(nadaoriginal: lo que sigue es un capítulo bastante cursi, no lo recordaba tan así XD pero después de todos los sucesos lo consideré necesario y me hizo mucha ilusión narrar estos encuentros. Creo que para no alargar demasiado el final iré subiendo dos capítulos a la vez cada semana, contando este quedan seis así que en tres semanas por fin le podré poner el broche de completado).


Las olas del mar danzaban tranquilas debajo del cielo anaranjado. La calma no era un adjetivo que casara con las Islas Remolino, pero aquella tarde habían hecho una excepción para acomodar a su morador y la invitada que traía consigo. Lugia aterrizó suavemente en una de ellas y Lira bajó lentamente de él, dejándose caer bocarriba en la arena. El vuelo le había venido bien para despejarse, pero seguía teniendo el cuerpo entumecido y la cabeza hecha un lío, demasiado había vivido ese día y los anteriores. Aun así, cuando empezó a encontrarse medianamente bien giró la cabeza para ver al legendario y hablar con él, pues cuanto antes le dijera él aquello que quería antes podría volver a casa a descansar.

—¿Por qué me has traído hasta aquí?

Porque quería hablar y disculparme de una forma apropiada.

Eso llamó la atención de la joven, que recuperó la energía suficiente para sentarse y escuchar atentamente lo que tenía que decir. Cuando Lugia vio que estaba prestando atención se acicaló un poco las plumas y empezó:

Soy consciente de que mis acciones no han sido las más acertadas. Hace un año y unos meses desperté de mi largo letargo confundido y perturbado al notar que los siniestros planes del Team Rocket iban a ponerse en marcha con el poder de Celebi a su disposición, y no solo eso, sino que además Giovanni estaba buscando a Mewtwo para que cuando volviera a la organización esta fuera invencible. El poder de ese pokémon es inmensurable, ya has visto que puede darnos problemas a mí y a Ho-Oh, así que no tardé en darme cuenta de que la fuerza no bastaría para solucionar el problema esta vez. Derrotar a Mewtwo no era una opción, había que salvar a ese pokémon para asegurar la victoria, pero para liberarlo del Team Rocket primero tendríamos que liberarlo de sus miedos y eso empezaba por hacerle ver que no todos querrían perseguirlo para condenarlo por algo que sería forzado a hacer. Necesitaba a un entrenador fuerte que se preocupara en exceso por los pokémon, y si bien los Descendientes los aman, sentía que no era suficiente. No me habrían pedido que creara objetivos en el aire para que Mewtwo pudiera descargar su dolor en ellos, como hiciste tú, me habrían pedido que lo siguiera atacando o como mucho cansarlo. Como te dije la otra vez, necesitaba un buen balance entre fuerza y amor y tú lo cumples a la perfección.

—¿Pero cómo supiste que yo era la indicada? —le interrumpió Lira mientras dibujaba en la arena— Cuando empezaste a aparecer en mis sueños el profesor Elm ni siquiera me había dado a Totodile.

No hacía falta que tuvieras un pokémon para darme cuenta de lo que sentías hacia ellos. De todas formas, cuando conseguiste que el huevo de Togepi eclosionara con abrumante rapidez confirmé que eras la persona que buscaba. Aun así me sentía inquieto; no eres una Descendiente por lo que no tenías la obligación de participar en esto, eres joven y podría entrarte miedo al enfrentarte a algo tan grande, ¿podrías llevar a cabo la misión con éxito y salir ilesa? Por si eso fuera poco, mientras le estaba dando vueltas a la situación un día sentí que unos extraños entraron en mi morada. Supongo que sabes que mi antiguo hogar en Ciudad Iris fue destruido. Lira asintió Quemado, para ser exactos, por unos humanos. Al estrés que llevaba tuve que sumarle el temor de que le hicieran algo a mi hogar y quedarme sin uno de nuevo, por lo que la ira me dominó y actúe cegado por el enfado. Capturé a esos cuatro jóvenes para lanzar un mensaje, aunque pasado un tiempo me arrepentí, pero en vez de soltarlos me di cuenta de que podía hacer que pagaran su osadía de una forma más fructífera.

—Decidiste hacerme chantaje con ellos —Lira acabó la frase por él sin esforzarse en esconder su molestia. Lugia asintió.

Lo siento, tras lo sucedido en Ciudad Iris me cuesta empatizar con algunos humanos, sobre todo si entran en mi casa sin invitación, así que los usé como moneda de cambio para asegurarme de que te hacías con las medallas y reunías las condiciones necesarias para salvar a Mewtwo. Sé que lo que hice no estuvo bien, solo ahora que estoy tranquilo me doy cuenta de que aquellos chicos no hicieron nada para merecer lo que les hice y está claro que a ti te podría haber tratado mejor. Antepuse el bienestar de Johto a vuestra salud y como guardián de esta región debo velar por todos sus habitantes, no solo por los pokémon. Quería que entendieras por qué actué así y disculparme formalmente por mis acciones.

—Lo entiendo, aunque con quienes deberías disculparte es con los otros cuatro jóvenes. Lo único que no llego a entender es, si tanto te preocupan los pokémon, ¿por qué hiciste que mi equipo estuviera a punto de ahogarse en los remolinos cuando vine a invocarte?

Fácil. Necesitaba que fuéramos al pasado para que tuvieras esa breve confrontación con Giovanni y para eso tenía que llamar la atención de Celebi, que estaba preocupado vigilando a la guardiana del Encinar. La única forma de hacer que se despegara de ella era provocar una situación en la que tu amor por los pokémon fuera llevada al extremo para atraerlo, así que me vi obligado a hacer aquello.

—Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas, ¿eh? —dijo Lira mientras volvía a tumbarse en la arena. Pasaron unos segundos en los que lo único que se oyó fue la danza rítmica de las olas, hasta que Lugia volvió a hablar.

Podría decirse, te vas haciendo una idea de cómo es mi carácter. Por suerte para vosotros entre las malas vibraciones del Team Rocket y mis malas vibraciones por el estrés Ho-Oh se despertó. Seguimos estando en contacto a pesar de la distancia y como sabía que nos enfrentaríamos a un gran oponente y haría falta reparar la región después de combatir le pedí ayuda. Es bueno en eso, resucitó a los pokémon que perecieron en el incendio de mi torre, además tiene un carácter cálido que os resulta más agradable y sabía que os ayudaría a relajaros.

—Por lo que estoy oyendo veo que lo planeaste todo tú. Lo tuviste todo en cuenta.

¿Acaso te sorprende? Tienes un Espeon en el equipo, a estas alturas deberías saber que el tipo psíquico es el más inteligente y el mejor de todos.

El ligero cambió en su tono le indicó a Lira que Lugia estaba bromeando y, aunque le pareció un poco chocante al principio, no pudo evitar reír. ¿Quién le habría dicho que el hasta entonces serio señor de los mares tenía un lado bromista? Parecía que también podía romper el hielo cuando quería.

Bromas aparte, mi único objetivo era que Johto estuviera bien y evitar que sus pokémon sufrieran así que te doy las gracias por un trabajo bien hecho. Como te he dicho antes me cuesta empatizar con algunos humanos, pero gracias a ti y personas como la guardiana del Encinar empiezo a recuperar la confianza en vosotros y a creer que un futuro en el que more más cerca, como Ho-Oh, es posible.

—Awww —Lira se llevó las manos a las mejillas y esbozó una amplia sonrisa mientras se sentaba para mirar a Lugia. Al final se estaba llevando una muy buena impresión de él—. Tus palabras me halagan, pero quiero que sepas que como vuelvas a hacer algo parecido vendré a buscarte y patearé tu trasero emplumado.

Lugia no reaccionó a su comentario, no de forma inmediata al menos. Lira esperó que hubiera entendido que se trataba de una broma pero al parecer la deidad de los mares se la tomó un poco mal, porque la miró de reojo seriamente. La joven dejó de sonreír, pero no apartó la mirada. Tal vez se había tomado demasiadas confianzas con el legendario, pero entre su pequeña broma y aquel halago sentía que estaban más unidos, y no pensó que a un pokémon como él le importaría tanto las palabras de una simple humana. Por suerte, no tardó en ver que estaba en lo cierto cuando una suave brisa le pasó una de sus plumas plateadas. Lira extendió las manos para atraparla y la pluma cayó en ellas, como si hubiera recibido la orden de aterrizar ahí. La joven se la acercó a los ojos para verla mejor y tras inspeccionarla con detenimiento no pudo evitar preguntar por ese gesto.

—¿Y esto?

La invitación para cuando quieras venir a patear mi trasero emplumado. A partir de ahora estás formalmente invitada a mi hogar, Lira. Úsala con criterio.

