Antes que nada:

El cap esta dedicado a Rey por su lindo apoyo ^ ^ y a Ashely Ketchum (Rina Yuy Peascraft) y a todas su amigas y/o amigos.

Que lo disfruten.

Comencemos:

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Acto Tercero:

El General

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Final del capitulo anterior:

–El Forrasterro está bien, sólo tiene una pierrna lastimada, lo llevan al hospital –contestó alguien que venía de atender a los demás heridos, acercándose al grupo. Trowa y Quatre aparecieron en ese momento, Heero y Duo estaban de pie y también observaban al grupo. –Será mejor que se retiren –les dijo alguien que los corría del lugar, algo les decía que ese probable "Forastero" era alguien que conocían.

Entonces un quejido se escuchó –¿… cómo están los hombres, Fhler? –preguntó una adolorida voz que salía detrás del pelirrojo, la voz del General. –Si se encue… encuentran en condición, que sellen todas las puertas, ah, o sufriremos más avalanchas. –Sus ideas de retirarse se esfumaron, se acercaron empujando a casi todos y por encima de la cabeza del pelirrojo se oyeron las voces de Duo y Quatre. –¡WUFEI!

Unos ojos azabache medio les sonrieron por encima de una cabellera roja.

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–¡WUFEI!

Unos ojos azabache medio les sonrieron por encima de una cabellera roja, la voz de la multitud cesó, todos estaban estáticos, expectantes.

–Hola –saludó asombrosamente cordial, un adolorido joven de ojos oscuros y rasgados, cabello negro.

Habían pasado dos largos años desde la última vez que le vieron. Todos habían mantenido cierto contacto, pero no se habían visto hasta ese día. Wufei, lucia muy diferente. Se habían dejado crecer el cabello, y un fleco lateral y oblicuo cubría su rostro del lado derecho, sin embargo se dejaba ver su ojo, un ojo que tenía una cicatriz cruzando de la ceja al pómulo pasando por el rabillo del ojo sin tocar al iris. Una cicatriz que, obviamente antes no tenía.

Más delgado de lo que lo recordaban y pálido. Vestido con una malla de tela azul pegada al cuerpo como segunda piel –un traje térmico-, un chaleco un tono más oscuro encima, un cinturón de herramientas bastante cargado y unos pantalones de expedición gruesos. Estropeados recientemente, roturas y rasgaduras aquí y allá, cubierto de nieve. En todo su traje todo azul oscuro sólo resaltaba un escudo en la solapa izquierda del chaleco, una insignia a la izquierda de su pecho. General Superior.

–¡Dios, Wufei! –pronunció un impresionado Duo, en un susurro.

Wufei los miró atentamente por tan sólo unos segundos, pero su mirada, más profunda ahora, los analizó completamente en esos instantes; los miró con rápido detenimiento y detalle. Primero Quatre y Duo, Trowa atrás de Quatre y Heero al fondo, algo de dio gracia al observarlo a él, pues sonrió de una manera extraña, parecía burlarse. –Saker, ayúdame –dijo de pronto sin dejar de verlos y estirando un brazo al pelirrojo. Este pasó un brazo por debajo de Wufei y lo ayudó a pararse, todos los soldados de alrededor miraban expectantes.

Wufei había crecido. Todos lo habían hecho, pero Wufei los rebasaba a todos, incluso a Trowa que siempre había sido el más alto. Se agarraba el costado izquierdo del torso. –Llegaron con bien, me alegro –dijo con su voz dura pero curiosamente cálida.

–A penas… –lanzó Heero mirando a un pelirrojo, a cambio recibió una mirada asesina de quien ayudaba a Wufei.

–Así que conocieron a "SirNelvik" –comentó de pronto Wufei, mirando fijamente a Heero, todavía con esa extraña sonrisa tan rara en él. El murmullo se había generado alrededor de ellos.

–¿Qué?...- preguntó confuso Trowa, ¿habían oído bien?

