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Capítulo 2: Se acerca el invierno.
A los sureños les encanta vanagloriarse, se consideran más importantes y avanzados que los norteños. Nos llaman salvajes, dicen que somos unos bárbaros por no jugar a la política, por llevar pieles y cueros en lugar de sus finas sedas. Dicen que nuestras mujeres son feas por no llevar oro o joyas. Pero no puedes alimentarte de piedras o abrigarte con seda durante el invierno, por muy brillantes o bien confeccionadas que fueran.
Los norteños somos duros, no le tememos a nada, el Norte nos ha moldeado durante milenios, y por mucho que los sureños disfruten riéndose, cuando aparece un ejército de feroces norteños, sus caballeros del verano se cagan encima.
Y sobre todo, puede que seamos más adustos que el resto de los reinos, pero sin duda, nuestras celebraciones eran infinitamente mejores.
En la mesa principal estaban la reina y madre, manteniendo un silencio que parecía ser tremendamente incómodo; mientras, el rey estaba más abajo, riendo con lord Karstark y lord Glover, mientras sostenía a una moza sentada sobre su regazo por la cintura. Por otro lado, a padre nunca le gustaron los banquetes, así que se quedó en una zona algo apartada, conversando con un viejo amigo de la rebelión, lord Reed.
Como heredero de Invernalia y anfitrión de la familia real, a él le correspondía estar sentado en un puesto de honor, a la izquierda del príncipe heredero. A su derecha estaba sentada su hermana melliza, la princesa Argella, y desde ahí hasta abajo y en el otro lado de la mesa estaban sentados los hijos mayores de los señores del Norte que habían acudido, así como los que fueron enviados en lugar de sus padres. Más al fondo estaban el hijo mayor de la reina, y medio hermano de sus primos, el príncipe Joffrey, y su hermana Sansa. Estaban hablando y parecía que el príncipe de rasgos Lannister era la imagen perfecta de la caballerosidad, a juzgar por la mirada en los ojos de su hermana y el rubor de sus mejillas. No tenía motivos para sospechar de él, pero su instinto le decía ese muchacho no era de fiar, y tanto padre como Ser Rodrick, el maestro de armas, le enseñaron a creer siempre en su instinto.
"Así que ahí estaba yo, con diez hombres a mi espalda para enfrentarnos a dos docenas de forajidos, estábamos enfrente unos de otros e íbamos a comenzar la pelea cuando, de repente, salió de la letrina el hombre más gordo que podáis imaginar, con las calzas todavía por el suelo y blandiendo un palo como arma mientras gritaba "¡A LAS ARMAS, A LAS ARMAS! ¡HE AVISTADO INTRUSOS CERCA DEL CAMPAMENTO!", iba tan borracho que ya habíamos empezado la lucha cuando dio la alarma" terminó Orus su historia, provocando el poderoso estruendo que era la risa de su grupo de norteños.
Había estado tan absorto en su entorno que no había escuchado a su primo hasta que terminó su relato y ahora se encontraba en su centro de atención, mientras que su hermana entretenía a los demás de su alrededor con alguna historia.
"Si las miradas pudieran matar, tú estarías de camino al cadalso por asesinar a un miembro de la familia real, mi estimado primo". Al parecer, su vigilancia sobre el príncipe rubio no había pasado tan inadvertida. "No soy un necio, Robb. No le has quitado la vista a mi medio hermano desde que llegamos esta mañana, y haces bien. Estoy seguro de que los rumores sobre sus… tendencias han llegado hasta aquí, y por desgracia no se equivocan. Si por mi fuera, este matrimonio no se habría planteado siquiera, pero mi padre ha estado toda su vida obsesionado con la unión de nuestras casas, y no dará su brazo a torcer". Ahora estaba preocupado de verdad, Orus tenía razón, incluso en el Norte, donde la política sureña es inexistente y a los rumores no se les prestan oídos, los susurros acerca del príncipe Joffrey eran conocidos, decían que era un mocoso malcriado, siempre oculto bajo las faldas de su madre y con tendencias a la ira cuando se le negaba algún capricho. "Aún así, no debes preocuparte, Sansa es tan familia mía como tuya. Argella y yo nos aseguraremos de que esté a salvo. Te lo juro por mi vida".