Con eso dicho, Lugia alzó el vuelo y se quedó planeando encima de las islas durante unos segundos, antes de hacer una pirueta y zambullirse de lleno en el mar. Lo normal habría sido que un pokémon de su tamaño hubiera salpicado mucho, pero ni una gota de agua se turbó en cuanto el legendario se adentró en él. Lira admiró aquel espectáculo con la boca abierta y se quedó quieta durante un tiempo por si sucedía un evento más, algo de lo que se arrepintió casi al instante. Una gran ola surgió de la nada y solo le bastó unos segundos para darse cuenta de que no podía huir de ella. Antes de que sus manos rozaran la Poké Ball de su inicial, la ola se la tragó y la escupió en la orilla de la playa de Ciudad Olivo. Lira tosió un par de veces cuando salió a la superficie; no le costó entender que esa había sido la forma del legendario de devolverla a la civilización. Aun así, aunque había salido ilesa, habría agradecido un poco más de tacto por su parte.

—Gracias, supongo…

La joven se puso de pie y se quitó las algas que se le habían quedado pegadas en la ropa. Cuando acabó suspiró y se quedó unos segundos mirando el horizonte, disfrutando del hermoso paisaje, pero poco duró aquello porque no tardó en ver la silueta de una persona saliendo del mar y acercándose a la costa. Se trataba de una joven de piel morena y larga cabellera verde que andaba arrastrando los pies, meciéndose al suave compás de las olas. Estas parecían mostrarle la compasión que no había tenido la deidad de los mares con ella durante su cautiverio, por eso trataban de facilitarle la vuelta en la medida de lo posible, para mostrar sus disculpas. Lira casi chilló al reconocerla: se trataba de la última joven que había visto en sus sueños. Su instinto fue salir corriendo a su encuentro para ver cómo se encontraba y eso fue lo que hizo nada más salió de su estupor.

—¡Eh! ¿Estás bien? ¡Eh!

La entrenadora empezó a gritar en cuanto volvió a poner los pies en el agua pero la chica no parecía oírla, ella seguía caminando hacia adelante como un zombie desprovisto de alma y voluntad. Cuando finalmente se acercó a ella le tocó un hombro con suavidad y eso pareció despertar a la chica, que giró la cabeza en su dirección con los ojos ligeramente abiertos, preguntándose quién la había sacado de su trance. Al ver la cara de Lira la sorpresa se hizo evidente en su rostro, por eso la entrenadora le dejó unos segundos para que pudiera mirar su alrededor y ser consciente del lugar en el que estaba.

—Tranquila, ya estás a salvo. ¿Quieres que te acompañe al Centro Pokémon?

La cara de la chica se arrugó al oír aquello y Lira vio que un par de lágrimas comenzaron a asomarse en sus ojos. La entrenadora sintió un tirón en el estómago al verla así, así que para animarla un poco se llevó la mano a su cinturón de Poké Balls y sacó a todos sus amigos menos a Ninetales, para evitarle el mal trago de mojarse.

—No estamos muy lejos. Llegaremos enseguida, ya lo verás. ¿Quieres montar en mi feraligatr?

Feraligatr le dedicó una sonrisa amigable que hizo olvidar el peligro que tenían sus afilados colmillos y la joven le sonrió de vuelta. Se sentó encima de él con cuidado, acariciando con curiosidad sus frías escamas, y casi enseguida Espeon se subió a su regazo para calmarla con su débil ronroneo. Sin un segundo que perder los tres se dirigieron a la ciudad mientras Lira se tomaba unos segundos para apoyarse en Ampharos y descansar. Togekiss volaba encima de ellas inspeccionando el agua con curiosidad mientras que Dratini miraba atenta las débiles chispas que salían del cuerpo del tipo eléctrico, las cuales ahuyentaban a los pokémon de tipo agua que merodeaban por ahí. La entrenadora suspiró, parecía que todavía estaba lejos de poder descansar.

—Nosotros no podemos quedarnos muy atrás. Vamos.

Al salir del agua y dejar la playa atrás Lira sacó a Ninetales, quien agradeció que su entrenadora hubiera esperado a estar lejos del mar y la arena para liberarla. La joven y su equipo entraron en la ciudad lentamente, aminorando el paso al ver el estado en el que estaba. Esta había sufrido grandes desperfectos, tantos que las grietas parecían un elemento decorativo más porque estaban por todas partes: edificios, aceras, mobiliario urbano… Los pokémon salvajes volvían a sus respectivas rutas bastante confundidos mientras que los que tenían entrenador los buscaban con ansia: aquello no tardó en convertirse en una procesión de poliwhirl, poliwag y personas que iban de aquí para allá sin rumbo fijo. Entre tanto revuelo azul Lira consiguió atisbar a Feraligatr, Espeon y la chica en las puertas del Centro Pokémon, así que se acercó a ellos como pudo asistida por los poderes psíquicos del felino. En cuanto llegó, el grupo entró al edificio, y los ocho vieron que dentro la situación estaba un poco más calmada que fuera, aunque se respiraba cierto nerviosismo e incertidumbre. Los heridos leves estaban sentados en los sofás esperando a poder ser atendidos, chansey y enfermeras corrían de un lado para otro para intentar asistir a todo el mundo.

—¡JACKIE!

Y un grupo de adolescentes que había en el piso superior empezó a gritar en cuanto vio entrar a la chica de tez oscura por la puerta.

Jackie, al parecer, alzó la cabeza para ver quienes la estaban llamando. Al reconocerlos fue corriendo hacia las escaleras y los otros tres las bajaron lo más rápido que pudieron, para reunirse en el pie de estas en un efusivo abrazo entre lágrimas que terminó con los cuatro en el suelo. Lira vio la escena con una amplia sonrisa y contagiándose de las ganas de llorar: Dave, Rose, Mark y Jacqueline, los cuatro jóvenes desaparecidos, habían terminado su calvario y se estaban reencontrando sanos y salvos. Jackie logró sacar los brazos del abrazo y le hizo unas señas con las manos a Lira que ella no pudo interpretar, hasta que la otra chica del grupo las tradujo.

—Dice… que muchas gracias —sollozó Rose. Poco a poco, el grupo se fue calmando y los chicos se levantaron uno a uno para, posteriormente, acercarse a Lira y hacer una gran reverencia delante de ella.

—¡MUCHAS GRACIAS! —gritaron los tres que hablaban a la vez. La entrenadora se sonrojó ante esa muestra de respeto y desvió un poco la mirada mientras extendía los dos brazos, tratando de contener una risa nerviosa.

—E-está bien, pero tened cuidado y no volváis a hacer algo así. No hay que jugar con los pokémon legendarios, aunque estoy segura de que ya habéis aprendido esa lección —Los cuatro asintieron—. Aun así espero que esto no os frene a la hora de hacer más expediciones. Ir de aventuras es maravilloso, solo tenéis que fijaros bien y no cometer ninguna locura.

El grupo asintió por última vez e incluyó a Lira rápidamente en su abrazo grupal, antes de volver al piso superior para que la última joven aparecida pudiera reunirse con su familia. Mark y Rose subieron las escaleras saltando y bailando mientras Dave acompañaba lentamente a Jacqueline, rodeando su cintura para que la chica no tuviera que esforzarse en exceso. Lira sonrió al verlos tan felices y esperó a que desaparecieran de su campo de visión para salir a la calle. Por fin había terminado la pesadilla para ellos, aunque estaba segura de que no llegarían a olvidar del todo lo que habían vivido.

Ver a los jóvenes juntos le hizo añorar a sus propios amigos también. Lira miró a su equipo, que la miraba impaciente de vuelta, ¿qué harían a partir de entonces? La joven se agachó para darles mimos a los seis y los siete se quedaron juntos un buen rato, hasta que consideró que sería una buena idea volver a Ciudad Trigal para ver cómo había quedado la capital y reencontrarse con su grupo. La entrenadora devolvió a sus pokémon menos a Togekiss, en el cual se iba a montar para que la llevara a su destino, si no fuera porque alguien la interceptó antes de que pudiera hacerlo y le dio un gran abrazo. A Lira no le costó mucho reconocer a su atacante, el largo pelo castaño delataba a Yasmina con facilidad.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Te han hecho daño? —preguntó mientras acariciaba su espalda y pasaba las manos por sus brazos, asegurándose de que no tenía ninguna herida. Al ver los roces causados por la caída en la trampa de Giovanni su expresión se endureció, y Lira le habría dicho algo, si no fuera porque se fijó en que la líder llevaba un corte en la mejilla. Yasmina se dio cuenta de eso y se alejó de Lira— Heridas menores.

—Esto también lo son —respondió con una sonrisa. Yasmina sonrió de vuelta y se llevó las manos al pecho mientras echaba la cabeza hacia atrás y suspiraba.