–La tormenta, "Sírnevik", así se llama. Es muy temperamental. –Después de estas palabras Wufei se enderezó, se soltó del brazo del pelirrojo y su extraña sonrisa al igual que su comportamiento habían cambiado, ahora mostraba extrema seriedad. Miró hacia sus lados. –Soldados, todos están bien. –No preguntó, afirmó –¿Qué están esperando?, ¡A sus tareas, tienen ordenes, ahora! –Wufei alzó la voz, casi gritando, hablando en perfecto ruso, enseguida se oyó un "Si, señor" general y todos los soldados se movilizaron raudos, pasando a su alrededor sin darles importancia.

La Teniente Fhler, el pelirrojo, los cuarto ex-pilotos y Wufei permanecieron ahí. –Situación. –Demandó Wufei sin quitar la vista de sus compañeros de batalla.

–Doce puertas cerradas, dos túneles bloqueados por la avalancha, una puerta en alerta y la zona de los ventanales interiores en riesgo, la avalancha continua –contestó detalladamente la Teniente.

–Entiendo. Sáker, verifica la evacuación de los niveles superiores. –Ordenó Wufei al pelirrojo, este asintió. –Fhler, ven conmigo –al oír esto el pelirrojo y la teniente se alteraron.

–Wufei, tu condición… –comenzó el pelirrojo pero fue interrumpido por Wufei.

–Le di una orden Coronel, acátela –los ojos de Wufei se clavaban en los del pelirrojo amenazantemente, este lo veía con los ojos medio cerrados cuestionándolo.

–Señor, usted no debería agitarse más, nosotros nos… –intentó decir la Teniente, apoyado a su compañero.

–¡Teniente, di una orden! –alzó la voz Wufei y ambos oficiales se cuadraron más firmes de lo que estaban. No renegarían más. Luego dirigiéndose a sus amigos. –Síganme y no se separen. –De inmediato empezó a andar en dirección a los móviles por los que habían llegado. A ellos no les quedó más que seguirlo sin poder preguntar o hacer algo más. Todos tomaron el mismo móvil. La Teniente dio la orden y el móvil subió expedito a su destino, deteniéndose en el Nivel Tres donde bajó el pelirrojo -que tuvo una mirada consternada todo el tiempo, por algún motivo que Quatre no alcanzaba a comprender, estaba molesto pero no sabía por que- y de nuevo al Nivel Superior o Plataforma de Mando. Wufei se veía, a pesar de su apariencia maltratada, firme y calculador, pero Quatre sentía otra cosa. La sensación de un punzante dolor en el costado izquierdo del torso, un dolor que no era suyo, pero sabía de donde venía.

Se abrieron las puertas, la sala de mando estaba agitada, mucha gente moviéndose, Wufei salió de inmediato. Un soldado fue a su encuentro y empezó a decirle cosas en ruso. Wufei aparentemente entendía a la perfección, no lo miraba, sólo respondía de ves en cuando y el soldado daba indicaciones con señas a sus compañeros y estos hacían lo que se les ordenaba.

En la enrome pantalla del frente, una sucesión de imágenes mostraba lo que pasaba fuera y en diferentes lugares del complejo. En una de estas la imagen se detuvo por orden de Wufei. Lo que se veía era una zona de la ciudad, que no reconocían ninguno de los ex–pilotos, seguramente una parte en un nivel inferior. Era una las construcciones que pertenecían seguramente a las viviendas, en ella –por las ventanas- se veían niños de no más de 10 años. Atrás una enorme puerta que daba al centro de la montaña, tétrica y oscura, por la cual se veía muy a la distancia, pero acercándose velozmente una gigantesca ola de nieve.

Señor, el refugio de la escuela esta frente a la puerta 14, no hay manera de cerrarla manualmente –dijo una mujer Control angustiada.

–La avalancha es muy grrande, los murros del rrefugio no lo resistirán –dijo la Teniente. –Lo harrá pedazos.

La avalancha se acercaba…

Servert, abra las puertas del refugio. –Ordenó Wufei a una Control, ésta sin embargo, no reaccionaba. –Abra las puertas, Control, no necesita de la energía general para hacerlo.- La mujer dudó unos segundos. –¡ABRA LAS MALDITAS PUERTAS! –La Control aterrada así lo hizo, las puertas del refugio de los niños se abrieron, se vio a los niño salir titubeantes del lugar hacia la placita de enfrente, el edificio más cercano estaba a doscientos metros cuanto menos. La avalancha los alcanzaría…

–¡Wufei! ¿Qué estas haciendo? –Trowa jaló a Wufei por el brazo, girándolo para verlo de frente, su voz sonaba demandante pero no alterada, firme como siempre, pero visiblemente preocupado. No era necesario hablar ruso para entender las ordenes que había dado. ¿Qué le pasaba a Wufei, cómo ponía así vidas en peligro?

