Capítulo 3
El equipo estaba bajando del avión cuando el teléfono de Hotch comenzó a sonar en el interior de su chaqueta. Frunció el ceño cuando no reconoció el número.
-Hotchner -respondió con más brusquedad de la que pretendía.
-¿Aaron? Soy Natalie, no sé si te acuerdas de mí...
-Sí, sí por supuesto -le hizo un gesto a Rossi para que continuara, que se había detenido al ver la expresión de su cara al sacar el teléfono.
-No sé si te pillo en un buen momento. Puedo llamarte más tarde si quieres -preguntó la chica al sentir la frialdad del hombre.
-No, está bien. Es que no había reconocido el número, y no estaba solo. Ahora ya puedo hablar.
-Perfecto…entonces si te viene bien, podríamos vernos para tomar un café. O lo que quieras. Hoy tengo el día libre.
Hotch miró el reloj. Faltaba apenas una hora para el final de la jornada, y estaba bastante seguro que al equipo no le importaría irse antes a casa. Al fin y al cabo era Lunes, habían pasado los últimos cinco días fuera de casa, y el informe podrían terminarlo al día siguiente.
-Dime el lugar y nos vemos allí en una hora.
Cuando entró en la cafetería, divisó a Natalie en una mesa junto al ventanal. Llevaba las gafas de sol sobre la cabeza y el pelo rubio recogido en una coleta alta. Le sonrió ampliamente cuando se acercó y se sentó. Un camarero les tomó nota y luego se alejó.
-Me alegro de verte -dijo ella para romper el hielo.
-Yo también -no supo qué más decir. Apenas habían hablado la otra vez que se habían visto.
-Sigues teniendo esa expresión tan…seria. Empiezo a pensar que sólo tienes esa -rio la chica.
-Tengo un trabajo muy estresante. Supongo que será por eso -contestó con una leve sonrisa, pero que se quedó más en una mueca.
El camarero les trajo sus cafés y un trozo de tarta para Natalie. Ella comenzó a comer despacio mientras Hotch la miraba.
-Quise llamarte antes, pero he estado bastante ocupada -se justificó ella.
-No hay problema. He viajado bastante en estas dos semanas -ella asintió en comprensión-. ¿Mucho trabajo en el hotel?
-Oh, no trabajo sólo en el bar del hotel. De Martes a Viernes estoy de recepcionista en una clínica dental. De Jueves a Domingo por la noche sí estoy en el hotel y el Lunes descanso.
-Vaya, tienes una vida muy ajetreada.
-No me importa. Me gusta tener dos trabajos. O sea, no es que me guste exactamente, pero necesito estar continuamente ocupada. Lo que gano en el bar es un poco más de lo que gano en la clínica, y son un par de horas menos al día. En realidad, me compensa.
-Entonces bien. ¿Y tus padres están de acuerdo con eso?
Natalie soltó una carcajada, echando la cabeza hacia atrás. Hotch no pudo evitar fijarse en que a través de la blusa se le veía el sujetador.
-Aaron, tengo casi treinta años, ya me da igual lo que opinen mis padres. Mis hermanos y yo tenemos una buena educación gracias a ellos, sí, pero puedo hacer con mi vida lo que quiera.
-¿Y no has encontrado trabajo de lo que has estudiado? -quiso saber él.
-Lo hice, pero no quería pasarme toda la vida moviendo el dinero de la gente de un lado para otro. Es mucho más divertido servir copas -respondió con una amplia sonrisa.
-Me gusta tu filosofía de vida.
-Mi madre no opina lo mismo, pero hace mucho tiempo que me da igual lo que piense -se sentó recta en la silla y se inclinó hacia adelante-. De todas formas, no vamos a pasarnos la tarde hablando ¿no?
Se quitó el zapato y subió el pie despacio por su pierna, hasta llegar hasta la entrepierna. Miró fijamente su rostro, esperando una reacción, pero él no se inmutó. Sintió que la decepción la invadió por no lograr provocarlo, hasta que justo en el momento en que iba a quitar el pie, él lo agarró. Luego lo acercó de nuevo a su entrepierna y lo movió. Natalie sintió su dureza y cómo se empapaban sus bragas.