—Menos mal, de verdad. No puedo creerme que esto se haya acabado —dijo mientras volvía a mirar a la joven—. Suicune nos ha sido de gran ayuda, a pesar del destrozo no ha habido que lamentar ninguna pérdida personal. Ahora queda reconstruirlo todo pero necesitaremos descansar primero —Después de eso la líder se dio cuenta por primera vez de la presencia de Togekiss. El pokémon le sonrió y ella le saludó—. Aunque supongo que tú tendrás otras cosas que hacer.

—Sí. Tengo que ver cómo están mis amigos.

—Por supuesto —dijo mientras daba un paso hacia atrás para dejar que la joven se montara en su pokémon. Yasmina ladeó la cabeza y le dedicó una última sonrisa—. Espero que estén bien. Descansa mucho y no olvides darlo todo.

—¿Dónde?

—En la Liga.

La sorpresa se apoderó del rostro de Lira al oír la respuesta. Con todo el lío de los días anteriores ¡se había olvidado por completo de aquel reto! La sonrisa de Yasmina se hizo más grande al ver su reacción, y cuando Togekiss alzó el vuelo le hizo un ademán de despedida con una mano mientras le lanzaba un beso con la otra. Lira le devolvió el gesto lentamente y no fue hasta que le pidió a su pokémon que la llevara a Ciudad Trigal que esas palabras calaron en ella. La Liga estaba a la vuelta de la esquina y eso significaba que no tardaría en conocer al entrenador más fuerte de su región.


Todo parecía indicar que el combate había terminado y la emisión de las ondas malignas se había detenido, un suceso que debería haberle alegrado, pero Silver estaba lejos de sentir felicidad. Las calles habían quedado en un estado lamentable, los pokémon salvajes estaban debilitados y el silencio resultaba de todo menos alentador. Las vistas desde la azotea en la que estaba no le animaban a bajar, pero sabía que tenía que hacerlo, más pronto que tarde.

—¡Sneas, sneasel!

Por suerte había alguien que tiraba de él gracias a su enérgico espíritu. En cuanto sacó a Sneasel de su Poké Ball el pokémon captó la mezcla de emociones que turbaba a su entrenador y decidió que una buena forma de combatirla era hacer una carrera para ver quién llegaba antes a la calle. No es que Silver tuviera muchas ganas de correr, pero al ver al pequeño con tanta energía se le contagió algo de esta, así que hizo lo posible por seguirle el ritmo. Evidentemente fue el último en llegar, pero poco le importó al ver el baile de celebración del tipo siniestro y hielo. El pelirrojo dejó que el pequeño se subiera a su hombro cuando acabó y, cuando este se acomodó, empezó a andar hacia la Torre Radio para comprobar si cierta persona seguía ahí.

KYAAAAAAAAAAAAA

Sin embargo, su caminata y la de los pocos que se atrevieron a salir se vio detenida por un enorme grito que les hizo alzar las cabezas para ver quién lo había emitido. En lo alto de la Torre Radio, en el origen del malestar, se encontraba Ho-Oh descansando. El ave alzó sus alas y estas empezaron a brillar de manera progresiva, hasta que llegó un punto en el que la intensidad de la luz fue tal que todos se vieron obligados a apartar la vista.

KYAAAAAAAAAAAAA

Durante unos segundos fue imposible ver nada en Ciudad Trigal. Aun así, eso no le impidió a Silver sentir lo que estaba sucediendo, y es que el ave estaba liberando una energía agradable que limpió su pecho y le dejó con una paz interior que nunca pensó que llegaría a sentir. Cuando la luz desapareció y pudo abrir los ojos, todos vieron lo que había sucedido, lo que los dejó boquiabiertos.

Ho-Oh ya no estaba en la Torre Radio. Había emprendido el vuelo y se alejaba de la ciudad, dejando un rastro arcoíris tras de sí, un rastro que hacía que los pokémon debilitados se recuperaran del todo y los desperfectos de la ciudad se fueran solucionando poco a poco. Guiados por el ave, los pokémon salvajes volvieron a sus respectivas rutas en un abrir y cerrar de ojos, y tras unos minutos el legendario consiguió que la capital quedara de forma que pareciera que ahí no había pasado nada.

—¡Sneas! ¡Sneas!

Silver se quedó atónito con aquel bello espectáculo, tan atónito que no volvió en sí hasta que su pokémon le sacudió violentamente el brazo. Cuando le hizo caso, Sneasel señaló el suelo y el pelirrojo miró hacia ahí, lo que estuvo a punto de hacer que el alma se le fuera del cuerpo.

Porque a sus pies, a escasos centímetros de estos, había una pluma de color arcoíris.

El entrenador tardó un buen rato en reaccionar. No sabía qué hacer, así que Sneasel actuó por él y se hizo con la pluma para dársela. Silver extendió la palma de la mano lentamente para que su pokémon pudiera dejar ahí el rastro del ave y, en cuanto la pluma rozó la piel del pelirrojo, esta empezó a brillar tenuemente. Sneasel se quedó maravillado ante aquel espectáculo mientras que Silver, anonadado todavía por aquello, se limitó a agachar la cabeza en señal de respeto y guardarla a buen recaudo en su bolsillo. Por alguna razón aquel elemento le hacía sentir bien por dentro.

La alegría volvió a las calles tras la actuación del ave. Todo el mundo parecía más tranquilo y contento y eso animó también al pelirrojo, aunque no permitió que aquello le distrajera e impidiera alcanzar su destino. La Torre Radio estaba cada vez más cerca y él estaba impaciente por ver si quedaría algún rastro del antiguo líder del Team Rocket, aunque sabía que lo más probable es que no encontrara nada. Ya estaba llegando cuando logró distinguir a tres personas en la puerta del edificio, una de las cuales le llamó poderosamente la atención. Reconoció a Morti, el líder de gimnasio de Ciudad Iris, que estaba hablando con un peculiar hombre de pelo morado junto a una chica que no podía dejar de mirar. Tenía el cabello corto y rosa, ojos azules y semblante tranquilo y sereno, y a pesar del tiempo que llevaban sin verse no le costó darse cuenta de que era ella.

Silver sintió que se le hizo un nudo en la garganta que le impidió respirar. Sus pulmones le reclamaban oxígeno pero él se veía incapaz de proporcionárselo, porque ella le había quitado el aliento. La joven no se dio cuenta de su presencia, ya que estaba pendiente de lo que le decían los hombres para responder sus preguntas, hasta que finalmente un pequeño pokémon verde surgió de la nada durante unos segundos para tirar de su manga y hacer que viera al pelirrojo. Carol trastabilló un poco por el tirón, pero cuando se recuperó y su mirada se cruzó con la de Silver tuvo una reacción similar a la de él, se quedó quieta y perdió la habilidad de respirar. Sin embargo, eso duró solo un segundo, que fue el tiempo que tardaron en echar a correr para encontrarse a mitad de camino.

Todas las preocupaciones que le habían surgido a Silver por el encuentro con Giovanni se esfumaron al sentir la cabeza de Carol apoyada en su pecho. Ella rodeó su cintura con sus brazos y él hizo lo mismo, apretujándola contra su cuerpo todo lo que pudo y más. Una de sus manos subió para acariciarle el pelo, el cual estaba empapado y olía un poco a humo, antes de darle un tierno beso en la cabeza que duró varios segundos. Carol no pudo contener las lágrimas al sentir los labios de su amigo y el calor protector que emanaba de él; había pasado tanto tiempo sin verlo, sin sentirlo. Al terminar el beso ella alzó la mirada para poder verle bien la cara y descubrió que sus ojos también estaban húmedos. No pudo evitar reír al ver la sonrisa que se le formó en el rostro a él, ¿cuándo fue la última que sintió tanta alegría? Estaba convencida de que el pecho le iba a explotar de un momento a otro, por eso le pidió a todos los legendarios que conocía que aquel instante durara para siempre.

—Se acabó.

—Se acabó.

Los dos amigos estaban tan centrados en su reencuentro que se olvidaron por completo de la presencia de los hombres, quienes los miraban con ternura. Era tanto lo que querían decirse que no sabían por dónde empezar, aunque lo que realmente querían era que ese abrazo no terminara nunca, por eso tuvo que pasar un buen rato hasta que se animaron a hacerlo.

—¿Cómo estás? ¿Has estado aquí durante la batalla? —preguntó Silver mientras miraba que Carol no tuviera ninguna herida.

—Sí. Celebi fue quien nos trajo a mí y a Lira pero él —respondió señalando al hombre de pelo morado— se ha encargado de vigilarme, así que no me ha pasado nada. ¿Y tú?

—Yo… —La expresión de Silver cambió lo suficiente como para que Carol pudiera intuir qué había sucedido.

