Que dijeron, esta jamás regresa, ¿verdad? Pues muy lenta pero segura aquí sigo.
Este capítulo está dedicado especialmente para mi hermana. Espero le guste y no le moleste que me haya tomado ciertas libertades. Con mucho cariño.
Agradezco a los que me dejaron review y a los que siempre han estado conmigo. Mi hermana, DarkCryonic, Starlightnorain, Himekoch, Cratos.
Notas al final.
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Acto Décimo Cuarto
Seis colores y la Memoria
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Final del capítulo anterior:
–Sentimos la tardanza –se escuchó una exclamación desde la puerta. Los últimos acababan de llegar.
Para Trowa, que se encontraba a su lado, fue evidente la perdida de respiración de Heero y los ojos abiertos.
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Trowa parpadeó.
Si Heero Yuy había mostrado esa ligera perdida de control, no pudo asegurarlo después.
Dentro del parpadeo, Trowa se había perdido de la recuperación en las facciones de Heero. Sin embargo, logró percibir la intensa mirada dirigida a la puerta antes de que girara el rostro, curioso. Quizá él mismo llegó a alzar las cejas cuando miró a la pareja.
Duo Maxwell y su acompañante acababan de hacer su aparición.
Trowa no estaba seguro de que observar. Lo que le parecía obvio era que esos dos últimos integrantes era el acento del grupo.
La joven mujer, no sólo lucía sus orgullosos rasgos asiáticos en combinación con los de algún ascendiente nórdico. Resaltaba en su peculiar cabello castaño bermejo, de un lacio extremoso, sujeto en alto y adornado en toda regla de tradición oriental. Tez caucásica, ojos negros y rasgados, la nariz menuda y la delgada boca coloreada de carmín. Su rostro resaltaba agudeza de mente y fuerza de carácter. Su definido cuerpo envuelto por el vestido rojo de encajes negros y dorados que daban vueltas intrincadas por la tela, desde el angosto cuello tipo mao hasta la caída completamente recta la falda, señalaba natural elegancia.
Ella se veía sonriente y segura, y no sabía exactamente porque, Trowa tuvo la impresión de que Duo la había hecho reír todo el camino.
El susodicho, por supuesto, no podía quedarse atrás.
Suponía que Débora los había vestido con una intención de uniformidad, pues su traje no era muy diferente a lo que ellos mismos llevaban. Empero, sus colores sobresalían a la neutralidad del resto.
Un carmín quemado destacaba en el abrigo superior, con un corte similar al de Quatre (como alas en la espalda) que en Duo creaba una idea de capa volante. Camisa y corbatín en tonos gris plata y pantalones negros.
El castaño brillante de su cabello descendía por la espalda hasta la altura de los muslos. Recogido completamente hacia atrás, anudado en la nuca y envuelto en un par de menudas espirales entrecruzadas con lazo negro. Arreglado así, su cabello tomaba un poco más de longitud y dejaba colgar unas cortas hebras desde sus patillas, afilándole el rostro y revelando su largo cuello.
El conjunto evidenciaba lo bien parecido que era, la ceñida pero vigorosa figura de su cuerpo y destacando (para memoria de todos) que tenía casi la misma altura que Trowa, siendo un poco más alto que Heero y ahora, apenas más bajo que Wufei.
Y a pesar de este derroche de impresiones, había algo que salía del rango.
Trowa no sabía por que nunca se había percatado, pero los ojos de Duo no sólo eran extraordinarios por su peculiar color.
Con el cabello recogido y la frente despejada, los ojos de Duo mostraban un poder peligroso. Grandes y tenuemente marcados, de una expresividad y fijación abrumadora, frescos y lozanos, como la esencia más puramente concentrada de su dueño, eran dos imanes naturales. Como los de un gran felino.
–Quedan perdonados por diez…–habló la comandante, quien parecía menos perturbada, con una sonrisa encantadora y sin romper con su propia belleza, se acercó a los recién llegados. –¡Válgame Dios, pero que figuras! –Comentó riéndose.
–¡Pero que dices!, ¿te has visto en un espejo? –devolvió Duo indiferente a la reacción que había causado su llegada. –¿Cómo te escondes detrás del uniforme? –Miró a Wufei – La invitaste a tiempo, ¿eh? –Esto provocó la clara risa de la comandante y una sonrisa divertida y condescendiente por parte de Wufei.
–Me parece que tú también has tomado buena compañía, Duo. –Contestó Wufei, mirando a la pareja de Duo. –LioYu Hayame. –Wufei y Hayame compartieron el saludo más formal pero amable hasta el momento, con un aire de distancia perceptible para todos.
–Y supongo que esto es cosa tuya. –Con un ademán afable, Araxiel, encaminando de nuevo el tema, haciendo referencia al cabello de Duo.
–Fue una hazaña convencerle. –Contestó la mujer, acomedidamente sonriente. –Luces muy bien, Verona.
–Querrá decir que me engatusó en lo primero, en lo segundo tiene toda la razón. –Intervino de nueva cuenta Duo. Siendo una chispa galante, avivada por la lustrosa imagen que presentaba, mantenía cautivos a la mayoría. –Aunque debo decir que no me fue tan mal.
–Yo estoy de acuerrdo en eso. –La voz del Coronel se escuchó. – Sé que estoy pidiendo mucho. Perro al menos tendrrás que resbalarrte Duo, puede que así no nos opaques a los demás. –Sonrió francamente.
Duo se vio algo perturbado cuando logró observar a Saker avanzando al frente y saludando cortésmente con beso en mano a Lio Yu. Trowa no lo culpaba. Saker producía la extraña sensación de prenderte en llamas si te acercabas demasiado.
Este extraño ambiente de glamour entre soldados sacaba a relucir aspectos algo perturbadores en todos. Sonrisas nerviosas, forzados controles de gestos, ojos que evitaban encontrarse más de lo necesario.
–Tal vez debería trenzarme de nue…–intentó decir Duo.
–¡NO! –se escuchó la demanda general de las mujeres, con excepción de la Teniente y Sophia. Duo se encogió materialmente y la mayoría de los barones se impresionaron.
–Está bien, está bien… bromeaba. –Respondió Duo recobrándose lentamente y sonriendo divertido por la reacción femenina.
Las mujeres se rieron, acompañadas por Saker. La Teniente y su acompañante intercambiaron una mirada irónica. Y Quatre trataba de tranquilizar a su colorada acompañante que tenía la determinación de hundir la cabeza de bonitos cabellos rubios entre sus menudos hombros. Había alzado la voz inesperadamente al igual que las otras mujeres rompiendo un poco con su angelical figura.
Heero era el único completamente serio y absorto de su alrededor. Su mirada fija en Duo causaba cierto pavor por su intensidad. Duo se percató de ello, pero actuó con normalidad, desentendiéndose de aquella fijación. Chifló al dar una ojeada alrededor.
–Vaya chicos, si hasta parecemos gente decente y en buena compañía. Me lo podría creer… oh, no te ofendas, Saker –aclaró al ver al Coronel. Tanto Quatre como Wufei iban incluidos en la mofa. Heero frunció el seño.
–No te prreocupes Duo, pienso que tienes rrazón. –Contestó Saker afablemente.
–Duo, deja de causar alboroto y darle cuerda a estos dos –llamó al orden Wufei señalando a Araxiel y a Saker que se habían hecho cómplices en segundos. –Es tarde. –Agregó al ver la discreta señal de Débora apuntando al reloj.
Con un poco de revuelo Débora y sus ayudantes les indicaron las reglas que debían seguir para la ocasión antes de que salieran al vestíbulo principal.
