Agradezco mucho a mi hermana Hayame Chang, por todos su apoyo y cariño desinteresado, pocas hay de estas amistades en toda la vida. Y a los otros 3 jinetes (Cryo, Rey y Leo), que también hacían que me relajara mucho, por ahí de las 2,3 de la mañana, jajaja XD.
Y sobretodo gracias a quien me lee y ha tenido la paciencia de seguirme. ¡Muchísimas gracias!
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Acto onceavo
Secretos Profundos
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Final del capitulo anterior:
Pasaron los minutos, mientras Heero acariciaba la cabeza de la loba. Esta cerraba los ojos cada vez que su mano recorría el mismo camino una y otra vez. De repente, las orejas puntiagudas se levantaron para escuchar y poco después les acompañó la cabeza. Frela volteó hacía una puerta un poco más allá del elevador. Heero miró en la misma dirección y una curiosa imagen se le presentó:
Una cara sonriente con larga trenza colgando a un metro del suelo sobresalía de la entrada.
–Jeje, hola… ¿me pasas unos zapatos limpios? –fue el saludo de Duo.
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Media hora después de que Heero hubiera ayudado a Duo con su pequeño problema y lo hubiera obligado a bañarse a pesar de la hora. Duo se secaba la cabeza con una toalla sentado en la cama, frente a Heero.
–Ahora puedes explicarme ¿por qué estabas lleno de aceite? –preguntó secamente Heero. Duo parpadeó un par de veces y luego le dio un ataque de risa muda que controlaba por la hora que era. Heero lo observó impávido, sabía que Duo estaba loco. Pero después de tres minutos de risa continua Heero empezaba a desesperarse.
–Duo, basta. ¿Qué te pasa? –Duo comenzó a calmarse lentamente y miró a Heero con su acostumbrada sonrisa boba.
–No es aceite –dijo. –Es soya –y volvió a reírse. Ahora fue Heero quien parpadeaba sin entender. "¿Soya?"
–¿Y eso como ocurrió? –se dio cuenta tarde de la pregunta que hizo. –No espera, no quiero saberlo –trató de enmendarse. Dejando a Duo con la boca abierta y las ganas de dictar el discurso de su odisea, para después hacer cara de puchero.
–Que aburrido eres, señor Sonrisas.
–No soy aburrido. Son inteligente, es distinto. Y no soy "señor sonrisas", mejor mírate en un espejo –replicó Heero.
–Se llama sarcasmo, Heero y… ¡pues también eres aburrido! –Duo le miró aun en su puchero y a modo infantil le enseño la lengua y sonrió. Algo le ocurrió a Heero, algo se movió en su interior en una furiosa vibración imperceptible. Preguntó un seco:
–¿Por qué haces eso? –Duo frunció las cejas sin entender.
–¿Hacer qué? –y volvió a sonreír.
–Eso. Desde que me conoces siempre me sonríes por tonterías. –Duo por un momento perdió el color. Esto no pasó desapercibido a Heero, más no le tomó importancia. Duo sonrió nerviosamente.
–No lo se, es algo normal, creo yo. Sólo me provoca sonreír y lo hago. No sabía que te molestara –parecía que intentaba disculparse, pero no dejaba un tono sarcástico de lado.
–No me molesta, me parece extraño –contestó rápidamente Heero. Duo comenzó a secarse el cabello de nuevo. Estaba envuelto en una bata que lo cubría por completo y se tapaba un pie con el otro por el frío. Heero estaba vestido con la ropa que usaba para dormir, una playera de manga larga y unos pantalones cómodos, nada más. No parecía notar el frío.
–¿Extraño? ¿Por qué extraño? Tú mismo me dijiste que desde que nos conocemos lo hago, ¿por qué te parece extraño ahora? –preguntó Duo, mientras buscaba con la vista un cepillo para el cabello.
–Siempre me lo ha parecido, pero antes no me importaba. –Heero no pudo encontrar un motivo más claro. Duo esperó, y esperó, y Heero siguió sin decir nada, mientras él se cepillaba el cabello.
–Bueno… y ¿por qué me estabas esperando? –se le ocurrió preguntar a ver si así Heero reaccionaba.
–No tenía sueño. –Duo tornó los ojos. Heero era tan entendido…
–Ay Heero, soy tonto pero no tanto. No te hagas y mejor pregúntame de una vez, si no, no voy a decirte nada –lo miró con un poco de malicia en la mirada y una sonrisa, como siempre.
–¿De qué hablas? –preguntó Heero sin inmutarse.
–No te creo que sólo por que no hayas tenido sueño, me hubieses esperado, tú siempre tienes algo que hacer desde que te conozco. –A Heero le subió el agua al tinaco como había estado haciendo desde su infancia y que ahora fallaba por un trenzado y sonriente chico. –Está bien, está bien. Ayer te dije que tú preguntarías primero, así que adelante, sólo repite lo que me preguntaste ayer.
–¿Quién es Nigma? –sacó de golpe. Duo, sintió que le caía nieve en la espalda.