—Te has reencontrado con tu padre, ¿cierto? —preguntó ella con el semblante serio— Es de lo que estaba hablando con ellos. Ahora no se ve porque Ho-Oh lo ha tapado con sus poderes, pero después de que la barrera se rompiera, cuando las ondas cesaron y Mento y yo pudimos movernos un poco, vimos un agujero en la carretera a los pies de la Torre Radio. Teniendo en cuenta que Giovanni estuvo en lo alto del campo energético todo el rato lo más seguro es que huyera por ahí cuando el plan se le empezó a ir al traste.

De repente, accionado por el pánico, los brazos de Silver fueron hacia adelante para que sus manos apretaran los hombros de su amiga en cuanto ella acabó su relato.

—¿Y un móvil? ¿Habéis encontrado un móvil por aquí?

—U-un ¿móvil? —Silver soltó a Carol en cuanto se dio cuenta de lo que estaba haciendo y ella se quedó pensativa durante unos segundos—. No, de momento no hemos visto algo así. ¿Por qué?

—No, por nada —respondió mientras se llevaba una mano al cabello. En ese momento, notó que Carol agachó un poco la cabeza y desvió la mirada—. ¿Pasa algo?

—No, nada. Es solo que, ahora que me he reencontrado contigo… No he podido evitar pensar en Mary...

Mary. Silver tuvo que controlar el impulso de chocarse la frente con una mano. Mary, la misma chica a la que había dejado abandonada en el balcón de algún edificio cercano. Si hacía un poco de memoria podría recordar cuál era pero no estaba muy seguro de que la rubia se hubiera quedado allí esperándole, a esas alturas podría estar en cualquier parte de la ciudad. Su búsqueda podría ser tediosa, pero Carol quería verla y las dos tenían el mismo derecho a reencontrarse que él.

—Pues estás de enhorabuena porque está en la ciudad, la vi hace un rato. Lo malo es que no sé por dónde andará ahora, pero puedo ayudarte a buscarla.

No será necesario.

—¡Celebi! —El pequeño pokémon salió después de decir eso para situarse entre los dos jóvenes, pero Carol se lo llevó rápidamente a su pecho para esconderlo— Ya empieza a haber gente en las calles, no salgas así como así —dijo en un susurro exasperado que Celebi ignoró.

Digo que no será necesario porque lleva mirándoos desde hace cinco minutos. dijo mientras señalaba hacia un callejón. Los dos siguieron el brazo del pokémon y distinguieron dos siluetas en la oscuridad, una de las cuales se sobresaltó. Los dos amigos se asombraron al reconocer a Mary, aunque no supieron decir si les sorprendió más verla a ella o a Zizi cargando el cuerpo inconsciente de Atlas.

Los tres se quedaron quietos durante unos segundos, mirándose entre sí sin saber muy bien cómo proceder, y no fue hasta que Silver sintió el temblor de Carol a su lado que algo le animó a moverse. Ella quería acercarse, pero no se atrevía, así que el pelirrojo le dio un ligero empujón para ayudarla a avanzar. Carol trastabilló un poco y cuando se estabilizó se dio la vuelta para mirar a su amigo, quien asintió. Ella asintió de vuelta, inspiró hondo y avanzó hacia Mary, que seguía sin moverse, y no reaccionó hasta que la guardiana del Encinar se detuvo a un par de centímetros de ella para alzar la mano con una tímida sonrisa.

—Hola. Cuánto tiempo.

Fue automático. Al escuchar su voz Mary se lanzó para darle un fuerte abrazo que estuvo a punto de tirarlas al suelo si Carol no lo hubiera aguantado, aunque al escuchar a la rubia llorar incontrolablemente sintió que algo se derrumbó dentro de ella y se quedó sin fuerzas para hacer de sustento, por lo que las dos terminaron cayendo de rodillas y llorando en los brazos de la otra.

—¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO TANTO, CAROL! ¡LO SIENTO MUCHÍSIMO!

Aunque no dejaba de sollozar, Mary encontró la forma de gritar entre sus lamentos. Carol no paraba de acariciar su espalda en un intento de calmarla, aunque esa técnica no daba sus frutos, de hecho la estaba poniendo más nerviosa. La rubia quería explicarle tantas cosas ahora que la tenía cerca que las palabras se le amontonaban en la garganta y se empujaban entre sí para poder salir lo antes posible.

—Lo siento tantísimo, ¡de verdad que sí! ¡Si no hubiera sido una maldita chivata no habrían sospechado de tus intenciones el primer día que intentaron hacerse con el control de la Torre Radio y tú no habrías sido secuestrada por este mentecato, pero la fastidié! ¡La fastidié bien fastidiada y por eso-!

—Lo sé.

Mary dejó de hablar en cuanto escuchó la voz de Carol. Eso sí logró calmarla, ya que su sonido siempre había tenido un efecto relajante en ella y esa vez no fue una excepción. La rubia siguió sollozando pero logró controlar un poco su respiración y apartarse para ver el rostro de la guardiana. Carol le sonrió, intentando controlar el temblor de su voz para que se le entendiera al hablar.

—Lo sé, Mary, sé lo que hiciste y lo que eso conllevó, de la misma forma que sé que habrás pasado estas semanas culpándote hasta que el dolor te ha hecho insensible para seguir adelante a pesar de todo. ¿Me equivoco? —Mary agachó la cabeza y trató de ahogar otro sollozo— Me lo imaginaba, pero, ey, ¡mírate! ¡Mírame! ¡Estamos bien y libres del Team Rocket! —exclamó mientras le levantaba la barbilla para que pudiera mirarla a los ojos— Hemos pasado por tanto para llegar hasta aquí que me parece una tontería seguir sufriendo cuando podemos evitarlo, así que perdonemos nuestros errores y pensemos en lo que nos queda por delante. Ahora podemos tener la vida que siempre hemos querido y hacer esas cosas de amigas que diríamos que haríamos: pasear por el Parque Nacional, pasar un día en la playa, merendar en lo alto del centro comercial, ir de acampada y ver la Luna reflejada en un lago...

—E-espera. Entonces, ¿eso significa que v-volvemos a ser amigas?

—¿Lo dejamos de ser alguna vez?

Mary volvió a sollozar y las dos se fundieron de nuevo en un gran abrazo. Silver miró contento aquella escena, y lo habría seguido haciendo de no ser porque alguien le dio un toque en el hombro que le obligó a darse la vuelta. Al hacerlo, vio quien fue el culpable del golpe y, lejos de molestarse, sintió que su alegría creció al reconocerlo.

—M-me he podido colar... aprovechando un despiste de los guardas… a-aunque veo que… llego… tarde a la fiesta.

—Tranquilo, hombre, que te vas a desmayar —dijo mientras extendía un brazo para que Eco pudiera apoyarse en él. El investigador lo hizo sin dudar y se dio unos segundos para recuperar el aliento que había perdido corriendo.

—Por todos los… menuda carrera —dijo antes de erguirse y estallar en una carcajada— ¡Si me hubieras visto! Iba más rápido que inmediatamente.

—Me lo creo, solo hace falta verte la cara. Estás reluciente.

—Ah, ¿esto? ¡Es que he visto a Ho-Oh! ¿Lo has visto tú? —preguntó emocionado— ¡Lo iba arreglando todo a su paso con un arcoíris y los pokémon le seguían! Es una imagen que no olvidaré en la vida.

—Yo tampoco. Aunque la de Lugia creando el diluvio universal tampoco estuvo nada mal.

Al nombrar aquel legendario Silver se acordó de la entrenadora que iba con él y Eco también, porque la sonrisa se le borró del rostro rápidamente.

—¿Sabes algo de Lira?

—No. La última vez que la vi se fue volando a lomos de Lugia así que no sé ni dónde está ni cuándo volverá.

—A saber. Con ella todo es una sorpresa —dijo cruzándose de brazos, intentando ocultar su preocupación—. Supongo que nos queda esperar.

—Puedes unirte al festival de abrazos y lágrimas si quieres —sugirió Silver señalando al par de amigas que seguía llorando y abrazándose. Eco sonrió al ver la escena.

—Yo no, pero si Lira estuviera aquí seguro que… —El investigador empezó su frase, pero no la terminó, porque algo en el cielo captó su atención. Entrecerró los ojos para poder verlo mejor y sonrió enormemente al reconocer a su mejor amiga subida a lomos de Togekiss—. ¡Li! ¡Aquí abajo!

Silver se dio la vuelta a tiempo para ver al pokémon de la morena descender hacia ellos y, aunque al principio se alegró de verla, no tardó en sentir algo de preocupación al darse cuenta de que bajaba en picado sin aminorar la velocidad. Eco también se percató de eso y bajó los brazos mientras la sonrisa desaparecía lentamente de su rostro y miraba a Silver. Para cuando los dos quisieron echar a correr fue demasiado tarde, Lira se tiró desde poca altura para darles un gran abrazo a los dos que los tiró al suelo. Silver siseó de dolor al sentir la acera en su espalda mientras que Eco dio un grito y Lira empezó a reír.

