Corrí desesperadamente a través de los árboles y llegué hasta la calle, encendí la moto como si la estuviera robando, pues las llaves no estabas en el taller cuando fui en busca de estas. De nuevo eran ellos.
Con las horas que pasaba sin dormir y las extras que pasaba entrenando había perdido color, ahora era mas pálida, un poco mas alta y tenía sombras negras bajo mis ojos que por arriba llevaban una línea roja que se dibujaba cada mañana, cuando miraba al sol salir por detrás de mi casa. Mi piel era más resistente que nunca y mi cabello era mitad corto mitad largo. Había cambiado tanto en solo unos meses, y todo era culpa de él.
Aceleré lo más que pude, de nuevo me había encontrado con ellos, que no entienden que ya no quería verlos? Ya no quería saber de la manada, ya no quería saber de Danush. Pero yo era la que insistía.
Sabía que no debía ir por los rumbos de Danush, no debía acercarme a ella, no debía pisar los dominios de esos bloodsuckers sin una orden.
Ella había roto el tratado con los Nephilim, debía pagar el precio.
Pero… que fue eso? Por que Danush tomó de la mano al vampiro que trató de matarme?
Que demonios pasó?
Conducía y pensaba ciegamente. Llegué por arte de magia al taller. Tal como lo dejé por la tarde. Después de salir de vacaciones pasaba todo el día encerrada en el taller junto con Wolfie.
Al igual que con la moto, abrí la puerta con un broche de cabello y metí la moto a la bodega completamente vacía. Wolfie estaba dormida sobre el sillón. La bodega solo olía a humano y a perro mojado (literalmente), pero no había aromas a seres mágicos, no vampiros, no hombres lobo, no duendes-roba-faldas-escolares. Todo olía familiar para mí.
No había hecho gran cosa con el taller, solo habían pocas cosas nuevas, un baúl lleno de ropa mía, sobre él mis dos pares de botas, había puesto un librero, dos estantes llenos de libros y comics, el estante de abajo tenía armas y anillos. Cobijas y almohadas sobre el sillón. En un rincón mi guitarra junto a un estero viejo. Una pequeña televisión sobre el refrigerador viejo que aun seguía lleno de cerveza, que a diferencia de antes, ahora también tenía carne y verduras. Había arreglado el viejo baño, tenía una regadera decente y una apariencia más nueva. Saqué el dinero trabajando de lo poco que sabía de autos, no eran cosas tan graves, eran trabajos que cualquiera podía hacer.
Me tiré sobre el sillón, haciendo a un lado a Wolfie, esta me gruñó y se echó juntó a la moto, que aun estaba manando calor. No quería pensar, eran las dos de la mañana y ya tenía cinco mensajes de Alice deseándome un feliz cumpleaños en distintos idiomas. Varías llamadas perdidas de los Cullen y una que otro de algún humano.
Dejé el celular en el piso, me cubrí con una de las cobijas y llamé a wolfie para que durmiera a mi lado, así ninguna de las dos tendría frío por el resto de la noche.
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La luz del sol diurno se asomó por las pocas ventanas del taller. Wolfie ya estaba despierta e intentaba cazar un ratón.
Me levanté sin ganas, ignorando por completo que día era. Me puse las botas de cierre y caminé hasta el refrigerador tomé un trozo de carne y lo puse en el plato de wolfie, deseé entonces, haber comprado leche y galletas. No había nada que desayunar.
Salí a la calle y compré leche y pan dulce en la tienda. Nunca me molesté en averiguar que es lo que la gente pensaba de mí, o de Danush, o de la manada. Supongo que nunca fuimos molestia para ellos, tampoco debió sorprenderles el que la manada se fuese así como así.
Iba de nuevo hacia el taller cuando algo pareció estar fuera de lugar, mi nariz se inundo de un aroma embriagador, eran BlackStones. Mi estomago se comprimió, la cabeza me dio vueltas, mis ojos se nublaron y mi cuerpo perdió el equilibrio. Me sostuve de un árbol, respiré hondo y caminé directo al taller, sin miedo a encontrar algo o alguien inesperado.
Abrí la puerta y para mi sorpresa, no había nadie dentro a excepción de wolfie.
Me senté sobre el sillón, puse un disco en la grabadora y saqué un muffin sabor vainilla de la bolsa. Desayuné mientras escuchaba un disco de los tacubos. Tenía que regresar a mi casa para celebrar un rato con la familia, tal vez en la tarde regresaría al taller, solo por costumbre.
Me bañe en la nueva y decente regadera, me puse algo similar a lo de siempre y caminé hasta el jacal.
Me felicitaron, me dieron regalos, pero con el paso del día me fui aburriendo más y más. Las horas transcurrían lentamente y había un olor en los alrededores que no me dejaba tranquila.
Subí a mi cuarto, yacía tiempo que no dormía en esa cama, pero… lo haría si hubiera un alguien con quien compartirla. Si el no regresaba solo podía seguir matando vampiros hasta llegar a odiar a los lobos, así tendría que matarlo y luego yo moriría para estar con él.
Mis pensamientos me confundían tanto que solo se me ocurrió jugar con el encendedor. Prometí no fumar ni comer chocolates hasta que el regresara. Pero yo no veía progreso alguno, cuando encontré a Leah, no contestó ninguna de mis preguntas, ni siquiera se transformó en humana para hablar conmigo.