–Ay, Heero… –se limitó a decir. La verdad era que no esperaba comenzar así la conversación pero que más daba. Se sentó en su cama y cruzó las piernas en flor de loto. –En vista de que mi cabello tardará en secarse… –Y así comenzó su relato con tono despreocupado, casi juguetón: –La General Nigma me… "cuidó" una temporada cuando yo tenía cinco años en L2…
–Antes de que el padre Maxwell me encontrará; pertenecía a una pequeña cuadrilla de ladonzuelos en el sector 5 de la colonia. Era el más pequeño de los niños que integrábamos la cuadrilla, aunque nadie pasaba de los ocho años. Robábamos para comer y vivíamos ocultándonos de "los mayores". Sobre todo de "Los Grises", los militares, que más que eso eran una partida de abusivos… pero bueno, eso es otra cosa.
–Como es de suponerse, no éramos los únicos que tenían una especie de pandilla, nosotros éramos un grupo pequeño y nuestra existencia no parecía incomodar a ninguna de las pandillas más grandes y fuertes. Por eso nos dejaban vivir.
–Un día, después de robarle a un hombre que alcanzó a golpearme en la cabeza, corrí tratando de escaparme y sin querer dejé caer la cartera que le había quitado, no me detuve a recogerla pero intente esconderme cerca de donde la había tirado para recuperarla después, si era posible. Los Grises pasaron cerca pero no me vieron y regresé, pero la cartera ya no estaba y empezaba a oscurecer. Estaba lejos de nuestro territorio y fue cuando me di cuenta de que no sabía donde estaba… jeje. –Heero miraba a Duo sin inmutarse, nada de lo que había dicho hasta entonces lo impresionaba. Nada impresionaba mucho a Heero. Duo continuó. –Entonces, cuando estaba volteando a todos lados sin saber a donde ir, escuche una risa. Busqué de donde venía y vi a una chica, sentada en una ventana del segundo piso de un edificio, me miraba burlonamente con la cartera que había tirado, en la mano. Me preguntó, si estaba perdido. A mi me pareció en aquel momento otra como yo. Una de tantos otros que no teníamos a donde ir ni sabíamos de donde veníamos. Creo que por eso contesté. Y ella me aventó a los pies la cartera y me dijo que la siguiera, que a la mañana siguiente podía irme a donde quisiera si quería.
–La acompañe. No recuerdo exactamente como fue, pero llegamos a un lugar donde veía la mayor parte de la colonia desde un punto en lo alto de esta y donde había muchos muchachos como ella, altos y todos vestidos de oscuros colores, eran un grupo que tiempo después descubrí, muy "poderoso", por llamarlo de alguna manera. Me dio de comer y me hizo muchas preguntas. Al siguiente día me ayudó a volver con los míos pero me indicó un lugar donde siempre podría encontrarla si tenía problemas.
–Tiempo después frecuentaba mucho ese lugar y la veía bastante seguido cuando no estaba con mi cuadrilla, ella me llamó Fugazs, por lo rápido y escurridizo que era. Nunca me preguntó mi nombre ni yo el suyo. Todos la llamaban Nigma y así la llamé yo.
–Ella me enseñó a usar un arma y a entender el movimiento de los militares, a manejar lo básico de una computadora cuando yo ni siquiera sabía lo que era, nunca me dijo por que lo hizo. Cuando mucho me dijo que me serviría. Supongo que tuvo razón. Fue como una hermana mayor con gran diferencia de años, o como un familiar muy lejano. Me llevé bien con ella aunque tenía un carácter temible. Me golpeó un par de veces por decir algo que no debía y ahora no recuerdo y una vez por intentar robarle… –Duo se detuvo un segundo y su narración se hizo más pausada. –Si, de eso todavía me acuerdo. No tuvo piedad. –Duo, que miraba perdidamente al horizonte de los recuerdos, movió la mandíbula un poco de un lado al otro. Heero captó que su silencio y quietud había hecho lo que nunca creyó que pasara en Duo, éste dejó de prestarle atención hace bastante rato. Pero aun así, Duo seguía contando. –Aunque, extrañamente, también fue la vez que me dijo su nombre y me dijo que era muy importante que no lo olvidara, por que un día me iba a sacar de muchos aprietos. Yo le di el que me puse… Jamás intenté robarle de nuevo.
–Luego, con el ataque bactereológico a la colonia, no pude hallarla de nuevo. Los de mi cuadrilla murieron, también mi mejor amigo, Solo. Fue poco después cuando el padre Maxwell me encontró. Pasaron muchas otras cosas, entre ellas la muerte del padre y la hermana Helen, después mi odisea como piloto Gundam, mi entrenamiento y mi encuentro con ustedes. Toda la guerra y ahora esto. Nunca creí volver a encontrar a Nigma.
–Pero mira, que pequeño es el mundo, ¿no? –Duo devolvió la mirada perdida pero sonriente a Heero, como si nunca lo hubiera dejado de mirar. –¿Te parece suficiente información de quien es ella? –y antes de que Heero contestara. –Que bien, por que no pienso darte más. –Heero se sentía muy extraño, sentía que ese que frente a él estaba el autentico Duo, pero a la vez no era el mismo. A pesar de eso, no le molestaba. Tenía una tibia sensación en el pecho.
–¿Qué hacía Nigma en ese lugar? –habló por fin Heero, su tono era de sincera curiosidad. Duo le miró.
Duo negó con la cabeza. –Me toca a mí, luego harás tu pregunta. –Heero no contestó simplemente se le quedó viendo, Duo volvió a sonreír. –Bien, por algo sencillo. ¿Sabes como te llamas, realmente? –Duo sonrió ampliamente con cara de diablillo.
