Gomen, por la tardanza.
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Acto Cuarto:
La Sentencia y la Loba
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Final del capítulo anterior:
Wufei dio un par de ordenes más, todos los datos y detalles de lo ocurrido estaban en orden. Todo mundo seguía sus indicaciones y los ex-pilotos lo esperaban. Mantenía el control bastante bien, tal vez no quería parecer débil delante de sus compañeros, a estos no les sorprendía. –No hay daños grraves, señorres. Se hizo un grran trabajo. –Habló la Teniente en toda su postura, dirigiéndose más a Wufei que a los soldados.
–Bien Teniente, vayamos con los niños –dijo Wufei y dio media vuelta. Su respiración no era agitada pero si dificultosa, aun quería demostrar que podía hasta el final.
–Wufei… –le llamó Quatre casi en un susurro cuando paso cerca de él dirigiéndose a los móviles.
–Estoy bien, Quatre,… estoy… bien… –y, al fin, cayó al suelo desmayado.
–¡Generral!
–¡Wufei!
Fueron las exclamaciones que se escucharon después.
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Duo estaba acostado en uno de los acolchados sillones, con las largas piernas colgando del brazo del sillón y sus brazos cruzados, movía un pie con impaciencia, Trowa recargado en la pared a la mitad de la enorme habitación también con los brazos cruzados miraba una de las puertas, una amplia de doble hoja al fondo, Quatre con su noble postura esperaba tranquilamente sentado en un sillón contrario al de Duo, algo preocupado pero no precisamente por Wufei.
Estaban en una antesala, habían entrado ahí por la puerta de una gran oficina que tenía como lateral este recinto, otras puertas estaban a su alrededor, había varios sillones y alfombras, dos televisores, un piano antiguo, unas cuantas mesitas y una chimenea. Más bien parecía la casa de alguien con dinero,… quizá una de las casas de Quatre en las montañas nevadas.
Heero parado en medio de la habitación, muy serio y con los brazos cruzados, estaba de muy mal humor y miraba a alguien de reojo.
–¿En que le puedo ayudarr, Señorr Yuy? –preguntó el joven de flameante cabellera roja y ojos amarillos que parado enfrente de la puerta, conservando su distancia, sentía la mirada de Heero en su nuca.
Heero no contestó, pero no apartó sus ojos. El pelirrojo sonrío con sarcasmo para si. Esos dos se tenían mucha antipatía desde el momento en que se conocieron. A Quatre le incomodaba, a Trowa no le importaba y Duo parecía divertido.
Esperaban recibir noticias venideras de la recamara al final del pasillo junto con la doctora vestida toda de blanco, de baja estatura, cabellos rubios, rizados y cortos que con su cara y facciones de muñeca de porcelana había entrado en la habitación, con pasos cortos y militares, echando rayos y centellas en su idioma.
Habían pasado unos 20 minutos desde el desmayo de Wufei. En la sala de control hubo gran revuelo que fue acallado de inmediato por el grito del Coronel.
–¡Silencio!– había gritado. –Fhler quedas al mando, en cuanto puedas ven, estaré con Julia(*1), ustedes síganme. –Dijo a los ex-pilotos mientras levantaba el cuerpo de Wufei. De inmediato fue ayudado por Duo a quien le medio sonrió en forma de agradecimiento y luego murmuró –Esto le va a encantar.
Mientras recorrían los extensos y luminosos pasillos del edificio de la Torre de Mando, pasaron a una segunda torre menos alta pero igual de imponente. Heero iba tras Duo y el pelirrojo que cargaban a Wufei. Por alguna razón le molestaba que el pelirrojo se tomara tantas confianzas con Wufei… o con Duo, que más daba, el caso es que le molestaba. Muy dueño de la situación, muy profesional, muy… idiota.
No había dicho nada, primero porque no había habido oportunidad, segundo porque sabía respetar los rangos y le gustase o no el mocoso ese era Coronel… bueno, ahora todo se había calmado un poco y aparte de la gran molestia que sentía, tenia muchas preguntas, había habido demasiadas sorpresas en unas cuantas horas. La peor tormenta que pudo haber imaginado estuvo apunto de matarlos, luego la gigantesca ciudad enterada kilómetros bajo tierra, el mocoso Coronel, una avalancha que por poco la destruye y mata a unos niños, ¿Wufei General?, la cicatriz que tenía en el ojo derecho y finalmente, ¿Wufei perdiendo la conciencia por un golpe? Algo raro estaba ocurriendo, no era una situación común, no era la guerra tampoco, su presencia ahí significaba algo más,… ¿Relena lo despreciaba tanto como para alejarlo en esa cárcel de hielo?. Sacudió la cabeza, no había apartado la vista del pelirrojo, aunque no le prestase toda su atención.