—¡TÚ ME VAS A MATAR ALGÚN DÍA! —gritó el investigador enfadado y asustado por el impacto. Lira se separó de ellos y les miró con una gran sonrisa y los ojos ligeramente húmedos.

—Menos mal —susurró aliviada mientras se levantaba y extendía las manos para que sus amigos las agarraran y se pusieran de pie—. Menos mal que estáis bien.

—Pues claro, ¿por quién nos tomas? —preguntó Silver mientras chocaba los puños con Eco. El pelinegro quedó encantado con esa muestra de amistad— Sabemos cuidar de nosotros mismos, antes muero que dejar que el Team Rocket me haga algo.

Lira rio y giró la cabeza para ver a Carol y Mary, que ya se habían levantado e iban caminando hacia el trío. Carol le sonrió y le saludó enérgicamente y Lira hizo lo mismo. La morena notó las ganas que la guardiana tenía de darle un abrazo, pero estaba demasiado ocupada llevando de la mano a la rubia y asegurándose de que no se volviera a caer. Por su parte, Mary iba mirando el suelo y sollozando, todavía tendría que pasar un buen tiempo para que se calmara del todo.

—Mira, los cinco fantásticos —dijo Carol cuando se unió al trío. Al ver a Eco asintió en su dirección y le dedicó una amplia sonrisa—. Hola. Encantada, soy Carol.

—Y yo Eco, encantado. Aunque me temo que no he tenido el placer de oír mucho sobre ti.

—Normal, porque de quien tienes que oír hablar es de esta. ¡Ha derrotado a uno de los ejecutivos del Team Rocket ella sola! —exclamó mientras levantaba el brazo de Mary, aunque ella no estaba del todo de acuerdo con esa afirmación.

—P-pero si lo derrotaste tú…

—Y tú le has dado el golpe de gracia. ¡Lo hemos derrotado entre las dos! ¡Toma supercombinación de amigas!

—¡Carol! ¡Deja de hacerme llorar o me vas a secar! —le espetó mientras se soltaba de su agarre para secarse las lágrimas, lo que provocó la risa del resto, menos de Silver. El entrenador se veía incapaz de apartar su mirada de Atlas y fue algo que no tardó en hacerles saber a los demás.

—Lo siento, chicos. Odio ser el aguafiestas, pero más odiaría que Atlas se despertara y huyera de nuevo. ¿Por qué no se lo entregamos ya a las autoridades y nos olvidamos de él?

—Cierto. Justo tenemos a Morti y Mento por aquí, dejémoselo a ellos —respondió Carol y Lira tocó la espalda de Eco al oír eso mientras empezaba a correr.

—¡Carrera a la Torre Radio! ¡El último en llegar nos debe una cena a todos!

—¡Y ese no pienso ser yo! —respondió el investigador mientras los dos iban embalados hacia el edificio. Silver negó con la cabeza y Carol rio al intuir que esa era la dinámica habitual de los tres.

—Me vas a tener que hablar sobre ellos.

—Podría pasarme una semana quejándome de sus estupideces. ¿Seguro que quieres oírme hablar tanto?

—Silver, llevo meses sin escucharte. ¡Quiero oír hasta tu respiración!

Los tres rezagados no tardaron en seguir al enérgico dúo, que ya había llegado a su destino y se había encontrado una agradable sorpresa. La razón por la que Morti y Mento no se habían movido de ahí era porque estaban esperando para reunirse con alguien, alguien que hacía poco que había llegado. Si Lira llegó la primera a la torre fue solo porque vio ondear su capa en el viento y eso le hizo dar un sprint final.

—¡LANCE!

El domadragones no pudo prepararse para recibir el impacto, así que sintió como si un misil le diera de lleno en la espalda. Él se dio la vuelta lo mejor que el fuerte agarre de la joven se lo permitió y Lira sintió que todos sus músculos se relajaron al ver que ella estaba bien. Lance rodeó a la entrenadora antes de dar un largo suspiro que vació sus pulmones, dejando que la tensión que le había acompañado durante los últimos días le abandonara del todo.

—Última vez que dejo que alguien tan joven se involucre en algo así.

—¿Qué?

—Nada —dijo mientras se separaba un poco para revolverle el cabello a la castaña, que sonrió ante esa muestra de afecto—. Vuestras risas se escuchaban desde aquí, me alegra veros tan felices. Morti me estaba contando cómo os había ido el combate.

—Yo te lo puedo contar también pero antes quiero que veas esto —dijo mientras se separaba del todo para que pudiera ver a Zizi cargando a Atlas. Los ojos de Lance se hicieron más grandes al reconocer al antiguo miembro del Team Rocket—. ¡Ya hemos atrapado a todos!

Zizi dejó el ejecutivo en el suelo, a unos centímetros del domadragones. Lira esperó a que él hiciera algo pero Lance no se movió; en su lugar, un curioso hombre de pelo morado salió de detrás de él y dio un par de pasos para acercarse al ejecutivo. Al llegar a su lado chasqueó los dedos y Atlas se vio envuelto por una luz verde que lo hizo levitar un poco del suelo para acercarlo al entrenador enmascarado.

—Ya me encargo yo de esto —dijo mientras le dedicaba una sonrisa enigmática a Lira—. Os dejo con vuestra pequeña reunión. Nos vemos.

Y, sin nada más que añadir, se fue de ahí. Lira iba a preguntarle a Lance sobre él, pero no llegó a formular ningún interrogante porque Carol se le adelantó. Se puso a su lado y se dirigió al domadragones con una sonrisa, porque intuía por su forma de vestir que debía tratarse de alguien importante. Lance no pudo evitar devolverle la sonrisa, el buen humor de la joven se contagiaba con suma facilidad.

—Hola, esta chica es quien ha atrapado al último ejecutivo del Team Rocket —dijo tomándole de la mano a Mary—. Y resulta que también fue miembro de esa organización, por lo que debe realizar una serie de servicios a la comunidad para compensar sus malas acciones. Sin embargo, ya que ha atrapado a uno de los mandamases, ¿no se la podría poner en libertad o algo así? Yo diría que esto compensa por mucho lo que hizo.

—Oh. Bueno —Lance se llevó una mano a la barbilla para reflexionar sobre la propuesta de Carol—. No cabe duda de que eso es un gran logro, aunque desconozco el caso de tu amiga. Debería revisarlo en profundidad y-

—Pero qué tonterías estás diciendo, Lance.

Las miradas de todos fueron hacia quien pronunció esas palabras, que no fue otro que Morti. El líder de Ciudad Iris, quien se había mantenido callado hasta ese entonces, se situó al lado del domadragones con su habitual calma, aunque se pudo vislumbrar algo de inquietud en sus pasos.

—Un simple entrenador como tú no tiene ni voz ni voto en un caso como este, por muy fuerte que seas —dijo en un tono monótono, aunque Lira captó algo extraño en su mirada fija, y fue ese algo extraño lo que hizo que Lance se sobresaltara un poco—. Me parece admirable que quieras ayudarla, pero no puedes hacer nada.

—Ah, sí. Cierto, tienes razón —respondió Lance con una mezcla de nervios y alivio. Se pasó una mano por el cabello y volvió a mirar a las dos jóvenes aparentando estar desilusionado—. Yo no puedo hacer nada, pero podéis hablar con la líder de gimnasio de la capital para que se lo comente a las autoridades. Seguro que Morti no tiene ningún problema en acompañaros hasta ella.

—¡Genial! ¡Entonces vamos-!

—No, Carol.

La alegría de Carol se vio mermada en cuanto Mary, que había permanecido callada durante su intervención, habló. La rubia dio un suave tirón para soltarse de la mano de la guardiana y se alejó un poco, lo que sorprendió a la joven.

—Pero, ¿por qué? ¿No crees que es justo? ¡Has atrapado a Atlas! Y formaste parte del Team Rocket porque te obligaron, como a mí, no tienes que pagar por algo que no fue tu culpa.

—No, no. Mi caso no es como el tuyo y lo sabes —dijo Mary mientras negaba con la cabeza y miraba a Carol fijamente—. Tú te rebelabas contra los ejecutivos porque no estabas de acuerdo con su forma de actuar, yo lo hacía para divertirme. Tú fuiste obligada a cometer delitos, a mí me daba igual que entrenadores se quedaran sin sus pokémon y por eso los robaba sin miramientos. Tampoco es que eso me llenara de alegría, obviamente, pero no lo sentía. No me arrepentía de lo que hacía, a diferencia de ti.

—Mary… —Mary esbozó una triste sonrisa y agachó un poco la cabeza.

