No soy doctor, soy Ingeniero en Sistemas. Odio la medicina y cualquier cosa relacionada con ella. Elegí mi escuela porque su plan de estudios no incluía química. Lo más cerca que he estado de ese mundo, es que vi dos temporadas de "The Good Doctor", y 15 de "Grey's Anatomy". Tampoco tengo a nadie que estudie medicina, y no pienso ir a hacer el ridículo con un doctor para saber. So, investigué lo que pude sobre esto y le pregunté a ChatGPT con 7 prompts diferentes y realistas, si quedaba esto con lógica, y me dijo que sí. Es un fanfic, intento hacerlo realista, pero me pidan de más.

Por cierto, tal vez, deberías ir a darle un repaso a los tags de esta historia.

El sonido de la lluvia era tan ensordecedor que las lágrimas de Michiru se mezclaban con las gotas que deslizaban por los vidrios empañados de la sala de espera del hospital. No caían truenos, ni relámpagos, solo era agua.

Afuera, la ciudad de Bolonia estaba cubierta por un manto gris, y los árboles del bosque parecían doblarse por el peso de la lluvia. Hasta hace unas horas, le hubiera parecido un paisaje de lo más hermoso, ahora le causaba escalofríos.

No sabía cuanto tiempo había pasado sin tener noticias de Haruka. Podían ser horas, minutos, segundos, o días. Había perdido la noción del tiempo.

Sabía que habían tenido que hacerle una traqueotomía en plena pista. Su temperatura había empezado a caer alarmantemente… Y era todo lo que sabían.

Hasta hacía unas horas, Haruka se despedía de ella con un beso, diciendo que le daría otro cuando levantara su campeonato. Ahora, ella estaba cayendo a la tristeza.

En el fondo de su corazón, imploraba porque todo ello solo fuera un mal sueño. Que Haruka la sorprendiera con un abrazo, muy típico de ella, diciendo que todo estaba bien, y que lamentaba haberla asustado. Que ella pudiera regañarla por escaparse de los médicos, llorar en su hombro, confesando que había pensado lo peor.

Sin embargo, nada de eso era real. Desconsoladamente, solo podía llorar. El cielo ardiendo… era todo lo que estaba en su mente. Las imágenes se repetían una y otra vez. La cámara de Haruka, que demostraba como giraba el volante completo, y el monoplaza no respondía. El mismo monoplaza, volando por los aires.

Ahora, Haruka se debatía entre la vida y la muerte.

Solo un poco más. No podía irse ahora. Quería tenerla un poco más. La ley de la vida decía que ella debía irse primero. No era justo.

—Michiru.

Volteó a ver quien era la que le hablaba, aunque no tenía fuerzas para hablar con nadie.

Rei, Mina, Makoto y Setsuna, estaban enfrente de ella. Claro, las había olvidado. Las había dejado ahí, en el paddock, en las gradas, mientras todo sucedía.

—Chicas…

Ninguna dijo nada. Ni hizo un movimiento, Ninguna tenía la fuerza suficiente como para poderse apoyar. Estar ahí, ya era mucho esfuerzo.

—Setsuna…— Michiru volteó a ver a su amiga, suplicante. De todas, era la única que podía tener un diagnóstico.

Esta solo asintió. Comprendiendo lo que su amiga le decía.

—Iré a ver que es lo que consigo.

—¿Qué es lo que tenemos?

¿Mis signos se han ido?

—Piloto de Carreras Profesional. Tuvo un accidente en Imola. Está en shock. Su temperatura ha caído durante todo el viaje, y ya tuvo un paro.

—¿Respiración?— Preguntó el médico, mientras todos se movían a toda velocidad.

Respiraba violento.

—La paciente presentaba una disminución significativa en la permeabilidad de las vías respiratorias superiores, lo que resultó en una respiración dificultosa y forzada. Se determinó que era necesario realizar una traqueotomía para garantizar la adecuada oxigenación y ventilación del paciente.

Médicos. Siempre con sus palabras rebuscadas. Es todo como un juego de pistas, que sin parar todos siguen.

—Paro, traqueotomía… Su estado es deplorable… Sin duda tendrá que pasar varias veces por el cirujano plástico. ¿Revisaron sus pupilas?

—El doctor Chiba se encargó de eso. El puede explicar mejor todo ello. Doctor Chiba, ¿Puede…?

El médico no podía detener el trabajo que estaba haciendo. Eso estaba claro. Un movimiento en falso, y la vida de Haruka estaría en Jaque Mate.

Pero, al dar una ojeada rápida entre todos los médicos que se encontraban bajando por el elevador… el doctor Chiba no estaba en ningún lado.

—Maldita sea, ¡Tiene las pupilas dilatadas! Debe haberse fracturado el cráneo, hemorragia cerebral… ¡Apúrense!

Afuera, Darien era el último en bajar del helicóptero. Con una sonrisa radiante.

No era tan estúpido, ni impulsivo, como para dejar a esa chica a la suerte, o sabotear su vida. Eso, definitivamente, arruinaría su reputación perfecta.

Pero él no era un médico forense, ni paramédico, para ponerse a hacer trabajo de campo. Ya había hecho mucho ridículo, con que el premio nobel de medicina atendiera a un piloto de carreras. No le pagaban por atender a esa paciente. No tenía interés en salvar su vida, y no tenía por qué continuar.

No era lo que había planeado en un inicio. Solo quería que esa ingenua perdiera todo su valor en un instante. Que perdiera lo que más podía amar, lo que había anhelado profesionalmente.

Aunque, el resultado actual tampoco le disgustaba.

—Doctora Meioh, es un alivio tenerla por aquí. Estamos algo cortos de personal, muchos de los nuestros habían tomado el día para ir a ver la carrera. Necesitamos todas las manos que sean posibles.