Sus palabras le llenaron de tranquilidad, no había visto a sus primos en muchos años, de hecho, todavía no era más que un niño cuando se vieron por última vez, pero había oído las historias de los mercaderes, decían que Orus gobernaba la ciudad, y que no pasaba nada en la Fortaleza Roja sin que él lo supiera. Nadie sabía cómo, porque era bien sabido que el príncipe no tenía paciencia para sumergirse en el submundo de la política de la corte, y, sin embargo, siempre parecía conocer todos los movimientos de sus enemigos incluso antes que ellos mismos.
"Por los dioses, otra vez no". Buscando el motivo de la exasperación de su primo, Robb dirigió su mirada hacia la mesa principal, donde su madre intentaba mantener una conversación con la reina, mientras ella observaba a su hermana.
"Ve a saludar a nuestro tío Benjen, yo evitaré que Cercei vierta su veneno en los oídos de Sansa". Cuando Robb se alejó, Orus se acercó a su hermana y le susurró al oído "Creo que es hora de humillar a la reina". Argella sonrió, desde que escucharon el complot de Cercei cuando eran niños, ambos hermanos se dedicaron a desenterrar toda la información que pudieran utilizar en contra de Cercei y los Lannister.
Como eran niños, no pudieron encontrar mucho; pero a medida que crecieron, nuevas puertas se abrían ante ellos. Argella permaneció en la capital, aprendiendo a navegar entre las tramas y complots de la corte, creando la mayor red de información del mundo sin que nadie lo supiera.
Mientras tanto, y para evitar que demasiadas personas se interesaran en su hermana, Orus realizó el primero de sus dos grandes viajes. En su decimosexto día del nombre emprendió una marcha que recorrería los siete reinos en su totalidad. Durante el viaje, se reunió con los señores más importantes de Poniente, forjó amistades y alianzas vitales para el futuro, y mientras estuvo hospedado en Roca Casterly, descubrió el mayor miedo de la reina.
Una bruja llamada Maggy "la rana" había predicho que algún día sería sustituida, que una reina más hermosa y joven ocuparía su lugar, abandonándola al olvido.
Cercei estaba decidida a que Joffrey fuera rey, y todo rey necesita una reina. Así que aprovecharían el futuro matrimonio de su medio hermano para provocarla y obligarla a cometer alguna estupidez que pudieran usar en su contra.
Acercándose a la mesa principal, en la que Sansa ya estaba hablando con la reina, Orus proclamó, "Durante muchos años he viajado a lo largo de los Siete Reinos y mucho más allá, hacia los exóticos confines de Essos, he visto las ruinas de las grandes civilizaciones del pasado y he visitado los mejores burdeles de las matronas de Bravos" esto último se ganó la risa de todo el salón que levantaba su copa hacia el príncipe, que ahora recogía una caja de la mano de un sirviente. "Y, sin embargo, nunca en toda mi vida he visto una belleza más grande que la que hay ahora ante mis ojos" ahora estaba mirando a la reina, que tenía una gran expresión de suficiencia, el mocoso de la puta Stark sabía que no podía hacerle frente y ahora se humillaba ante ella, tal vez le dejaría vivir y lo enviaría al Muro, mientras obligaba a su hermana la puta a unirse a las hermanas silenciosas.
Pero todo ese orgullo desapareció cuando Orus se arrodilló ante Sansa, "Sansa, mi querida prima, eres la dama más hermosa que el mundo jamás conocerá, por eso te quiero hacer un regalo". Abriendo la caja, reveló un colgante de la más fina plata adornado por miles de gemas tan cristalinas que parecían brillar con luz propia. "Estas son las gemas blancas de Lasgalen, las más puras del mundo, que brillan con más luz que las más brillantes estrellas".