Era triste pensar en ellos, preferí ignorar mis pensamientos, pero cada vez que cerraba mis ojos pensaba en Danush, y como se había convertido en lo que odio. Pensaba en la manada y lo mucho que los extrañaba, pensaba en las miles de cosas que me estaba perdiendo solo por tomarme muy enserio el trabajito de shadow hunter.
Me senté al borde de la cama, miré mis brazos y levanté la manga de la gabardina. Las runas eran visibles, no eran tan nuevas, por lo tanto no eran tan dolorosas. Una el la muñeca izquierda era igual que la del diario, esa me hacia invisible para los humanos. La segunda era una serpiente que daba tres vueltas a mi brazo izquierdo, cerca del hombro, la serpiente me hacía inmune ante cualquier veneno.
El olor que circulaba por mi casa, me tenía extremadamente nerviosa. No podía seguir allí, cubrí mi brazo de nuevo, tomé una bufanda del perchero y salí de de el cuarto. Bajé las escaleras mientras me despedía de mi familia, salí del jacal sin problema alguno, pero estaba demasiado nerviosa.
Mis botas golpeaban contra el suelo fuertemente, metí mis manos a las bolsas de la gabardina. Había un frío que congelaba los huesos.
Caminé lo más rápido que pude, el olor se intensificaba conforme me acercaba al taller.
No quería verlo, no quería siquiera pensar en el.
Conforme me acerqué lo descubrí, la puerta del taller estaba abierta. Respiré hondo y entré como si notara nada extraño, y así era, a excepción de wolfie. No veía a Wolf por ningún lado, empezaba a oscurecer el cielo y el taller solo tenía pocas luces prendidas. Encendí la luz principal y di vuelta al escuchar una rama partirse.
Mi sangre se congeló, mis manos temblaron nerviosamente, mi cabeza daba vueltas de nuevo y cuando todo parecía regresar a la normalidad, regresó el olor a BlackStones.
Una sombra se movía entre la oscura noche que se daba lugar fuera del taller. La luz del interior me cegaba ante la oscura figura. No podía moverme, ni siquiera parpadeé.
Un movimiento rápido, un sonido silencioso, una chispa y en poco tiempo un cigarro iluminó su rostro. La figura salió de entre las sombras, llevaba jeans rotos, camiseta blanca, la chamarra negra, y por alguna razón llevaba puestas las mismas botas de cierre que yo. Retrocedí un paso cuando la luz terminó de iluminarlo por completo.
El dulce aroma de su cigarro pasó junto a mí haciéndome olerlo.
Ambos nos miamos directamente a los ojos, yo con odio y el con diversión. Parecía muy divertido con la situación, como si nada hubiese pasado, como si nunca me hubiese dejado.
Se acercó lentamente hasta que el borde de sus botas chocaron contra las mías. Agachó la mirada para verme a los ojos. Meditó por un momento.
-Hace cuanto que no fumas?- preguntó con una media sonrisa, tan verdadera, que un escalofrío recorrió mi espalda.
-Desde que te fuiste- lo miré retadoramente y sonreí sin alegría.
-Y, no quieres probarlo solo un poco?- se acercó un poco más
-Creo que puedo vivir sin el-
-Yo no lo creo-
Estaba por responder cuando sus labios tocaron los míos, sus manos recorrieron mi cintura y me apretó desesperadamente contra su cuerpo. No pude evitar tomar su cuello entre mis manos, mis labios estaban temblando y mis ojos dejaban caer lágrimas. Embry me abrasaba nerviosamente, casi con delicadeza, como si me fuese a romper con un leve movimiento. Mis uñas se aferraban fuertemente a su cuello. El momento era tan emotivo que ni siquiera noté que no nos estábamos besando, mi cabeza cayó rendida sobre su pecho, me abrazó entre leves temblores, mis brazos pasaron por debajo de su chamarra rodeando su cintura. Lo apreté mientras me sentía fallecer. Susurró a mi oido "feliz cumpleaños". Sus brazos subieron hasta mi espalda y me apretó contra el. No quería soltarlo, tal vez si lo soltaba el desparecería de nuevo, y ya no quería que eso sucediera.
Me tomó de la mano y me llevó hasta el sillón, me senté sin pronunciar una palabra, no perdía de vista sus ojos. Me quitó las botas como de costumbre, se quitó las suyas. Se quitó la chamarra negra yo lo imité.
Me recostó sobre el sillón, se acostó junto a mí, nos cubrió con una de las cobijas. Sus brazos me rodeaban.
El calor que manaba de el era terriblemente agradable.
-Eres un imbecil- dije por fin.
-Y ahora que hice?- preguntó sorprendido
-Te fuiste-
-Lo hice por ti-
-Pero no funcionó, sigo siendo una cazadora, esta en mi sangre-
-Que quieres decir con que está en tu sangre?-
Lucian me había mentido. O tal vez la manada que yo pensaba no fue la que le dijo sobre mi.
-Nada, solo que mañana te golpearé-
-Por que mañana?-
-Porque ahora hace mucho frío- Embry rió, tan sinceramente que hizo que mi humor regresara a la normalidad.
-Descansa, Lolathy- me besó el cabello y luego recargó su cabeza contra la mía. Sentía su respiración en mi cuello, y tuve esa sensación de estar viva tan solo por un segundo.
Generation VB