Heero abrió los ojos, se sorprendió verdaderamente. Bajando única y lentamente la vista, soltó un sutil. –No. –El silencio invadió. Duo esperó unos segundos y cuando estuvo a punto de decir algo. –Bueno… –Heero volvió a hablar. Miró un segundo directo a los ojos a Duo y volvió a bajarlos. Duo sonrió, reconocía esa expresión. Era timidez. Entre la misma sorpresa que le causó, también pensó que a Heero esa expresión no le quedaba mal del todo. –Cuando era muy pequeño, me... me llamaban Noujiro. Mi madre me llamó así. –Heero volvió a mirar a Duo a los ojos, pero esta vez con la seguridad de siempre, aunque el grado de frialdad había disminuido bastante. Duo sonreía. –No recuerdo mi apellido.
–No es necesario. –Duo se acomodó en la cama. –Al menos sabes cual fue el nombre que te dieron. Pero, te seré sincero, me gusta más Heero. –Sonrió y hubo una pausa. –Te toca preguntar.
–¿Tú recuerdas tu nombre? –preguntó Heero como quien no quiere la cosa. Duo se sorprendió un poco.
–¿Qué pasó con Nigma? –Heero no contestó. –Jaja, bueno, como quieras. Pues no, yo no sé como me llamaron mis padres o si me pusieron nombre siquiera. Yo me puse mi nombre.
–¿Por qué Duo?
–Oye, me toca preguntar –protestó Duo, pero mejor decidió seguir con lo comentado. –Bueno, está bien. Fue por que siempre acompañaba a mi amigo, al que llamaban Solo. Yo era el "Duo". Si, se que no es muy original, pero tenia cinco años y bueno, ahora le tomé cariño.
–Entiendo. Creo que me pasa igual –la monocorde voz de Heero tomó una tonalidad menos lineal y a Duo le agradó.
–¿Tu nombre tiene que ver realmente con el pacifista? Mera curiosidad, no quiero detalles –preguntó Duo.
–Si –contestó Heero levemente incomodo. –Me lo pusieron hace unos tres años, antes de llegar a la tierra.
–Ya veo –dijo Duo, que no insistió en saber más y tampoco estaba muy interesado. –Pregunta.
–¿Recuerdas algo más de tu infancia? ¿algo antes de lo que me has contado? –Duo reaccionó distinto esta vez. Dejando de sorprenderse por las preguntas y reacciones de Heero, pensó profundamente en la pregunta que le había hecho. Era como si estuviera conociendo a otra persona.
–Mmm… Un poco, la verdad nada muy agradable. –Heero no dijo nada pero en su mirada se notaba que no insistiría en saber. Duo se levantó de la cama y fue hacia la cómoda y sacó su "pijama". Mientras se la ponía continuó hablando. –Recuerdo el lugar donde vivía, al menos mi habitación. Recuerdo la voz de mi padre angustiado y recuerdo el olor de mi madre. –Se detuvo un momento recordando solamente. –Olía a sol. Olía a un día soleado –comentó suavemente Duo. –De ellos es lo único que recuerdo. Luego de eso, recuerdo cosas como haber corrido mucho y dolor en el pecho. Recuerdo el dolor de golpes. Pero no se de donde vinieron o que me pasó. –Duo guardó silencio mientras acababa de ponerse su ropa, no estaba consternado pero si pensativo y serio. –En fin, eso es todo, luego en alguna parte, me encontré con Solo. –Duo miró a Heero cuando volvió a sentarse en su cama, destendiendo las sabanas. –Mmm… y bien, ¿tu recuerdas a tus padres? –Heero reaccionó tarde, estaba tan concentrado en la historia de Duo que tardó en entender la pregunta.
–Si –contestó más por inercia que por razonamiento. Cuando se dio cuenta, el rostro de Duo parecía la cara de un niño con el mejor regalo de navidad.
–¡Grandioso! –exclamó. Heero encogió los hombros un poco.
–Mas o menos, no es mucho lo que recuerdo. –Duo había dejado de sonreír como bobo, pero mantenía su amplia sonrisa.
–¿Me podrías contar? La verdad me gustaría saber –dijo y Heero, sin saber muy bien por que comenzó su relato.
–Fue hace 13 años, recuerdo que mis padres se ocultaban de algo o perseguían algo, no estoy seguro –completó Heero entre perplejo por lo que el mismo recordaba. –Mi padre era alto de voz gruesa. Rápido. Mi madre era de cabello muy negro y ojos azules. Ambos eran muy fuertes. Una vez, tuvimos que salir de nuestra casa rápidamente y ella prácticamente arrancó la puerta de emergencia del edificio para salir a la calle, me acuerdo muy bien de eso por que me asustó su expresión en el rostro. También me acuerdo de mi padre, nos cargó a ambos para subirnos a un camión. Recuerdo haber quedado atrapado entre él y mi madre y sus respiraciones agitadas. –El tono de Heero era por debajo de lo monocorde y sonaba cálido, pero no dejaba ver eso en su expresión. Sin embargo, Duo sonreía.