Todo el salón estaba maravillado, puede que a los hombres del Norte no les gustase el desperdicio, pero incluso ellos podían apreciar la belleza de aquellas joyas. Que tales piezas de orfebrería fueran entregadas a una dama del Norte fue un gran honor y todos los señores rugieron en celebración mientras la reina enfurecía por su humillación.
La cara de Cercei no tenía precio, sin duda los viajes de su hermano habían merecido la pena, ella misma había recibido un juego completo de aquellas gemas, junto con tres cofres rebosantes de las más finas sedas y de innumerables obras de oro y plata, así como una hermosa yegua, tan blanca como la nieve a la que había llamado Jazmín.
Había vuelto de Essos con un grupo de lo más variopinto, a su monje/soldado que encontró en las calles antes de su viaje al Este, se le unieron un general caído en desgracia y convertido en luchador de los pozos de las ciudades esclavistas llamado Máximo, un hombre de algún lugar de las Mil Islas cuyo clan había desaparecido, y que se hacía llamar Eivor, y por último una mujer, con el pelo tan blanco y de facciones tan bellas que podría ser confundida con una diosa valyria, su nombre era Cirilla, aunque prefería que la llamasen Ciri, y había sido la amante de su hermano desde entonces. Todos eran hábiles luchadores, los mejores que había visto en mucho tiempo, y las personas que siquiera podrían enfrentarse a alguno de ellos se podían contar con los dedos de una mano.
Solo Porthos, el templario, había decidido acompañarlos hasta el Norte, los otros tres prefirieron permanecer en la capital, manteniendo a buen recaudo los asuntos del príncipe.
La fiesta estaba ya acabando, Arya había sido devuelta a su habitación por lanzarle comida a su hermana, Robb y Orus bebían con tranquilidad mientras el salón se vaciaba poco a poco.
Todavía no estaba demasiado cansada, por lo que salió al patio con la intención de sentir el aire fresco de Invernalia cuando escuchó la voz de dos hombres.
Decidiendo investigar, llegó hasta lo que parecía ser un patio de entrenamiento a juzgar por la cantidad de muñecos de paja y armas apiladas en las paredes; en este había dos personas, la primera era un hombre adulto, vestido todo de negro y con una descuidada barba, un hermano de la Guardia de la Noche al que reconoció por su gran parecido al Señor de Invernalia, el otro ocupante del patio era un muchacho, de la misma edad de Robb, estaba colorado y sudando por el esfuerzo y parecía estar suplicándole al hermano negro.
"Tío Benjen, casi temía que no me saludaras en la fiesta". Le saludó Argella a su tío menor. Benjen era el hermano menor de su tío Ned y de su madre, cuando le llegó la noticia de su muerte, decidió que el dolor que sentía solo podría mitigar si se alejaba de su destruido hogar y se unía a la Guardia.
"Argella, por los dioses, como has crecido. Los caballeros del sur deben estar besando el suelo por el que pisas". Poniendo los ojos en blanco por el alago que todos los hombres repetían, se acercó a su tío y le envolvió los brazos alrededor del cuello mientras Benjen le devolvía el abrazo con gran cariño.
"Os dejo a solas, el viaje desde el Muro hasta aquí es largo, y estoy deseando disfrutar de un colchón de verdad". Y con esto dicho se marchó. Ahora que estaba enfrente del chico, había algo que le resultaba familiar en él, sus rasgos eran duros, pero con cierta delicadeza, poseía una gran mata de pelo oscuro y sus ojos eran grises como el hierro.
"Con que tú eres Jon Nieve, el bastardo de mi tío" dedujo, a sabiendas de quién era aquel muchacho esquivo que había permanecido en una esquina durante el banquete y que había desaparecido lo más rápido que los modales le permitieron.
"Perdonadme alteza, no sabía que queríais estar aquí, me iré" dijo el ahora llamado Jon Nieve. "No, por favor, no es necesario que te vayas. Eres hijo de mi tío y eso te convierte en mi primo, no es necesario que te dirijas a mí por ningún título, al menos ahora que estamos en privado". Le tranquilizó Argella, no le importaba que Jon fuera un bastardo. Había conocido a algunos de los de su padre, e incluso algunos señores de la corte, sobre todo los seguidores de Cercei, se referían a su hermano y a ella como tales.
