Sé que me tarde horrores la muerte entera, si ustedes gustan T.T lo lamento mucho. En serio. Se juntaron muchísimas cosas. La mudanza de mi casa. La entrada a la escuela, la tarea, el agotamiento físico y mental de los exámenes. Unos fics preparados con mi hermanita Hayame ^^u que espero pronto estén listos para su disfrute… y… bueno -_- eso es todo. Aun así, lo lamento, espero que el capitulo les guste. El próximo esta en proceso.
Para mi querida hermana Hayame ^^, por todas nuestras locuras XD, y para mis sobrinos ^x^
Para Rey por su fiel y linda amistad.
Comenzamos:
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Acto octavo
Misterios
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Final del capitulo anterior:
–Un gusto, señor Topazi –el joven se dirigió entonces a Quatre, le tomó una mano y la besó. A Trowa se le revolvió el estomago en ese momento.
–El gusto, es enteramente mío, joven Winner –le sonrió un amable y excesivamente confiado joven de cabellos grises. Pero este al notar el desencajado rostro de Quatre se separó suave pero rápidamente. –Oh, discúlpeme, joven Winner, no quise incomodarle. No pude evitarlo, es algo natural para mi saludar de esa forma –sonrió de forma encantadora. –Además, como usted podrá entender, es una forma, un poco peculiar, lo admito, de cerciorarme a quien conozco, pues como puede notar… no veo muy claramente. –Remarcó, señalando galantemente con su propia mano y sin borrar su sonrisa, el amplio parche color gris, en el ojo izquierdo.
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Topazi.
Alto, agraciado, bromista y pesado. ¡Una molestia!
Así lo había definido Wufei. Ahora, con el tiempo… lo seguía siendo. Pero con su cambio de carácter, en lugar de fastidiarle, le divertía. Habían compartido la misión de meses atrás y las experiencias se adquieren con el tiempo. Topazi, al igual que Wufei, había cambiado, aunque por lo mismo, habían tomado distancias. A pesar de esto había tomado cierto afecto el uno por el otro. Cosa que al parecer al Coronel Nelvik le molestaba y bastante.
Topazi se enderezó y sonrió ampliamente al ver la reacción de Duo.
–No se preocupe señor Maxwell, no lo volveré a hacer –habló jocosamente, pero Duo siguió mirándolo. –Tampoco muerdo… no siempre –Entonces si, Duo dejó de verlo alterado por el comentario. Más que nada por el tono de burla.
–Bien, Topazi, basta. ¿Qué quieres? –cortó, la risa de aludido, Wufei.
–¿Yo? ya lo he dicho, he venido a ver como esta mi amigo, el General Chang –dijo con una amplia sonrisa. Wufei, no se lo tragó. –Ok, ok, voy al grano. –Topazi alzó las manos derrotado. Sus movimientos no dejaban de ser exagerados, pero ya no era el bufón del circo. –¿Por qué rayos hay un montón de nieve en la plaza del nivel tres y no piensas quitarla? –preguntó con las manos en la cintura. Movía el resto de su cuerpo mientras hablaba. –Sabes, que no puedo hacer el recuento de los daños mínimos, ni la regulación de la temperatura si hay una pila de nieve cubriendo mi trabajo. ¿Sabes?, mis prioridades indican que…
–Tus prioridades no me interesan, Topazi, las mías si –lo cortó Wufei, sonriendo y mirándolo fijamente.
Topazi se quedó con la boca abierta, literalmente. Duo sonreía y Saker no se hacia el disimulado, tenía una amplia curvatura en los labios. Wufei, no solo se había mostrado fuerte y directo con el tal Topazi, si no que había comprobado su estatus de General. –De acuerdo –exhaló Topazi bastante impresionado. –Entonces que piensas hacer ¿darme vacaciones?
–Has lo que quieras Topazi, no me interesa. –Wufei seguía sonriendo. Topazi, estaba asombrado y no lo disimulaba. Volteó a ver a los ex-pilotos, e hizo un ademán con la mano señalando a Wufei, que se podía interpretar como: "¿pueden creer lo que me dice?", suspiró resignado entonces y se volvió a Wufei. –Ok, ok, "mister", usted gana. Pero le voy a tomar la palabra, creo que necesitaba vacaciones de todas formas –decía con un dedo en los labios. –Bien, si eso es todo, me voy y no molesto más. –Se acercó de nuevo a los ex-pilotos, con afán de despedirse, pero al ver la mirada nerviosa de Quatre y Duo, y amenazadoras de Trowa y Heero, cambio de idea y se hizo hacía tras, poniéndose de puntitas y diciendo. –Ok, ok, ya entendí, pueden dejarme vivir. No lo hice para molestarlos. Que delicados –masculló alzando las cejas y dándose la vuelta. –De cualquier manera, fue un placer, caballeros –se despidió sin verlos y con un ademán de su mano por encima de la cabeza, parecía lanzar un pañuelo al aire.