–Lo ultimo y mejor que recuerdo de ellos es en una esquina del barrio donde vivía. Mi padre traía una mochila, era mía. Mi madre me estaba cargando en su espalda he íbamos corriendo. Habíamos estado corriendo mucho. De pronto nos detuvimos, mi madre me bajó, algo le dijo mi padre y le entregó la mochila estuvo así un rato y antes de marcharse, me puso una mano en la cabeza y nos dejó ahí. Recuerdo que estuvimos mucho tiempo parados, mi madre no me miraba. Miraba la esquina por la que había desaparecido mi padre. Ella estaba muy inquieta, yo muy cansado. Después de mucho esperar, ella se agachó a mi altura…
Nadeko, miró a su hijo. Se notaba cansado y no lo culpaba, tenían más de doce horas corriendo. Le miró profundamente y tomó una decisión. Sería la ultima vez que le vería… –Hijo, préstame atención, es muy importante –dijo tratando de mantener un tono tranquilo y no demasiado autoritario. Respiró profundo y pronunció suavemente lo que tenía que decir. –Tengo que irme, tengo que estar con tu padre, ¿entiendes? –su pequeño le miró con ojos abiertos y asintió lentamente aunque no parecía muy seguro. –No puede hacerlo sólo hijo, tengo que ayudarlo. Noujiro... –tomó las manitas de su criatura y las aferró a la mochila, cerrando sus propias manos encima. –Aquí tienes lo necesario para sobrevivir una semana –el corazón comenzaba a dolerle demasiado e incluso un escalofrío la recorría al punto de hacerla llorar. Pero eso jamás lo haría. –Hijo, sabes bien donde esconderte, donde y a quien no acercarte, cuando yo me vaya… –tragó –corre en dirección contraria hasta que dejes de oír cualquier ruido, corre y no mires atrás nunca. –Se escuchó una explosión cerca de ahí, ella apresuró la despedida. Tomó la cabecita de su hijo entres sus manos. –Noujiro, a partir de aquí estás sólo. No podemos estar contigo, ni yo ni tu padre, es muy peligroso. Mucho más que si estás tú sólo… –Nadeko juntó su frente con la de su criatura. –Siento hacerte esto, pero es necesario… –Dijo para convencerse más a si misma.
Nadeko vio los ojos de su hijo. Él la miraba más haya de la profundidad de su tristeza, más haya del fin del horizonte. Veía el espacio dentro de ella, mucho más lejos… aunque él no lo supiera. Ella lo entendió. "Él vivirá… y será feliz, su mirada me lo dice… lo grita su pequeño y fuerte corazón". No estaba equivocada. –Se que lo lograrás. Noujiro… se fuerte. –Una nueva explosión cercana, el pequeño intentó mirar por un segundo de donde venía, pero su madre no se lo permitió. –Se más fuerte que cualquiera –le dijo desde el fondo de su corazón. Sintió sus ojos humedecerse.
–En ese momento su mirada cambió. Dejó de ser dura y me dijo algo que, aun no puedo entender del todo, pero no lo olvidaré.
–Te queremos, Noujiro, siempre lo hicimos y siempre lo haremos. –Tragó una vez más conteniéndose. –Adiós. –Le dio un beso en la frente y sin más emotividad se levantó y corrió hacia la esquina por la que había desaparecido su esposo. Un inesperado impulso le hizo mirar por última vez a su pequeño, se veía tan asustado… pero sabía… estaría bien, que la obedecería, y le dedicó la única sonrisa sincera que este mundo la hubiera visto hacer, junto con una mirada que le reclamaba fuerza. Después… desapareció tras la esquina.
–Me quedé ahí, quería seguirla, pero… no me moví, no podía hacerlo. Otra explosión se escuchó y eso me hizo reaccionar. Parpadee y corrí… como me había dicho, nunca miré hacia atrás. Corrí por mucho tiempo y finalmente me detuve.– Heero hizo una larga pausa en su relato, estaba sorprendido por lo que recordaba con tanta nitidez pero nunca antes lo había regresado a su conciencia, y ahora lo contaba como si hubiera ocurrido ayer.
Duo guardaba silencio, no esperaba que continuara el relato. Heero miraba al techo mientras recordaba su pasado, como si las imágenes de este se reflejaran en él a modo de película. Ahora la pantalla se había apagado. Miró a Duo esperando alguna reacción por su parte y se encontró con que Duo no le miraba precisamente a él. Tenía el rostro volteando hacia él pero tenia la mirada baja como si todavía escuchara su relato. Heero decidió concluir su historia. –Después de eso, recuero que alguien se me acercó. Me encontró poco antes de algún amanecer días después. Me miró un rato, me preguntó si estaba solo. No contesté, sólo le miré. Me preguntó si quería ir con él. Acepté. Esa fue la primera decisión que tomé. Me había encontrado con Odin, el resto lo conoces.
Duo le miró. Era cierto, durante la guerra, cuando hacían plantes de batalla, habían surgido una que otra verdad. Lo demás era cosa de armar un rompecabezas de pocas piezas.
–Si –contestó Duo. Estaba algo adormecido por el relato, pero como siempre, sonrió. –Es bueno que recuerdes tu pasado. –Heero lo miró confundido unos segundos, después miró al techo de nuevo.
–Supongo –dijo, Duo no pudo evitar entornar los ojos. Heero no tenía remedio, era taaan apático. Ni modo, al menos le había contado algo increíblemente intimo y eso lo apreciaba mucho. Heero no tenia idea de cuanto.
