Disclaimer
Todos y cada uno de los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Yo los utilizo para mi propia entretención y no recibo ninguna retribución monetaria por ello.
Gracias a todos por leer y comentar.
Lo que tenga que ser, que sea
Todos los Tendo habían salido a presenciar el combate excepto Akane, quien estaba en el jardín de su casa, mirando tristemente hacia el horizonte mientras Mousse, que la estaba acompañando en ese momento, tocaba en su erhu una de las más tristes melodías que conocía. La situación lo ameritaba: en unos minutos más él perdería a Shampoo para siempre. Y probablemente, Akane viviría lo mismo con Ranma, aun cuando ella podía salir incólume de todo este lío; las cosas podían salir bien para ella si se daban algunas condiciones. Su felicidad estaba en las manos de Ryoga Hibiki.
– ¿No irás a ver el combate, Akane? – le preguntó Mousse sin dejar de pasar el arco por las cuerdas, sacando de éstas bellos sonidos. Akane suspiró. No ganaba nada con ir para allá. Su destino estaba sellado. Mousse la contradijo: si Ryoga ganaba, Ranma sería libre. Akane no era pesimista sino realista.
– No creo que Ryoga lo derrote: Ranma es superior a él, todos lo saben, incluso el mismo Ryoga Y, además, su orgullo no le permitirá ser derrotado de nuevo por Ryoga. Creo que prefiere tener que ocuparse de Shampoo por la eternidad pero no ser vencido una segunda vez por el mismo oponente. Por más que Ranma me dice que, aunque gane, no se casará con Shampoo, no puedo creerle – suspiró desalentada. Al final de toda esta historia, la única que saldría ganando era la propia Shampoo. Había logrado su anhelado sueño de casarse con Ranma; debía estar exultante. Mousse negó con la cabeza. Ella tampoco ganaría mucho más que sufrimientos.
– Shampoo está enamorada de Ryoga. Lo sé, lo he visto –. Mousse le contó a su amiga que había estado siguiéndola estos días y, aunque trataba de fingir delante de la bisabuela, Shampoo lo estaba pasando mal. La conocía bien, no necesitaba que se lo dijera con palabras, lo notaba, lo sentía. Akane lo miró entristecida. Le hubiese gustado que las cosas terminaran mejor para ambos pero Mousse la consoló diciéndole que nadie se moría de amor. En la vida encuentras más derrotas que victorias y, de eso, él sabía bastante. Estaría bien; lo superaría. Algún día.
– Ryoga debe ganar hoy. Así Ranma puede volver contigo y él permanecer con Shampoo, porque también la ama. Y la ama con locura – dijo Mousse y, fingiendo tranquilidad, siguió tocando el erhu.
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Finalmente, con bastante tiempo de atraso y cuando muchos empezaban a dudar de su asistencia, Ranma llegó al cuadrilátero. Lo primero que vio fue la inmensa cantidad de gente que apoyaba a Ryoga, su padre incluido. Habráse visto. Fue directamente donde Genma a exigirle explicaciones por semejante canallada y éste le respondió que, efectivamente, quería que perdiera.
– ¿Y no te importa mi honor? – le gritó su hijo al desconsiderado de su padre.
– Sinceramente, por hoy, no – dijo Genma tranquilamente y se alejó de él.
Mejor. No quería seguirlo escuchando. Dirigió la mirada hacia quienes lo apoyaban y sólo estaban Kuno Tatewaki, quien paradójicamente no estaba ahí precisamente por él sino, en el fondo, en contra de él, Cologne y Shampoo. Ésta lucía hermosa pero con una profunda tristeza en sus ojos sin brillo. ¿Tendría miedo de que Ryoga lo derrotara?
– ¿Cómo estás, yerno? – dijo la bisabuela plena de felicidad –: sabía que terminarías casándote con Shampoo, nadie rompe las reglas de nuestra tribu así como así – dijo victoriosa antes de que Ryoga apareciera siquiera. Shampoo lo saludó y le pidió a Ranma si podían hablar a solas. Cologne tomó esto como un asunto de enamorados y, feliz, los dejó solos.
– Ranma, te deseo lo mejor para hoy. De corazón. Probablemente derrotarás a Ryoga; no lo sé pero, si es así – Shampoo levantó la mirada y la fijó en la de Ranma –, por favor, no le hagas más daño del necesario.
La petición de Shampoo lo descolocó. ¿Estaba seriamente preocupada por Ryoga o era una parte más de los engaños de esta mujer?