Cuando Trowa jaló a Wufei, Quatre sintió que aquella sensación perteneciente al dolor en su costado aumentó, a él no le dolía, pero la persona de la que venía seguramente estaba sufriendo bastante.

Wufei miró fiero a Trowa y se separó bruscamente y contestó:

–Esperando.

–¿Esperando? ¿Qué? –preguntó Duo, contando con una muy buena justificación para esa locura, y entonces un sonido que hacía retumbar la sala entera lo puso en alerta como a sus otros compañeros, más Wufei no se inmutó.

–Señor, la energía vuelve.

Los ojos de Wufei contestaron a la pregunta de Duo, pero seguía viendo a Trowa intensamente. Wufei apartó la vista de Trowa y ordenó:

–Servert, active la alarma del Nivel Tres, ¡YA!

En la pantalla apareció la imagen de los niños desconcertados por la alarma que empezó a sonar, combinando el espanto del ruido de la avalancha que se les venía encima. Una hermosa jovencita de ondulado cabello dorado y fiera expresión los guiaba, ella oyó la alarma y entendió de inmediato al ver cerrarse lentamente las puertas del túnel que daban a la montaña, y abrirse en el piso de la plaza donde estaba parada, una portezuela.

En la sala de mando, en la pantalla, se veía a la jovencita de dorados cabellos gritando a sus compañeros que la siguieran y correr hasta la portezuela en el piso, y cómo al llegar, poco a poco fue ayudando a entrar a varios niños por ella, mientras las puertas que cerraban la entrada al túnel se encontraban a la mitad y la avalancha chocaba con ellas. La nieve entraba por las puertas medio cerradas, por lo que su velocidad había disminuido, pero aun así alcanzaría la portezuela en el piso de la plaza… y a los niños.

–Vamos, Verliak. –Susurró Wufei viendo fijamente la pantalla, Duo y Quatre alcanzaron a oírlo aunque, como todos los demás en la sala, no despegaban la vista de la imagen, todos quietos, inmóviles y expectantes. Faltaban diez, ocho, cinco, tres niños, dos…

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Un niño se tropezó a diez metros de la entrada. La jovencita corrió hasta él, lo levantó de un jalón, pero la avalancha alcanzó el refugió y ahora estaba casi encima, la joven abrazó al niño con fuerza y cerró los ojos, escuchaba la avalancha en su cabeza.

Un brazo la sujeto fuertemente, luego sintiendo como se deslizaban por el suelo con el niño en sus brazos y ella a su vez en otros, sintió el vació debajo suyo y oyó una puerta cerrándose encima de su cabeza, luego del bramido de la nieve sobre esta…

Todo estaba oscuro, ella respiraba agitada, el niño en sus brazos sollozaba, quien la abrazaba también respiraba rápidamente, pero controlado, las voces de los niños se oían detrás, luego una luz se encendió, ella miró a su salvador y sus ojos chocaron con una mirada cobalto.

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…Uno de los niños había resbalado, la chica salió corriendo y jaló al niño protegiéndolo en sus brazos, pero la avalancha había destruido el refugio y ahora estaba sobre ellos. Entonces de la nada un joven ágil y fuerte y corto cabello castaño corría a gran velocidad hacía ellos.

–¡Heero! –gritaron Duo y Wufei, los cuatro pilotos voltearon a sus espaldas, uno de los móviles marcaba el Nivel Tres y Heero no estaba ahí, regresaron su vista a la pantalla. El joven que corría hacia los niños, era Heero sin duda.

Llegó segundos antes de que la nieve los tocara y con el impulso de la carrera dio media vuelta con los niños en un brazo, deslizándose por el suelo y sujetando la tapa de la portezuela con la mano libre, se metió en el agujero del piso cerrándolo tras él. La nieve cayó encima de la portezuela y se expandió sólo un poco más sobre la ciudad.