Ellos debían escoltar todo el tiempo a sus compañeras. Siempre cederles su derecha y/o llevarlas del brazo. Si recibían saludos, los tenían que devolver en silencio. Si era una pregunta directa, responderla con la brevedad. No podían rechazar ninguna invitación de vals. Y únicamente podían quitarse el abrigo después del quinto baile.
A las mujeres les indicó puntualmente que debían lucir dignas y sin ostentación. Por alguna razón miró detenidamente a Helena y Trowa se preguntó si habría hecho bien en invitarla. Ellas podían rechazar cualquier invitación.
Las detalladas instrucciones le recordaron a Trowa, su entrenamiento militar y la redacción de los informes en misión. De pronto, la fiesta se veía más ficticia de lo que suponía.
Débora miró en general, con gesto más serio que el del comandante en jefe. –Bailarran el Vals de entrada a continuación de la cena. Después de este Vals de aperrturra pueden moverrse libremente, siempre y cuando vayan con sus parrejas. Hasta entonces perrmanezcan en la zona tras la mesa principal. En seguida del doceavo baile se pueden rretirrarr.
Para este momento, las expresiones de preocupación, fastidio y confusión de Duo eran evidentes. El resto compartía esa sensación sobreentendida de lo que ocurría, pero sin decir nada. La azorada acompañante de Quatre era la única que lucía notoriamente angustiada. Incluso él mismo se forzaba por mantener su cara inexpresiva, el tono demandante de Debora advertía sutilmente la perdida de tu cabeza si fallabas en alguna de sus instrucciones.
Al final y del mismo modo militar, indicó los lugares que ocuparían en la mesa. Las mujeres tenían preferencia y se respetarían los rangos en lo posible.
Débora giró sobre sus talones y abrió las puertas que conducían al vestíbulo principal, la antesala del gran salón. Duo y la acompañante de Quatre eran los únicos que parecían un poco inquietos. El primero por su naturaleza y quizá la conciencia del efecto que tenía su apariencia; la segunda por timidez.
Débora se giró de nuevo hacia la comitiva y explicó el orden de entrada. El conjunto era ordenado y guiado por la diligente Débora Ligden que no dejaba lugar a titubeos y mucho menos a dudas. En esto se escuchó perfectamente en la lengua nativa el inicio de la ceremonia y la pronta entrada de los anfitriones.
En el acomodo, Heero había quedado al final de la formación para entrar al salón, con la espalda de Duo frente a él. Tanta firmeza y rigidez mostraba su semblante y cuerpo que el bombeo acelerado de su corazón lo hacía vibrar claramente a la vista atenta de cualquier par de ojos.
De pronto, aprovechando los segundos de expectativa, Duo se volteó con Heero, mostrando esa sonrisa típica y desinhibida que en otras circunstancias habría pasado sin mayores repercusiones. –¿Oye, tú sabes bailar? –preguntó imprudente y divertido.
Débora gruñó a su lado recordándole el protocolo. Duo se cuadró y cuando la mujer pasó de largo cuan rápido había aparecido, se inclinó hacia su pareja en gesto de cómplice invitación. Trowa, que se encontraba delante de Duo, miró cuadradamente sobre su hombro y su pareja también.– Seguro sigue soltera. –Murmuró bromeando.
–Y usted no debe conservar a sus parejas mucho tiempo, Señor Maxwell –le contestó la mujer, dejando en claro que no le hacía gracia y que había escuchado perfectamente a pesar de estar hincada en el suelo, ajustando una imperfección de último momento en el vestido de la acompañante de Quatre.
Trowa adivinó que Ligden había golpeado inesperadamente a Duo, en algo que le molestaba. Le vio hacer una morisqueta desganada y después sonreír restándole importancia. De reojo y al filo de la silueta de Duo, miró a Heero hacer un gesto de autocontrol poco común y mirar al frente de nuevo. Gesto que él imitó.
Duo no podía estarse muy quieto. Aunque también debía influir la aguda mirada que Yuy le dirigía y no parecía querer disimular. El resto de la comitiva se habían percatado, pero no habían hecho mención alguna.
A pesar de eso, Duo Maxwell había aprendido tiempo atrás, a llevar con soltura las agresivas reacciones de su compañero de guerra. ¿Estaría celoso? Duo no se lo preguntaba tan profundamente en realidad. Incluso había tenido el descaro de girar hacia atrás, en el preciso momento en que se habrían las puertas y regalarle un guiño divertido y despreocupado a Heero, antes de volver a mirar al frente. Sin percatarse para nada del límite que estaba desafiando.
Violeta.
Duo no se enteró del sutil estremecimiento, la respiración detenida, las pupilas mirando confusas a ningún lugar unos segundos y el regresar la mirada al frente con dificultad. Ni de la mano de Sophia Verliak apretando levemente el cálido brazo de Heero Yuy, en un sutil consuelo antes de entrar al monumental salón.
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Quatre Raberba Winner estaba acostumbrado a las fiestas de gala, tanto civiles como nobles y militares. Sabía bien que en toda fiesta de sociedad se encontraba el cotilleo. Sin embargo, en un festejo con esquemas militares los ritmos y reglas no escritas cambiaban, generalmente para peor.
Si esto era notorio entre la rala marcial, Quatre se percató de algunos particulares, entre los que estaban muchos de sus conocidos, que no tenían esa tendencia, sino que recaían en un ámbito con otros estándares.
Las presencias a su alrededor eran sensaciones pasivas y alertas -con la única excepción de su compañera inquieta de puro nerviosismo- hablaban claramente del cumplimiento y deber dentro de aquella farándula.
El cotilleo general de quien hizo que, cuando, por que y más importante con quien, era en una palabra: aburrido.
El resto se veía muy bien acomodado en esas banalidades a pesar de su ruda y estricta formación miliciana.
Por eso mismo, llevaban aquel peso extra en esta sociedad. Por sencillo sea, tenían otros objetivos. Si más grandes o mejores, era discusión a parte. Pero sin duda, eran puntos altos que permitían ver el horizonte y pensar que, por necesidad, tendría que haber algo más allá.
Ello, pensaba Quatre, los hacía seres interesantes como insoportables, densos y flotantes, llamativos e indiferentes. Con esta cualidad de ser el centro de atención por el simple hecho de ser. Eran tan concentrados en sus esencias que sólo veían con interés, amistad, compañerismo, incluso romanticismo a otros como ellos. Eran clasistas, más por instinto que por enseñanza. Naturaleza, por así decirlo. Y esa enfermiza llamatividad que colgaba de ellos, parecía más comprensible con el entendido de que poseían una visión, literalmente sideral, del mundo. Que si bien influía una idea de superioridad, también eran apoyados por ese fanatismo que se arremolinaba alrededor de sus personas.
Error común, pero inocente a la vez, de las grandes figuras públicas.
El cruzar las puertas desde el vestíbulo principal, por el cual habían accedido la mayor parte de los invitados a la fiesta y vaciado cronométricamente para la aparición de sus anfitriones, había sido pasmoso.
No sólo aquellas velarias de azul cristalino que giraban como un vórtice de luz hacia el centro del salón elíptico desprendiendo de su centro una magnifica expresión de alas endosadas al cuidado de un radiante pequeño sol. Éste dejaba traslucir sus haces de luz por entre las rendijas del capullo protector y de la punta, como suspiros, se desprendían una docena de translucidas telas. Blanco impoluto y encendido azul marino se entrecruzaban en el aire sobre sus cabezas hasta llegar a las paredes y abrirse como mantos donde se mostraba orgullosa la insignia de la base. El rostro de la mujer guerrera.