– Shampoo, tú… –. No pudo seguir hablando porque llegó Kuno a decirle que se despidiera de Akane, que ahora ella sería sólo para él. Que si estaba entre sus partidarios era para verlo humillado en el terreno que a él le importaba; que asumiera definitivamente su derrota en el corazón de Akane. Ranma no le contestó nada, aún estaba descolocado por la petición de Shampoo y no tenía cabeza para prestarle atención a las imbecilidades de Kuno Tatewaki. Lo dejó hablando solo.
No todos interpretaron la conversación de Ranma y Shampoo de la manera correcta. Ukyo y Kodachi estaban a punto de lanzarse sobre ella y matarla por intentar distraer a Ranma, para embrujarlo de algún modo y hacer que éste venciera. La conocían bien y sabían que era capaz de eso y mucho más. Nabiki les dijo tranquilamente que Shampoo no sacaba nada con intentar distraer a Ranma si Ryoga aún ni siquiera aparecía por ahí. Sin él, adiós combate. Adiós a Ranma. Adiós a su dinero. Era la triste realidad. Sin Ryoga, todos salían perdiendo.
Habían pasado ya dos horas desde lo que debería haber sido el puntapié inicial a todo ese circo pero Ryoga no aparecía. Ranma estaba intranquilo primero y desesperado después. Ryoga no podía estar perdido como tantas otras veces en las que lo había hecho esperar por días, semanas, hasta meses. No, no podía hacerle eso pero así se estaban dando precisamente las cosas. Estaba atado de manos. Trataba de calmar su ansiedad conversando con Kasumi y mantiniéndose alejado de Ukyo y Kodachi que lo martirizaban aun más, exigiéndole que fuera a buscar a Ryoga. ¡Pero si lo había buscado durante días! Ranma miraba a Shampoo quien permanecía sentada, con la cabeza agachada, tratando de ocultar sus emociones. Uf, si pudiera saber qué sentía realmente por Ryoga…
Cuando ya todos estaban preparándose para retirarse, apareció Ryoga, sacando aplausos y provocando gritos en sus partidarios, para incredulidad de él mismo. Venía hecho un ecce homo pero parecía estar en condiciones de pelear. Al verlo entrar, Shampoo se puso de pie y lo miró fijamente. Estaba más hermosa que nunca. Para Ryoga, verla ahí, en el lugar que ocupaban los que alentaban a Ranma le partió el corazón nuevamente, sin embargo, intentó hacer caso omiso de aquéllo. Él lo sabía, siempre lo había sabido. No era novedad, aunque le doliera.
– Si pensaste que no llegaba, siento desilusionarte: aquí estoy, Ranma – rió Ryoga. Ranma no sabía que pensar, estaba tan confundido.
– Nunca dudé de que llegarías – mintió Ranma descaradamente –. Ahora, espero que pelees con todas tus fuerzas y no te dejes perder para quedarte con Akane.
– Akane no está aquí – le contestó Ryoga. No tenía sentido hablar de ella.
– Sólo te lo estoy advirtiendo. Pelea como un verdadero artista marcial –. Ranma no sabía por qué hacía esa advertencia pero la hacía. Ryoga se acercó a él.
– Ranma, probablemente me derrotarás hoy día pero nunca, óyelo bien, nunca me dejaré perder. Pelearé con todas mis fuerzas porque no quiero quedar como un cobarde frente a la mujer que yo verdaderamente amo – replicó Ryoga. Ranma se dio cuenta de que, si Akane no estaba ahí, entonces, Ryoga estaba hablando de Shampoo. Y, probablemente, ella también lo quería, tomando en cuenta lo que le había dicho al principio. Era el momento para acabar con todo eso, de una vez y para siempre.
– Ryoga, no sigamos con esto. No luchemos, no sacaremos nada, todos perderemos –. Ranma lo decía honestamente sin importarle, en ese momento, parecer cobarde. A veces, hay cosas más importantes que eso.
– No, ya te lo dije: no quedaré como un cobarde frente a Shampoo – confirmó así las sospechas de Ranma –. Sé que ella está enamorada de ti pero, al menos, quiero que se quede con la mejor impresión de mí. Que sepa que luché hasta el final por ella, aunque sé que nunca estaremos juntos.
Ya no hubo tiempo de más diálogo: era la hora de empezar. Ambos contendores se saludaron. Ryoga miró de reojo a Shampoo: se veía triste pero malinterpretó, una vez más, sus sentimientos creyendo que sufría por Ranma.