–Un momento, bufón de teatro. Creo que encontré algo en lo que te entretendrás mientras la nieve está en la plaza –dijo Wufei en forma algo teatral desde la cama, sacando del buró que tenia a lado, algo de uno de los cajones, sin dejar de sonreír. Topazi se quedo estático en su posición. Una pierna fuera de la habitación y otra adentro. Así, se dio la vuelta como si fuese un robot. Saker, detrás de Topazi, tronaba los ojos. Pero a diferencia de Saker a un par de ojos azul cobalto, no se le hacía tan desagradable el hecho de que le molestara al Coronel. Se podría decir, que si no fuera por los movimiento exagerados y el mal gusto que se le notaba a leguas, le caería bien.
–¿Como dice, General? –Topazi actuó como si no oyese bien.
–Encontré algo para que trabajes –dijo Wufei, con una sonrisa algo sádica en los labios, extendiéndole a Topazi un rollito de papel. Éste se le quedó viendo al papel como si fuera una bomba, su ojo izquierdo, el único que tenía, se hizo una rendija y miró a Wufei con odio. –Sabía que no podía ser tan bueno –masculló y le arrebató el papel a Wufei, prestó a salir de la habitación enojado.
–Los milagros no suceden, ¿verdad? –Duo, no podía negar que estaba asombrado. ¿Esas burlescas palabras habían salido de Saker? No lo podía creer. Pero así era, Saker las había pronunciado con toda la ponzoña que había podido. Mismo acto que impresionó a Duo y al resto, incluyendo a Heero, y provocó que Topazi se quedara en seco, frente a la puerta. La expresión que tenía éste era algo retador. Apretando los dientes, poco a poco se fue dando vuelta hasta quedar frente a Saker.
–Tienes razón, Nelvik –midió sus siguientes palabras, sonriendo torcidamente, pero los chicos no las entendieron, ni siquiera Trowa, aunque comprendió el significado de cada palabra. Topazi sólo había dicho una frase en ruso, pero su significado debió de ser muy ofensivo para las reacciones que le siguieron.
–¡TOPAZI! –gritó Wufei. –¡Lárgate! –estaba muy enojado, como pocas veces ellos lo habían visto. Saker estaba callado e inexpresivo, pero esas facciones de ángel que tenía mostraron esa impresión amenazante de muerte que ellos conocían, pero no precisamente del Coronel… sino de Heero.
Saker mostraba en su faz esa expresión que daba miedo. Calmada y fría, como la que se siente ante una fiera que observa antes de destazar de un zarpazo. La misma expresión que tenia Heero al sostener un arma delante de su enemigo, solo que remarcada por los ambarinos ojos que se tornaron brillantes y oscuros la mismo tiempo y el fuego que tenia por cabellera. Esa calma que mostraba su rostro hablaba más clara que cualquier amenaza.
Se hizo el silencio más incomodo y tensionado que habían experimentado desde entrar a la Base. Topazi no se movía, estaba delante de Saker conservando la postura, esperando a que el Coronel contestara a su provocación, pero no hubo tal respuesta. Saker se mantenía paciente, tanto que ni su respiración se escuchaba.
–Topazi, dije que te fueras –repitió Wufei, y esta vez la orden fue acatada casi al momento cerrándose la puerta tras el joven cano.
–También me retiro General, nos vemos, quédese en cama –contestó el Coronel minutos después, cuando el silencio parecía prolongarse y el tiempo había sido suficiente como para no encontrarse con Topazi por el camino, entonces dio media vuelta y se dispuso a salir.
–Solo hazme un favor, Saker –Nelvik miró a Wufei. –No lo mates. –El coronel dio la vuelta a la salida y desapareció por la misma sin sonreír. Wufei suspiró poco después y entre dientes murmuró algo: "Yudah, Topazi".
–¿A que estatuas se refería? –Wufei dirigió la vista a Trowa.
–¿Qué?, ¿de que hablas? –Preguntó Duo a Trowa, extrañado.
–Topazi, comentó algo sobre unas estatuas y fue por ellas que el Coronel se molestó –los demás fruncieron el ceño.
–Si, Trowa, fue por eso. Pero esas estatuas o la relación de esos dos no es de nuestra incumbencia… –todos callaron, tenía toda la razón Wufei, ellos no eran quienes para involucrarse en esas cosas.
Tocaron a la puerta.
–Adelante.