"Así que dime, primo, ¿qué era eso que le pedías a nuestro tío Benjen que tanto deseas?" su curiosidad era genuina, solo había una cosa que un hermano de la Guardia podría ofrecerle a nadie, y Jon tenía muchas posibilidades más allá de ello. "Deseo unirme a la Guardia, mi señora". Por lo menos ya no usaba los títulos reales. "¿Y qué tendría el Muro que tanto os llama la atención, Jon?". La Guardia de la Noche era la prisión glorificada de los reinos al sur del Cuello, un pozo donde arrojar a los criminales cuando terminaba un conflicto o los calabozos rebosaban.
"No hay nada aquí para mí, Lady Stark me lo recuerda cada día; cuando padre muera, Robb será el señor de Invernalia, Sansa y Arya se casarán y Bran y Rickon recibirán su propia fortaleza para dirigir, pero yo no heredaré nada más que la compasión de mis medios hermanos, viviré a su sombra y siempre por su generosidad. Deseo ganarme mi posición en el mundo, y solo puedo lograrlo como defensor del Muro".
Entendía el deseo de Jon por vivir apartado de las sombras, labrarse un nombre en la historia, pero debía advertirle. "La Guardia puede no ser lo que esperas, en el Norte es un gran honor servir como hermano negro, pero para el sur, el Muro es una prisión más a la que enviar criminales. Entiendo tus aspiraciones y te aseguro que hay otras maneras de lograr tus objetivos. Si deseas aspirar a algo más que congelarte los huevos en el borde del mundo, habla con mi hermano, estoy segura de que le encantará conocerte". Y con eso se marchó, dejando a Jon Nieve con más preguntas que nunca.
Lo odiaba, casi parecía que su madre quería torturarla obligándola a estar en las horribles clases de costura de la septa Mordane con Sansa y sus amigas. Lo peor es que ahora se le había unido la princesa Myrcella, y todas estaban más insoportables que de costumbre.
"¿Has visto al príncipe Joffrey?, es tan encantador y galante" sonó la voz soñadora de Sansa, que hablaba con su amiga Jeyne Poole, la hija del mayordomo.
"Creo que prefiero al príncipe Orus, es tan guapo y fuerte, he oído que pude partir troncos con sus propias manos". Estaba claro que la amiga de su hermana estaba enamorada de su primo, iba a burlarse de ellas con la esperanza de irritar lo suficiente a la septa como para que la echara de allí, así podría bajar al patio, donde sus hermanos estaban entrenando con la familia real.
"He visto a Orus hacer muchas cosas, romper troncos no es una tarea difícil para él" las interrumpió Myrcella, soltando una pequeña risa mientras se unía a la conversación.
"El príncipe Joffrey es mucho más apuesto que Orus, no puedo esperar casarme con él para poder darle preciosos príncipes de cabello dorado". Sonaba tan estúpida cuando hablaba de sus fantasías sureñas, que no pudo reprimir el fuerte resoplido que lanzó en la dirección de su hermana mayor.
"¡Arya, esos no son los modales propios de una dama! Aprende de tu hermana y de las princesas". La regañó Mordane, pero estaba cansada de coser y la mejor forma de parar era que la echaran.
"Si debo seguir el ejemplo de las princesas, ¿por qué no voy a buscar a mi prima? No la veo aquí, cosiendo estúpidos bordados". Iba por buen camino, si la creciente vena en el cuello de la septa era un indicador fiable.
"Argella es la dama perfecta, siempre es educada con todos y nunca le habla a nadie sin una sonrisa. Ella me enseñó a coser cuando era más joven y la septa Tolga se cansó de mí". Con cada palabra de la princesa, una sonrisa arrogante se formaba en su rostro, era agradable ver que no era la única con problemas para hacer estas cosas.