De repente Duo rompió el silencio:
–Que silencio… a pasado mucho tiempo –en realidad no habían pasado más que unos cinco minutos en la habitación y apenas un minuto desde el comentario del pelirrojo, pero a Duo le habían parecido años y estaba impaciente, además tenía frío y estaba algo nervioso por el silencio, hablar era la mejor solución para ambas cosas.
–No ha pasado mucho tiempo, seis minutos desde que entró la doctora –retrucó Trowa.
–Pues a mi me parece una eternidad y más en silencio –contestó Duo rascándose la cabeza. De pronto se acordó de algo. –¡Oye!, por cierto, ¿y tú desde cuando hablas ruso, eh? –preguntó señalando a Trowa con el dedo. La pregunta sorprendió a todos y miraron a Trowa que también estaba un tanto sorprendido.
Se tardo en contestar, miró primero a Duo luego a Heero, luego al pelirrojo y por ultimo a Quatre que también parecía tener curiosidad. Por fin contestó –La verdad no sabía, no recordaba que hablaba ruso… –la cara de sorpresa de Quatre, la extrañeza de los ojos medio cerrados de Heero y del pelirrojo y la los muy abiertos de Duo, le hicieron aclarar. –Cuando llegamos y me di cuenta de que entendía a los soldados. Me ha pasado otras veces, con otras cosas… son retrasos de mi amnesia –dijo sin mirar a sus compañeros.
–Trowa… –susurró Quatre, con un poco de pena.
–Je, lo siento Tro, pero es que oírte traducir de repente, pues a cualquiera sorprende, tu entenderás –Duo trataba de explicarse.
–Perro al parrecerr está rrecuperrando la memorria, eso es muy bueno. Y perrmítame felicitarrlo, señorr Barrton, el lenguaje que usamos es bastante técnico, si usted lo comprendió debe de serr un rruso excelente. –Comentó el pelirrojo con una de esas encantadoras medias sonrisas que su rostro regalaba cuando quería. Trowa desconcertado sólo alcanzó a asentir en agradecimiento al comentario después una sensación de alivio y despreocupación lo inundo, el oír aquello, por extraño que pareciese, lo había echo sentir bien, no le produjo esa sensación de melancolía y desolación cuando los retrasos de sus memoria llegaban a aparecer mostrándole lo poco que sabía de él mismo en realidad.
–Eso es cierto, más bien fue una agradable sorpresa –sonrío Quatre como siempre, el comentario le había agradado sobretodo por que había echo sentir cómodo a Trowa. Lo sabía, una calidez que sólo da el confort venía de él. Eso hacía feliz a Quatre.
Al parecer el pelirrojo era muy carismático cuando quería y tenía tacto, por lo que a Quatre y a Trowa respectaba agradaba mucho y no se diga de Duo que ahora no se sentía culpable al ver la reacción de Trowa después de hablar el pelirrojo. Además la actitud que tenía con Heero le divertía y maravillaba mucho, era sorprendente que alguien lo tratará así, además con el carácter que tenía el pelirrojo…
A decir verdad eran muy similares en eso, pero a alguien no le agradaba en absoluto la idea.
–Que sensible comentario –murmuró mordazmente Heero mirando la puerta donde Wufei. Todos lo miraron, ¿qué rayos le pasaba?, Heero no acostumbraba hablar, menos si no se dirigían a él y aun menos, tan desavenidamente. El pelirrojo lo miró con una sonrisa torcida.
Oh, oh, Duo pensó rápido. No sabía como reaccionaría el pelirrojo pero no quería saberlo y a Heero lo conocía bastante bien, así que cambió el tema.
–¡Ah! Es cierto –se levantó del asiento y se puso frente al pelirrojo lo más rápido que pudo –no nos hemos presentado adecuadamente, soy Duo Maxwell, puedo correr y esconderme pero nunca digo una mentira, mucho gusto –recitó con su mejor sonrisa, extendiéndole la mano. El pelirrojo no pareció escucharlo, miraba a Heero con un reto silencioso y este a su vez lo ignoraba. Quatre sintió venir el peligro y ayudó a Duo.