–Bien, Heero, si quieres seguir, te toca preguntar. –Heero suspiró y en realidad no meditó mucho la pregunta:
–¿Por que tienes el cabello así de largo?, ¿No te molesta? –Duo abrió los ojos y se echó a reír.
–¡Vaya pregunta! –Exclamó Duo entre risas antes de contestarle. Heero volvió a fruncir un poco el ceño, justo lo que Duo quería. –Pues, en realidad, no lo sé, la primera vez que me intentaron contar el cabello, fue la hermana Helen quien lo intentó y no pudo. –Se rió. –Pero me trenzó el cabello y es como lo tengo desde entonces –contestó Duo sonriendo, Heero le miró como si fuera un bicho raro. –Es cierto, ¿por qué me miras así? ¿No me crees?
–Te miro así, precisamente por que te creo –contestó Heero con medio tono de burla.
–Que simpático. –Una contestación irónica.
–Tu tienes la culpa. Me lo contagiaste, hace daño estar mucho tiempo contigo.
–Ah, ¿yo soy el culpable de tu mal humor permanente? Mira que me tardé en hacer que sacaras tus gracias, pero es la prueba de que soy persistente…
–No eres un cabezota necio, sino que eres persistente, claro… –contestó, Heero, sarcástico.
–… lograré lo imposible. –Duo lo "ignoró" y acabó su frase.
–O mueres en el intento. ¿Por qué no te habrá pasado eso a ti? Ah sí, me diste lastima –contestó Heero, con juego más que burla.
–Mira si serás gracioso, Soldadito de Plomo.
–¿Y quien te dio derecho a denigrar mi seudónimo?
–No lo denigro. Sólo confirmo que eres pesado como plomo derretido. –Duo sacó la lengua. Heero se le quedó mirando y como si su brazo fuese independiente de su cuerpo buscó la almohada de su cama y la levantó a punto para pegarle a Duo. Sólo que Duo reaccionó más rápido, sacó dos almohadas quien sabe de donde y se puso en posición de ataque.- Aha, ni te atrevas, que estoy bien armado –amenazó a Heero con una sonrisa. Heero bajó la almohada sin expresión alguna y la acomodó bajo su cabeza.
–Duo –dijo.
–¿Mm? –Duo seguía sonriendo.
–Estás loco. –La sonrisa de Duo se sustituyó por un puchero.
–Ja, ja, ja… – Rió falsamente.
–Y para colmo, delicado. –A Heero le cayó una almohada en la cara y Duo recibió otra de inmediato, sólo que con más fuerza.
–¡Auh! –se quejó Duo sobándose la nariz. –Esa sí me dolió.
–Que bueno. –Duo gruñó. –Bueno, ¿vas a seguir con las preguntas? –Duo tardó unos segundos en reaccionar y después sonrió medio confuso.
–Si. Bueno, algo sencillo ¿sabes cuando es tu cumpleaños? –preguntó bastante contento.
–…si –contestó bajito Heero, desviando la vista un poco. El rostro de Duo se iluminó aún más.
–¿En serio? –preguntó animado acercándose mucho a Heero. Este se hizo un poco para atrás y volvió a asentir con la cabeza. Duo pegó un brinco que lo llevó a sentarse junto a Heero. –¿Cuándo, cuando?
–El… primero de abril. –A Duo le brillaban los ojos, parecía un niño chiquito al que le contaban un cuento de hadas. Heero se sentía algo intimidado por la vivacidad de Duo, así que trató de darle poca importancia al asunto. –Nada especial. –Duo si bien no lo hizo, por que no podía o no quería, por lo menos si pensó en darle un tiro a Heero.
–Heero. Yo que me estoy muriendo por saber algo más de mi pasado y tu dices que nada especial el saber cuando naciste ¡que desconsiderado! –dijo Duo medio en broma medio en serio. –Al menos estás certero de tu edad. Yo tengo que fiarme de lo que más o menos me acuerdo y agrego un año a mi edad el año nuevo. Me gustaría tener un cumpleaños. –Duo dijo esto sin ninguna intención, sólo hablaba por seguir la conversación como acostumbraba, pero en Heero si hizo mella y sintió un globo de agua que le bajaba al estomago. Eso nunca le pasaba… bueno, últimamente con Duo si.
–¿Porqué quisieras tener un cumpleaños? No dice nada el tener un cumpleaños. Es sólo una fecha. –Entonces Duo le miró serio, con una mezcla de rencor e incertidumbre en la mirada, fue tan repentino y fugaz el cambió que Heero tardó en darse cuenta y aun después le costó trabajo saber que pasaba, pues la declaración que Duo pronunció a continuación fue increíble.