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Desde el principio se notaba que Ranma no quería realmente luchar. Lo único que hacía era esquivar los golpes de Ryoga pero sin atacarlo realmente. En más de una oportunidad le insistió en que dejaran todo eso. El mismo Ryoga se negó. Decidió atacar entonces, no más fuerte de lo necesario. Estuvieron más de veinte minutos con ese juego hasta que la bisabuela intervino y los obligó a luchar de verdad: era una vergüenza para un artista marcial de la categoría de ambos hacer el ridículo que estaban haciendo. Ryoga entonces, se lanzó con más fuerza. No quería quedar como un individuo patético delante de la bisabuela de Shampoo, que hubiese podido a llegar a ser propia bisabuela. En el fondo, seguía siendo un idiota por todavía no ser capaz de despertar de ese sueño que nunca se haría realidad.
Tuvieron que comenzar a luchar en serio pero acordaron tratar, en lo posible, de no usar sus técnicas más fuertes ni tampoco armas. Trato hecho, sería como cuando estaban en la escuela y peleaban por los panecillos aunque las cosas eran diferentes ahora; ya no eran unos niños y ambos lo sabían. Ranma fue el primero en comprobarlo y se vio en más de una oportunidad casi superado por Ryoga y su fuerza descomunal. Si bien no tenía su velocidad, Ryoga había mejorado mucho desde la primera vez en que se enfrentaron y Ranma temió sinceramente por su victoria. Pero siempre tenía un as bajo la manga: todos sus problemas se solucionaban cuando Ryoga llegaba a cruzar su mirada con Shampoo, momento en el que se distraía fácilmente. Al ver el rostro de Shampoo lleno de angustia, malinterpretaba todo y creía que ella estaba mal por Ranma. Esos momentos eran aprovechados por éste último quien, siendo mucho más rápido y ágil que Ryoga, lograba sobreponerse a su momento de debilidad.
En el público, todos los que estaban con Ryoga veían con preocupación que éste ni siquiera estaba cerca de derrotar a Ranma. Podía igualarlo a ratos pero, de ahí a vencerlo, había un largo camino. Se veía como una tarea titánica, por no decir, imposible. Quien peor estaba era Kasumi puesto que su deseo de que Ryoga ganara no tenía intereses ulteriores, como la gran mayoría de los que estaban ahí, sólo la felicidad de su hermana. Del otro lado estaba Shampoo, cada vez más desolada al ver que, al parecer, Ryoga estaba cumpliendo su promesa de dejarse perder. Se maldijo una y mil veces por su estúpido orgullo que le impidió reconocer sus verdaderos sentimientos, presintiendo que todo podría terminar de la manera en que siempre lo soñó antes pero que, en su nuevo ahora, ya no era lo que anhelaba.
Después de recibir algunos golpes del otro, el orgullo de ambos luchadores salió a flote. Estaban haciendo el soberano ridículo y ninguno quería quedar como el débil de la historia. Por un momento, Ranma pensó en manejar todo y llegar a un empate pero, al recibir unos golpes bastante fuertes de parte de Ryoga, que no cedía en su afán de seguir luchando a pesar de todo, decidió no dar mayores ventajas y comenzó a catigarlo de forma un poco más dura. Él se lo había buscado.
– No quería llevar las cosas a tales extremos, Ryoga, sin embargo, nunca entendiste mi posición e insististe en llevar esto por las malas. No te quejes después diciendo que no te lo advertí – y, habiendo dicho esto, lanzó un golpe de puño que lanzó a Ryoga unos buenos metros lejos del cuadrilátero. No quería hacerle daño sólo buscaba que entrara en razón pero quizás le puso demasiada fuerza a su golpe. Shampoo se puso de pie horrorizada, algo que no pasó desapercibido ante su bisabuela.
– No deberías tener esa cara, tu novio va ganando. Siéntate y espera a ver como triunfa por ti.
Con el corazón apretado, Shampoo tomó asiento pensando en subir ella misma a combatir contra Ranma si llegaba a dañar seriamente a Ryoga. No pasó mucho tiempo en olvidarse de esa idea: Ryoga jamás se lo perdonaría.
Al ver que su luchador apenas podía ponerse de pie, la angustia se apoderó de los partidarios de Ryoga. No había forma de que éste venciera a Ranma, haría falta un milagro. Sin embargo, y a pesar de lo que se creyó en un principio, Ryoga se recuperó relativamente rápido del golpe. Se limpió la sangre de la boca y subió nuevamente al cuadrilátero. Perdería, sí. Pero dejaría su alma en la pelea. Sólo quería que Shampoo no lo viera como un cobarde, un debilucho. Si vivía o moría, a esas alturas, le daba lo mismo.
