Uhm... ¿Hola? ¿Alguien se acuerda de mí? ... Jeje... ¿podrían perdonarme por ser una borrada? ... .
En serio, primero que todo quiero decir: un enorme PERDÓNNNNNNNNNNNN! a todos los que leyeron, dejaron un comentario y... los deje abandonados. ¡Perdón de nuevo!... es mi forma de ser, soy muy desorganizada D: ...
Segundo: GRACIAAAAAAS! por todos los comentarios... ¿saben lo feliz que me hace ver comentarios tan lindos? =) jeje... Gracias! Me alegra que les hayan gustado los caps anteriores (que pienso corregir en cuanto pueda, porq hay un par de errores que dejé pasar D':) y espero que les guste este también... si es que todavía se acuerdan de esta fic jeje =)
Acá va el siguiente capítulo!... aviso que hace rato que no escribía (bueno, sí escribo un poco en mi blog, pero eso es distinto)... espero que no esté tan mal ...
BESOS Y GRACIAS =)
Cap3.
¡Trato hecho!
¡Qué curioso! Por un momento, Beetlejuice tuvo la impresion de que la chica dijo que quería tomarle una foto. Pero no, seguramente había dicho otra cosa. Algo como "¿Podrías perdonarme la vida?" o "Aun me queda mucho por vivir, por favor, te lo suplico, ten piedad y no me hagas daño". O algo por el estilo.
-Tranquila nena, no pienso hacerte daño -replicó Beetlejuice, sonriendo en forma demoniaca, como para indicar todo lo contrario-
La chica pestañeó.
-Te pregunté... que si... ¿puedo tomarte una foto? - respiraba con dificultad y hablaba en un tono respetuoso. Pero no parecía asustada en absoluto.
Beetlejuice enarcó las cejas, consternado.
-Espera un minuto... tú... - dijo él, e hizo una pausa para meterse un dedo en la oreja y sacarse una cantidad considerable de cera de dentro de la misma- Déjame ver si oí bien, ¿Quieres tomarme una foto?
-Claro - contestó la chica, dirigiendo una rápida mirada al pedazo de cera en el dedo del fantasma, pedazo de cera que ahora él embarraba en su propia chaqueta. La muchacha pareció asqueada, pero solo por un momento, porque luego volvió a mirarlo a los ojos y a preguntar:- ¿Puedo? Será sólo una foto.
Beetlejuice se dejó caer en una silla boquiabierto. Diablos, él no estaba perdiendo su toque ¿Cierto?... Luego soltó una carcajada y exclamó: - ¡Algunos vivos sí que están locos! ¿Eh? - se sentía ofendido por la ausencia de miedo en aquella extraña pigmea. Pero daba igual, él era un tipo muy atemorizante y lo sabía, no necesitaba que nadie reforzara su autoestima. Lo que ocurría aquí era que esta chica estaba igual que una cabra. - Siento decirte que no puedes tomarme una foto. - admitió luego, sentándose ahora sobre la mesa, y pasando un brazo sobre los hombros de la pigmea, para atraerla hacia sí- De veras que me da pena, pero no puedes.
-¿Por qué no? –preguntó entonces Lydia, con cara de desconfianza y mirándolo, de nuevo, directo a los ojos. No parecía intimidada en absoluto por la proximidad del fantasma, que era lo que él había intentado hacer: Intimidarla.
-Mira, el asunto es que es algo en contra de las reglas… No es como sí a mi me importasen esas reglas, claro, pero ¡NO quisiera tener que lidiar con la jodida Juno de nuevo!
-¿Y quién es…?-
-Shh, ¡No terminé de hablar! … Soy muy fotogénico y entiendo porque querrías tener un retrato mío (¿qué mujer no lo querría?), pero es un asunto muy complicado, - agregó el poltergeist, acercando la cara aun más a la de Lydia y dejándole aspirar su putrefacto aliento:- y ¡no voy a dejar que me tomes la maldita foto!
Aquí el fantasma hizo una pausa. La chica sí parecía un poco asustada… o quizá sólo era asco. Pero, ¡ahí estaba lo que Beetlejuice quería ver! ¡Un poco de sano rechazo!