-Quatre Raberba Winner, mucho gusto. –Trowa iba a contestar, captando la idea de sus compañeros, cuando… El pelirrojo se movió y se fue acercando lentamente a Heero, este comenzaba a tensarse imperceptiblemente esperando la reacción del pelirrojo y preparándose para contraatacar. A un metro de él sin embargo. Dio un giro sorpresivo y quedó frente a Duo, que estaba preocupado por que su idea no parecía funcionar. –Tiene toda la rrazón, señorr Maxwell, no nos hemos prresentado debidamente –se separó un poco de Duo, pero no de Heero, cuadrándose y haciendo una respetuosa inclinación militar. –Soy el Corronel Superriorr Sakerr Nelvik de la Base Valkerria, Polo Norrte, Tierra, es un honor y un placer –terminó estirando su mano a un sorprendido Duo. –Aunque en su caso particular yo no tengo inconveniente como se habrán dado cuanta –hizo una pausa tomando aire, estaba tratando de conservar la calma. –Los conozco perrfectamente, Señorr Maxwell.
Nelvik tomó una postura digna como si fuese a dar un informe, pero al hacerlo dio un tono divertido y hasta coqueto. –Duo Maxwell anterriorr piloto del Gundam 02 Deathscythe, alegre e inquieto –a lo que el pelirrojo había sonreído evidentemente coqueto –cabello largo castaño invarriablemente trenzado y peculiarres ojos violeta –A Duo se le colorearon un poco las mejillas, no sabía bien si por la descripción de su personalidad, por la de su físico o… por como lo había dicho el pelirrojo.
Nelvik miró luego a Quatre y extendió de nuevo su mano. –Señorr Winnerr. –Nelvik hizo la misma ceremonia que con Duo. –Quatre Raberrba Winnerr, piloto del Gundam 04 Sandrrock, sincerro y noble, rrubio y de ojos azul agua –ahora sonrió con ternura, luego se dirigió a Trowa e hizo lo mismo. –Señorr Barrton –dio su mano. –Trowa Barrton, piloto del Gundam 03 Heavyarrms, serrio y misterrioso, cabello castaño y ojos verrdes –dijo sin borrar su sonrisa, después se giró hacía Heero, pero no se le acercó. Su sonrisa se convirtió en sarcasmo absoluto. –Y por último, el carrismático Señorr Yuy, piloto del Gundam 01 Wing Zerro –se limitó a decir, pero de la manera más mordaz posible, burlándose y retando a Heero. Una mala idea.
Los ánimos se encendieron cuando Heero se acerco al pelirrojo con amenaza, el pelirrojo lo espero impávido, los demás se levantaron para detenerlos, conociendo a Heero mataría al pelirrojo, de lo que no estaban seguros era si el pelirrojo mataría a Heero, pero por lo visto no se quedaba atrás en capacidad ni en deseos de hacerlo; y entonces a medio metro de distancia uno del otro como dos fieras.
–Saker ¿Se puede saber que está pasando aquí? –se oyó una firme voz femenina proveniente de la puerta de la habitación de Wufei, Heero se paró en seco unos centímetros delante de Nelvik sin despegar la vista de este, lo mismo el pelirrojo, los demás también frenaron su intención y miraron a la puerta. La Doctora se encontraba ahí parada, con el ceño fruncido que en sus facciones de muñeca se veía bastante aterrador.
–Sólo nos presentábamos debidamente, Julia –contestó Nelvik sin apartar la vista de ojos de Heero, sus respiraciones estaban casi detenidas, contenían su ira, aun así ninguno se movió.
–En ese caso, Saker, será mejor que tú y el joven señor, dejen de confraternizarse tan cariñosamente y me presten atención. –Demandó la Doctora dando tono de menos importancia al asunto, Heero y Nelvik se giraron al mismo tiempo para quedar con el frente hacía ella. Heero con menos elegancia que el pelirrojo, mientras se alejaban uno del otro y despegaban sus miradas con gran dificultad. Los demás sólo contemplaron la escena, sabían que Heero era explosivo pero no mataría a nadie en estas circunstancias y sobre todo respetaría el rango que tenía, si no el del pelirrojo, por lo menos el de Wufei y no armaría una grande. –Bien, ahora que he captado su atención y siguiendo con el protocolo que han empezado: Mi nombre es Julia Cazielli (1), Doctora en Jefe de la Base Valkiria. –Se presentó ante los ex-pilotos. –Y si me permiten deseo que pasen. En vista de que Wufei es más terco que una cabra, no daré informe de su estado hasta que estén presentes… todos. –Afirmó viendo a Heero y a Nelvik que apretaron las mandíbulas cuando oyeron que tendrían que entrar ambos para ver a Wufei.