– Ranma, vas a necesitar mucho más que eso para derrotarme – le dijo lanzando un golpe que Ranma esquivó fácilmente. Como respuesta, recibió de vuelta mil puñetazos que lo dañaron bastante. Shampoo se tapó la cara con las manos, ya no quería seguir viendo eso. No importaba si ella quedaba como una paria por el resto de su vida; sólo quería que Ryoga no sufriera más.
Todas las veces que Ranma lo lanzó al suelo, Ryoga se levantó. Él no se rendiría y eso Ranma lo sabía. Éste, al ver a su oponente en tan mal estado, ya no quería seguir
– Ryoga, mira como estás. No tiene caso seguir con esto –. Sin embargo, éste no accedió a la petición de su, a fin de cuentas, amigo ¿Cómo podía ser tan terco? ¿Y si le decía lo que Shampoo le había pedido antes de comenzar la pelea? ¿Cambiaría en algo las cosas? No tuvo más tiempo de seguir con sus reflexiones porque, en ese momento, Akane y Mousse, al contrario de lo que habían dicho, llegaron al lugar de la pelea. Al verla, Ranma se desconcentró, dando paso a que fuera Ryoga quien diera esta vez en en el blanco. Ahora fue Ranma quien voló por los aires. Todos estaban conmocionados: querían que Ranma perdiera pero no que lo mataran.
El golpe desató la furia de Ranma. Ryoga lo había hecho ver como un alfeñique delante de Akane: precisamente lo que él no quería mostrar delante de Shampoo. Su paciencia y buena voluntad se habían agotado: esta vez no tendría compasión.
– Ryoga, esta lucha va con todo – y, olvidando el trato que habían hecho, sacaron a relucir sus ataques más poderosos. Ranma golpeó primero con su Huracán del Tigre. Al ver que Ryoga no fue ni siquera capaz de reaccionar para esquivarlo, la confianza en sí mismo volvió y decidió que la victoria sería suya. El silencio se apoderó de todos ¿hasta dónde era capaz de llegar Ranma? En el fondo, a pesar de lo que decían y hacían contra el otro, ellos eran amigos.
– Aunque no lo creas, no quisiera estar en el lugar de Ryoga – le dijo Mousse a Akane quien se sentía pésimo: Ranma estaba dando todo por ganar aun sabiendo que su victoria traería el desconsuelo de muchos.
– A Ranma no le importa nada más que ganar – dijo mirando hacia el suelo, aguantando las lágrimas.
– No digas eso, sabes que no es así. Sin embargo, ten fe en Ryoga. Él puede lograrlo –. Akane estaba sorprendida de la frialdad que Mousse había conseguido: ya no era ese Mousse que perdía la cabeza fácilmente y hacía cualquier estupidez por Shampoo. La mujer de la que había estado enamorado toda la vida se quedaría con otro, con cualquiera de los dos, y él hablaba con mucha tranquilidad.
– Mousse, ¿prefieres que gane Ryoga? ¿Prefieres que él se quede con Shampoo? – le preguntó. Mousse no tardó en responder:
– Sí, al menos Ryoga la quiere de verdad. Además – agregó –, una personita a la que yo aprecio mucho estaría también feliz – le dijo sonriendo. Akane sonrió de vuelta. Mousse era un gran amigo.
A Ryoga no le importaron los golpes de Ranma. Él también había entrenado duro para llegar ahí. Golpeó a Ranma nuevamente, consiguiendo mandarlo lejos, una vez más. Al voltear a ver a Shampoo la vio con las manos en la cara, reclinada hacia adelante, apoyada sobre los muslos, evitando mirarlos. Verla así provocó que el inmenso dolor que sentía sólo siguiera aumentando. ¿Tanto quería Shampoo a Ranma? Si era así ¿no era mejor cumplir con lo que le había prometido y dejarse perder? A fin de cuentas, a Shampoo no le importaba si él era valiente o no. A ella sólo le importaba Ranma. Con toda esa tristeza a cuestas lanzó su Rugido del León el que golpeó de lleno a Ranma. No le provocó tanto daño como el que recibió él anteriormente, pero por algo se empezaba. Una lucha que había comenzado por una imprudencia de jóvenes que no sabían contenerse al hablar, se había transformado en una batalla a muerte. Y esa batalla amenazaba con terminar realmente mal.
Akane estaba desesperada de ver cómo Ranma, su prometido, y Ryoga, su amigo, habían perdido la cabeza. Decidió intervenir pero Mousse no la dejó. Estaban tan fuera de sí que podrían llegar a dañarla. Por otro lado, eso heriría el orgullo de ambos.
– ¡Se van a matar! – gritó Akane.
– No, porque ambos tienen una razón importante para vivir – la tranquilizó Mousse.