—No se si debería estar aquí, es mi amiga. No soy subjetiva. Tampoco soy cirujana.

—Pero es médico. Y uno muy bueno, eso es todo lo que nos importa.

Setsuna sentía escalofríos. No estaba acostumbrada a todo ello. No desde hacía años. No estaba lista.

—¿Qué es lo que tenemos?— Preguntó, tomando varios papeles y registros.

—Tenemos que tratar primero la temperatura. No puede seguir con las cobijas térmicas— Contestó el jefe del lugar.

—Tiene un desgarro abdominal. Puede ser un shock gracias a una hemorragia interna. Lesiones en órganos internos.

—El Doctor Chiba ya se encargó de eso. No hay lesiones internas, afortunadamente, lo hemos podido confirmar.

—Entonces llama por una Tomografía y una Resonancia Magnética. ¡Ahora!— Respondió Setsuna, todavía más alarmada que antes.

Las hemorragias internas eran peligrosas. Pero podría salir adelante, estabilizarse, encontrar el problema y operarse.

Si no era una hemorragia interna, solo podía haber otra opción. Algo no estaba bien con el hipotálamo.

"Michiru, mi amor. Si alguna vez llego a tener un accidente como el de él… No me ocultes, por favor."

"Michiru, princesa. Estoy bien, ¡Debiste dejarme terminar con ese patán!

"Michiru…"

Cuando Michiru volteó, creyendo escuchar a Haruka susurrar en su oído, no había nadie. Era todo su imaginación.

La calidez del sol, tenía de naranja toda ciudad. La vista, desde ese punto, era hermosa. La lluvia había dejado de caer. El atardecer era precioso.

Si tan solo Haruka pudiera verlo…

—¿Por qué no vas al baño? Todo ha sido demasiado para cualquiera. La noche será larga, deberías estar lista.

Por mucho que no quisiera que fuera cierto, Mina tenía razón. Esa noche iba a ser muy larga.

Tomo la mano de su amiga, que estaba en su hombro, y asintió. No la volteó a ver, a ninguna. Solo se levantó y caminó hasta los sanitarios.

Cuando entro al baño, se sentó en el borde del lavabo. Sus manos temblaban ligeramente, mientras sostenía su cabeza y cerraba los ojos con fuerza. Suspiró profundamente, tratando de controlar sus emociones, pero las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas. Sintió que su cuerpo está temblando y como le costaba respirar.

La siguiente vez que Michiru se vio a un espejo, parecía que había envejecido una década entera. Aunque esto no era así, solo habían pasado unas horas. Su piel estaba pálida, y sus ojos se habían hinchado. Su mente era todo un desastre, no podía dejar de pensar en Haruka, y que era lo que le pasaba en ese momento. Se preguntaba si estaba bien, si sobreviviría, o si alguna vez volvería a ser la misma.

Eso eso era todo lo que Haruka influía en ella. Aunque no podía coordinar sus pensamientos de manera coherente.

Sin que se diera cuenta, se había estado mordiendo su labio inferior. Ahora estaba sangrando.

Nuevamente, perdió la percepción del tiempo. No supo cuanto tiempo se quedó mirando el espejo. Pero Makoto había entrado.

—Michiru, Setsuna nos tiene noticias.

—Tiene un desgarro abdominal. Y tengo que hacerle más pruebas— Explicó con voz contundente.

Nadie parecía entender que era a lo que Setsuna se refería.

—¿Qué pruebas?— Preguntó Michiru, aterrada.

—Debo… Debo hacerle una tomografía y una resonancia magnética. Tal vez tenga varias hemorragias cerebrales. Deben ser fuertes.

No digas cosas que luego se puedes regresar.

—Será difícil que recupere todas sus movilidades al cien. Solo mira su mano— Apreció uno de los médicos, a través de las radiografías—Tiene la mitad de los huesos rotos, sin mencionar el estado de sus tendones.

—Lo intentaremos— Aseguró otro, sin prestar demasiada atención— Tienes la oportunidad de ganar un título mundial, quedar en los libros de historia, y te pasa esto, ¿Puedes imaginarlo?

El otro médico se encogió de hombros— No debía ser tan buena, si tuvo un accidente de estas magnitudes.

—O la categoría no es tan buena como nos hacen creer desde niños.

Ambos rieron de sus bromas.

—¿Siquiera sigues la categoría?

El otro negó con la cabeza.

—No. Mis padres eran más de futbol. No me pierdo un solo partido del Bolonia. Incluso en Serie B. Pero, ¿Autos? Solo son coches dando vueltas en círculos.

Su compañero rio— Hablas del Bolonia como si descendiera cada año. Y no descienden desde hace más de quince años. Yo soy más de las carreras de caballos.

—Pues para no gustar del fútbol, sabes mucho del Bolonia.

Su compañero le dio un golpe en el brazo.

—¿Sabes? Tengo curiosidad por saber como terminó esa carrera. Sí se atrevieron a festejar con ella aquí.

—Por eso, es que las mujeres no corren cochecitos. Hasta la celebración les ha de haber arruinado.

Ambos pudieron seguir hablando por un buen rato, de no ser porque llegó el jefe de cirugía. Lleno de papeles, y con muchas indicaciones para dar.

—Bien, ya tenemos los resultados de los estudios. Confirmamos lo diagnosticado. Desgarre abdominal controlado, pero necesitará una cirugía, puede esperar. Hay hemorragias en el cerebelo y en el hipotálamo.

Varios de los médicos que estaban ahí suspiraron, No era un caso difícil. Era un caso prácticamente imposible. Era como jugar con fuego. Esa chica no iba a salir bien.