El endosado dorado del techo, apenas visible por el adorno general de las velarias en flor, hacía rebotar proporcionada y sutilmente la luz del lugar, dando un ambiente de templado esplendor.
Esa visión general daba una demostración de sencilla elegancia y formalidad. Quatre había estado acostumbrado desde pequeño a cierta ostentación y zalamería, a que la apariencia hablara de la posición y que la gente ensalzara más de lo debido. Pero al caminar detrás de Wufei, en su investidura oficial, siendo recibidos por la escuadra de uniformes azules en la entrada, lo había sorprendido. No precisamente la escuadra, si no el gesto que realizaban fuera del protocolo, al pasar.
Quatre podía oír el diligente murmullo de "General" musitado de forma respetuosa. Una minúscula inclinación o un cerrar de parpados meticuloso de la serie de hombres formados a su recibimiento. Un gesto de respeto genuino, una virtud escasamente lograda en cualquier grupo militar.
Esto cautivó a Quatre y lo hizo cuestionarse. ¿Qué habría hecho Wufei, para ganarse tal ademán? ¿Qué habría provocado en aquellas personas del más duro adiestramiento, un muchacho que si bien era héroe de guerra, tenía tan poca experiencia de la vida? No menospreciaba a su compañero, pero no muchos podían jactarse de llevar el peso de un líder. Esta gente, demostraba que ponía sus vidas en manos de Chang, sin titubear un instante.
Tal vez, después de todo, conocía poco a Wufei…
Aquella demostración le despertó curiosidad, mas no desvió su atención del revuelo de emociones comunes que percibía a pesar de su bloqueo mental. Sabía y entendía que aquel sincero sentimiento, venía entremezclado con la tradicional vanidad de esta clase de evento. Es decir, ¿quién va con quién y por qué? ¿Qué lleva puesto quién y cómo se porta? ¿Qué admirar y qué envidiar? Y sin embargo, el respeto no dejada de ser legítimo.
Pasando la barrera de soldados, Quatre pudo observar fugazmente el resto del salón. Después del alfombrado azul por el que caminaban, se extendía una elíptica tabla laminada al centro del salón, tan amplia como el solar de una embarcación. Las mesas acomodadas para dos, cuatro y seis personas, la rodeaban siguiendo su forma en un orden geométrico que acompañaba armónicamente la disposición de las paredes rectangulares. Los manteles y enceres de cada mesa, eran del mismo azul que las velarias y brillaban con singular concordia al reflejar la luz.
Al frente divisó la mesa principal. Una larga media circunferencia con exactamente catorce lugares. Tenía de fondo el vitral de dorados contornos ilustrando con figuras de cristal cortado a las fieras y hermosas guerreras nórdicas. En el centro, un círculo perfecto dejaba ver la portentosa estatua del eje de la base. La magnifica efigie de rostro inexpresivo y poderoso cuerpo miraba directamente al interior del amplio salón. Y a pesar de encontrase a trescientos metros de distancia, seguía imponiéndose deslumbrante por las luces exteriores que la iluminaban en rojos, dorados y azules; como si entrarse al campo de batalla y el sol de un atardecer permanente viniera del cielo.
Caminaron en silencio, acompañados por el ligero murmullo de la multitud que colmaba el salón. Llegaron a la mesa principal y se colocaron en sus lugares sin sentarse. Una chispa de irritación sobrepasó su bloqueo mental ante su percepción sensorial y logró identificar con facilidad la molestia entre Saker y Heero al encontrarse, desafortunadamente, tan cerca uno del otro. Miró un momento de soslayo. Ninguno de los dos había cambiado un ápice su actitud. Pero a Quatre era difícil engañarlo.
Estaría atento. Poco antes de entrar, justo en el momento en que Duo había aparecido, había percibido una revoltura de sensaciones creciendo con alarmante rapidez para después quedarse mudas de golpe, como si hubieran caído en algún vacío. Y de lo único que pudo dar certeza fue su origen. Heero.
Si sus conjeturas eran correctas, entendía que había ocurrido. Pero no debía asegurarlo tan pronto. Las emociones eran engañosas con cualquier persona, con Heero aún más.
Al mirar de nuevo al frente, pudo contemplar el resto del recinto. Dos escalinatas isabelinas quedaban a ambos extremos de la puerta principal por la que habían accedido. Ascendían a un segundo piso, donde una guardia militar en funciones formaba una barrera de uniformes azules.
Aquella hilera de adustos rostros le llamó la atención más no encontró recelo. Miró a Wufei de reojo, este tan tranquilo como había estado desde su reencuentro.
Wufei tomó de la mano a la Comandante y le ayudó a sentarse. Ellos le imitaron con sus respectivas acompañantes. Wufei se sentó y ellos a continuación. El murmullo de la multitud tomando asiento vino inmediatamente después.
Ligden apareció en el borde opuesto del solar de lámina, justo después de que la guardia que los recibiera terminara por ocupar sus asientos. Ella miró en rededor y sin esperar más habló en alto. –Disfruten del banquete. –Al momento un pequeño ejército de meseros invadió el salón con enormes bandejas y la celebración comenzó.
La liguera tensión que había surgido al ser el foco de atención se menguó al comenzar la comilona. El murmullo ronroneante de la multitud llenó el salón y a ellos, el grupo central, los dejó en un limbo que les permitía ser observados pero no abrumados.
–Así que Ligden te está salvando del discurrso, Wufei. –Se escuchó la clara voz de Saker y Quatre, como los demás, giró el rostro.
–¿Quieres callarte? No tiene por que ser evidente. –Reclamó Wufei.
Sin que ninguno hubiera roto su esquema elegante y formal, habían generado un muro divisor entre la gente y la mesa de los dirigentes, dándoles un ambiente propio.
–No creo que nos quites el privilegio de verte hablar en público, Wu. –Entró la cantarina voz de Duo, sintiéndose cómodo de inmediato. –Tienes que ser el centro de atención, mi General. –Agregó con mofa. La reacción al mirar al castaño aún era incontrolable y abrumadora. Desprendía demasiada fuerza su lozana actitud y el enorme atractivo de sus facciones. A él parecía venirle sin cuidado.
–Cállate, Maxwell, que tú llamarías menos la atención si hubieras entrado con el cabello en llamas. –Duo se rió, contagiando a su alrededor. Y de algún modo la mención de los bailes salió al aire.
–Joven Maxwell, debe prometerme la segunda pieza. –Habló, tomando ventaja inmediata la acompañante de Trowa. Helena Diatlov. Una joven que sabía llamar la atención si así lo quería. Ciertamente al juntarse con Duo no dejaba tranquilo a nadie. Ello también explicaba el por que había llegado a convencer a Trowa para ser su acompañante.
Eso causó que Quatre volteara a ver al imperturbable cirquero. Se perdió el resto de la conversación al captar la profunda mirada, imperceptiblemente sonriente, fija en él.
Verde oscuro.
En su veloz movimiento de ojos tratando de evitar el contacto, Quatre no lo vio. Pero la demoledora sensación del corazón dolido de su amante sobrepasó cualquier bloqueo mental.
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–¿Pidirezka, nos está consintiendo?
La pregunta ronroneada en la voz de Verona le hizo inclinarse para mirarla de manera suspicaz. Sus ojos verdes le revelaban ironía y un recuerdo compartido. Wufei se sonrió.