Una exhalación de alivió se escuchó en la sala de mando, Quatre veía todavía la pantalla sin poderlo asimilar del todo, cuando oyó detrás de él, la voz de Wufei:

–¡Vamos, muévanse, tenemos que llegar ahí! –Quatre dio la vuelta y vio a Wufei dentro de un móvil y a Trowa por entrar a este, Duo reaccionó un poco antes que él y subieron al mismo tiempo. Las puertas se cerraron, se dio la orden, Quatre notó que Wufei se agarraba el costado del trozo, segundos después estaban en el Nivel Tres; cuando se abrieron las puertas una cubierta de nieve de un metro de altura los recibió. Wufei saltó sobre ella como pudo y se dirigió tropezando a una zona. Llegó y se agacho, comenzando a excavar en la nieve con sus manos. Trowa, Quatre y Duo lo imitaron y de la nada otros soldados aparecieron ayudándolos.

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La chica seguía viendo a los ojos de Heero, era la segunda vez que terminaba en los brazos de alguien después de ser salvada, pero esta vez eran unos ojos azul profundo los que veía fijamente y no unos negros.

Sin embargo, algo en esos ojos, en ese joven que la sostenía y que nunca antes había visto se le hacia muy familiar, muy conocido, ¿Quién era este joven? ¡Ah! Esa actitud, esa mirada, se parecía a su hermano…

De repente un sollozo se dejó oír y la devolvió a la realidad, se apartó del abrazo y miró al niño que traía en los suyos, este estaba muy asustado y se sujetaba a ella fuertemente, tenía los ojos cerrados. Ella pasó una mano sobre sus cabellos para tranquilizarlo.

–Sophia… –alguien la llamó, giró la cabeza, sus compañeros estaban ahí todavía asustados pero serenos. El chico que la llamó, de su misma edad, cabello de oscuro castaño y ojos muy verdes, piel cual nieve, ahora la veía interrogante, "¿Estás bien?" le preguntaba en silencio, pendiente de todo pero tranquilo.

Si –contestó ella. Luego unos golpes se oyeron sobre su cabeza, estaban tocando la portezuela.

–¡Verliak, Verliak, So… Sophia! –se oía una voz apagada del otro lado.

–¿Señorr, Wufei? –susurró incrédula.

Ella se levantó del suelo donde estaba medio tirada, desabrazó al niño y se soltó a su vez de los brazos del joven de ojos azules que la sostenían y se veía bastante tranquilo recargado contra la pared por la que habían resbalado al fondo de la guarida. Se le figuraba muy conocido, pero no era tiempo de pensar en eso. Subió la escalinata que servía para bajar a la guarida, llegó hasta la puerta y gritó:

–¡Señorr Wufei, estamos bien! –fuera se oían manos raspar la puerta, quitando la nieve.

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Wufei quitaba la nieve casi con desespero.

–¡Verliak, Verliak, So… –se detuvo, parecía no querer pronunciar el nombre, respiraba con dificultad –Sophia! –gritó al final. Segundos después alguien adentro respondió:

–¡Señorr Wufei, estamos bien! –Los soldados raspaban la nieve para descubrir la portezuela pero esta no tenía manija o palanca alguna para poder abrirla. Se abría desde dentro, pero era muy pesada para que un niño lo hiciera.

–¡Heero, ¿me escuchas? –preguntó Wufei de pronto, respiraba muy agitadamente y empezaba a sudar; algo que rara vez le habían visto hacer sus amigos.

–Si –oyeron la seca respuesta.

–A la izquierda de la puerta hay una palanca y un panel, ¿lo ves? –la voz de Wufei sonaba con dificultad, no se sentía bien. Mientras tanto la Teniente había llegado con otro grupo de soldados que traían mantas.

–Si –fue la respuesta.

–La calve es 80078913, luego jala la palan… ca… –Wufei oprimía con fuerza su costado, y cerraba los ojos.