"¿Y dónde está? Si es tan buena como dices, ¿no debería estar aquí con nosotras?". Ya casi lo tenía solo hacía falta el último empujón, que vino de la mismísima princesa.
"Orus y Argella son inseparables, a donde va uno, el otro lo sigue, lo más probable es que esté en el patio, ver a Orus humillar a todo el que se le pone delante durante los entrenamientos es su pasatiempo favorito. Recuerdo cuando Orus se marchó a sus viajes, Argella parecía una sombra de sí misma, apenas interactuaba con nadie, simplemente estaba allí, sola y abatida".
Ahí estaba, caña, sedal y anzuelo. "En ese caso, iré a seguir el ejemplo de la princesa Argella, como habéis sugerido, septa Mordane". Y haciendo una burlona inclinación, salió corriendo antes de que nadie pudiera evitarlo.
Ya casi había llegado, estaba corriendo por la pasarela elevada con vistas al patio desde donde padre solía ver sus hermanos entrenar, cuando un par de fuertes brazos la agarraron por la cintura y la levantaron del suelo.
"¡Jon, bájame!" dijo Arya riendo, de todos sus hermanos, Jon era su favorito. Solo ellos tenían el aspecto de su padre, pelo oscuro, ojos grises y rasgos fuertes; Robb, Sansa, Bran y Rickon eran todo Tully, con cabello de distinto tono de rojo y ojos azules, como madre.
Además, parecía que Jon era el único que la entendía, Robb solo pensaba en aprender a gobernar, Sansa era un calco de madre, una pequeña dama sureña perfecta, con Bran se llevaba bien, pero él no era capaz de entender sus frustraciones, y Rickon era poco más que un bebé, así que realmente no contaba.
"¿Qué hace una pequeña dama corriendo hacia el patio de entrenamiento?" Jon sabía cuánto le irritaba que la llamaran dama y se aprovechaba de ello siempre que podía.
"¡No me llames así! Voy al patio, quiero ver entrenar a Robb y a Bran contra los príncipes". Robb era un buen luchador, pero los rumores decían que su primo era casi invencible con un arma en la mano, quería verlo. "¿Por qué no estás allí? Eres mucho mejor con la espada que cualquiera de la guardia". Eso era cierto, Robb era bueno, pero Jon era mucho mejor.
"Un bastardo no puede entrenar con un miembro de la familia real, sería un insulto". Odiaba cuando Jon se menospreciaba a sí mismo, Nieve o Stark, era tan hermano suyo como el resto.
Habiéndose zafado de su agarre y estando ya con los pies en el suelo, lo cogió de la mano y tiró de él con todas sus fuerzas; normalmente no lo habría movido ni un centímetro, pero la sorpresa jugó a su favor y le permitió arrastrarlo hasta la multitud de soldados Stark, Lannister y Baratheon que se reunía entorno a la realeza.
Dioses, esto era irrisorio, había estado entrenando en el patio desde el amanecer con Porthos, era una de las mejores espadas del reino, y cada combate contra él le planteaba nuevos desafíos. Conforme pasaba la mañana, más hombres se habían acercado, a algunos, los que no le plantaban ninguna dificultad, los despachó más rápido, otros, se merecían un trato especial.
Primero se había enfrentado a la guardia real, la mayoría eran solo los perros de ataque de Cercei, no tenían habilidad ninguna, pero Ser Barristan era distinto. Los bardos llevaban años cantando sobre el legendario caballero de la guardia real, y él era uno de los pocos hombres a la altura de su leyenda.
Habían estado casi una hora peleando, hubo momentos en los que creía que por fin lograría la victoria; en esos escasos y distantes mementos parecía que tenía a su mentor contra las cuerdas, luego hacia un desvío o un movimiento que nunca había visto y volvían al punto de partida. El único motivo de la victoria de Ser Barristan después de tantos años aprendiendo de él fue su dilatada experiencia en combate.