–Parece tener humor después de todo. –Contestó él elevando las cejas, mirando su suculento platillo.– Uno muy torcido, además. –Tomó un poco de vino y la risa suave de Verona marcó el recuerdo.
Casi se sentía viejo al pensar en su arribo a la cúpula. En toda su gloria de ex-piloto Gundam, último guerrero de los Chang, veterano de guerra y demás engorros, con su cruz de miseria y su ego por moral. La base, como era de esperarse, no lo recibió con los brazos abiertos.
–Supongo que empezaran a hacer fila para un baile con Maxwell. –La Comandante bien hacía notar, la ansiedad de algunas jóvenes cadetes en el salón. Duo había tenido el atino de mirarlas, sin un interés real y saludarlas con un inclinación, siendo más coqueta que formal en el castaño.
Le era incluso gracioso recordar.
La fachada de Preventivo y su misión secreta poco le sirvieron. Y entre las tortuosas experiencias que vivió los primeros meses, sin duda, entre las más dolorosas se encontraba la comida de Pidireska; quien personalmente se dedicó a generarle indigestión por semanas enteras.
–Si comienzan dichas filas alargará la fiesta hasta pasado mañana, cuando menos. –La voz de Saker, con un tono cómico, se escuchó en la mesa, provocando la risa de los que entendían de humor. –Dudo que pueda atender todas las demandas. –El murmullo del salón y la música suave de la banda envolvían perfectamente la estrategia. Los meseros que se paseaban entre las mesas no daban muestras de alarma alguna. Todo iba bien.
Recordándolo mejor, esos tortuosos menús le llevaron a conocer de lleno a Julia; a quien no pudo evitar asemejar a las mujeres de su clan. Femeninas y fuertes, serias y abnegadas a su deber. Incluso recordar a su propia madre, de la cual una imagen borrosa tomaba prestado el rostro de la doctora, en los días de penosa recuperación.
–Tal vez usted podría atender algunas, Coronel. –Contestó la acompañante de Maxwell, LioYu Hayame. Sus ojos negros, contrastaban con el rojo de su ligera sonrisa.
La mirada atenta de Wufei, logró descubrir la señal de uno de los meseros al fondo del salón. Una cabeza inclinada sobre la copa de vino que se encontraba en una mesa cercana, le indicaba la intervención de la efectiva droga de Varzak. Al devolver la vista a su alrededor se topó con la mirada sonriente de Nadine. Orgullosa de su trabajo.
–En ese caso, el General debe tener la misma obligación de prestar sus refinados pasos. –Saker no alcanzó a responder cuando la suntuosa voz de la Teniente llamó la atención.
Recordó que al conocer a Julia, llegó a conocer a Delphine, la hija del General Vretfor. Una muchacha con una intransigencia como ninguna en la tierra. Sus cabellos castaños y sus ojos tremendamente azules se teñían de dureza y desaprobación la mayor parte del tiempo.
–Sólo si accede a ser mi segundo baile, Teniente. –Contestó Wufei, astutamente. La práctica hacía al maestro y la Base le había hecho practicar.
Rememoró al tiempo que miraba a la Teniente, a la única persona que llegaba a centrar y frenar la furia de aquella joven. A la noble y respetada Lio Yu. Que con sus arranques de carácter podía controlar un huracán. Era desconcertante estar entre mujeres que podían hacer polvo su corazón por una misión a cumplir. Mujeres fuertes.
–Primero tendría que pedir mi mano, Señor. –Contestó cordialmente la Teniente. El Comandante Libnis a su lado, la tomó de la mano y depositó un suave beso mientras ella le sonreía.– Y en eso ya se le han adelantado. –Por el trato soñador de aquella pareja, era difícil imaginar que en la dura y antipática personalidad de Fhler Nelvik existiera el contexto romántico de leyenda, pero algunas cosas simplemente desafían todo pronóstico.
–No puedo imponerme a eso. –Wufei tomó su copa y la alzó a modo de brindis sin abrir la boca. La señal de un segundo mesero le siguió.
Él mismo no podía hablar de cariños extraños. Como si no fuera poco las historias que se generaban en una guerra -Yuy y Relena, por ejemplo-, los romances escondidos que todo el mundo sabía muy en el fondo -Trowa y Quatre-, y las nuevas tendencias -Duo y Heero, por no hablar de más-, y, sin ir más lejos, él mismo…
–Aunque hubiera sido interesante verte, Wufei. –El aludido levantó las cejas sin disimulo. ¿Trowa hablando por voluntad propia? Tenía que estar tomado a esas alturas. Él o el mismo Trowa.
No había duda de que la base tendía a cambiar a las personas. Si era el aislamiento, la rutina, o algo más, no lo podía asegurar. Lo que si recordaba, es haberse sentido completamente sobrepasado a las dos meses de llegar, y que gran parte de la culpa la había tenido él mismo. Él, por exigirse hasta el abuso sólo por cumplir las expectativas. Las expectativas de Delphine Vretfor.
–Wow, yo apoyo esa opinión. –Intervino Duo de inmediato. Una tercera señal se le dio cerca de la orquesta.
–Lo que tú quieres ver Duo, es que haga el ridículo. –Contestó Wufei. Duo fingió sorprenderse y después resentirse por la acusación. –Y ahora que lo pienso seguramente Trowa también. –Y la inmutable actitud de este, bebiendo tranquilamente de su copa, pareció confirmarlo.
Fueron momentos en los que probó su esencia misma y su límite. Todo por una aprobación que no le era necesaria a nadie más que a él. Un gesto, por mínimo que fuera, era suficiente para sentirse premiado o desilusionado. Él entregó el completo control de su voluntad, como si la hubiese envuelto en un presente, a esos ojos de inflexible censura.
–Se dice que los más callados son los más osados, ¿no? –Agregó muy orgullosa, Diatlov, haciéndole un gesto coqueto a Trowa quien se había lucido sin mucho esfuerzo. No que este le hiciera mucho caso, pero Trowa no hacía mucho caso a nada, a no ser que fuera Quatre.
La joven Delphine era impaciente y precisa. Ella aplicaba en su cabalidad la idea de que las cosas sólo podían salir bien si las hacía uno mismo y lo que ella no podía hacer, lo mandaba hacer con su enérgica supervisión. Sin lugar a dudas sería la siguiente al mando en la línea de Generales. La Coronel Delphine Vretfor.
–En ese caso, -sin ofender- me parece que Heero tiene la ventaja. –Remarcó tenuemente agresivo, el buen Quatre. A nadie le pasó desapercibido, pero tampoco se hizo evidencia alguna. Siempre era divertida una escena de celos, estuvieran o no declarados. Al menos a Wufei así le parecía.
Y sin embargo, él no podría expresar nunca nada de eso y no lo haría jamás.
–Es sensato callar cuando no se tiene nada que decir. –Remarcó con sutileza siempre correcta, Sophia Verliak, salvando a su pareja. Heero entre la tormenta interna que experimentaba era completamente indiferente a la conversación.
Wufei recordó, entre el combate de diplomacias sobre esa mesa, la razón del cambio más brutal de su formación. Se dice que aquello único capaz de cambiar al corazón, ocurre sólo una vez en la vida.
Mas, tristemente, el mismo día que su padre, Delphine murió.
–A eso, no se puede alegar nada. –Wufei. Miró a su alrededor por un momento, contemplando ese momento para dejarlo en su mente.
Wufei se levantó de la mesa, cortando la conversación. Había encontrado las palabras mirando alrededor, enumerando sus vivencias en aquella base. Inevitablemente, estas le llevan a mirar a quien conoce toda la historia.