Así la Doctora Cazielli entró a la habitación seguida del Coronel, primero y luego de los ex-pilotos, entrando en último lugar Heero que aun se le notaban las venas de las sienes hinchadas.
Al entrar vieron un cuarto amplio de seis paredes, después de la puerta, en la pared a su derecha una chimenea con sillones de descanso en una ante sala, en la siguiente una ventana que seguramente daba hacia la ciudad, estaba cerrada. En la siguiente a su izquierda a modo de ventana, una pantalla grande, la siguiente tenía unas puertas corredizas y por último en la pared frente a ellos, una enorme cama de doble plaza en donde se encontraba recostado, con almohadas en el respaldo, Wufei.
Todos entraron en silencio, Wufei tenia los ojos cerrados y respiraba pausadamente, su cabello caía cubriendo un cuarto de su cara del lado derecho, cubriendo la cicatriz que, al menos Heero, había logrado ver unas horas antes. Tapado por las sabanas hasta la cintura y solo cubierto por las vendas que rodeaban su tórax de arriba a abajo. Estaba pálido y delgado, algo de ojeras se marcaban en su rostro cansado. Pero tenía el mismo porte del guerrero que era. La chimenea estaba encendida, el ambiente era cálido. La Doctora cerró la puerta tras de sí suavemente después de que todos entraron. El pelirrojo se acercó a la cabecera de la cama, la Doctora se paró del otro lado. –Bien, Wufei, todos están aquí, ¿me permites decirte que tienes ahora?
–Por supuesto, Julia, ya puedes regañarme –habló Wufei con los ojos cerrados. Los abrió y miró a la Doctora con una encantadora sonrisa. Ella sólo meneo la cabeza viéndolo como si tratara de un niño pequeño. Wufei los volteo a ver sin dejar de sonreír. –Hola amigos, me alegra mucho verlos, lamento no haberlos recibido adecuadamente, ustedes pudieron ver la situación. –Su voz sonaba suave pero no dejaba de ser firme, la voz de un general, no había ternura en sus palabras pero si calidez.
¡Wow, Wufei sonriendo, siendo amable, comunicándose y pidiendo disculpas, es más, incluso había hecho una broma! Duo no lo podía creer y sus compañeros estaban igual sorprendidos pero se les notaba menos. Vaya, en todo este tiempo, algo grande debió pasarle a Wufei para haber cambiado tanto.
–Wufei… –intentó decir algo Nelvik, aún en su correcto hablar, parecía algo sentido por que Wufei le dirigiera un comentario a sus amigos y a él no.
–No te preocupes, Saker, estoy bien –contestó Wufei antes de que preguntara algo.
–En realidad no, mi General. –Retrucó la Doctora, mientras recogía sus utensilios de curación de la cama y muebles de Wufei, con tono de reprimenda. –Es cierto que el golpe que tiene en las costillas es solo un moretón que se curara en unos días, pero el efecto que tuvo sobre ti ese rasguño no es alentador.
–¿Está enferrmo? –preguntó Saker.
–Si y no –contestó la Doctora, luego se inclinó sobre la cama para ver directamente a los ojos de Wufei, quien la miraba con gesto tranquilo. –Wufei –lo llamó la Doctora. –¿Cuantas horas has dormido esta semana? –Wufei sólo exhaló una risita y desvió la vista. Al no ver respuesta la Doctora se dirigió a Nelvik. –¿Saker?
–Al rrededorr de siete horras, quizá menos. –Quatre se sorprendió notablemente, Duo ya no podía sorprenderse más, estaba a punto de quedar traumado. Trowa y Heero se miraron, pensando lo mismo pero sin externarlo. La falta de sueño no era bueno. Incluso en el más estricto de los horarios cumplir las horas de sueño necesarias mantenía al cuerpo activo y a la mente cuerda.