Al otro lado, Shampoo ya no pudo más con su angustia y se largó a llorar. Aunque ya no amaba a Ranma, tampoco quería verlo muerto. Y Ryoga: no podía ni imaginar cómo sería su vida si algo le pasaba. Por su culpa, además. Se volvería loca.
– Bisabuela, por favor, acaba con ésto – le rogó.
– ¿Estás loca? Mi yerno va a derrotar a Ryoga – dijo la vieja con gran seguridad.
– ¡No me importa que gane! ¡Sólo quiero que Ranma no le haga más daño a Ryoga! – le gritó. Su bisabuela se giró y la miró sorprendida. ¿A qué iba todo esto? ¿Se había vuelto loca?
– Ninguno de los dos morirá – aseguró Cologne –, además ¿qué te importa a ti lo que le pase a Ryoga?
– Me importa – dijo Shampoo –, me importa, y mucho porque yo a él lo amo –. La mirada de Shampoo mostraba que estaba segura de lo que decía y, a la vez, tranquila. Por fin había sido capaz de reconocer sus sentimientos delante del resto. Cologne la miró sin sorpresa. En realidad, ella intuía algo; que algo entre ellos había sucedido pero no lo juzgó como importante. Se equivocaba: lo era.
Todo el mundo en ese lugar comenzó a perder la razón. Todo se estaba saliendo de las manos e iba directo a convertirse en una desgracia, una tragedia. Genma se ubicó cerca de Ranma y le gritó que terminara con ese espectáculo. Su hijo no lo oyó o no quiso oírlo. Tampoco oyó los ruegos de Soun o Kasumi. Ryoga tampoco hizo caso a los gritos de Shampoo pidiéndole que parara con todo. Lo tomó como un intento por detenerlo ahora que estaba alcanzado el nivel de Ranma y tenía posibilidades reales de derrotarlo. No, no lo haría. De ese cuadrilátero lo sacaban como vencedor o muerto. Más allá Akane lloraba aferrada a Mousse quien ya había cambiado de opinión sobre los límites que Ranma y Ryoga estaban dispuestos a cruzar.
– Ranma, tú siempre has tenido el amor de las mujeres que yo he querido. Siempre lo has ganado todo, por lo mismo, y aunque le prometí a Shampoo que me dejaría perder, daré todo lo que tengo para derrotarte. Estoy realmente enamorado de Shampoo. Sí, es cierto, todo partió como una estrategia para separarte de Akane. Pero en el camino me di cuenta de lo extraordinaria que es. Es única. Sólo tiene un defecto: amarte como lo hace. Por eso mismo, porque nunca estaré junto a ella, no importa lo que pase después de esto. Hoy te volveré a derrotar.
Ranma confirmó su sospecha. Todo fue un plan tramado por Shampoo y al final, los que saldrían perdiendo serían ellos dos, Ryoga y él. Sin embargo, no podía dejarse vencer. No porque le importara Shampoo sino porque no sería derrotado una segunda vez por Ryoga y, también, porque no quedaría como un enclenque delante de Akane. Lo que tuviera que pasar, que pasara.
Lo que vino después fua una verdadera carnicería. El cuadrilátero quedó hecho añicos. Algunos espectadores tuvieron que escapar, otros se refugiaron debajo de las bancas, detrás de los árboles. Los únicos que permanecían ahí eran Shampoo, su bisabuela, Genma, Akane y Mousse. Soun tomó a sus dos hijas mayores y las retiró para ponerlas a salvo pero Akane estaba lejos y no los siguió. Kasumi y Nabiki le gritaban a Akane para que se alejara. Ukyo y Kodachi intentaron saltar a defender a Ranma pero éste las echó.
– ¡Salgan de aquí las dos! ¡Esto no es asunto suyo! – les advirtió. Lo único que se oía eran ruidos infernales, descargas de energía impresionantes. Y los gritos de Ryoga y Ranma.
El nivel de los ataques estaban alcanzando un punto cúlmine. Ranma, enfocado en que Akane no creyera que era un débil, y Ryoga, autoengañado por la idea de que Shampoo sufría por Ranma y no por él, alcanzaron el temple de ánimo idóneo para llegar al cenit de su poder. Ambos lanzaron sus ataques al mismo tiempo cayendo ambos, también al mismo tiempo, sobre la lona ante el grito desesperado de todos. Todo movimiento, incluido el de la respiración, estaba ausente en ellos.
Gracias de nuevo a todos los que leen.
Pretendía cerrar este fic aquí, hoy, pero ni fui capaz. Tendrán que soportarme un capítulo más. Lo siento.