Negro
Hayame Lio Yu, le había correspondido con entereza la mirada, y sin saberlo, le dio las primeras palabras de su discurso.
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Aquel festejo se quedaría grabado en su memoria por varios motivos. Entre ellos las primeras muestras de un cambio colosal de personalidades. Y seguramente generaría muchas reflexiones y rumiantes preguntas en un futuro, pero él, al ser de naturaleza práctica sobretodo en situaciones complejas, para no nublarse la cabeza se limitó a las vanidades en su primer recuento del esquema.
Jamás podría decir que comió, menos pronunciarlo. Cuando los meseros se acercaron con sendos platillos, ninguno fue el mismo. Pidrirezka a lo largo de la semana se había dedicado a indagar de manera imperceptible y más que profesional, de los gustos e inclinaciones culinarias de cada uno. Si bien había que sorprenderse y admirarse de tal hecho, digno del mejor de los espías rusos, también había que tenerle miedo.
De cualquier manera, como esto hacía suponer, no hubo queja u objeción alguna y ningún plato se dejó sin vaciar.
Entre la comida, Duo pudo entretenerse no sólo en la gourmet, sino en la compañía que lo rodeaba.
Por fortuna o desgracia, según se vea, Duo no se encontró cerca de Saker. Al contrario de Heero quien con una sola provocación mataría al pelirrojo a su lado. Cada vez que el pelirrojo abría la boca, el moreno se tensaba de tal manera que alguna tuerca de las que tenía adentro saldría disparada al menor descuido. Era divertido, no obstante sabía que estaba siendo morboso ante la evidente repugnancia –por que no podía hablarse de menos- entre los dos comensales. El que mostraran compostura se debía seguramente a que les faltaba pretexto para hacer una escena y verter sangre por todos lados.
Está bien, tal vez estaba exagerando un poco. Pero en su cabeza todo eso podía pasar sin mucha dificultad y era eso lo que más le divertía.
Duo se regodeaba en compararlos y asimilarlos. Sabiendo que se parecían más de lo que ninguno jamás aceptaría.
Aquella parte impulsiva de Heero, lanzándose a descabelladas acciones que sólo él podía realizar y nadie detenerlo, y la astucia galante de Saker que lo convertía en el más embaucador de los seductores, le habían formado una fantasía difícil de resistirse a imaginar, sabiendo que con el japonés tenía un vinculo con privilegios que el estoico joven no regalaba a nadie y con el ártico tenía una evidente atracción; física, no lo negaba, pero también anímica.
Estos pensamientos sólo lo hacían regodearse en su persona, mientras disfrutaba del paladar y la compañía.
Las únicas cosas que desviaron su atención en un par de ocasiones fueron; la resentida reacción de Quatre, de la que no entendía con precisión el porque, pero que le hacía sospechar y confirmar los sobreentendidos. Sin embargo iba a ser prudente y dejarse de especulaciones, ya se había tomado tres copas y no era tan confiable para entonces. ¿Por qué le había entrado ese ímpetu bebedor? Tal vez para tener excusa en la noche. Se sonrió.
Lo segundo fue el discurso de Wufei. Vaya que el hombre tenía lengua después de todo. Sin embargo, con sinceridad, no le había entendido una palabra. El ruso era un idioma más complicado de lo que parecía y él no se había esforzado mucho en aprenderlo.
La reacción de sus subordinados en cambio la percibió muy bien. El ritmo de las palabras, la resonancia de sus pausas le hacían pensar que cada oración llevaba un elegante peso de verdad y benevolencia, sin quitarle dureza y realidad.
Los ojos de Trowa, de expresión sorprendida y maravillada pero a cada momento más seria y atenta, en conjunto con la fijeza del resto de las miradas en el salón, delatando la consonancia del discurso corto pero aparentemente emotivo que había pronunciado Wufei. Por el clamor de la respuesta, supo que su amigo a aquellas alturas, no sólo era un experto de la palabra, sino también un aclamado líder.
–Eres ligero de pies. –Escuchó la voz de su acompañante risueña y regresó de sus reflexiones. Daban la última vuelta del tercer vals.
–Puedo decir lo mismo, pero tú tienes gracia y delicia al moverte. –Bromeó coqueto en respuesta. La risa de la asiática se escuchó al terminar la música. Podía notar, por el desenfado de su alrededor, como poco a poco la solemnidad se disolvía en la agitación de una celebración.
Se habían levantado poco después de que Wufei terminara su discurso. Al gesto cortes de su mano, la orquesta había comenzado a tocar las notas del baile, mientras la Comandante respondía con elegancia a su invitación. Caminando al cetro de la pista, el resto de los comensales de la mesa principal les habían seguido.
Duo observó divertido como Heero y Saker se habían ignorado con dificultad al caminar muy cerca el uno del otro, pero lograron llegar sin hacer aspaviento. "Bravo muchachos, muy bien, estrellita en la frente para los dos" pensó Duo burlándose de lo lindo. También se había percatado que el moreno hacía esfuerzos por no mirarle, quizá muy conciente de que se mofaba de él, quizá desconcertado por su aparente falta de reacción al encontrarse nuevamente desde el incidente de la noche pasada, quizá por que estaba harto del teatrito que montaba Wufei para todo esto. ¿Quién sabía lo que pasaba en la mente de Heero de todos modos?
Como si él mismo no hubiera notado los muy sutiles pero evidentes desplazamientos de personas, las extrañas señas de los meseros y la eficiente coordinación de la banda para cambiar el ritmo de la música. Wufei mantenía la calma y la compostura, incluso se daba el lujo de disfrutar realmente de la fiesta así como de mostrar aburrimiento a la enorme cantidad de saludos y cortesías que debía contestar de todo el que se le acercara.
También entendió con claridad por que su pareja de baile era su seguro. Wufei no podía caminar dos metros seguidos sin que se le acercaran personalidades. Entre invitados diplomáticos y conocidos de antiguas empresas militares, no tenía mucho espacio para respirar. Pero Araxiel, con su belleza fina y compuesta, aun algo marcada -a conciencia- por el ámbito militar de su propia representación, mantenía descansos en la difícil tarea del oriental, bien conocido por su poca paciencia, con tan sólo sugerir que la siguiente pieza estaba por comenzar.
Duo pensó que sus propias parejas debían ejercer el mismo papel, ya que todas a sabiendas de su posición, los acaparaban antes de que la multitud les pusiera en el mismo compromiso que el de Chang.
Cada uno atendía el problema de manera distinta, Quatre no se veía tan contrariado, según pudo deducir, su educación le tendría bien adiestrado para estas situaciones y su compañera, con esa angelical y apenada actitud, desmantelaba con efectividad la demanda de cualquier otro invitado, por mucho que quisieran acercarse a Quatre. Este usaba de argumento la compañía tímida e inocente de su compañera para escaparse cronométricamente de los más insistentes. Finalmente, todos ellos eran algo así como una celebridad, más aun en el ambiente militar.
Trowa no controlaba tan bien la situación, por que en realidad él no la controlaba. Duo miró con gracia como el castaño era acaparado con fiereza por su acompañante, que con desenfado cortaba rápida y francamente, los intentos de separación por parte de otras personas, sobretodo otras mujeres. Trowa no expresaba nada, fiel a su característica seriedad. Había delegado con gusto la tarea de distraer al resto del mundo a su acompañante que no se veía para nada indispuesta, mientras él se dedicaba a observar alrededor, buscar con la mirada a sus compañeros y de vez en cuando dar un saludo obligado.