–¿Y cuanto has comido? –Wufei sólo sonrió a esta pregunta. –No le veo lo gracioso, General. Estás débil, llevas meses así, todo lo que haces desde que eres general es trabajar. Eso hace daño y ya me canse de venir a tu cuarto, casi de emergencia. Un golpe poco más fuerte y quizá ahora no estaría hablando contigo.
–Lo siento Julia, no quiero preocuparte, sé que estas ocupada. –Contestó amablemente Wufei. La Doctora cerró su maletín después de guardar todo y suspiró.
–Tu me tienes ocupada. –Reafirmó la Doctora. –Mira, Wufei, la verdad es que me sorprende que no estés en el hospital en este momento y desde hace meses,… se que eres muy fuerte, pero sabes que no eres inmortal ni nada por el estilo, hasta los antiguos pilotos Gundam son humanos, Wufei, y aquí los tienes para comprobarlo.
–Sólo trato de cumplir con una promesa, Julia –contestó tranquilamente.
–¡Y lo haces de maravilla! –exclamó la mujer dándolo por obvio. –Pero entiende que no puedes seguir así. No podrás cumplir la promesa que nos hiciste si no puedes mantenerte ni tu mismo… –lo miró a los ojos unos segundos en calma total. Fue una mirada profunda y analítica, después respiró resignada. –De acuerdo, hagamos un trato. Descansa unos días. Cuatro o cinco días sin General no harán que se derrumbe la base y menos en la etapa de cierre. Nada pasara sin ti unos días, tenemos al Coronel, a la Teniente y a la Comandante, tres personas muy capaces de controlar todo sin necesidad de que lo estés supervisando. –Wufei intentó decir algo, pero Julia continuó más elocuentemente. –Los soldados y la comunidad estarán bien y entenderán a la perfección, aunque a ti no te lo parezca les importa tu salud… Convive con ellos estos días Wufei, te extrañan, al ex-piloto Gundam, no al General. Tus amigos están aquí enséñales la Base, habla con ellos, seguramente tienen muchas preguntas, –y vaya que la Doctora tenía razón –no te hará daño ser humano de nuevo, Wufei. –Aparentemente no era estilo de la Doctora mostrarse maternal, por que a esas palabras les faltaba bastante dulzura. Pero lo trataba como un niño. Lo que era exactamente. No tenía más de 18 años.
Wufei suspiró, después asintió con la cabeza. –Esta bien Julia, tomare un descaso de algunos días.
–Excelente. –Aceptó la Doctora levantándose de la cama en la que se había sentado. Tomó sus cosas y caminó hacía la puerta, pero se detuvo mucho antes de salir. –Pero lamento decirte esto Wufei, no confió en ti. Así que dejare a alguien vigilándote. –Miró a Saker.
–Yo lo vigilaré, Julia. –Contestó Saker a la elocuente mirada.
–Sé que tu lo harás, Saker, pero como bien sabes no es suficiente; por alguno u otro motivo, siempre termina convenciéndote o se te escapa, esta ves te asignaré refuerzos. –Sonrió ante la expresión de desconcierto de los dos dirigentes. Luego se dirigió a los ex-pilotos que contemplaban la escena. –Así que caballeros, les pido muy amablemente en nombre del General y mío, lo vigilen. Es muy necio, pero eso lo deben de saber mejor que yo, además –dijo ahora dirigiéndose a Wufei –así podrán hablar con mayor facilidad, tú en la cama y ellos cuidándote. Espero no sea mucha molestia, en realidad me ayudarían mucho. –Dirigiéndose de nuevo a los ex-pilotos.
–Será un placer Doctora, nos complace ayudarla. –Habló con su usual sonrisa y amabilidad, Quatre, sin dar tiempo a protesta por parte de los demás.
La Doctora igual de rápida sonrió y contestó. –Muchas gracias. –Y se encaminó a la puerta de nuevo y con perilla en mano volteo otra vez. –Wufei, te quiero en cama como minimo dos días y por favor, por lo que más quieras, no pongas un pie en la Torre de Mando un una semana, hazme caso… Es más prométemelo, Wufei. –Demandó casi con exasperación, esperando una respuesta que no daba cabida a un "no".
Wufei sonrió al ver la actitud de la Doctora. –Haré lo posible, Julia.
–¡Wufei! –reclamó la Doctora con los ojos cerrados y agitando la mano.
