himura, pero estoy casi segura de que fueron más de veinte veces las que le repetí que yo solo mato vampiros y a pesar de las miradas que me dedicaba, esa era la verdad.
Estaba sentada en el borde de mi cama, le avisé a mi madre que en la noche iría a una fiesta, tuve que mentir sobre la ubicación del lugar, después de todo supongo que Lucian estaría allí, y eso, de alguna manera me reconfortaba. El tenía que ver con mi familia, tal vez lo conoce mi abuelo, pero si es así, eso quiere decir que el no robó el diario, y eso implica que mi abuelo se lo entregó por las buenas y en ese caso, cabía la posibilidad de que Lucian conoció a mi abuela. Pero eso era demasiado bueno para ser verdad.
Dieron las 9 y cuarto. Salí del baño e iba en camino hacía mi cuarto, cuando de nuevo me inundo el pánico por ir sola a la fiesta, mientras me pintaba las uñas, llamé a Hachi y ella aceptó la invitación incluso antes de que le dijera la ubicación de la fiesta. Llegaría en cualquier momento y yo tenía idea de que me pondría esa noche. Era una fiesta, pero hace tanto tiempo que no usaba mi ropa de cazadora. Saqué una caja de cartón que estaba debajo de mi cama, la abrí con cuidado y contemplé lo que tanto amaba, mis botas en perfecto estado aun boleadas, la gabardina negra aun con estacas y cuchillos dentro, el suéter negro que de vez en cuando usaba, el pantalón entubado de mezclilla oscura, y dos camisetas totalmente distintas, una morada y otra roja. El Artemis aun sostenido por la funda de pierna, agua bendita en la esquina de la caja aun dentro del rociador, una gargantilla de cruz, un anillo y un collar que por correa llevaba hilo verde.
Saqué la ropa y las botas sin siquiera mirar todo lo que albergaba la caja. No tardé más de 10 minutos en terminar de vestirme. Hachi llegó un rato después, disfrazada de vampiresa. Salimos del Jacal y tomamos un taxi hasta el metro, en todo el trayecto escuche las nuevas aventuras y desventuras de hachiko en la prepa. A pesar de que yo esté despechada y tremendamente colérica respecto a aquel, fue bueno escucharla y no hablar sobre las cosas que me han pasado últimamente, no pregunto por la manada, supongo que estaba igual de lastimada que todas, discutimos un poco sobre su disfraz y después de eso no tardamos mucho en llegar.
Pagué el taxi, a ella le tocaba pagarlo de regreso. Tal como imaginé eran las 11 en punto y el metro estaba cerrado, solo salían los humanos, sin embargo ya no dejaban entrar.
-Lástima. Y ahora, que hacemos?- Hachi parecía ya resignada a la idea de no ir a la fiesta, pero yo no me iba a quedar con la duda de cómo es que Lucian conoció a mis abuelos.
-Que vamos a hacer? Déjame pensar… entrar-
Conduje a Hachi por entre la gente que iba en sentido contrario al nuestro, no solté su muñeca hasta que estuvimos dentro, pero aun así debíamos encontrar los vagones y rogar porque Lucian estuviese cerca. Corrimos escaleras abajo y tras chocar con 1 o 2 personas, llegamos.
Entre nosotras habían varios más, esperando uno que otro recargado contra la pared, otros sentados en el piso jugando cartas, algunos se empujaban los unos a los otros a las vías, habían lobos corriendo jalándole la cola al de adelante para rebasarlo, habían lo que parecían ser hechiceros lanzando conjuros y apuntando el dedo o la varita a la siguiente víctima, habían dos o tres vampiros al fondo bebiendo bolsas de hospital llenas de sangre, duendes a mi izquierda, duendes a mi derecha.
-Odio a los duendes- murmuré para mí.
-Duendes? Donde?- hachi sujeto mi brazo con fuerza, había olvidado que ella les tenía fobia. Pero al parecer, para ser nueva en esto del mundo de la magia, hachi no parecía exactamente sobresaltada.
-No hay ningún duende- me golpeo el brazo –por qué dices eso?-
-Que no los ves? están corriendo cerca de los lobos- señalé a la plataforma de enfrente.