Heero era otro cantar, pero quizá el aire cortante y obviamente más inaccesible que de costumbre, era más práctico que las tácticas de una acompañante, que había que agregar era la niña Verliak a la que a leguas se notaba, le tenían un respeto casi reverencial y no se atrevían a separar a la parece si no fuese por voluntad propia, misma que no parecía tener intenciones. Los dos al ser tan serios recibían los saludos y cortesías, devolvían un par de palabras y caminaban por la pista más que bailar. Incluso Duo llegó a verlos hablar un poco entre ellos, pero sin mostrar mucho interés. Que aburridos.
Los otros dirigentes no tenían tanta aglomeración, sería quizá la costumbre que se les tenía o la soltura que mostraban, pero ni la Teniente ni su acompañante tenían problema para saludar de vez en cuando entre el cambio de melodías y volver a la pista, ni Saker con la doctora Varzar, parecían ser molestados en exceso.
Estaba conciente que en su caso la cosa era un poco distinta, por mucho que quisiera evitarlo, la comitiva de mujeres aun lado de la pista comenzaba a mandar miradas de muerte a su pareja de baile, y de un momento a otro tendría que ceder si no quería accidentes graves.
–Creo que es hora de compartirte un poco. –Comentó Hayame Lio Yu, se inclinó a modo de despedida, le dedicó una sonrisa que delataba más burla hacia él que hacia las poco disimuladas jovencitas y caminó arrastrando las miradas fuera de la pista.
Entonces alguien se colocó de inmediato frente a él, llenando el lugar que había dejado la atractiva oriental. Observó sonriendo a su pareja. –No me negaras la pieza ¿verdad, Fugaz? – La Comandante en toda su belleza, había ganado el lugar a las jovencitas y al parecer estaba conciente de ello pues su sonrisa se amplió al ver que Duo observaba el gesto de berrinche que había alcanzado a hacer una de las jóvenes. El mismo sonrió.
–Que mala eres. –Respondió el mientras la tomaba de la cintura.
–Como toda buena líder. –Soltó ella riéndose. Duo había descubierto cierto humor negro en la forma de ser de la mujer y personalmente no le desagradaba, se parecía un poco más a sus verdaderos pensamientos y a diferencia suya, Araxiel no parecía tener remordimientos por las reacciones que sus bromas podían tener, al contrario parecía burlarse de ellas. No sabía si eso la hacia ser más mala o tenerle mucho humor de la vida.
–Me extrañó tanto que Hayame aceptara tu invitación. –Comentó ella, después de un rato de bailar. Su mirada, más de delatar indiscreciones, parecía quererle comunicar algo.
–¿Por qué lo dices? –Contestó él siguiendo la carnada. De pronto sintió que le estaba informando sobre el verdadero motivo de la fiesta.
–Por que adora su trabajo y es difícil despegarla de él. Seguramente quería ver la acción de primera mano. –Soltó mientras daban una vuelta con la música.
–¿De verdad, en qué trabaja?
–En la morgue de la base. –Contestó ella, mientras le estiraba con un brazo. Su rostro sonriente pero sus ojos serios y no pudo distinguir si bromeaba o no. Cuando regresó a su posición cerca de él sonrió. –Y en la sección de antídotos en el hospital. –Duo debía tener una cara que delataba sus pensamientos para que ella se riera así. –No te preocupes, no creo que lleguen a la plancha. –Aclaró riéndose.
–Ooooh, así que estamos siendo la fachada para sacar sospechosos, ¿eh? –Completó Duo divertido al comprender la complejidad de la situación.
–¿Te gusta la idea?
–Muy creativa.
–También queríamos divertirnos y el aniversario de la base se atravesaba. –Araxiel se alzó de hombros y Duo se rió llamando aun más la atención del resto del salón. Entonces hubo un cambio de ritmo y el cambio de parejas se sugirió. Duo alcanzó a distinguir una cabellera de un color inconfundible antes de recibir a su nueva pareja.
Carmín.
–Sabes que tendrías que llevar el cabello recogido. –Alcanzó a escuchar antes del cambio de un compás. La Comandante y el Coronel bailaban juntos en ese momento.
–Ayuda al efecto. –Contestó la voz ronroneante del Coronel sabiéndose culpable.
–Algún día te mataran por esos efectos, Sak. –Se le soltó a la Comandante y Saker sonrió e inclinó la cabeza en un gesto afirmativo. El ex–piloto soltó una carajada también.
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Duo siempre había tenido un aire coqueto, con intención o sin ella. A veces era conciente de lo aguda que podía ser esta cualidad, otras lo hacía con tanto desenfado que no parecía intencional. En aquel momento, bamboleándose descaradamente en la pista de baile cambiando pareja en cada compás -a opinión de Heero- estaba haciendo el idiota, conciente de esa cualidad. Pero también tuvo que admitirse, a humillación propia, que a él le era especialmente irritante tal exhibicionismo, por su condición.
Cerró los ojos un momento para despejarse. Era ridículo pensarlo, irónico, burlesco, pero vamos, que no era estúpido. Tal vez, algo lento. Claro, ahora tenía sentido… era tan idiota.
El bocafloja le gustaba. Le gustaba y eso no le gustaba a él.
Racionalmente hablando no le gustaba. Porque su cuerpo y su cabeza y sus emociones y todo iban por su cuenta sin su consentimiento y andaba haciendo imbécil delante de todo el mundo creyéndose únicamente él solo, el cuento de estarse adaptando a la nueva vida del sistema pacífico.
Patrañas.
Era idiota.
Todas las estupideces propias de la edad adolescente se estaban acumulando en ese preciso instante en su cabeza. Todos aquellos años de reprimir impulsos y contener reacciones, de pensar y racionalizar gestos, emociones y sentimientos, todo estaba cayendo lentamente en una desordenada clarificación.
A su fortaleza interior alzada de orden y compostura la amenazaba un temblor de los cimientos, una vibración cada vez más notoria en todas las paredes. Moviendo y dejando caer poco a poco, las pequeñas piezas colocadas con menos cuidado sobre las sólidas barreras aseguradas a sus ideas. Con alarma sentía como el estremecimiento interno, dejaría de ser una amenaza para convertir en un hecho la ruptura de los enlaces más rígidos de la estructura, quebrando poco a poco desde dentro hacia fuera, la disciplinada defensa de su alma. Descomponiendo primero su cabeza y pronto la compostura, al tratar de controlar el ataque de sus propias emociones.
Duo, Duo y Duo. Un dolor punzante se filtró en su cabeza, como si una vena hubiera cobrado movilidad de pronto y luchara por enterrarse aun más en su cerebro. Era una sensación no menos molesta que el tener… ¿nauseas? Ni siquiera sabía que tenía en el estómago que pareciera un dolor ajeno, independiente de él y a la vez tan suyo, cuando Duo se acercaba apenas un metro y volvía a alejarse bailando dejándole ese malestar.
Sólo sabía que de un tiempo a acá si había evidencia clara de sus sentimientos, eran las pequeñas acciones fuera de su rutina que él había adjudicado en un principio a su nueva sensación de libertad. El prácticamente correr –bueno, no lo que se dice correr pero si moverse como si fuera una prioridad- a atender las llamadas que venían de parte del parlanchín, el prestar más atención de la necesaria a lugares, eventos, fechas y o menciones en donde Duo se viera involucrado, el que tuviera la paciencia para revisar las tonterías que le mandaba por correo o que le tolerara sus bromas y demás embustes cuando estaban juntos, incluso era claro para él… si no fuera por que lo hacía él y era un idiota.