—Entonces…

—Entonces, este es el plan para nuestra piloto. Doctora Meioh, se encargará de la operación cerebral. Sabemos que no es fácil, y que detener todo es demasiado largo. Por lo que solo le pido que detenga momentáneamente la hemorragia del hipotálamo. Será suficiente para estabilizar su temperatura.

Ese era el plan más arriesgado que había oído jamás. Y ella trabajaba al lado del loco de Darien.

No solo eso. Le estaban dejando toda la responsabilidad a ella.

—Doctor, discúlpeme, pero… ¿No cree que es un poco arriesgado? Esto puede generar problemas. Dejar la operación incompleta, puede ser fatal para que ella recupere todas sus funciones cerebrales.

—Lo sé. Pero ella no es cualquier persona. Tiene que volver a mover esa mano, o no importará nada de lo que hagamos, su calidad de vida no volverá a ser la misma. Haremos operaciones simultáneas, y si quiere, cuando terminemos todo, usted podrá seguir sus procedimientos inmediatamente.

—No sé si yo soy capaz de…

—Doctora Meioh. Comprendo sus preocupaciones y dudas, pero debemos recordar que estamos frente a una emergencia médica. Haruka necesita una cirugía lo antes posible, si quiere seguir con vida.

Setsuna quedó totalmente de piedra. La vida de su amiga estaba en sus manos. No quería tener esa responsabilidad.

—Leí su historial. Se que tiene experiencia en neurocirugía. Incluso si no se dedica a eso actualmente. Se que acaba de hacer una operación muy complicada. Además, aquí tiene a un equipo médico competente y experimentado que le apoyará. Confío en su habilidad.

Setsuna solo asintió.

—Bien. Bianchi y yo nos encargaremos del desgarro abdominal. No debe ser tan complicado, sus lesiones son menos graves de las esperadas. Eso le dará espacio a Blacktower para trabajar con sus manos, junto a Marco. ¿Entendido?

—¿Logrará salir de esto? ¿En serio?— Preguntó el médico que habían señalado como Blacktower. Nada se veía esperanzador.

El jefe de cirugía sonrió—He visto casos peores que este. Serán varios años de terapias, pero estará bien.

¿Cuál era el motivo de todo? ¿Por qué había conocido a Haruka? ¿Acaso era el destino?

No podía imaginarse su propio futuro, como iba a acabar así. Ni siquiera se imaginaba lo que pasaría en unos segundos. No sabía qué hacía, o cómo reaccionar. La idea de sentirse sola ya la asustaba, pero por más que fuera diferente a lo normal, no podía evitarlo. Su pecho, completamente inquieto, no dejaba de latir.

Ya no le quedaban lágrimas para llorar, y la noche había caído. A esas horas, debían estar celebrando, riendo, bromeando. No debían estar ahí.

Eso no era lo que el destino les había prometido.

Desde la primera vez que había conocido a Haruka, había sentido algo especial. Algo único. Lo recordaba perfectamente.

Aquella vez que Haruka había tocado su mano, en lo que era todo un maléfico plan para conocerla. Ese día, ella había sentido una corriente eléctrica que las unía. Las ganas de vivir.

Quería confiar en que eso era real. Que no era solo una ilusión. Que no se destruyera… ¿O ya se había ido?

—¿Señora Kaioh?

Escuchó la voz de un hombre. Seguramente era otro médico… Aunque, al voltear a verlo, se dio cuenta de que no era así.

¿Dónde estaban las chicas? No estaban en la sala de espera, les había perdido el rumbo.

Pero claro que conocía al hombre que tenía en frente. No era nada más y nada menos que Stefano Domenicalli. Presidente de la Fórmula 1.

—Señor Domenicalli. ¿Qué hace aquí?

Domenicalli desvió la mirada— ¿Cómo está Haruka?

Michiru dudaba que a Domenicalli le importara de verdad el estado de salud de Haruka. Aunque, no tenía fuerzas para pelear.

—Tienen que hacerle un par de estudios. Están en eso, ¿Qué es lo que desea?— Realmente, no tenía ganas de hablar con Domenicalli.

Domenicalli solo suspiró, cerrando los ojos— Tengo que entregar esto. Debería ser al piloto, pero no está en capacidades para recibirlo. Así que lo entrego a usted.

Un guardia de seguridad se acercó, entregándole un trofeo a Domenicalli, que luego puso en las manos de Michiru, que no entendía absolutamente nada.

—¿Qué es esto?

—El trofeo que se les da a los campeones del mundo en la F1— Explicó Domenicalli— El motor de Max Verstappen se rompió a veinte vueltas del final. Tuvo que abandonar. Haruka ganó, es campeona del mundo.

Michiru no podía creer lo que estaba oyendo.

Campeona del mundo… ¿Y eso de que le servía ahora?

—¿Usted lo sabía?

Domenicalli quedó en silencio, no esperaba esa reacción.

—¿Disculpe?

Michiru tomó el premió con más fuerza, mientras la rabia se llenaba en su mirada.

—Usted lo sabía. Sabía que esos autos no eran seguros. Sabía que el índice de accidentes se había disparado esta temporada… ¡Y no hizo nada! Usted sabía… ¡Usted sabía que algo así iba a pasar!

—Señora…

—¿En favor de qué? ¿De que los monoplazas fueran dos kilos más ligeros? ¿De ceder a las presiones de los pilotos que se quejan del peso? ¿De hacerlos dos kilómetros más rápidos en recta? ¡Haga sus monoplazas más pequeños!