—Debo pagar de alguna forma todo lo que hice y no basta con que me haya limitado a atrapar un ejecutivo al que tú habías debilitado previamente, es como hacer trampas, o elegir el camino fácil. Y ya no es solo una cuestión de "justicia" o como lo quieras llamar, mis acciones arruinaron vidas así que ahora quiero mejorarlas, y he visto que una forma de hacerlo es con los servicios a la comunidad que realizo en el centro de menores. Quiero ser una ciudadana digna, ¡quiero que mi existencia ayude a los demás como la tuya me ayuda a mí! —exclamó animada mientras señalaba a Carol, aunque su expresión no tardó en suavizarse y voz se estabilizó— Pero, sobre todo, quiero mejorar para que algún día estés orgullosa de mí.

—Ay —Carol se llevó las manos a las mejillas para hacer presión en ellas, en un intento de esforzarse por controlar las lágrimas que amenazaban con reaparecer—. Pero si yo ya estoy orgullosa de ti.

Las dos amigas se abrazaron otra vez y el grupo se alejó un poco para darles algo de intimidad. Eco estiró los brazos y dejó salir un bostezo que llevaba tiempo conteniendo, sintiendo de repente que un gran peso se cernía sobre sus hombros.

—No sé vosotros, pero yo ya estoy sintiendo los efectos del cansancio —dijo mientras se masajeaba el cuello—. Me da la impresión de que me voy a dormir de pie de un momento a otro. Si no nos necesitáis ¿nos vamos ya a casa, Lira?

—Sí. También estoy cansada y deberíamos volver cuanto antes para que nuestros padres y el profesor Elm vean que estamos bien —respondió ella antes de mirar a Silver—. ¿Tú qué vas a hacer?

—Yo me quedaré con ellas —dijo mientras señalaba a Carol y Mary. Lira asintió y Silver hizo un ademán de despedida a los oriundos de Pueblo Primavera—. Ya nos veremos. Procurad no meteros en muchos problemas hasta entonces.

Ellos iban a responder, pero antes de tener la oportunidad Silver se acercó y les dio un abrazo tan corto que, a pesar de su intensidad, el dúo dudó que de verdad el pelirrojo hubiera tenido aquel gesto con ellos.

—Gracias.

Aquel susurro se quedó en los oídos de Eco y Lira mientras procesaban lo que acababa de suceder. Por su parte, Morti y Lance terminaban de compartir lo que habían vivido, aunque como el rubio tenía otros planes en mente decidieron que se pondrían al día más tarde.

—Me gustaría ir al gimnasio de Ciudad Trigal. Seguro que Blanca necesita ayuda y me gustaría ver cómo está —dijo mientras sacudía la mano vagamente para despedirse del trío—. Nos vemos, cuidaros mucho los tres.

—Cuídate, Morti. ¡Iré a verte alguna vez a Ciudad Iris! ¡Estamos en contacto!

El líder sonrió al oír las palabras de Lira y se fue de allí lentamente. Después de aquello Lance se fijó en las ojeras que llevaban Eco y Lira y decidió que no tenía sentido que siguieran ahí más tiempo.

—¿Queréis que os acerque a casa? —preguntó mientras sacaba a Dragonite. Los dos jóvenes no se lo pensaron: se subieron nada más vieron aparecer al dragón. Lance rio y se subió cuando se aseguró de que Eco y Lira estaban bien agarrados a su pokémon, tras lo cual le pidió que los llevara a los tres lo antes posible a Pueblo Primavera.


Ni el dulce aroma de las flores ni el tranquilo rumor del agua podían tranquilizar a Leire. La mujer estaba sentada en la playa de Ciudad Cerezo, con las rodillas en el pecho y el mentón apoyado en estas. Las primeras estrellas de la noche habían salido a iluminar el cielo, pero poco le importaba eso a ella. Hacía tiempo que los pokémon habían vuelto a la normalidad y los habitantes de allí se habían pasado la tarde llamando a sus familiares después de la aparición de Ho-Oh, para asegurarse de que sus conocidos estuvieran bien. Como eran tan pocos, Raikou decidió al principio del día llevar a los habitantes de Pueblo Primavera allí para tenerlos más controlados y reducir el número de lugares que tenía que vigilar, así que como su hogar no contaba con humanos a los que atacar quería pensar que los pokémon no le habrían hecho daño a las viviendas. Todos se iban animando poco a poco tras lo sucedido, pero ella se veía incapaz de disfrutar con tantas preocupaciones rondándole por la cabeza, siendo la principal una que tenía de nombre Lira.

Como no estaba muy pendiente de sus alrededores, se sorprendió al ver surgir de la nada un ramo de flores delante de ella. No vio quien se las había dado, pero no le hizo falta hacerlo para averiguar su identidad. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios mientras alargaba el brazo para agarrarlas.

—Gracias.

Eduardo se sentó a su lado sin decir nada y nada tenía que decir para que se notara que él también estaba preocupado. Lira no era la única en paradero desconocido, Eco se había ido con ella y tampoco tenían noticias de él. Parecía que los dos se habían esfumado sin dejar rastro y Leire no se quitaba de la cabeza la imagen de Lance y la culpa que había aparecido en sus ojos al preguntarle por su hija. Sus manos se cerraron en dos puños que estuvieron a punto de deformar las flores que le había dado Eduardo, pero la dulce voz del hombre se lo impidió.

—No responden a las llamadas, a lo mejor se han quedado sin batería.

Su intento por levantar los ánimos le arrancó una sonrisa irónica. La mujer estiró las piernas y relajó los hombros en un intento de tranquilizarse, ya que su amigo estaba haciendo un esfuerzo por mantener la calma ella también lo haría.

—Por nuestro bien y el de ellos cuando vuelvan, que así sea.

Eduardo asintió y los dos se quedaron mirando el mar, cada uno pensando en lo suyo. Estaban tan ensimismados en sus pensamientos que lo único que consiguió sacarles de ellos fue un suave pero firme toque en el hombro dado por una tercera persona. Los dos miraron al hombre que se había agachado tras ellos, el cual les dedicaba una mirada empática tras sus gafas.

—Es hora de volver. Raikou nos va a acompañar a Pueblo Primavera para asegurarse de que no suceda nada durante el trayecto.

Después de decir eso, Elm se puso de pie y extendió sus brazos para que Eduardo y Leire pudieran agarrarse de una de sus manos. Los dos adultos lo hicieron, se levantaron y, tras sacudirse la arena de la ropa, caminaron hacia el centro de Ciudad Cerezo. Allí se encontraba una mujer rubia con gafas que había reunido en un grupo al resto de los escasos habitantes de Pueblo Primavera; se trataba de Elisa, la mujer de Elm. Ella asintió cuando vio aparecer a su marido y él asintió de vuelta mientras pasaba de largo y se acercaba a la salida junto a Leire y Eduardo, donde les estaba esperando Raikou. Al ver que todos estaban preparados el perro empezó a caminar y el trío le siguió; tras ellos, el grupo de habitantes se desplazaba a una distancia prudencial.

Al adentrarse en la ruta 29 Elm volvió a extender sus brazos para que Leire y Eduardo pudieran entrelazar los suyos con los de él. El grupo de amigos siguió caminando lentamente alumbrados por la luz de la Luna y la que emanaba el legendario que tenían delante, lo que les permitió distinguir a algunos pokémon en la oscuridad que empezaban su vida nocturna y otros que iban a sus madrigueras a descansar. Al cabo de un rato, unas ululaciones les hicieron alzar la cabeza para admirar a los responsables de aquel sonido.

—Mira, Leire. Los hoothoot que tanto te gustan —señaló Elm. La mujer sonrió al ver unos pares de ojos rojos inspeccionando su paseo con curiosidad en lo alto de unos árboles.

—Siempre me ha parecido fascinante la velocidad con la que cambian de pierna. Todavía tengo que capturar ese momento en foto.

—Sí. Recuerdo las noches en las que salíamos a explorar con poco más que una cámara y una linterna —añadió Eduardo con una sonrisa—. Luego nos preguntamos de dónde han sacado la vena aventurera nuestros pequeños.

—Poco se les puede recriminar con unos padres como nosotros —coincidió la mujer mientras asentía con la cabeza—. ¿Recordáis cuando conseguí que aquel furret se pusiera alrededor de mi cuello como si fuera una bufanda?

—Era invierno y te pusiste unas bayas a modo de collar —dijo Elm mientras rememoraba los tiempos en los que salían los tres a investigar las rutas cercanas a Pueblo Primavera. Eran sucesos que tenía guardados en lo más profundo de la memoria, pero con ese paseo empezaron a salir a la luz—. ¿Cuánto hace que no salimos los tres a explorar?