No tuvo la oportunidad de luchar contra Ser Jaime, llevaba todo el día haciendo guardia junto a la reina y no se le había visto en toda la mañana. Por supuesto, estaba al tanto de lo que le gustaba hacer a Cercei cuando estaba a solas con su hermano, también conocía la verdadera paternidad de sus hijos, pero dado que él era el heredero de su padre, no vio motivo para contárselo al rey. Por mucho que le doliera, los Lannister sustentaban al reino debido a la inmensa deuda de su padre; una guerra contra Twyn, aunque fuera una victoria fácil, solo arruinaría más al reino.
También se había enfrentado a su primo Robb, y tenía que reconocer su habilidad. Conocía bien los movimientos y sus reflejos eran agudos, pero Orus era una fuerza de la naturaleza en sí mismo. Era una cabeza más alto que Robb, mucho más fuerte y con mucha más habilidad para el combate. Al final estuvo claro que el motivo por el que Robb había aguantado más tiempo que la mayoría fue por el deseo del príncipe de conocer las habilidades de su familia.
Ahora estaba apoyado contra un tronco que se utilizaba para atar las riendas de los caballos, Porthos se había ido hacía tiempo para buscar un lugar tranquilo en el que rezar, y mientras tanto, él observaba a Bran y Tommen entrenar.
Desde luego, "entrenar" no era la palabra adecuada, se notaba que Bran llevaba poco tiempo practicando con la espada, y Tommen ni siquiera había empezado. Ambos niños simplemente trataban de golpearse con las espadas de madera, sin técnica ni un objetivo claro.
Por suerte era imposible que se hicieran cualquier daño. Ambos llevaban tanto equipo de protección que apenas podían dar un paso o doblar los codos. Era como ver dos bolas de lana pegándose con palos.
Aquel espectáculo tan lamentable habría continuado de no haber sido que Tommen se tropezó y cayó, se intentó levantar, pero debido a todo el equipo que llevaba, parecía una tortuga sobre su caparazón y como no pudo ponerse en pie, Ser Rodrick dio por terminado el combate, declarando a Bran el vencedor.
"Príncipe Joffrey, Lord Robb, ¿un combate más?" preguntó Ser Rodrick, el maestro de armas. "Con mucho gusto" anunció Robb, levantándose de su lugar con dificultad. Su primo era una bestia con piel de hombre, Argella se lo advirtió, el extranjero que viajaba con ellos se lo advirtió, de hecho, todos se lo advirtieron. Es cierto que dio más pelea que la mayoría antes de ser derrotado. Sabía que Orus era el responsable de su tiempo extra, pero la sinceridad con la que lo elogió mientras lo ayudaba a levantarse eliminó cualquier animosidad. Por suerte, el hermano menor de su primo carecía de cualquier habilidad para la lucha, y le permitiría recuperar el aliento.
"Esto es un juego para niños" dijo Joffrey con voz petulante, mientras que avanzaba hasta el círculo de combate. "Eso es porque sois un niño" vino la respuesta sardónica del pupilo de su tío, Theon.
Era el hijo menor de Balen Greyjoy, cuando lo derrotaron de la forma más humillante posible por su estúpida e inútil rebelión, se decidió que el muchacho sería criado bajo el ala de Lord Stark, para que, en caso de un levantamiento de los hijos del hierro, su cabeza fuera la primera en rodar.
"¿Qué sugerís, mi príncipe?" Ser Rodrick esperaba que la disputa no se convirtiera en una pelea de verdad. "Acero con filo" fue su respuesta, esperando que Robb se acobardase para poder burlarse.
"Hecho" respondió su primo al instante. "No" cortó inmediatamente Ser Rodrick, había entrenado a Robb desde que era un niño, y ya había visto las habilidades, o más bien la ausencia de ellas, con la espada del hijo mayor de la reina; si permitía que usaran acero con filo, el príncipe perdería algún miembro.