–Bon jour, monsieur Chang –dio los buenos días la mujer que entraba, luciendo espectacular. De rostro muy bonito, completamente blanca como la nieve, cabello corto y ondulado castaño claro en un corte aristocrático, nariz diminuta y delicada, y unos ojos azul terciopelo brillantes, carentes de profundidad lo que les daba inocencia, sin embargo sus parpados algo caídos hacían de su mirada una traviesa insinuación. Una sonrisa de labios coquetos.
–Buenos días, madame Le Vant –correspondió respetuosamente Wufei, más la sonrisa que lo había caracterizado esos días, no había vuelto.
–Monsieur Chang, veo que no esta tan mal como la Doctora asegura –insinuó la mujer con marcado acento francés. Después como si no se hubiese percatado antes o como si les hubiese visto por accidente, se fijo en el resto de los chicos. –¡Oh, mon Dio! General Chang, nunca dijo que sus compañeros eran tan galantes jóvenes –en cada uno hubo las respectivas reacciones, pero antes de siguiera cualquier comentario otra voz interrumpió.
–Madame Le Vant, le ruego no moleste al señor Chang –una voz tibia y amable, ni grave ni aguda, tranquila, se escuchó detrás de la mujer bonita. Ésta se dio la vuelta delicadamente, como su talante marcaba, dejando ver a un curioso personaje tras ella. Cabellos rubio platinado, por debajo de las orejas, tez clara, ojos azul cielo, nariz menuda y dulce sonrisa… que parecía congelada en el rostro. Delgada estructura, finas facciones y a pesar de todo esto. La presentación de este personaje desconcertaba.
La imagen parecida sacada de una caricatura, como los angelitos esos que parecen sueños. Duo estaba consternado, por algo menos notorio: " ¿qué es?, ¿una chica? lo más seguro."
–¡Cris! ¿Cuando llegaste? –preguntó la dama sorprendida. A Duo casi le da un ataque. "¡¿Cómo va a llamarse Cris?"
–Ayer, antes de que cerraran el domo –contestó amablemente, Cris. –En cuanto llegué me sentí en casa. La Doctora me puso a trabajar de inmediato, el mundo anda muy agitado. Pero todo quedó bajo control gracias al Generar Chang.
–Gracias por la alabanza Cris, pero no te subiré el salario. –Chang sonrió de nuevo. El rubio río sueltamente.
–Ni quien lo pretenda General. –Contestó.
–Bien, basta de bromas. Yo me retiro. Sólo venía a ver como estaba General y a recordarle de la presentación en tres días, a la que esta invitado. Le esperamos, sabemos que la Doctora le prohibió poner pie en la cabina de control, así que deberá tener bastante tiempo libre. Por lo mismo vendrá a la función, ¿verdad? "Aur boir". –Y la dama salió de la habitación, visiblemente molesta.
Cris mantenía la sonrisa, Wufei también.
Duo rompió el silencio desconcertado que se había formando. –Parecía molesta.
–Así es, joven Maxwell. Si no me equivoco –contestó Cris amablemente, con una impecable sonrisa. –Es normal, no le agrado, pero no puedo hacer nada al respecto. –Dijo, como si fuera de lo más común hablar de lo desagradable que le era a la Dama. Sin dejar ver molestia, resentimiento u otra emoción parecida en su rostro. Más bien todo lo contrario, seguía sonriendo.
Wufei sonreía tan confiado como cuando se encontraba con Saker, sonreía casi con orgullo, como si el hecho de que sus subordinados vinieran a verlo y presentarle sus respetos, fuera una gran satisfacción no planeada.
–Cris, por favor, tengo invitados –señalo a sus amigos
–Que descortesía la mía, mi nombre es Cris Cazielli, asistente General de la Doctora Julia. Me encargo personalmente de la salud de los altos rangos de la base. Es un placer conocerlos. –El blanquecino personaje se inclinó poco, conservando su contagiosa sonrisa amable y dulce. Todos correspondieron al saludo.
–Y bien Cris, ¿para qué te ha mandado? –Preguntó Wufei, sabiendo la respuesta de antemano.
–Simplemente mantenerlo en cama el tiempo suficiente General y atenderle mientras tanto –contestó Cris aparentemente divertido, después se dirigió a los ex-pilotos. –Por lo tanto debo pedirles que se retiren, el General tiene que descansar.
Wufei no parecía muy de acuerdo con la idea, sin embargo accedió, después de las convincentes insistencias de Cris. Así mandó llamar a la Comandante Verona. Cuando llegó, ellos se retiraron dejando a Cris con un molesto Wufei que tenía cara de niño regañado.
–Díganme, jóvenes, ¿por donde quieren empezar el recorrido? –Preguntó la joven Comandante una vez fuera de la habitación.