—Tal vez… Lo mejor sea que me retiré. En vista de todos los inconvenientes que han sucedido…

—¿Inconvenientes?— Michiru soltó una extraña risa, en medio de toda la densa soledad— ¡¿Inconvenientes!? ¡Mi prometida se está muriendo! ¿¡Y usted lo llama inconvenientes!?

Aquella pelea se pudo haber extendido por horas. Michiru hubiera dejado reclamar todas y cada una de sus frustraciones y miedos, en la cara del presidente.

De no ser porque Setsuna la detuvo.

—Michiru, como su prometida, eres la única familiar cercana a ella. Es tu responsabilidad, debes firmar estos papeles. Debemos operarla.

En la antesala del quirófano, luego de lavarse las manos, Setsuna miraba con nerviosismo el reloj en la pared. Sabía que, en cualquier momento, sería su turno para entrar al quirófano.

Había pasado por muchas situaciones similares en el pasado, eso era cierto. Solo que ahora, esta vez, era diferente.

Se sentía asustada, incluso aterrada. No podía evitar pensar en todas las cosas que podrían salir mal durante la operación. ¿Qué pasaría si no podía salvar a Haruka? ¿Qué pasaba si se equivocaba? ¿Y si tocaba algo que no debía? El cerebro era tan delicado…

Empezó a sudar. Las lámparas le estaban dando demasiado calor. Las preguntas le atormentaba, hacía que su corazón latiera a mil por hora, sudando frío.

Setsuna intentaba mantener la compostura, pero su mente se desbordaba de pensamientos catastróficos. Los sonidos del hospital, los beep de las máquinas, y las voces del personal médico, solo aumentaban su ansiedad.

Por fin, la llamaron por su nombre, y un escalofrío recorrió su cuerpo. Sabía que era el momento de entrar al quirófano, y, aunque sabía que debía estar concentrada en su trabajo, no podía evitar pensar en lo peor.

No estaba lista para enfrentar la responsabilidad de salvar la vida de su mejor amiga.

De repente, la puerta se abrió, y una sombra entró. Una sombra que Setsuna conocía muy bien. Volteó a verlo con desconfianza, no sabía qué hacía ahí.

Y él solo se acercó a ella, con una sonrisa falsa en su rostro.

—Setsuna, querida. ¿Qué haces aquí?— Preguntó Darien, con una sonrisa.

—No te interesa— Respondió, intentando de mantener la calma. Caminando a la puerta del quirófano.

—¿Estás segura de que esto es una buena idea? Esta cirugía es muy peligrosa.

—¿Cómo sabes eso?

Darien rio por lo bajo— Tengo ojos en todos lados. Vuelvo a preguntar, ¿Estás segura de lo que haces? Podrías dejarla mal, sin ser la misma… O podrías matarla.

Setsuna sintió una punzada en el estómago. Sabía que Darien estaba tratando de sembrar la duda en su menta. Pero ella sabía que tenía que hacer lo correcto.

—No puedo abandonar a mi mejor amiga en un momento como este— Respondió con firmeza.

Darien se acercó aún más a ella, alejándola de la puerta, su rostro solo a centímetros del de Setsuna. Ella podía oler su aliento a alcohol y cigarro.

—¿En serio? Tú no estás lista para esta operación. ¿Crees que podrás vivir con la culpa? Si fallas, ¿Podrás ver a tus amigas a los ojos de nuevo?

Setsuna sintió como el miedo se apoderaba de ella. Y Darien notó ese pequeño momento de debilidad.

—Pero… Mis amigas.

—Ah, tus amigas. ¿En serio lo son? Solo meten presión sobre ti. "Setsuna, regresa a neurocirugía"; "Setsuna, preséntame a esta persona"; "Setsuna, descuida tus pacientes". "Setsuna, salva la vida de Haruka."

Setsuna empezó a temblar.

—Piénsalo bien. ¿Realmente quieres ser la responsable de la muerte de Haruka? No podrás vivir con eso.

¿Y si Darien tenía razón? ¿Y si algo salía mal? ¿Y si ella era la responsable de la muerte de Haruka?

—No hagas la operación, Setsuna. Abandona todo. Abandona a Haruka. No tienes la experiencia suficiente para hacer esto. Deja que alguien más lo haga.

Setsuna estaba en una encrucijada. No sabía qué hacer. La voz de Darien resonaba en su cabeza, una y otra vez. Miró hacia la puerta del quirófano, donde sabía que Haruka estaba siendo preparada para la cirugía.

—Pero… Si no lo hago yo, ¿Quién…?

—Este es un hospital de primer nivel, ¿No?— Murmuró Darien en su oído— Deben tener varios neurocirujanos más. Otro podrá hacer el trabajo.

—¿Y yo…?— Setsuna ya estaba totalmente ida, consumida en sus miedos.

—¿Tú? Tú no tienes nada de que preocuparte. Tienes el trabajo de investigadora en mi hospital. No tienes que volver a pisar un quirófano, jamás. No tienes que volver a ver a ninguna de ellas, no tienes que darles explicaciones— Darien le entregó un boleto, discretamente, en su mano— Necesito una persona de confianza, Setsuna. Estamos abriendo un centro de investigación en Hokkaido. Pero necesito que estés ahí hoy mismo. Toma el vuelo y olvídate de todo, ¿Qué dices?

Setsuna sabía que debía tomar una decisión, solo que no sabía cuál era la correcta.

Si ella era la causante de que algo le pasara a Haruka, jamás se lo perdonaría.

—¿A dónde vas, Setsuna?— Preguntó Darien, viendo que ella caminaba hasta la puerta.

—Tienes razón. No puedo hacer esto. No tengo la experiencia necesaria para llevar a cabo esta cirugía. Haruka merece a alguien mejor que yo— No se dio cuenta cuando las lágrimas empezaron a caer de sus ojos.