"Te olvidas, hermano, que tienes la destreza de una piedra en lo que al combate se refiere. No confundas la estupidez de entrenar con acero afilado con valentía, si no, nuestros valientes soldados irían al campo de batalla tuertos, mancos y cojos". Conocía a su hermano, era cruel y vengativo, disfrutaba abusar de cualquiera por debajo de él porque sabía que Cercei evitaría las represalias, pero él era su hermano mayor, el príncipe heredero (por mucho que los Lannister quieran negarlo), y con el favor de su padre, que pondría a su hermana melliza y a él por encima de su odiosa esposa y de su malcriado hijo.
"No te metas en esto, hermano" escupió Joffrey, odiaba que Orus fuera el mayor y el próximo rey, odiaba que las damas de la corte se sonrojaran en su presencia y que los señores hicieran fila para besarle las botas; él, y no su hermano hijo de una puta norteña, debería ser rey.
"Si quieres usar espadas con filo, lo harás, pero no contra nuestros anfitriones. Lucharás contra mí. ¿Crees que no sé lo que haces? ¿De verdad creíste que podrías ir por ahí diciendoles a todos cómo me derrotabas en cada combate, o cómo salí corriendo de una cacería mientras tú abatías al oso que estrangulé para salvarte mientras te encogías de miedo? Estoy muy hastiado de tus mentiras, Joffrey, si de verdad eres el hombre que dices ser, adelante, coge esa espada tuya con ese ridículo nombre y lucha contra mí, ¿veamos qué ocurre?"
Tenía que hacer algo, Joffrey era una mala bestia que había que mantener con la correa muy ceñida al cuello, pero tenía raros momentos de inteligencia. Poniendo una fea mueca de desprecio para disimular su vergüenza, se marchó sin mediar palabra con todas las capas rojas, dejando atrás a los hombres de Invernalia y del rey riéndose a sus espaldas.
"El príncipe no olvidará este insulto, mi señor" le habló la voz grave de Sandor. "Mi hermano olvida más fácilmente la lección que el castigo. Joffrey es como una enfermedad, hay que mantenerla raya para que no se propague". Le explicó, y estaba a punto de dar por finalizado el entrenamiento cuando una figura ocupó el borde de su visión.
"¡Jon! Ven aquí, coge una espada, me han dicho que eres el mejor espadachín de Invernalia". Argella le había informado de todo lo que fuera necesario mientras viajaban hacia el Norte, sobre las disputas locales y los sentimientos del pueblo sobre él. La noche anterior estaba en su habitación, leyendo algunos de sus tratados filosóficos favoritos cuando ella apareció. Le habló de su primo bastardo y sobre como sería alguien digno de su interés, un posible miembro de su alegre banda de extraños, como ella los llamaba.
Me sobresalté, hace un momento estaba en un rincón apartado, pasando lo más desapercibido posible, luego apareció Arya. Siempre había sido una niña inquieta que nunca se rendía cuando algo se incrustaba en sus pensamientos.
Sabía que a su media hermana menor no le importaba que él fuera un bastardo, siempre se empeñaba en que fuera a jugar con ella, que le enseñase a pelear; siempre se mostraba reticente por miedo a que lady Stark se enterase, y, sin embargo, de un modo u otro, acababa cumpliendo sus deseos.
Hoy era diferente, pensó, la familia real estaba aquí y los hijos del rey estaban entrenando con sus hermanos legítimos. Solo el día que el Muro se descongelara los bastardos podrían enfrentarse a la realeza en un duelo.
Bueno, se suponía que iba ser así, antes de darse cuenta estaba siendo arrastrado al patio por Arya, vio cómo el príncipe Orus humillaba a todos los que se enfrentaba, fue impresionante verlo luchar contra el legendario Barristan" el temerario", así como fue muy entretenido humillar al príncipe rubio. El problema llegó cuando el príncipe lo llamó para luchar contra él.
"¡Vamos, Jon! ¡No tenemos todo el día!" volvió a llamarlo. "No podría, mi príncipe. Sois el príncipe heredero, un bastardo nunca podría…". Quería evitar a toda costa toda la atención que estaba recibiendo, sin duda lady Stark se enteraría y lo pondría a limpiar los establos o alguna otra tarea que ella considerara humillante.