–¿Recorrido? Ah, ¿pero que la visita viene con recorrido incluido? –Preguntó Duo a medio en broma medio enserio.
–A menos que quieran ir a investigar por su parte y perderse, además de que poca gente les entendería –contestó Verona con el mismo ánimo de Duo, al que le seguía la corriente.
–Ni Shinigami lo mande. Mejor con guía de turistas, si no le molesta Comandante. –Bromeó Duo, al ver que la gracia no molestaba. Al parecer había química entre la comandante y él. Miró en ese momento a Heero que tenia su acostumbrada cara de "Mírame y no me toques. No, es más, ni me mires."
–Entonces, ¿Por donde les gustaría empezar? –Volvió a preguntar la Comandante. Quatre estuvo apunto de hablar cuando Duo le interrumpió.
–¡A la cocina! –Prácticamente gritó, animado. Quatre se tragó su sugerencia, aceptando el comportamiento de su amigo.
–¿Tan pronto, quereís ir? –Duo se avergonzó momentáneamente por el comentario de la Comandante. –Me parece una magnifica idea. Hace hambre y yo, al igual que ustedes, no he desayunado. Andando –dijo la mujer, con una sonrisa casi cómplice parecida a la de Duo, dio media vuelta hacia el elevador indicándoles el camino.
Siguieron a la joven por toda la base, empezando precisamente por la cocina, con la que Duo se vio fascinado e hizo amistad de inmediato con la Chef en Jefe, misma que les invitó a probar de todo, desde las entradas de avena dulce, o pasta salada, pasando por las sopas de lo que a uno se le antojara, platos fuertes desde la cocina de Francia hasta Timbuctú, y los postres, que parecían ser la especialidad de la especialidad en aquella cocina de más de 200 metros de largo y unos tantos de ancho. Y por si fuera poco, de dos pisos y medio. La más limpia del mundo, según se jactaba orgullosa Beatriz Pidireshka, Chef en Jefe. Diciendo que el mejor ejército del espacio no estaría tan bien organizado ni sería tan eficaz como su grupo de asistentes vestidos de un blando impecable con un colorido pañuelo verde en el pecho y en el borde del sombrero, dispuesto casi las 24 horas del día.
De esa cocina salieron con mucha reticencia. Incluso Heero cambio su cara de indiferente, por una desconcertante y extraña expresión de agrado. Duo, como era de esperarse, con un montón de bocadillos para el camino. Quatre con su consabida sonrisa de angelito, sin el toque de preocupación incluido y Trowa… Bueno, Trowa tenía un encanto con las asistentes de cocina, que prácticamente le dieron de comer en la boca. Era el único que quería salir de ahí, pues estaba apunto de empacharse.
La Comandante, estuvo en todo momento con ellos, y todo, especialmente lo que hacia Duo, le causaba agrado o gracia. Muestra de una inteligencia aguda o presuntuosa cosa que a Trowa ni a Heero agradaba demasiado.
El resto del día transcurrió con la visita general de las instalaciones. Un recorrido rápido por las viviendas de los soldados, que no tenían nada de extraordinario, excepto que, durante este recorrido al pasar por la plaza de la sección de hombres, la comandante recibía una infinidad de cartas entregadas en la mano, de los jóvenes cadetes. Cosa con la que Duo jugó. –Vaya, Comandante. Así que tiene muchos admiradores. –Exclamó con gracia, más que con burla.
–Por que lo dice joven Duo. –Preguntó Verona como haciéndose la desentendida. –Oh, lo dice por esto –mostrando las cartas. –No, joven, no son cartas de amor si es lo que se imagina, son… reclamaciones.
–¿Reclamaciones? –Pregunto Trowa.
–Si. –La expresión de la mujer se hizo seria, mortalmente seria. –Simplemente me dan una carta los que han tenido un familiar o un ser querido, que estaba bajo mi mando y responsabilidad y que ha perdido su vida… –Los miraba melancólica y tristemente, se veía culpabilidad en el rostro de aquella mujer. Quitando los ánimos y casi deprimiendo a Duo. Se quedaron callados y serios por segundos eternos, mientras la mujer los miraba inmutable. Tal pareciera esperara alguna reacción por su parte, pero no ocurrió nada.
Otro joven cadete se acercó, como los demás, hasta la mujer y entregó una carta blanca. Callado y serio, pero decidido. Este joven, a diferencia de los demás, habló. –Señorrita Comandante Verrona… –la mujer le miró atenta, todavía con su expresión. –Porr favorr, sonría. Siempre es más bella así. Buenos días –se despidió el joven con una inclinación militar, tanto a la Comandante como con ellos y dio media vuelta a sus actividades.
Todos miraron a la mujer. Duo extrañado, Quatre volvió con su mirada de consternación, Trowa y Heero siguieron tal cual estaban.