Segundos después, la soltó. Se calzó rápidamente y con una sonrisa en la cara, se puso de pie.
-En tres minutos en el cuarto de baño -susurró en su oído antes de alejarse.
Hotch pagó la cuenta y se dirigió al baño. Le parecía excitante lo que estaba a punto de hacer, aunque un poco de pánico le cerraba la garganta porque se metería en un gran problema si los pillaran. No era la primera vez, pero nunca antes lo había hecho en una cafetería, siempre en bares después de algunas copas y siendo mucho más joven.
Llamó suavemente a la puerta y Natalie tiró de él hacia adentro en cuanto abrió. No perdió tiempo y lo besó. Estaba tan cachonda que enseguida se bajó las bragas. Desabrochó el cinturón y pantalón de Hotch y sacó su polla. La acarició unos segundos y luego lo empujó contra la taza del W.C. Hotch apenas tuvo tiempo de ponerse el condón cuando ella se sentó sobre él moviéndose con rapidez. Ambos estaban tan excitados que duraron un par de minutos.
-¡Dios, cuánto deseaba esto! -dijo Natalie mientras se recomponía la ropa.
-Ha estado bien -respondió Hotch quitándose el condón y vistiéndose a su vez.
-¿Tienes prisa?
Miró el reloj y pensó en el piso vacío y silencioso que le esperaba cuando volviera a casa.
-¿Qué tienes en mente? -preguntó al cabo de un momento.
-Podemos ir a mi casa. Estaremos solos. Mi compañera de piso trabaja esta noche y nadie nos molestará…-se acercó a él y sonrió con picardía.
Asintió y salió. Natalie soltó una risita, esperando dormir acompañada esa noche.
Hotch soltó un ronco quejido cuando se vació por segunda vez dentro de Natalie. Habían llegado a su casa, un pequeño apartamento de dos habitaciones y a ella le faltó tiempo para desnudarlo.
Natalie era joven, apasionada y le encantaba el sexo. Utilizaron un juguete sexual, lo hicieron en varias posturas y finalmente ambos cayeron rendidos en el sofá. La chica cogió una manta y los tapó a los dos.
-No vendrá tu compañera de improviso ¿verdad? -preguntó él al cabo de un rato.
-No hasta por la mañana. Pero si tienes miedo de que te vean, podemos encerrarnos en la habitación y seguir con la diversión hasta que vuelvas a estar listo -contestó con diversión mordiéndole el lóbulo de la oreja.
-¿Tú no te cansas nunca?
Natalie rio mientras se sentaba a horcajadas sobre él. Aaron la miró levantando una ceja.
-En el tema del sexo, casi nunca -se inclinó hacia adelante y comenzó a besarle el cuello.
Hotch quiso dejarse llevar, sin embargo, se había hecho tarde. Apartó con cuidado a la chica y sonrió levemente.
-Lo siento, Natalie, pero tengo que irme.
-¿Ya? Pero si es temprano…-protestó la chica.
-Mañana tengo que trabajar, y madrugar. Llevo cinco días durmiendo fuera de casa y necesito una noche de buen descanso.
-Puedes descansar aquí -bromeó ella. Vio la expresión de su cara y supo que no iba a ganar-. Está bien, ¿pero todos nuestros encuentros van a ser así? ¿Vas a escapar a medianoche como Cenicienta?
Hotch terminó de calzarse y se colocó la chaqueta. Luego se sentó de nuevo en el sofá. Acarició la barbilla de Natalie.
-Podemos divertirnos lo que quieras, pero cada uno tenemos nuestras obligaciones. Esta noche necesito descansar, tal vez otro día podamos pasar la noche juntos.
Ella asintió lentamente mientras se mordía el labio inferior. Luego se inclinó hacia él y lo besó apasionadamente. Hotch se levantó y se marchó. Natalie se apoyó en el reposabrazos del sofá, suspirando. Tal como él le había dicho, esperaba que la próxima vez, se quedara a pasar la noche.
Continuará…