Si fuera cualquier otra persona, se habría dado cuenta fácilmente y aunque no hubiera hecho mención de ello y tan siquiera darle importancia, lo habría notado. Como uno de esos miles de detalles que notaba y analizaba constantemente, y simplemente lo habría metido a su base de almacenamiento para la vez que lo pudiera o tuviera que usar.
¿Pero con él? Rayos, era humillante.
Y así, se había estado preguntando como era posible que Duo lo desbalanceara tanto de vez en vez, creyendo una fortuna que nunca pasara a la vista de nadie. Con la única excepción que recordaba.
En una ocasión Relena lo vio perder el control ligeramente hablando por teléfono con Duo, por que ella estaba en al misma habitación. Había sido la insistencia sobre una tontería, pero él se había alterado porque Duo había vuelto ha hacerlo, sabiendo cuanto le fastidiaba.
Relena. Diablos. Volvió a cerrar los ojos. ¿Cómo podía ser tan idiota?
–¿Nos sentamos? –Vino la voz templada de Sophia Verliak a su lado. Hacía rato que habían dejado de bailar y se encontraban de pie a un lado de la pista, contestando de vez en cuando venias de los concurrentes más entrometidos. Él afirmó y acompañó gentilmente a la menuda figura de rubios cabellos desplazando a la gente hasta llegar a sus lugares en la mesa principal.
Se sentaron sin muchas ceremonias, en la mesa también se encontraban la Teniente y su esposo, justo en el otro extremo. Sophía bebió un poco de agua. –¿Está más tranquilo?
Heero asintió escuetamente una vez la hubo imitado. Era conciente de la sabiduría de la jovencita. Habían hablado poco, pero lo suficiente para que Heero la considerara en parte su confidente. Teniendo muy en claro que ella había detectado, su sufrimiento actual, mucho antes que él mismo. –Sólo… –hizo una pausa, respirando a conciencia. – Me siento algo idiota. –Declaró.
La niña le miró y asintió lentamente, volvió a mirar al frente. –A todos nos ocurre. –Heero desvió su mirada de la pista al joven rostro de fieros ojos azules, apenas moviendo su rostro. –Enamorarse. –Contestó ella mirando distraídamente en torno. Heero suspiró escuchando la abierta exposición de un escenario al que evidentemente todavía no se había hecho a la idea. Giró rápidamente la cabeza devolviendo la mirada a la pista, sintiendo y conteniendo con dificultoso éxito la sensación de la sangre caliente subiendo a la cabeza. Respiró para clamarse, notó de lado, una ligera sonrisa en el rostro infantil de cabellos rubios.
Seguramente era el motivo de burla de todos quienes se hubieran percatado de la situación. Eso lo hizo sentir más enojado consigo mismo que molesto con el resto del mundo. Pero increíblemente irritado con Duo.
El susodicho soltó una carcajada en una esquina de la pista donde le robaba a un mesero un par de copas de champán y regresaba con un grupo de jovencitas. Fue perfectamente conciente del cambio de ritmo en su corazón.
Al parecer, el único inconciente de la situación era el más afectado después de él mismo. Duo había actuado con absoluta normalidad al verlo en la recepción.
Se atrevió a pensar que quizá sufriera amnesia por la cantidad de alcohol que tenía encima. Pero no era posible, no lo subestimaba tanto. Lo que si no podía confirmar era si Duo estaba realmente conciente de lo que aquel contacto podía significar para él, una persona privada de esa particular intimidad desde el momento en que fue recogido de la calle. No le eran desconocidas las situaciones, pero jamás hubo una interacción personal, algo que pudiera llamarse experiencia propia. Eso lo dejaba desvalido en este contexto, dado que no se encontraba dentro de ningún lineamiento de misión.
Quatre se había unido al grupo de Duo y las demás chicas mientras Hayame Lio Yu recuperaba a su pareja. Sin embargo, no se movieron de ahí, y Duo abrazó efusiva y cariñosamente a Quatre y este aunque algo asombrado, no mostró molestia alguna. Mucha gente comenzaba a ocupar la pista.
También pensó que en Duo tal acto podía no significar tamaña confrontación de sentimientos. Un contacto coqueto, casi explorativo, un mero juego, para evadir la monotonía, el desasosiego de la prueba perpetua en la que se mantenían después de la guerra. Una constante para no perder el control, sabiendo que no eras ciudadano del mundo.
Sabía, por boca del mismo Duo, que no era la persona más apegada a las normas sociales, mucho menos a las morales, específicamente aquellas que tenían referencia con el acercamiento personal. Duo cruzaba con facilidad ese límite sin sobrepasarse de manera que fuera molesto.
Duo volvió a reír y el grupo se hizo más amplio. Duo incluso miró hacia la mesa, en su dirección y sonrió alzando la copa. Él oprimió su estómago y endureciendo sus facciones alzó la copa para corresponder el saludo más por etiqueta que por gusto. Duo volvió a prestar atención al grupo como si nada. Trowa y su acompañante también se les unió. Ligeramente aliviado y trató de mirar en rededor para distraerse.
Un joven serio de figura vigorosa pero menuda, de cabello negro y llamativos ojos amarillos, atrajo su atención. Le conocía, recordó entonces que el muchacho era uno de los que habían salido del interior de la montaña junto con Wufei, hacía tan solo poco más de una semana atrás. Pero esos ojos también le recordaban con mucha molestia a alguien más.
–Son parientes. –Dijo Sophia de pronto. Heero la miró. –Octubre Nelvik. –Confirmó la identidad del joven. Los ojos amarillos del joven al fondo del salón, vigilantes y duros eran una copia exacta de los del pelirrojo que bailaba desenvueltamente en la pista. Sin embargo, su expresión mucho más seria e inflexible le quitaron esa irritación que sentía con el taheño.
Como si le hubiera llamado, esa mirada se reflejo en sus ojos con precisión. Un disparo de alarma tensó su cuello un segundo por el rigor de aquellas pupilas. Entonces el joven le ofreció un respetuoso saludo con una sutil inclinación. Heero lo devolvió y del mismo modo los penetrantes ojos miraron en otra dirección.
–Sabe, eso mismo, lo provoca usted con su mirada. –Comentó Sophia, Heero devolvió su mirada a la pista.
–No era conciente. –Contestó. Había llegado a la conclusión de que Sophía era una especie de gurú especialmente preciso con personas inconcientes de sus sentimientos, como él. Así que la exactitud casi telepática de su empatía, había dejado de sorprenderlo en esos pocos días.
En aquel momento sintió pesado su cuerpo. Nunca le había ocurrido, pero supo identificar el cansancio de sus propias emociones. Un reflejo tras él le hizo mirar el ventanal a su espalda. La luz había cambiado y el atardecer rojizo que alumbraba el rostro de la dama guerrera cambió a un profundo azul, produciendo un efecto de espejo en el vidrio.
Cobalto
Su mirada fue tan contundente como la que momentos atrás le había provocado tensión. La risa de Duo resonó una vez más. Él cerró los ojos y suspiró.
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El plan estaba funcionando, no faltaba mucho para que pudiera relajarse. Había bailado con unas cuantas mujeres más, para después regresar con Nadine. Ella también se veía contenta con su trabajo.
La pista se iba llenando con gente y ellos decidieron salir y unirse al grupo que habían formado los ex–pilotos, Wufei se encontraba hablando con diplomáticos al otro lado del salón.