¿Qué les pasa a los niños de estos días?
Beetlejuice pensó con nostalgia en aquellas épocas en las cuales él solía esconderse en armarios y atormentar a los pequeños de una familia muy adinerada… ¿Qué había pasado con aquellos tiempos?
-Toda mi vida soñé con tener un encuentro de este tipo… - susurró la pequeña mortal, repentinamente. Miraba a Beetlejuice de nuevo a los ojos y parecía suplicante- Pero cuando te vayas, ¿Cómo voy a probar que conocí a un fantasma?
Lydia no estaba en su cuarto. No estaba en el ático, tampoco en la cocina, ni en el patio.
-¿No se encuentra aquí tampoco? –pregunto Delia, entrando en la cocina.
-No… me temo que se fue a casa de esa amiga suya… -contestó Charles-
-¿Mi escultura se fue a casa de una amiga suya? ¡Por todos los cielos, Charles! Las esculturas no caminan. – Exclamó su mujer con desdén-
-Me refería a Lydia, cariño.
-¿Lydia salió? Esa hija tuya está loca, ¿qué cree que hace saliendo en un día como éste?
Hubo un momento de silencio y luego Charles soltó un suspiro. Ya le había explicado a su mujer, mientras buscaban la dichosa escultura, que Lydia había recibido una llamada de una amiga diciendo que había olvidado algo en casa de los Deetz. Pero claro que Delia no lo había escuchado.
-Saldré a buscarla, no creo que haya llegado muy lejos. – dijo al fin Charles, encogiéndose de hombros-
-Pero sin auto… ¿cómo vas a…?
-Delia, si no voy a buscarla pronto, quién sabe qué pueda pasarle… Y tengo un paragüas.
-Oh, bueno, entonces voy contigo.
-Delia, no es necesario… – dijo Charles, masajeándose las sienes-
-Claro que lo es. Si no vamos a buscar a Lydia, ¿quién sabe que pueda pasarle? Además, yo también tengo un paragüas.
Beetlejuice sintió el foco encenderse en su cerebro y supo entonces que, como siempre, él podría sacarle provecho a su actual situación.
-Nena, si quieres una foto, te daré una foto… ¿por qué no? Déjalo ser, qué más da… ¡vamos, tómame la foto, y asegúrate de que salga bien! –exclamó, saltando de la mesa en que estaba sentado, al piso, y posando como todo un modelo de ropa interior masculina. O algo así.
-¡Muchísimas gracias! –Respondió Lydia radiante, mientras preparaba la cámara- Tomará sólo un segundo - prosiguió, situándose la lente frente a sus ojos y enfocando al fantasma…-
-¡Espera! –la interrumpió Beetlejuice, arrebatándole la cámara fotográfica de un tirón- Antes, tú me vas a hacer un favor.
Lydia pestañeó repetidas veces, algo exasperada.
-¿Un favor? ¿Te refieres a algo así como hablar con tus familiares vivos y decirles que dices que estás bien? ¿O hacer algo por ti que nunca hiciste en vida, para que no tengas más asuntos pendientes y puedas pasar al otro mundo? ¿O a invocar alguna fuerza malvada para que te de poder? –Preguntó, frunciendo el seño-
-¿Qué? No, idiota. ¡Es mucho más simple que todo eso!
-Oh, entonces supongo que podría ayudarte. – suspiró Lydia, luciendo aliviada- De todos modos, no tengo nada mejor que hacer. ¿De qué se trata?
Beetlejuice sonrió con malicia (¿acaso había otra forma de sonreír para Beetlejuice?), y, como quien no quiere la cosa, dijo:
-Es una tontería… de lo más simple y nada problemático. Una pavada, una estupidez, pan comido…Es… mmm… ¿cómo decirlo?
- ¿Qué tengo que hacer?
-¡Casarte conmigo! –exclamó al fin Beetlejuice y la miró con una sonrisa expectante. Expectante y maliciosa, por supuesto.
Charles estaba preocupado.