–Que extraño que digas eso, Heero. Sabes que una guerra se marca por fechas y es mejor tener una fecha y un nombre en la tumba que honores y medallas en la vida para que nadie te recuerde al morir. Al menos una tumba tiene cierto respeto. –Heero no entendía bien si lo que veía era una ilusión o al verdadero Duo. Concluyó que era lo segundo. Después de un momento de silencio tenso, Duo sonrió de nuevo como si nada.- Bueno, pero es sólo idea mía, nadie tiene por que pensar lo mismo. Ni siquiera tu –culminó cruzando los brazos por detrás de la cabeza y tirándose a la cama boca arriba con los ojos cerrados. –Bien, ¿y tu pregunta? –Duo volvía a sonreírle. Heero observaba su rostro, estaba limpio y la habitación entera olía a la fragancia de su enjuague. En ese momento sintió un extraño vacío en su interior, como si algo le faltara y se cansó de sostener su mirada fría. Por su mente pasaron muchas cosas, pensó en la guerra, en como conoció a Duo, en como llegó hasta ese lugar, en lo que ahora eran sus compañeros de batalla, en Relena, en WingZero, en el inmenso espacio, en la Tierra, en su colonia. Tantas, tantas cosas cruzaron tan rápido por su cabeza, que la velocidad con la que iban, únicamente hacía resaltar las más importantes. Y entre ellas se colocaron dos cosas.
Una, quedaba muy clara y la otra no la alcanzaba a vislumbrar del todo.
Y pensó las preguntas que cambiarían el resto de su vida aunque él aun no lo supiera…
–Duo… –preguntó despacio –¿le temes a la muerte? –Un enorme silencio se hizo. Duo le miraba con los ojos brillantes de pura inocencia. La pregunta había sido profunda. Duo sonrío con mucha ternura, como si le diera ternura su mismo pensamiento.
–No –contestó suavemente meneando la cabeza y cerrando sus ojos. –Shinigami, no puede tenerle miedo a la muerte. Es como tener miedo de lo que eres. De no poder estar seguro de ti mismo. No, no le temo a la muerte. –Hizo un silencio. –Le temo al olvido. –Una pausa. –Si he de temerle a algo es a eso. A que ni siquiera se me recuerde, como si mi existencia no hiciera un cambio en el mundo… en nada. Cuando mucho se me recordará como el rebelde del Gundam 02. Uno que fue destruido, por cierto. –Duo seguía hablando serio, ajeno a las reacciones o miradas de Heero. En realidad no decían mucho, pero en su interior guardaban tanto o más que el silencio de su voz. Duo hablaba más para sí que para él en este punto. –Maldita televisión –dijo con rencor abriendo los ojos y mirando al techo con el ceño fruncido. –Ni siquiera se preocuparon por averiguar mi nombre. –Para Heero fue obvio que recordaba la vez que lo habían capturado las tropas de Trieze. La vez que Trowa destruyó su Gundam. Pero por alguna razón, sabía que no era un rencor precisamente por eso, había algo más.
–¿Por qué? –Preguntó. Duo le volteo a ver.
–¿Por qué, que?
–¿Por qué tienes miedo al olvido?, ¿por qué hablas con tanto rencor de aquello?, ni siquiera aquella vez que te rescaté, te molestó tanto.
–Si, es cierto. Pero aquella vez estaba seguro de que si no había muerto ahí moriría más tarde y nada de eso tendría importancia. – Sonrió y se levantó de la cama de Heero para volver a la suya. Su cabello seguía húmedo pero no le importaba. –¿Sabes?, todo cambia de forma dependiendo de la cantidad de tiempo que vivas. Y las cosas que vivas, claro. –Dijo dándole la espalda a Heero, su tono de voz tenía una aspereza poco común en cualquier persona, ese tono que se le da a un conocimiento real y tajante, algo tan olvidado como sabido por la humanidad entera. Después se removió y se acomodó para darle la cara de nuevo. –¿Tú tienes algún temor parecido? –preguntó a voz seca.
Heero se sintió extraño, vulnerable y al mismo tiempo tan letal como siempre, sabiendo que Duo exponía su forma de pensar dejándole igual de vulnerable. Pensó en la pregunta. Si, si tenía un miedo, pero lo había ocultado por tanto tiempo y de forma tan perfecta que prácticamente no se acordaba nunca de él. Lo había vuelto a fuerza de golpes un pensamiento casi razonado, que sólo quedaba en el lugar de una abstracción.
–Al vacío. A la infinita soledad del vacío –pronunció lentamente sincerándose no sólo con Duo sino con él mismo. Duo le miró confuso y pregunto con la misma cautela que había llevado hasta ahora.
–¿Y qué pasa con el espacio? ¿No es un vacío?
–No es al que me refiero.
El silencio se hizo. Una fuerza extraña se agudizó en el aire fijando las miradas, Heero con su dureza inescrutable, Duo con una tranquilidad tan afable que no se veía afectada. Este último sonrió enternecidamente después de un tiempo que ningún reloj sería capaz de medir.
–Eres tan humano como nosotros, Soldado Perfecto –susurró Duo. Heero perdió el aliento por un momento y sintió todo el frío del ambiente a la vez que percibía una tibieza proveniente del aroma de un enjuague combinado con la piel de Duo. Los ligamentos de su rostro tomaron sin igual suavidad y cruzó por ambos labios una inocente y verdadera sonrisa. No muy amplia, no muy pequeña, una sonrisa de felicidad. –Ves, tengo razón, Heero. Te vez bien, cuando te sonrojas, pero mejor cuando sonríes. –Duo rió, Heero no pudo contestarle o no quiso, pero desvió la vista y trató de borrar su sonrisa del rostro, pero está vez, a diferencia de alguna rara ocasión anterior, le constó mucho trabajo. Duo lo miró con cara de diablillo, le gustaba mucho ver que Heero no podía contestarle a ese tipo de comentarios, que además eran sinceros. Después un sopor lo acogió. Estaba cansado y el poco de alcohol que había tomado con "J" comenzaba a hacer efecto, así que bostezó.