Wufei se dio por vencido. –De acuerdo, Julia, lo prometo. –Su sentencia estaba dada, no saldría de la cama en unos días.
La Doctora suspiro. –Gracias, aunque me sentiré realmente tranquila, pasado mañana cuando sepa que no saliste de cama. Bueno jóvenes me retiró, lamentablemente tengo a otros pacientes a quienes atender. –Abrió la puerta y se disponía a salir tan rápido como había entrado cuando.- ¡Ah!, ¡Dea! –Exclamó al abrir la puerta y mirar al piso, luego sonrió casi con diversión. –Mira quien ha venido a visitarte, Wufei, parece que ella está tan preocupada como yo. –Algo al pie de la puerta se levantó y entró a la habitación.
–¡Wooow! –exclamó Duo dando un salto que lo hizo chocar contra Heero. –¡Eh! –exclamó a su vez Quatre dando un paso atrás.
A la habitación había entrado una loba. Un perro que evidentemente era hembra pero de descomunal tamaño.
Una gigantesca perra Alaska que les llegaba con facilidad a la cintura, completamente blanca, de abundante pelaje y salvaje aspecto. Al escuchar la exclamación de Duo (por más sonora) mostró de inmediato los colmillos de enorme tamaño. Duo muy alterado al ver que la perra se dirigía a él con los colmillos de fuera, se alejaba empujando con él a Heero hasta el ropero de la recamara.
–Oh, oh, oh, lindo perrito, linda, linda fiera, tranquila. –Ameraba Duo mientras se alejaba lo más que podía y aplastaba el cuerpo de Heero contra el ropero de la recamara. Duo, quien con su mano derecha se aferraba inconscientemente a la camisa de Heero y alzaba la izquierda tratando de alejarla de la "fiera", nisiquiera se había percatado del contacto. Heero colocó, también por instinto, su mano derecha sobre la mano de Duo que se sujetaba su camisa y la mano izquierda en su espalda tratando de que no le aplastara tanto. Quatre y Trowa habían saltado del camino de la loba. Quatre sujetaba el brazo de Trowa y este a su vez a Quatre. Nadie notaba aquellas ligeras reacciones… excepto los atentos ojos de Wufei.
–¡Frela, Frela! –Llamaban Wufei y Saker, uno desde la cama y otro acercándose a la loba. Esta enseñaba más los dientes mientras más oía chillar a Duo. Saker se colocó a un lado de Heero y Duo. –Señorr Maxwell, porr favorr tranquilícese y deje de gritarr, alterra a Frela. –habló calmando a Duo que se veía reflejado en unos penetrantes ojos azul eléctrico de feroz mirada… que le recordaban un poco a alguien. Se calló, aunque aun temblaba y miraba con desconfianza y miedo a la perra de amenazante aspecto. –Señorr Maxwell, déme su mano. –Pidió, Saker. –Duo lo miró de reojo con angustia y poco a poco le tendió la mano izquierda que tenía en el aire. Saker la tomó en una y se hincó como si fuese a declararse acariciado el pelaje de la loba que seguía mostrando los dientes. –Linda, mira, no te alarmes, huele. –Le susurró Saker a la loba mientras acercaba la mano temblorosa de Duo, quien apretaba con más fuerza la camisa de Heero. La loba acercó el hocico a la mano de Duo y olfateo unos segundos y poco a poco dejó de enseñar los colmillos, e incluso al final, lamió la mano de Duo.
Duo empezó a reír cuando la lengua cálida de la loba le hizo cosquillas y poco a poco se relajó soltando la camisa de Heero.
–Le agrada, señorr Maxwell. Como empezó a gritarr ella se alterró, perro en rrealidad es muy dócil… bueno con quien quierre –comentó Saker sonriendo con ternura a la expresión algo apenada de Duo. Heero miraba a Saker con el ceño extremadamente fruncido aunque no le decía nada. Aun tenía la calidez de la mano de Duo en la suya y él cerraba el puño para que el calor no escapase.
Ahora Duo acariciaba el pelaje de la loba de penetrantes ojos azul eléctrico que lo miraba impávida dejando que la tocara, después la loba miró hacia donde estaban Quatre y Trowa. Se acercó a ellos moviendo su enorme cuerpo para olerlos. Quatre se puso algo tenso cuando la loba se acercó. Parecía tener mucha más fuerza de la que podía contener.