La mujer se reía animadamente. –Deberían ver sus caras. Es increíble que hombres como ustedes hayan caído, sigamos. –Dio vuelta con su gran y divertida sonrisa en el rostro.
–¿Qué? ¡Oye, digo, oiga! –Duo la siguió. Quatre que todavía no entendía, miró a los otros dos, que tenían también la cara de espanto… bueno, o eso podía suponerse. Poco después, también siguieron a Duo. –¿Qué fue todo eso?
–Se llama broma joven Duo, creía que usted era un experto en el tema. –Contestó amablemente Verona, mientras caminaban.
–Pues me acabo de dar cuenta de que no. –Duo estaba totalmente desconcertado, pero la broma le había causado gracia en realidad, había dudado cuando la mujer dijo eso de los seres queridos de los soldados, pues anteriormente había notado el gusto con el que recibía las cartas. –Sabía que algo se traía entre manos. ¡No puedo creerlo! Incluso hizo que se lo creyera Heero. –Reía con ganas, sin importarle que el mencionado estuviera tras él. –Nunca se me habría ocurrido algo así.
–En realidad, es una broma cruel. Pero son las que más me gustan, por que te demuestran que debes reírte de la vida.- Comentó la mujer orgullosa con un aire pesado.
–Pues será lo que sea, pero el espantar a Heero Yuy, tiene un merito impresionante, mis felicitaciones Comandante. –Se burló Duo, Heero gruñó tras él y a Duo le importó poco. Quatre, había entendido la broma pero no le había agradado, Trowa incluso estaba sonriendo y parecía con ganas de reír.
–Oh, ¿en serio? Discúlpeme joven Heero, no pude evitarlo y no fue nunca mi intención… aunque me sorprendió que cayeran. Tal vez, no soy mala actriz después de todo. Ah, y por cierto joven Duo, llámeme Araxiel. –Y así, con el mismo tenor de bromas inesperadas, alabanzas y risas de Duo, continuaron el recorrido. Trowa había dejado sus duras desconfianzas. Heero tenía aun más aversión a la Comandante. En su opinión una mujer petulante y egocéntrica al igual que pesada.
Pero, en realidad, Araxiel Verona era una mujer con una filosofía muy particular de las personas que han vivido muchas cosas en pocos años, aunque no se le pudiera calcular cuantos. Era cortes y paciente, condescendiente y sincera, firme y confiada, para tener un revés inesperado también. Todo un personaje no cabía duda y a Duo había causado un encanto muy particular. Era como la hermana mayor que nunca tuvo.
El recorrido a partir de entonces fue más ameno. Pasaron por los diferentes niveles, los lugares de reposo, parque y uno que otro bar, donde Duo también hizo amistades.
Los invernaderos podían apreciarse desde cualquier punto de la base. Grandes cúpulas nubladas desde el interior que estaban en el punto central de los niveles. Nadie entraba y tampoco nadie salía, no había movimiento, o al menos eso era lo que Heero observaba.
Pasaron por lo que la Comandante llamó "Área de entrenamiento", era el tercer nivel de esa fortaleza helada. Tenía gimnasios y largas explanadas, según Verona les comentó. En él muchos de los soldados eran aprendices y no excedían los 15 años. Tomaban clase en auditorios enormes, con maestros que incluso Trowa calificó de rigurosos. Pero, algo había que denotar aquí. Ninguno de los jóvenes parecía agobiado, todos eran atentos y de mirada inteligente. Todos, también, les miraban como si estuvieran delante de alguna autoridad… y aunque la Comandante Araxiel lo era, a ella le sonreían, dejaban de hacerlo en cuanto veían a los ex-pilotos.
El único al que esto llamaba la atención era a Quatre que estaba acostumbrado a ver una sonrisa en los niños cuando él les daba una, pero en esta ocasión no fue así. Una niña se había acercado a ellos cuando se retiraban para pasar al siguiente nivel.
–Disculpe. –La niña de no mas de 10 años, se dirigió a Trowa, quien se dio vuelta. –¿Es usted Heero Yuy? –Señaló a Heero. La niña se dirigió a él y se inclinó respetuosamente.
–Gracias por haber ayudado a la señorita Verliak y salvar a mi hermano, le estaré siempre agradecida. –Se levantó y volvió a su aula de trabajo donde el profesor le llamó la atención, pero a ella no parecía importarle. Heero quedó sorprendido y la Comandante sonreía sabedora de su sobrecogimiento a lo que Heero se sintió incomodo.