–Ya es tarde –oyó decir a Heero.
–Tienes razón –confirmó él –podemos continuar la platica otro día.
–¿Continuar?
–Si. A menos de que quieras quedarte sin preguntarme nada, pero yo aun no he terminado. –Duo rió.
Heero suspiró. –Esta bien.
–¡Genial! Ahora, devuélveme la almohada –demandó Duo extendiendo un brazo.
–¿Que? –Heero se le quedó viendo –¿para que la quieres?
–Por que está mojada por mi cabello, no te puedes dormir con una almohada mojada, te regreso la tuya –aclaró, Duo.
–Para que, si también esa está mojada. El cabello se te terminó secando con ella.
–Entonces te doy ésta –le extendió la otra almohada. Heero la miró un segundo y volvió a ver a Duo.
–¿Y tú?
–Estoy acostumbrado a dormir con el cabello mojado, no pasa nada.
–Entonces déjalo así y vamos a dormir –zanjó la conversación Heero y se dio la vuelta en su cama acomodándose para dormir.
–¡Heero! –reclamó Duo.
–¡Ya basta, Duo, duérmete! –contestó Heero, sin mirarlo. Duo hizo un pequeño puchero.
–Está bien, haz lo que quieras –dijo y se metió a su cama. "Que necio" pensó, pero aun así sonreía. Se preparó para dormir, he iba a usar la almohada seca ahora que su cabello no estaba mojado, pero miró un segundo a Heero y decidió no usarla. Si se enfermaban, serian los dos, o al menos él, pues sería su culpa. Dejó la almohada fuera del alcance y se acostó en la suya, no estaba tan húmeda. Cerró los ojos.
Heero escuchó los últimos movimientos de Duo con mucha atención. No sabía por que no le había regresado la almohada, era una estupidez. Pero simplemente no quiso. "Que tontería" se dijo a si mismo y cerró los ojos. La almohada olía al enjuague de Duo…
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A la mañana siguiente fueron despertados por la Comandante Araxiel que por algún motivo andaba contenta. Se alistaron rápidamente y Quatre se atrevió a preguntar el motivo de su ánimo.
–Simple. Aparentemente los últimos ocho meses de casería sólo esperaban a que el cazador desapareciera un día para salir a la luz –y ante tal enigmática respuesta, la Comandante tuvo que aclarar. –Hemos encontrado lo que buscábamos y tal vez más. Es la razón por la que ustedes están aquí. –Sonrió. –Habrá algunas reuniones el día de hoy. –Les guiñó un ojo y continuó guiándolos al lugar de la reunión.
–Espera. ¿Dónde está Wufei? –preguntó Trowa antes de dar un paso más. Los demás también esperaron la respuesta.
–Bueno… –la Comandante, entornó los ojos –está despierto desde las cuatro de la mañana. Imagino que desde antes, no pudimos contenerlo más en la cama y menos con Nigma dándole pretexto –les comunicaba, sin dejar de caminar al elevador.
–¿Eso que quiere decir exactamente? –preguntó Duo más divertido que nada, mientras subían al elevador y únicamente bajaban un piso.
–Quiere decir, mi estimado Duo, que han estado hablando en esa sala, casi dos horas y media y van para largo –dijo la Comandante con el brillo de sus verdes ojos divertidos, mientras señalaba la segunda puerta de aquel pasillo. –Al parecer la General Nigma obtuvo información muy interesante -lo cual no me extraña- y se la comunica al General Chang. Éste creyó que era necesario informárselas a ustedes junto con la Teniente y el Coronel que no tardaran en llegar –acabó de explicar llegando a la puerta la cual abrió sin llamar. Heero tenía el ceño fruncido desde que oyó algo sobre la antipática mujer -entiéndase Nigma- y aumentó cuando oyó que venía en camino el idiota del pelirrojo. –Pasen, por favor. –Pidió la Comandante.
Duo fue el primero en hacer, los demás le siguieron. Se encontraron con la sorpresa de ver a dos Generales discutiendo en medio de un montón de papeles y planos. Con uniformes impecables.
Wufei parecía haber sufrido de nada en su vida, llevaba el cabello recogido en una coleta en la nuca con excepción del fleco del lado derecho que cubría su cicatriz, los negros ojos se veían enmarcados por los finos lentes que agudizaban su profunda mirada. Llevaba un traje azul marino oscuro con bordados blancos en el cuello largo y las solapas, en las muñecas y también en la caída del traje. Botones plateados en las mancuerna de los guantes blancos, y como ultimo detalle, entre la elegancia y la sencillez, un pañuelo a modo de gargantilla de color vino que caía sobre el pecho. Frente a él se encontraba Nigma. En una escalofriante copia del traje de Wufei, pero con el saco largo color blanco y bordados dorados. El resto de su traje negro. Así como los guantes y el pañuelo que colgaba de su cuello. La única diferencia que se le podía ver aparte del color era la insignia de un ojo dorado grabada encima del corazón. Tenía el largo cabello trenzado a la perfección desde la nuca y un fleco corto hasta la oreja izquierda, rozaba su ojo. Escalofriantemente similar al de Wufei, sólo que a modo de espejo.
En cuanto entraron se giraron ambos generales. Wufei les miró a modo de saludo e indicó los lugares frente a ellos. Nigma, únicamente inclinó un poco la cabeza.