Había sido interesante observar a cada uno de los integrantes del grupo. Todos se comportaban correctamente pero cada uno en su estilo. Lo que indicaba una personalidad definida a pesar de la vida de batalla y un carácter demasiado labrado entre muertes y pérdidas.
No era que él mismo pudiera excluirse de esa descripción. Pero en su particular caso, había tendido una educación preparatoria para enfrentarse a todo, o casi. Así que el análisis constante de gente que tenía una gran similitud con él, le era un tanto morboso.
El que más le atraía era sin duda Duo Maxwell. Su soltura y humor se ganaba con facilidad a la gente y Saker se preguntaba como era posible que un joven más bien perturbado por la guerra pudiera tener ese ángel. Un tanto forzado, un tanto natural, pero ángel finalmente.
Trowa Barton era discreto y templado. Como si por momentos, en lugar de estar a un lado de la parlanchina de Helena Diatlov quien claramente quería llevárselo entrada la noche para motivos poco pulcros, estuviera en realidad flotando a una altura que ninguno de los presentes podía alcanzar. Miraba en torno, para volver a la conversación con exactitud y elegancia en sus respuestas.
Quatre Winner, era un caso particular de muchacho dorado, más allá de su cabello y ojos turquesinos; su hablar correcto y dulce, encantador y sutil, llevaban con de la mano con sutileza indescriptible el desvío de las preguntas incómodas, de las indirectas mal habidas y los halagos venidos a más. Todo esto, sin descuidar en ningún momento la compañía de su siempre apenada acompañante, que ahora se veía muy dispuesta a entrelazar su brazo en el protector cuidado del rubio.
Con todo, podía notar alguna fricción entre el pequeño grupo. Maxwel estaba evitando algo, no podía confirmar que cosa, Barton, tenía una prisa oculta y Winner mostraba atisbos de descontrol de vez en cuando, sobretodo ante los comentarios más bien imprudentes de Diatlov, que aunque Saker sabía que estaba interpretando muy bien un papel determinado, también se estaba sobrepasando.
Las respectivas compañías de los que integraban la mesa principal actuaban como seguro de escape ante las engorrosas molestias diplomáticas, y con excepción de la acompañante de Winner a quien más que un seguro le daba un pretexto, todas habían asumido muy bien su posición acaparadora para sus acompañantes.
Wufei y Araxiel no representaban un problema pues ellos mismos habían cerrado el teatro entre ellos, y al ser oficiales los dos, los acercamientos de la concurrencia eran sumamente medidos y escasos los arriesgados. Y de Yuy prefería no hacer ninguna mención, ni siquiera mental, por mero y exclusivo capricho e irritación.
–Saker. –Su nombre puntual y la presión de su brazo le indicaron la llegada de alguien de quien Nadine le había advertido. La Señora de Varzak, la madre de Nadine se acercaba noblemente, con la nariz un tanto alzada, hacia ellos.
La familia Varzak era una poderosa influencia en la base y en la región, al ser dueños de una considerable parte de los terrenos conjuntos a la misma base y por lo tanto con un poder estratégico de control terrestre. El que además sus hijos fueran pioneros en las ciencias bioingeneticas dotaba de alcurnia al nombre.
Nadine y Saker, no estaban juntos por casualidad.
La señora Varzak, era una mujer de estatura promedio y delgada con un porte que ahuyentaba a la gente sencilla, una técnica practicada por años. De cabello rojizo y rizado, con una cara sin duda muy hermosa en años anteriores y que ahora mostraba signos de la edad y la tristeza cenicienta de una guerra.
El acercamiento de la mujer, escoltada por un hombre demasiado severo para ser únicamente un acompañante, como bien esperaba, apartó gente del gran grupo, hasta dejar unos reducíos valientes. Saker no se alteró, la mujer se convertiría en su familia después de todo. Pero por experiencia, supo poner toda su atención en dicha dama y dejar de prestar atención al resto del mundo.
Nadine se adelantó entonces, se inclinó un poco antes su madre a modo de saludo. –Madre. – Y se colocó a su lado, enseguida Saker presentó un saludo. –Señores, la Señora Cathaline Varzak. –Presentó Saker al resto, según lo indicaba la etiqueta. – Los demás se inclinaron. La mujer respondió apenas con un movimiento corto de cabeza y cerrando los ojos devolviendo el saludo.
La señora Varzak dirigió su mirada a Saker y abrió sus delicados labios, pero un parpadeo desvió su mirada hacia la persona detrás del pelirrojo.
–Stefanth… –La mujer, generalmente imperturbable miró al susodicho con enormes ojos abiertos, en su rostro había una mezcla distorsionada de confusión, esperanza y negación. –No… Tritón… –Murmuró al final y un brillo de convencimiento se asomó en sus ojos acompañado de la desorientación previa al desmayo.
La mayoría se inclinó para evitar la caída de la noble mujer, Saker la detuvo a tiempo y ella no perdió el conocimiento.
–¡Madre! –Exclamó Nadine tomándola del brazo. Se las arreglaron para llevarla a un lugar menos concurrido que la orilla de la pista de baile donde se encontraban y después de sentarla y pedir un poco de agua, murmuraron algunas rápidas palabras entre ellas. Nadine se levantó entonces de lado de su madre en una actitud mucho más dura que hacía unos momentos. Una actitud que Saker asociaba al trabajo de entre guerra. Entonces se acercó a Trowa, quien se encontraba cerca y atento, algo extrañado pero elegante aún, y lanzó una pregunta sin vacilación.
–¿Eres Tritón Bloom?
Sorprendentemente la expresión de Trowa, se vio perturbada.
Memoria
Sus ojos se desviaron en busca de alguien entre la multitud.
Dorado.
Saker supo que buscaba una cabellera en partícula, pero ésta se había desvanecido.
Continuará…
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Notas de Autor:
Ok…
Como dice mi beta DC, como ya va siendo costumbre, se que querrán matarme, por el final y otras cosas. Así espero, de todas maneras, no les haya decepcionado mucho. No tienen idea de cómo me costó concluirlo. Miles de ideas y ninguna quedaba bien aterrizada, combinen eso con poco tiempo y falta de inspiración y la suma les dará como resultado el tiempo que me tardé en publicar. (Ven, matemáticas aplicadas xD)
Aquí sigo, sin embargo, y seguiré si me dejan. ^^
Sus quejas y tomatazos son bienvenidos. Nos vemos el próximo capítulo.
Próximo capítulo: Gracias al Olvido.
Reviews
/ Fabiana: Que bueno que te animaras a escribirme algo, lo tomo como una buena señal. Como ves, Trowa y Quatre aquí tienen su protagonismo también. Disculpa la tardanza. / Fulldomination: Espero que aún siguas este fic :P Muchas gracias, cambio y fuera. / AranaTokashi: Te escribo aquí por que no puedo enviarte un MP. Gracias me alegra que te guste la historia, espero que aún la sigas y que no te haya desencantado la reacción de Heero y Duo. / Avalon Maxwell: Ya se que te he dejado entripada mucho tiempo, pero aquí sigo, sin abandonar. Gracias por escribir, ojala sepa algo de ti ahora. / Aleli HanaSaki: Aquí está la continuación. ^^ / Yuuki08: Espero que continúes por acá, que bueno que te gustara Saker y la historia. / Julia Belmont: Pues ya ves, he vuelto, no andaba muerta, no más de parranda. Aquí está el siguiente cap. Me alegra mucho que te gustara la historia y Saker, el niño tiene su pegue por lo que veo xD. Nos estamos viendo. / Cratos: ¿Qué onda con tus seudo-review? XD /
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