–Generral, porr favor, venga –la Teniente, intentó levantarlo de la nieve, pero Wufei no la dejó, entonces la portezuela se abrió impulsada por el brazo de Heero, este dejó un hueco y los niños comenzaron a salir. Duo, Quatre y Trowa recibían a los niños que Heero y Wufei ayudaban a salir de la guarida, de inmediato los soldados los arropaban con las mantas y se los llevaban algún lugar lejos de la nieve. Estaban asustados, pero ninguno lloraba, el único que sollozaba aun era el pequeño que Sophia había protegido. Ella y el chico que le había llamado fueron los últimos en salir, habían ayudado a los demás niños a salir del fondo de la guarida.

Cuando Sophia salió se lanzó a los brazos de Wufei y este la recibió en un abrazo afectuoso pero sin dejar la postura del rígido General y el extremo cansancio que demostraba, sin cerrar los ojos o mostrar alegría. Heero salió del agujero dejando caer la tapa tras él.

Trowa, Duo y Quatre dejaron de ayudar cuando los soldados atendían a todos los niños y junto con Heero observaban con desconcierto el abrazo que Wufei le daba a la niña. Este sólo duro unos segundos, después Wufei se enderezó y le dijo a la niña:

–Bien, So… Muy bien, Verliak, lo hiciste muy bien –y posando su mano sobre el hombro de la jovencita le indico que fuera con los soldados. –Ve con ellos, luego nos veremos –la niña así lo hizo, pero no despegó la vista de Wufei, excepto para dar una fugaz mirada a los restantes ex-pilotos, que se detuvo unos momentos más en Heero para luego regresar a Wufei, mientras ella se alejaba.

–Informe, Teniente –ordenó Wufei en cuanto todo se hubo calmado un poco. Aun seguía respirando con dificultad y seguía presionando su costado.

–Todas las puerrtas selladas, irrupción en la puerrta 14 y 3 de Acceso, todo bajo control, la enerrgía ha vuelto a su máximo, trres herridos únicamente. Estamos a salvo Generral –respondió la Teniente precisa. –…Señorr, deberría descansarr, nosotros nos encargarremos del resto.

–Estoy bien, Teniente. Subamos a la Torre de Mando –retrucó Wufei molesto y todavía firme. La Teniente no renegó y tampoco nadie más, todos se dirigieron a los móviles. Los ex-pilotos y la Teniente subieron en uno, algunos otros soldados en otro. Mientras el ascensor subía, Wufei se dirigió a Heero.

–Gracias –fue todo lo que dijo dejando a unos sorprendidos ex-pilotos sin respuesta, cuando las puertas se abrieron. Heero, aunque no lo demostraba su rostro, su actitud era de asombro y cierto desconcierto. El Wufei que recordaban, nunca daba las gracias.

Wufei salió del móvil y en el acto empezó a dar ordenes en ruso. Segundos después de que ellos bajar la puerta de otro móvil se abrió y por ella salió una conocida flameante cabellara roja.

–Coronel, revise las marcas –ordenó Wufei apenas lo vio. El pelirrojo lo miró y en lugar de seguir sus ordenes se acercó con aires de amenaza, parecía que fuera a reclamarle algo a gritos, pero antes de llegar vio la condición de Wufei y esto lo paró en seco.

Dijo algo en ruso, una pregunta. Wufei volteo a verlo y contestó también en ruso.

–No, no parece que estés bien, Wufei –afirmó Trowa de repente. Todos lo miraron, ¿Trowa entendía?, ¿hablaba ruso? Duo tenía una cara de angustia por que ya no entendía nada, Quatre no se quedaba muy atrás pero algo captaba de la situación.

–No estás bien –reafirmó Heero que no pareció muy sorprendido por que Trowa entendiera ruso y captó de inmediato lo que había dicho Wufei para que Trowa contestara así. El pelirrojo le dirigió una mirada asesina.

–No es su asunto, Señorr Yuy. –Heero apretó las mandíbulas y estaba a punto de saltarle encima cuando.

–Tal vez no soy el soldado prefecto, Heero, pero se lo que puedo soportar, esto no es nada, estoy bien. –Contestó Wufei, mordazmente. Las mandíbulas de Heero se apretaron más. ¡Todavía que se preocupa por él!, y miren que eso es decir. –¡Y a usted le di una orden, Coronel! –Wufei se molestó, por la "preocupación" de sus amigos o por la intervención del pelirrojo, tenía su mano presionando fuertemente su costado y se doblaba hacía al frente.