Darien sonrió, triunfante, mientras Setsuna salía de la sala. Había logrado lo que quería. Que Setsuna abandonara a Haruka en su momento más necesitado.

Ahora, Michiru ya sabía lo que era ser traicionado de la peor forma.

¿Alguna vez, Haruka y ella habían hablado de su futuro? No. Lo tenía muy presente.

No lo habían hecho, desde aquel día, de su primer beso. Ese día en donde ella le había suplicado que no le hiciera hablar de que haría después.

Y Haruka le había dicho que no tendría que pensar en nada.

Era como si tuvieran pistas, en un juego de rompecabezas.

No habían reflexionado en el futuro, hasta ese día. Ese día que dijeron, ¿Qué ciudad debían visitar primero? Planificaron regresar a Japón. Comprar una casa, días, horas, minutos específicos. Todo debía ser perfecto.

Solo que nunca planearon perderse ese día.

—¿Por qué demonios tardan tanto en dar noticias?— Murmuró Mina, visiblemente alterada.

Makoto, producto de los cambios bruscos de horario, no había podido soportar la larga noche, y se había quedado dormida en las bancas. Mina parecía ir en la misma dirección.

Pero Rei y Michiru ni siquiera podían parpadear.

—A esta hora, la operación de Haruka ya debe haber empezado. Setsuna dijo que cada minuto era fundamental, no podían perder el tiempo. Debemos confiar en que…

—Doctor.

Rei fue interrumpida por Michiru, que había visto al doctor llegar con ellas.

Solo pudo bufar por la frustración.

Al ver que el doctor se acercaba a ellas, Mina despertó suavemente a Mako, que estaba recargada en sus piernas. Algo le decía que todas debían oír lo que el doctor debía decir.

—Tenemos… Un pequeño problema.

¿El neurocirujano donde está?

Está en una cena… Llega en 20 minutos.

Será muy tarde para ese entonces.

—¿Qué sucede?— Preguntó Michiru, palideciendo. No podía soportar peores noticias.

Era hora de hacerle frente a la música. Haruka no podía ser su musa. No en ese momento.

—Tenemos un ligero atraso. El neurocirujano… No tenemos neurocirujano en este momento.

Si alguna de las cuatro chicas hubiera tenido algo en su mano, lo hubiera dejado caer.

—Espera, ¿No Setsuna se encargaría de ello?— Preguntó Mina, que no terminaba de asimilar la mala noticia.

—La Doctora Meioh… se fue— El doctor no sabía realmente como dar esas noticias. Incluso para él, que era habitual dar esas noticias, estaba siendo demasiado.

Esa chica era joven. Tenía una vida por delante. Gente que la adoraba, alguien que la amaba. Era exitosa, el mundo entero esperaba por ella. ¿Por qué le debía pasar algo así?

—No…— Makoto no podía creer lo que el doctor le estaba diciendo— Setsuna no pudo haber hecho eso.

—La Doctora Meioh estaba muy nerviosa por el procedimiento, la vieron hablando con un doctor de cabello azabache. Pero, ahora, no tenemos ni idea de donde está.

Todas sabían perfectamente de quien estaban hablando. Darien.

Setsuna se había ido, sin decirles ni una sola palabra. Sin un adiós. Ni una explicación. Había escapado, como una cobarde. Había escapado con Darien, a su lado.

—¡No hizo lo mismo otra vez!— Makoto empezó a llorar, recordando como la había conocido.

Como la había encontrado en medio de un ataque de pánico, huyendo por el miedo de operar a una niña.

Solo que ahora, no había ninguna Mako para salvarla.

Setsuna las había traicionado.

—¿Qué sigue, ahora?— Mina era la que pudo preguntar. La que pudo hablar.

—¡¿Cómo puede ser posible que no tengan un neurocirujano!? ¿¡No son un hospital del primer nivel!?

El médico no podía hacer otra cosa, que no fuera contestar— Era su día libre. Había ido, al igual que muchos, a ver la carrera. Al no recibir llamado urgente, pensó que habíamos encontrado a alguien más y se quedó en Imola. Estaba en una cena. Llega en veinte minutos.

Veinte minutos.

En veinte minutos, sería demasiado tarde.

—Seguiremos con todo lo que debíamos hacer. En este momento estamos trabajando en el desgarro abdominal y…

—Váyase…— Murmuró Mina, sin voltear a verlo.

Mina era la voz de Michiru, que ya no tenía lágrimas para llorar, ni voz para hablar.

—Disculpe…

—¡Vaya a intentar salvar la vida de mi mejor amiga! ¡No se quede aquí! ¡No va a consolar a nadie si no salva esa vida!

El doctor, simplemente, asintió con la cabeza, retirándose.

—Todo esto es tu culpa.

Todas las chicas voltearon a ver hacia donde venía esa voz. Era Rei, que no había pronunciado palabra en mucho tiempo.

Sus ojos estaban rojos, al igual que los de todas. Su cuerpo temblaba, aunque no era de miedo, dolor o desesperación. Era de Rabia.

—¡Desgraciada! ¡Es tu culpa que Haruka este así!

Rei quiso aventarse directo a Michiru, pero Mako la detuvo.

—¡Es tu culpa! ¡Jamás debieron conocerse! Si no te hubiera conocido… ¡Haruka no estaría aquí!

Michiru dio unos pasos atrás, no podía creer lo que Rei le estaba diciendo. Lo que estaba gritando.

—¿Qué tonterías dices, Rei? ¡Cálmate!— Mina intentó hacer reaccionar a su amiga, ayudando a Mako a sostenerla.