—Tanto que ni recuerdo la última vez. La paternidad es muy sacrificada y cuando los niños crecen te das cuenta de que tu cuerpo ya no es el mismo de antes.

—Pues eso se acabó, ¡acabo de decidir que nos vamos la próxima semana! No tenemos que hacer lo mismo que hacíamos cuando éramos jóvenes, adaptaremos la salida y volveremos a pasarlo en grande los tres.

—Veo que sigues teniendo la misma energía de siempre, Leire.

—¡Ja! Que se te quede grabado en la mente, Eduardo: los años cambiarán mi cuerpo, no mi espíritu.

El trío estaba tan centrado en su conversación que no se dio cuenta de que Raikou se había parado hasta que casi chocó con él. Fue entonces cuando vieron que ya estaban a tan solo unos metros de Pueblo Primavera, desde ahí divisaban su entrada y algunas casas, pero lo que más les llamó la atención fue que al parecer había alguien en el poblado porque salía una luz de este. Se asomaron con cuidado para inspeccionar la zona y lo que vieron les hizo tener escalofríos.

El primer instinto de los adultos fue gritar, pero consiguieron no hacerlo. La razón de su sobresalto fue que allí, en el centro del pueblo, había un imponente charizard alumbrando con la gran llama de su cola a tres personas: dos niños tapados con una manta que se habían quedado dormidos apoyados en él y un adulto pelirrojo que velaba de pie por su sueño. En cuanto Lance se dio cuenta de la presencia de los habitantes se agachó y sacudió con suavidad a los dos jóvenes, que tardaron un poco en despertarse. Se desperezaron y bostezaron antes de sentarse lentamente, momento en el que se dieron cuenta de que si Lance les había despertado era por algo.

—¿Ya están aquí? —preguntó Eco mientras se frotaba los ojos. Cuando los abrió y consiguió enfocar la vista vio que, tal como llevaba horas esperando, en la entrada del pueblo estaba su padre junto a la madre de Lira— ¡Hola, papá!

—¡Mami!

Tiempo les faltó a Leire y Eduardo para echar a correr en cuanto vieron a Eco y Lira despiertos. Los padres alzaron a sus hijos en el aire y les llenaron la cara de besos mientras ellos aceptaban las muestras de afecto encantados, al menos durante el primer medio minuto, luego intentaron separarse de ellos disimuladamente cuando empezaron a sentirse sofocados. Cuando Leire quedó satisfecha con el reencuentro con su hija alzó la cabeza para fulminar con la mirada a Lance, que se llevó una mano al cabello, nervioso.

—Los he devuelto sanos y salvos —dijo con una pequeña sonrisa. La mujer no respondió y Lira aprovechó ese momento para separarse de ella, recoger la "manta" con la que el domadragones la había tapado junto a Eco al quedarse dormidos y devolvérsela a su propietario.

—Toma, tu capa —dijo mientras se la daba y hacía una pequeña reverencia—. Muchas gracias por todo, Lance. Mi viaje no habría sido lo mismo sin ti, ¡estoy segura de que no habría aprendido ni la mitad!

—Vamos, tampoco exageres. Has trabajado mucho, todo lo que has aprendido es gracias a ti —comentó con una sonrisa mientras miraba la capa con detenimiento. De repente, una idea se le pasó por la cabeza al pelirrojo, una que no tardó en expresar—. De hecho se me acaba de ocurrir algo. ¿Por qué no te la quedas y me la devuelves cuando nos volvamos a ver? —dijo mientras la extendía para ponérsela a Lira en los hombros— Tengo un montón en casa así que no te preocupes. Mira, yo diría que te queda muy bien. ¿Qué opinas?

Lira no opinó nada porque se quedó muda. Su rostro quedó desprovisto de expresión y su cuerpo empezó a temblar ligeramente, lo que divirtió enormemente a Eco.

—La has dejado sin palabras, eres increíble —dijo el investigador con una amplia sonrisa mientras movía una mano delante de los ojos de su amiga—. Esa reacción en el idioma de Lira quiere decir-

—¡MUCHAS GRACIAS! —exclamó ella mientras se tiraba al suelo para arrodillarse. Lance y Eco dieron un paso hacia atrás, asustados por su repentina reacción— ¡Gracias por ser mi mentor! ¡Te prometo que llevaré esta capa con orgullo y no dejaré que nada me hunda ni desmotive!

—¿M-mentor? —murmuró Lance desconcertado mientras Eco intentaba disimular su risa— Sí, supongo que he desempeñado ese papel sin darme cuenta. Me pasa a menudo.

El adulto extendió una mano para que Lira la tomara y se pusiera de pie. Al hacerlo ella sonrió enormemente mientras se aferraba a él con un poco más de fuerza.

—Quédate. Seguro que a mi madre no le importa que pases la noche en casa. ¿Por qué no descansas aquí y ya te vas mañana?

Pero a su madre sí le importaba, y mucho, se notó en la mirada que le dirgió a Lance en cuanto escuchó la propuesta de su hija. Como Lira estaba de espaldas a Leire no vio el desagrado en sus ojos, pero Lance sí, por eso no le costó pensar una razón por la cual rechazar la oferta.

—Tal vez otro día. Estaréis todos cansados y no creo que os apetezca tener visita. Además, me gustaría ver a mi abuelo, que sigue en el hospital.

—Es verdad, que nos lo has dicho antes —dijo Lira antes de hacer un puchero. Ella extendió sus brazos y rodeó con cuidado la cintura del domadragones mientras apoyaba su cabeza en su pecho; él le correspondió el abrazo—. Dale recuerdos, espero que se mejore pronto.

—Gracias. Cuídate —le susurró antes de separarse—. Cuidaros —añadió mientras miraba a Eco, a lo que el joven respondió levantando un pulgar. Lance se subió en Charizard y el pokémon alzó el vuelo para adentrarse en la oscura noche, la cual no tardó en tragarse el rastro que dejaba la llama de su cola. El investigador miró a la entrenadora de reojo, que seguía con la mirada al tipo fuego mientras se aferraba a la capa con fuerza.

—No te la vas a quitar, ¿verdad?

—Ni para ducharme.

Eco rio, o lo habría hecho si no se lo hubiera impedido un gran bostezo. En ese momento se dio cuenta de que su pequeña siesta no le había servido para combatir aunque fuera mínimamente el cansancio que llevaba arrastrando y, al mirar a Lira, se dio cuenta de que no era el único, ya que ella le devolvió la mirada con la misma fatiga. A Leire y Eduardo no les dio tiempo a ir a por ellos, los dos cayeron al suelo completamente exhaustos por los acontecimientos de los últimos días, sumiéndose en un sueño profundo del que tardarían horas en despertar.


El humo de las casas de Pueblo Azalea creaba una fina tela que llenaba el lugar de un suave olor a leña y cubría parcialmente la Luna. Esta brillaba en todo su esplendor, como si quisiera indicar que el fin de una etapa oscura había terminado, pero eso no levantó el ánimo de César. El anciano se encontraba fuera de su casa, sentado en su jardín, esperando a que el joven que se encontraba a su lado le diera alguna noticia.

Antón tenía su Pokégear pegado al oído y una expresión neutra, aunque podía entreverse algo de preocupación en su mirada. Los arañazos de sus piernas tampoco pasaron desapercibidos para el artesano, pues el líder había sido el encargado de mantener a raya a los pokémon del Encinar antes de que Raikou llegara a echarles una mano. Ocuparse de los slowpoke había sido fácil, había bastado con tapar el acceso a su pozo para evitar sus ataques, pero los tipo bicho habían sido otro cantar. Como Antón era un experto en ellos y el líder de la ciudad fue el encargado de mantenerlos a raya haciendo uso de su gran conocimiento, no por nada era conocido como la enciclopedia andante de los tipo bicho, pero eso no significaba que le hubiera sido fácil. Tras verlo en acción aquella tarde, César empezó a sentir un respeto más profundo hacia él.

—¿Tienes algo? ¿No? ¿Todavía nada? —preguntó de repente el joven. Se quedó en silencio durante unos segundos y después asintió— Está bien, Blanqui. Tú tranquila, sé que no podéis ir más rápido. Gracias por hacerme este favor cuando estais tan liados.

César intuyó que el Team Rocket no fue disuelto del todo cuando su nieta no volvió a casa después de la primera derrota que sufrió en Ciudad Trigal, lo cual terminó por confirmar aquel día. Sin embargo, después de una épica batalla entre legendarios que tuvo lugar por toda la región (o eso era lo que había llegado a sus oídos, estaba seguro de que la gente joven habría exagerado parte del relato), le sorprendió que la organización siguiera en pie. Por eso habló con Antón para pedirle si podía preguntarle a la líder de Ciudad Trigal si alguna joven con el nombre de Carol, secuestrada por el Team Rocket, había acudido a alguna comisaría u hospital después de la batalla. De momento, la respuesta era negativa, y la desesperación estaba deseando hacerse un hueco en el pecho del anciano.