-De seguro está bien. La niña está loca, pero no es nada tonta. Supongo. –decía Delia, en ese mismo momento, mientras caminaba por el fango junto con él, ambos rezando porque sus paragüas no se rompieran con las gigantescas gotas de lluvia que caían en ese momento. – Ugh, el fango me tiene harta ¡Charles, no sé cuanto más pueda soportarlo!
-¿De verdad crees que Lydia se encuentra bien?
-Por supuesto que sí, tonto, te digo que ella no es idiota. ¡El fango! Creo que me entró en los zapatos… maldita sea… ¡CHARLES!
-¿¡Qué?
-¡No puedo aguantar caminar sobre el fango!
-¿Qué quieres que haga? ¿Qué te lleve en andas? ¡Tú dijiste que querías venir!… Oh, lo siento, no quize hablarte así, es que…
-Está bien, eres un cretino y estás preocupado por tu hija. Lo entiendo… -contestó Delia, con un suspiro dramático- Crees… ¿crees que ella esté bien realmente? – dijo luego de unos minutos-
-Eso creo. Como dijiste, ella no es ninguna tonta.
Lydia no era ninguna tonta, y en cuanto la propuesta salió de los labios del fantasma, supo que tenía que rechazarla. Es decir, no era como si ella nunca hubiera fantaseado con casarse con un muerto viviente, pero este, además de llevarle unas cuantas décadas y apestar a algo peor que a carne podrida, no parecía de fiar en absoluto.
-Lo siento, pero no puedo casarme contigo.
-¿Qué dices? Claro que puedes, ¡y ya mismo puedo conseguir a un juez de paz! – exclamó el fantasma, mientras gesticulaba violentamente- y llamar algún testigo y…
-No, no puedo. Sólo tengo catorce años y necesitaría la autorización de mis padres y, créeme, no van a autorizarme.
-La autorización de tus padres no es necesaria, no si la boda va a ser efectuada por un juez de paz del otro mundo. ¡Y tu edad no es ningún problema para mí, querida! – en este punto, Beetlejuice le guiñó un ojo.
-¡Espera un segundo! – Exclamó Lydia, poniéndose de pie y caminando varios pasos hacia atrás para alejarse de él- ¿Por qué querrías casarte conmigo? Sólo soy una niña.
Beetlejuice soltó un suspiro. ¿Por qué tenía que hacer tantas preguntas la mocosa esa?
-Bueno, voy a explicártelo. Si me caso contigo, voy a poder quedarme en el mundo de los vivos sin ninguna restricción, ¡voy a ser un ciudadano legal! ¿Comprendes, nena?
-Entiendo. De manera que tienes restricciones, ¿cuáles son? – inquirió Lydia, cruzando los brazos y frunciendo el seño en forma amenazadora. O esa era la idea.
Beetlejuice soltó una grosería. La mocosa no era nada lenta.
-No puedo contarte… ¡Morirías si te lo digo!
-No te creo. De todas formas, no puedo casarme. Y no quiero, soy… soy muy chica para… eso – en este punto, Lydia hizo una mueca de asco involuntaria.
El fantasma, por su parte, estalló en una carcajada… una carcajada muy voluntaria.
-No quiero casarme en esos términos, pigmea amiga, ¡Ja! Lo que yo quiero, como te dije, es la ciudadanía. Nos casamos, me tomas la maldita foto que tanto querías, ¡y yo me voy por mi lado y tú por el tuyo y no nos volvemos a ver la maldita cara nunca jamás! –parando para tomar aire, Beetle preguntó:- ¿Suena bien para ti? ¿Trato hecho?
Lydia se quedó ensimismada por unos minutos, sin parar de mirar la mano aun extendida que el fantasma le ofrecía. Ella no era ninguna tonta y, de repente, se dio cuenta de que ésa era una gran oportunidad… ¿Cuántas veces en la vida iba a tener la chance de casarse con un muerto? Cosas tan emocionantes no pasaban todos los días. Además, ella quería tomarle esa maldita foto.
Lydia no era ninguna tonta, por eso extendió su brazo y estrechó la roñosa mano del fantasma, mientras decía:
-Trato hecho.