—Se perfectamente lo que digo. En otra vida, yo debí ser su chica. ¡No tú! Tú no estuviste ahí nunca. No la viste desmoronarse a la muerte de su padre, no la ayudaste, ¡No hiciste nada! ¡Solo causarle problemas y disgustos! Ella y yo habríamos mantenido nuestras promesas, seriamos las dos contra el mundo… ¡Pero no así!

Michiru sintió como si el cielo desapareciera bajo sus pies. Nunca se había sentido tan vulnerable y expuesta. Las palabras de Rei la golpearon con fuerza, como si estuviera recibiendo una lluvia de puñetazos. No podía creer lo que estaba escuchando. De repente, todo tuvo sentido.

—Lo siento, Rei— Murmuró— Pero no es mi culpa…

—¡Claro que es tu culpa!— Reclamó, alzando la voz— Si Haruka no te hubiera conocido, no hubiera seguido en ese equipo. Haría que se quedara conmigo, que hubiera ido a McLaren, ¡Y no tendría este accidente

—Pero Haruka no quería…

—¡Haruka hubiera ganado sin importar con quien! Si no te hubiera conocido, Si no se hubiera obsesionado contigo… —Rei la analizo de pies a cabeza, sentía rabia y rencor de solo verla— Si hubiera tenido un poco de dignidad para no engañar a tu marido— Parecía que Rei escupía esas palabras— Nada de esto habría pasado. No tendría que decir que ella se fue.

—¡Basta, Rei! No sabes lo que estás diciendo, Michiru no tiene la culpa de…— Mako intentó hacerla entrar en razón, en vano.

—¡Se perfectamente lo que digo! Si Haruka no la hubiera conocido, Setsuna no nos hubiera traicionado por culpa de Darien— En eso, algo hizo click en la cabeza de Rei— Claro… Todo esto era un plan, ¿Crees que no lo sé?

—No entiendo que es lo que dices— Michiru apenas y podía hablar, la cabeza le dolía con tanta información.

Dentro de todo, dentro de todo ese despecho que Rei estaba soltando, había una pequeña pizca de verdad.

¿Todo esto en serio era su culpa?

—¿Crees que no se que te viste con Darien antes de la clasificación?

Todas se quedaron de piedra.

—¿Crees que nadie se dio cuenta? Vi perfectamente, como te reías con él. Lo vi alejarse con una sonrisa. ¿De qué hablaban?

—Estás sacando todo de contexto…

—Esto es culpa, ¿Verdad? ¿Qué hizo Darien para provocar el accidente?

Buena suerte en la carrera. Porque, recuérdalo siempre. Así como a Senna, los accidentes siempre pueden ocurrir, y Haruka no está exenta de ellos.

—No… No lo sé.

—¡Claro que lo sabes!— Rei volvió a forcejear con sus amigas— ¡No mientas! ¡Si no la hubieras conocido, Darien no hubiera hecho nada! Eres lo peor que le pudo pasar a la vida de Haruka, ¡Lo peor! ¡Te odio! ¡Te odio!

—¡Basta! No puedes hacer todo este escándalo aquí, ¡Vamos!— Mako, cansada de escuchar todo, se llevó a Rei, que estaba llorando desconsoladamente.

Michiru solo cayó de rodillas.

—Maldita sea, ¿Dónde está Iachini?

—No podemos contactarlo, doctor. No tiene recepción.

Suspirando para el mismo, el doctor se detuvo de la operación.

—¿Alguien aquí sabe hacer trepanaciones?

Todos se quedaron en silencio, sin hacer ningún movimiento.

—¡Se supone que se enseña a residentes! ¡No puede ser!

Los sonidos de las máquinas, seguían siendo inestables.

Rei tenía razón. Ella no servía para absolutamente nada y todo esto era su culpa. Si ella jamás hubiera conocido a Haruka, ella no estaría ahí.

Jugando con el anillo que posaba en su dedo anular, tomó una decisión. Dejar de ser egoísta.

Solo había una persona capaz de salvar a Haruka, ahora.

"Diga"

—Darien, soy yo, Michiru.

"¡Michiru! ¿Qué tal estás? ¿Cómo va todo?"

La coz de Michiru sonaba tensa y preocupada—Déjate de tonterías. No tengo humor para tus bromas— Contestó con frustración.

"Oh, y yo que estoy de tan buen humor, que lastima. Entonces, ¿Para qué me llamas?"

Michiru suspiró. No quería hacer eso, era humillante. Pero debía hacerlo, por Haruka.

—Se perfectamente que sigues en Bolonia. Hablaste con Setsuna para que no operara.

En el otro extremo de la línea, Darien sonreía satisfecho. "Esa es una acusación muy grave a mi nueva directora general. No puedo permitir tal difamación."

Traicionadas… Por un puesto de trabajo.

—Eres un…— Se contuvo, si lo insultaba, Darien no iba a cooperar, y Haruka no tendría oportunidad de sobrevivir— Darien, iré al grano. Opera a Haruka.

En algún hotel de Bolonia, Darien sonreía de oreja a oreja. Y se tomaba su tiempo para responder.

Michiru no podía evitar sentir escalofríos en su cuerpo. Sabía que estaba pidiéndole un favor a un hombre peligroso y sin escrúpulos.

"Eso es tierno. ¿Y por qué lo haría? ¿Por qué salvaría a tu mujercita? Si por ella te perdí." Respondió Darien, dejando escapar humo de su cigarro.

Michiru tragó saliva, pero uso todas sus fuerzas para mantenerse firme—Haré lo que quieras. Todo lo que desees. Solo… Salva su vida, por favor. Eres el único capaz de hacerlo.

"Ah, me conoces muy bien. Me encantan esos halagos, en especial… viniendo de ti. Y me encanta sentir que te estás humillando en este momento."