"En el campo, en una batalla real, mis títulos solo son una diana a la que apuntar. Bastardo o caballero, todos somos iguales ante la muerte". Suponía que tenía razón, que fuera el príncipe heredero no lo protegería en una batalla, solo la habilidad lo mantendría con vida.
Cogiendo una espada de torneo, le dio unas cuantas vueltas y cortes al aire para acostumbrase al peso de la hoja. Poniendo una postura inicial con la espada agarrada con ambas manos en una defensa baja, con la punta en dirección al suelo, se preparó para el combate.
Fue un espectáculo para todos los reunidos, Orus era grande y fuerte, se aprovechaba de su constitución para lanzar poderosos golpes que hacían temblar las extremidades de su oponente cuando sus espadas chocaban. Jon, por otro lado, era bajo y más rápido, sabiendo que nunca ganaría en una competición de fuerza, se concentró en evitar los golpes, moviéndose todo lo que pudo a su alrededor.
Era sorprendente que el muchacho hubiera aguantado tanto, parecía que el príncipe heredero había decidido poner todo su empeño en su adversario, que de entre todos los demás, era el único que verdaderamente podía seguirle el ritmo.
No sabía cuánto tiempo llevaban así, pero Orus nunca se había divertido tanto desde que pudo derrotar a Ser Jaime y ya nadie más que el lord comandante y sus amigos le supusieran un desafío.
Acercándose más con cada embate, forzó un punto muerto en el que estaban cara a cara, con las espadas bloqueando la una a la otra, Jon se estaba esforzando para igualar la fuerza con la que el príncipe le empujaba cuando notó un alivio en la presión, y creyendo que esta era su oportunidad de romper el contacto y derrotar a su primo real, deslizó su hoja hacia abajo, provocando que el mango de la espada de Orus impactar contra su mandíbula y desequilibrándolo lo suficiente como para que el príncipe de cabello negro pusiera su espada contra el cuello de Jon Nieve.
"Impresionante, son pocos los que me puedan dar una buena pelea. Pero recuerda, una espada no es solo su hoja". Le dijo mientras le ofrecía un brazo para levantarlo.
Estaba asombrada, su hermano mayor era la mejor espada de Invernalia, aunque nunca lo demostrara. Tenía miedo de sobresalir demasiado y casi siempre se dejaba ganar por Robb, pero ahora su primo, Orus Baratheon, heredero del Trono de Hierro, lo había desafiado, le había obligado a dar lo mejor de sí mismo y el resultado fue espectacular.
"Si no cierras la boca, te entrarán moscas. Mi señora" sonó una voz divertida desde su espalda. Dándose la vuelta tan rápido como pudo para ver quién se atrevía a llamarla así, se encontró con los ojos de su otra prima. "No soy una dama, no me llames así" realeza o no, nadie la llamaba dama y salía impune. "Ah, pero lo eres, eres la hija de un noble, el señor de Invernalia y Mano del Rey, nada menos. Viajarás con nosotros a la Capital, y se espera que seas una dama educada y perfecta", Arya se estaba irritando, su padre le había dicho que ella lo acompañaría con Sansa y Bran, pero no quería. Quería quedarse en el Norte, aprender a luchar y cabalgar hacia la gloria.
Argella sabía en qué pensaba su prima menor, así que decidió ayudarla. "Ven conmigo, Arya. Te enseñaré que ser una dama y estar indefensa son dos cosas muy distintas" le sonrió con astucia, mientras que de su diadema cogía una de las decoraciones, rebelando que contenía un cuchillo, no más grande que un abrecartas, pero igualmente letal.
Tengo muchos exámenes durante un par de semanas, no esperéis actualizaciones hasta finales de Abril.
Me gusta meter referencias de otras películas y juegos, dadme ideas sobre como hacerlo interesante.
Máximo y Ciri son como los personajes originales, Eivor es hombre, si queréis algún aspecto específico comentad.
Porthos, aunque es el nombre de un mosquetero, tiene el aspecto de James Purefoy en la película Templario.