-Del otro lado solo están esos chicos skate y dos hombres de traje- parecía confundida –claro que no conté a los niños.
-Pero…- eché un vistazo a mi alrededor, todo seguía tal y como lo vi la primera vez, magos, lobos, vampiros, duendes, hadas, cosas que ni siquiera reconocía.
-Pero?- repitió ella.
-No ves nada fuera de lo común aquí?-
-Nope, creo que todo es perfectamente normal excepto tu y mi disfraz.
Miré de nuevo alrededor, Lucian se acercó a pasos largos con una expresión divertida.
-Creí que no vendrías, y traes una amiga- se dirigió a Hachi –Hola, soy Lucian- se agachó y le dio un beso en la mejilla
-Soy Hachi- contestó alegremente
-Y tu, Lolathy. No piensas saludarme- la sangre de ms venas hirvió hasta el punto de que los vampiros voltearan a verme.
-Para ti soy Lola a secas- contesté entre dientes.
-De acuerdo "Lola-a-secas", listas para la fiesta?- miró entre la cabeza de hachi y la mía –Solo tenemos que esperar la ostentosa aparición de Magnus Bane.
Me miró directamente a los ojos casi con ternura, extendió su mano e intentó pasar uno de mis cabellos por detrás de mi oreja, pero antes de que pudiera siquiera tocarme, solté la mano que sostenía hachi, y alcancé la de Lucian en el aire. Le sonreí ampliamente cuando mi mano apretaba fuertemente su muñeca, me dedicó una media sonrisa, una corriente eléctrica viajó por mi cuerpo y solté su mano al tiempo que regresaba la mía a mi costado.
-Las veo más tarde, chicas- Se despidió con la mirada, dio media vuelta y se encaminó hacia los lobos ahora echados en el suelo.
-No crees que es demasiado grande para ti?- Hachi parecía divertida, la miré con una mirada asesina y regresé la vista a Lucian. Reía a lo lejos, pero algo realmente reconfortante fue cuando tomó su muñeca y la apretaba con la otra mano.
-No pienso contestarte- de nuevo la vi, ahora un poco más calmada. Sonrió y se apartó un poco de mi.
-Que querías decir con duendes?- al parecer lo decía en serio.
-Nada, hachi- Di la vuelta y observe a cirque du freak más grande que había visto –Nada…-
De un momento a otro, las luces se apagaron completamente, el último subterráneo de la noche se acercaba, lo veía por el túnel, intenté buscar a hachi, pero las luces del metro eran tan lejanas que no pude encontrarla. Intenté buscar algo entre mis cosas para poder encontrarla. No podía estar lejos, de pronto las luces parecían más cerca, estaba al borde de la plataforma, había una aglomeración de gente detrás de mí, no podía saltar hacia atrás, ni siquiera retroceder un poco, un solo empujón hubiese bastado para tirarme, Una mano salió de entre la multitud, aferrándose a mi cintura, era un brazo fuerte y grande, era seguramente el brazo de Lucian.
No podía permitirle salvarme de una muerte tan segura. Me solté de su brazo, me tiré a las vías, el metro estaba por llegar, salté de nuevo al borde, sosteniéndome con las manos, di un salto más y sobrevolando la multitud, caí del otro lado, donde solo podían verse las espaldas de la gente.
Detrás de mí, estaba Hachi, fascinada con el espectáculo, Lucian salía de entre la multitud. Y a mi lado derecho alguien me tendió la mano. La rechacé, pero alcancé a ver la cantidad de runas que cubrían su brazo, bastante similares a las del diario.
El metro se estacionó como cualquier otro, solo que estaba cubierto de pintura fosforescente, azul, verde, amarillo y naranja. Del vagón de en medio salió un tipo cubierto de anillos, collares, pulseras y aretes, una túnica azul metálico y ropa de cuero negro ajustada. Su cabello era negro peinado hacia arriba con las puntas azules y detrás de él venía un gato beige de ojos azules y nariz rosada.
Algo sonó dentro de uno de los bolsillos de mi gabardina, debió haber sido mi celular pero en vez de eso, era un reloj, un reloj que nunca antes había visto. Marcaba las 12:01.
Generation VB