–Tranquilo, señorr Winner, no le harrá nada. –Dijo Saker mirándolo con ternura. –Acarícienla. –Trowa y Quatre así lo hicieron y la loba los olfateo por un segundo y los miró como analizándolos. Sus ojos eran tan humanos. La loba volvió a girarse y esta vez se acercó a Heero.
Heero miraba a Nelvik fijamente, algo en él lo hacía rabiar, no lo soportaba; de pronto un empujón lo distrajo de su mirada asesina. Miró abajo, la loba había recargado su enorme cuerpo contra el de él en forma de caricia, luego ando hasta la cama de Wufei, quien lo miraba atentamente. Heero se sorprendió un momento por la mirada de Wufei. Sospechaba que lo miraba desde largo rato antes. Wufei no despegó su vista hasta que la loba chilló a su lado apoyando la cabeza en el colchón de la amplia cama.
–Jm, estoy bien, Frela. Todavía me no toca morirme. –Se mofó Wufei, mientras acariciaba la cabeza de la loba.
–Pues apenas, querido. –Retrucó la Doctora que aun seguía en la puerta. –Bien, en vista de que no tengo que recuperar miembros mordidos. –Bromeó cruelmente la Doctora. –Me retiro. Pediré suban la comida, supongo que tienen cosas de que hablar y mucha hambre. –Miró a los ex-pilotos –y no quiero ningún pretexto para que me desobedezcas. Incluso Frela está preocupada. –Regaño a Wufei. –Bien jóvenes me retiro y no dejen que me desobedezca. –Remarcó a los ex-pilotos y antes de cerrar la puerta tras ella, apuntó a Wufei con el dedo índice. –Dos días Wufei, dos días –y salió por fin.
–Bien, supongo que ya es hora del otro regaño. –Miró a sus compañeros. –Tendrán preguntas –afirmó Wufei, todavía acariciando a la imponente loba y sonriendo. –Pero antes, les presento a Frela, mi perra –sólo miró a la loba.
–¡Dios santo, Wufei! Espero que puedas explicar todo antes de que la tormenta esa de afuera acabe. –Exclamó Duo, reprochando pero sonriendo.
–Yo también lo espero. –Respondió Wufei divertido.
–Regresaré con la comida –se excusó Saker caminando hacía la puerta. –Y Wufei, quédate en la cama. –Subrayó antes de salir.
–Si, señor –se burló, Wufei.
Un ambiguo sonido monosilabito fue lo que recibió por respuesta del pelirrojo, quien después de una leve inclinación a los ex-pilotos, se retiró.
–Bien, ¿Quién empieza el ataque? –preguntó Wufei, esperando el inminente bombardeo de preguntas…
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N/a:
1: Se le Yulia Cazieli.
Aclaración: Como en la serie, tengo entendido al menos, no se especifica que idioma hablan, me tomé la libertad de encajar una lengua universal.
Por ende, ellos no hablan ruso ni ingles, ni ningún otro idioma a la perfección.
Siendo todo, nos escribimos en el prox cap ^x^ .
REVIWS
Forfirith-Greenleaf: Gomen nasai, el menos ahora si te puedo contestar. Sí, Heero celoso es bonito y sobre ese trío… mmm, no es mala idea, lo pensare; y no te preocupes ya sabrás quien es Sophie.
Ten/Kurai Kurayam Kage: Sí, pobre de Wu, que mala soy. Es cierto, Saker y Duo no se ven mal juntos, ya veremos.
Ashley Ketchum: XD Vaya, muchos a quienes cuidar, todos y cada uno me parecen encantadores (se parecen a sus padres) Ja, ja, se paciente, no tomes decisiones apresuradas y me vayas a matar a alguien importante, no te preocupes, yo creo que te va a agradar Sophie, ya veras.
Jotaru Habarrí Yui: Me alegra que pienses que sus actitudes corresponden con los personajes, al menos eso intento Si tienes dudas con algo que escribo, me puedes contactar y te explico con mucho gusto personalmente, mi msn esta en mi perfil ^^, y sí, Heero es quien queda arriba de Duo.
Usagui Kou: Los hermanos suelen ser así, yo tengo uno que no me deja actualizar… Que alegría que te guste.
Noriko Uki: ¿Qué le pasó a Wufei? De eso trata el fic entre otras cosas, sabrás por que ha cambiado y que es Sophie para él. Me alegra que te guste Saker, ¡A mi también!