Continuaron por la zona de los civiles, los talleres, las bodegas, los hangares, los laboratorios. En cada uno de estos lugares, Heero pudo identificar a personajes sobresalientes. Jefes de laboratorios industriales en las colonias y en la tierra, todos trabajando juntos. Sabía sus expedientes completos, unos completamente maniáticos, otro comunes científicos de guerra. Estrategas militares, jefes de divisiones armadas, mecánicos y obreros que trabajaron en reparaciones de naves, como Libra y Pismilion, excelentes soldados, técnicos e ingenieros, etcétera; cada grupo, cada uno de ellos bajo el mando de los mejores en su trabajo.
Una atractiva mujer llamada Ucume Wallace, era Jefa de la Zona de Laboratorios en la Base. De piel oscura y rasgos africanos, con mirada de lince que denotaba la sobrehumana inteligencia. Jefa de los laboratorios militares de OZ a comienzos de la guerra, para después pasar a las colonias, en secreto desde L-6D, proveía de productos a Colmillo Blanco. Jamás se le pudo inculpar y de ella no se tenían noticias hasta ahora.
Ivvanod Luncet, un hombre con ojos de serpiente y sonrisa maniática, viejo y astuto, era el Segundo de las Bodegas. Antiguamente capitán de las Bases Rebeldes de L-2, y experto soldado en batalla espacial. Desaparecido después del ataque de Marimeia. Bajo el mando de un joven llamado Milar Tosd, Jefe de Bodegas.
Pietro Lusten, hombre desaliñando con un extraño sentido del humor y cara narcótica, Jefe de Talleres. Técnico general de las Tropas de Mobile Dolls de OZ. Desaparecido con la destrucción de Libra.
Lydia Cazielli, una muchacha albina de cabello corto y ojos abiertos. Sumamente belicosa y hábil como pocos en el campo de batalla, antigua soldado de la Tropa Treize. Ahora una de las instructoras de la academia militar y profesora de entrenamiento de la Base. Desaparecida después de la muerte de Treize.
Entre estos personajes, en la zona de civiles, se encontraban algunos de los diplomáticos más destacados de la Esfera Terrestre y las Colonias.
Andersan Berto, un hombre de cejas obscuras y tupidas, arrugas en la frente y barbón, que tenía cierto carisma para la gente aristocrática, un tipo pesado y egocéntrico, pero astuto Presidente de la compañía de trasportes Inter-espaciales, más grande y exitosa de la tierra y el espacio. Diplomático de la antigua Alianza y posteriormente, defensor de la Paz, aliado del reconstruido Reino de Cing. Se había reportado hace meses de un viaje sabático. ¿De vacaciones en el Polo Norte?
Ilesbet Williams, hija del embajador de Paz de la colonia L-2 y encargada de los Tratados de Comercio entre Colonias y entre las Colonias y la Tierra. Una mujer bellísima y amargada, pero que apoyaba incondicionalmente la política de paz, o al menos así lo había hecho durante los años después de que su padre murió. Muchos decían que sólo apoyaba esta política por no ir en contra del padre. De ella se sabía poco y en estas fechas menos.
Hioko Mando, un hombre joven, duro como una piedra, impío en cuestiones financieras y genio economista. Inversionista en investigaciones científicas. Trabajaba prácticamente en secreto, incluso pocas personas sabían de su existencia, pero el financiaba la gran mayoría de los inventos y laboratorios más importantes del Sistema.
Y por ultimo, en esta lista de excéntricos personajes, un niño de 10 años, genio declarado desde los 5, pensador de la prometedora, joven e inmadura y aun en construcción Colonia L-7. Pero increíble líder de masas en su lugar de origen, de ascendencia alemana, que estaba ciego. Una adoración de personas por el "tierno niño genio". Axel Brambs.
Todos personajes conocidos pero nada importante al parecer de Heero, al menos hacia unos años, sumando a los ocho Comandantes de Nivel de la Base, cinco hombres y tres mujeres, entre las que se encontraba Araxiel Verona, como Jefa del primer nivel y superior de los demás; la Teniente Fhler, El Coronel Saker Nelvik, el "General" Wufei Chang y el resto de los ex-pilotos Gundam. ¿Todos juntos? Estos personajes de Guerra, bajo el mando de un Guerrero Gundam. Era de alarmarse.
Por último, antes de regresar a las salas de control del primer y más alto nivel, por petición de Heero, bajaron a los calentadores de la Base.
Una planta entera para dichos artefactos, que a pesar del enorme tamaño, no calentaban el ambiente de ese nivel. Verona les explicó que las calefacciones estaban diseñadas para llevar el calor a los pisos superiores, reduciendo el desperdicio de energía a un 40%. (1*) A Heero le llamó la atención unas puertas al fondo del nivel. Pero Araxiel no dio detalles de ellas, solo se limitó a decir. "Son de acceso restringido a los oficiales superiores".