—Darien, por favor…

Tal vez, si Darien hubiera tenido más tiempo para pensarlo. Si Darien hubiera salido del estado de regocijo en donde estaba, y hubiera tenido la cabeza un poco más fría, hubiera supuesto en una mejor idea, algo que lo hiciera inmensamente feliz a largo plazo.

Por ahora, solo quería más momentos de felicidad inmediata.

"Sin embargo…"

Michiru palideció. Esperaba un sí inmediato de Darien. No podía ser eso.

"¿Recuerdas lo que me dijiste hace un año, Michiru?"

—Darien…

"¿Recuerdas que te dije que no sobrevivirías sin mí? Bueno, parece que me equivoque de víctima."

—No…

"Pero, el resultado es el mismo. Regresaste humillada a mis pies. ¿Y qué dijiste tú? Ah, cierto. Dijiste que estábamos por verlo."

Lágrimas empezaron a caer por las mejillas de Michiru— Por favor, no hagas esto…

"Ay, pero quiero hacerlo. Dijiste que no eras la misma, y que de mí ya no querías ni siquiera mi apellido. Bien. Sobre todo, recuerdo tu frase… dijiste que me fuera al demonio. Ahora te digo que te hice caso, nueva e independiente Michiru, y te ofrezco lo mismo. Vete al demonio."

—¡No!

"Ah, y, Michiru. Tal vez quieras ir cambiando a tu novia de hospital. No se si lo sabías, pero el contrato con Haas terminó en cuanto sacaron a Haruka del auto, y Haruka no llegó a terminar de firmar el seguro médico con Ferrari. Te puede salir en una fortuna la factura."

Y luego, Darien colgó la llamada. Para regocijarse, con el dolor de cada una de sus acciones.

—Su llamado era en 20 minutos, no en hora y media. Esta chica tenía una oportunidad…

—¡Fuera de aquí!

La residente se quedó en silencio, sorprendida de la actitud ten prepotente del neurocirujano.

—Pero…

—Lárgate. Ustedes debieron avisar desde hace horas el estado de esta chica. Debo hacer milagros en este momento, no te quiero en esta cirugía.

Mina caminó por el oscuro pasillo del hospital con un nudo en el estómago. No quería entrar a la habitación con la puerta negra. Era como un sueño dividido. Pero ahí aguardaba su destino.

El suave zumbido de las máquinas se escuchaba incluso desde la puerta cerrada. Tragó saliva, y abrió la puerta con cuidado.

La habitación estaba llena de monitores y máquinas que zumbaban y pitaban a un ritmo incesante. Haruka estaba ahí, inmóvil, con su cuerpo conectado a los aparatos, como si fuera una extensión de ellos.

Mina se acercó a la cama, y tomó la mano de Haruka con ternura. Era difícil verla ahí, tan frágil y vulnerable, cuando siempre había sido tan fuerte y valiente. Mina no podía evitar sentir una punzada en el corazón, cada vez que pensaba en lo que había pasado. En la forma en que Haruka había terminado ahí.

—Haruka, tengo que hablarte— Su voz no reflejaba sus sentimientos. Era una práctica que había desarrollado con el tiempo. No sería una buena abogada, si no trabajaba en controlar sus emociones.— Tienes que despertar, ¿Entiendes? No puedes quedarte así, no te lo voy a permitir. Tienes que luchar.

Sin embargo, Haruka no respondió. Mina tampoco esperaba que lo hiciera.

—Siempre te he salvado de estos problemas, ¿No, amiga?— Mina empezó a monologar— ¿No quieres volver a correr? Yo te obligo. ¿No tienes dinero? Yo te lo doy. ¿Tu novia tiene un divorcio pendiente? Yo me encargo— Rio un poco por la ironía. —Y también te voy a sacar de esta, ¿Me oíste? No me importa lo que me cueste, a quien tenga que buscar, que tenga que hacer. Pero tú volverás a abrir los ojos, ¿Entiendes?

Mina sabía que era una tarea difícil, que Haruka estaba en una lucha por su vida, pero tenía que internarlo. Había prometido estar ahí para su amiga, y no iba a fallarle.

—Pero, ¿Tú crees que todo es gratis? ¡No señor! Esta vez no se salvarás. Cuando te recuperes, te cobraré el favor. Vas a tener que ser muy feliz con Michiru, que te dejes amar y cuidar como te mereces. Que no tengas miedo de ser feliz.

Tomó su mano con más fuerza, como si de verdad, Haruka escuchara sus palabras.

—Tienes que despertar, Haruka. Tienes que luchar— Repitió Mina con determinación, mirando a los ojos cerrados de su amiga— Se que estás ahí, en algún lugar. Y se que eres fuerte. No puedes dejarnos aquí, no puedes dejarme a mí.

Mina cerró los ojos y tomó una respiración profunda, tratando de controlar la emociones que la embargaban. Había estado llorando desde que llegó al hospital, incluso si nadie la había visto, y sentía que su corazón iba a estallar en cualquier momento.

Michiru, Rei, Mako, Mick… No podía con todo.

—Tienes que despertar, Haruka. Tienes que ser feliz con Michiru. No puedes dejarla sola. Ella te necesita, como yo te necesito a ti. Después de todo, ¿Quién será mi madrina de boda? Por qué si, Haruka, me voy a casar con Mick. No ahora, ni en un año. Pero lo haré. Y te necesitamos.

Mina se quedó ahí, en silencio, junto a la cama de Haruka. Con la mano de su amiga en la suya. El zumbido constante de las máquinas era lo único que se escuchaba en la habitación, y Mina deseó que ese sonido desapareciera, que todo volviera a ser como antes. Pero sabía que eso no era posible. Las cosas habían cambiado, y ya no había vuelta atrás. Ahora solo quedaba esperar.