El pelirrojo ignoró la demanda de Wufei, también estaba molesto, se le acercó e intentó agarrarlo por el brazo y Wufei le contestó con un rígido manotazo. Todo sublevado a un acto militar, una disputa que estaba más allá del general de los espectadores o simples soldados. La renegada afrenta era ajena al resto del cuerpo marcial.

Pero ahí estaba el viejo Wufei, a ninguno de los ex–pilotos les asombro, Wufei podría estarse muriendo y aun así no se quejaría. Aunque no dejaba de preocuparlos. La sala de mando estaba algo tensa, pero con los nervios controlados, por que al fin al y cabo eran soldados.

Wufei era un dirigente rápido y preciso, como ellos lo conocían, la guerra se los había enseñado, pero ahora que lo veían, era sorprendente que él fuera el mayor oficial. Su cambio no se limitaba a lo físico, su actitud, su tono de voz, la forma de ser, en si todo había cambiado y sin embargo seguía siendo Wufei.

–Cumpla con su orden, Coronel –el pelirrojo no se movió, lo veía fijamente. Se retaban, era notorio. Al final algo en los ojos de Wufei hizo que el pelirrojo desistiera, pero sin moverse del lugar dio una orden al Control más cercano. –Bien –dijo Wufei, al notar que había ganado y miró la pantalla. En realidad todo estaba calmándose, bastante tranquilo después de la agitación. La situación como la había manejado Wufei estaba bajo control, sólo era cuestión de dar ultimas ordenes y para las condiciones en las que estaba Wufei era mejor que lo dejara a alguien más, pero Wufei nunca haría eso.

Aunque Quatre no lo quisiera, algo en él se sentía bien con ver a Wufei de nuevo, con su nueva presentación y su vieja actitud. No lo picarían más, en algún momento cedería, así era el Wufei que conocían. Duo tenía su clásica cara de "no entiendo nada".

Wufei dio un par de ordenes más, todos los datos y detalles de lo ocurrido estaban en orden. Todo mundo seguía sus indicaciones y los ex-pilotos lo esperaban. Mantenía el control bastante bien, tal vez no quería parecer débil delante de sus compañeros, a estos no les sorprendía. –No hay daños grraves, señorres. Se hizo un grran trabajo. –Habló la Teniente en toda su postura, dirigiéndose más a Wufei que a los soldados.

–Bien Teniente, vayamos con los niños –dijo Wufei y dio media vuelta. Su respiración no era agitada pero si dificultosa, aun quería demostrar que podía hasta el final.

–Wufei… –le llamó Quatre casi en un susurro cuando paso cerca de él dirigiéndose a los móviles.

–Estoy bien, Quatre,… estoy… bien… –y, al fin, cayó al suelo desmayado.

–¡Generral!

–¡Wufei!

Fueron las exclamaciones que se escucharon después.

Continuara…

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N/a: Lo se, quienes quieren que ya pase algo entre nuestros personajes, me van a matar por alargarlo tanto, pero ustedes ténganme paciencia que no los decepcionaré (… al menos eso espero) Este capítulo estuvo muy vertiginoso, pero espero que las emociones, las sensaciones, las cosas insinuadas y los pequeños indicios de algo que esta pasando ahí hayan quedado, sino claros, por lo menos notorios. Poco a poco todo iran encajando. Deseo que les haya gustado.

Nos leemos, Sean Felices.

P.D. Sus opiniones, plis

Respuestas:

Hikari no Tenshi- (Bonito nombre) Ja, ja, muchas gracias por el apoyo, me honra que la historia este entre tus favoritas. Solo advierto que quizá en algunas escenas quieras matarme, pero te aseguro que sólo lo desearas por un momento. Al revió perdido T.T- Perdón se que alguien más me escribió pero no puedo ver su review de nuevo, lo vi en mi mail, pero no me grabe el nombre, Gomen, sólo sé que gustó de la historia y deseo que siga leyendo y que me perdone por no contestar su review debidamente, Gomen Nasai T-T. Rey- Tarde, pero seguro, je je.