Regresaron a los niveles superiores. Revisaron las instalaciones, novedosas y de la más alta tecnología. Ninguna novedad para los ex-pilotos, con excepción de un personaje.
Dentro de la zona de comunicaciones, entre pantallas, cables, antenas y demás. Decenas de cabelleras claras, rubias o castañas o del blanquecino color le la edad, se movían por todos lados, dando ordenes, activando circuitos, tecleando como locos. Nada nuevo. Pero algo resaltó entre la multitud. Un muchacho. De tez cobriza, ojos y cabellos extremadamente negros. Un nativo de medio oriente, afirmó Quatre cuando lo vio. Éste, recorría el lugar tecleando como la más veloz de las maquinas, entre tres grandes teclados y un montón de pantallas. Le daban indicaciones por lo que se podía ver, según el movimiento de las demás personas y él sólo respondía "Dot" (2*), segundos después se detenía y esperaba la siguiente indicación. Tenía unos audífonos medio puestos, casi colgando de una oreja y se escuchaba música salir de ellos.
La Comandante lo llamó y prácticamente, entre broma y enserio, sus compañeros le corrieron del lugar, "mandándolo a descansar" según Trowa tradujo.
El joven se llamaba Kalid, era egipcio y era el mejor hacker del mundo. Al menos era lo que la Comandante decía. Duo como siempre, aprovecho la oportunidad de provocar a Heero, diciendo que "ahora tenía competencia" y el resultado fue estupendo, cuando Kalid participo en el entendido:
–¿En serio?, ¿tú también eres hacker? ¡Genial! Algún día tendremos que mostrar destrezas –exclamo cándidamente Kalid que parecía no saber con quien estaba hablando, a lo que Duo siguió embromando.
–Sería bueno Heero, te imaginas que un piloto Gundam entrenado toda su vida quedara en ridículo. Pero claro que eso podría pasar al estar tratándose de el mejor hacker del mundo, ¿no es cierto, amigo Kalid? –Heero veía a Duo con ojos de navaja y Duo en lugar de preocuparse le sonreía más, en este último año, esa era su diversión principal. Cada rara vez que lo tenía enfrente se la pasaba embromándolo e incluso en algunas ocasiones cuando estaba aburrido, le había llamado desde algún perdido lugar en el espacio, sólo para molestarlo. Lo que le sorprendió la primera vez que lo hizo, fue que Heero aceptara su llamada aún estando en horario de trabajo. Pero a él que le importaba que lo hiciera o no, con tal de molestarlo, por él que estuviera poniendo trampas en una base militar. Así que con ese pretexto siguió llamándolo para molestarle, y cuando se veían en persona las bromas no tenían fin y las amenazas de Heero eran mudas pero peligrosas.
Trowa y Quatre se habían acostumbrado a esta situación en poco tiempo. Ocurría frecuentemente cuando los dos estaban juntos, así que no se preocupaban. De cualquier forma, si Heero decidía un día de estos matar a Duo, no había quien lo detuviera. Duo era muy escurridizo así que si le llevaría un rato a Heero atraparlo y quien sabe, puede ser que Duo llegara a agotarlo.
–Bien, si quieren un duelo de habilidades las tendrán cuando acabe el recorrido –intervino la Comandante viendo peligro en el aire. Señalando a Kalid –y cuando tu duermas más de ocho horas seguidas sin tener una computadora cerca.
–En otrras palabrras, no serrá prronto –pronunció una voz tras el grupo. Todos voltearon. Era el Coronel Saker.
–Sak, hombre, ¿cuando llegaste? La Base ha estado muy aburrida sin ti –exclamó Kalid con alegría.
–Anduve atendiendo algunos asuntos Kalid, a mi también me alegrra verrte desconectado de la computadorra. –Saker sonrió encantadoramente.
–Demonios, la fama me persigue –dijo Kalid haciéndose el deprimido.
–"Hazte fama y échate a dormir" –contestaron al unísono Duo y la Comandante. Risas siguieron a esto. Trowa impávido y Heero incluso torcía los ojos cuando reían.
En realidad, como muchas de las personas que habían resaltado a ojos de Heero, Kalid era uno de esos, que tenía un aire de importancia y debía tomarse en cuenta. Como él, muchas otras personas en esa base eran dignas de su atención. No eran personas comunes.
Otra cosa que sumar a las sospechas.
El Coronel explicó su presencia. La Comandante tenía el llamado de un grupo dentro de la Base, pero no podían dejar a los "invitados" solos, por eso había ido a substituirla. La Comandante antes de retirarse sugirió que la acompañaran, pues era el último lugar en la Base que tenía permitido los ex-pilotos y no habían visitado. Así el camino continuó y Kalid los acompaño.