La mañana había llegado ya, y cuando la habían dejado entrar al cuarto de Haruka, para acompañarla, y luego de que Mina pidiera un tiempo a solas con su amiga, Michiru no se había alejado de su amor perdido, quedándose dormida en sus brazos, como si fuera un abrazo.

"—¿El London Eye? Haruka, quiero ir al museo de Inglaterra. No tenemos mucho tiempo aquí, vendremos después.

Haruka sonrió, dándole un beso corto.— Creo que el London Eye nos representa un poco más, ¿No crees? Como dos viajeros del tiempo, que intentar escalar a la cima de un reloj.

Bueno, pero a mí me gusta esconderme del tiempo."

El sol entraba detrás de la ventana, en la espera de un milagro, y ninguna parecía despertar.

"Haruka se arrodilló frente a Michiru, sosteniendo la caja abierta en su mano. En su interior, un hermoso anillo de compromiso brillaba bajo la luz de la luna.

Michiru se quedó sin palabras, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras miraba a Haruka con sorpresa y emoción. Ella extendió su mano temblorosa y Haruka deslizó el anillo en su dedo anular.

Por supuesto que me casaré contigo, Haruka. Te amo más que cualquier cosa en este mundo.

Haruka se levantó y envolvió a Michiru en un cálido abrazo. Las estrellas en el cielo parecían brillar más fuerte mientras los dos se prometían amor eterno.

Ahora si, princesa, puedes llorar todo lo que quieras, porque esta vez son lágrimas de felicidad por nuestro futuro juntos. Sonríe cuando estés afligida, porque es tu corazón, que poco a poco va alcanzándote.

Esta vez, Michiru ya no quería esconderse del tiempo."

Las horas iban pasando, y, recargada sobre la oscura pared, Michiru había regresado a la horrible realidad. Algo dentro de sí, cada uno de sus sentidos, te decía que debía estar lista para luchar. Para soportar. Para sobrevivir.

La puerta se abrió, y, de manera silenciosa, el jefe de cirugía apareció, con un formulario entre sus manos.

Si por Michiru fuera, ella volvería en el tiempo. Volvería al día de su primer encuentro. Quería volver a sentir esa chispa. Pero ese deseo no se iba a poder cumplir. Todo era una pesadilla.

—Perdón, señora. Si lo considera oportuno, yo podría… Tomarme un momento para explicarle como funciona todo esto.

Michiru no quería oírlo. Lo sabía perfectamente.

—¿Dónde están los papeles?

El médico pareció ignorarla.

—Señora Kaioh, hay cosas que necesita saber. Cosas que discutir. Cosas difíciles.

A Michiru le parecía que todo era una burla del destino.

—¿Sabe? Hace un año, yo vivía en Japón. Y tome la decisión de viajar por todo el mundo, junto con la persona que amo. Hace nueve meses, tenía miedo de que algo le pudiera pasar en paracaidismo, qué tonta yo. Hace tres meses, corría en un kart por primera vez, y ella me miraba con orgullo. Hace un mes, estaba cumpliendo sus sueños, Ferrari la estaba buscando. Hace una semana, estábamos en Venecia, en un viaje totalmente desastroso, riendonos. Hace cuatro días, ella estaba mi lado. Estábamos en Florencia, habíamos visto un partido de fútbol, y durante la noche, ella me pidió que nos casáramos. Evidentemente, le dije que sí, porque íbamos a tener toda una vida para estar juntas.

El doctor podía escuchar la frustración y el dolor, en la voz de Michiru. Pero no era la primera paciente a quien escuchaba desmoronarse, y tampoco sería la última.

—Es por eso que tenemos que hablar de esto.

Michiru se rio ligeramente, se estaban burlando de ella.

—¿Sabe quien era yo antes? Crecí al lado de una familia que solo pensaba en la medicina. Una cadena de hospitales está a mi nombre, y mi exesposo, es el maldito premio nobel de medicina.

Teóricamente, Darien seguía siendo su esposo. Pero Michiru ya no lo consideraba así.

—Se perfectamente como funcionan. Lo vi durante quince años. Esperaron el número requerido de horas, y ahora pueden considerarla oficialmente muerta. Normalmente, me hablaría de donación de órganos, pero, según su expediente, no queda mucho que pueda donarse. Y terapia intensiva necesita la cama. Se que son los papeles, los papeles para que pueda decidir qué hacer con mi prometida.

—Señora…

—Ahora que no es oficial. ¿Lo enviamos a cuidados a largo plazo y cruzamos los dedos? Claro, que una atleta de alto rendimiento es peligrosa ahí. Cuando despierte, si es que lo hace, no será la misma. Como pueden pasar años hasta eso, es posible que no tenga edad ni para continuar con lo que ama. Por lo que solo nos queda esperar por un milagro y arte de magia, para que despierte en unos meses.

El doctor le desvió la mirada.

—O la desconecta. Deteniendo toda intervención, discontinuando todo monitoreo de rutina, retirando catéteres, drenajes y tubos de ventilación. Deteniendo todos los medicamentos, que podrían darle continuidad al paciente. Terminando con… las medidas que sostienen la vida— Michiru ya no tenía fuerzas para llorar, aunque deseaba seguir en eso— Y comportándome, como cualquier persona que sabe esto, se comportaría. ¿Eso cubre todo, doctor? ¿¡De eso quiere hablarme?! ¡Hace unas horas, ella ganaba un campeonato del mundo! ¡Hace unas horas elegíamos si irnos a Roma o a Japón! ¿Quiere hablar de eso? ¡Deme los papeles!

—Perdón, señora…

—¡Deme los papeles!