–Buenos días, por favor, siéntense. –Pidió Wufei mientras se levantaba de su lugar. Los rostros serios pero tranquilos de ambos alertaron los sentidos de los ex-pilotos. Estos se sentaron como se los indicó Wufei, mientras él y Nigma se colocaban a los extremos contrarios de la mesa ovalada. Quedando a un lado de Wufei, Heero y Duo, un espacio vació y luego Nigma, seguida por Trowa y Quatre, para continuar con otro espacio vacío.
No bien se habían acomodado, llegaron la Teniente Fhler y el Coronel Nelvik. Heero frunció su ceño de nuevo en cuanto vio entrar a esta pareja, en realidad ninguno de los dos le agradaba. Estos tomaron los lugares restantes después de un corto "buenos días", quedando Fhler en medio de Quatre y Wufei, y Saker, para gusto de Heero, a lado de Duo, quien le sonrió al pelirrojo y fue correspondido.
–Bien, estando presentes todos –inició Wufei, para después dirigirse a la Comandante. –Ara, por favor, hazme el favor de darle a Carlot estos mensajes. Que informe a Deborah que tenga listos los trajes de gala para las doce y a Beatriz que tenga lista una de sus mejores cenas para las ocho de la noche. –Ara asintió no sin algo de duda. –También, dile que haga algunas invitaciones, aquí está la lista –dijo Wufei acercándole una lista. –Discúlpame por pedirte esto.
–Descuide, General –contestó la Comandante cortesmente.
–Sólo una cosa más antes de que te vayas. –La comandante no se movió de lugar. –¿Accederías a ser mi acompañante en la cena que se realizará en unos días?
Todos estaban desconcertados. ¿Qué demonios estaba organizando, Wufei?
La Comandante tardó un segundo en reaccionar. –Será un honor, General. –Inclinó un poco la cabeza.
–El honor será mío, gracias. –Con esto, la Comandante se retiró no sin dar una mirada significativa al resto de la comitiva presente.
–Wufei, ¿qué ocurre?, ¿qué es todo eso de la cena? –exclamó el Coronel, hablando por todos, aunque Heero no quisiera admitirlo. La única que parecía divertida con esto era la otra cabecilla de la base. Nigma.
–Nada Saker, sólo que probaremos de nuevo tus dotes diplomáticas, o más bien las de todos.
–¿Y cual sería el motivo? –preguntó Quatre igual de desconcertado que todos.
–Es la mejor manera de anunciar lo que tenemos aquí. –Señaló un fólder que tenía Nigma bajo la mano, a lado de otros cuantos.
–¿Y qué es, exactamente? –Heero, como siempre al grano. El fólder de tan misterioso contenido llegó a las manos de Heero deslizándose por la mesa.
–Velo tu mismo, Yuy. –Mandó Nigma desde el otro lado de la mesa. Heero le dirigió una mirada retadora que fue devuelta, sólo fue un segundo de tensión hasta que Heero decidió revisar el fólder. Su expresión no cambió. Alzó la vista a Wufei.
–Estos son planos de movil suit –declaró.
–Si, lo son –confirmó Wufei, serio.
–De Gundams –completó Heero.
–Exacto. –Afirmó Wufei. –Pero no es eso lo que nos preocupa, Heero, por mucho que lo parezca.
–¿Entonces?
–Es el número de Gundams. –Wufei se inclinó sobre la mesa, mirando directamente a Heero. Esté lo miró interrogante.
–Se claro –ordenó Heero. Wufei sonrió al fin, pero no con mucha gracia.
–Quiero decir, que son más de diez… –la tensión se formó en el aire, casi palpable. –… y lo que nos preocupa, es que faltan cuatro.
(continuará…)
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Nota de autor:
¿Qué les pareció? ¿Les gusto?, déjenme un review para enterarme.
Muchas cosas salen a la luz ahora y muchos más misterios.
¿Que personajes quieren que sigan saliendo? ¿Cuál les gusta y cuál no? ¿qué misterio les intriga más? Me gustaría saberlo.
Siendo todo, nos vemos en el próximo capítulo.
Reviews
Charo Nakano: Que bueno que te agrade Saker, lo sacaré más, lo prometo. Dark Shinigami Di: Gracias por tu consejo, te prometo, jamás voy a dejar abandonado el fic, así me tarde años. Star light no rain: Muchísimas gracias por tu apoyo Jinete, jaja.
Ryoko Yuy: No me odies, juró que contestaré tus dudas. Lo de mala no te prometo dejar de serlo. (guiño) Darkcryonic: Gracias por seguirme mi capitana andante, no me ha llevado el viento, aquí seguiré. Arashi Sorata: Perdón! Ya ves, actualize. Tarde, pero lo hice. Neko: Gracias. Mili Maxwell: Iré aclarando todas tus dudas, lo prometo. fcA: ^^ Ryoko Yuy (2): Gracias. Matsu: Me halaga muchísimo tu cometario. En serio, te agradezco mucho que leas mi fanfic. Lo hago por gente como ustedes. Espero me siguas leyendo. Zen/Kurai Kurayami Kage: Espero que este cap haya despejado en algo tus dudas.
Les agradezco con el corazón. Espero no decepcionar y seguir sabiendo de ustedes.
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