Pasaron por caminos conocidos, subieron elevadores y bajaron escaleras, un viaje algo complicado, en el que la Comandante, aprovecho para decirles, que con toda confianza podían llamarla por su nombre. Araxiel. Para los amigos, es decir Duo, era Ara. Llegaron a su destino, dejando a Kalid por el camino.
Unas enormes puertas de metal blindado se encontraban frente a ellos. Detrás, el ruido de gente trabajando arduamente se percibía. Araxiel había dejado de sonreír. Estaba seria y en posición de firmes cuando pasaron la puerta.
La luz los deslumbró unos segundos, el lugar era un hangar, enorme, gigantesco, el único hasta ahora, en el que habían visto a tanta gente trabajando en… Mobile Suits.
Ante sus ojos se encontraban los Mobiles más atendidos que habían visto en su vida, eran casi 15 personas por Mobile y no podían contar cuantos Mobiles eran, pues se extendían por la infinidad del hangar. Toda la gente del lugar, con uniformes grises, contrastaban con la blancura y brillantes de las paredes de hielo y lo colorido de cada uno de los Mobiles.
–Estamos en la zona de Rrefugio Militarr –explicó Saker subiendo la voz un poco por encima del murmullo del trabajo. –Es la zona que rodea a la Base. Es contigua a la Cúpula que protege a la Base, por eso la nieve en las paredes. Esta zona ocupa una longitud de un cuarto del perímetro de la Cúpula, estamos en la mitad. Aquí están, por el momento, el grupo de Espionaje Nigma. Nos esta ayudando con las investigaciones que realizamos. Ahora veremos a su General –terminó de explicar y se dio vuelta.
Caminaron bastante, unos 400 metros y aun no se veía el final del lugar. Demonios, ese lugar era enorme… y si solo era un cuarto del perímetro de la Base y habían comenzado a caminar desde la mitad. ¡La base era gigantesca! Casi del tamaño de una colonia espacial, si los cálculos de Duo eran correctos. Y entonces, se detuvieron.
Araxiel y Saker dijeron algo entre ellos, después miraron a un punto por encima de unas maquinas de construcción e indicaron a los demás que miraran.
En lo alto de lo que parecía una grúa, a unos siete metros del piso, había una pequeña plataforma sin barandal en la que estaba parada una mujer. Con un puño en la cintura y la otra mano colgando a su costado, de cabello negro trenzado hasta por debajo de la cintura, delgada y de ágil estructura corporal, con un impecable uniforme gris que tenía un cinto negro con un ojo dorado bordado en su parte posterior, una especie de bufanda roja ondeaba en su cuello y al final de esta… una insignia dorada colgaba. "General Superior" se leía en ella. Vigilaba el movimiento de su personal.
Araxiel camino unos metros y alzó la voz.
-¡General Nigma! Comandante Verona, reportándose –exclamó y se cuadró ante la mujer.
La mujer sobre la plataforma volteo de inmediato. Un fleco que apenas cubría su ojo izquierdo y una poderosa mirada obscura de brillo penetrante. Una actitud que desprendía fuerza y provocaba sorpresa. Pero el más sorprendido de todos, era Duo… por que reconoció a aquella mujer. Con la boca literalmente abierta, exclamó:
–¡Ah! Shig… –Duo no termino de hablar cuando una cálida mano se poso sobre su estomago y lo empujó al suelo. Un disparo retumbo en el hangar completo y todo se hizo silencio.
Duo tenía el corazón en la garganta. Con los ojos abiertos y tirado en el piso. Un aguierito en el suelo entre sus piernas. Heero frente a él, lo había empujado a tiempo para que le bala no lo tocara. Éste miraba con furia a la mujer en la plataforma. Ella tenía un arma en la mano de la que aun salía humo y seguía apuntándolos. Todo el lugar había quedado en silencio mortal, por lo que las siguientes palabras que pronuncio la mujer, con suavidad amenazadora y mirada gélida, se oyeron con perfecta claridad.
–No te he dado premiso de decir mi nombre.
Continuara…
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Notas de autor:
1*: Recordando leyes físicas, esto es imposible, pues la energía en cualquier maquina es desperdiciada en un 80%, siempre.
2*: Muerto o acabado, en ruso, pero se podría traducir mejor, como "hecho"
Como ven el asunto ya se esta cociendo, entre los misterios que les presento, aquí va otro bonche. Sí, lo sé, lo siento, es parte de la historia, si resuelvo algo todo se viene abajo, espero me tengan paciencia… y ¿quien es la belicosa mujer que disparo a Duo?... XD Descúbranlo en el próximo capitulo. Muajajajaja…
Gracias de antemano.
Enigmatek.