—No me voy a despegar del móvil en toda la noche y Blanca no se irá a dormir hasta que encuentren su nombre.

Por suerte, Antón notó su intranquilidad y le animó con esas palabras. César sonrió y se puso de pie para apoyar su mano en el hombro de Antón, quien respondió agarrándole con fuerza del antebrazo, lo que sorprendió por segunda vez al artesano aquel día. Siempre había pensado que el líder era un poco flojo y le faltaba carácter, pero los acontecimientos de aquella jornada estaban sacando toda su fuerza y le estaban demostrando que estaba capacitado de sobra para ejercer ese puesto. No puedo evitar preguntarse si, al verse envuelto en una situación tan estresante, maduró de golpe para estar a la altura de las circunstancias, o simplemente sacó a la luz algo que ya llevaba por dentro.

—¡Abuelooo!

Ya estaba empezando a refrescar y aunque las chimeneas liberaban algo de calor junto a su humo, no se podía comparar esa sensación a la de estar dentro de casa. Apenas estaban abrigados, así que César pensó en invitar al líder a su hogar para resguardarse del frío.

—¡Abuelooo!

Pero cuando se lo iba a sugerir, Antón frunció el ceño y se separó un poco el Pokégear del oído. Miró hacia la casa del artesano, extrañado, y luego le miró a él.

—¿No te está llamando tu nieta?

—No. Está dormida.

—¿Y por qué no paro de oír a alguien gritar abuelo?

César le miró confundido, ¿tan sordo estaba que no lo oía? Antón se dio la vuelta y César miró detrás del joven para ver si lograban distinguir la fuente del sonido, la cual no tardó en aparecer en su campo de visión. Una chica de corto cabello rosa y ojos azules que llevaba el uniforme del Team Rocket iba corriendo hacia ellos a toda velocidad y, entre el uniforme que llevaba y los gritos que daba de vez en cuando, no tardó en ganarse un par de miradas curiosas por parte de los vecinos de Pueblo Azalea.

—No… puede… Es, ¿Carol? —preguntó César mientras se frotaba los ojos. Al volver a abrirlos parpadeó y, entonces, la imagen de su nieta mayor corriendo hacia él se volvió más nítida. Al reconocerla no tardó en moverse y salir a su encuentro— ¡CAROL!

Aunque ya iba corriendo lo más rápido que podía, Carol se esforzó por dar un sprint que la metió de lleno en los brazos de César. El anciano rodeó a su nieta con sus brazos y ella hizo lo mismo, fundiéndose los dos en un abrazo que llevaban años esperando realizar.

—Mi niña preciosa… —susurró él mientras la llenaba de besos y caricias. Carol no podía parar de reír y llorar a la vez, después de ese día estaba convencida de que acabaría con las emociones alteradas de por vida— Cuánto has crecido. ¡Maldita sea el Team Rocket! Al menos veo que su maldad no ha podido hacer mella en tu hermosa luz.

Antón sabía de primera mano lo difícil que era que César llorara, pero eso no hizo que se sorprendiera al verle derramar lágrimas cuando se reunió con su nieta. Hasta a él se le escapó alguna al ver el tierno reencuentro. Esperó pacientemente a que abuelo y nieta se vieran y hablaran todo lo que quisieron, hasta que empezaron a andar a la casa del artesano y al fin César se acordó de que el otro joven seguía ahí.

—Míralo. No sé si os acordaréis, pero de pequeños solíais pasar mucho tiempo juntos en el Encinar.

—Yo sí que me acuerdo —dijo Antón mirando a la chica—. Es una alegría y un alivio tenerte de nuevo aquí, Carol.

—Gracias —dijo ella con una amplia sonrisa y, aunque se notó que quería añadir algo más, el labio inferior le empezó a temblar y pronto la alegría de su rostro desapareció del todo.

Carol comenzó a llorar y los dos hombres tuvieron que sostenerla para evitar que cayera al suelo, aunque no tardaron en decidir que lo mejor sería llevarla a casa para dejarla descansar y que liberara la carga de las últimas semanas. En cuanto entraron y la sentaron en el sofá Antón se fue a la cocina a preparle algo caliente, mientras César se sentaba a su lado sin soltarle la mano. Tardó bastante, pero finalmente Carol logró calmarse poco a poco. Sus lamentos se convirtieron en sollozos y los sollozos fueron disminuyendo hasta convertirse en unos susurros inaudibles que desaparecieron con el tiempo.

—Ya estás aquí. Ya estás conmigo, ya estás en casa.

Carol sonrió y César pudo ver en los ojos de su nieta cuánto había deseado escuchar esas palabras. Antón no se atrevió a volver al salón hasta que no oyó nada, pero para cuando entró con un chocolate caliente para la guardiana ella ya se había dormido, así que lo dejó en la mesita que había enfrente del sofá.

—Esto se parece demasiado a los sueños que he tenido. No me despiertes, por favor.

El susurro de César le hizo alzar la cabeza y eso le permitió ver la mirada llena de ternura que le estaba dirigiendo a su nieta, la cual se apagó en cuanto sus ojos se cerraron. Antón sonrió y fue a por una manta para tapar a los dos familiares, después de lo cual salió de la casa sin hacer mucho ruido para no despertarlos.

El frío aire nocturno le dio la bienvenida y él lo recibió con gusto. No podía olvidarse de decirle a Blanca que no hacía falta que siguiera buscando a Carol porque ya había aparecido, pero se dio unos minutos para disfrutar de las buenas sensaciones que le había dejado ese día. Aunque el comienzo fue de lo más caótico, el final no pudo ser más satisfactorio, porque por fin la poderosa organización que tanto tiempo llevaba atormentando a su región había sido derrotada y sus habitantes podrían vivir tranquilos durante una buena temporada. Lo vio en las calles de su pueblo y supuso que la situación se repetiría en el resto de ciudades: humanos y pokémon convivían alegremente juntos, ya fuera paseando y correteando o admirando sentados la Luna, que cada vez brillaba con más fuerza. Antón no se lo pensó dos veces y sacó a su equipo para que pudiera disfrutar de aquella noche mágica, en la que el tiempo pareció detenerse para darle una tregua a los afectados que tanto habían sufrido esos días.

Por primera vez en mucho, Johto dormiría completamente en paz aquella noche.


Las habitaciones de la Liga estaban sumidas en una oscuridad tan absoluta que sorprendió a Mento en cuanto entró en estas. El miembro del Alto Mando hizo uso de sus agudos sentidos para acercarse al interruptor, aunque antes de eso tuvo que detener con sus poderes psíquicos un dardo tranquilizante que fue lanzado a su cuello.

—¿Llego después de un largo día y así me recibís? —preguntó mientras encendía las luces. Estas revelaron al culpable de su ataque, que no se molestó en esconder su identidad.

—Ya me lo agradecerás. Tienes que estar en forma que dentro de nada tendremos visita.

Mento sonrió al oír las palabras de Koga y el ninja sonrió de vuelta. El especialista en tipo psíquico abrió la puerta que daba a la siguiente sala y vio que ahí estaban Bruno haciendo un par de pesas y Karen leyendo un libro junto a su umbreon.

—Tengo ventaja sobre vosotros porque ya la he conocido —dijo mientras cerraba la puerta y miraba a su compañero—. Lo siento por ti, Koga, y por los otros dos, pero me aseguraré de que no pase de mí.

—Me decepcionaría que te dejaras ganar, pero también me decepcionaría que no llegara hasta mí —dijo mientras se encogía de hombros—. Sea cual sea el resultado de vuestro combate acabaré decepcionado.

—Tan positivo como siempre.

Los dos hombres se dieron la vuelta al oír la voz de Karen, que había entrado en la habitación junto a Bruno. El especialista en tipo lucha hizo crujir sus nudillos y la mujer sonrió.

—Sé que lo tengo difícil porque soy la última, pero me gustaría ver de qué es capaz de primera mano.

—Lo siento, querida, pero tendrás que conformarte con ver nuestro combate.

—Y el nuestro —añadió Koga, a lo que Mento quiso responder, pero la extraña sonrisa de Bruno mientras chocaba su palma abierta con un puño se lo impidió.

—Me aseguraré de sacar todo su potencial cuando llegue hasta mí después de sobrepasar a nuestros compañeros.

Karen rio al ver las expresiones que se les quedaron a Mento y Koga, los cuales prefirieron no contestar al gigante. Por su parte, la especialista en tipo siniestro se agachó para acariciar a su pokémon, el cual respondió a sus mimos con un débil ronroneo.

—No tardes mucho en llegar, Lira. Estoy segura de que tu visita nos entretendrá mucho.